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FOMENTO 



DE LA 



POBLACIÓN RURAL 



POR EL EXCMO. SR, D, FERMÍN CABALLERO, 



Memoria premiada por la Academia de Ciencias morales y políticas . 
en el concurso de 1862. 



TERCERA EDICIÓN, HECHA DE REAL ORDEN. 





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MADRID 

IMPRENTA NACIONAL. 

Junio. — 4864. 



JM* 2 11969 



CONTIENE: 



PÁGINAS. 

Advertencia acerca de esta tercera edición vii 

Población rural —Preliminares. — Ojeada 1 

Remedios 3 

Uniformidad sobre población rural 4 

Definición 5 

Diccionarios 6 

Uso 8 

Dificultades 10 

Propuesta 12 

Fundamentos 13 

Diferencia de la colonia 14 

Estado presente de la población rural.-— Ideas generales 17 

Poblaciones 18 

Términos. — Heredades. — Causas 19 

Historia 21 

Falta de instrucción 24 

Escelencias agrícolas 25 

Siete grupos 26 

1.— Vascongadas 27 

Casería , 28 

Costumbres 32 

Navarra 33 

Rioja 34 

II. — Asturias y Galicia , 35 

Foros 39 

III. — Cataluña , Aragón y Raleares 44 

Actividad « 46 

Fuero y catastro 47 

IV. — Valencia y Murcia 51 

Inteligencia 54 

Sequías 56 

V. — Andalucías 60 

Diferencias 61 

Gran cultivo 64 



PÁGINAS. 

VI.— ESTREMADURA 68 

Dehesas 72 

Mesta 73 

VIL— Castillas y León 75 

Muías 77 

Arriendos 87 

Labradores y ganaderos , 89 

Mojones 93 

Soldadas 95 

Legislación moderna 95 

Valor de las tierras 98 

Estado 101 

Resumen 102 

Razas y zonas 104 

Obstáculos qus se oponen al desarrollo de la población rural.. 107 

Clasificación 107 

Físicos. . 1 09 

Falta de aguas. 110 

Malos caminos 1 i 1 

Escasez de materiales. — Falta de brazos 114 

Legales.— Acumulación 117 

Mancomunidad 120 

Privilegios de la ganadería 124 

Hacendados forasteros 1 25 

Siempre colonización 126 

Omisiones 128 

Económicos. . 129 

Falta de capitales 130 

Pósitos 132 

Logreros 133 

Sociales 135 

Repugnancia al campo 136 

Apego al poblado 1 38 

Fraccionamiento escesivo 142 

Irregularidad de las tierras 143 

Número de parcelas. ... 144 

Dato estadístico 146 

Ejemplo 149 

Croquis 1 50 

Consecuencias 152 

Historia del mal 153 

No se hacen arreglos .- 154 

Individualismo 156 

Medios de fomentar la población rural 159 

Cultivo estenso é intenso 159 

Crear pueblos . . . . 160 

Coto redondo. .... . 163 

Aguas , U)Q 

Comunicaciones. 168 

Bancos. — División territorial 1 70 

Guardia rural » Hl 



PÁGINAS. 

Escuelas 173 

Cartillas 174 

Código rural. — Asociación 177 

Arrendamientos 179 

Finca rural 180 

Tipo 181 

Indivisión 184 

Medios de partir 187 

Cambios 188 

Tanteo y espropiacion 189 

Casas de campo. — Moradorei 191 

Otros estímulos.. 192 

Ventajas del coto redondo acasarado 195 

Novedad del conjunto 195 

Mayor conocimiento* 197 

Aprovechamiento del tiempo 199 

Obreros 202 

Vigilancia 204 

Conservación 206 

Utilidades 208 

Mejoras 210 

Abonos. — Union del cultivo y la ganadería 211 

Bueyes y caballos 212 

Plantíos 213 

Facilidad de sistemas 214 

Mejora de costumbres , 215 

Amor patrio . . . . . 218 

Apego á la propiedad. . , 219 

Ventajas generales 220 

Utilidad pública 221 

Doble población 224 

Esencia de las ventajas 226 

Objeciones y respuestas.— Dificultades 229 

1. a Que basta poblar 231 

2. a Que hay inseguridad 233 

3. a Sitios inhabitables , ' 2:55 

4. a Déjese al interés particular 2:16 

5. a Mayor aislamiento. 4 ¿39 

6. a Justificar el temor 241 

7. a Mayor peligro 242 

8. a Es un. privilegio 2í3 

9. a Es un hecho inalterable 244 

JO. Sería un trastorno 249 

11. Perjuicio del retracto 250 

12. La espropiacion es odiosa 253 

13. Diñaría la indivisión 255 

14. Se ataca la propiedad 256 

15. Nueva vinculación 264 

16. Hay inoportunidad 267 

Aplicación de la doctrina 270 



PÁGINAS. 

Considerandos 271 

Proyecto de ley articulado 273 

Juicio critico de la Memoria 283 

Academia. — Lista de los señores Académicos 283 

Ministerio de Fomento.— Comunicación 285 

Real orden de 1 1 de Febrero de 1864 285 

Periódicos de ¡Madrid. — Espirita público 286 

La Corre>pundencia. — Restaurador farmacéutico 287 

La España. — Crónica de Ambos Mundos 288 

La Iberia 296 

La España Agrícola 308 y 376 

La Democracia 309 

La Union 322 

Gaceta de Madrid 326 

El Clamor público 329 

La América 336 

Escenas contemporáneas. — Eco del país 348 

Las Novedades 362 

La Libertad 368 

La Época 379 

Periódicos de provincia. — Eco de Cuenca .... 379 

Eco de Castilla 403 

La Joven Guipúzcoa 406 

Diario de Zaragoza. — Crónica de Badajoz 407 

Correo de Navarra. — Diario Mercantil 412 

Eco de Estremadura ¿12 

La Corona » 416 

La Opinión pública 418 

El Miño. — La Agricultura española 421 



VII 



ADVERTENCIA 

ACERCA DE ESTA TERCERA EDICIÓN. 



Dos impresiones se han hecho de la Memoria so- 
bre el Fomento de la población rural, en Noviembre de 
1863, y puede decirse que no se ha dado al público. 
Así la edición académica, estampada con esmero en 
la imprenta del Colegio de sordo-mudos y ciegos, sin 
el proyecto de ley, como la segunda, que con esta 
adición costeó el autor en la tipografía de D. Eusebio 
Aguado , cundieron profusamente entre estableci- 
mientos y personas determinadas; ya distribuyéndose 
á los individuos de Academias nacionales y estran- 
jeras, ya regalándose al mundo oficial y literario, á 
bibliotecas, periodistas, hombres de posición, amigos 
y relacionados. Ni se anunció á la venta, ni han po- 
dido adquirir la obra completa los que no disponen 
de otro medio que el de acudir á comprarla en las 
librerías. 

A reparar esta falta del surtido público se consa- 
gra principalmente esta tercera edición, ejecutada de 
Real orden en la Imprenta Nacional. Pero como ade- 



VIII 



más haya tenido el Ministerio de Fomento el laudable 
propósito de que, en la Dirección de Agricultura, se 
reúnan los dictámenes de las corporaciones mas auto- 
rizadas de las provincias acerca de este importante 
asunto, ha venido á ser de interés general, y un de- 
ber de conciencia para el autor el añadir aquí cuanto 
conducir pueda al complemento de la idea: dar á co- 
nocer los juicios ajenos, y ampliar el suyo. 

Por eso nos ha parecido conveniente incluir, al 
final del libro , lo que de él han opinado cuantos han 
tenido la bondad de examinarlo , y ha llegado á nues- 
tra noticia, á fin de que cuestión tran trascendental 
reciba la ilustración mas amplia, y pueda algún dia 
resolverse en el terreno práctico. 

La imparcialidad exige, además, que esos juicios, 
esparcidos por diferentes puntos y papeles , se conoz- 
can en conjunto é íntegramente: pues aunque en ge- 
neral son favorables á la esencia del proyecto, y en 
estremo benévolos para el autor, que cordialmente los 
agradece, existen las naturales divergencias de apre- 
ciación, de escuela, de partido, de provincialismo y 
sobre puntos accesorios, que deben aquilatarse por 
los jueces competentes, y por los centros científicos y 
administrativos llamados á resolver el problema. 

De todos los argumentos y observaciones impor- 
tantes que apuntan los críticos, hemos procurado 
hacernos cargo en esta edición; unas veces al tratar 



IX 

la materia respectiva en el cuerpo de la obra; otras 
en el capítulo de Objeciones, añadiendo á las catorce 
que habíamos previsto, dos que han esforzado los 
censores; y si han llegado mas tarde los reparos, en 
el mismo Juicio crítico en que los hemos recopilado. 
Cuando hemos hallado justificadas las advertencias, 
hemos cedido á ellas con la docilidad de quien sin- 
ceramente busca la verdad: cuando lo alegado no nos 
parece convincente, disculpamos con mas copia de ra- 
zones nuestro modo de ver. El lector, por consiguiente, 
tiene ahora el complemento de luces y doctrinas, para 
juzgar con el mayor acierto : á su fallo apelamos. Pero 
nos atrevemos a rogarle una cosa, que es de puro 
método: que después de leer el Juicio crítico, refe- 
rente á la segunda edición, examine el pasaje ó pa- 
sajes á que se refiere, en esta tercera edición, poste- 
rior á la censura. 

Lo que de cierto se desprende de la suma de es- 
critos es, que todo el mundo está acorde en recono- 
cer la escesiva subdivisión de las tierras como un mal 
profundo, de que antes no se habia tratado formal- 
mente; y aunque nuestra tarea no alcanzase otras con- 
secuencias, que sí las tendrá, nos satisfaría el haber 
despertado del letargo á nuestros compatriotas, para 
que, alarmados, se ocupen del remedio. Segurísimos 
estamos de que, bajo de este punto de vista , han de ga- 
nar mucho la población rural y la agricultura : porque 



coincidiendo en el fondo del asunto cuantos se ocu- 
pan de la cosa pública, es imposible que la legisla- 
ción se niegue á ir admitiendo las reformas, que pide 
con voz robusta y sentida la frica rural. 

Claro indicio de que así sucederá son algunos pa- 
sos dados en estos mismos dias, á pocos de haber 
salido á luz la Memoria premiada. 

Un Ministro de Hacienda, en 15 de Febrero de 
este año, presenta á las Cortes los presupuestos gene- 
rales del Estado, y en el derecho de Hipotecas (letra 
D, base 3. a , referente al art. 8.°) esceptúa de él las 
fincas que se cambien ó 'permuten dentro de cada tér- 
mino. 

El 31 de Marzo siguiente, la Junta de Agricultura 
de Sevilla acude á S. M. esponiendo la falta de po- 
blación rural, y pidiendo esencion del tributo de in- 
muebles por veinte años para las caserías que se 
edifiquen. 

En 1 1 de Abril último los ocho dignísimos juris- 
consultos que componen la Comisión de Códigos, di- 
rigen al Ministro de Gracia y Justicia el proyecto de 
ley adicional á la hipotecaria, y en la esposicion de 
motivos y fundamentos se consagra el § VI á demos- 
trar la «Necesidad de otras leyes que faciliten la acu- 
mulación de la propiedad territorial y la consolidación 
de los dominios», opinando por el señalamiento de 
heredad rural tipo en cada provincia, por la indivisión 



XI 



de las fincas menores, porque los bienes del Estado 
se enajenen bajo esa forma, porque se estimule con 
esencion de tributos la acumulación , y porque se esta- 
blezca el derecho de tanteo y retracto de conlimitacion 
en favor de los terratenientes limítrofes. 

Finalmente, otro Ministro de Hacienda presenta 
á las Cortes el 14 del mismo mes de Abril un pro- 
yecto de ley, por cuyo art. 2.° se adjudican, sin su- 
basta, á los propietarios colindantes los terrenos del 
Estado que sobren en las carreteras y caminos aban- 
donados. 

¿Y por qué no esperar aun mas? Descartando 
cuestiones secundarias, en las que, ni el autor ni los 
que disientan podemos tener fuerte empeño, lo sus- 
tancial del proyecto queda reducido á dos proposi- 
ciones, que nadie, absolutamente nadie, ha combatido 
hasta ahora. 

Conviene reunir en fincas adecuadas las infinitas 
suertes pequeñas y discontinuas. — Luego será útil pro- 
mover por cuantos medios se pueda los cambios y 
ventas que faciliten la reunión. 

Conviene que el cultivador viva de asiento sobre el 
terreno mismo que esplota. — Luego será beneficiosa la 
erección de la casería acotada , é importa fomentarla. 

Para andar ese camino, entendemos que hay en 
nuestro plan medios oportunos y eficaces, sacados de 
nuestra propia legislación y de ejemplos domésticos, 



XII 



que concuerdan además con lo que naciones muy 
adelantadas ejecutan. Si se hallasen otros mas propios, 
que aun no vemos espuestos concertadamente, tanto 
mejor: cúrese el enfermo, cuyo mal hemos diagnos- 
ticado, y celebraremos que los médicos de la consulta 
ganen la palma al de cabecera; que si el autor se con- 
tenta con el modesto papel de iniciador, y otros al- 
canzan el lauro, coronando la obra, no faltará quizá 
en lo venidero quien de aquel se acuerde y arroje una 
violeta sobre su sepulcro. 



POBLACIÓN RURAL. 



Muchos hablan de población rural. 

Nadie la ha definido. 

Sepamos qué es, y nos entenderemos. 



PRELIMINARES. 



Recorriendo atentamente las provincias de España el ojeada 
perito observador, que quiere formar juicio imparcial 
de la agricultura patria , notará que ha mejorado bas- 
tante en el presente siglo, y que hay en ella puntos 
brillantes , dignos de que se estudien é imiten ; mas á 
vuelta de estas singularidades honrosas, no podrá me- 
nos de reconocer el atraso general en que nos encon- 
tramos respecto á países mas civilizados , que no cuen- 
tan ciertamente con las excelencias naturales del nues- 
tro. Pálpanlo los extranjeros, desde que atraviesan la 
frontera , lo confiesan con dolor los españoles que han 
viajado por Europa , y es opinión acreditada entre los 
que, por el estudio, ó por la comunicación con las per- 
sonas entendidas, han pensado seriamente en el asunto. 



2 

Las pruebas inequívocas de esta inferioridad las su- 
ministra el mapa de nuestro territorio , el simple exa- 
men de la superficie, la primera ojeada sobre nues- 
tros campos. En unas partes, poblachones repetidos de 
labradores, apiñados en casas estrechas, que para la- 
brar su término tienen que andar diariamente una, 
dos y tres leguas : en otras , desiertos extensos , incul- 
tos ó casi vírgenes, sin una casa, ni señal alguna de 
que sean propiedad de gentes cultas: aquí, montes ta- 
lados ó descuajados de mano airada, presentando el 
desorden de una devastación vandálica: allí, terrenos 
del común ó de ningún, sin lindes ni mojoneras, que 
alternativamente son objeto de especulaciones de pre- 
potentes, ó teatro de luchas á viva fuerza entre con- 
vecinos atrevidos, ó escuela de usurpación, de intru- 
siones y de vida licenciosa. De un lado, barbechos, que 
parecen sembrados , porque la labor se ha reducido á 
una arañadura engañosa, que únicamente vale para 
facilitar el desarrollo de la grama y yerbas espontá- 
neas: de otro, descollando entre las mieses de cerea- 
les, cardos , amapolas, negrillas, fustas y maleza, que 
los ahogan y consumen. Acá, nubes de rebaños, que 
se mueren de hambreen anchurosos campos desprovis- 
tos de vejetacion : acullá, yuntas y caballerías mal 
cuidadas, sucias, deformes, con atalajes y aperos tos- 
cos y rotos. Y por do quiera, la mayor parte del ter- 
reno que se cultiva , en descanso completo por uno y 
por dos años seguidos; aguas perdidas, ó torpemente 
aprovechadas ; como quien espera de la acción vital de 



la naturaleza efectos que debia procurar un trabajo mas 
inteligente y mas asiduo. 

¿No es esto lo que ven y sienten los hombres co- 
nocedores de la ciencia, á la altura en que hoy se 
halla? Por triste que parezca este bosquejo, no podrá 
negarse que es exacto, salvo rarísimas excepciones. 
Sería un extravio del amor patrio ofenderse de este 
cuadro fotografiado , pues la generación actual no es 
culpable de situaciones y errores pasados; lo que pro- 
cede es airarse sin pecar, esto es, sentir el mal agu- 
damente, y para conjurarlo, estudiar y trabajar mas; 
ó, valiéndome del lenguaje expresivo vulgar, aguzar 
el ingenio y arrimar el hombro. 

Volviendo los ojos en busca de remedio, sucede lo Remedios, 
que en todas las cosas terrenales : que cada cual vé y 
siente á su manera , con su cabeza, con su corazón, en 
su propia atmósfera. Quién piensa que el daño está 
en los métodos de cultivo, en la falta de instrumentos 
y máquinas convenientes ; quiénes en que de facto no 
existe el derecho de propiedad , ínterin no se adopten 
medios mas eficaces de hacerlo respetar ; unos se em- 
peñan en multiplicar las colonias/bajo mejores bases 
que las ensayadas; otros encarecen la urgencia de 
arreglar las relaciones entre el capital y el trabajo; este 
propone una ley agraria ó un código rural , en que se 
fijen todos los puntos cardinales del problema ; aque- 
llos esperan mucho de la ley hipotecaria y de los Ban- 
cos agrícolas; algunos echan de menos instrucción teó- 
rica, cartillas, manuales y bibliotecas, mientras esotros 



4 
piden escuelas prácticas y granjas modelos; no falta 
quien sostenga todavía las leyes protectoras para el co- 
mercio de cereales; finalmente , cada uno tiene su pa- 
nacea en las medidas, que le presenta como salvadoras 
su particular estudio , ó el círculo en que vive. No solo 
disienten los regeneradores de nuestra labranza en los 
medios de hacer el milagro, sino que discordan tam- 
bién en la importancia relativa de cada uno de ellos, 
en el orden de su preferencia, en la oportunidad, y 
hasta en la posibilidad de aplicarlos. ¿Por qué no re- 
unir en un haz todos los conceptos? Si cada uno de por 
sí se reconoce como bueno y eficaz ¿qué no hará la 
fuerza reunida de todos? ¿No hay algún punto culmi- 
nante que los domine , como absorbiéndolos y en que 
estén las gentes de acuerdo? Profundicemos algo mas, 
y veremos que sí. 
unanimidad Cuantos se interesan por la prosperidad de esta na- 

sobre 

población rural. c ¡ on ? esencialmente agricultura , invocan á cada paso 
la población rural, porque este pensamiento es la aspi- 
ración de los cultivadores entendidos, el desideran- 
do de los espíritus patrióticos, el bello ideal de los 
pensadores, lo que está en la conciencia de todas las 
almas sensibles y rectas. Así es, que los poderes pú- 
blicos, las asociaciones científicas y los particulares 
celosos se esfuerzan actualmente en este sentido, sin 
poner nadie en duda la bondad suma y el efecto in- 
menso de la población rural. Mucho dice en pro de 
una medida grave, el que convengan en desearla y 
promoverla las personas mas autorizadas ; y que Ja po- 



o 
blacion rural es hoy una materia , que está en ebulli- 
ción en los centros burocráticos y científicos del Es- 
tado, lo revelan actos ostensibles. 

Ved á la primera Sociedad Económica de Amigos 
del Pais, la Matritense , ocupada años enteros en estu- 
diar la reforma de las colonias agrícolas peninsulares: 
ved á la Real Academia de Ciencias morales y políti- 
cas promoviendo la población rural , con los estímulos 
que ofrece en sus programas : ved una Comisión espe- 
cial del Congreso de los Diputados, afanosa en dirigir 
interrogatorios á las provincias y en oir á las personas 
competentes , con el alto fin de legislar sobre tan im- 
portante asunto. Todo el mundo está acorde en que 
la población rural es beneficiosa , convenentísima y de 
actualidad: Gobiernos, estadistas, escritores, propie- 
tarios y labradores , proclaman á coro las excelencias 
de esta mejora: no cabe duda racional respecto á su 
utilidad y trascendencia. 

¿Pues en qué consiste que , habiendo unanimidad 
en el principio abstracto, científica, económica y so- 
cial mente considerado, de hecho se halla desatendida 
la población rural? En la investigación de este fenó- 
meno me ocuparé muy de propósito; pero antes juzgo 
procedente , por via de preliminar, discurrir algunos 
momentos acerca de si, en el mal que se lamenta, tiene 
alguna parte la falta de una definición exacta y filoso- Definición, 
fica de la frase población rural; y si de aquí la causa 
de que no la comprendamos y espliquemos todos del 
mismo modo. No sería la vez primera que, por no fijar 



Diccionarios. 



previamente el significado de una palabra se vacila en 
la aplicación de un principio, entre los que mas lo en- 
salzan y prohijan , malgastando el tiempo y el ingenio 
en controversias inútiles. La historia de las aberracio- 
nes de la humanidad ofrece varios ejemplos de ideas 
esencialmente buenas , fecundas , y en común acepta- 
das, que sin embargo tardaron en realizarse y dar fru- 
to , á causa de larguísimas contiendas sobre su signi- 
ficación é inteligencia: disputas lamentables, que no 
solían tener otro origen que una cuestión gramatical, 
la falta de acuerdo en la acepción de las palabras y en 
las ideas que estas representan. 

Si preguntáis á los lingüistas, á los políticos, á los 
terratenientes, así á los cortesanos como á los lugare- 
ños, qué entienden por la población rural, que desean 
fomentar, es mas que probable, es casi seguro, que no 
os darán una respuesta conforme. Nuestra habla cas- 
tellana, riquísima en voces y acepciones, lo es toda- 
vía mas en las materias de universal utilidad y de uso 
frecuente; si bien no ha sido cultivada con el tino y 
esmero que otras lenguas vivas, muy inferiores en 
caudal á la española: atraso proveniente de muchas 
causas, entre las que puede contarse una, que ha des- 
aparecido en nuestros dias , el privilegio exclusivo pa- 
ra la publicación del Diccionario. Doce nombres tie- 
ne nuestro idioma relativos á la población , tres de ellos 
con acepción doble, que embaraza no poco al escritor y 
al que habla, al leyente y al que oye. Población, poblacho 
y pueblo, así expresan la gente que mora reunida en un 



7 
lugar , lo ínfimo de la plebe , ó la generalidad de los ha- 
bitantes , como el grupo de casas en que las gentes viven. 
Respecto á cosas campestres hay en castellano siete 
palabras, derivadas del rus latino 7 que ya se fundan 
en la naturalidad y sencillez de los campesinos , ya en 
su carácter tosco, áspero y rudo. Pues con tantos vo- 
cablos, sin los muchos mas que proceden del geos grie- 
go, y de campus, ager y labor de los romanos, no está 
definida conjuntamente la expresión que sirve de títu- 
lo y de objeto á esta Memoria. Los diccionarios de la 
lengua dicen, bien ó mal, qué se entiende por el sus- 
tantivo población, y qué por el adjetivo rural; pero lo 
hacen en términos tan vagos y equívocos , que lejos de 
resolver la dificultad , pueden ser origen de racionales 
dudas. En prueba de esta falta de exactitud, solo cita- 
ré el texto de la Academia Española, que durante un 
siglo, desde la edición lata de 1737 hasta la 8. a del 
Compendio inclusive , viene definiendo la población, en 
el segundo sentido, con estas palabras: «el número 
de vecinos que componen algún pueblo;» de que se 
deduce lógicamente: \ .° que los habitantes sueltos, que 
no constituyen familia, ó no tienen la calidad de veci- 
nos, los criados por ejemplo, no son población; % ú que 
las personas que no moran reunidas en los grupos de 
viviendas, que llamamos pueblos, tampoco son pobla- 
ción; 3.° que los habitantes ó vecinos que componen 
un pais, territorio, provincia ó reino, están fuera y 
mas allá del nombre población-, y 4.° que el adjeti- 
vo rural implica con el sustantivo población , resistién- 



Uso. 



8 
dose ambos á estar juntos, pues es de esencia del se- 
. gundo el vivir en poblado, y el primero, cuando sub- 
sigue á aquel, expresa la gente del campo, la población 
fuera de pueblo , en despoblado. Algunas de estas in- 
congruencias han desaparecido en las dos ediciones re- 
cientes; pero todavía queda por apurar, qué es pobla- 
ción gente, y qué población lugar, y sobre todo qué es 
población rural. 

El uso no se halla mas acorde que los diccionarios, 
ora le busquemos entre los literatos, ora en los docu- 
mentos oficiales ó en la generalidad de las conversa- 
ciones. Es comunísimo llamar población rural á la que 
se ocupa y mantiene de la agricultura, tenga donde 
quiera su residencia ; y se aplica el mismo título á las 
familias y personas, que habitan en el campo, sea su 
ejercicio el cultivo, la guarda de montes ó ganados, 
el laboreo de las minas, ú otro cualquiera. Semejante 
confusión procede de haber olvidado los dos conceptos 
diversos bajo que se considera al habitante, por su 
ocupación ó por su domicilio. Guando las profesiones 
estaban asociadas , habia gremio de labradores , de fa- 
bricantes, de comerciantes, etc., que equivalen á lo que 
ahora se dice población agrícola, fabril, comercial, etc.; 
y clara está la diferencia entre población agrícola, con- 
sagrada al cultivo, y población rural ó campestre: la 
primera se refiere á la ocupación, la segunda á la re- 
sidencia; aquella comprende cuatro millones de espa- 
ñoles, y esta acaso no cuenta cien mil familias. 

Todos los pueblos grandes y pequeños están en él 



9 
campo; porque todos tienen una zona de ronda, afue- 
ras, ruedo, rastro y término cultivable, excesivamente 
mayor que el área de su casco. La corte misma cuenta 
su parte mínima de población agrícola, no siendo raro 
ver por sus alineadas calles de edificios , con cuatro y 
mas pisos, los gañanes con las yuntas, orgullosos del 
ruido que hace la rastra de sus arados sobre los ado- 
quines, ni dejan de cruzar en el verano carretas de 
doradas mieses por las platabandas arboladas del fa- 
moso paseo del Prado , haciendo extraño contraste con 
las carrozas lujosas de la aristocracia. Por el contra- 
rio , en la mas reducida aldea suele haber eclesiásticos, 
profesores, menestrales, chapuceros y otros vecinos 
no agrícolas , como hay casas aisladas de ermitaños, 
guardas y peones camineros, que tampoco se dedican 
al cultivo. Verdad es que tenemos la costumbre, como 
instintiva, de calificar de población rural aquella por- 
ción de labradores, que habita eu los menores grupos 
de casas; pero ¿dónde está la regla, -el criterio siquie- 
ra , de hasta dónde llega , y de dónde no pasa esta 
clasificación? ¿Quién ha fijado el número de viviendas 
que distinguen la población rural , de la que no lo es? 
¿Dónde se encuentra disposición legislativa, ni opinión 
aceptable, que nos marque cuál pueblo es rural y cuál 
no? Únicamente en el decreto de 21 de Noviembre de 
1851, art. 1.°, se resolvió por el Ministerio de Gracia 
y Justicia que se consideraran curatos rurales los exis- 
tentes en población que no exceda de 50 vecinos, y 
urbanos todos los demás: clasificación incompleta, que 



10 
no sé como podrá deslindarse en el vario agrupamiento 
y dispersión de nuestras poblaciones, con especialidad 
en las provincias del NO. 
Dificultades. En España, mas que en otras naciones , ofrece gran 
dificultad la distinción , tanto por referirse á otras ideas 
los nombres genéricos de poblaciones, cuanto por la 
manera variadísima en que los moradores están distri- 
buidos sobre el terreno. Ciudad, villa y aldea son voces, 
que no se contraen al número de habitantes, sino á 
sus antiguos privilegios: Madrid es villa, y Huete ciu- 
dad; Zambra es aldea, y Albaráñez es villa. La pobla- 
ción de las provincias peninsulares, á mas de diferir 
mucho respecto de la superficie que ocupa, varia in- 
finito en los grupos de edificios que constituye : mien- 
tras en las de Pontevedra , Barcelona y Guipúzcoa hay 
dos y tres mil habitantes por legua cuadrada , en las de 
Ciudad- Real, Albacete y Cuenca solo existen de tres- 
cientas á quinientas personas por legua; y cuando en la 
provincia de Oviedo se cuentan ochocientas quince 
parroquias y mas de cinco mil poblaciones para medio 
millón de almas , en la de Cádiz no hay mas que cua- 
renta y cuatro pueblos para cerca de cuatrocientos mil 
habitantes. En Galicia y Asturias se acercan á quince 
mil los lugares y aldeas de doce á cincuenta casas , y 
en Andalucía se llaman aldeas poblaciones de casi 
cuatrocientos vecinos. Entre mas de mil setecientos 
pueblos que tienen las provincias Vascongadas, úni- 
camente cincuenta y seis exceden de mil habitantes; 
al paso que en la de Ciudad-Real hay veinte pueblos 



11 

de mil á dos mil almas, diez y siete de dos mil á 
cuatro mil, diez y seis de cuatro mil á diez mil, y 
cuatro de diez á veinte mil. Esta diversidad en la re- 
partición de los moradores sobre el pais, y en el agru- 
pamiento ó diseminación de los lugares, ha sido co- 
munmente obra de la casual combinación de los in- 
tereses particulares, pocas veces de la acción guber- 
nativa , y nunca de un plan preconcebido y general, 
ideado con la previsión de lo que habían de exigir los 
sucesivos progresos de la sociedad. Porque si hubo 
tiempos en que se creyó lo mas importante fomen- 
tar la escasa población, crear pueblos, y extender el 
cultivo, han llegado otros en que debe aspirarse á 
mejorar la situación de los labradores, conforme á lo 
que enseñan los últimos adelantos de la agronomía. 
De todos modos, como hoy existen repartidos los 
habitantes y los pueblos, no es dado trazar limpia 
la línea que deslinda la población rural : declarad ru- 
rales á Manzanares, Valdepeñas y Daimiél, que exis- 
ten por la agricultura y para la agricultura, y sería 
población rural toda España : no concedáis el título de 
rurales á los que habitan en pueblos, aunque sean pe- 
queños, y apenas quedará en nuestras provincias á 
quienes llamar campesinos. 

Creo haber demostrado, que no hay capricho ni 
injusticia en sostener, que ni legal , ni oficial , ni gra- 
maticalmente sabemos, bien sabido, lo que es población 
rural. El lenguaje corre paralelo con las cosas; y como 
el fundamento de la población rural es la finca rústi- 



ca, que de hecho no existe, es menester crearla, para 
aplicar la denominación. Lo único que en este punto 
sentimos como razonable, procede de la regla de las 
analogías y de los contrapuestos: en la riqueza in- 
mueble tenemos predio urbano y predio rústico ó 
rural, servidumbres urbanas y servidumbres rurales, 
y para su gobierno ordenanzas urbanas y ordenanzas 
rurales , policía urbana y policía rural, guardia urbana 
y guardia rural, parroquias rurales y parroquias wr- 
propuesta. bañas. ¿Por qué no distinguir del mismo modo la po- 
blación en urbana y rural? No encuentro razón fun- 
dada en la filosofía de la gramática, ni en el buen uso 
de los eruditos filólogos ó de los entendidos agrónomos, 
que se oponga á estas definiciones : 

^Población urbana. — El número de habitantes, que 
mora en edificios conjuntos, formando pueblo ó grupo 
de casas, mas ó menos crecido.» 

» Población rural. — La familia labradora, que vive 
en casa aislada, sita en el campo que cultiva.)) 

De esta manera , en vez de bastar una de las dos 
circunstancias, ocupación ó residencia, se necesitarían 
entrambas para constituir la verdadera población ru- 
ral, en el genuino sentido que la buscamos, es á saber, 
como palanca poderosísima del mejoramiento de nues- 
tra agricultura. Sin esta inteligencia no se comprende 
el empeño con que el Gobierno y los buenos patricios 
quieren promover la población rural: así definida, se 
comprende todo. 

Luego la población rural, rigurosamente hablando, 



13 

será aquella que, además de ocuparse y mantenerse de 
las labores y productos del campo, habita sobre el 
terreno que labra, sin formar pueblo. El lugarcillo mas 
reducido , la aldegüela mas diminuta pertenecen á la 
población urbana, por mas que sus moradores corres- 
pondan á la clase agraria: la rural pide estar en hogares 
sueltos, sobre el campo mismo para cuyo laboreo se 
establecieron y poblaron. En habiendo calle, plazuela, 
acera, manzana, barrio ó vecindad, se descubre el ca- 
rácter urbano de pueblo: la casa labranza es sola é 
independiente, segregada de todo casco de población, 
y constituye á la vez el albergue de la familia labra- 
dora , la defensa del terreno anejo, la fábrica de abo- 
nos, el almacén de los productos, y la atalaya para 
vigilarlos, desde que se siembran hasta que se en- 
trojan. El comercio y las artes demandan poblaciones 
crecidas, mucho movimiento, grandes consumos, lujo 
y fausto: la agricultura medra con la población rural, 
si bien necesita tener cerca centros de población urba- 
na, para sus relaciones con las artes, las fábricas, el 
tráfico y el consumo. Para la clase agrícola son mejo- 
res las villas reducidas que las grandes ciudades, mejor 
los lugares pequeños, que las villas granadas, mejor 
las aldeas que los lugares , y mejor la casería que las 
aldeas y los grupos. 

En Francia está tan unida é inseparable la idea de Fundamentos, 
labrar la tierra , con la de habitar donde se cultiva, 
que pasan como sinónimos el nombre de casa de campo 
{maison rustiqué) y el de cierro ó coto redondo (ferme). 



14 

Y ya que he recordado esta circunstancia de idioma 
estraño, quiero consignar, á propósito, otras particula- 
ridades de nuestra lengua. Granja es palabra importada, 
pero nació con ella el verbo granjear, que entre sus 
acepciones primordiales tiene la de cultivar con esmero 
y ganar intereses con la labor y la ganadería : prueba 
de que se conocía la ventaja de vivir en casa de cam- 
po, para labrar mejor y con mas provecho. Es muy 
antiguo el refrán haza, do escarba el gallo } para expre- 
sar que si uno ha de cuidar bien sus heredades, 
conviene que las tenga cerca de su morada. A las casas 
sueltas de labor se las apellidó casería, alquería, quintería, 
dándoles la terminación colectiva y de abundancia del 
romance original; indicio de que se comprendió, que 
esta debia ser la morada común del labrador, su mas 
general y apropiada vivienda. 
Diferencia De lo expuesto se deduce , como consecuencia pre- 

de la 

colonia. c j sa 9 q ue co l on i a y población rural son dos cosas dis- 
tintas, por mas que hayan andado confundidas. Colo- 
nizar es llevar á un país gente de otro estraño; y la 
población rural puede y debe ser del territorio en que 
vive y cultiva. Hacer colonias es crear poblaciones nue- 
vas; y extender la población rural es aumentar las ca- 
sas de labranza en los pueblos existentes. En la colonia 
suele llevarse la mira de poblar un gran yermo, apar- 
tado de toda vecindad, y que hace inseguras las co- 
municaciones; y en la población rural el fin es, que 
cada labrador tenga una finca rústica por residencia, 
para que pueda utilizarla mejor. Con las colonias se 



15 
aumenta el número de habitantes de una comarca , á 
expensas de otras ; la población rural se concreta á 
distribuir mejor los labradores, sacándolos de poblado 
al campo. La colonia supone conquista ó concesión de 
terrenos; en la población rural cada uno labra lo suyo. 
En suma, colonizar es un pensamiento caduco, que 
ni todos los disfraces de la ambición, ni los afeites de 
la moda podrán rejuvenecer; y la población rural le- 
gítima es una idea nueva, nacida de los progresos 
científicos, y predestinada á regenerar la agricultura. 
Al definir, como lo hago, lo hasta ahora no bien 
definido, estoy lejos de pensar que no se me enmiende; 
pero entiendo que la definición va por buen camino, 
y que en su esencia ha de hallar acogida entre las per- 
sonas de criterio, aficionadas á los estudios agronómi- 
cos; creo asimismo que, sobre ser filosófica, ha de 
contribuir grandemente esta inteligencia á que la cues- 
tión presente sea bien dilucidada y con provecho re- 
suelta; y pienso, por último, que así, y solo así, lle- 
garán á desaparecer las anfibologías de nuestros dic- 
cionarios acerca de estas voces , las vacilaciones de la 
autoridad al querer fomentar la población rural, y las 
dudas de los patricios ocupados en asunto de tanta 
monta. Fuera ilusión aspirar á que de pronto y por 
completo se borren las nociones recibidas, siquiera sean 
equivocadas, cuando tan larga fecha cuentan; empero 
si los Cuerpos sabios, los profesores, los estudiosos y 
los gobernantes trabajan en su esfera respectiva, el 
cambio se verificará , comenzando por la fijación del 



16 

lenguaje y la rectificación de las ideas, y concluyen- 
do por la realización de los hechos y la obtención de 
sus resultados, necesariamente buenos. 

Después de esta digresión preliminar, tomaré el 
hilo del asunto, que me propongo tratar en esta Me- 
moria , dividiéndola en cinco capítulos : \ ,° estado que 
hoy tiene en las diferentes provincias de España la po- 
blación rural: 2.° obstáculos que se oponen á su des- 
arrollo : .3.° medios de fomentarla en todo el reino: 
4.° ventajas de vivir sobre la tierra que se labra: 
y 5.° objeciones que pueden hacerse, y su contesta- 
ción. A seguida añadiré la Aplicación de la doctrina, 
en un proyecto de ley formulado, y el Juicio crítico 
que de la obra se ha hecho. 



17 



ESTADO PRESENTE DE LA POBLACIÓN RURAL. 



Si al examinar cuál es el estado que hoy tiene en 
nuestras provincias la población rural, me hubiera de 
limitar á considerarla estrictamente con el rigor que la 
he definido, pocas páginas bastarian para llenar el ob- 
jeto, y la mayor parte contendrian raciocinios y datos 
negativos: son en corto número las caserías en Espa- 
ña , respecto de su gran cultivo, y todavía es mucho 
menor el de las que tienen continuo en su derredor 
el terrazgo que labran. Mas como se acostumbra á lla- 
mar rural la población agrícola que constituye los pue- 
blecitos, lugarcillos, aldegüelas y grupos menores, me 
ocuparé de la una y de la otra , de la verdadera y de 
la que mas se le acerca; ya porque es convenientísimo 
para ilustrar el asunto, ya porque esto no empece en 
manera alguna á la mejor resolución del problema; 
que una cosa es relatar lo existente, el modo y el por 
qué de su existencia , y otra muy diversa indicar lo 
que debe haber, cómo deba estar, y las razones fun- 
damentales de la reforma propuesta. No es necesario 

2 



Ideas 
generales. 



Poblaciones. 



18 

para el examen de lo que existe, atenerse á una cla- 
sificación científica del territorio peninsular por zo- 
nas geognósicas, isotérmicas, ó geopónicas; no se trata 
ahora de idear ó discurrir a priori, sino meramente de 
narrar de postfacto; y el sencillo agrupamiento de pro- 
vincias análogas en punto á población rural y agríco- 
la, me ofrecerá un método natural, fácil y claro de 
exponer lo que me ha sugerido la experiencia propia, 
y la de los escritores y amigos que he consultado. 
Conviene apuntar antes algunos fundamentos y consi- 
deraciones generales , demostrativos de la falta que te- 
nemos de población rural , de cualquier modo que se 
la mire, pues esta especie de prolegómenos evitará la 
repetición, en cada una de las comarcas á que son 
aplicables. 

Sobre cincuenta mil poblaciones, grandes, media- 
nas y pequeñas se cuentan en el Nomenclátor de nues- 
tras provincias, con los títulos de ciudades, villas, pue- 
blos, lugares, parroquias, anteiglesias, aldeas, barrios, arrabales, 
burgos, anejos, pedáneos, caseríos 9 casales y villares, y con 
otras denominaciones derivadas y de menores grupos 
de viviendas. De esos cincuenta mil sitios poblados, 
cerca de tres mil pasan de mil moradores; treinta 
mil exceden de cincuenta habitantes; quedando unos 
veinte mil menores de doce casas de vecindad. Infié- 
rese de este dato , que si bien España no cuenta con 
gran número de ciudades populosas, tiene bastantes 
pueblos granados; y que faltándole casas de labor aisla- 
das, que son la verdadera trama para llenar todas las 



19 
mallas de la red cultivable, posee no obstante multitud 
de pequeños grupos, que tenemos que aceptar como la 
población rural existente. 

Agrégase, que la división municipal abarca creci- Términos 
dos espacios, ya por falta de vecindad, ya por la ten- 
dencia de la legislación moderna á cercenar ayunta- 
mientos; no siendo raro ver jurisdicciones con tres, 
cuatro y mas leguas cuadradas de superficie, y algunas 
que miden once , diez y ocho y hasta cincuenta leguas 
de perímetro. Francia , con poco mas territorio que el 
nuestro, tiene treinta y siete mil comunes ó concejos, 
y en nuestras provincias existen nueve mil trescientos 
municipios, que producen igual número de términos 
jurisdiccionales; y aunque en cada término resultan 
cinco grupos de población, según promedio, la pro- 
piedad territorial de los moradores de estos grupos, 
que carecen de término propio , está esparcida por toda 
la jurisdicción de cada concejo. Corresponden por con- 
siguiente á cada ayuntamiento una legua y tres cuar- 
tos superficiales, de que resulta, que cada labrador se 
ve precisado á recorrer diariamente grandes distan- 
cias para cultivar las diferentes heredades , hazas, suertes, Heredades. 
tierras, pedazos y piezas de que se compone su terrazgo, 
en demasía fraccionado. Y mientras esto acontece en las 
mas de las provincias, no faltan en ellas encomiendas, 
y dehesas vastísimas, sin población permanente, que la- 
bran los vecinos de los lugares aledaños, con la mo- 
lestia é inconvenientes de iguales marchas cuotidianas. 

Varias, numerosas han sido las causas de tan per- causas 



20 

judicial modo de ser de la propiedad inmueble, y de 
Jas gentes labradoras; sin embargo, la capital, la que 
las absorbe y reasume, es, á no dudarlo, el desnivel 
que ha existido siempre entre la superficie del suelo 
laborable y el número de habitantes, como lo atesti- 
gua la historia universal de la agricultura, y lo evi- 
dencian los principios de la economía social. En los 
tiempos primitivos sobraban los productos vegetales 
espontáneos de la tierra para sus contados moradores; 
y el hombre, que es omnívoro, no contentándose con 
raices y bellotas, pescaba, cazaba y pastoreaba reba- 
ños. Con la multiplicación de las gentes, crecieron las 
necesidades, y no alcanzando los frutos naturales, la 
caza y la pesca á satisfacerlas, comenzó la agricultura; 
pero una agricultura de intermitencia y ambulancia, 
reducida á sembrar en cada estación un pedazo virgen, 
escogido entre los infinitos que existían yermos, cam- 
biando el aduar ó la cabana, según se iba desflorando 
el terreno. Mas adelante se construyeron habitaciones 
permanentes, formando grupos y pueblos, porque de- 
masiado distantes entre sí , requerían el común con- 
curso de las familias reunidas, no tanto por el recí- 
proco auxilio en las eventualidades ordinarias, cuanto 
por la seguridad de las personas y de los bienes, en 
aquellas edades de contiendas y guerras incesantes. 
Entonces se avanzó á cultivar al rededor de las casas 
fijas legumbres , hortalizas y frutales , á utilizar los es- 
tiércoles , á circunvalar las heredades, gran progreso 
en la infancia del arte 



21 

Desde el establecimiento de las monarquías mili- Historia. 
tares hasta el siglo XVII, el espíritu de la legislación 
de Europa propendía á la concentración de la propie- 
dad. La rapiña de las conquistas creó , primero capi- 
tanes ricos , y después grandes ambiciosos , que todo 
lo abarcaban : el clero siguió adquiriendo mas y mas; 
y los indianos y peruleros , que venian de América 
cargados de oro, no pensaban en otra cosa que en 
comprar títulos de nobleza y fundar vinculaciones. 
Como la concentración llegó á ser extrema, así los go- 
biernos, como los hombres ilustrados, comenzaron á 
favorecer la subdivisión ; tendencia que se siguió con 
aplauso y celebridad suma, sin advertir que podia ser 
otra oscilación del péndulo, tan fuera del aplomo como 
la precedente. Es cierto que el feudalismo no echó 
aquí las raices que en el resto de Europa ; mas en 
cambio la guerra sarracénica prolongó la época de las 
grandes adquisiciones de los caudillos y magnates. 

En el último tercio del postrer siglo, queriendo 
remediar tan antiguos males, se favoreció mucho las 
pretensiones de los colonos, las nuevas roturas, las 
intrusiones y todo cuanto se encaminaba á facilitar la 
adquisición y la división de la propiedad territorial. A 
nuestros dias ha llegado el merodeo de las muchas 
tierras eriales; y cuando hasta el uso de los montes y 
de los llecos se sometió á reglas con los títulos de bal- 
díos y realengos, de propios y arbitrios, y de man- 
comunidad, no ha cesado el furor de invadirlos, alen- 
tado con la tolerancia, y hasta con la protección 



22 
dispensada por el legislador á los novales y arrompi- 
dos. Siendo tan difícil hacerse propietario por los me- 
dios legítimos, hallándose dos tercios del suelo es- 
tancados en manos muertas de nobles y clérigos, la 
Providencia deparó á los pobres labradores las provi- 
siones del Consejo de Castilla, que por un sentimiento 
de humanidad, de compensación quizá, legitimaban las 
conquistas de la azada y del arado, como habían me- 
recido sanción las de la lanza y de la espada. A los 
elevados puestos de la suprema toga habían llegado, 
por sus merecimientos, hijos de las clases medias, de- 
mocracia de aquel tiempo; y á los preceptos de una 
legislación popular anadian la favorable aplicación de 
sus decisiones, no sin ser mal vistos á tanta altura por 
la vieja aristocracia , y sin provocar el epíteto de go- 
lillas, en tono malsonante. 

En la guerra civil de sucesión, que duró los ca- 
torce primeros años del siglo anterior, se amenguó 
bastante la escasa población de la Península, y en 
esta, como en las guerras, catástrofes y revueltas suce- 
sivas, las intrusiones se multiplicaron, el ansia de 
buscar tierras descansadas cobró nuevo brio; pues en- 
tre nuestros perezosos agrícolas está muy acreditado 
el adajio, deja lo afamado y vete á lo holgado; máxi- 
ma, que no por ser cierta en lo físico, deja de ejercer 
influjo funesto en las ideas. Una repartición de terre- 
nos que ha nacido de la usurpación, del botin, de la 
arbitrariedad y del azar, no puede ser acomodada á 
los intereses generales de la agricultura , por mas que 



se diga resultado de las evoluciones de la sociedad en 
una serie de siglos. 

Parece que, en el estado actual de cosas, deben 
concluirse las roturaciones violentas é innecesarias: 
todo lo arable se ha arado en muchos puntos, y aun 
se han arrompido tierras, que muy luego habrá que 
restituir al pasturaje, por su ínfima calidad; mientras 
que por otra parte la desamortización civil y eclesiás- 
tica va á cerrar completamente la puerta á este géne- 
ro de cultivo beduino , reduciendo el terreno á domi- 
nio particular. Con todo , las corruptelas antiguas 
quieren defenderse todavía en su postrer baluarte, el 
de los terrenos de mancomunidad. La práctica funes- 
ta de roturar en una parte, para que otras tierras 
abandonadas crien corteza vegetal , llegará á cesar; 
pero eso no basta todavía. ¿No se conserva generali- 
zado el sistema de barbechos, de año y vez, de dos 
y tres hojas, resto del estado primitivo? Siempre se 
echará de ver la sobra de terreno con respecto á la 
población: empeñándose en abarcar mas labores, que 
las que corresponden al número de brazos y á la can- 
tidad de abonos, forzosamente se apela á medios em- 
píricos, á que la naturaleza tome á su cargo el repa- 
rar las fuerzas productivas de la tierra, durante el 
descanso alterno que se la concede. 

No hay mal que esté solo, ni error que admitido» 
deje de conducir á otros. El escaso número de habi- 
tantes, en vastísimos campos, produjo el laboreo ter- 
cianario de dos y tres manos: el estado habitual de lu- 



24 
cha de esa reducida población ocasionó el agrupa- 
miento de los hogares: de aquí la lejanía y subdivisión 
de las tierras, y los estensos yermos intermedios, que 
convidaron á las roturaciones periódicas: de todos 
estos estravíos y mala enseñanza provino la falta de 
previsión, los hábitos rutinarios, y la resistencia acti- 
va ó pasiva á innovaciones provechosas. Sobre los la- 
bradores gravita una presión de preocupaciones gi- 
gantescas, de donde proviene, que en lugar de ense- 
ñarles la esperiencia, los obcecan los hechos mismos, 
por la manera que tienen de apreciarlos. Diariamente 
se ven derrotados en su constante lucha con la natu- 
raleza; nunca lo atribuyen á su ignorancia, sino á cau- 
sas estrañas; y lo admirable es, que vuelven á la fae- 
na con una insistencia digna de lástima, sin que los 
desengaños les sirvan. 
Faita Forzoso es convenir en que la clase agricultura es 

de 

instrucción. j a menos instruida : hecho que se esplica perfectamen- 
te analizando sus condiciones de existencia. Desde ni- 
ños los llevan sus padres á las tareas campestres y 
desatienden la escuela: se acostumbran á tener por 
mas importante la fuerza corporal, que la del enten- 
dimiento. Por otra parte , el ejercicio de la profesión 
no exije aprendizaje teórico, y la sujeción á la palme- 
ta es odiosa; la actividad membral desarrolla el siste- 
ma físico á espensas del moral ; y al llegar á la edad 
provecta conocen acaso que se esplotó su infancia, en 
vez de educarlos ; pero ya no es tiempo de instruirse. 
Además, jóvenes y mozos pasan la mayor parte del 



25 
dia en desierto, sin roce ni trato, y apenas viajan, ni 
aun por las comarcas próximas; su propia comunica- 
ción en las fiestas, juegos y solaces no puede enseñar 
lo que todos ignoran. Por último, se hallan condena- 
dos á un trabajo áspero, á las intemperies y á las mas 
moderadas recompensas, lo cual hace que las personas 
mas despiertas busquen ocupaciones menos molestas y 
de mayor lucro. A pesar de lo mucho que se ha es- 
tendido y mejorado la instrucción primaria, todavía 
está reducido el número de los que saben escribir ó 
leer á un veintidós por ciento en la provincia de Cuen- 
ca , á un diez y ocho por ciento en la de Albacete, á un 
quince por ciento en la de Alicante, y á un trece por 
ciento en la de Almería; siendo bastantes los pueblos 
en que no saben firmar los concejales. ¡De qué sirve 
que haya escuelas, maestros pagados del fondo muni- 
cipal y enseñanza gratuita, silos padres, abandonados 
ó codiciosos, no envían al aula á sus hijos! No hay 
pueblo agrícola en que no pueda hacerse esta observa- 
ción: que los vecinos mas despavilados se han acogido 
á profesiones de sombra y asiento; y que los tenderos, 
mesoneros, medidores, molineros, sastres y demás 
menestrales son mas hábiles que el común de los la- 
bradores. Si algún genio despunta, aun en la familia 
mas humilde, no deja de abrirse paso hacia las artes 
ó las ciencias; no queda en destripaterrones. 

Con todo, prescindiendo de las interminables con- 
troversias sobre la importancia respectiva de las indus- 
trias, cuestiones casi siempre apasionadas ó exageradas 



Excelencias 
agrie olas. 



Grupos. 



26 
por la rivalidad, nadie ha podido negar á la agricul- 
tura estas condiciones : 1 . a ser la tierra el fundamento 
de todas las cosas, y su cultivo el que principalmente 
suministra materias á las fábricas y productos al co- 
mercio; '2. a ser una de las fuentes mas copiosas de la 
riqueza y bienestar de las naciones, y satisfacer una de 
las primeras necesidades del hombre, la de. alimentar- 
se; 3. a tener mas estabilidad y seguros resultados que 
las otras industrias, aunque menos productiva en gene- 
ral, pues las guerras, los cataclismos mas terribles y 
cualesquier graves trastornos, no pasan de destruir los 
rendimientos, siendo imperecedero el capital raiz; 
y 4. a que si los campesinos suelen flaquear por el ta- 
lento y la instrucción, gozan salud mas cabal y longe- 
va , y tienen costumbres mas sencillas que los artesa- 
nos y negociantes. 

Hechas estas consideraciones, aplicables á la ma- 
yoría de las provincias, entro en el examen detallado 
de la población rural, agrupando los territorios que 
parecen mas análogos, y exponiendo en cada sección 
las circunstancias especíales que los enlazan, así como 
las que principalmente los distinguen entre sí. Fácil es 
comprender, que esta clasificación no puede ser com- 
pletamente razonada, ni mucho menos exacta, porque 
hay ciertos hechos agrícolas, comunes á todas las 
provincias , y aun las que parecen escepciones pecu- 
liares suelen tener ejemplo, aunque escepcional tam- 
bién, en determinados territorios. Apenas hay pro- 
vincia, por reducida que sea, en que una banda, mas 



27 
ó menos ancha, hacia sus diferentes límites, no tenga 
afinidades con las provincias comarcanas; efecto del 
necesario roce y de los continuos enlaces. El orden en 
la colocación de estos grupos no será el geográfico, que 
ninguna relación guarda con el estado agrario; se fun- 
dará en la mayor aproximación á las verdaderas con- 
diciones rurales, cuales son la casa aislada de labor, 
el terreno mas ó menos conjunto y cercano, la ocupa- 
ción permanente de la familia labradora, en una pa- 
labra, la mayor facilidad de establecer el coto redon- 
do acasarado, la labranza con terrazgo anejo, y habi- 
tada de asiento. Los siete grupos son los que siguen. 



Forman el núcleo del primero las provincias vas- vascongada 
congadas, porque en ellas tiene su principal asiento 
el prototipo déla población rural, la casería ( x ); donde 
los aldeanos viven de continuo, esplotando el terreno 
adjunto, casi siempre unido, á que se añade un trozo 
de monte mas ó menos apartado. En Vizcaya y Gui- 
púzcoa se regula que la mitad de la población agríco- 
la reside en las caserías, diseminadas por todo el pais, 



I 1 ) Profiero la terminación femenina por ser mas conforme á la 
índole de la lengua, y esclusiva la acepción á que se aplica: el mas- 
culino caserío debe quedar para el conjunto de casas. 



Casería. 



28 

cercanas unas á otras, sin estar juntas, aunque nunca 
distantes del lugar matriz mas de una legua. Los coto- 
caserías vascongados , con ser susceptibles de mejoras, 
pudieran servir de modelo para la población rural de 
España: y este laudable ejemplo, que tiene lugar en 
la zona septentrional , sobre el paralelo cuarenta y tres 
de latitud norte , bajo un cielo encapotado , de poca 
luz, y una atmósfera de humedad escesiva y á una 
temperatura media anual de trece grados centígrados, 
bastaría para justificar, en todos los conceptos, la im- 
portancia de que la clase agrícola viva aislada y do- 
minando los campos. El pais vasco puede considerarse 
como una federación de familias rurales, que pueblan 
el terreno del modo mas conveniente á la agricultura: 
las villas y pueblos, que de trecho en trecho existen, 
son meros centros de contratación , de donde reciben 
las caserías lo que no pueden tener , y á donde van á 
depositarse , consumirse ó cambiarse los productos 
agrícolas de los aldeanos : por manera que recíproca- 
mente se sostienen y alientan la población rural y la 
urbana, con provecho de entrambas. 

La hacienda rústica de estas provincias consta de 
cuatro elementos cardinales: la casa, la heredad la- 
brantía, el ganado y el monte. Cuentan los edificios 
habitaciones capaces y cómodas para personas y ani- 
males, y el horno de pan cocer; manifestándose por 
do quiera el aseo é interés de los caseros , á los que 
no les falta el menage decente, que apenas se usa en 
Castilla entre labradores ricos. En las tierras cultivadas 



29 
se sucede una rotación incesante de cosechas, prepara- 
das y obtenidas con buen método, con orden y con 
grande inteligencia. El maiz, como fruto y como forra- 
je, el trigo, la cebada, el centeno, el trébol, la alfalfa, 
el nabo, la alholva, y algún cáñamo y lino alternan in- 
terpolándose, á fin de que la tierra siempre esté ocu- 
pada , sin dejar de producir algo útil : hasta la vid, 
que no pasaria de labrusca , vegeta á fuerza de empe- 
ño, y si no sazona el fruto por completo, sirve al me- 
nos para el afamado chacolí, que con la sidra de man- 
zanas suplen al buen vino , no sin ventaja de la salud 
y de las costumbres. Para las labores se sirven de la 
laya, que conmueve y quebranta el terreno á suficien- 
te profundidad; del arado perfeccionado, que adoba 
la tierra en la primera reja , y en la segunda envuelve 
los estiércoles y la semilla , y de la rastra ó mazo , que 
desterronan y desmenuzan los gasones. El ganado con 
que esclusivamente aran es el bovino, una pareja de 
bueyes; pero añaden tres ó cuatro vacas, que relevan 
á aquellos cuando conviene, que procrean, y además 
suministran abundante leche. En el monte hay casta- 
ños, argomas, heléchos y jaras, que proporcionan fru- 
to, combustible, cama y basuras; y es imprescindible 
el horno de cal, principalmente destinado á sostener, 
como abono adecuado trienal , la productividad de la 
heredad. No faltan las legumbres, verduras y hortali- 
zas, principal alimento de las gentes frugales, y que 
con los despojos ayudan al sustento de los ganados 
caseros. Ni escasean los árboles frutales, cuyos pro- 



30 

ductos sirven para el consumo en la casa y para la 
venta en los pueblos: sü sombra y su abrigo templan 
el calor estival , el frió del invierno y el ímpetu de los 
huracanes. Entre los provincianos no pasada por hom- 
bre completo el joven que no hubiese plantado por su 
mano algunos árboles; y él mismo se creeria indigno, 
sin esa prenda de adhesión al suelo natal , de solicitar 
la mano de ninguna aldeana: costumbre paradísea, 
que contrasta admirablemente con la guerra sin tre- 
gua que los castellanos hacen al arbolado. En resumen, 
la familia rural vascongada no se mueve en sentido 
alguno sin provecho de su heredad, ora la inspeccione 
con la vista, ora emplee sus manos ó sus pies, ora 
ponga en actividad cualquiera de sus sentidos y facul- 
tades. Todo se ayuda allí mutuamente, porque se han 
reunido los mejores elementos materiales , el mas vivo 
interés, la mas decidida voluntad. Labrando, multipli- 
cándose y estercolando el ganado sirve al terreno y al 
amo, que en cambio le suministran alimento y cuida- 
dos: el monte con sus maderas, leñas, yerbas, cales 
y despojos sirve al ganado y al dueño; y éste abar- 
cándolo todo con mirada discreta y previsora, con 
inteligencia de lo que trae entre manos , y con la con- 
ciencia de lo que puede y vale, desempeña al propio 
tiempo los deberes de labrador y ganadero , de hor- 
telano y leñador, de panadero y fabricante de cal; mi- 
sión múltiple, que cumple admirablemente. 

No es mucho que, con tan anchas y bien sentadas 
bases , haya en Guipúzcoa alguna heredad que rinda 



mas de un veinte por ciento, ni que el aldeano vascon- 
gado pueda hacer algunos ahorros, aun sin ser dueño 
de la casería en que mora. Dos terceras partes de los 
caseros son colonos ó meros locadores ; pero arrenda- 
tarios que lo vienen siendo de inmemorial, de padres 
á hijos, y que, contando con la seguridad de la per- 
manencia, han realizado mejoras considerables en las 
haciendas que llevan. Invertir el producto del propio 
sudor en beneficio de la finca del amo, se mira entre 
renteros del interior como un imposible, ó como una 
demencia ; lo cual no es de extrañar, vista la cortedad 
é instabilidad de los arriendos, que los comprometen 
á sacar la sustancia á la tierra, aunque quede esquil- 
mada. En las provincias del Norte , señores y colonos 
entendieron mejor sus intereses; y el aldeano, lejos 
de apesararse de que sus mayores beneficiasen la ca- 
sería y la heredad ajenas, ve en estas mejoras la pren- 
da de su seguridad , el lazo indisoluble que lo une al 
terreno, el derecho, en fin, que le constituye condueño 
déla finca, haciendo imposible el desahucio para él y 
para sus hijos: imposible , porque si un dueño avarien- 
to y cruel lo pretendiese , á parte de las reclamacio- 
nes pecuniarias, se veria condenado por la opinión 
del pais, y abrumado bajo el peso de la pública exe- 
cración. Hay quien atribuye principalmente la prospe- 
ridad agrícola de estas provincias á la laboriosidad de 
sus naturales, á que trabaja el hombre, la mujer, los 
niños y todo el mundo: se engaña el que así discurre. 
Si el trabajo de toda la familia fuese la causa principal, 



32 
no serian tan pobres en algunas comarcas del interior, 
donde las mujeres hacen poco menos que los hombres, 
hasta cavar y segar, y donde los chicos de cuatro años 
ayudan á sus padres. La causa de las causas es la fin- 
ca rural; que todo el trabajo se aprovecha ; que no 
hay dispersión de fuerzas, de atención, y de indivi- 
duos; que la familia es una, porque la tierra y la casa 
son únicas y solas, 
costumbres. Criados en la vida sencilla , recogida y laboriosa 

de la casería , bajo las influencias de una autoridad 
paternal , robusta y patriarcal , que apenas ha variado 
en siglos, conservando todavía el sello virginal primi- 
tivo , mantienen los vascongados costumbres dulces y 
puras, que en todo influyen , y hasta en los ocios se 
revelan. Parecerá una nimiedad , pero es un síntoma 
significativo de estas excelentes prendas, verlos en sus 
diversiones y bailes en la plaza pública , á la vista de 
las autoridades civil y eclesiástica, saltando alegres mo- 
zos y muchachas, en el acelerado zorcico, al son de los 
indispensables tamboril y silbo. El tamborilero es allí 
una especie de cargo público, como el de almotacén ó 
alguacil en las villas castellanas. ¿No significa mucho 
que el municipio costee tan buen elemento de diver- 
sión honesta, general y pública, evitando así mil incon- 
venientes de los bailes domésticos, á puerta cerrada, en 
que se fraccionan las familias, se acrecientan los celos, 
se vicia la juventud , y se pierde el espíritu popular? 
En Álava , donde están especialmente marcadas 
las confrontaciones vizcaina , navarra y riojana , no es 



33 

tan frecuente la casería como en las otras dos provin- 
cias hermanas; pero aquella cuenta lugarcillos agríco- 
las de menor vecindario, pues solo tienen por término 
medio de catorce á veinticinco casas , en vez de los 
barrios y anteiglesias de treinta á cincuenta hogares, 
que suelen numerar las otras. La labor se hace con 
bueyes y vacas ; existe alternativa de cosechas ; se 
cuida esmeradamente de la escarda, y hay pequeños 
herrenes : á la siembra del trigo sucede la de la ceba- 
da , y después las minucias de yeros, habas, alhol- 
vas, etc. La granja-modelo establecida en la provin- 
cia, producirá en el pais conocidas ventajas, que se 
irán difundiendo á los demás. Es sin embargo escesi- 
va la subdivisión de la propiedad , habiendo pedazos 
de cinco áreas, la mayoría de treinta á cuarenta áreas, 
y algunos que llegan á una hectárea ; los mayores de 
esta cabida constituyen una escepcion. Y á mas de 
una parcelación casi atomística , sucede que todos los 
fragmentos se hallan esparcidos por el término , que 
suele tener media legua de radio ; por eso la casería es 
aquí mas difícil y menos ventajosa. 

Me ha parecido conveniente comprender en este 
grupo á Navarra, ya porque en el sistema agrario y 
en la forma de la población rural tiene analogías, es- 
pecialmente con Álava, ya porque los naturales de 
todo el pais vasco proceden de aquellas razas primiti- 
vas, apenas domeñadas por estranjeros, que todavía 
guardan, mejor que otras, su carácter tenaz, su labo- 
riosidad , su constitución robusta y su amor al suelo 



34 

que plantaron de árboles útiles, y que regaron con el 
sudor de su frente veinte generaciones sin mezcla. 
Navarra no tiene muchas labranzas aisladas con ter- 
razgo unido, pero se halla plagada de pequeños gru- 
pos de población, asociados en concejos con el título 
de Valles, á causa de que ocupan los que forman las 
cuencas de los rios desprendidos de los escalonados 
montes. De ochocientos veinte pueblos que tiene la 
provincia, hay mas de quinientos que no llegan á cin- 
cuenta casas; siendo el cultivo bastante bueno, aun- 
que diferente en la Montaña y en la Ribera. Pruébalo, 
entre otros hechos, el aprovechamiento que hacen de 
las aguas por mas de cincuenta acequias, que fecun- 
dizan sobre veinte mil hectáreas de tierra , recogiendo 
abundantes cereales, legumbres y acreditados vinos: 
y lo persuade también la introducción de nuevos ins- 
trumentos agrícolas, y las incesantes mejoras que se 
van planteando en la agricultura. 
Rioja. Igualmente cabe en este primer grupo, mejor que 

en los colindantes, la provincia de Logroño, pues la 
Rioja, aunque castellana, tiene mas afinidades agríco- 
colas con Navarra y Álava : sus límites actuales están 
entremezclados, si no confundidos, pues hay Rioja 
alavesa allende del Ebro, y cruza á la derecha de este 
rio el territorio navarro, perteneciendo todos á la re- 
gión baja de la zona del norte. Difieren, no obstante, 
en que la provincia de Logroño cuenta menor número 
de caserías sueltas, y pueblos mas claros y crecidos 
que sus vecinas ; lo cual no destruye las semejanzas 



35 
en Ja repartición de las heredades, en la abundancia 
y variedad de producciones, de cereales y vinos, y en 
la de hortalizas y frutas, aquí escelentes y renom- 
bradas. 

Consecuencia de los caracteres comunes y causa á 
la vez de la prosperidad agrícola de estas provincias, 
en que tanto influye el celo de las diputaciones forales 
y provinciales , es su buen estado de comunicaciones, 
su frecuente contratación, y sus relaciones con el es- 
tranjero, por la frontera francesa y por la costa Can- 
tábrica. Acostumbrados á tener buenas vias provin- 
ciales, y amaestrados en construirlas, son hoy por 
toda Castilla los vascongados y navarros escelente 
ausiliar para las contratas de carreteras y de caminos 
de hierro , los ordinarios instructores de nuestros ca- 
pataces, sobrestantes y peones. 



ii. 



El segundo grupo lo constituyen Asturias y Gali- 
cia con la vecina montaña de Santander, comarcas 
gemelas en dialecto, en caracteres, en costumbres, en 
zona y en la forma rural , por mas que se reconozcan 
entre ellas rasgos diferenciales. ¿Quién no advierte en 
los naturales de estas provincias aquella raza goda, 
religiosa, frugal, dura y perseverante, que osó alzar 
la enseña de guerra contra la morisma, espulsándola 



Asturias 
y Galicia. 



30 
de frontera en frontera hasta las playas africanas, y 
que aun hoy , exuberante en su territorio , invade los 
demás en busca de trabajo y de ganancia? En Portu- 
gal se dedican los gallegos á toda clase de faenas; en 
las Castillas siegan é hilan; y gallegos, asturianos y pa- 
siegos se ven en gran número por las provincias del 
interior y del mediodía, acreditando en todas partes 
laboriosidad, honradez, y que tienen bien despierta la 
facultad de adquirir. A los gallegos, que vienen á Gas- 
tilla, se les moteja de miserables, pedigüeños y humil- 
des, porque, aun ganando jornal, no escusan el por- 
diosear, y porque en su lenguaje y maneras se suavizan 
y achican demasiado, quejumbrosos y zalameros: há- 
bitos nada estraños en gentes cuitadas de un pais feu- 
dal, donde las tierras eran patrimonio de señores de 
alcurnia y de monasterios ricos, á cuyas casas iban los 
unos á pagar las rentas, y los otros á recibir limosna. 
Después de la casería vizcaína, la población de 
Galicia y Asturias es la que mas se aproxima al tipo 
de la verdadera rural. No son muchos los edificios de 
labor aislados y con terrazgo adjunto: en el litoral as- 
turiano y en los llanos hay caserías sobre el campo 
que se labra, ó en alguna de sus mejores piezas; y en 
cada parroquia de Galicia suele haber en despoblado 
una ó mas casas solariegas, que fueron antiguas cabe- 
zas de vínculo, con rentas á su inmediación y caseros 
que las moran. Estas casas tienen buenas habitacio- 
nes, capilla, cuadras, molinos, huertas, prados, de- 
hesas, y todo lo necesario para el cultivo; pero fuera 



37 
de ellas, apenas se hallará un labrador que tenga la 
heredad en un solo pedazo. Hay además algunas casas 
insalubres y pobres chozas, que los gallegos llaman 
solares, con pequeños terrenos anejos, y la pradería y 
la huerta distantes hasta un cuarto y media legua : la 
era de pan trillar, el hórreo ó panera, y el molino ha- 
rinero, son dependencias de algunos vecinos, que al- 
ternativamente usan de ellas para su servicio; señal 
de que el cultivo es poco estenso y á la menuda, 
pues cuando se ejerce en grande no consiente tal pro- 
miscuidad. 

En la parte montañosa de Asturias viven en pue- 
blecitos, ya porque se dedican de preferencia á la ga- 
nadería , ya por temor á los rigores del invierno y á 
las fieras que allí abundan. Las cuatro provincias ga- 
llegas, fuera de las escepciones indicadas, tienen su 
población agrícola en aldeas, lugarcillos y pequeños 
grupos, tan numerosos y desparramados, que con un 
paso mas habrían llegado al modelo de la casería. Bas- 
te saber que la provincia de la Coruña cuenta veinti- 
dós mil lugares habitados, ó sea muchos mas que re- 
unen las veintisiete provincias de León, las Castillas, 
Estremadura y Andalucía; y que en las cinco solas de 
Galicia y Asturias llegan á quince mil las aldegüelas 
de tres á doce casas. Cada familia cultiva por término 
medio unas diez hectáreas, tres de cereales y huerta, 
una de prados y seis de monte; pero se hallan las tier- 
ras á tal punto desunidas, que en regadío las hay hasta 
de veinticinco centiáreas, y en secano desde una á 



38 
veinticinco áreas, siendo allí buenas piezas las que 
llegan á medir una ó dos hectáreas. Estas diminutas 
porciones distan mas ó menos entre sí y de la residen- 
cia del labrador, aunque es lo mas común un cuarto 
de legua, y que no esceda de media. 

Las prácticas agrícolas varían en cada comarca. 
En Asturias cada concejo suele diferenciarse, pues en 
unos ocupan la mayor parte del terreno los prados 
naturales, los pastos, y estensos plantíos de frutales, 
siendo el avellano de grandes productos, quedando 
pequeños trozos para los cereales ; y en los mas se 
siembra el trigo, alternando con el maíz y las judías: 
el barbecho es una escepcion reservada para las tier- 
ras de ínfima clase: las demás, lejos de descansar, 
rinden tres cosechas en cada dos años. También en 
Galicia alternan en algunas riberas los cereales con el 
maíz, los nabos y otros frutos; aunque lo mas general 
es, que prevalezca el método de año y vez; la siem- 
bra se hace á dos manos ú hojas, destinando la una á 
lo que llaman fruto ó paja blanca, que son cente- 
no, trigo, avena y cebada, y la otra al maíz, na- 
bos, patatas y legumbres. Recogen además algo de 
castaña, crian algunos cerdos, y sostienen una ó dos 
vacas , pues el ganado boyal es común á todas estas 
provincias. Lo mismo en Asturias que en Galicia hay 
valles feraces, deliciosos en estremo, y tan encanta- 
dores, que no hacen envidiar los celebrados de Suiza, 
dándose en ellos el naranjo y el limonero, gracias á la 
poca altitud sobre el nivel del mar , á las condiciones 



39 
geológicas , á las de esposicion y climatológicas , y á la 
abundancia de lluvias, que ha sugerido á los poetas el 
apellidar á Galicia el orinal de España. Esta circuns- 
tancia , y el pobre aspecto de los infelices trabajado- 
res, que vienen al interior, ha contribuido á formar 
de las provincias occidentales una idea desfavorable, 
que dista mucho de la verdad: mas alto publica la 
bondad del pais y la abundancia de subsistencias el 
crecimiento progresivo de la población, que sube ya 
en Galicia y Asturias á dos millones y medio de ha- 
bitantes, ó sea á la sesta parte de la que reúnen las 
cuarenta y siete provincias peninsulares. Pontevedra 
ofrece además el ejemplo de ser la mas variada en 
cultivo de todas las de España. 

En medio de algunas ventajas con que cuenta el 
cultivador en estas comarcas de población miliar, las 
trabaja un mal mortífero, que amenaza hacer nula la 
propiedad territorial, si no se cura ó contiene: este 
gravísimo mal es el contrato peculiar de las provin- 
cias gallegas y parte de Asturias , que se conoce con 
el nombre de foro; especie de censo enfitéutico, defec- 
tuoso en su origen , y completamente viciado á fuerza 
de abusos. Fueron en lo antiguo muchos de estos ter- 
renos, y los mas pingües sobre todo, de monasterios, 
iglesias, grandes y mayorazgos, ricos en demasía, y 
que por lo tanto miraban con escaso interés sus cuan- 
tiosos bienes, pues ni les hacían suma falta los rendi- 
mientos , ni dejaban de gozarse en que los labradores 
preferidos los aprovechasen. Para simplificar la admi- 



40 
nistracion los arrendaron; y pesándoles todavía este 
cuidado trienal ó decenal, los dieron á foro, reserván- 
dose el derecho de recibir un canon anual , que se 
paga en frutos, y el laudemio en el caso ele enajenarse 
alguna de las fincas aforadas. El laudemio variaba ar- 
bitrariamente, pues hay cartas ferales que imponen la 
tercera, la cuarta y la quinta parte de los frutos, si 
bien lo mas común es que consista en la décima, que 
se exige irremisiblemente cuando el dueño directo ha 
consentido y dado licencia para la venta. Y como dicho 
laudemio gravita no solo sobre el foro recibido, sino 
sobre las mejoras y aumento que haya tenido en ma- 
nos del que lo lleva, ya se deja conocer, que los cul- 
tivadores habrán hecho frecuentes fraudes y contratos 
ocultos, para eludir la pesada carga: que cuando tan 
de frente se ponen en pugna los intereses de los con- 
dueños, se necesita una virtud poco común, para sa- 
crificar la utilidad en aras del rigor legal, que estable- 
cieron lejanos abuelos. Con el trascurso del tiempo se 
fué aumentando el número de vecinos en los lugares 
acasarados, existiendo alguna aldea que en el año 
de 1750 contaba seis familias, y ahora tiene cuarenta, 
sin que se haya variado la pensión al señor: éste la re- 
cibe de uno de los mayores llevadores, llamado ca- 
bezalero , quien recoge las partes alícuotas de los de- 
más labradores. Asimismo es frecuente, por virtud de 
los foros y subforos, que un cultivador forista reco- 
nozca á la vez tres, cuatro y mas dueños por la mis- 
ma finca , á cada uno de los cuales tiene que pagar 



41 
renta determinada. Sirva de explicación el siguiente 
ejemplo. 

Era un lugar en su origen de una comunidad reli- 
giosa : el abad lo dio á foro á un caballero devoto del 
monasterio, por una corta pensión: este señor aforó 
á otro una parte ó el todo de la heredad, cargándole 
la pensión del primer dominio, é imponiéndole otra 
nueva para sí: se repitió el subforo y la pensión ter- 
cera y cuarta vez; y el desgraciado terrateniente actual 
ha recibido las fincas con la indeclinable obligación de 
atender á todos los referidos dominios á un mismo 
tiempo. Los que imaginan que el mundo ha empeorado, 
y juzgan refinamiento de la codicia del siglo material 
lo que hoy pasa con algunos logreros, tienen en los 
hechos citados ejemplares, que nada dejan que admi- 
rar de las humanas miserias. Verdad es, que estos 
contratos han degenerado de su primitiva constitución, 
por haber caido en desuso sus mas esenciales condi- 
ciones, que daban al señor directo cierta intervención 
en el método de cultivo, el derecho de retracto y oirás 
preeminencias: pero estas mismas alteraciones han 
producido inconvenientes de otra índole, y hace largo 
tiempo que personas entendidas, conocedoras del mal 
y celosas de la prosperidad de estos países, vienen 
clamando por que se ponga el oportuno remedio. En- 
tre tanto contribuyó á empeorar la situación la prag- 
mática de Garlos III, mandando no se hiciese novedad 
en los foros hasta nueva resolución, que aun no ha 
llegado á darse. No cabe duda en que la máxima de 



nada se innove es eminentemente conservadora; pero 
á su amparo, como al de todos los axiomas absolutos, 
se han cometido enormes injusticias, dejando de hacer 
la razón : es un espediente fácil , que rehuyendo las 
dificultades, las agrava. Otra resolución mas atrevida 
se dio en el anterior reinado, apoyada en el no se 
innove: queriendo proteger á los arrendatarios asturia- 
nos, haciendo recaer sobre los propietarios la contri- 
bución de frutos civiles , se prohibió alzar el arrenda- 
miento de las tierras: y hasta se prohibió á los dueños 
el derecho de labrarlas por sí mismos, como lo pre- 
tendían. 

Los foristas pueden sostener , que para ellos no se 
han estinguido los mayorazgos, porque el foro vincula 
perpetuamente sobre las tierras la pensión anual, ha- 
ciendo imposible hasta la esperanza de que algún dia 
sean alodiales. Los pleitos, disgustos y gastos á que 
este embrollado sistema da lugar, esceden á toda pon- 
deración: porque sobre nacer de suyo los litigios, ha- 
bía en estas provincias un crecido número de escriba- 
nos, situados en pueblos miserables, que para vivir 
habían de atizar el fuego de las contiendas jurídicas. 
Un grande de España , revestido con el título de es- 
cribano mayor de rentas de Galicia y cuatro sacadas de 
Asturias, usaba del derecho de nombrar escribanos, 
sus tenientes, donde le placía; y nada tiene de estraño 
que semejante privilegio colmara de notarios un país 
que pasa la plaza de pleitista, y que, para serlo en 
efecto , le bastaban los foros y los escribanos. Guando 



43 
el trascurso de los años ha oscurecido alguna finca 
aforada, ó cuando las muertes, la ausencia ó los con- 
tratos clandestinos de los foristas dificultan el pago de 
la pensión, se acude á lo que llaman prorateo, juicio 
que exige identificar las heredades, nombramiento de 
peritos tasadores, largos espedientes y crecidos gastos, 
que todos pesan sobre el llevador terrateniente. De 
aquí la frecuencia con que se renuevan los apeos de 
las fincas, con que se repiten los prorateos, y de aquí, 
en fin, los muchos títulos instrumentales que se nece- 
sitan para acreditar la propiedad: una buena parte de 
los productos de la tierra y del sudor de los labrado- 
res se va en diligencias y litigios , haciendo á estas po- 
bres gentes cada dia mas desdichadas. 

Resulta de lo espuesto, que en las provincias del 
NO. es donde mas diseminada se encuentra la pobla- 
ción agrícola, ya con casas sueltas de labor, ya en 
grupos diminutos, de cuatro á cinco viviendas, ya en 
reducidas aldeas y lugares; que si bien hay regu- 
lares casas de labranza y algunas lujosas, por lo gene- 
ral las gallegas son mezquinas é insalubres; que es 
muy raro ver reunida en un pedazo la tierra necesa- 
ria para la ocupación de una familia, antes por el 
contrario, la subdivisión, mayor que en parte alguna, 
por razón de los foros y subforos, ha llegado en Gali- 
cia á una pasmosa pequenez; que los métodos de cul- 
tivo son de progreso , pues en Asturias sobre todo es 
escepcional el barbecho , y predominan las cosechas al- 
ternadas ; que en ambas comarcas se labra esclusiva- 



44 

mente con bueyes ó vacas, y se entiende muy bien el 
maridaje del cultivo y de la ganadería, así para el uso 
de las leches como alimento ordinario, como en la 
multiplicación de los estiércoles; y finalmente, que el 
contrato del foro es una calamidad insostenible para 
la agricultura de Galicia, pues sobre haber fracciona- 
do las tierras al infinito, ha multiplicado las pensio- 
nes, y embrollado de tal manera los dominios directo 
y útil , que es un semillero de pleitos, fatiga de tribu- 
nales, ruina de colonos, y escándalo de los hombres 
amantes de su patria. 



ni 



cata.uña, Ara- Siguen , en el orden mas favorable á la población 

gon y Baleares. 

rural, las ocho provincias de la antigua corona de 
Aragón, que hoy forman los distritos de Cataluña, Ara- 
gón y Mallorca; y las reúno en este cuadro porque, 
después de la consideración cardinal de cómo viven 
las familias agrícolas, he debido tomar en cuenta que 
tienen glorias y recuerdos comunes, lazos todavía no 
rotos de fraternidad, y otra porción de analogías his- 
tórico-legales muy atendibles, de grande influjo en la 
trasmisión de la propiedad rural. 

En la falda meridional de los Pirineos orientales 
vivia aquella generación guerrera y adelantada , que 
tan buen papel hizo en las jornadas de Carlo-Magno; 



45 
y de Ja misma ladera del Pirineo central procede aque- 
lla otra, que erigió la soberanía de Sobrarbe, y que 
fué por aquel lado lo que la de Pelayo en Asturias; el 
comienzo y el germen de la reconquista de la patria, 
dominada por los árabes. Juntos catalanes y aragone- 
ses dieron muestras de su valor y actividad en los pa- 
sados siglos , y en Levante y en todo el Mediterráneo 
fué poderosa su influencia, estenso su comercio, y 
norma para la Europa sus costumbres marítimas. No 
es mucho que, de tantos hechos heroicos y de pasado 
tan glorioso, provengan caracteres tan estimables como 
los que se notan en los naturales de esta región: pen- 
samientos elevados y trascendentales, grande energía, 
amor á la patria, apego al trabajo, genio emprende- 
dor, afición al comercio y á las artes, perseverancia 
en los propósitos, que ha llegado á calificarse de per- 
tinaz y tozuda. Por esas cualidades eminentes los ve- 
mos con frecuencia á vanguardia de los adelantos 
útiles; por eso Cataluña sobresale en industria y en 
tráfico; por eso Barcelona, que en tiempo de Cervan- 
tes era albergue de los estranjeros, archivo de la corte- 
sía, hospital de los pobres, patria de los valientes y ven- 
ganza de los ofendidos, aventaja hoy en muchas cosas 
á la capital de la monarquía, siendo sus estableci- 
mientos fabriles, de instrucción y de imprenta rivales 
de los mejores de fuera , y casi modelo de los nues- 
tros; por eso, en fin, el genio de estos habitantes 
anima y realiza en todas partes empresas colosales ó 
atrevidas. 



Actividad. Se engañan los que piensan , que las muchas car- 

reteras últimamente abiertas en el Principado, se 
deben á contemplaciones de temor á su inquietud 
amenazadora : eso es buscar causas accidentales y se- 
cundarias, donde existe la natural, permanente y po- 
derosísima de la conciencia del pais : en Arahal y en 
Loja no se piden carreteras , ni liceos , ni sociedades 
de crédito. Tienen carreteras , porque las reclama una 
actividad inteligente , como en las provincias del Nor- 
te: necesitan arterias, porque sobreabunda la sangre 
en su corazón : tienen arrecifes , como han tenido los 
primeros caminos de hierro, cuando en otras partes se 
miraban como delirios y ensueños , y acaso como per- 
judiciales. Trabajan mucho, se afanan sin cesar, des- 
conocen la holgazanería , crean productos de todo gé- 
nero, y empresas y especulaciones: ¿hay mejores me- 
dios de hacer necesaria la viabilidad? Examinemos 
con atención un pueblo crecido de Cataluña , y vere- 
mos á todo el mundo ocupado en sus negocios: no se 
hallarán esas comparsas de ociosos , que en otras pro- 
vincias pueblan de espectadores las plazas, de pasean- 
tes las avenidas y de tresillistas las mesas. Los dias 
de fiesta se divierten como nadie ; todas sus fiestas 
son fiestas mayores; en los de trabajo, á trabajar: y 
dicho se está que la cualidad de laboriosos, como las 
otras buenas dotes , ha de alcanzar también á los que 
se ocupan del cultivo de los campos. 

Aunque la población rural no está aquí tan bien 
establecida como en Vizcaya, Asturias y Galicia, se 



47 

halla mejor que en el resto de España , á lo cual con- 
tribuyen dos instituciones que le son peculiares : el 
fuero de Monzón de 1585, que limita la legítima de ruero y catastro 
los hijos á la cuarta parte , dejando en libertad al pa- 
dre de disponer de las otras tres, aun en favor de 
estraños ; y el catastro territorial , que existe desde 
1 7 1 5, y que aun no tienen las otras provincias. Las 
ocho de que ahora se trata cuentan unos cinco mil pue- 
blos, mas de la mitad menores de cincuenta vecinos 
muchos que no pasan de cien casas, y bastantes que 
no llegan á doscientas. Por todos los términos hay ca- 
serías y labores sueltas, ya con el nombre de juberas, 
granjas, masías, cuadras y alquerías cuando se emplean en 
el cultivo ordinario, ya con el de torres, si reúnen par- 
te de embellecimiento ó de recreo. Guando el terreno 
cultivable dista mas de media legua de la población, 
se han edificado en él viviendas mas ó menos adecua- 
das para las gentes que lo esplotan: no es aquí co- 
mún, como en el interior, que los labradores pierdan 
el tiempo en ir y venir al trabajo. Sin embargo, difie- 
ren demasiado las cómodas y hasta elegantes torres 
de las clases pudientes , de las reducidas casas y po- 
bres chozas que tienen los labrantines y colonos en los 
terrenos menos llanos, en las pardinas de Aragón, y 
en las llamadas mas de la montaña . 

Las cuatro provincias catalanas ocupan un terri- 
torio tan vario en clima y circunstancias, que las pro- 
ducciones agrícolas no pueden dejar de ser diversas. 
Desde el limonero, naranjo, palmera y algarrobo que 



48 
crecen en el litoral, hasta los bosques de pinos, abe- 
tos y alcornoques que pueblan la banda del Pirineo, 
apenas hay frutos que no se den: el almendro y el 
avellano sobresalen en el Priorato, el trigo en el llano 
de Urgel, el olivo en el Ampurdan, la vid en la parte 
baja y media. Generalmente la cosecha del vino basta 
para el consumo, y aun se esporta algún sobrante; 
pero la del trigo no alcanza , y se suple con el de 
otras provincias, así como se importan carnes, por 
estar reducida la ganadería lanar al Pirineo , y la de 
cerda á la Gerdaña. En la provincia de Barcelona se 
esplota con esmero el viñedo, y es admirable el cua- 
dro pintoresco que ofrece la vid , coronando las lade- 
ras y montes mas escarpados y peñascosos. Osténtase 
además un cultivo bien entendido y adelantado en los 
llanos de Llobregat, Vich y Mataró, y muy especial- 
mente en el rico campo de Tarragona, donde á be- 
neficio del clima y del riego abundan toda clase de 
frutas, hortalizas, legumbres y granos, entre los que 
son notables el aceite, las garrofas y la avellana. Tra- 
bajan mucho á mano, bastando unos pocos jornales de 
tierra para cada cultivador. En la provincia de Ge- 
rona, y señaladamente en el Ampurdan, se sigue la 
práctica de año y vez, donde faltan abonos, y por eso 
se considera abusivo el resiembro; mas en los cam- 
pos , que pueden beneficiarse , hay sucesión de cose- 
chas, alternando los cereales y las legumbres; y donde 
prevalecen la alfalfa, esparceta y otras forrajeras, 
siguen á ellas tres ó cuatro cosechas consecutivas de 



49 
trigo y avena. Se suelen entregar las labores á un 
menestral ó colono, cuando no puede manejarlas el 
dueño: pero el sistema general es el arriendo á parte 
de frutos ; dos tercios para el arrendatario y un tercio 
para el propietario; renta subida, que acredita bas- 
tante producción. El término medio del terreno que 
cultiva una familia son cincuenta y cuatro vesanas 
reales , unas doce hectáreas , que prueba también la 
intensidad del cultivo. Modernamente Tarragona y el 
Ampurdan han mejorado mucho su agricultura : en 
la primera , si bien está reservado á los colonos el vivir 
en el campo, alternan para la labranza los bueyes 
con el ganado mular ; en el segundo se aumentan los 
prados artificiales , crece la ganadería , y los labrado- 
res mejoran su bienestar, á lo que ha contribuido el 
ejemplo de propietarios inteligentes y celosos , que se 
ocupan del cultivo, hasta ahora confiado exclusiva- 
mente á la pobreza y á la ignorancia. 

Las islas Baleares todavía gozan ventajas en punto 
á población rural, amen de las que ofrecen su posi- 
ción y su clima. Desde la conquista por don Jaime II 
de Aragón, se establecieron allí alodios y caballerías, que 
repartieron el suelo para su explotación; y después 
de mil vicisitudes , los tenedores de estas haciendas 
pagan al Real patrimonio un canon anual. Llámanse 
alquerías estas heredades , que no forman un solo pago 
ó coto redondo, sino que constan de seis, ocho, diez 
y mas pedazos , según resulta menudamente en el ca- 
tastro, que allí llaman cabreo. Además de las alquerías, 

4 



so 
hay en las Baleares los casulans , compuestos de fami- 
lias que viven en el campo, sea cultivando pequeñas 
tierras , sea de colonos parciarios ó aparceros. 

En las tres provincias aragonesas mas de la mitad 
de las poblaciones tienen menos de cuarenta casas, 
siendo mayor el número de lugarcillos en la parte sep- 
tentrional de Huesca , y menor en Zaragoza , que es la 
provincia mas llana. Aunque la de Teruel es quebrada, 
forman llanuras dilatadas los campos de Celia, Mon- 
real y Yisiedo, y la mayor parte de lo que se dice Tierra 
Baja. En la de Zaragoza casi la mitad de los pueblos 
tienen riego, distinguiéndose los fértiles valles y huer- 
tas de la Almunia , Ateca , Borja , Galatayud , Daroca y 
Tarazona , con la llanura de Caspe. Huesca , á pesar de 
tener su asiento en las ramificaciones del Pirineo, dis- 
fruta en su banda meridional terrenos fuertísimos, 
como los Monegros, de gran producción de cereales, 
cuaudo las lluvias abundan: cria poco ganado vacuno, 
y mucho mular para el pais y otras provincias del in- 
terior. Por todo el Aragón Alto y Bajo se producen 
abundantes cosechas de cereales y legumbres, de vino, 
de aceite, de cáñamo y lino, y de frutas, que se ex- 
portan con estimación para Castilla. Acaso es un indi- 
cio de lo que valen los nuevos frutos de Aragón la 
oposición al diezmo eclesiástico, en que sus naturales 
se han distinguido con los valencianos. 

Dedúcese de lo que acabo de exponer, que Cata- 
luña , las Baleares y Aragón ocupan bajo el aspecto 
de población agrícola un término medio entre las muy 



51 
diseminadas del Norte y las excesivamente aglomera- 
das del Mediodía ; y que el mismo alejamiento de los 
extremos guardan en punto á la cantidad de tierra 
con que cada labrador se contenta , en la división de 
las heredades , que suelen ser de una á dos hectáreas, 
amojonadas con sus mugas y buegas : circunstancias 
que unidas á las variadas topográficas y atmosféricas, 
y á la propensión de los habitantes á fomentar y pro- 
gresar, hacen que la agricultura vaya saliendo del mé- 
todo rutinario, introduciendo mejoras importantes, 
presagio de mayores adelantos. Si las escuelas agro- 
nómicas que han comenzado en Barcelona y Gerona 
dan resultados que adopte el país , y creando labrado- 
res capataces teóricos y prácticos, llevan á las demás 
comarcas enseñanzas provechosas, que las interesen 
en propaganda tan conveniente , no dejarán estas pro- 
vincias de descollar en la industria rural , como so- 
bresalen en otras industrias. 



IV. 



Dos razones principales me han decidido á formar vaiéncta 

11 y Múroia. 

un grupo de las provincias de Valencia y Murcia , se- 
parado de las otras de la antigua corona aragonesa: 
es la primera que , si bien guardan relaciones históri- 
cas con el reino de Aragón , de clima con el litoral del 
Principado, y de población agrícola con el uno y el 
otro, cuentan menor número de pueblos, aunque bas- 



52 
tante granados, y sobre todo, que las familias aisladas 
en el campo viven de una manera mas análoga á la 
de los árabes , sus predecesores , que á la de aquellos, 
que vinieron á librarlos de los agarenos ; y es la se- 
gunda , que la propiedad territorial difiere también 
en su mayor fraccionamiento y en la forma del culti- 
vo, por efecto de las especiales condiciones del suelo, 
del cielo y de los moradores. 

Unos dos mil doscientos pueblos hay en las cuatro 
provincias de que me ocupo : de ellos cerca de cuatro- 
cientos exceden de doscientas cicuenta casas , aproxi- 
mándose á mil los lugares, que cuentan mas de cin- 
cuenta vecinos. Además de la población agrícola , que 
habita en estos centros, hay una buena parte de ver- 
dadera población rural dispersa por las heredades, 
pero que no tiene edificios formales para su morada, 
sino barracas y cabanas cubiertas de cañizos ó ramaje , y 
guarnecidas de cal , yeso ó barro. Tanto en unas como 
en otras viviendas se nota mas aseo y cuidado, que 
en las comarcas del interior y del occidente, por lo 
mismo que los vientos, las humedades , los estercole- 
ros y los frutos que cultivan ocasionan enfermedades, 
que no afligen á otros campesinos. Confiados los va- 
lencianos y murcianos en que habitan en la zona sub- 
tropical, á una temperatura media anual de diez y 
ocho á veinte y un grados centígrados , ni temen á la 
ligereza de sus chozas , ni visten apenas en el campo 
mas prendas que la camisa , los zaragüelles , la faja y 
el pañuelo en la cabeza; aunque bien considerado, 



53 
acaso haya influido tanto como el clima en las costum- 
bres de estos labradores , respecto á viviendas y traje, 
la enseñanza de los muslimes , que no dejaron estas 
comarcas hasta la expulsión del siglo XVII. Así es que 
aquí se ven conservados muchos caracteres de la raza 
morisca , hasta en el modo de sentarse y en el sonido 
gutural del lenguaje, á la manera que sucede en las 
Alpujarras , serranía de Ronda y condado de Niebla: 
murcianos hay que mantienen la sangre árabe tan ad- 
mirablemente, que pudieran confundirse con los afri- 
canos de las vecinas costas. ¡ Cuánto llevan adelantado 
los muchos alicantinos , que emigran á la Argelia ! 

Exceptuando la cuenca del Palancia hacia Segorbe 
y Murviedro, y alguna otra hoya, el terreno de Va- 
éncia es flojo y el subsuelo estéril. Una escasa capa 
vegetal , debida al cultivo y á los abonos, constituye 
la cama de los frutos ; y bastando remover ese lecho 
productivo , se limitan á labores someras : apenas les 
es permitido otro arado qne el endeble de una caba- 
llería , que llaman horcate , y por eso labran mucho á 
mano con la azada y el legón. En Murcia , al contrario, 
gozan terrenos pingües de mucha miga, que piden 
labor honda, y el de la huerta, sobre todo, es de lo 
mas feraz de nuestro territorio. Así es, que el labra- 
dor murciano ha de ser mas duro en el trabajo, mien- 
tras al valenciano le toca sobresalir por la actividad y 
ligereza de sus movimientos. La provincia de Alicante 
presenta un país variadísimo, en que hay empinados 
montes, barrancos horribles y jardines deliciosos, 



r 



54 
completamente entremezclados; hasta en los puntos 
mas áridos plantan los naturales árboles fructíferos, 
que por la sequedad viven pocos años , y apenas les 
indemnizan de sus afanes; sin que por eso desistan del 
empeño aquellos labradores activos, acostumbrados á 
no estarse nunca quietos, 
inteligencia. Examinando el esmerado cultivo, la frondosa ve- 
getación y las incesantes cosechas de las huertas de 
Castellón , Valencia , Gandía , Alicante , Játiva , Ori- 
huela y Murcia , no hay quien deje de admirar la agri- 
cultura de estas regiones, y las proponga como pauta 
de buena labranza. Cierto que ha influido mucho en 
esta prosperidad una atmósfera generalmente tem- 
plada y húmeda, así como las prácticas tradicionales 
de los sarracenos, y los excelentes establecimientos 
de riego que estos les dejaron ; pero se perderían en 
gran parte esas ventajas , si la inteligencia , el interés 
y la experiencia diaria no hubiesen convencido á los 
habitantes de cuáles son , y en qué consisten , los prin- 
cipales elementos de la producción. Saben lo que vale 
el agua , y empiezan por planear las tierras , para 
aprovechar las de pié y las del cielo : sin poner nive- 
lado el terreno es imposible obtener frutos completos, 
porque unos pedazos se encharcan , otros quedan en 
seco, y en otros corren las aguas, arrastrando la flor 
de la labor y de los estiércoles. Solo esta convicción 
compromete á los afanes , que emplean en allanar las 
heredades ; y donde la excesiva pendiente lo impide, 
procuran dividirla en bancales, como se ve en las 



55 
huertas de Castellón y de Villena. Han conocido tam- 
bién el valor del estercuelo, y es prodigiosa la insis- 
tencia con que recogen y multiplican los abonos : niños 
con capazos recorren los caminos por donde andan 
caballerías , y no hay labrador que deje de tener cerca 
su muladar, donde amontona yerbas, despojos y des- 
perdicios , y donde toda la familia acude á sus me- 
nesteres, aunque tenga que venir desde lejos. El guano 
natural y artificial no hubiera sido en España un ramo 
importante de beneficiar la tierra , sin el celo de los 
valencianos, que lo estiman y lo pagan; pues de mas 
de trescientos mil quintales importados en 1 860, con- 
sumieron la mayor parte. Se han persuadido, final- 
mente , de que solo estando sobre las labores, y me- 
nudeándolas , se logran buenos frutos , y procuran 
habitar cuanto pueden en el campo, siempre al cuidado 
de sus siembras y plantaciones, siempre vigilantes por 
que no se malogren. Nadie como ellos se atreve á cer- 
cenar las flores y gérmenes de los frutos cuando Ja 
planta está muy cargada, ciertos de que con menor 
número atempranan el cogerlos y mejoran la calidad; 
nadie como ellos se entretiene en escoger las espigas 
mas adelantadas, una por una, para lograr, con esta 
semilla , mejorar las especies y anticipar la época de 
la madurez. 

A pesar de tan penoso trabajo, los meros cultiva- 
dores de estas provincias son menos afortunados de lo 
que debieran. Sobre las enfermedades generales, que 
les producen las humedades, los vientos reinantes y 



56 
los estercoleros, se dedican á un cultivo excesivamente 
insalubre, el del arroz, que pide tener encharcadas las 
piezas, desde la sementera hasta la grana. Mucho han 
clamado los filántropos contra este ramo agrícola, que. 
diezma la población ó la condena á una vida lánguida 
y enfermiza : mas aún se ha ocupado la autoridad su- 
prema y la provincial de los medios de circunscribir 
el cultivo ; y cada dia los arrozales crecen, porque rin- 
den muchos productos pecuniarios , y porque no falta 
quien sostenga con datos , que la mortalidad en las co- 
marcas arroceras no es mayor que en las demás. Mien- 
tras no se apague en el hombre el estímulo del interés, 
y en tanto que el arroz se estime por alimento exce- 
lente y de precio , serán vanas las declamaciones , é 
impotentes las medidas: habrá arroceros tercianarios, 
como hay mineros temblorosos en Almadén , operarios 
intoxicados en las fábricas de albayalde, y poceros 
que se asfixian. 

La renta de las tierras tiene en Murcia y Valencia 
un valor que parece fabuloso, pues llegan á pagarse de 
cuatrocientos ochenta á setecientos noventa reales por 
una superficie de cuarenta y cinco áreas ; cantidad que, 
unida al trabajo incesante de una familia entera , al 
coste de utensilios, semillas, basuras, &c, indica que 
se explota la tierra admirablemente, pero que el colono 
sequías, tiene que contentarse con ir pasando. Y todavía es 
peor, que en Jos terrenos sin riego de las provincias 
de Alicante y Murcia y la vecina de Almería, se pasan 
años enteros sin alcanzar el beneficio de las lluvias, 



57 
quedando sin recompensa los infelices labradores, cuyo 
sudor no ha alcanzado á darles la humedad necesaria. 
¡Qué zozobra la de esos trabajadores desgraciados! 
Siempre atentos á las variaciones atmosféricas , no hay 
astrónomo que los iguale en contemplar con interés 
el cielo, ni anacoreta que pida mas fervoroso las ben- 
diciones del Altísimo. Las procesiones de San Marcos, 
los novenarios y rogativas pidiendo agua, genera- 
les en los pueblos agrícolas de muchas provincias, son 
en la estepa de Almería , Murcia y Alicante un fre- 
cuente clamoreo de plegarias, una romería incesante 
de ayes lastimeros, la expresión del dolor público, 
amenazado de carestía y de hambre. En los años que 
faltan ó escasean las lluvias, parte de la población agrí- 
cola cesante emigra á la Argelia y á Ultramar, ó se 
desbanda por el interior en bnsca de ocupación , y hace 
la siega en la parte de Castilla hasta la ribera del Tajo, 
sin mas provisión que los dediles y las hoces. 

También es notable en estas provincias la subdivi- 
sión de las tierras , no solo en el reguerío, sino en los 
campos de secano. Pocas tahullas bastan aquí para el 
sustentamiento de una familia ; pero ni aun esta corta 
porción se halla siempre reunida en una pieza. Las 
lindes de las heredades suelen estar plantadas de fru- 
tales, y mas comunmente de moreras, con lo cual 
consiguen varias ventajas: evitar disensiones sobre 
mojoneras , dar la alternativa de sol y sombra á plan- 
tas que la requieren , resguardar los frutos de los le- 
vantes , y por último tener en la hoja de la morera 



58 
alimento para los gusanos de seda , á cuya cria se 
consagran las labradoras con afición é inteligencia. Es 
un ramo de gran producto, especialmente en Valencia, 
como lo es en Murcia el del pimiento molido ó pimen- 
tón , y en Alicante la almendra , el higo, y la pasa 
moscatel y planta. Estas y otras industrias especiales, 
que exigen grande atención, mucho esmero y vigilan- 
cia continua, en parte alguna se ejercen mejor, que 
entre la población rural , donde cada finca tiene su 
granja, alquería, barraca ú otro género de morada 
rústica , separada del bullicio de los pueblos grandes, y 
consagrada á las atenciones de la agricultura. 

A primera vista choca , que los valencianos y mur- 
cianos , tan buenos labradores y con tan abundantes 
forrajes y alfalfas, tengan tan excaso ganado boyal 
para el cultivo : existe sin embargo en contra de él lo 
caloroso de la estación estival , y que al terreno va- 
lenciano le bastan labores someras, que hacen mejor 
el caballo y el asno, á cuya hembra llaman , tal vez 
por esta razón, la somera: en Murcia que alcanzan 
campos de mas fondo, hay mayor número de boyuno, 
aunque le emplean con especialidad en las carreterías. 
Crian ganado asnal y caballar para sus ligeras faenas, 
y crian el mular mas de lo que conviene al cultivo, 
porque los estimula el interés del aprovechamiento de 
las burras y las yeguas , cubiertas por los caballos y 
garañones que poseen. 

Se desprende de lo que queda expuesto , que la 
población agrícola y rural de las provincias de Valen- 



59 
cia y de Murcia tiene la propiedad territorial muy 
fraccionada, si bien vive sobre ella ó cerca de ella, 
pues aun los pueblos agrupados se hallan en general 
menos distantes entre sí. Aparece asimismo, que el 
cultivo se halla mas adelantado que en otros puntos, 
porque saben aprovechar los elementos poderosos del 
agua y de los estiércoles. Hay pueblos murcianos que 
han gastado sumas considerables anhelando el alum- 
brar algún ligero manantial : y tanto estos , como los 
valencianos, cuidan afanosos de la limpieza y nivel de 
las acequias de rio y de desagüe, alambicando la exac- 
titud matemática de los partidores, que construyen 
hasta de bronce, y conservando el orden y policía del 
riego de un modo admirable, de que son modelos 
dignos de estudio el juzgado de aguas de Valencia y 
el alporchon de Murcia. Solamente en estas comarcas 
se han construido pantanos gigantescos , forzando á la 
naturaleza á depósitos artificiales, porque nadie como 
sus labradores, ha comprendido el papel importante 
que representa la humedad en el misterio de la vege- 
tación. Lo propio sucede con los abonos, elemento car- 
dinal, si no han de esterilizarse los mejores terrenos: 
en materia de estercoleros y basuras , á nadie ceden 
los valencianos , y ¡ojalá que el furor de recogerlos no 
los llevase al extremo de descuidar la educación pri- 
maria de los hijos , dándoles una espuerta en vez de 
cartilla, y por escuela el camino real, á retaguardia 
de las recuas ! 



60 



Ándamelas. g[ quinto grupo le constituyen las ocho provincias 

actuales de Andalucía , que antes formaban los cuatro 
reinos de aquella región meridional. Por lo elevado de 
la temperatura, por lo bajo de la latitud y del nivel, 
por la feracidad del suelo y demás favorables circuns- 
tancias , crecen allí el plátano, el algodonero, la caña 
de azúcar, limoneros, naranjos, bosques de palmitos y 
de acebuches , y otras varias plantas , que pasan por 
exóticas en la flora atlántica ; y á tan felices condicio- 
nes , reconocidas por los antiguos y celebradas en los 
escritos , que colocaron por aquí el Edén y los Elíseos 
campos, morada de los varones justos y bienaventu- 
rados , fué debido quizá , que esta tierra privilegiada 
excitase la codicia de extranjeros dominadores , desde 
los fenicios hasta los árabes , que generalizaron á la 
península entera el nombre de Andalux. La abundan- 
cia de variadas producciones , y la influencia de un 
cielo hermoso, de luz vivificadora , han debido afectar 
naturalmente al carácter de los habitantes, que sin 
disputa tienen mas imaginación que laboriosidad , mas 
fantasía que aplicación , mayor tendencia á la poesía 
y oratoria que á las faenas rudas : su mente se cierne 
de continuo en un horizonte encantador, y sus miem- 
bros languidecen con el ardor del sol , inclinándolos á 
la sensualidad y á la molicie. 



61 
Así es que la producción agraria debe mas á la pu- 
janza del terreno, que al esmero en el cultivo : sin 
que destruyan esta aseveración parciales esfuerzos de 
contadas localidades , ni pasen de escepciones los 
ejemplos, que se advierten en determinadas haciendas 
de acaudalados y celosos propietarios. Descontad la 
bondad del clima, la riqueza vegetativa de las cuen- 
cas y llanuras, y el solo trabajo del hombre ofreceria 
bien poco que alabar: no admiraríamos tanto los ricos 
viñedos del litoral , el Aljarafe de Sevilla , la Campiña 
de Córdoba y la Vega de Granada. El laboreo de los 
andaluces, por mas que el amor patrio lo exagere con 
sus brillantes imágenes de encarecimiento, no nos daría 
los frecuentes espectáculos de Cataluña y de Valencia, 
donde la mano del hombre ha hecho prodigios , triun- 
fando de la resistencia, que ofrecen los terrenos difí- 
ciles ó estériles. 

Aunque sobran razones de paridad y semejanza, Diferencias, 
para reunir en un solo grupo los cuatro reinos de An- 
dalucía, no debe omitirse una diferencia notable, que 
favorece al de Granada , respecto de la población agri- 
cultura . Los tres reinos de Córdoba , Jaén y Sevilla, 
ganados por Fernando III , en la mitad del siglo XIII, 
sufrieron la suerte de país conquistado 'por un rey 
Santo, que, á la expulsión de los infieles vencidos, 
añadió la confiscación de sus tierras, que repartió á 
los ricos-homes , á los freires de las Ordenes , á los mo- 
nasterios é iglesias de Castilla , y á los conventos y ca- 
tedrales nuevamente creados. La agricultura, allí tan 



62 

floreciente á la sazón , vino á gran decadencia , amen- 
guándose el número de habitantes, olvidándose el riego 
de los campos , y desapareciendo un sinnúmero de al- 
deas y caserías, que hacían una población continuada 
desde la ciudad de Córdoba á la desembocadura del 
Guadalquivir. Muy diferente fué la conquista de Gra- 
nada, debida á los Reyes Católicos, dos siglos y medio 
después ; porque habian variado los tiempos, las ideas 
y las instituciones. Empezaban ya los monarcas á ro- 
bustecer su poderío con independencia de los grandes, 
fundándolo sobre la riqueza del pueblo ; habia cedido 
bastante el furor amortizador; muchas familias ricas 
de los moros permanecieron con sus bienes , toleradas 
por el conquistador; no hubo tantas concesiones á 
guerreros ni a iglesias ; por manera que la población 
siguió creciendo, la agricultura próspera , conserván- 
dose el regadío y las aldeas rurales. Estas diferencias 
que nos presenta la historia, las ofrece todavía el es- 
tado del pais , á pesar de los cambios que se han obra- 
do desde entonces. 

En parte alguna de España se encuentran tantas 
poblaciones crecidas, con tan extensos intervalos des- 
poblados , como en Andalucía : pruébalo en primer lu- 
gar, que las ocho provincias no cuentan mas que unos 
cinco mil pueblos , la cuarta parte de los que numera 
una provincia de Galicia ; y en segundo, que los tér- 
minos jurisdiccionales de sus lugarones llegan á ser 
tan anchurosos , que miden seis , diez y hasta veinte 
leguas cuadradas superficiales. Allí la palabra aldea 



63 
tiene una significación mas amplia de lo que por acá 
comprendemos; pues en la provincia de Cádiz hay 
aldeas con doscientas cinco casas, en la de Sevilla 
con doscientas cuarenta y cinco, en la de Jaén con 
doscientas noventa , y en la de Córdoba llega alguna á 
trescientos setenta y cinco vecinos. Existe, no obs- 
tante , otra parte de población agrícola separada de 
los centros; pero lejos de residir en casas sueltas, 
forman reuniones de cortijos, hasta con noventa hoga- 
res. De unos cien cortijos que cuenta la vastísima ju- 
risdicción de Jerez de la Frontera , pocos son los que 
están solos, hallándose conjuntos cinco, diez y en 
mayor número, como sucede por lo general en aque- 
llas provincias: de manera que sus cortijadas son lo 
que en las demás se llama aldegüelas y lugarcillos. 
Muy lejos está la población cortijera de llenar las con- 
diciones de verdaderamente rural; porque gran parte 
de los trabajadores y criados van á las faenas desde 
el pueblo, y suele reducirse la residencia fija de tan 
considerables edificios al aperador, casero ó mayor- 
domo. La vida agrícola del cortijo es una cosa neutra, 
sin las ventajas del pueblo crecido, ni las de la case- 
ría; vida de zanganeo, que lleva y trae las cuadrillas 
de gentes alegres , siempre en movimiento ó de broma. 
También en Andalucía , como en muchos puntos 
del reino, abundan mas los colonos , que los propieta- 
rios territoriales : arrendamientos á cuota fija , y no 
por muchos años, que lejos de estimular al llevador 
á que haga esfuerzos y mejoras de trascendencia , le 



64 

inclinan á utilizar las tierras con el menor dispendio 
posible, ateniéndose al presente, por lo incierto del 
futuro. Este sistema de locación , desventajoso para el 
arrendador y para el arrendatario, y la sobreabun- 
dancia de terreno para un reducido número de brazos, 
enervados por el calor subtropical , tiene en el medio- 
día establecido el método trienal, que ideó al fin del 
siglo XIV el italiano Barbo, muy luego generalizado 
por Europa, y que todavía se conserva en muchas 
partes : acaso se ha eternizado el nombre de su autor 
en el de barbecho. El cultivo es á tres hojas, una que se 
siembra, otra que descansa de rastrojo, designada con 
el nombre de manchón, y la tercera que se barbecha; 
es decir, que hay dos años de hueco, en que se utiliza 
el pasto de la ricia , y únicamente cada tres años se 
hace cosecha. Así es como un labrador andaluz nece- 
sita el duplo de terrazgo que el del interior, y el cua- 
druplo de lo que le basta al del Norte. Hay comarcas, 
como en Almería, en que se siembra de año y vez; 
pero la sucesión de cosechas enlazada solo existe en 
los terrenos de regadío, 
eran cultivo. Andalucía es asimismo el distrito en que se cultiva 
mas en grande , pues hay cortijos con veinte, treinta, 
cincuenta y mas pares de labor, el mayor número de 
bueyes, que dan rejas profundas, y el resto de muías 
para adobar, cohechar y otras labores ligeras. Es un 
principio generalmente reconocido en teoría y prácti- 
mente, que solo en las grandes labores, de terrenos 
extensos, crecidos capitales y con toda clase de me- 



65 
dios, pueden alcanzarse resultados, cuando se trata 
de ensayos nuevos y costosos, ó de combinaciones 
difíciles; pero es igualmente un hecho comprobado y 
de esplicacion sencilla, que para la producción usual 
y prosperidad general de la agricultura, es preferible 
la explotación en porciones limitadas á lo que una fa- 
milia labradora puede manejar por sí misma. Dos pa- 
res de labor no hacen el doble que uno; menos hacen 
cuatro duplicado que dos; y así progresivamente. La 
industria agrícola difiere mucho de las demás indus- 
trias: aquella se desparrama por esos campos de Dios, 
y se evapora al aire libre; mientras que las otras se 
pueden condensar á la vista del que las dirige. El me- 
nestral que cuida una máquina de hilados produce mas 
cuanto mayor número de husos tiene á su alcance: en 
la labranza cada yunta pide su gañan y sus aperos, 
el mismo capital y gasto anuos. ¿Son iguales las uti- 
lidades? Todos los labradores saben que no; pero no 
todos han pensado bastante en el por qué. Gomo los 
criados y las yuntas no pueden estar siempre vigilados 
por el amo; como, aun estándolo, han de ocuparse 
reunidos á campo raso en muchas faenas, cuanto ma- 
yor es el número de trabajadores, crecen las ocasiones 
de perder el tiempo: las fuerzas dispersas difícilmente 
se aunan y concuerdan. Reunir gente es aumentar las 
conversaciones y las disputas; este llama la atención 
de los demás hacia unos cazadores que persiguen una 
liebre; aquel departe con cuantos pasan por el camino, 
distrayendo á los compañeros; y todos se entretienen 

5 



66 
mas en las horas de descanso, que por esta causa se 
prolongan demasiado. Un mozo que labra solo, no se 
atreve á suspender la tarea , porque sobrevenga un 
chaparrón ligero: habiendo dos ó tres reunidos, ya 
desaparece el miedo al amo, pues no falta un osado 
que dé el mal ejemplo y anime á los demás á no ser 
tan mirados. Al gañan aislado le parece mal dejarse 
sin arar un cornijal, porque llega la hora de suelta: si 
son varios los camaradas , siempre alguno peca de re- 
lojero, que reclama el derecho del cese , al amparo del 
proverbio á sol puesto peón suelto. En suma, el sir- 
viente único sabe y teme que cualquier falta se le nota; 
mientras que entre muchos , pocas veces se descubre el 
responsable , ó la culpa pesa menos colectivamente 
aceptada : ¡ no parece sino que lo has de heredar ! di- 
cen con ironía los compañeros al que quiere esmerarse 
en cumplir la obligación. Cuantos hayan estudiado con 
criterio la vida íntima agrícola, convendrán conmigo 
en que las labores en grande , para el cultivo ordina- 
rio, no producen proporcionalmente tanto como las 
reducidas; así como rinden menos las servidas por 
criados, que las que maneja el amo labrador. Nada 
hay preferible á una yunta dirigida, cuidada y vigi- 
lada por el dueño. No quiere decir esto que yo pros- 
criba las grandes labores: queden las necesarias para 
objetos especiales y el juego de la industria ; pero que 
la regla sea la finca rural familiar. 

Fuera de los terrenos regables, de las vegas pin- 
gües, ó de los ruedos de los pueblos, donde las par- 



67 

celas son pequeñas, hasta de media fanega de sem- 
bradura, lo común en Andalucía son pedazos y 
dehesas grandes , por lo mismo que existe el cultivo 
extenso, que tiende á aglomerar. Obtiénense abun- 
dantes cosechas de trigo y cebada , de rico aceite y 
de superiores vinos generosos: los cereales, sin em- 
bargo, están siempre á los precios mas altos , ya por 
no alcanzar al consumo, ya por lo que suele extraerse 
por los puertos. La cria del ganado lanar es de grande 
importancia; pero lo que llama la atención en las 
dehesas son las numerosas yeguadas , que producen 
los famosos potros de la Bética , que han dado á Cór- 
doba renombre y escudo. Aunque los celebrados bue- 
yes de la Turdetania no sostienen ahora la superio- 
ridad que les concedían los antiguos , sirven muy bien 
á los dueños y arrendadores de los cortijos , compen- 
sando esta ventaja otros defectos del método de la- 
branza. 

Para condensar en pocas frases el estado de la po- 
blación rural en las provincias andaluzas , diré : que 
las familias labradoras viven en su mayor número en 
poblaciones crecidas, aun cuando algunas se titulen 
aldeas; que los cultivadores, que pueblan las cortija- 
das y los escasos cortijos sueltos, van y vienen de los 
pueblos, quedando allí muy pocos de residencia fija; 
que las heredades están demasiado acumuladas en 
grandes cultivos, si bien hay pequeñas hazas en los 
contornos de los lugares, en las vegas fértiles, y sobre 
todo en las de riego ; que es muy considerable la labor 



Estremadura. 



68 
que se hace con ganado boyal de revezo, aunque 
también se usa el mular; que no solo practican el 
barbecho de año y vez , sino que en muchos puntos 
labran á tres hojas, quedando limitada la sucesión de 
cosechas incesantes al terreno de riego: que la abun- 
dante producción de cereales , legumbres , aceites, 
vinos y todo género de frutos se debe principalmente 
á las privilegiadas escelencias del suelo y del cielo, 
pues ni el sistema de cultivo, ni la laboriosidad de 
los habitantes coadyuvan con igual vigor, por mas 
que ricos propietarios se esfuercen en la introducción 
de aparatos y métodos de perfección; que los ramos, 
en que mas adelantos se han hecho, son la cria de ga- 
nados, especialmente el caballar, por su renombre, y 
el vinícola , por la estimación que gozan sus caldos en 
los mercados extranjeros , y los altos precios á que se 
venden ; y por último, que en tan feraz país la cose- 
cha de granos no cubre las necesidades del consumo 
y del comercio, porque siendo los términos vastísimos, 
la labor en grande, los arriendos cortos , la labranza 
cara y defectuosa, y sobre todo muy considerables los 
plantíos de la vid y del olivo, no llega á producirse 
todo el trigo que ha menester la población. 



vi. 



El menor de los grupos ideados al examinar la po- 
blación rural de nuestras provincias, es el que se li- 
mita á las de Badajoz y Cáceres , comprendidas en el 



69 ' 
nombre genérico de Estremadura. Tiene este distrito 
condiciones especiales en la organización agraria, que 
me han parecido dignas de formar un aparte. En pri- 
mer lugar es el país mas despoblado, después de la 
Mancha y alguna otra provincia, pues solo cuenta 
cuatrocientos ochenta habitantes por legua cuadrada. 
En segundo lugar los pueblos son en corto número, 
cuatrocientos cuarenta y dos , y tan crecidos , que no 
hay mas que cuarenta y dos menores de cincuenta 
casas. En tercer lugar, y como secuela del precedente, 
los claros entre pueblo y pueblo son grandísimos, to- 
cando á cada término municipal tres leguas cuadradas 
y seis décimos. En cuarto lugar es el distrito de Es- 
paña donde existe mayor acumulación de propiedad 
territorial , pues hay encomiendas y dehesas vastísi- 
mas, donde se apacientan los ganados estantes del 
pais, é innumerables rebaños de merinas, que trashu- 
man desde las Sierras de León y Segovia. En quinto 
lugar hay aquí una particular combinación de los 
montes , de los pastos y de las labores , que promis- 
cuamente se enlazan, porque están olivados los enci- 
nares, dando bellota á las varas de ganado moreno en 
la montanera, ofreciendo pasturaje abundante a la ga- 
nadería lanar, boyal y yeguar, y permitiendo en los 
claros el cultivo de cereales. Y en último lugar, es 
Estremadura el pais de mas terrenos sobrantes y de 
menos casas de labor, pues las que existen en las 
dehesas apenas sirven para otra cosa que para los 
guardas montaraces y de las yerbas. Estos caracteres 



70 
diferenciales son tan marcados , que no pueden oscu- 
recerlos las prácticas agrícolas parecidas á las de An- 
dalucía , ni las menores semejanzas que se descubren 
con los castellanos limítrofes. 

Viven generalmente los labradores estremeños 
agrupados en pueblos, desde los que salen diaria- 
mente á cultivar las tierras , que distan por término 
común mas de media legua, alejándose algunas tres 
y cuatro horas de camino. Cerca de las poblaciones 
hay terrenos comunales, que sirven de eras para la 
limpia de granos , y donde suele haber algunos silos 
para encerrar el trigo. En los puntos en que carecen 
de riachuelos y de manantiales , tienen charcas ó lagu- 
nazos para el abrevadero de los ganados. Cuando las 
labores se hallan muy distantes hay algunos cortijos ó 
casas de campo, y mas comunmente chozas, donde 
pasan la semana durante la sementera; y los que ni 
aun chozas tienen , se valen de carros entoldados, en 
que llevan provisiones para algunos dias , casa ambu- 
lante que les sirve de dormitorio por la noche , que- 
dando las caballerías al raso. 

Los edificios campestres no suelen habitarse por la 
familia del labrador, sino que se valen de un matrimo- 
nio que los more, sirviendo la muger para la limpieza 
de las habitaciones y guisar á los trabajadores; y el 
marido para cuidar de las tinadas y cuadras de los 
ganados, y guardar los pastos y la siembra. Si el edi- 
ficio es mas estenso y la labor de muchos pares, vive 
también el aperador con su familia , ó la de un criado 



71 
de confianza: los dueños de la labranza desdeñan lle- 
var allí á sus familias , como no sea en la primavera á 
tomar el aire y las leches. ¿Qué estraño es que los 
criados, que tienen sus casas y familias en los pueblos, 
se vengan á estos en los dias de huelga , considerando 
la labranza como una dura precisión , como condena 
á trabajos forzados? Establecimientos de este género, 
en grande escala, faltos de recursos, y en que el amo 
se limita á dar una vuelta de tarde en tarde , pueden 
dar ganancias por la feracidad del terreno, que rinde, 
término medio, ocho fanegas de trigo por una de si- 
miente; pero no se necesitan grandes esfuerzos de 
imaginación para comprender lo que crecerían las 
utilidades con una población rural bien entendida. 

Labran con reses vacunas y con caballerías , y las 
rejas las dan mejor que en otras partes, empleando 
cinco meses en la barbechera; mas prevalece el méto- 
do de año y vez , y en algunos puntos usan las tres 
hojas , y hasta cuatro. Este último es un período de 
cuatro años , en que se sigue este orden : se siembra 
de trigo el primer año ; se resiembra sobre el rastrojo 
en el segundo, sea cebada , avena ó centeno ; el tercer 
año descansa , y al cuarto se labra : con todo, no em- 
plean para cada yunta mas que de veinte á veintiséis 
hectáreas. Los colonos pagan de renta por este terrazgo 
mas de mil reales anuales , y suponiendo que valga 
la cosecha de cinco á seis mil reales , apenas les que- 
dan cuatro ó cinco para el entretenimiento de la labor, 
y para el vestido y sustento de la familia, con una pru- 



72 
dente economía. En la provincia de Badajoz hay cam- 
piñas pingües, como la tierra de Barros, y la de la 
Serena , donde ha llegado á valer la hectárea de nue- 
ve á doce mil reales. Estos terrenos exigen siembra 
mas clara y mas labores , y sobre todo mayor escarda 
ó sacha. La zacha de los estremeños es algo mejor que 
la escarda común , pues la hacen con un azadoncillo, 
que al paso que mata las malas yerbas, da labor á los 
panes : á la otra escarda de las tierras ligeras le llaman 
ariscar, porque se limita á arrancar las brozas. 
Dehesas. Tomado del tecnicismo de las Ordenes militares, 

nombran encomienda á una gran dehesa ó heredad, que 
mide millares de fanegas; llaman dehesa á la que tiene 
un millar ; quinto cuando es finca de unas quinientas 
fanegas; y si solo cuenta como cien fanegas de cabida, 
se llama en unos puntos asiento, y en otros quintería. 
Además de estas grandes posesiones no faltan cerca de 
los pueblos , suertes , hazas y rozas de pequeña esten- 
sion , y las mas próximas suelen estar cercadas como 
los herrenales de Castilla. En Estremadura , cuyos pro- 
pios y baldíos son de los mas cuantiosos de España, 
han acostumbrado los ayuntamientos dividir bastantes 
terrenos de esta clase entre los vecinos labradores, y 
en algunas partes ha alcanzado la gracia hasta los jor- 
naleros ; pedazos cortos , como las tierras chicas de 
dominio particular, é interpolados igualmente, ya con 
otras heredades blancas, ya con olivares, viñedos ó 
terrenos de puro pasto. Lo mismo las pequeñas por- 
ciones, que las mayores, siguen el turno de año y vez . 



73 
de manera que el cultivador de hazas, suertes ó rozas 
necesita tener las piezas suficientes, en cada una de las 
hojas, para ocupar su yunta : así como es costumbre 
en el pais, que los labradores paguen de su cuenta el 
guarda, que se destina á la custodia de toda la hoja. 

Las posesiones estensas de encomiendas , dehesas 
y quintos proceden generalmente de vinculaciones, de 
capellanías, de corporaciones eclesiásticas, ó del cau- 
dal de propios y arbitrios: las mas pertenecen á un 
solo dueño, ó están pro-indiviso. El mayor número de 
ellas se disfruta á solo pasto, algunas á pasto y labor, 
que suelen esplotar cultivadores en grande; aunque 
otras se arriendan á pequeños labradores, reunidos al 
efecto. De las destinadas esclusivamente al pasto sue- Mesta. 
len aprovecharse todavía los rebaños de la ganadería 
fina , que van de Sierra á Estreñios; porque Estrema- 
dura fué el teatro especial donde la Mesta adquirió, 
gozó y amplió con mas holgura sus enormes privile- 
gios, lo cual no aboga mucho en favor de aquella agri- 
cultura. Si los estremeños hubieran sido de antiguo un 
pueblo verdaderamente agrícola ¿cómo hubieran con- 
sentido los vejámenes sin cuento que llegó á causarles 
la prepotencia de los ricos ganaderos? ¿no han lu- 
chado sin cesar los valencianos con la encumbrada 
grandeza cortesana y con el Patrimonio Real? Si aquí 
hubiera venido la Mesta asolando los campos con sus 
cañadas y veredas anchurosas , con su repugnante 
gracia de tanteo, de impedir arromper, y de no alte- 
rar el precio ele los pastos ; si estos entendidos y ac- 



74 
livos cultivadores se hubieran visto invadidos de plaga 
tan funesta para la agricultura , de seguro la hubieran 
rechazado por todos los medios imaginables , porque 
su existencia , y su vida y su porvenir consistía en la 
labranza. Por fortuna cesaron las exacerbaciones de 
aquel mal , aunque el virus permanece vergonzante, á 
título de asociación , revelando aun que España fué 
pastora, y que la ganadería, en vez de dividida y her- 
manada con la labor, estuvo monopolizada en grande 
escala por ricos magnates, que sojuzgaron á la pobre 
clase labradora. Hoy cuesta en Estremadura el pasto 
de invernadero para una cabeza lanar de quince á 
veinte reales, que es en efecto una carestía respecto 
de lo que antes costaba ; si bien en este aumento del 
valor de las yerbas ha tenido gran parte la reducción 
de las dehesas de pasto, y el incremento general de la 
propiedad inmueble. 

Unida la labranza con la cria de ganado, en espe- 
cial el de cerda , el pueblo estremeño surte de tocino 
y embutidos estimados á muchas provincias, y es el 
que mas carnes y grasa consume en su alimento, con- 
tribuyendo no poco á hacerlos robustos y fuertes. Y 
si á esta mejor alimentación se añade un clima sano, 
un suelo fértil, y la saludable gimnasia que tienen en 
el pastoreo, en varear las encinas, y en las rudas fae- 
nas campestres, por desiertos inmensos, no es mucho 
que pasen por ásperos y pacientes , y que el sarcasmo 
los haya bautizado con el mote de indios de la nación. 
Semejante título, lejos de rebajar sus buenas cualida- 



75 
des , honra su laboriosidad y sumisión ; y no destruye 
que haya en esta raza gentes despejadas , despiertas y 
listas, tan dispuestas á viajar por lejanas provincias 
como á aprovecharse del tráfico y del contrabando en 
la frontera portuguesa. 



VII. 



He llegado al último grupo, al mas numeroso en y " 1 " 1 ,," 
provincias , pues lo forman las quince de entrambas 
Castillas , incluyendo lo que antes fué reino de León. 
Los caracteres fundamentales de tan considerable 
agregado consisten: en que las tierras cultivadas están 
muy divididas, aunque no tanto como en Galicia; en 
que los lugares agrícolas son cortos y separados, á di- 
ferencia de los crecidos del mediodía y de los conti- 
guos de Cataluña ; en las considerables distancias á que 
van á labrar diariamente la mayoría de los cultivado- 
res , por mas que sean mas largas las que recorren al- 
gunos en Estremadura; y en que escasean mucho las 
casas de labor, en la acepción legítima de un estable- 
cimiento agrario. 

La mitad de los ocho mil lugares, que cuentan las 
quince provincias, no escede de cincuenta casas, re- 
duciéndose á la décimatercia parte de dicho total el 
número de los pueblos, que pasan de doscientos cin- 
cuenta vecinos. Hay provincias, como las de León, 



76 
Burgos y Salamanca , en que las aldegüelas y lugar- 
cilios llegan respectivamente á ochocientos, setecien- 
tos y cuatrocientos ; pero en Castilla la Nueva son tan 
escasos, que la de Madrid solo tiene setenta y dos, y 
la de Ciudad-Real sesenta y cinco. Ninguna de las pro- 
vincias de León, Soria, Segovia, Guadalajara y Ávila 
cuenta sino de diez á veintiocho pueblos, que pasen de 
doscientos cincuenta hogares ; y cinco de ellas se ha- 
llan presididas por capitales tan exiguas , que varios 
de los lugares dependientes les disputan el orden en 
los censos de población y de riqueza. 

Sobre ser pocas las casas de labranza , examina- 
das en sus bases cardinales de estar sueltas, habitadas 
de continuo, y con terreno suficiente adjunto, son una 
parodia miserable de la población rural. Llaman aldea 
en la provincia de Albacete á la casa de campo, que 
algunos ricos propietarios pueblan con sus criados, ó 
que arriendan á colonos de menor fortuna. Ni en uno 
ni en otro caso puede considerarse como vivienda per- 
manente del cultivador, porque los amos tienen su 
morada en los pueblos, y aun los sirvientes, vecinos 
de los mismos, se van á ellos los domingos y fiestas: 
que si los señores muestran desden en ocuparse de 
sus haciendas, no puede exigirse que los menos inte- 
resados las miren con apego. Cuando hay colono suele 
ejercerse mayor vigilancia ; pero respecto de los do- 
mésticos sucede lo mismo que con los propietarios. 
Las tierras, lejos de estar en un pedazo, unido á la 
casa aldea , constan de varias suertes , separadas á 



77 

veces hasta media legua, poco menos de lo que suce- 
dería contando desde el pueblo. Lo propio acontece 
con las mezquinas labranzas de otras comarcas de las 
Castillas, como los rentos de la serranía de Cuenca; 
pues á excepción de algunas casas de la provincia de 
Toledo, establecidas en los quintos de las dehesas, que 
suelen gozar terrazgo anejo suficiente, para disfrutarlo 
á pasto y labor, casi todas las demás lo tienen en pe- 
dazos discontinuos; y todas, aun las toledanas, con- 
vienen en no ser el domicilio fijo de la familia labra- 
dora. Todavía son mas desacomodados en capacidad, 
en condiciones higiénicas y en el aprovechamiento las 
quinterías de la Mancha, las tudas de Zamora y Vallado- 
lid, y los sótanos y cuevas que hay en otros distritos cas- 
tellanos : los mejor utilizados sirven para pasar algu- 
nos dias de barbechera ó de simienza, yendo cargados 
de provisiones y utensilios; la mayor parte del año 
están cerrados, ó valen únicamente para albergue de 
cazadores y ambulantes. Este remedo de caserías 
equivale á reconocer la necesidad de la población ru- 
ral , y hacer de ella un vano simulacro : es perder 
mucho tiempo y trabajo, como el que gasta la pólvora 
en salvas y por acaso mata un pájaro. 

Otro punto culminante del especial modo de ser, M,llas - 
que caracteriza la clase agrícola de estas comarcas, 
es la preferencia marcada que da al ganado mular, 
para el arado y el acarreo, con especialidad en las 
Manchas de ambas Castillas. Para los países que se 
distinguen por su planicie y dilatados horizontes , por 



78 

la facilidad de usar el carruaje en todas direcciones, 
y sobre todo, por un sistema de labranza , insaciable 
en el abarcar, fraccionado á largas distancias , estenso 
y poco profundo, debieron creerse necesarios animales 
adecuados, esquivando el trabajo de los que no satis- 
facían el deseo dominante. Al burro paciente se le re- 
legó á las humildes tareas del estiércol , y al servicio 
de la clase pegujarera; y el buey sosegado, rumiante, 
y que se niega á trabajar en las horas del sol canicu- 
lar, quedó como privativo de las serranías y cortas 
labores. Queríanse animales resistentes á toda clase de 
faenas, á todo género de intemperies, que caminasen 
ágiles, con grandes cargas, jornadas enteras, que 
antes y después de la obrada agraria resistiesen le- 
guas de marcha. En vez de mejorar las castas útiles 
existentes, se dio importancia inmensa á un ser, des- 
conocido en la creación, híbrido é infecundo, resul- 
tado de un contubernio bestial , que , al satisfacer las 
exigencias caprichosas de labradores insensatos, vino 
á dificultar las mejoras reclamadas por la ciencia, y á 
consumar la ruina de la agricultura , haciendo carísi - 
ma la producción, achicando la capa vegetal, y vi- 
ciando en estremo la clase de gañanes. 

Porque es importante que se sepa por todos , lo 
que hasta ahora no he visto bien esplicado en ningún 
libro agronómico, de los muchos que condenan la la- 
bor de muías: que la continuación de estos animales en 
el cultivo se debe , mas que á los amos , á los criados. 
El propietario agricultor y el colono que explota tier- 



79 

ras agenas, pueden ver conveniencias, ciertas ó su- 
puestas, en la fuerza, dureza, resistencia y agilidad 
de la muía ; en que se presta á todo, al arado, á la 
carga, á la marcha, y al tiro de carruajes; pueden 
mirarla, en fin, como indispensable donde la disper- 
sión del terrazgo y la lejanía de las suertes, piden en 
las bestias domésticas presteza y movilidad; pero así 
y todo ¿dejará de impresionarles el capital excesivo 
de la compra , lo caro de la manutención , los infini- 
tos arreos, guarniciones y atalajes que este animal 
exije, y lo completa que es su pérdida cuando muere 
ó se inutiliza? Vacilando entre las ventajas é inconve- 
nientes, haciendo un racional balance de gastos y ga- 
nancias, no fuera difícil persuadir al sentido agudo 
del interés, que abandonase unas caballerías, que por 
tantos conceptos le impiden mejorar su situación ; ma3 
la falanje de los mozos de muías se levanta contra 
estas aspiraciones , las desbarata y las hace imposibles; 
y si no logra convencer al señor, cuando menos lo 
cansa y lo aburre. Quien así habla , amen de la teoría 
y de la esperiencia agenas, tiene la propia esperiencia: 
cuatro años seguidos ha luchado tenazmente con sus 
domésticos , sosteniendo yuntas de bueyes ; al quinto 
fué vencido con fuerza irresistible, por mas que la 
razón protestase contra semejante violencia. ¿Cuál es el 
secreto de esta singularidad, que parece incomprensi- 
ble? He aquí su esplicacion, sencillísima mientras al mal 
preexistente, de labores desparramadas y distantes, se 
agregue la escasez de sirvientes. Los cuadros que voy 



80 
á bosquejar están tomados del natural, daguerrotipa- 
dos sin esceso de sombras, al sol meridiano: poco 
habrá observado las costumbres de los labradores cas- 
tellanos, quien encuentre novedad en la pintura. 

Al alborear el dia , veréis desembarcar por los eji- 
dos del pueblo una tropa de gañanes, que van al ara- 
dero, distante un cuarto, media, una y hasta dos le- 
guas. Si hace frió, marchan á pié detrás de la yunta; 
si no les basta para abrigo ó para asiento cómodo la 
manta de non , disponen de las dos de las muías ; si 
andan estas de prisa, las toman de los ramales, para 
que templen el paso; si se cansan de andar, montan 
en la muía de la mano , la izquierda ; si les conviene, 
van despacio ; si se han retrasado, trotan : su voluntad 
y su capricho esclusivos son la única ley, ellos los úni- 
cos jueces: la muía, si no es dócil ni humilde, es aco- 
modaticia. Al medio dia tienen el descanso, ó dan de 
mano: reúnense criados de amos diversos en un punto 
escogido, cerca del aguadero: allí comen sosegados, y 
se solazan en conversaciones pecaminosas, en el juego 
de naipes, en el tiro de barra, en saltar y forcejear, 
robando á la obrada dos ó tres horas de trabajo. ¡ Se 
hace tan corto el tiempo, para los que han de mur- 
murar de las casas de los amos y del pueblo entero! 
¡ Se deslizan las horas tan inadvertidas , cuando se chis- 
morrotea á cuatro vientos, tirándose el dinero, ó con- 
tendiendo sobre quién es mas hombre! Pues añadid, 
que se juega al truque una arroba de vino, á una le- 
gua de la taberna mas próxima : mientras se decide 



81 

por la suerte , por la habilidad ó por las trampas, 
quién ha de pagar, va un mirón á traerlo, caballero 
en la muía que había de comer y descansar: la huelga 
se prolonga indefinidamente , porque el trailon se en- 
tretendrá con los camaradas del lugar el tiempo que 
quiera. ¿Qué importa, habiendo caballerías que suplan 
la falta? Con cuatro latigazos y soliviar el arado, en 
vez de apretarlo, se sale del paso en breve rato : se 
simula la obrada para engañar al amo, aunque el 
barbecho quede meramente rastrillado en la corteza, 
que es lo que con cinismo llaman poner negra la tierra. 
Afortunadamente se ideó en estos países el arar por 
lomos , y la separación de las paralelas queda al gusto 
del consumidor : cuanto mas de prisa mas claro. 

Otra escena tan exacta y frecuente como la ante- 
rior: el mozo de muías va á acarrear mieses en la 
madrugada, tumbado en la caja del carruaje, por mas 
seguridad y conveniencia : se duerme profundamente 
¡pasó la noche rondando sin descansar! y la yunta 
marcha por donde la lleva su instinto: despierta el 
gañan , y se encuentra media ó una hora apartado del 
gavillar á donde iba. Tampoco importa: ¿qué ocasión 
mejor de aprovechar la ligereza de las muías? Ellas 
le sacarán del apuro, sin que se note la tardanza. Y 
como si los pobres animales tuviesen la culpa de la 
pesadez de su sueño, los maltrata con la vara del lá- 
tigo, y en cuatro galopes y trotes recobra el tiempo 
perdido. Milagro hecho á costa de la yunta que sufre, 
del carruaje que se deteriora , y del amo que todo lo 

6 



82 
paga : hazaña en que únicamente gana el amor propio 
del criado, orgulloso de haber faltado impunemente á 
su deber, cual pudiera estarlo de un acto de virtud. 

Todavía tiene el gañan otros motivos para prefe- 
rir la raza maldita : repantigado sobre la yunta , ago- 
biada de campanillos y cencerras, avisadores de su 
derrotero, la guia como mejor le place , fachendeando 
por donde está la novia , que para él nunca es rodeo. 
Beben, item mas, las muías de todas las aguas, aun 
salobres y turbias, y comen lo que les dan y cuando 
se lo dan , por mas que al dueño le cuesten cuatro ce- 
lemines de cebada diarios , y el mozo se precie de 
buen potrero. ¿Pueden hacerse estas y otras muchas 
cosas disparatadas con toda clase de ganado? ¿Se aven- 
drán los que así obran á manejar el boyal ó vacuno? 
De ninguna manera : con este han de ir siempre á pié, 
á paso acompasado y tardo, sujetarse á las horas de 
estilo, y vivir con mas cuenta ; y sabido es que la su- 
jeción , el régimen y la disciplina son en la gente bra- 
via el dogal mas insoportable. 

El que no comprenda de este modo una de las 
principales causas, la mas poderosa quizá, del sostén 
de la labor de muías, contra las predicaciones de los 
buenos agrónomos, contra los esfuerzos de propieta- 
rios inteligentes, y contra el positivo interés de los 
labradores , no ha visto clara la cuestión , ó la ha es- 
tudiado muy por encima. En prueba de que no es 
motivo bastante el de las distancias y separación de 
las suertes, véase que, donde predomina el errado 



83 
sistema , ni aun los que tienen el terreno conjunto y 
cercano pueden lograr el sustituir los bueyes; y en 
corroboración de que tampoco es suficiente causa la 
falta de prados naturales, repárese, que en muchos 
puntos donde los hay, usan muías, y que en cualquier 
parte saben criar para estas toda clase de forrajes, en 
lo mejor de las heredades, así como hay comarcas sin 
pradería, que labran con bueyes, mantenidos á pienso. 
La causa que yo expongo es mas eficaz , porque ía 
generalidad de los amos solo ve por los ojos y por el 
criterio del doméstico, y porque el interés de éste pre- 
valece, donde hay pocos gañanes en que escoger, y 
muchos amos que los soliciten y que los mimen. Hay 
que añadir aun , que las habilidades que con las muías 
se hacen, para truhanerías del zagal, sirven á veces 
para satisfacer caprichos del dueño, que llega á con- 
venir en que , á pesar de los defectos de este ganado, 
al fin tiene su lado bueno y aceptable. ¡ Desdichados! 
La labor mular es uno de los mas fatales vicios de 
nuestra agricultura , como lo han evidenciado las emi- 
nencias científicas y prácticas; pero aun lo publican con 
elocuencia de reconvención sarcástica, aunque muda, 
los países mismos que crian este fatal ganado, dejando 
de usarlo en sus labranzas , y vendiéndolo á buen pre- 
cio á los sencillos castellanos v á los rumbones manche- 

«j 

gos. Estos se contentan con apacentar en sus dehesas 
animales bravos de astas agudas, para que luzcan en la 
lidia bárbara de la plaza de toros, destripando caballos, 
y haciendo necesaria la presencia del santo óleo. 



84 
fíay quien supone que el condenar la labor de mu- 
ías se ha hecho de moda; cuando ese fué el clamor 
añejo de vetustos agrónomos, uniforme y sin contra- 
dicción. Todos los escritores antiguos y modernos de 
economía rural , se ocupan del ganado boyal y del 
caballar: raro es el que se acuerda de las muías, como 
no sea para anatematizarlas, ó para admitirlas á lo 
mas , como un mal necesario en nuestra situación agrí- 
cola. Lo que se quiere hacer de moda es la defensa de 
ganado mular; y lo que en efecto está en boga es el 
sustituirlo á los bueyes, cual lo acredita el vuelo que 
ha tomado esa industria. De los datos reunidos para 
el catastro de 1752 resulta, que en Castilla y León, 
inclusa Asturias , se contaban 

25.944.885 cabezas de ganado vacuno, 

400.495 idem del caballar, y únicamente 

223.646 idem del mular. 
Y en el año de 1859, según el Anuario estadístico, no 
habia en toda España mas que 

1.869.148 cabezas vacunas , y 

382.009 idem caballares , subiendo á 

665.472 las mulares. 
Gomo que, á medida que se ha ido estendiendo y ale- 
jando el cultivo, han dejado los bueyes y vacas los 
pueblos que siempre los tuvieron, echando yuntas de 
muías que apenas conocían. Se ha analizado, en fin, 
prefiriendo el mular, que el buey, de pezuña hendida, 
de mucho peso, es desacomodado en los terrenos hú- 
medos: ¡como si la pisada del estrecho casco de la muía 



■ 85 
no fuera un clavo mortífero para los campos ! ¡ como 
si no existieran variadísimas razas caballares , que en 
sus combinados cruzamientos ofrecen hoy en la culta 
Europa animales adecuados para todo género de usos 
y faenas! Aquí, aquí es donde la ciencia debe osten- 
tar sus brios , en vez de esforzar la apología de lo es- 
tranatural , vicioso é infecundo. No se prostituya el 
genio en violentar la creación, empeorándola, adul- 
terando la sal pura , y apadrinando la bestialidad. 

Hecha esta digresión , que parecía inexcusable, 
tratándose de la población agrícola de Castilla, conti- 
nuaré el comenzado examen, bajo otros puntos ele 
vista. Es, en efecto, considerable la distancia que suele 
andarse para ir y venir á labrar las tierras, á pesar de 
que se haya aprendido la vereda menos larga de cru- 
zar de unas en otras; y para que mejor se palpe , re- 
duciré las muchas diferencias á un racional promedio. 
Las cinco provincias de Castilla la Nueva y la de Al- 
bacete tienen mil doscientos setenta y tres términos 
municipales, y dos mil ochocientas treinta y nueve 
leguas cuadradas de superficie; es decir, que sale cada 
jurisdicción , por término medio, á mas de dos leguas 
cuadradas y veinte céntimos de otra, ó sea casi media 
legua mas que el término común de España. Las suer- 
tes, cuya ordinaria cabida es de cuarenta á ochenta 
áreas , se hallan diseminadas por todo el ámbito del 
distrito concejil : de que resulta , que para hacer una 
obrada regular, no baja de una legua el camino medio, 
que cada clia se anda. 



86 
De esta manera inconveniente de cultivar, y de 
sus eventuales resultados, procede necesariamente, 
que al labrador le falte la conciencia de su poder in- 
dustrial, que no tenga fe en sus esfuerzos, que lo fie 
todo á la Providencia , que sea indolente y descuidado 
en las operaciones mas eficaces, cuales son la escarda, 
el aprovechamiento de los abonos y el del riego. Con 
surcar tantos rios las Castillas , es reducidísimo el nú- 
mero de tierras que se riegan. Yalladolid no cuenta 
en todo su territorio provincial mil trescientas hectá- 
reas de regadío ; y aunque León riega un quince por 
ciento del terreno que cultiva, en las demás provincias 
es muy inferior la proporción, limitándose en Toledo 
y Cuenca á un ocho y medio al millar de lo que se la- 
bra. ¿Y qué regadío? Apenas se halla una pieza com- 
pletamente llana, que reciba y conserve la humedad 
con igualdad. Desconocen lo que perjudica el desnivel, 
por pequeño que sea , cuando les bastaba para com- 
prenderlo esta sencilla observación : que el agua entra 
pura y limpia en los cuartales y sale turbia y crasa; 
lo cual procede de que en el declive arrastra el humus, 
las sales y los óxidos , robando al terreno lo mas be- 
neficioso para la vegetación. Por mas que parezca pa- 
radójico, se ve en algunos pueblos de vegas regables 
que , confiados en la estación de las lluvias , descui- 
dan el arreglo de las presas, caceras y atajaderos, y 
dejan marchar el agua , dando lugar con su desidia á 
que los panes se endurezcan, sin llegar á completa gra- 
nazón. ¡Uno de tantos ejemplos elocuentes contra los 



87 
que tocio quieren dejarlo al interés individual, aun- 
que las individualidades sean ignorantes, flojas y cie- 
gas , y estén obrando en su propio daño ! 

El contrato de locación-conducción de las tierras, 
comunísimo en Castilla , por ser colonos muchos culti- 
vadores , se halla asimismo establecido en condiciones 
desfavorables. Hácense arrendamientos cortos, perju- 
dicialísimos al arrendatario y al arrendador, porque 
disminuyen la producción , de que han de utilizarse 
entrambos. El propietario no quiere desprenderse de 
la facultad de labrar por sí, cuando le plazca, cuando 
case un hijo, ó cuando el alto precio de los granos le 
convide á estender su labor ; y semejante traba ha de 
influir en el menor valor de la renta y en la conducta 
del colono, que tratará de sacar de una vez el mayor 
fruto posible , aunque la tierra quede deteriorada. El 
arriendo es además vicioso, porque no suele hermanar 
bien el interés de ambos contratantes , á pesar de las 
varias formas ideadas, en la lucha continua entre 
la propiedad y el trabajo. Ya consiste en una renta 
fija á dinero, ó en cantidad , también fija , de frutos; 
ya en una parte proporcional de la cosecha, como el 
dozavo, el diezmo, ó los dos diezmos del terraje; ya en 
algún género de aparcería , en que el dueño de la finca 
toma parte en la especulación , al tercio ó á medias; 
ya en un canon, variable según la razón compuesta de 
la cosecha y del precio de los frutos. En tierras de vega 
ó de riego, el propietario labrador suele dar á un jor- 
nalero la haza por un solo año, ó por una sola cose- 



cha de hortal ó de patatas, porque le sirve de barbe- 
cho ó le proporciona un segundo esquilmo ; mas en 
cambio de esa utilidad , produce el inconveniente de 
que disminuyan los brazos mercenarios para la reco- 
lección , pues el hortalero se ocupa de lo suyo, y no 
da jornales. Hay también pueblos en que se conceden 
las buenas tierras camperas para patatas, no solo sin 
renta, sino dando una fanega de trigo al jornalero que 
las toma, porque ésta especulación exige una cava muy 
profunda de otoño, que deja beneficiada la suerte para 
muchos años ; demostración palmaria de lo poco que 
cala la labor de muías , y de la necesidad que hay de 
rebajar el subsuelo para mejorar las tierras , y que no 
echen tanto de menos las lluvias primaverales. 

Son de los mejores graneros de España las provin- 
cias de Salamanca y Zamora, Valladolid y Palencia, 
con la triguera tierra de Campos , que surten de ce- 
reales muchos mercados del interior, y que por San- 
tander esportan afamadas harinas para las Antillas y 
el estranjero, aprovechando el útilísimo canal de Gas- 
tilla y las nuevas vias férreas ; y lo son en la Nueva la 
campiña de Alcalá , la Sagra de Toledo y la Mancha 
Alta y Baja, casi exclusivamente dedicadas á la siem- 
bra de trigo y cebada, de que se surten la corte y las 
provincias litorales de Levante. Guando la producción 
no alcanzaba á cubrir las necesidades del país , cuando 
la tasa del pan y otros errores económicos prevalecían, 
el Pósito de Madrid tenia de forzados tributarios á 
muchos pueblos de Castilla , á quince y mas leguas de 



89 
radio, obligándolos al abasto de la capital. Después 
que este artículo de primera necesidad quedó libre al 
comercio, Castilla la Vieja y la Nueva han rivalizado 
para surtir la alhóndiga de Madrid; y si desde la aper- 
tura del ferro -carril del Mediterráneo, la Vieja Casti- 
lla apenas puede sostener la competencia, aprovechará 
sus naturales ventajas, así que la via férrea del Norte 
empalme las estaciones dé Villalba y Sanchidrian, 
Entonces Castilla la Nueva volverá á ser la que prin- 
cipalmente satisfaga las demandas de Valencia y Mur- 
cia , como surte de buen carnero á la primera y á 
Cataluña. 

En la vida aerícola de las provincias castellanas Labrad °™ s 

C"J i y ganaderos. 

descuella, aun mas que en otras comarcas, un hecho 
perjúdicialísimo al cultivo : el antagonismo, si no ya 
la pugna abierta, entre labradores y ganaderos. Es 
causa muy abonada para mantener la lucha, que la 
ganadería está concentrada en pocas manos , en las de 
los ricos y poderosos, que si no abusan de su prepo- 
tencia, excitan por lo menos los celos de la clase me- 
dia : á que se agrega la memoria reciente de los odio- 
sos privilegios de la Mesta , los daños que suelen causar 
ganaderías tan crecidas en el laberinto de suertes y 
de lindes, vio poco que benefician en sus intrincadas 
derrotas. A tal punto se desaprovechan las basuras 
del ganado lanar, que ni los dueños , que son labrado- 
res, pueden abonar sus piezas como quisieran, unas 
veces por incuria y malas mañas de los pastores , y 
otras porque no es fácil combinar el sesteo y la maja- 



90 
da, en pedazos chicos y dispersos , con el mucho es- 
pacio que han de andar los rebaños para hartarse de 
yerba , y con los tortuosos careos en busca de escasos 
abrevaderos , ó huyendo de tropezar en ios sembrados 
y plantíos que se interpolan. Efecto de la mala inteli- 
gencia entre industrias, que deberian estar unidas, es 
que el valor de los pastos esté fuera de su natural ni- 
vel, pues la enemistad llega en ocasiones á dejar que 
se agosten las yerbas sin cederlas , ú obliga á que se 
paguen caras, ó da lugar á que se introduzcan abusos, 
que no siempre corta la autoridad provincial , preocu- 
pada todavía con las franquicias de la ganadería, y 
mas influida por los ganaderos, que por los agriculto- 
res. Legalmente se abolieron los privilegios ; pero aún 
se observa en muchas partes, que al ganadero que 
compra pastos de hazas desparramadas por todo un 
término, se le dispensa el beneficio de darle en un solo 
pedazo el equivalente de lo que suman las suertes, con 
perjuicio de otros ganaderos y de los propietarios, y 
dando ocasión á manejos reprensibles. Es verdad que 
el Gobierno supremo no ha sancionado ese error, co- 
metido en algunos Gobiernos y Consejos de provincia; 
pero se ha contentado con resolver las reclamaciones 
por Reales órdenes especiales, sin dictar la medida ge- 
neral, que el asunto requiere. Todavía cuenta la indus- 
tria pecuaria con añejos hábitos, con ideas rancias y 
con un centro activo y perseverante, que no tienen 
los descarriados labradores. 

Siendo tantas y de tan variadas circunstancias las 



91 
provincias de ambas Castillas, es también grande la 
diferencia en cuanto á la cantidad de tierra que culti- 
va cada labrador, así como en los métodos de cultivo, 
y en el pasar que tienen las familias, que de los pro- 
ductos de la tierra viven. Por de contado las serranías 
de este estenso grupo sobresalen en pobreza : ocupan 
los terrenos mas fríos y endebles , cojen mas centeno 
y escaña que candeal y cebada, ocupan gran parte del 
año, que no puede labrarse, en el pastoreo de vacas y 
cabras y en la industria de maderas y resinas , y los 
hombres van en ciertas estaciones y añadas á trabajar 
á otras provincias, quedando las mujeres al cuidado 
de las casas, ganados y siembras. En los terrenos lla- 
nos, que son mas productivos, se consagran en espe- 
cial al cultivo de cereales, con algún viñedo y olivos 
en la banda meridional y en los valles de la Alcarria; 
se tratan menos mal, y apenas salen los labradores sino 
á las comarcas vecinas; pero suelen cuidar tan poco 
del aseó de sus personas , que no lavan el cuerpo sino 
con el sudor, y duermen vestidos en los camastros que 
tienen en la cuadra misma de las caballerías. Se con- 
sumen pocas carnes, algunas mortecinas , y hacen la 
costa el pan, las patatas y las legumbres, con algún 
arroz y abadejo salado. Los que tienen criados á ración, 
á mas de la soldada, les dan mensualmente por per- 
sona para la comida trece celemines de trigo, treinta 
reales en dinero, medio celemin de garbanzos , un 
cuartillo de sal y cuatro libras de aceite , con leña para 
guisar y casa en que residir. 



92 
Hay en la Mancha yunta de muías que labra ochen- 
ta y nueve hectáreas, de las que se siembran treinta y 
tres, se resiembran doce } y las cuarenta y cuatro res- 
tantes descansan de barbecho; mientras que en Ávila 
solo cultiva un labrador lo que llaman una renta, qne 
equivale á treinta y seis hectáreas , divididas en peda- 
zos , que pocos llegan á quince ó veinte obradas. Y 
téngase en cuenta, que en una y otra parte se sigue 
el desdichado mélodo de año y vez , generalizado en 
las demás provincias , con las usuales excepciones de 
conceder mayor descanso á las suertes empobrecidas 
y de algún resiembro en las de miga , ó cuando ha 
ocurrido la novedad de estercolarlas , gracia que al- 
canza a las tierras cercanas al pueblo, y de muchos en 
muchos años. La escarda no se hace bien en Castilla, 
así por la falta de manos para tan estensas labores, 
como por el mal aplicado principio de no gastar y de 
ahorrar tratando en hambre. Con asombro oí esta res- 
puesta á un labrador de levita, reconvenido de que 
nunca escardaba sus panes: «Desde mayo empiezo yo 
mi cosecha , embolsándome lo que otros invierten en 
quitar algunas brozas.» Ya se ha indicado en otro lu- 
gar, que los gallegos vienen á segar á Castilla, hasta 
la campiña de Alcalá y margen derecha del Tajo, y que 
murcianos y valencianos llegan de la otra parte , hasta 
la ribera izquierda del mismo rio : para las cebadas 
tempranas suelen acudir manchegos y serranos de los 
pueblos, que tienen mas atrasada la siembra, los dias 
que les permite la diferente época de madurez. Un año 



n 
en que las epidemias, la guerra ú oíros sucesos ex- 
traordinarios impidan la afluencia de estos segadores 
forasteros, Castilla se verá en un conflicto para recoger 
sus mieses, porque estiende el cultivo infinitamente 
mas de lo que permiten los brazos disponibles del país. 

Resta decir algunas palabras de un mal grave, que Mojones, 
causa la estremada parcelación de las tierras , á mas 
de los ya indicados : es un perpetuo germen de dispu- 
tas, quimeras y litigios sobre las lindes divisorias, que 
lejos de evitarse, se agravan con la multitud de seña- 
les adoptadas para fijar la demarcación : del dios Tér- 
mino de los antiguos han hecho los castellanos una mi- 
tología infinita. En bastantes comarcas no existe otra 
separación de las hazas , que el último surco que da 
el labrador, un poco mas abierto que los demás , y que 
rectifica como le parece el último que ara ; de donde 
procede que las tierras y los terratenientes contiguos 
se llamen asúrcanos. En otras partes, que son menos 
avarientos, dejan las lindes yermas de un pié de anchura, 
lo cual dificulta las intrusiones, sirviendo al propio 
tiempo de senderos, para visitar las heredades, sin 
pisar el fruto. Es comunísimo , que á los estrenaos de 
la línea divisoria, cualquiera que sea , haya una pie- 
dra ó mojón informe; y no faltan ejemplos de que el 
mojón se reduzca á un cavacote ó montoncillo de tierra, 
hecho con la azada; pero en algunas fincas suele ha- 
ber mojones de piedra labrada, que según la forma 
del sillar se denominan hito, coto, püon, &c. : siendo 
también costumbre antigua, que debajo de los mojo- 



94 
nes haya soterrados algunos guijarros, cascotes, esco- 
rias, vidrios ú otra materia perdurable, que nombran 
testigos, porque en los casos de reconocimiento acredi- 
tan si la piedra permanece en su primitivo sitio. Usan 
en otras partes por linde un acirate ó zopetero, que es 
un lomo de tierra natural ó artificial ; y en algunas 
hacen un vallado mas en forma , que también se nom- 
bra morunamente atorada. Asimismo suelen encon- 
trarse setos muertos de palos y estacadas, y setos vivos 
de arlos, sahucos, cambroneras y otras plantas que 
estorban el paso á animales y personas, ó de cañales ó 
atochadas, que afianzan el terreno. Lo que no es tan 
frecuente es la cerca ó cercado en regla , el cierro completo, 
sea de pedrizas, de tapias ó de paredes, reducido en 
el interior a las huertas y jardines , y en el Norte á los 
prados ; y estraña que no se hayan generalizado estos 
cerramientos en las provincias castellanas, porque sobre 
sus palpables ventajas, para la seguridad de los frutos 
hubo instituciones favorables á su multiplicación. Entre 
de las infinitas singularidades de la prestación decimal 
en ciertos obispados , habia la de estar exentas de diez- 
mos las tierras en que caian las canales de las casas, ó 
ser propio del párroco del pueblo el diezmo llamado de 
goteras, y la de ser privativos de los curas los diezmos 
de lo que se cogia en suertes cercadas ; de manera que 
era interés del agricultor sembrar los terrenos, que cir- 
cunvalaban los edificios , y no repugnaba á la conve- 
niencia de los párrocos influyentes , que recomendasen 
los cerramientos, de suyo recomendables. 



95 
Finalmente, llamaré la atención hacia una costum- 
bre, recien introducida en algunos pueblos de Casti- 
lla , respecto á soldadas de criados , que pudiera ser- 
vir de ensayo á la mejor inteligencia entre amos y 
gañanes, á enlazar los intereses de unos y de otros, 
hoy poco conformes. Las dos ó tres fanegas de siem- 
bra que , á mas del salario, suele concederse á los 
criados en tierra del amo, con su propia labor, y en 
la misma era , se ha fijado en la cantidad de trigo que 
corresponda , al respecto de como sale la cosecha: 
medio que pone al doméstico en el deseo de que coja 
mucho el señor, supuesto que su parte ha de crecer 
en igual proporción. A los que comprenden cuánto 
importa arreglar equitativamente las relaciones entre 
el capital y el trabajo, entre el empresario y el obre- 
ro, cual acostumbran á entenderse comerciantes y de- 
pendientes , no les parecerá inoportuna la cita del 
hecho, ni la indicación de las aplicaciones; pues si 
con igual espíritu se concertase el total de la soldada 
y la generalidad de los salarios , ganaría mucho la 
moral de los sirvientes , identificándose sus intereses y 
los de los amos. 



Soldadas. 



Para completar el examen del estado, que tiene en Legisiacio, 

__ moderna. 

España la población rural , no estará de mas el añadir 
una reseña ligera de la legislación moderna , que con 
ella se relaciona. Las disposiciones mas notables son 

estas. 



96 

La ley 3. a , libro 7, título 22 de la Novísima Reco- 
pilación , que es la Real cédula de Garlos III de 5 de 
julio de 1767, para las nuevas poblaciones de Sierra- 
Morena , la cual concede á colonos alemanes y flamen- 
cos dos años de exención de canon , y cuatro de exen- 
ción de diezmos , con otras ventajas de desembarque 
y establecimiento. Y la ley 4. a del mismo título y libro 
admitiendo pobladores griegos de Córcega , con igua- 
les gracias. 

El Real decreto de 19 de mayo de 1816, cediendo 
en favor de los ayuntamientos , cabildos eclesiásticos, 
y particulares nacionales ó estranjeros , los diezmos y 
primicias de los frutos, en terrenos que se hiciesen 
regables por medio de derivaciones de los rios ó ace- 
quias, á virtud de obras que acometiesen empresas 
especiales. 

La Real cédula de 23 de diciembre de 1817, man- 
dando guardar y cumplir la bula pontificia del año 
anterior, en que se ceden al Real Erario los diezmos 
procedentes de nuevos riegos y roturaciones de tier- 
ras incultas. 

Otra Real cédula de 22 de julio de 1819, orde- 
nando la venta de terrenos baldíos entre los labrado- 
res de los pueblos , á la manera que se repartían los 
de propios por disposiciones anteriores. 

El Real decreto de 31 de agosto de 1819, conce- 
diendo exención de diezmos y primicias , por cuatro 
cosechas, á los roturadores de terrenos incultos, y á 
los que plantasen arbolado en tierras nuevamente ro- 



97 

tas ; añadiendo una cosecha mas de exención á los que 
cercasen dichos terrenos de piedra seca ó seto natural, 
y dos cosechas mas, si la cerca fuese de pared de fá- 
brica sólida. 

El Real decreto de 23 de marzo de 1 825 , conce- 
diendo á D. Francisco Sánchez Gadeo exención de tri- 
butos y cargas concejiles, por el término de diez y 
seis años, con el derecho de percibir los diezmos, 
siempre que edificase cinco poblaciones, de sesenta ve- 
cinos cada una, en el despoblado de su propiedad junto 
á Hornachos y Espiel , provincia de Córdoba. A este 
tenor siguieron bastantes concesiones hasta 1836, 
dando á censo terrenos de propios en Sevilla, montes 
de Toledo y otras provincias. 

La ley de las Cortes constituyentes de 16 de no- 
viembre de 1855, sobre establecimiento de colonias 
agrícolas, en que se destinan á este fin los terrenos 
baldíos y realengos, y se concede exención de tribu- 
tos por diez años á los naturales de estos reinos, aña- 
diendo para los extranjeros la exención del servicio 
militar. 

En la legislación vigente sobre los actuales impues- 
tos , únicamente se rozan con la agricultura dos dis- 
posiciones. El Real decreto de 23 de mayo de 1845, 
para la derrama sobre inmuebles, concede exención 
perpetua á los edificios destinados al culto y habita- 
ción de sus ministros , á las fincas del Real Patrimo- 
nio, del Estado y de común aprovechamiento, y tem- 
poral, por quince y treinta años, para los nuevos 

7 



98 
plantíos y terrenos desecados; disponiendo la Instruc- 
ción del ramo, que no se computen en el avalúo los 
mayores producios, que escedan del tipo común por 
efecto de una industria perfeccionada , ni el valor de 
las cercas construidas para la seguridad de las here- 
dades ; mientras que los jardines y posesiones de re- 
creo deben computarse siempre como de primera ca- 
lidad. Por la Instrucción de consumos se quiso benefi- 
ciar á los que viven á dos mil varas de las poblaciones 
dejándolos en la tarifa mínima; pero como entran en 
la misma gracia desde la casa aislada hasta los pueblos 
de cinco mil habitantes, que son todos los de España 
menos unos cuatrocientos, queda ilusorio el beneficio, 
por cuanto lo que parecia excepción, resulta ser la 
regla general. 

valor Gomo medio de conocer v comparar la importan- 

tU las tierras. * * l 

cia de la riqueza territorial , en diferentes localidades 
de nuestras provincias, incluyo aquí un dato curioso, 
tomado de un trabajo que, con mi ayuda y la de otros 
amigos, hizo el año de 1838 el difunto D. Vicente 
Sancho, diputado entonces por Valencia y senador 
después, encaminado á ilustrar los debates parlamen- 
tarios sobre la estincion del diezmo. Es un estado del 
valor en venta y renta que tenia el terreno en dife- 
rentes puntos de España , según sus calidades y cir- 
cunstancias, con otros pormenores que omito, por no 
interesar á esta cuestión. Gomo el dato es inédito, y 
en algunas localidades se encontrará hoy poco con- 



99 
forme con el estado de cosas presente , conviene tener 
en cuenta su fecha, lo que la propiedad rústica ha va- 
riado, y sobre todo, el objeto especial para que se re- 
cogió, si bien con el esmero é inteligencia que carac- 
terizaban á aquel buen patricio, distinguido por su jui- 
cio clarísimo. Fué su intento demostrar hasta la evi- 
dencia, cuan desigualmente pesaba el diezmo sobre 
la riqueza agrícola, según los diferentes cultivos y las 
varias costumbres recibidas en cada obispado, y al 
efecto tomó en las provincias ejemplos notables, injus- 
ticias flagrantes en el modo de soportar la carga, para 
deducir de aquí que era insostenible aquella presta- 
ción en la sociedad moderna. No fué este trabajo del 
señor Sancho el que menos contribuyó á la medida 
trascendental de la abolición del diezmo; reforma que, 
económica y socialmente considerada , ha dado el ma- 
yor empuje á nuestro progreso agrícola. Existen en la 
actualidad muchos pueblos labradores que, con la 
cantidad que pagaban en diezmos y primicias, satis- 
facen todas sus contribuciones generales, provinciales 
y municipales, á pesar de lo que han subido los pre- 
supuestos. Parece increíble que el común de las gen- 
tes resista las demostraciones mas palmarias, cuando 
no toca el resultado efectivo con los sentidos materia- 
les; pero así sucede con gran frecuencia. La décima 
de los frutos afectaba de tal modo el capital agrícola, 
que á pagarse estrictamente , hubiera concluido con él. 
Una industria cuyos ordinarios rendimientos eran el 
cinco por ciento ¿cómo habia de soportar un diez de 



100 
gravamen, sin su ruina? La décima parte de ios pro- 
ductos en bruto representaba mas de veinticinco de la 
utilidad líquida , porque de la cosecha habia que des- 
contar barbechera, siembra, escarda, siega y recolec- 
ción, con el interés ó deterioro del capital mueble y 
semoviente, &c. Hablando el entendido D. José Canga 
Arguelles, en su Diccionario de Hacienda, de la peti- 
ción que hicieron las Cortes de Madrigal á Enrique IV, 
en 1438, sobre los daños del diezmo, hace el cálculo 
de que una cosecha de cien cargas de trigo, valuada 
en treinta y seis mil reales , venia á pagar un total de 
diezmo de cinco mil cuarenta reales , ó sea el quince 
por ciento, sin rebajar los gastos del total producto. Y 
poco mas adelante estampa un trabajo del mismo se- 
ñor Sancho, que ya se habia ocupado de la cuestión 
decimal en 1 822, por el que aparece, que esta presta- 
ción costaba á la agricultura mas de ochocientos cin- 
cuenta y cuatro millones de reales, por mas que al 
clero no llegase la mitad. Ha sido preciso que una me- 
dida revolucionaria trastorne el modo de sustentar el 
clero y el culto, para que muchos labradores com- 
prendan lo oneroso del sistema anterior y las ventajas 
del presente. Pero vengamos ya á los datos estadís- 
ticos de Don Vicente Sancho 



101 



PROVINCIAS Y PUEBLOS. 



Álava. .. 

Alicante. 



Almería. 



Vitoria 

Villajoyosa. 

Dénia , 

Almería.. . . 
Lijar 



Ávila El Barco. 



CALIDAD 

DE LA TIFRRA 



Badajoz. 



La Serena 

Cabeza de Buey.. 



Baleares Mallorca. 



Burgos , 

Cáceres 

Cádiz 

Castellón. . . 
Ciudad-Real. 
Córdoba 



Jerez de la Frontera. 

Segorve 

Daimiel 

Cabra 



Cuenca Barajas de Meló . 



Guipúzcoa. 

Jaén 

León , 

Logroño. . 
Madrid.. . 
Málaga. . 



Bailen 

Valencia deD. Juan, 



Orense. 



Oviedo 



Alcalá de Henares. 

Benaocaz 

Orense 

Rivadávia 

Oviedo 

Langreo 

Pianton 



Murcia. . . . 
Paléncia. . 
Salamanca. 
Sevilla.. . 

So'ria 

Tarragona. 



Villamarlin 

Alba de Tormes. . 



Teruel. 



Toledo. 



Valencia. 

Zamora.. . 
Zaragoza. 



Consuegra. 
Tembleque. 
Alberique. 



Gallúr. 



PAN LLEUR. 
HUERTA. ... 

SECANO 

REGADÍO 

SECANO 

REGADÍO 

SECANO 

PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 

HUERTA 

LABRANTÍO... 
PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 

HUERTA 

PAN LLEVAR. 
CEREALE8. .. 

REGADÍO 

SECANO. 

HEREDADES.. 
CEREALES. , . 

SECASO 

CEREALE8. .. 
PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 

SECANO 

8EMBRAD08. . 

HUERTA 

HUERTA 

PAN LLEVAR. 

HUERTA 

PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 

VEGA 

CAMPO 

PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 
ARROZAL... 
PAN LLEVAR. 
PAN LLEVAR. 



VALOR 

DE LA HECTÁREA. 




2.625 

44.158 

4.513 

10.725 

286 

9.838 

495 

858 

1.406 

22.881 

12.972 

3.971 

715 
1.117 
9.864 

62 
3.188 
5.700 
1.040 
8.687 
1.260 

583 
7.353 
1.447 

585 
3.018 
4.765 
2.064 
6.671 
4.053 
18.768 

744 

380 
1.100 

361 

3.970 

12.519 

223 

414 
51 

918 

893 
1.934 



TANTO 

POR 100 

í QUE SALE. 



Rs. Cts. 



65 

1.764 

113 

536 

17 

492 

44 

43 

49 

762 

324 

158 

32 

56 

660 

11 

112 

570 

65 

1.997 

107 

14 

312 

50 

20 

196 

270 

206 

100 

141 

1.032 

33 

32 

33 

25 

238 

657 

22 

15 

92 

22 

58 



2,47 
3,99 
2,50 
4,99 
5,9i 
5 

8,88 
5,01 
3,48 
3,33 
2,49 
3,97 
4,47 
5 

6,69 
17,74 
3,51 
10 
6,35 
22,98 
8,49 
2,40 
4,25 
3,4o 
4,41 
6,49 
5,66 
9,98 
1,49 
3,47 
5,49 
4,43 
8,42 
3 

6,92 
5,99 
5,24 
9,86 
3,62 
8,82 
10,02 
2,46 
2,99 



102 
En los veinticuatro años que han transcurrido desde 
que se reunieron estos datos, se ha aumentado mucho 
el valor de la propiedad rural , minorándose las des- 
proporciones entre el capital y sus rendimientos: fenó- 
meno singular, desconocido en otros países, cuando 
tantos millares de fincas nacionales han salido al mer- 
cado. Hoy existe en la plana de Castellón hectárea de 
tierra que llega á valer setenta y dos mil reales; pero 
según los cálculos mas prudentes, y tomando todos los 
datos en conjunto, puede fijarse el precio medio de la 
hectárea en España actualmente en mil trescientos 
reales, y el de la renta en cincuenta y dos reales, ó 
sea el cuatro por ciento. 

Antes de terminar este capítulo, presentaré , con- 
centradas en un epílogo, las conclusiones que resultan 
mas en relieve del precedente examen. 
Resumen. 4 - a La población agrícola de España , salvas las 
excepciones apuntadas, está bien lejos de constituir 
una verdadera población rural, cuya condición esencialí- 
sima es la permanencia del cultivador y su familia 
sobre el terreno que labran. 

2. a Las viviendas de los labradores, poco higiéni- 
cas y cómodas en los pueblos, son todavía mas insa- 
lubres y mezquinas en los campos ; y estas no se ha- 
llan habitadas de asiento por las familias agrícolas, ni 
tienen conjunto el terrazgo necesario. 

3. a La escesiva subdivisión de las tierras y la leja- 
nía de las distancias ocasionan gran pérdida de tiem- 
po, destrucción de caballerías y carruajes, multitud 



103 
do lindes litigiosas, y por consecuencia producción 
muy cara: impiden que el cultivador fije su atención 
en un solo punto, y se adhiera á él con los estrechos 
vínculos del amor, del interés y de la esperanza, 

4. a El fatal empeño de un cultivo estenso , despro- 
porcionado á los brazos, á los animales y á los abonos 
de que se puede disponer, y la ganadería divorciada 
de la labranza y en grandes rebaños, á mas de ha- 
llarse respectivamente mal , mantienen un antagonis- 
mo de consecuencias funestas para entrambas indus- 
trias: el labrador ocupa de treinta á noventa hectáreas, 
cuando le bastarian ocho ó diez, y el ganadero que 
pudiera alimentar cada res lanar en cinco áreas de 
prado, necesita para sustentarlo de media á una hec- 
tárea de pastos. 

5. a El desden con que los grandes propietarios han 
mirado sus haciendas, la necesidad que tienen los me- 
dianos de valerse de criados, el error de los arriendos 
cortos y la ignorancia general de la clase agrícola, 
sobre no haber hermanado el interés del dueño y del 
bracero, la propiedad y el trabajo, causan daños sin 
cuento á la agricultura, entre los que puede contarse 
el desnivel del valor de las tierras en venta y en renta. 

6. a De los perniciosos métodos de cultivo, el mas 
general y de trascendencia es el barbecho ; y entre las 
faltas mas graves de nuestros labradores, resaltan la 
labor somera, y la mala escarda, la falta de cierros, 
y el no cuidar como debian de la nivelación del ter- 
reno, de aprovechar las aguas y los abonos. 



Razas 
y zonas. 



104 

1. a El empeño que aún tienen personas obceca- 
das, mas sensibles que pensadoras , en mantener ter- 
renos neutrales de aprovechamiento común, prolon- 
gará el cáncer de la agricultura , dejando abierta la 
escuela, en que nuestras clases pobres han mamado 
ideas perniciosas, acerca del cultivo, del trabajo y del 
derecho de propiedad , contra su propio bienestar y 
mejoramiento. 

8. a La legislación ha hecho poco por el fomento 
general de la agricultura; nada por la población ru- 
ral ; prevaleciendo siempre el sistema de colonias , la 
distribución de los terrenos y la estension del cultivo, 
en lugar de llevar la población urbana al campo, de 
crear fincas rurales y de procurar un cultivo intenso. 
Concluiré con una observación propia , que senti- 
na fuese mal interpretada. Es muy común calificar á 
los habitantes de nuestras provincias, atribuyéndoles 
cualidades especiales y caracteres propios, y es fre- 
cuente asimismo, que los calificados se quejen de este 
juicio, creyéndose los mejores. Para las dotes buenas 
se cree en las diferencias ; cuando se trata de los de- 
fectos, se apela á la igualdad, á que todo el mundo es 
país. El ser el hombre cosmopolita espresa que puede 
vivir en todos los climas y paises del globo, por alcan- 
zar su inteligencia á superar las intemperies y obs- 
táculos ; pero no dice que no haya razas en la especie 
humana , que no existan caracteres distintivos de fa- 
milia , que el territorio y la manera de ser, física y 
civilmente, no influyan en el genio de los pueblos. Por 



105 
do quiera hay de todo ; y así yerra el que supone 
que todos los moradores de un distrito tienen el ca- 
rácter genérico, como el que sostiene que en nada se 
distinguen unos provincianos de otros. A mi juicio la 
población española, y señaladamente la agrícola, me- 
nos variable, puede dividirse en tres grandes zonas, 
que se distinguen en muchos conceptos, conjuntamente 
consideradas , por mas que no sea aplicable la regla á 
todas las individualidades. 

La faja septentrional, desde el cabo de Creux al 
de Toriñana , así en la pendiente cantábrica , como en 
las vertientes australes del Pirineo, presenta á las cía* 
ses labradoras en condiciones mas favorables hacia el 
verdadero estado rural , ora influyan en este hecho 
reliquias características de las antiguas razas vasccna y 
goda; ora el clima sombrío, lluvioso y moderadamente 
fresco, y la menor feracidad del suelo, que obliga á 
mayores esfuerzos; ora proceda de una vida indepen- 
diente , aun hoy privilegiada , ó de todas estas y otras 
concausas reunidas. 

En la banda meridional , desde las bocas del Ebro 
á la del Guadiana , con clima vigoroso y terrenos de 
gran fuerza productriz , se hallan los cultivadores en 
peores circunstancias para dominar los campos , acaso, 
entre otras causas , por la laxitud que infunde el calor 
escesivo, ó también porque conservan la sangre de la 
raza árabe, como mantienen muchos de sus usos y 
costumbres. 

La región central, por último, desde la cordillera 



106 

celtibérica hasta la frontera portuguesa, está habitada 
por gentes de una raza mista , que no me atrevo á lla- 
mar godo-africana , porque además de la mezcla sarra- 
cena , tuvo otros cruzamientos diversos , así de los 
mozárabes, que se avinierou á vivir con el poder inva- 
sor, como de los castellanos y de los francos, que de 
las regiones del Norte vinieron fervorosos á tomar 
parte en la reconquista. 

Ya se ha visto que en la primera zona domina la 
subdivisión de las tierras; en la segunda la escesiva 
acumulación , y en el centro se encuentran mezclados 
ambos estremos. En la banda del Norte hay menor 
poder vegetal en el suelo, y mayor esfuerzo en el cul- 
tivador; al Mediodía pujanza en la madre tierra y lan- 
guidez en sus hijos; en el interior, indecisión y me- 
diocridad. De manera que, tan diferente como aparece 
el origen genealógico, son heterogéneas las condiciones 
sociales y agrarias de cada parte del territorio ; y de 
aquí la dificultad de medidas generales , que hayan de 
aplicarse á todas las provincias de la monarquía. Mu- 
cho hay que meditar y que hacer para que lleguemos 
á la deseada unidad, y no contribuirá poco á ello el 
que vayamos asimilando la población rural. 



107 

OBSTÁCULOS QUE SE OPONEN 
al desarrollo de la población rural 



Del capítulo precedente , y de las observaciones edificación, 
que me he permitido sobre los hechos importantes, 
pueden deducirse sin duda algunos de los obstáculos 
que dificultan el que la población rural prospere y 
crezca; pero como ni se han enumerado todos, ni aun 
de los indicados se ha hecho la aplicación oportuna al 
propósito del presente capítulo, debo comprenderlos y 
esplanarlos aquí , evitando al lector un trabajo que á 
mí me corresponde. Ocúrreme advertir, ante todo, la 
parsimonia con que debe procederse al calificar los 
obstáculos y su respectiva importancia, pues la exa- 
geración en este punto conduce casi siempre al estre- 
mo opuesto, siendo comunísimo en la gobernación de 
los Estados , que nazcan unos inconvenientes de otros 
inconvenientes, que Irás de los reconocidos vengan los 
impensados , y que al acabar con males añejos surjan 
nuevos males. Analizando los obstáculos actuales de la 
sociedad, encontraremos bastantes, que han sido se- 
cuela de querer estirpar los antiguos sin la necesaria 
preparación , ó producto de las oscilaciones entre la 
reacción y la reforma. Citaré algunos casos , utilizantes 
en la cuestión de que me ocupo. 



108 

Se hallaba el derecho de propiedad completamente 
desconocido ; y á fuerza de robustecerlo, está en peli- 
gro de morir de plétora, á manos de inquilinos , arren- 
datarios y espigadoras. 

Dignísimos estadistas lamentaron, que hubiese 
terrenos baldíos y de común aprovechamiento; y hoy 
se levanta una cruzada de entusiastas defensores de 
este patrimonio de los pobres. 

Se trataba mal en los repartimientos de contribu- 
ciones, que hacían los pueblos, á los hacendados fo- 
rasteros ; y para evitarlo, el nuevo sistema tributario 
los ha hecho de mejor condición que los vecinos , con- 
cediéndoles un privilegio. 

Hubo furor por crear municipios , ayuntamiento, 
cárcel y templo para quince casas ¡ y aun con un solo 
vecino! y al cortar este abuso se exigen cientos de ha- 
bitantes para que haya concejo, ó se los somete á la 
dependencia de otro, distante una y mas leguas. 

Se desacreditaron y sucumbieron los pósitos : y se 
quiere hacer el milagro de que resuciten , sin crear 
los bancos agrícolas , hipotecarios ó de descuento. 

Lamentóse por siglos la escesiva aglomeración de 
las tierras, y queriendo dividirlas, las hemos triturado. 

Viniendo ahora á enumerar los obstáculos con que 
tropieza la población rural , pueden clasificarse de va- 
rias maneras, según el punto de mira que se elija, ó 
conforme al sistema que se adopte. Jovellanos , en el 
Informe sobre ley agraria, dividió los estorbos que 
tenia la agricultura en tres grupos: políticos, ó prove- 



109 
nientes de las leyes; morales, ó que nacen de la opi- 
nión; y físicos, que proceden de la naturaleza. Hay 
quien amplía la clasificación , subdividiendo los físicos 
en vencibles é insuperables; los morales, según que 
proceden de las costumbres encarnadas en la sociedad, 
ó de las opiniones dominantes; y los políticos, en los 
que indirectamente nacen ele las leyes generales sobre 
otras materias mas ó menos conexas con la agricultu- 
ra , y en los que vienen directamente de su peculiar 
legislación. En vez de empeñarme en cuestiones de 
método, de poca importancia en el caso presente , me 
acomodaré al programa de la Real Academia de Cien- 
cias morales y políticas , que distingue los obstáculos 
de la población rural en estas cuatro categorías: físicos, 
legales, económicos y sociales; lo cual no estorbará que, al 
comprender en cada sección los que le correspondan, 
indique la diferente índole de algunos, que pudieran 
subdividirse ó enlazarse con los de otro orden. 



FÍSICOS. 



Entre los obstáculos que la naturaleza presenta, 
capaces de limitar la población rural y todo género de 
cultivo, se hallan los terrenos inhabitables ó infructí- 
feros , como los mares y lagos , los álveos de los rios, 
los peñascales descarnados é inaccesibles , y los sala- 
dares sin producción vegetal. Prescindiendo de si se- 



110 

mejantes estorbos naturales , pueden ceder en muchos 
casos á la roano poderosa del hombre que, imagen de 
la Divinidad, cambia el curso de las corrientes de 
agua i deseca los pantanos y lagunas, y convierte en 
huertas deleitables los arenales muertos de la playa de 
Valencia, en frondosos plantíos las risqueras de Cata- 
luña , y en trigarrales abundantes el llamado mar de 
Campos, no es por este camino por donde hemos de 
hallar las dificultades que se buscan , ni es la natura- 
leza la que paraliza nuestra población rural : cabal- 
mente terrenos hay de sobra , y no de los peores de 
Europa. Otra clase de embarazos opone el estado ac- 
tual de nuestro territorio á que las gentes vayan á es- 
tablecerse en ciertos desiertos : la falta de medios para 
subsistir, ó de los elementos mas indispensables para 
una casa de campo, vivienda continua de una familia 
labradora, 
rana de a e uas. Hay en la Península ibérica tantas comarcas ex- 
hautas de arroyos y de manantiales perennes, tantos 
distritos desprovistos de aguas potables para gentes y 
ganados , que son muchos los pueblos atenidos á un 
pozo común para todo el vecindario y sus averíos, ó 
á una charca artificial, que receje las filtraciones y 
aguas pluviales. Con decir que en bastantes lugares es 
el pozo una finca de villa, como el horno ó la posada; 
que en otros se arrienda el cuidado del manantial, 
mediante el derecho de cobrar algunos cuartos por 
cada cántaro de agua ; que en otros ponen guardas, 
para que nadie tome mas que la cantidad que le toca 



111 

al dia, cual si se hallaran en plaza sitiada; que en al-- 
ganos ofrecen vino á los que piden agua , porque co- 
gida de un escaso nacimiento, que se llama hilo, cabello, 
paja, gotera y teja, sale mas cara que en la corte, donde 
se conduce á fuerza de millones ; con decir, en fin , que 
no faltan pueblos que se surten de la que vierten las 
canales cuando llueve , obligados á poseer tenajeros y 
trasiegos , como en las bodegas de países vinícolas, se 
formará una idea cierta de cuál es la escasez de aguas 
dulces, en no pocas regiones interiores y costaneras. 
¿Cómo ha de tener valor una familia para aislarse en 
campos secos, acostumbrada á esperimentar los apu- 
ros de la sed , de que mil veces ha salido por el auxi- 
lio de sus convecinos? Y cuando así andan las aguas, 
de que el hombre no puede prescindir al establecerse, 
¿qué será de las de riego, para proveerse de verduras 
y hortalizas, siempre útiles, necesarias en muchas oca- 
siones, é indispensables en verano? En parajes tan 
privados de humedad faltan los pastos para caballe- 
rías y ganados , animales domésticos inseparables del 
labrador : sin pastos y forrajes es costosísima la ma- 
nutención de todas las especies destinadas al cultivo; 
es imposible la de algunas, y donde no hay suficien- 
tes ganados, faltan las carnes y los abonos, y la agri- 
cultura es raquítica y miserable. 

Otro obstáculo, y no pequeño, es la dificultad de JSSS¿ 
las comunicaciones, ya por lo desigual y quebrado 
del terreno, ya por los fangales , atolladeros y treme- 
dales , ya porque interceptan el paso rios sin puentes 



caminos. 



112 

y arroyos torrentosos. ínterin haya comarcas que ca- 
rezcan de lo mas preciso ó no puedan esportar los so- 
brantes que las ahogan , por falta de caminos , ¿quién 
se ha de atrever á alejarse todavía mas del trato y 
comercio? Bastantes carreteras se han construido en 
nuestros dias, infinitamente mas que en todos los pre- 
cedentes reinados; pero aun estamos bien lejos de con- 
tar las necesarias. Nuestro sistema de caminos , como 
que partía de una corte centrada , era de irradiación 
desde Madrid á los estremos del perímetro en las cos- 
tas y fronteras. Las grandes vias férreas guardan la 
misma forma estrellada , y han rebajado mucho la im- 
portancia de las carreteras generales; y de aquí que 
sea urgentísima la construcción de líneas trasversales, 
para que no queden incomunicados los estensos secto- 
res intermedios, y para que las principales arterias 
reciban y despachen , por todos los puntos de su tra- 
yecto, el grande material que diariamente mueven. 
Las necesidades de la clase agrícola piden aun mas: 
una espesa red de caminos vecinales , que ni siquiera 
hemos estudiado. De pueblo á pueblo solo existen car- 
riles y veredas terrenos, no trazados por la mano del 
hombre, sino con la huella de sus pies y con los cas- 
cos de las caballerías : caminos que desgastados por el 
roce y calcinados por el sol , se deshacen en menudo 
polvo, que se lleva el viento, ó arrastran las aguas, 
convirtiéndose en ramblas de todas las vertientes in- 
mediatas y aun de las hazas colindantes, pues los ter- 
ratenientes, para librar sus heredades del aluvión, lo 



113 
dirigen á la vía pública , que nadie cuida ni defiende. 
No se hable de conservación ni reparación : las altera- 
ciones que sufre la via , no alcanzan otro zapapico ni 
otro rodillo que los pies y las pezuñas de las gentes y 
animales que pasan : el rebajo ó la prominencia de un 
ramblizo, son un badén ó un teso mas de los que antes 
habia. Si se hiciese y delinease un reconocimiento pe- 
ricial, de cómo se hallan los caminos de los pueblos y 
de sus labranzas, espantaría á muchos hombres de 
Estado, que sueñan en proyectos, para los que faltan 
las bases esenciales. ¡Oh vosotros, los que viajáis en 
trenes y sillas de posta , y os asustáis de algún mal 
paso, ó de tal cual vuelco y descarrilamiento; si vie- 
rais como acarrea el labrador sus mieses y efectos por 
derrumbaderos horribles, por trochas escalonadas y 
por baches continuos, cayendo y volcando todos los 
dias , de seguro que lamentaríais la incuria de las au- 
toridades locales! Sin embargo ¿no las hace mas dis- 
culpables la ignorancia y la falta de medios , que á los 
ilustrados gobernadores de provincia y al supremo Go - 
bierno? Escribo en un pueblo muy agricultor, que casi 
todo lo acarrea á tiro, contando para ello con mas de 
cien carruajes: durante la recolección no bajan de 
veinte los vuelcos diarios , con grande esposicion todos, 
con contusiones y heridas alguno : en pocos años se 
cuentan cuatro muertes. ¡ Estremeceos de tal estadís- 
tica , y dad la importancia que merece á la viabilidad 
agrícola ! Los caminos de hierro no pueden existir sin 
las indispensables avenidas. 

S 



114 

a. müteTaíe*. También es un gravísimo inconveniente, para edi- 
ficar casas en ciertos campos , la escasez que en ellos 
se tiene de materiales de construcción , sobre todo de 
piedra y mezclas , tanto que hay puntos en que ape- 
nas se conocen otras paredes que las tapias de tierra. 
Es cierto que en algunas comarcas , como en la Man- 
cha, se construyen escelentes tapierías, por la buena 
calidad de la tierra roja, entre arcillosa y arenisca, y 
por la destreza de los alarifes, que aploman y apiso- 
nan bien ; pero donde el material es malo ú horna- 
guero, las tapias duran poco y son un perpetuo nido 
de ratones. Falta en otras partes la teja y la pizarra 
para techumbres, y las casas pajizas, cubiertas con 
centeno, carrizo, espadaña, retama, junco ú otras 
plantas, ofrecen poca seguridad y escaso abrigo. Las 
maderas suelen faltar igualmente , y gracias si á su 
carestía no se añade la dificultad de conducirlas al pie 
de obra ; de que se sigue que , aun queriendo hacer 
casas de campo, se tropieza con mil dificultades de 
ejecución. Ya merecen los terrenos pingües que se 
piense en vencerlas ; pero ¿habrá quien luche con tan- 
tos elementos adversos , para ir á poblar tierras ende- 
bles, que no recompensen los sacrificios? 
paita A primera vista parece un gran obstáculo físico 

para poblar los terrenos laborables , el reducido nú- 
mero de brazos con que cuenta la agricultura. Si para 
cultivar bien el inmenso terreno que España ha rotu- 
rado, no alcanzaría que todos los habitantes fueran la- 
bradores ¿cómo, sin traer gente de fuera, se quieren 



115 
poblar los campos? Fácilmente; porque hoy se pierde 
por los trabajadores una quinta parte del tiempo, que 
se aprovecharía viviendo sobre las heredades : aumen- 
to de trabajo, que equivaldría al de un quinto de bra- 
zos. Disgregar cultivadores de las ciudades, villas y 
lugares, para llevarlos al campo, no aumenta la pobla- 
ción agrícola obrera, pero multiplica su poder y su 
acción sobre la tierra, repartiéndola mejor. Se dirá 
que el sistema intenso de cultivo, que se quiere susti- 
tuir al estenso hoy dominante, requiere mas labores, 
mayor esmero y cuidado; y que si ahora echamos de 
menos trabajadores, mayor sería la falta perfeccionan- 
do la agricultura. Esta objeción pierde su fuerza al re- 
flexionar, que constituida toda la familia labradora 
sobre el terreno que ha de cultivar, cada dia mas re- 
ducido según mejoren los métodos , puede con su con- 
tinua asistencia suplir muchos brazos, máxime no 
perdiéndola de vista el ojo vigilante del dueño. Hace 
un siglo apenas se ocupaban las clases pobres trabaja- 
doras en otros servicios que arando y cavando, escar- 
dando ó segando para el labrador. En la actualidad, 
con el desarrollo de las antiguas industrias, el esta- 
blecimiento de otras nuevas y el incremento de las 
obras públicas , una mitad de los brazos con que con- 
taba la agricultura se ocupa en otros trabajos, y la 
penuria es doble. Este mismo verano, con una cosecha 
regular, es tal el conflicto en algunos distritos, que la 
opinión ha reclamado medidas graves, como el licén- 
ciamiento temporal de los quintos, y la suspensión de 



116 

las obras á cargo de la administración. Sin adoptarlas, 
no han podido negarse las autoridades militares al 
clamor de los labradores, concediéndoles cierto nú- 
mero de soldados para la siega, á fin de evitar la pér- 
dida de muchos granos , y la carestía estrema de los 
jornales. Cada año ha de sentirse mas la falta de 
obreros : si la población rural se estableciese del modo 
conveniente, y con ella la perfección del cultivo, de 
dia en dia se necesitarían menos brazos asalariados, 
hasta llegar á que cada familia labradora dominase 
su finca por completo, sin mercenaria ayuda. 

Resulta , pues, que los obstáculos físicos de la clase 
de invencibles, entran por poco en el atraso de la po- 
blación rural de España ; que los mas son superables 
en sí mismos , y lo serían mejor, si á la par se remo- 
viesen los que nacen de la legislación , de las costum- 
bres , de las preocupaciones y de la ignorancia ; y que 
no deben tomarse en cuenta las diferencias de clima, 
por grandes que sean en la Península , pues destinado 
el género humano á multiplicarse y llenar la tierra, la 
puede esplotar en todas partes , así en la nebulosa In~ 
glaterra, como en la submarina Holanda, como en las 
vegas tórridas de las Antillas. Primero se esplota lo 
que mas produce; cuando falta lo bueno, se emprende 
con lo mediano ; y cuando hay que apelar á lo malo, 
el gran valor á que han subido las cosas , hace acepta- 
ble lo que parecía improductible. 



117 



LEGALES. 



Mucho y muy bien se ha escrito contra la institu- 
ción, régimen y perjuicios de los terrenos baldíos, 
realengos y concejiles, contra los privilegios odiosos 
de la Mesta, contra la tasa de los productos de la tier- 
ra , contra la acumulación estancadora de los mayoraz- 
gos, contra la amortización civil y eclesiástica, contra 
la prestación decimal, carga esclusiva de la agricultura, 
y contra otras inconveniencias de nuestra antigua le- 
gislación. Aquellas predicaciones razonadas, juiciosas, 
concluyentes y bien sentidas, llevaron el convenci- 
miento del error á todos los espíritus; y cuando no 
hubo clase social que dejase de reconocerlo , por mas 
que se resistieran á la evidencia los interesados en el 
statu quo, este sucumbió, en medio de una revolución 
política, que ahogó el clamoreo de las pasiones viejas, 
con la fuerza de las nuevas pasiones. Así es que, de 
los males censurados por nuestros mejores economis- 
tas y hombres de gobierno, apenas quedan algunas 
raíces, que todavía estorban el desarrollo conveniente 
de la población rural. 

Las leyes y reglamentos del pasado régimen , re- Acumulación, 
conociendo que la propiedad del suelo se hallaba es- 
tancada en pocas manos y acumulada en grandes ha- 
ciendas; que habia sobreabundancia de dehesas de 



118 
pasto y escasa producción frumenticia ; que era preca- 
ria la suerte de la clase numerosa de colonos y grande 
la dificultad de afincarse , propendían á la división y 
repartimiento de las tierras: se tenia la acumulación 
por el padecimiento mas grave, y todos conspiraban 
á destruirla , si no de frente, porque no era posible en- 
tonces , por cuantos flancos se hallaban accesibles. A 
la distribución de propios y baldíos, favorecida por los 
ministros de Carlos III , y la enagenacion de bienes de 
temporalidades de los Jesuitas expulsos , siguió la venta 
de memorias y obras pias, conseguida por el favorito 
de Carlos IV, y después las concesiones á censo del 
caudal de propios, en los últimos años del reinado de 
Fernando VII , ampliadas al crearse el nuevo ministe- 
rio de Fomento. Las Cortes generales , por decreto 
de 4 de enero de 1813, que mandaron guardar las 
de 1820 en 8 de noviembre, dispusieron también el 
repartimiento de baldíos y propios á los vecinos de los 
pueblos; y por la ley de 15 de noviembre de 1822 
se suprimieron los conventos y monasterios que esta- 
ban en despoblado, ó en pueblos menores de cuatro- 
cientos cincuenta vecinos. En el actual reinado vino, 
con la reforma general política, el complemento de 
la desamortización tan deseada; pero antes, entonces 
y ahora, prevaleció el espíritu fraccionador, el ansia 
de aumentar los propietarios , sin acordarse siquiera 
de que se caminaba al estremo opuesto. 

Sobre las consideraciones que influyeron en esta 
marcha en el orden antiguo, hubo una especial en 



119 
nuestra época : se creyó un medio poderoso de vencer 
la guerra civil existente interesar en la causa liberal 
á los compradores de bienes nacionales , y cuantas mas 
fincas, mas soldados. Así fué que desde una en otra 
modificación legislativa, de 1836 á 1855, se fué siem- 
pre avanzando á que las fincas se dividiesen mas y 
mas, poniéndolas al alcance de menores fortunas; jamás 
ocurrió el pensamiento de crear fincas rurales adecua- 
das. Únicamente en las Cortes de \ 836, nuestro en- 
tendido economista Florez Estrada enunció la idea de 
una enagenacion á censo, que permitiera estender los 
beneficios á todas las clases labradoras, y proporcio- 
nara establecimiento á muchos colonos, haciéndolos 
condueños del Estado; pero su autorizada voz no pudo 
reunir una quincena de votos, que le siguieron mas 
bien por afinidades políticas , que por conocimiento de 
la teoría. Indudablemente que la desamortización, ba- 
sada en el principio trascendental de la mas acertada 
distribución de la propiedad , tenia de su parte la cien- 
cia : mas ¿cómo pedir lo mejor cuando apenas lo bue- 
no era posible? En aquellas circunstancias críticas los 
escrúpulos se confundían con la absoluta negativa; las 
dilaciones parecían una oposición disfrazada ; y solo 
desembarazando, y facilitando y dando ventajas se po- 
día esperar la concurrencia á las subastas. Especulado- 
res de larga previsión, capitalistas animosos, consti- 
tucionales comprometidos, que habían de sucumbir de 
todos modos , si el sistema se desplomaba , fueron los 
únicos que se atrevieron á las primeras compras , es- 



120 

tigmatizados por los fanáticos. Aquellas gangas anima- 
ron á otros mas tímidos, y propagándose como conta- 
gio el furor de adquirir, hasta en las filas de los disi- 
dentes, se pujan'hoy y se pagan los bienes desamorti- 
zados con tanta estimación como los de particulares. 
Además, los apuros del tesoro, para hacer frente á 
gastos estraosdinarios , siempre crecientes, demanda- 
ban ingresos prontos: y esta es la hora en que el pro- 
ducto de las ventas se utiliza grandemente en cubrir 
las obligaciones. Por fin , era preciso, para reforma tan 
radical , aprovechar el estado de guerra , y la posición 
hostil del gobierno de Roma con el de la joven Reina: 
los esfuerzos notables que en dos ocasiones han tenido 
que hacerse , para alcanzar que el Papa se resigne con 
la venta de los bienes eclesiásticos , son la mejor prue- 
ba de que solo la revolución , y de la manera resuelta 
que lo hizo, hubiera podido realizarlo. No es lo mismo 
al presente ; pues habiendo desaparecido los peligros, 
puede hacerse con calma la enagenacion de lo que 
aún resta , tomándose por tipo, para la división de las 
fincas , la cantidad de terreno proporcionado á una 
labranza, modificándolas leyes é instrucciones, que 
permiten mayores y menores suertes. 
Mancomunidad. Palmario es el inconveniente de la legislación des- 
amortizadora , en la parte que esceptúa de la venta 
los terrenos comunes y concejiles ; y funestísimo el 
propósito de los que aspiran á ampliarla , en favor de 
los pobres, según dicen. ¡Qué error en los que así lo 
creen ! ¡Qué hipocresía en los que lo afectan ! Prescin- 



121 
diendo de los abusos á que se está dando lugar, con mo- 
tivo de la escepcion , es un hecho no desmentido por 
pensador alguno, desde Jovellanos hasta hoy, que la 
mancomunidad, lejos de ser un verdadero beneficio 
para el pueblo, es el mayor mal de la agricultura , el 
cáncer que corroe sus entrañas, que la roba brazos ro- 
bustos y le mantiene fatales ejemplos. En efecto, los 
bienes comunes son escuela de holgazanería y malas 
artes, semillero de ideas disolventes contra la propie- 
dad , fragua de detestables prácticas , y levadura de 
costumbres relajadas. Tal vez no ha existido causa 
mas determinante de los delitos contra la propiedad y 
que mas ruinas de familias haya causado, á virtud de 
condenas de los tribunales. Por eso los hombres de 
mayor autoridad en la materia , y que mas profunda- 
mente han estudiado la cuestión, sobre el terreno 
mismo y en presencia de los hechos, condenaron y 
condenan el sistema de aprovechamiento común , como 
maña infantil de sociedades inmaturas, foco de perni- 
ciosos hábitos , sentina de inmoralidad, padrón de ini- 
quidades; falacia, en fin , que escarnece la razón y se 
burla del buen sentido. Los pobres, los infelices, cuyo 
interés se invoca por los que sinceramente están en- 
gañados ¿qué sacan de las dehesas y tierras concejiles? 
Alguna carga de leñas inútiles , y el poder soltar un 
burro á que dé cuatro bocados. El rico, el poderoso, 
el cacique, el capitular y los prepotentes son los que 
aprovechan las mejores maderas , y los que utilizan, 
con sus crecidos atajos, los principales pastos. Porque 



122 
¿qué es dejar los bienes para el uso de todos, sino 
sancionar la superioridad del rico y del fuerte , sobre 
el pobre y el débil? Alhambra de la Mancha, Trnjillo 
en Estremadura, y otros varios pueblos, poseedores 
de inmensos terrenos comunales, están proclamando 
en su decadencia sucesiva , que no es riqueza tener en 
común lo que todos destruyen y nadie repara, sino 
poseer en pleno dominio, y hacer producir lo mas po- 
sible, como en Miguelturra de Ciudad -Real, y en tan- 
tos lugares sin mancomunidad, que han crecido y 
prosperado. Hay mas: los pastos comunes, que se su- 
ponen convenientes á la ganadería, son los que mas 
perjudican á la propagación y conservación del gana- 
do, como dijo el profesor Arias en sus lecciones ; ya 
porque , estando junto, degenera fácilmente ; ya por- 
que en las epidemias perecen muchas cabezas; ya, en 
fin , porque jamás está bien alimentado en su incesante 
lucha comunera. Y dado caso que obtuviera el pobre 
alguna ventaja material de actualidad ¿cómo no se 
piensa en que esta manera casi nómada y semi-rifeña 
de vivir, buscando á la ventura lo que debia confiarse 
al sudor, ó debiendo á la rapiña lo que correspondía 
al ejercicio honrado, ha traído las torcidas creencias 
que nuestro pueblo tiene sobre el valor del tiempo, 
sobre el poder del trabajo, sobre los deberes del rico 
y del pobre , sobre los despojos de los frutos y sobre 
el aprovechamiento de lo que Dios cria? ¿De dónde, si 
no, ha nacido principalmente ese modo de ser de mu- 
chos pobres voluntarios, que se resisten á dar un jor- 



128 

nal seguro, prefiriendo los azares de la carga de leña, 
ó la ambulancia de puerta en puerta? Algunas almas 
candidas han querido esplicar estos fenómenos por el 
amor innato en el hombre á la independencia: pero 
¿qué libertad racional goza el que carece de todo, ó 
todo lo debe á la filantropía ó al crimen? Esa es una 
independencia salvaje, impropia de pueblos civilizados, 
donde no debe conocerse mas fuente de producción, 
ni otro origen decoroso de riqueza , que la propiedad 
legítima y el trabajo profesional. Los que , por desco- 
nocer la vida íntima de los pueblos, abogan por la 
conservación de la mancomunidad , lejos de hacer un 
positivo bien á los proletarios, les perpetúan uno de 
los gérmenes de su existencia desdichada : sin sacarlos 
de ese lodazal, no cabe su purificación y nueva vida. 
Por fortuna serán impotentes los esfuerzos de la 
reacción: no tardará en recobrar su puesto la verdad, 
y esos bienes sin dueño se repartirán ó venderán, para 
que no sean, como las fieras, del primero que los 
ocupa, del mas diestro cazador. El prurito, que recien- 
temente se ha dejado sentir, en pro de la permanen- 
cia de los bienes comunes, iniciado por la escuela 
conservadora, que resistió la desamortización, y pro- 
tegido por algunos progresistas, en son de doctrina 
popular, no es otra cosa, si bien se piensa, que la tran- 
sacción de los partidos, la tendencia al equilibrio en- 
tre fuerzas encontradas: los quejosos de lo hecho, los 
asustados de lo que se avanzó, y los arrepentidos 
reformistas. No puede salir buen compuesto de los 



124 
simples de tres malas pasiones; pertinacia, miedo y 
apostasía. Buscar la solución de tendencias que luchan 
en la vuelta á las ollas de Egipto, es un delirio: lo ra- 
cional será vender con mejores condiciones , ó repar- 
tir en propiedad á los que se quiere favorecer; que 
mas vale poco en pleno dominio, que el derecho colec- 
tivo de disputarlo todo, merodeando á la desbandada. 
Me ratifico, por tanto, en que la escepcion que la ley 
marca , es un embarazo para el acrecentamiento de la 
población rural, 
privilegios Respecto á las enormes concesiones de la ganade- 

de la ganadería. 

ría, la legislación general moderna las ha abolido entre 
todos los privilegios esclusivos ; mas el poder inmenso 
de la Mesta y de la Cabana Real , representado por 
familias acomodadas y de influjo, poseedoras de mi- 
llares de rebaños finos, de carreterías y cabanas, 
empequeñeciéndose sin cesar, se ha replegado en la 
Asociación general de ganaderos, que todavía man- 
tiene la antigua organización y algunas franquicias, 
aspirando á consolidarlas y estenderlas lo posible. El 
hallarse reunidos en una sola contribución la propiedad 
territorial , el cultivo y la ganadería , se ha creido in- 
conveniente por algunos hacendistas, mirando, mas 
bien que al interés de las industrias , á los ingresos del 
tesoro. Existiendo, cual hoy existen , en desacuerdo la 
ganadería y la agricultura, podrá sostenerse la conve- 
niencia del diferente impuesto : hermanados, cual de- 
bieran estarlo, los pequeños cultivos y las ganaderías 
pequeñas, acaso fuera mejor la contribución única. 



125 

,...., , . . i • Hacendados 

Una disposición hay en la instrucción para el ím- forasteros, 
puesto territorial, que dictada con miras estrechas, 
tiende en su esencia contra la clase de labradores mas 
atendible. Exi&tia el convencimiento de que , en los 
pueblos, se trataba mal á los hacendados forasteros al 
hacer los avalúos y repartos, y se creyó poner una pica 
en Flandes, mandando que no se les pudiese cargar sino 
el doce por ciento de las rentas que cobrasen: como si el 
daño personal ó de clase fuera la idea elevada que en 
el asunto domiaaba. Y el hecho fué, que esta preferencia 
hizo de peor condición al que labra por sí sus tierras, 
que al que las tiene dadas en arrendamiento. Se con- 
cedió una especie de premio á los que viven descansa- 
damente de sus rentas, alejados de su patrimonio, 
cuando lo merecia mas bien el que, en lugar de entre- 
gar lo suyo á manos estrañas, lo beneficia con las 
suyas propias; y se favoreció la separación del cultivo 
y del dominio, cuando lo que procedia era procurar 
su reunión, como el mejor medio de esplotar la tierra 
con provecho. Lejos estoy de disculpar siquiera el que 
los lugareños falten á la justicia con los hacendados 
forasteros, tan solo porque no son vecinos; pero nadie 
me negará, que la tendencia á que las fincas de un tér- 
mino pertenezcan á sus moradores y no á los estraños, 
es mas racional y mas provechosa á la prosperidad 
agrícola, que la tendencia de la legislación de inmue- 
bles. Los hacendados de fuera tienen derecho incon- 
testable á que no se les recargue; mas así y todo, no 
puede prescindirse de que suelen dejar abandonadas sus 



126 
fincas, de que ni siquiera dirijen su manejo, y de que 
es lo común qne les sea perjudicial la terratenencia en 
varios puntos, manteniéndola quizá hábitos de indo- 
lencia ó mero espíritu de vanidad. Lo cierto es que, 
después de las heredades que han sido de manos 
muertas, ningunas se encuentran en peor estado de 
beneficio, de deslindes, de acequias, de servidumbres 
y demás, que las de los propietarios foráneos. ¡Como 
que los hay, que viven á cíen leguas, que jamás han 
visto-sus haciendas, ni conocen á los renteros, ni saben 
lo que tienen, ni cómo lo tienen! Además, debió 
contarse con que son los mas acomodados é influ- 
yentes, y no habían menester el patrocinio del Fisco 
para habérselas con los pobres labriegos: así lo han 
demostrado, desentendiéndose de la protección legal, 
y apelando á un medio seguro, que estaba en sus 
facultades; á cargar al colono la contribución de las 
tierras , como adición al arrendamiento. La ley, que 
no consiente la tasa en el precio de los frutos ni de 
las rentas, limitó á cuota fija lo que se podia cargar á 
las utilidades de los forasteros: ya se deja ver que no 
fueron los labradores obreros los que influyeron en 
esta medida, que han declarado innecesaria los mis- 
mos agraciados, y que acredita la intemperancia de 
mandar. 
cofoSífon. Desde que, reconocida la falta de población, se 
pensó en llenar los grandes espacios desiertos de nues- 
tras provincias, dominó la idea de fundar lugares, y 
no la de establecer la población rural propiamente 



127 

dicha. La legislación que se ha citado al final del an- 
terior capítulo, se refiere esclusivamente á colonias, 
es decir, á formar pueblos en sitios distantes de 
los otros, ó mejor espresado, á facilitar las comunica- 
ciones por los desiertos, mas que á mejorar las condi- 
ciones del cultivo. Un siglo entero llevamos elaborando 
planes coloniales, y no hemos acertado con la fórmula: 
se dice, que aún no está bien estudiada la cuestión. 
Guantas concesiones se han hecho en los cuatro últi- 
mos reinados, llevan la condición espresa y cardinal 
de construir algún pueblo ó grupo que le sirva de ger- 
men: mas como la fuerza de las cosas es irresistible, 
el sistema de colonias vive endeble, perdiendo algunos 
grados de su primitivo vigor, y retrocediendo y con- 
tradiciéndose , y variando de base , como enfermo 
mortal, que muda de postura. A Olavide se le fiijaban 
poblaciones de quince, veinte y treinta casas, aunque reco- 
nociendo la preferencia de la dispersión-, á Gadeo se le 
pedían pueblos de sesenta vecinos; el improvisado mi- 
nisterio de Fomento, á cargo de Ofalia y Burgos, hacia 
concesiones, exigiendo quince ó veinte casas; la comi- 
sión del congreso actual de Diputados se ha contentado 
con el mínimun de cinco casas, sin desconfiar de que 
puedan llegar á ciento. Estas vacilaciones, y saltos atrás, 
persuaden que se reconoce la insuficiencia de los pla- 
nes precedentes, y que antes de adoptar otro camino, 
se quieren apurar las variaciones coloniales; cual si 
consistiera la dificulad en las formas, y no en la esen- 
cia del principio. Quien atentamente estudie las dis— 



128 
cusiones ilustradas de la Sociedad Económica Matri- 
tense, y la incoada últimamente en el Congreso, reco- 
nocerá sin vacilar, que la legislación debe variarse, 
no en la manera de colonizar, sino en el sentido de 
crear la finca y la población rurales, 
omisiones. No está todo el mal en lo que la legislación ha 

dispuesto, que perjudique á la población campestre; 
acaso es peor que haya dejado de hacer lo conve- 
niente, para remover los obstáculos que encuentra el 
interés particular. ¿Qué utilidad, qué aliciente se 
concede al labrador, en recompensa de las privaciones 
que le impone el vivir solo en el campo? Absoluta- 
mente ninguno: los mismos tributos pesan sobre las 
fincas y productos de una casería, que sobre todos los 
demás predios del distrito municipal. El labrador que, 
saliendo de la vida rutinaria de sus mayores, emplea 
afanoso sus ahorros y sus fuerzas en crear una casa 
de campo , para dominarlo , no consigue en el orden 
tributario otra cosa , que aumentar el capital imponi- 
ble: el nuevo edificio rural queda en las mismas con- 
diciones que los edificios nuevos del pueblo; y las 
tierras que pagaban como de segunda ó tercera clase, 
vienen á evaluarse como si fueran. herrenes del lugar, 
porque la casa, allí levantada, ha mejorado el terreno 
y acrecentado su valor. La administración no es tan 
cruel como antes solia, ha dejado de ser tiránica; pero 
no es protectora: se limita á recaudar lo mas posible, 
á escudriñar el último rincón donde se produce algo, 
para echarle el gravamen encima. Falta que piense en 



129 
convidar al establecimiento de fincas y casas rurales, 
en premiar la laboriosidad de los campesinos alivian- 
dolos, y sobre todo en corregir con el recargo el aban- 
dono, el egoísmo, la pereza y la indolencia. ¿Cuánto 
pudieran hacer las leyes y reglamentos de Hacienda? 
partiendo de estas trascendentales bases? 



ECONÓMICOS. 

Examinando la cuestión de población rural eco- 
nómicamente, por el lado del interés pecuniario y. de 
la cuenta y razón, desde luego se ve que hay obs- 
táculos de alguna importancia, que alejan los capitales 
de construir casas aisladas y de esplotar terrenos leja- 
nos. En un desierto es mas costoso el edificar que 
dentro de poblado; los menestrales y peones van con 
disgusto al campo, y exigen mayor jornal; las maderas 
de construcción, la teja, el ladrillo y otros materiales, 
hay que conducirlos de los lugares donde están los al- 
macenes y las fábricas, así como el herraje, las herra- 
mientas y utensilios; es costoso también el proveerse 
de comestibles, y el llevar los aperos al pueblo para 
recomponerlos; y por último, el mismo sobreprecio 
exigen criados y trabajadores, si han de pernoctar en 
el campo; porque si han de ir todas las mañanas y re- 
gresar al tardecer, todavía le tiene peor cuenta al 
amo, por las horas que pierden, y lo cansados que 
llegan al trabajo. Además, el labrador que mora en 

9 



Falta 
de capitales 



130 

despoblado, sin caminos abiertos, ha de acarrear sus 
frutos á punto de venta, mientras que al lugareño se 
los van á tomar en su propia troje; y sabida es la 
ventaja que pub r ¡ca el adagio, de vencieren la casa y 
comprar en la plaza; refrán que no inventaron los 
campesinos, pues ni aun supone la existencia de la 
población rural, que carece de plaza pública. 

Siendo de tanta monta la riqueza territorial, que 
importa millares de cuentos, es sin embargo su indus- 
tria la que mas falta siente de capitales. Los indivi- 
duos de la gran familia agrícola pueden dividirse en 
cinco clases: 1 . a meros propietarios, que arriendan ó acen- 
san sus tierras, y viven de sus rentas; 2. a propietarios 
con criados, cuya fortuna se aprecia por los pares de 
labor, que crecen ó se sostienen, en muchos casos, por 
puntillo de honra ó de vanidad; 3. a colonos sin propiedad, 
que se mantienen esplotando heredades ajenas, y que 
las esquilman por la inseguridad de los arriendos; 
4. a gañanes y jornaleros, que alquilan su trabajo, por tem- 
porada ó diariamente, en servicio de los labradores 
que les pagan la soldada ó el jornal ; y 5. a propietarios 
obreros, que labran por sí mismos sus tierras propias, 
y son el verdadero tipo de la clase agrícola. No hago 
mención de las categorías mistas de las precedentes, 
por mas que sea numerosa la de los propietarios, que 
llevan además tierras ajenas, y la de los colonos con 
alguna finca de su propiedad. 

Aunque las rentas de los propietarios puros sean 
cuantiosas, su vida aristocrática los aparta de las em- 



131 

presas campestres, y en vano es contar con un caudal, 
que se necesita para los goces sociales de refinamiento 
y ostentación. Los que labran por medio de criados 
no suelen obtener grandes ganancias, á causa de los 
escesivos gastos, y depender de manos mercenarias; 
y como no reúnan alguna otra industria , pocos son 
los ahorros que pueden destinar á las mejoras agríco- 
las. Los simples colonos harto hacen con ir pasando 
una vida trabajosa y frugal, porque sus fondos de es- 
plotacion son reducidos, bastando un mal año ó la 
desgracia de una caballería para colocarlos en grande 
apuro, sin poder pagar el canon. De la clase bracera 
y sirviente parece escusado decir que vive al dia, 
consumiendo el domingo lo que le ha de hacer falta 
en la semana, para mal comer la familia: pende de 
cualquier enfermedad el que vaya al hospital, ó im- 
plore la caridad pública; y con todo, en compensación 
de su miseria, da la Providencia á esta desdichada 
porción una tranquilidad de espíritu y una alegría 
habitual, que pocas otras gozan: hasta los hijos, que 
llegan á pesar al rico, y que agobian en la medianía, 
á ella le sirven de ayuda, pues desde la edad de cuatro 
años ganan el pan que comen. Los propietarios tra- 
bajadores, que cuidan por sí su propiedad, sus frutos, 
sus caballerías, sus aperos y todo el capital que ma- 
nejan, si bien no tienen los frecuentes apuros de los 
colonos, carecen de muchas conveniencias, y siempre 
están preocupados con esperanzas y temores: si algún 
sobrante alcanzan, ó no es suficiente para grandes 



132 
mejoras y ensayos costosos, ó lo destinan á aumentar 
el capital en tierras, ambición suprema de los labra- 
dores lugareños. Tener granos en las cámaras y fincas 
que dejar á sus hijos, es su aspiración congénita. 

Los cultivadores nuestros abuelos únicamente po- 
seían, como recurso para sus ahogos, la famosa insti- 
tución de los pósitos, escelente sin duda cuando vino 
al mundo con el nombre morisco de alhorí, y cuando 
las gentes se contentaban con el pan cuotidiano; pero 
que ni pasó jamás de una limosna para el dia, intere- 
sada y restituible con creces, ni pudo librarse de 
morir entre abusos y rapiñas, por mas ordenanzas y 
reglamentos que para salvarla se idearon. Prescin- 
diendo de la funesta administración de estos caudales, 
¿de qué servían los pósitos al pelantrín, al mísero 
labrador, como elemento de prosperidad? Recibía al- 
gunas fanegas de trigo adulterado para la sementera 
escasa, ó en la crudeza de un invierno de carestía, en 
tanto que los menos necesitados disponían de lo prin- 
cipal, especulando con fondos ajenos. ¿Es esto lo que 
reclama hoy la agricultura, para llegar á las mejoras 
aconsejadas por la ciencia? Supuesto que es conocida 
la institución de los nuevos bancos, mejor combinados 
y en armonía con las costumbres de la época, ¿por 
qué no establecerlos, refundiendo en ellos las exis- 
tencias de los pósitos, que en vano se querrá galvani- 
zar? Estos carcomidos establecimientos desaparecerán 
mil veces en manos del municipio, no solo porque 
persevera el virus que los corrompió, sino porque 



133 
cargos gratuitos, obligatorios y honoríficos, y que se 
renuevan con frecuencia, ni han sido, ni son, ni serán 
los mejores administradores de caudales. ¡ Qué cegue- 
dad! ¡Empeñarse en que los que á duras penas cuidan 
de lo suyo y rara vez medran manejándolo, han de 
desvelarse por lo ajeno y mantenerlo en prosperidad 
creciente! 

Hasta ahora la escasez de capitales, que siente la Logreros, 
clase agrícola en casos de penuria, se ha suplido recur- 
riendo á prestamistas logreros, que se han dedicado en 
los pueblos á fiar á los apurados con crédito. Esta po- 
lilla hebraica remeda, en cierto modo, los ensalmos 
de la homeopatía, pues cuanto menores son las cuotas 
de sus préstamos, mayores rendimientos le producen: 
el prestamista lugareño solo puede conocerse en las 
grandes poblaciones, comparándole con los que pres- 
tan á criadas y aguadores Gomo, sobre ser avaros, 
tienen inteligencia en los tratos, y el talento de ad- 
quirir, conocen las eventualidades del reintegro á pe- 
ríodos fijos, y se exageran el peligro de una calamidad, 
que declare fallido al deudor: así es que no se conten- 
tan con el interés usurario de un quince ó un veinte 
por ciento; el treinta y mas han exigido antes y des- 
pués de abolirse la tasa legal del interés del dinero; 
y no há muchos años, que sociedades anónimas auto- 
rizadas hacian negocios de esta índole, suponiendo 
mayor cantidad que la entregada, para encubrir ré- 
ditos escandalosos. Ruin, indigno es que los usureros 
abusen de su posición, aprovechándose del infortunio 



134 
ajeno; pero aun es peor que, apurando las sutilezas 
infames, lleguen á la ruina del prójimo á quien apa- 
rentan favorecer. Reconociendo este inmenso mal los 
hombres de probidad y patriotismo , han promovido 
varias veces la creación de bancos agrícolas, donde se 
faciliten á los atrasados labradores fondos para salir de 
sus apuros; mas estamos aun muy distantes de que 
estas medidas benéficas alcancen á todas las comarcas 
y puedan ofrecer resultados, sin enlazarlas con el sis- 
tema hipotecario, garantía á la vez de la propiedad 
inmueble y prenda segura de crédito. Once bancos 
hay establecidos en otras tantas capitales, y seis ó 
siete compañías de crédito en los grandes centros, 
cuando apenas alcanzaría un banco agrícola para cada 
provincia. 

Entre tanto sigue siendo un obstáculo gravísimo 
para la población rural, de un lado la falta del lucro 
en las especulaciones, y de otro la escasez de capi- 
tales para emprenderlas, con probabilidad de mejor 
éxito. El dinero de los hombres de negocios ¡se va á 
las empresas de mas provechos, y las clases que se 
ocupan de la labranza carecen del numerario indis- 
pensable para la mejora del cultivo. Verdad es que se 
advierte cierto empeño en los capitalistas de banca y 
de bolsa, de hacerse propietarios territoriales; mas 
esta tendencia no significa que sea mas productivo el 
dinero en la agricultura, sino que la misma agitación 
de los tiempos ha creado el ansia hidrofóbica de ad- 
quirir una propiedad sólida, hasta hoy cohibida por 



135 
la amortización, de menos riesgos que ninguna otra, 
en días de tan precaria estabilidad. Los que han hecho 
rápidas fortunas en las contratas, en el papel del Es- 
tado y otros negocios de azar, temen seguir en un 
camino, en que tantos han vuelto á la nada, y por eso 
ambicionan la persistencia de los bienes inmuebles. 
Mucho partido puede sacar el legislador de esta nueva 
dirección que toman cuantiosos capitales de dentro y 
de fuera. 



SOCIALES. 



A dos clases pueden reducirse los diferentes obs- 
táculos de ésta sección: proceden los unos del estado 
social del pais, influido por las leyes y los hábitos, 
generadores de las costumbres del pueblo; y emanan 
los otros de las ideas y opiniones dominantes en la 
generalidad de los labradores que discurren. Aunque 
morales gran parte de estos embarazos, son los que 
mas han contribuido al atraso de nuestra población 
rural, y los que mas han de dificultar su mejora- 
miento, así en el plan especulativo, como en el acto 
de la ejecución. Porque si bien es cierto que bastan- 
tes de las preocupaciones antiguas y de los inconve- 
nientes que existian sesenta años ha, van desapare- 
ciendo ó amenguándose, también lo es, que otros están 
tan arraigados en la masa de cultivadores, que duran, 



136 
perseveran y se resisten á morir, ínterin no adelanta 
lo necesario la instrucción de nuestros labriegos. 
Repugnancia Tienen estos poquísima afición.... no he dicho bien, 

al campo. L x 

tienen marcada repugnancia mas exacto todavía, 

tienen decidida aversión á residir solos en el campo- 
El labrador que en la quintería llega á hacer alguna 
fortuna, se desvive por volver á establecerse en el 
pueblo, haciendo ostentación de sus medros: ni rente- 
ros, ni domésticos, ni obreros se encuentran gustosos 
en las labranzas desiertas. Esta repugnancia, aunque 
exagerada, reconoce causas legítimas, como todos los 
hechos generales, por absurdos que sean. De una 
parte, la inseguridad que hasta aquí se tenia en los 
despoblados, y la larga esperiencia de hechos crimi- 
nales, allí acontecidos: crímenes que llenaron las ca- 
bezas del vulgo de historias atroces, cantadas en los 
romances de los ciegos, y que naturalmente han de- 
bido inspirar miedo á los pobres lugareños. Aun dura 
fresca la memoria de los Mojicas, de los Niños de Ecija 
y de José María, con la de otros bandoleros de fu- 
nesta celebridad, que se burlaban de la persecución 
de la justicia, y tenían aterrorizado el paisanaje. Y sin 
acudir á sucesos pasados ¿no es una realidad actual- 
mente, que los frutos y productos rurales se hallan 
espuestos á multitud de daños y reveses? ¿No se ve 
todos los dias que los aperos, que los enseres que 
quedan en el campo, corren peligro de ser presa de 
la rapacidad de los viandantes, de los malhechores y 
de los malos convecinos? 






137 
Por otro lado, influye el concepto desfavorable que 
todo el mundo tiene de la gente montaraz. Cuantos 
habitan en poblado, por reducido que sea el lugar, tra- 
tan á los rusticanos con desden y hablan de ellos con 
menosprecio, siguiendo la escala de mayor á menor. 
Los cortesanos tienen á los provincianos por inciviles, 
torpes y groseros, aplicándoles el despreciativo dictado 
de paletos, por mas que estos se desquiten , burlándose 
de los melindres y fililíes de aquellos; los de ciudad 
se envanecen ante el villano, que ha llegado á ser si- 
nónimo de ruin é indigno; los de villa avasallan á los 
lugareños; y hasta los humildes aldeanos miran de 
reojo á los que moran desterrados en el campo , cual 
si fueran los salvajes de la civilización. Aprovecho la 
oportunidad de referir un suceso , que vale por muchos 
raciocinios, para probar que hasta los meros labran- 
tines de pobládmelos tienen sus puntas de vanidad de 
clase, cuando se comparan con la gente rústica y 
obrera. Se trataba en un villorrio de erigir una ermita 
á San Antonio abad, que ya se sabe miran como abo- 
gado de los animales domésticos. En la cofradía del 
Santo, compuesta exclusivamente de labradores y pre- 
sidida por el cura , se discutia sobre el sitio en que 
debia edificarse: anticipó el párroco su opinión de que 
se eligiese para la capilla una colina á la vista del pue- 
blo, donde habia abundancia de piedra para la fábri- 
ca ; y los cofrades, que, acostumbrados á vencer á vo- 
tos en todas las cuestiones, solian hacer alarde de su 
mayoría contra el abad y los que sabían mas que ellos, 



138 
como si hubieran oido un absurdo ó una propuesta 
degradante , se levantaron unánimes diciendo : Señor 
cura, San Antón no era espartero, sino labrador, y su 
ermita debe estar en la vega. Para comprender el fondo 
de orgullo de esta respuesta, conviene saber que la 
clase campesina y jornalera se ocupaba en la tempo- 
rada en coger esparto por los cerros, por lo cual la 
tenían en menos los que se ennoblecían con el título 
de honrados labradores, formando la aristocracia de la 
población. El enlace de un espartero con una labra- 
dora era un matrimonio desigual. ¡Hasta al médico y 
al maestro los nombran oficiales de villa, creyéndolos 
sus dependientes! 
aipobfa°do. La resistencia á trasladar al campo la posada, es 
el reverso del apego que los lugareños tienen á vivir 
en pueblos, y mejor cuanto mas crecidos. Aquí están 
los parientes, los amigos y los camaradas en continua 
comunicación : hay tiendas y estancos donde proveerse 
de lo necesario ó supérfluo; tabernas, que son el café' 
la tertulia y el teatro de las clases trabajadoras; hay la 
fragua, el taller del carretero, la puerta de la posada 
y la plaza, donde se reúnen los hombres á hablar de 
todo; y el horno, el lavadero ó el carasol, donde las 
mujeres ejercitan su locuacidad murmuradora; hay, 
finalmente, el tiro de barra, el boleo, y todos los so- 
laces de la clase forzuda, y juegos de naipes para los 
viciosos. ¿Tan fácil le es á la juventud dejar tantos 
alicientes, y serie tan larga de hábitos á los adultos? 
y trocarlos ¿por qué? por la soledad, el aislamiento, 



139 

la meditación y el tedio; por un espíritu de moralidad 
y de interés, que pocos comprenden bien. 

Añadid á ese conjunto de contrastes, tan percep- 
tibles, otros sentimientos mas obligatorios para gentes 
cristianas. Morar tan lejos del templo , de los sacerdo- 
tes y de las cosas eclesiásticas, muy espuestos á per- 
der la misa, ó no presenciar muchas funciones solem- 
nes, ni oir la palabra de Dios, á no recibir á tiempo 
los sacramentos y los consuelos de la religión, es lo 
que ellos llaman vivir como gentiles. Igual dificultad 
presienten de ser asistidos de médico, cirujano y bo- 
tica , ó en procurarse los auxilios que puede reclamar 
su estado de enfermos ó convalecientes: suele llegar 
tarde el socorro, y siempre cuesta mas que vayan los 
facultativos y las medicinas. Una desafortunada par- 
turiente, un golpe grave, una fractura comprometida, 
una hernia amenazadora, ¡qué conflictos para la fami- 
lia, que no ve en derredor sino el cielo y el descampado, 
y que aguarda la venida del doctor ó del sacerdote 
á media ó una legua de distancia! El mismo inconve- 
niente corre respecto de las relaciones con la autoridad 
local : acudir á sus llamamientos y citaciones para de- 
clarar ú otras diligencias, cuesta uno ó varios viajes; 
y si llega el caso de que el campesino necesite la in- 
tervención judicial, la alcanza con retraso perjudicia- 
lísimo y con notables daños. Mientras no haya en la 
sociedad los cambios, que hace probables el adelanto 
científico y económico y el crecimiento de la población, 
difícil será persuadir á las gentes, que así piensan y 



140 
obran, á que muden de opinión, deponiendo sus te- 
mores. 

Quizá se tenga por abultada la pintura que acabo 
de hacer, de aficiones y repugnancia , atribuyéndome 
la equivocación de que supongo mucha complicación 
de pensamientos en gentes que discurren poco, y ape- 
nas forman idea exacta de las cosas sencillas. El error, 
y error de marca, será de quien así lo crea: que con 
ser tanta la ignorancia de la muchedumbre, no alcanza 
á velarle lo que diariamente presencia, lo que de 
continuo esperimenta, lo que ha aprendido de sus 
mayores, lo que siente con el instinto, aunque no lo 
deduzca el raciocinio. Y si estúpidos fueran los labrie- 
gos y solo obraran maquinalmente, ¿quién puede des- 
conocer la fuerza inmensa que tiene en el mundo mo- 
ral la palanca sin hipomoclio, conocida con el nombre 
de dejadez, desidia, inacción, fuerza de inercia y re- 
sistencia pasiva? Dado el hecho indudable de la re- 
pugnancia de los labradores á dejar el pueblo por el 
campo, bastaría el hábito para que continuasen perti- 
naces; pero en el asunto de que se trata hay mas que 
instintos, hay esperiencia y doctrina trasmitida de fa- 
milia en familia, que, entre algunos engaños y exa- 
geraciones, cuenta algo y aun algos de razonable. 
Conviene ver el mal en su gravedad, para que se ha- 
gan esfuerzos proporcionados: preparémonos á reme- 
dios heroicos. 

En lo que es irracional, lamentable y funesta la 
falta de conocimientos de la clase agrícola , es en los 



141 

elementos mas esenciales del buen cultivo. No tiene 
conciencia de lo que vale un trabajo inteligente y asi- 
duo , ni ha llegado á adquirir convicción íntima de lo 
que significa estar de continuo sobre la totalidad de la 
hacienda, interrogándola sin cesar, vigilándola siem- 
pre, y acudiendo solícito, en cualquier contratiempo, 
á remediarlo ó contenerlo. ¿Cómo pedir este conven- 
cimiento y tal conducta á los que viven sin cuenta ni 
razón , mirando solo al momento presente , porque ca- 
recen del indispensable catalejo de la previsión? 
¿Cómo estrañar que la ignorancia de la verdad con- 
funda la codicia con la diligencia, el interés ciego con 
el celo discreto, la miseria con la economía, y que 
escatime el ochavo mientras deja de ganar la peseta? 
Forzoso es confesar que esta deplorable ignorancia, en 
parte vencible y en parte flaqueza irremediable de la 
mísera humanidad, tiene, entre otros, de poderoso 
auxiliar, el poco apego al trabajo, que caracteriza á 
los habitantes de climas meridionales, procedentes de 
razas todavía mas muelles, por la alta temperatura del 
suelo originario; pues aunque no sigamos á Ritter y á 
otros profundos alemanes, en mirar como necesaria- 
mente paralelas é inseparablemente atadas la natura- 
leza del suelo y las costumbres de sus moradores , en 
términos de esplicar la historia de los pueblos por su 
geografía física , ninguna duda cabe en la correlación 
de ambos elementos y en lo mucho que el uno sobre 
el otro influye. El hombre vive de lo que respira, 
le nutre y le impresiona. 



142 

raccionamien- De proposito he dejado para el último lusar el 

to escesivo. x ° 

grande estampido de mi pirotecnia rural ; un estorbo 
no enumerado seriamente por los escritores , y que hoy 
es, sin embargo, de mas trascendencia que los que 
hasta aquí absorbieron la atención; el obstáculo prín- 
cipe, el obstáculo de los obstáculos, el que juzgo mas 
importante en agricultura , y el que mas ha estorbado 
y seguirá impidiendo el crecimiento de la población 
rural. Aunque es físico en sus efectos, porque física- 
mente hace imposible la finca rural y la casería , lo he 
colocado entre los estorbos sociales, pues al fin y al 
cabo es obra del hombre , que la ciencia y las costum- 
bres pueden enmendar. Hablo de la división de la pro- 
piedad territorial como hoy se encuentra , pocas veces 
en pedazos convenientes, en algunos casos escesiva- 
mente acumulada, y por lo general subdividida y en- 
tremezclada de un modo pasmoso. Ningún escrito 
español, que yo sepa, se habia fijado hasta ahora en 
esta consideración. Muchos, casi todos, se han dolido 
de la acumulación, de la aglomeración, de la concen- 
tración, del monopolio, del estancamiento, ó de la 
amortización de la propiedad territorial. Su perjudicia- 
lísimo fraccionamiento y dispersión, ó no se conocían 
bien, ó se sentían débilmente y en silencio. Lo que en 
países estranjeros, y muy modernamente, se ha pen- 
sado en el asunto, pasó entre nosotros desapercibido, 
ya por los pocos que estaban al corriente de la espe- 
cialidad, ya porque la cuestión pareciese inaplicable á 
la agricultura española: pues si no han faltado esfuer- 



143 
zos para importar de alien del Pirineo cosas poco 
acomodadas á nuestras circunstancias, también se ha 
pecado por el otro estremo de creerlo todo inacomo- 
dable é inconveniente. 

Sería tarea larga y embarazos i bosquejar el labe- 
rinto territorial producido por tan inconsiderado frac- 
cionamiento, y el boceto al menos es necesario, para 
que puedan fijarse en este asunto hombres de ciencia 
de negocios y de gobierno, que abrumados en otros 
estudios y tareas, no han podido imaginarse que habia 
en la sociedad, que analizan, una calamidad tan honda 
y silenciosa. Hacia ella les pido su atención, con todo 
el fervor del patriotismo, con convicción completa, y 
alzando la voz cuanto puedo para que , desde el rincón 
en que hablo, llegue persuasivo mi acento á las mas 
elevadas regiones del saber y del poder. Generalizado 
que sea su profundo conocimiento, no han de faltar bo- 
cinas sonoras y penetrantes que pidan remedio al mal. 

En la pequenez, en lo raro de las formas, en la Irregularidad 
irregularidad de las situaciones, y en la multiplicidad 
de circunstancias de las suertes cultivadas, hay tanto 
que observar, que se ha necesitado un calepino para 
espresarlo. Un cañamar de dos áreas todavía se ha par- 
tido en tablares, y estos en eras; de una serna de dos 
hectáreas se han hecho cuatro tranzones contrapuestos 
en veleta, que se subdividen en amelgas, y que están 
condenados á doble disminución por igual número de 
coherederos: en cada vallejuelo se han abierto rozas 
exiguas, aprovechando la rambla y los dos estribos de 



144 

las faldas, que, semejando una albarda al revés , ter- 
minan en un festoneado correspondiente á las sinuosi- 
dades de la cañadilla : hay postura de vides y hoces de 
viña , que han llegado á despedazarse en fracciones de 
diez y doce cepas; garrotal de seis tocones, y corro de 
olivos que no pasa de tres plantas. A la pieza que se 
aproxima á cuadrada se la llama cuartón; longuera, si es 
cuadrilonga; si mas estrecha, lista; si todavía mas an- 
gosta, escapulario; si estrechísima y larga, longaniza. 
Cuando afecta á la figura triangular, se dijo tocador, y 
hoy pañuelo; las rochas, novales arrompidos, en espía- 
nadas y rehoyas, toman los nombres de manga, escuadra 
y calzones, ú otros análogos á sus formas; si está á tras- 
mano y es de ínfima calidad, se titula perrochero; y 
cuando es un cacho de ladera pendientísimo y como 
colgado en pared, se apellida estampa. Y es lo peor, que 
mal tan grave se acrecienta de dia en dia con nuevas 
particiones y herencias , cual si de la madre tierra se 
quisiera hacer la demostración de la infinita divisibili- 
dad de la materia , que nos vienen anunciando los ti- 
radores de oro, y es la alucinación hahnemanniana. 
Número No es declamar ni ponderar lo que acabo de ex- 

de parcelas. 

poner: el dia que se tenga la parcelación del territorio 
(y este resultado bastaria á recomendarla), se verá que 
nada exagero. Hoy solo se conocen oficialmente se- 
senta y dos términos parcelados, y no de los que tienen 
suertes muy pequeñas, pues pertenecen los mas á Ca- 
taluña, donde no está tan fraccionado el terrazgo 
como en el interior y en el occidente de la Península; 



145 

y los pocos parcelados de la provincia de Madrid tam- 
poco pueden equipararse en pequenez al resto de las 
dos Castillas, y mucho menos á Galicia. 

La noticia de los 62 términos medidos la debo á 
la Dirección de operaciones topo gráfico-catastrales de 
la Junta general de Estadística, donde radican los pla- 
nos y trabajos hechos al efecto, ya por empresarios 
particulares, ya por las brigadas de la misma Junta. 
Su examen ofrece curiosísimos pormenores, á la par 
que tristes reflexiones, sobre la inconveniente división 
del suelo laborable ; pues resultan : 

1 .° Desigualdad monstruosa en la estension super- 
ficial de las parcelas, la mayor parte muy pequeñas. 

2.° Confusión y laberinto de suertes interpoladas, 
de unos mismos propietarios, dentro de cada pago. 

3.° Formas caprichosas, que no pudiera añadir el 
geómetra mas ideal y atraviliario; con ángulos y cur- 
vas entrantes y salientes, que dificultan la medida y 
la permanencia de lindes y mojones. 

Una copia del plano de muchas partidas, que ofus- 
can y ofenden la vista , bastada para poner de mani- 
fiesto y en relieve la desatentada división de que me 
lamento, y para que unieran sus clamores al mió 
cuantos saben comprender y sentir. 

Hé aquí el resumen que ofrecen estos datos, en 
corroboración de mis asertos. 



lo 



146 



PROVINCIAS. PUEBLOS. 



/San Martin de Torrellas. 

/ Gorvera . , 

' Gastellbisbal 

Rubí 

Papiol 

Santa Creu de Olorde.. . 

San Cugat del Valles... 

San Martin de Serda- 
ñola 

Ripollet 

Vacarisas 

RelliDas 

San Esteban de Castillar. 

Senmanat 

Poliña 

Palamolitas y Plegamans. 

Llisá de Munt 

/Canorellas. 

Barcelona./ Cardedeu 

\San Esteban de Palau- 

I tordera 

Santa María de Palau- 

J tordera 

JVallgorguina 

Olzinellas y Vilardell. . . 

Montnegre 

Ramiño de Foyás 

Tordera 

Palafolls 

Tiana 

Collsuspina 

San Martin Sascorts. . . . 

Prats de Llusanés 

San Pedro de Tarrasa. . 

San Acisclo de Vallalta . 

Malgrat 

iSitges 



Lérida. 



Albesa, 





PROMEDIO 


NÚMERO 


DE 




LA PARCELA. 


DE PARCELAS. 


- 




Áreas. 


791 


167 


768 


220 


1.163 


217 


1.477 


182 


476 


166 


677 


279 


1.745 


253 


401 


725 


405 


83 


923 


429 


245 


482 


1.134 


371 


1.167 


227 


336 


242 


407 


293 


486 


435 


389 


152 


805 


137 


647 


204 


854 


177 


481 


430 


315 


699 


120 


2.402 


66 


2.024 


1.465 


114 


823 


612 


351 


509 


106 


898 


52 


2.721 


171 


1.044 


2.980 


40 


1.098 


166 


1.082 


68 


613 


570 


[ 3.1 69 


114 



147 



PROVINCIAS. 



Baleares. 



PUEBLOS. 



Madrid . . . 



Pollenza 

Puebla (La). .. 

Campanet. . . . 

Establiments. . 

Soller 

Santañy 

Gostitx 

Lloseta 

Esporlas 

IBuger 

jSineut 

/Marratxi 

\ Sansellas . 

Fornalutx 

Santa Eugenia. 

Llubi 

Algaida 

Llummayor. . 

Campos 

Muro 

Alcudia 

Escorca 

Felanitx 

Porreras 

Inca 



Alto 



Garabanchel 

Chamartin 

Alameda (La). . . 
.Barajas. ....... 

Hortaleza 

Rejas 

.Coslada 

(Humera 

Valdemoro 

Vicálvaro 

Aravaca 

Ribas de Jarama. 



NUMERO 



DE PARCELAS. 



3.575 

4.047 

4.027 

446 

3.005 

6.818 

4.706 

500 

440 

930 

4.707 

4.690 

3.551 

903 

4.409 

4.944 

7.000 

4.500 

4.500 

3.500 

3.000 

4 00 

42.000 

6.000 

4.000 



4.420 
489 
279 

2.494 
808 
499 

4.099 
626 

2.763 

3.686 

468 

93 



PROMEDIO 
si 

LA PARCELA. 

Áreas. 



445 
429 
355 
360 
4 39 
233 
442 
254 

2.337 
84 
4 42 
318 
423 
218 
4 40 
465 
429 
744 
331 
483 
200 

44.246 
4 42 
4 44 
4 42 



487 
148 
469 
494 
102 
294 
224 
419 
224 
4.455 



148 

Nótese que en las inmediaciones de Madrid, donde 
se ha parcelado últimamente, existen vastas posesio- 
nes de la grandeza, de los capitalistas y de los labra- 
dores ricos, y se podrá calcular lo que sucederá en 
Castilla respecto á la pequenez de las suertes. 

A mi juicio, este fraccionamiento es la clave maes- 
tra para esplicar la falta de población rural y el atraso 
de la agricultura española; y por consiguiente creo que 
de la misma base debe partir cualquier plan bien en- 
tendido de fomento, so pena de ser tan estéril en re- 
sultados, como los hasta ahora promovidos. Se me 
disculpará, por tanto, que me detenga en este punto; 
que lo examine en todas las cuestiones del problema 
con que se roza, que son muchas; que lo analice bajo 
diferentes aspectos y en todos los tonos, por si logro 
llamar la atención de los hombres autorizados para 
plantear la reforma. Descenderé á pormenores, que 
parecerán minuciosidades; repetiré é insistiré dema- 
siado : sirva de escusa á mi insistencia la intuición pro- 
funda que me alienta, la fe viva que siento de que la 
escesiva subdivisión de la propiedad inmueble, tanto rús- 
tica como urbana, es la negación de todo progreso 
agrícola, la enfermedad que acaba con las fuerzas y 
Ja salud del cultivador, y el vicio nefando que cor- 
rompe las costumbres de las clases labradoras. El mal 
antiguo de la aglomeración de las tierras era infinita- 
mente menor, que el de su actual fraccionamiento: las 
grandes heredades pueden partirse; pero las diminutas 
y desperdigadas no se reúnen sino con esfuerzos coló- 



149 
sales y superando dificultades sin cuento. Una medida 
legislativa ha bastado para acabar en pocos años con 
la amortización de varios siglos: y no alcanzarán mu- 
chas leyes especiales, y el concurso de todas las fuer- 
zas del Estado, á que, en triple espacio de tiempo, se 
generalice en todas partes la finca rural del coto re- 
dondo. 

Lo primero que necesita el labrador es tierra que Ejemplo, 
labrar; tierra que esté a su alcance. Una sola esplota- 
cion no puede establecerse con heredades de provin- 
cias y pueblos distantes: el que así tiene repartidas sus 
fincas, ó ha de arrendar algunas, ó ha de fundar mas 
de una empresa agrícola. Los infinitos labradores que 
tienen desparramado el terrazgo por el término propio 
y las jurisdicciones aledañas, lo cultivan, es cierto; 
pero lo cultivan mal , con evidentes pérdidas é incon- 
venientes graves. El coto redondo habitado es única- 
mente el que puede manejarse bien, y con todas las 
ventajas para el productor, para el consumidor, para 
el comercio y para el Estado ; y á pesar de ser esto tan 
claro y tangible, el fraccionamiento de las heredades 
es tal, que hace imposible la construcción de casas de 
campo con el predio anejo. Para demostrar que esa 
imposibilidad es efectiva, y que entre por los ojos 
la evidencia , presentaré uno de los millares de casos 
que existen por do quiera. Está tomado de una villa 
de cuatrocientos vecinos de Castilla la Nueva ; y lejos 
de haber escogido una escepcion exagerada, protesto 
que dista tanto de serlo , que el labrador propuesto no 



150 
posee fincas en los pagos mas lejanos, ni las tiene de 
tan corta cabida como otros de sus convecinos. En el 
croquis, croquis adjunto se echará de ver, que el término juris- 
diccional á que me refiero se estiende todavía mas por 
el Norte y el Oeste, donde hay mucho cultivo. 

Aparece que ese labrador de par de muías maneja 
ciento diez fanegas de puño, equivalentes á veintisiete 
hectáreas, y que las tiene divididas en cincuenta y un 
pedazos discontinuos , que salen á cincuenta y tres 
áreas de superficie por término común. ¿Puede ima- 
ginarse siquiera que en esta hacienda se establezca casa 
de campo? ¿En cuál de las suertes se hará el edificio, 
que conserve en derredor espacio suficiente para la 
circulación de las personas y de los animales? ¿En qué 
pedazo se situará la familia, que no tenga los demás 
á distancias semejantes á las que los separan del pue- 
blo? ¿A qué fin dejar el domicilio querido y la buena 
compañía de deudos y amigos , si no mejora la posi- 
ción del cultivador respecto de sus hazas? ¿Quién ha 
de ser tan insensato que, en estas condiciones de ter- 
razgo disperso, quiera ni pueda sacar la población 
agrícola de los lugares en que mora, para llevarla á 
vivir en descampado? Pueshé aquí la dificultad mate- 
rial , el obstáculo superlativo , el estorbo supremo que 
importa remover : y si ello no es así , confieso que es- 
toy ciego ó infatuado; aunque tal vez sea mayor que 
la mia la ceguedad de aquellos que hablan, escriben 
y tratan formalmente de sacar al campo la población 
labradora de los pueblos, y nada piensan, dicen, ni 



Croquis de la parte del termino del pueblo 11 en que están diseminad as las 5/ suertes de tierra de tere labrador. Jilo de 1862, 




Escala de 3Z.0OO . 



151 
disponen , para formar fincas rurales de la gran masa 
de pequeñas suertes cultivadas. 

Introducid en nuestra labranza todos los aparatos 
y métodos de buen cultivo , que sanciona la ciencia 
esperimental; plantead leyes hipotecarias, de crédito 
territorial y bancos agrícolas sabiamente combinados; 
ilustrad cuanto es posible á los labriegos, y que amén 
de todo les vengan dos ó tres años seguidos de cose- 
chas abundantes : como las tierras continúen despeda- 
zadas, os anuncio que nada sólido y durable se habrá 
hecho en favor de la población rural. Es como si die- 
rais á un fabricante la máquina mas portentosa con las 
piezas separadas y sin que las pudiera armar; es como 
pretender que un general bata á un gran ejército ene- 
migo reunido , teniendo el suyo en pelotones sueltos, 
que no puede reunir ni mover. Y si os pareciesen 
poco adecuados los símiles, tomad otro bien apropiado: 
es como tener un escrito de doscientos folios encua- 
dernado hoja por hoja en doscientos volúmenes de 
obras diferentes, y cada una en distinta biblioteca: se 
puede lograr el leerlo yendo y viniendo de local en 
local, de sala en sala, y cogiendo y dejando los dos- 
cientos tomos ; pero comparad este trabajo con la fa- 
cilidad que ofrece la reunión del escrito en un solo li- 
bro, y tendréis una idea de las inconveniencias del 
fraccionamiento y de la utilidad del coto redondo. ¿Qué 
valen los estorbos físicos vencibles, ni los legales y 
económicos que se han mencionado, en comparación 
de este formidable obstáculo? Él solo basta para im- 



152 
pedir eternamente la población rural legítima, y de 
aquí la importancia suma de su remoción. Costoso, 
largo , dificilísimo ha de ser el superarlo ; mas no siendo 
de todo punto imposible, á ello deben encaminarse 
todos los esfuerzos, 
consecuencias. Y ya que he presentado el caso práctico del labra- 
dor con cincuenta y una suertes dispersas, veamos 
concretamente otras consecuencias perniciosas que le 
resultan. Estableciendo una derrota, la mas corta y 
ordenada que permite la topografía , para ir de tierra 
en tierra le es forzoso discurrir por un trayecto de 
casi cinco leguas y media, ó sean treinta kilómetros; 
pero como anda y desanda trozos de este camino todos 
los dias de trabajo , resulta que recorre al año una dis- 
tancia de trescientas leguas ; tarea y tiempo escusados 
para quien reside en coto-casería. Esa misma hacienda 
desparramada tiene ciento sesenta y cuatro lindes de 
pedazos ajenos , y veintiocho caminos y veredas que le 
tocan; medierías y contérminos que. fuerzan al roce de 
intereses con infinitos otros propietarios. Desarrollada 
en una línea toda la estension de las referidas lindes, 
arroja una longitud de diez y seis mil quinientos metros, 
por cuyas dilatadas fronteras puede recibir daños, 
usurpaciones, mezcla de semillas é interminables de- 
mandas. Dígase, en vista de estos datos ciertos, si cabe 
mayor calamidad en nuestra agricultura, y si hay nada 
semejable al mal de la subdivisión. Fallen los hombres 
desapasionados si yo estoy fuera de razón cuando afir- 
mo ahincadamente, que sin formar fincas rurales de 



Historia 



153 
las hazas pequeñas, no es posible el fomento de la po- 
blación agrícola, ni la perfección de la labranza. 

Para que este Aquiles del problema pueda resol- aéí "mai" 
verse mejor, conviene saber algo de su historia. ¿Cómo, 
cuándo y por qué causas ha llegado á ser tan diminuta 
la'clivision mas general de las heredades? Ya he dicho 
que tuvo gran parte en ella el deseo de contrariar la 
aglomeración anligua; que el legislador y la opinión 
saltaron de Scila á Caribdis ; y que al vender los bie- 
nes desamortizados y repartir muchos baldíos , propios 
y comunes, se ha perdido una escelente coyuntura de 
crear cotos redondos adecuados. Fuera de estas causas, 
la que mas de frente y sin intermisión ha conspirado 
á subdividir las tierras , y nos amenaza con nuevas 
secciones, es la. trasmisión ordinaria de la propiedad, 
y especialísimamente la que se efectúa por medio de la 
herencia. El derecho constituido no pone mas trabas 
al testador que en lo tocante á las legítimas de los he- 
rederos forzosos , tomando el caudal en conjunto: nada 
dispone respecto á indivisión de fincas rústicas y ur- 
banas sino vagamente, que tengan división cómoda las 
cosas que se partan. La conveniencia, la razón y el 
buen sentido están llamados á suplir el silencio de la 
ley; pero la razón y el buen sentido no imperan siem- 
pre, y la conveniencia es tan elástica, que la lleva 
donde quiere la fuerza de la pasión. Para un juez que 
ha comprendido y aplicado bien el espíritu de la ley 
y la positiva comodidad, ciento han abdicado su cri- 
terio en la voluntariedad de los interesados, dejándoles 



154 
partir una viga de lagar y los banquillos de una cama, 
ó las cuatro piernas de un olivo entre tres acreedores. 
Hay ocasiones, aunque pocas, en que coherederos pru- 
dentes no alcanzan otro modo de hacer sus partijas 
que dividiendo en pedazos la corta heredad que les 
dejó el finado; pero son infinitos los casos en que las 
tierras se dividen sin necesidad, por ignorancia crasa 
ó por mala fe de los interesados; muy pocos se prestan 
á compensaciones , conchabanzas y trueques : ¿por qué? 
Importa mucho saberlo. 
no se hacen Se niegan á arreglos, porque no están bien per- 
suadidos de las ventajas que trae el unificar la propie- 
dad. Desconfian de los arbitrajes humanos, porque su 
recelo les hace sospechar que siempre hay parcialidad 
ó embrollo, y prefieren el azar de la suerte. Quieren 
que todos los pedazos se partan , ya porque el interés 
ciego se los representa todos como mejores, ya porque 
la envidia les infunde el diabólico pensamiento de que 
nadie se lleve un entero , aunque todo se haga trizas, 
ya porque el odio los precipita en el abismo de some- 
terse á estar mal, con tal de que los demás no estén 
mejor. A los optimistas que juzguen de otra manera 
mas favorable estos hechos , los invito á que hagan la 
estadística de la generalidad de las particiones, á que 
estudien la crónica reservada de las testamentarías de 
los pueblos, y entonces discutiremos. Por ahora me 
limito á consignar, que así las casas como las tierras se 
dividen de una en otra sucesión hasta lo infinito, ha- 
ciendo de miserables viviendas pocilgas insalubres, y 



155 
de las pequeñas hazas trozos inaprovechables : males 
de que toda persona racional se lamenta , y que los 
mismos actores no pueden defender ; pero males que 
se multiplican un dia y otro dia á vista de la autori- 
dad, que se encoge de hombros , y de la ley, que pa- 
rece muda. No se concibe que se piense en favorecer 
con otros beneficios secundarios á quien se deja sin 
aire que respirar, y sin teatro acomodado en que ejer- 
citarse : parece tan ridículo como ocuparse de arreglar 
la cabellera y componer los vestidos de una pobre 
náufraga, en vez de sacarla del abismo. 

Existen propietarios discretos, gentes de claro 
entendimiento, que quisieran reunir tierras, compran- 
do ó cambiando á toda costa; mas para uno que lo 
consigue, muchos no lo logran, ni aun ofreciendo el 
valor doblado. Al que le parezcan increibles estas ase- 
veraciones de quien no sabe mentir, que escudriñe 
con atención lo que en este asunto pasa en cualquier 
lugar de Castilla, y de seguro hallará: 1.° testamen- 
tarías sin terminar años y años, por no poderse ave- 
nir los herederos sobre la adjudicación de las fincas; 
2.° tierras y casas yermas, por ser imposible aprove- 
charlas, en la manera menguada que se han partido; 
3.° propietarios tan apasionados, que se niegan obsti- 
nadamente á la permuta ventajosa, que les propone el 
asurcano, y que hacen á seguida el contrato con otro 
distante por menos precio; 4.° terrateniente que posee 
una estrecha suerte, enclavada dentro de otra grande 
de un convecino, y prefiere servirse de ella con poco 



156 
provecho y con mil dificultades, á venderla ó permu- 
tarla al circundante, que le brinda con mayor canti- 
dad, en dinero ó en tierras. Al oir esta terca negativa, 
se viene á la memoria la causa célebre de Pitaval, 
entre el rico orgulloso y el pobre soberbio, en que tan 
sabiamente se castiga la vanidad del uno y la obsti- 
nación del otro. Entonces, como ahora, la impasibi- 
lidad de la ley sabia debió y debe corregir los abusos 
del derecho de propiedad, como enfrena al volunta- 
rioso que quiere malversar sus bienes, como pone una 
mordaza al que convierte el don divino de la palabra 
en blasfemias impías, como sujeta al loco con una 
camisa de fuerza, y como se opone al pretendido de- 
recho del suicida. 

Y véase que los obstáculos morales de esta sección 
son los mas dificiles de vencer, por que se fundan 
en doctrinas erróneas, que halagan el amor propio, en 
derechos mal comprendidos y exagerados, en no tra- 
zar como conviene la línea que marca los deberes del 
hombre social, y donde comienza el abuso de sus fa- 
cultades individuales, que por mas que se digan inna- 
tas y legítimas, no deben ser absolutas, despóticas, 
tiránicas, sino contenidas dentro del justo límite, que 
individualismo. i es p 0ne la educación discreta y la sociedad bien or- 
denada. Han existido y existen escuelas filosóficas, 
que con copia de argumentos sostuvieron y sostienen 
los derechos inalienables del individuo , defendiendo 
que le son tan connaturales y necesarios como el 
respirar y el comer. Sin negar la teoría de la doctrina 



157 
abstracta, ni los nobles propósitos de sus apóstoles, 
hay que venir á confesar que en la práctica es irreali- 
zable, imposible y hasta absurdo el intento indivi- 
dualista , mientras que el hombre viva en compañía 
de sus semejantes, ínterin haya relaciones mutuas de 
farnilia, de pueblo ó de nación. En vez de empeñar- 
me en una disputa, que no es de este lugar, y que 
vienen manteniendo con ventaja talentos privilegia- 
dos y célebres estadistas, me limitaré á recordar un 
hecho, que quizá aventaje á los mas sólidos racioci- 
nios. Desde que la historia nos trasmite los actos del 
hombre v los sucesos del mundo, revela dos cosas: 
que la tesis del individualismo es tan antigua como la 
ciencia; y que de hecho jamas ha existido permanente- 
mente en sociedad alguna. Tan ¡rolo entre indios 
errantes cabe practicar esa utopia, que se desvanece 
en cuanto se reúnen en tribu, y que es inconciliable 
con una asociación política. Y no se me arguya, que 
la moderna civilización ha hecho adelantos pasmosos, 
nunca alcanzados por las generaciones de cincuenta 
siglos. Los inventos casi divinos, que- tanto escitan 
nuestra admiración y nuestro interés, se fundan todos, 
absolutamente todos, en los progresos de las ciencias 
exactas y naturales; que en lo moral, no hemos aña- 
dido un axioma á los que supo la filosofía antigua, ga- 
nando alguna línea en tal ó cual sentido, y dejando 
rezagadas otras que la compensan en la justa balanza 
del bien y del mal. Las virtudes y los vicios de la 
iumanidad, ni crecen, ni menguan: únicamente varían 



158 
de formas, como el traje y la materia. Contra estos 
inconvenientes hay que luchar por cuantos medios 
racionales se discurran, si se ha de asentar la piedra 
angular en que descanse sólido el edificio de la po- 
blación rural. Veamos como. 



159 



MEDIOS DE FOMENTAR 



la población rural 



Así la legislación agraria, como el interés bien 
comprendido de los labradores, pueden dirigirse al 
fin de acrecentar las utilidades, ya propagando el Cul ^ntenso enso 
cultivo, ya perfeccionándolo, sin ampliarlo. El primer 
sistema, conocido con el nombre de cultivo estensivo, era 
natural que prevaleciese cuando no se labraba lo bas- 
tante para cubrir en el país las necesidades del con- 
sumo, y sobraban tierras buenas y descansadas para 
producir cereales y otros frutos. Hoy, que se coge en 
España trigo, vino y aceite para esportar, y que casi 
todo se ha roturado, la continuación del sistema es- 
tensivo, como regla general, es una aberración, un 
mal grave, que solo puede esplicarse por la ignorancia 
rutinaria de nuestros labriegos, por esa fiebre de apa- 
ñar, tan parecida á la de los jugadores de la lotería. 
Tiempo vendrá en que, duplicada la población y per- 
feccionada la labranza, volvamos á estenderla otra vez; 
por ahora lo que mas conviene es el cultivo intensivo ó 



160 

de perfección, y á plantearlo deben encaminarse los 
esfuerzos. Quede el cultivo en grande para esas ma- 
nufacturas agrícolas que exigen maquinaria y capital 
crecidos; lo usual, lo acomodado á la generalidad de 
los labradores, ni es, ni puede ser eso, ni conviene 
que lo sea. 

Cabe que se empleen al efecto medios directos é in- 
directos: aquellos son mas racionales, fundados en las 
deducciones científicas, de efectos mas prontos y se- 
guros, palanca mas poderosa: estos otros son una cuña 
lenta, pero chocan menos con las costumbres arraiga- 
das, y se aceptan mejor, por el innato apego del 
hombre á lo conocido y existente; que la otra ten- 
dencia connatural de la criatura á descubrir, á inven- 
tar y perfeccionar suele estar reservada á cierto nú- 
mero de almas escogidas; no es el patrimonio moral 
de la muchedumbre. Reformas hay que se han ejecu- 
tado de un golpe, que solo en momentos críticos pue- 
den realizarse, por una voluntad de hierro que los 
aprovecha mas lo común es preferir las reformas 
paulatinas, que se van insinuando sin herir, que se 
sazonan tranquilas, y que llegan á madurez sin perder 
la flor virginal. A esta opinión he debido acomodarme 
en lo principal, por mas que me duela la prolonga- 
ción de un daño, que siento en toda su perniciosa 
magnitud, 
crear pnebios. De dos maneras puede establecerse en los campos 
la población labradora: fundando lugares y colonias 
en los puntos desiertos mas distantes, sea con gentes 



161 
venidas del estranjero , sea con españoles de otras 
provincias; ó creando labranzas en los términos de los 
pueblos, á donde trasladen su domicilio los labra- 
dores que en poblado habitan. Aquel medio tiende 
á aumentar los lugares y á estender el laboreo, mien- 
tras que el segundo se contrae á distribuir mejor la 
población agrícola existente, facilitando la perfección 
del cultivo. Desde el último tercio del siglo anterior 
se viene protegiendo los establecimientos coloniales, 
con bien escasos resultados: á los dos años de la 
pragmática que estableció las Nuevas Poblaciones de 
Sierra-Morena, leemos ya una Real cédula encargando 
á las justicias, bajo fuertes penas, la detención y en- 
trega de los colonos que se fugaban. ¡Cuánto dice este 
hecho contra la colonia, contra los colonizadores ó 
contra los colonos! No negaré que aun pueda insistirse 
en este sistema, aspirando á establecer algunos cen- 
tros de población en ciertos sitios muy apartados: 
pero las colonias como plan general están hoy conde- 
nadas científica y esperimen taimen te, porque no sa- 
tisfacen el objeto de la mejora del cultivo en toda la 
estension de nuestras zonas agrícolas. Solamente en 
propiedades estensas cabe la colonia, aunque se limite 
á cinco casas, cual se proponía en el dictamen de la 
comisión del último Congreso; y las grandes heredades 
son las menos, y en marcadas provincias, como se 
reconoce á poco que se pare la atención en los ami- 
llaramientos territoriales. De los datos oficiales pu- 
blicados resulta que en \ 858 se reducían á mil ocho- 

11 



162 
cientas sesenta las cuotas de ocho mil reales arriba, 
que se pagaban en España por inmuebles, distri- 
buidas así : 



En las ocho provincias de Andalucía \ ,C01 

En las dos de Estremadura 4 82 

En la de Madrid 26o' 

\ 1,860 
En las dos de Toledo y Ciudad-Real 1 48 [ ' 

En la de Murcia 16 

Y en las otras 35 provincias , 208 



Los mas de estos grandes contribuyentes cuentan 
fincas diversas , y en distantes términos ; por donde 
se puede colegir que , descartando á Madrid por su 
riqueza urbana considerable, solo á trece provincias 
de la banda meridional alcanzarla el beneficio de la 
colonización de cinco casas arriba, supuesto que en 
las demás de la monarquía no llegan á seis las cuotas 
altas por cada provincia. De aquí que con razón se 
impugne la idea de este género especial de colonias, 
como limitada á favorecer á unos pocos terratenientes 
ricos, debiendo estar la población rural al alcance de 
menores fortunas agrícolas y de todos los pueblos del 
territorio. Además, aunque se trajese alguna colonia 
délos mas entendidos cultivadores ingleses, alemanes 
ó belgas, apenas hadamos otro bien á la agricultura 
que añadir una escuela práctica en el punto de su es- 
tablecimiento ; mientras que sembrando de casas de 
labor los términos de los pueblos, y formando fincas 



163 
rurales , habremos dado el paso mas gigantesco hacia 
el perfeccionamiento de la industria agrícola , y por 
consiguiente hacia la mayor y mas barata producción 
de buenos granos, semillas y caldos. Esta, esta es la coto redondo, 
población rural verdadera : la casería con su terrazgo, 
ó el coto redondo acasarado. Adopto estas voces de pre- 
ferencia , porque son castizas de pura raza , y todo lo 
significativas que puede apetecerse. Casería se dijo siem- 
pre á una casa aislada de labor, y además es el nom- 
bre que tienen las de las heredades vascongadas, tipo 
de la finca rural que existe entre nosotros , por mas 
que se le acerquen las de la banda oriental de Astu- 
rias y de alguna otra reducida comarca. Goto redondo 
espresa una posesión cerrada ó acotada , que esclusi- 
vamente aprovecha su dueño, sin estension determi- 
nada hasta ahora , que por lo mismo podemos fijar en 
lo que se señale en cada localidad como terrazgo de 
un labrador. El plan es vasto, lento, dificilísimo, por- 
que requiere el concurso de muchas voluntades , por- 
que ha menester que se modifiquen ideas arraigadas, 
y porque curar una enfermedad crónica , que cuenta 
siglos de existencia , solo puede ser obra del tiempo, 
aprovechado con inteligencia y perseverancia. No me 
formo castillos en el aire; pues al paso que comprendo 
que el remedio es cierto y eficaz, reconozco cuánto hay 
que luchar con el mal , con el enfermo y con Jos asis- 
tentes, hasta que pueda darse la fe de sanidad. 

Los medios de mejoramiento, unos son peculiares 
del poder supremo y sus delegados, otros propios de 



164 
asociaciones sabias y empresas de crédito, y en todos 
pueden tener mucha parte los particulares entendidos 
y amantes del país, reflejándose en un foco común 
las luces de todos : que en los proyectos colosales me- 
nester es que los elementos de acción se aunen con- 
certadamente, si ha de triunfarse de resistencias pe- 
trificadas. De poco serviría que el legislador acordase 
medidas apropiadas , si la opinión no estaba preparada 
á recibirlas , y si los cuerpos y los individuos influyen- 
tes no concurriesen , cada uno con su óbolo, al acervo 
común. Aquí es donde ministros, senadores, diputa- 
dos, profesores y periodistas pueden verse unidos, ar- 
diendo en celo patrio y despojados de los arneses con 
que los partidos pelean en el estadio de la política: la 
población rural no tiene otros colores que los de la 
bandera española (1 ). 

Contra los obstáculos físicos superables, todas las 
mejoras aprovechan, de cualquiera clase que ellas sean: 
todas ayudarán á aumentar el interés y el trabajo del 
hombre, dándole mayor inteligencia en el arte del 
cultivo. Existen, sin embargo, tres estorbos especia- 
les, en que conviene se fije la atención del Gobierno 
y de las empresas : falta de población , escasez de 
aguas, carencia de comunicaciones interiores. Nuestra 
población es reducida respecto al grande ámbito de la 



(1) Al leer los generales aplausos que la prensa de diferentes co- 
lores y escuelas ha tributado á la Memoria, se verá cuan acertada- 
mente interpreté sus sentimientos patrióticos. 



165 
Península, del terreno laborable y aun del terrazgo 
cultivado; y sin duda puede aumentarse, fuera del 
movimiento natural , atrayendo á los estranjeros que 
en su país ganan poco, ó no se hallan satisfechos, con 
la esperanza de lo que aquí pueden medrar, si vienen 
á esta región menos esplotada , ganosos de emplear 
su saber, su habilidad, sus capitales ó su trabajo ma- 
terial. Guando el trasladarse de una nación á otra es- 
taba reservado á los embajadores y correos de gabi- 
nete ; cuando el emigrar asustaba á todo el mundo, y 
se designaba con el terrorífico nombre del ostracismo 
griego; y cuando el conocimiento de las costumbres y 
de las producciones estrañas era un misterio confiado 
á algunos sacerdotes de la ciencia , nada tiene de es- 
traño que se estudiasen los medios de traer estranje- 
ros, enganchados por hábiles reclutadores, que les 
hacían encarecidas promesas. En la actualidad, que 
se viaja al vapor, que emigra voluntaria gente de to- 
dos los países en busca del oro de Californias, de la 
Australia, y de cualquier ganancia, y que el último 
artesano concurre á esposiciones universales de cuanto 
produce la tierra y la inteligencia humana , ese estudio 
es completamente inútil : con haber abierto las puer- 
tas de todas las fronteras de par en par, y facilitado 
el movimiento con las vias férreas y los hilos eléctri- 
cos, está hecho lo principal. Lo único que nos resta 
es abordar de frente la cuestión arancelaria, ya tan 
madura, que llegará á podrirse, si no se la resuelve; 
fortalecer las seguridades de que los estranjeros no 



Aguas. 



166 
serán molestados en sus industrias, ni en sus perso- 
nas, ni en el hogar doméstico, sean ó no católicos, 
siempre que no contravengan á las leyes del país, que 
los recibe como hijos ; y proceder siempre con la leal- 
tad y buena fe de probos españoles , que no se dejan 
engañar, y que tampoco engañan. Mucho se han rectifi- 
cado las ideas de los de fuera en presencia de la tole- 
rancia y buen hospedaje con que recibimos á los pocos 
que acuden ; pero todavía conviene reforzar esta se- 
guridad por cuantos medios legales sean imaginables. 
En vez de las antiguas colonias, casi forzadas , de gen- 
tes mal escogidas , viciosas ó relajadas , habrá un in- 
greso continuado y espontáneo de estranjeros, que nos 
traerán luces, industrias y cosas nuevas; que al punto 
á que han llegado las relaciones, las razas europeas 
han de cruzarse de modo, que lleguen á ser una sola 
familia para la ciencia y para la producción. 

La falta de aguas potables y de riego que hay en 
muchos distritos, puede vencerse en bastantes, gracias 
á los progresos científicos. El Gobierno por un lado y 
las empresas de capitalistas por otro, deberían acome- 
ter con empeño y en grande escala el aprovechamiento 
de los rios y arroyos , por los conocidos medios de 
canalizar, hacer acequias y encauzamientos : igual co- 
nato es menester para alumbrar aguas latentes que 
fertilicen las tierras ; y con mayor esfuerzo deberían 
consagrarse á generalizar en nuestras provincias el 
sondeo de pozos artesianos, que en otros países áridos 
están convirtiendo en vergeles los puros arenales. La 



167 
Administración concediendo subvenciones, y las socie- 
dades estableciendo cuadrillas de operarios que, con 
las barrenas y demás utensilios, recorriesen el terri- 
torio en todas direcciones , harían dos servicios inmen- 
sos; apagar la sed y la sequía en muchos puntos, y 
estudiar mejor la constitución geológica de España. 
¿No es un dolor, que invento tan precioso se haya en- 
sayado únicamente en Madrid y en alguna otra capi- 
tal? Mil veces he echado de menos esta medida sal- 
vadora, que no está reñida con las plegarias, que 
anualmente se dirigen al Altísimo pidiendo lluvia con- 
gruente: á Dios rogando y con el mazo dando. En un 
tiempo en que se han organizado compañías para todo 
género de empresas, aun las mas locas, ¿sería tan di- 
fícil crear una que, con el auxilio del Tesoro, ofreciese 
sus barrenas á los ayuntamientos y á los particulares 
de las provincias, conforme á una tarifa de perforación, 
basada en la calidad de los terrenos y en las profun- 
didades? Cabalmente las comarcas mas áridas y las 
estepas suelen tener subsuelo impermeable, que hace 
esperar se encuentren los depósitos subterráneos de 
agua, que en la corte no se hallaron. La escuela eco- 
nomista moderna dirá, que toda subvención es una 
esaccion hecha al contribuyente en beneficio de per- 
sonas determinadas; mientras que otros seguiremos 
creyendo que es el bien público el que reclama estos 
estímulos, y que es en provecho de la sociedad entera 
el fruto obtenido. Eterno ha sido y será el principio 
de premiar la virtud y el mérito y de castigar el vicio; 



168 
no por consideración á los individuos agraciados ó pe- 
nados, sino mirando al pro comunal, 
comunicaciones. Los caminos son á la agricultura lo que el motor á 
la mecánica: el motor no es la máquina, pero él es 
quien la pone en movimiento. Para remediar la falta 
de comunicaciones sobran reglas y proyectos : el asunto 
es demasiado conocido , y lo que se necesita son re- 
cursos, y casi tanto como recursos, fuerza de volun- 
tad. Esa fuerza la da el convencimiento íntimo de la 
importancia del objeto, y con él y con ella se buscan 
medios donde quiera que existan, ó se crean prodi- 
giosamente. Francia está concluyendo su inmensa red 
de caminos vecinales, que sobre dar vida á los últimos 
rincones del imperio, ha ganado todavía terrenos para 
la agricultura, por efecto de la alineación y de un an- 
cho uniforme. Nosotros apenas hemos hecho en este 
último tramo de la escala caminera mas que hablar, 
escribir, y crear directores de los caminos que se han 
de estudiar y construir. Si las autoridades recorriesen 
anualmente las provincias de su mando, para lo cual 
convienen demarcaciones reducidas y no grandes pro- 
vincias, verian por sí mismas lo poco que se hace , lo 
mucho que se pudiera hacer, y cómo en esos detesta- 
bles atolladeros, precipicios y barrancales, se pierde 
mas terreno, mas frutos y mas intereses en pocos años, 
que lo que importarla la construcción. del arrecife: 
vayan dos hechos en prueba. Los cientos de leguas que 
ocupan las cañadas de la ganadería trashumante pri- 
van al cultivo de cuatro mil doscientas hectáreas por 



169 
cada centena. En la Mancha he visto mas de una vez 
á los acarreadores de mieses llenar los baches con ha- 
ces de trigo candeal, de lo que llevan en sus galeras, 
y dejarlos en el hoyo en lugar de espuertas de tierra. 
De plata pudieran hacerse algunos trozos con lo que 
han costado y cuestan sin hacer. Algún raro ejemplo 
de un alcalde celoso en su municipio está proclamando 
en alta voz lo que puede el querer, los recursos que 
encuentra y desplega una volición discreta y enér- 
gica. 

De los obstáculos legales apuntados, sean de co- 
misión ó por error de lo prescrito, sean de omisión 
por haber dejado de mandar lo conveniente, es mas 
fácil deshacerse. Con ordenar que la venta de los bie- 
nes nacionales, que restan, se haga dividiendo ó re- 
uniendo las tierras de manera, que formen cotos pro- 
porcionados á lo que en cada distrito necesita una 
familia labradora, y con disponer que, en lugar de am- 
pliarse la escepcion de terrenos comunales, se repartan 
ó se vendan todos en proporciones convenientes, es- 
tana hecho lo mas esencial. En la contribución de 
inmuebles deberia desaparecer también el beneficio 
del doce por ciento prefijado como máximum á los ha- 
cendados forasteros y á los que tienen arrendados sus 
bienes, igualándolos á los demás contribuyentes. Asi- 
mismo deberían cesar las preferencias que aun man- 
tiene la ganadería en grande, esos cordeles de quince 
varas de latitud y esas cañadas de noventa varas, trece 
veces mas anchas que las carreteras de primer orden. 



División 
territorial. 



170 

Finalmente, deberían cesar ó nivelarse, por regla ge- 
neral, todas las ventajas que tienen ramos especiales 
en daño de los demás, sin perjuicio de las peculiares 
medidas que exija la índole particular de algunos. Del 
medio legal por escelencia , que armonice y concierte 
el mayor número de ideas de fomento, hablaré al final 
de este capítulo. 

Económicamente, apenas se necesita remover otro 
embarazo que el de la falta de capitales : el coste y los 
sobreprecios vendrán á su natural equilibrio, á me- 
dida que los campos se vayan poblando. Para procu- 
rar fondos á la clase labradora basta recurrir al cono- 
cido medio de los bancos agrícolas, hipotecarios y de 
descuento, de las cajas de ahorros, de préstamos y de 
seguros, asunto ensayado con buen éxito, y en que 
solo habrá que hacer dos cosas: generalizarlos en to- 
das las provincias, y si es posible por partidos judi- 
ciales, para que el labrador halle con facilidad fondos, 
á un rédito moderado, donde asegurar sus capitales ó 
situar sus ahorros; y refundir en estos bancos los res- 
tos existentes de los pósitos , único modo de que no 
acaben de perderse. Así recibirán un golpe mortal los 
usureros de baja estofa , y se evitará la mala admi- 
nistración del antiguo caudal de labradores: para 
montar bien los nuevos bancos no hay sino copiar 
buenos modelos, acomodándolos á nuestra situación. 

Remediar los males provenientes del estado social 
es obra de romanos , que pide muchas medidas simul- 
táneas y bien enlazadas. Lo primero, deberia ejecutarse 



171 

una división municipal acertada, con los necesarios 
distritos pedáneos, á fin de que todos los pagos tu- 
viesen cerca la autoridad local, y ésta facilidad de 
velar y proteger á los moradores. Igualmente deberia 
hacerse, hermanada con la concejil, la división parro- 
quial, tantos años há anunciada, con las convenientes 
feligresías rurales y las ayudas, filiales y anejos, com- 
binados de manera que á los fieles del campo les fuese 
cómodo asistir al templo, y á los curas y coadjutores 
la administración de Sacramentos, visita á los feli- 
greses y asistencia á los enfermos. También habría que 
relacionar con estas divisiones el establecimiento de 
escuelas gratuitas de primera enseñanza para uno y 
otro sexo, y el de partidos de medicina, cirugía y far- 
macia, en términos que desde todos los puntos pu- 
diera obtenerse sin molestia la educación primaria y 
la asistencia facultativa, para que en las caserías no se 
careciese de cosas tan indispensables, cesando así la 
repugnancia que en esta parte tienen las gentes a vivir 
en el campo. 

Respecto á la seguridad de las personas, de los 
animales y demás bienes, se hace indispensable por 
de pronto el establecimiento de una guardia rural, 
regimentada á semejanza de la guardia civil, ó am- 
pliando esta en la forma mas adecuada al servicio que 
tiene que llenar. La idea de guardia rural ha llegado 
á ser un sentimiento general de cuantos tienen su for- 
tuna á la inclemencia, como lo persuaden el parecer 
del Consejo de Agricultura de 26 de Setiembre de 1 860, 



Caardia rural. 



172 
las repetidas instancias de Diputaciones provinciales y 
Sociedades económicas , los ensayos hechos en Toledo, 
Guadalajara y otros gobiernos civiles, y las respuestas 
unánimes dadas de todos los puntos á la comisión es- 
pecial del Congreso de los Diputados. Mi opinión es, 
que no puede crearse institución alguna para guardar 
los campos , capaz de llenar su objeto tan cumplida- 
mente, como lo harían los mismos labradores estable- 
cidos en sus caserías, mas interesados que nadie, mas 
celosos de su propiedad , y de vista mas perspicaz para 
descubrir los daños y los dañadores; pero mientras 
llega la erección de suficiente número de casas de la- 
bor, que se alcancen unas á otras, ¿cómo prescindir de 
la urgencia del remedio, aunque sea por via de inte- 
rinidad? Que la guardia dependa de los ayuntamientos 
ó de los alcaldes de los pueblos, es un deseo que puede 
justificar el temor á la preponderancia militar; mas que 
lo contradice la esperiencia de todos los tiempos y 
el convencimiento de lo que es y no puede menos de 
ser la administración municipal. Acaso al organizar la 
guardia campestre, por que todos claman, se pueda 
dirijir la mira á que esta fuerza se vaya convirtiendo 
en población rural agricultora. Entre los varios medios 
que pueden adoptarse al intento, ocurre el de conceder 
á los guardas rurales que se distingan, como premio 
de buenos servicios, un terreno coto, elegido en sitio 
conveniente, que le constituyese á la vez cultivador y 
guarda. Las casas que habrán de edificarse para al- 
bergue y punto de reunión de las parejas, se irán con- 



173 
virtiendo en caserías de guardas labradores: estímulo 
poderosísimo, á que daria doble fuerza la pena de per- 
der la concesión y la plaza en caso de faltas graves, y 
el premio de la perpetuidad si el mérito fuese perse- 
verante. Bien diferentes serian estos guardas de los 
que hoy se conocen tan desventajosamente, pues 
mientras los actuales apenas sirven para otra cosa que 
para cobrar el salario y concertarse con los dañadores, 
aquellos verian, en el fiel desempeño de su deber, 
asegurada su suerte y la de su familia. De esta manera 
se llegaría mas ó menos pronto á que hubiese suficiente 
número de caserías esparcidas por toda la área del 
término municipal , y entonces ya será innecesario el 
cuidado de la Administración : bastará con el que ponga 
en juego una falange de propietarios cultivadores, que 
ocupará el campo con sus cercanas viviendas, como si 
se ocupase militarmente. ¿Y qué soldado se bate con 
el denuedo del que defiende su fortuna, el pan de su 
su mujer y de sus hijos? 

Medio muy eficaz de introducir los buenos meto- escuelas, 
dos agrícolas y los adelantos aplicables á cada locali- 
dad, seria establecer en todas las provincias, y en 
puntos bien elegidos, escuelas prácticas de agricultura; 
pero cuidando mucho de que la enseñanza teórica y 
práctica fuese acomodada á las condiciones de cada 
territorio. El fin de estas escuelas debería ser formar 
capataces y mayorales entendidos, no profesores de 
conocimientos sublimes, y por lo tanto debería ense- 
ñarse en ellas la agricultura necesaria , en lugar del 



Cartillas 



174 

lujo de la agricultura. Esto debiera quedar para las 
escuelas-modelos y centrales donde se educase el pro- 
fesorado, porque á la generalidad de los labradores 
le bastan los elementos sólidos y de continua aplica- 
ción. Entre las asignaturas, convendría dedicar una á 
hacer evidentes las ventajas de la población rural 
propiamente dicha, demostrando la preferencia que 
tiene en agricultura la casería aislada ó el coto redon- 
do acasarado, considerados bajo todos los aspectos del 
interés material, económico, higiénico y moral. Y así 
como en las carreras de caminos, minas y montes, á 
los que las concluyen con aprovechamiento se les ase- 
gura una posición, los alumnos aprobados de las es- 
cuelas agrícolas provinciales deberían hallarla en las 
dependencias del Gobierno y de las provincias, sin 
perjuicio de la preferencia con que los solicitasen 
los propietarios para sus labranzas y grandes cul- 
tivos. 

Lo mismo la Dirección de Instrucción pública, que 
la de Agricultura y las Sociedades y Academias, de- 
berían favorecer la publicación y circulación barata 
y numerosa de los escritos, en que clara y sucinta- 
mente se evidenciaran las escelencias de la población 
agrícola, establecida en caserías-cotos, y la conve- 
niencia de formar fincas rurales, reuniendo las peque- 
ñas suertes por medio de compras y trueques, aun- 
que fuese perdiendo en la apariencia. Sobre estos 
temas deberían escribirse cartillas, historietas y vela- 
das, que profusamente circularan por las escuelas 



175 

primarias y secundarias, por las casas de los labrado- 
res y por todas partes; sin olvidar, que la instrucción 
primaria es poca cosa, si no la acompañan otras tres: 
concurrencia de los niños, práctica posterior de la 
lectura, y medios eficaces de propaganda. Son muchos 
los que desean, y yo con ellos, que la asistencia de 
los niños á las escuelas gratuitas sea obligatoria de 
veras. ¿Y de qué sirve aprender á leer, si luego se 
olvida por falta de libros en que continuar ejercitán- 
dose? Cuantos con destreza y tesón difunden doctrinas 
y objetos útiles, consiguen hacerlos vulgares: no falta 
en casa alguna la estampa y el romance, por el cui- 
dado perseverante del clero en propagar la devoción, 
y porque los desdichados ciegos no dejan rincón del 
reino donde no canten á grito pelado sus mas desdi- 
chadas coplas. Pues pongamos igual y mayor empeño 
en esparcir gratis las cartillas rurales, hasta que lle- 
guen á despacharse en los estancos y toldos como el 
papel y los fósforos. A mas de lo que pudieran servir 
para la publicidad los Boletines oficiales, los periodistas 
hadan un escelente uso de su misión civilizadora, 
destinando una breve sección de sus diarios, no á la 
agricultura en general, sino á inculcar incesantemente 
la conveniencia de crear cotos redondos y caserías, 
para establecer la población agrícola sobre el 
terreno que ha de cultivar; ventajas de los cambios 
entre los asúrcanos; censura de los que neciamente se 
obstinan en no vender, ni comprar, ni permutar; no- 
ticia de los adelantos obtenidos en las caserías; me- 



176 
jora de las costumbres entre los campesinos. Esta 
predicación diaria , con la fe que defienden sin 
descanso su credo político ¿ qué efectos no pro- 
duciría? 

No se estrañe que insista tanto en los medios de 
ilustrar los principios cardinales del cultivo, y de pro- 
pagarlos entre la multitud, porque eso y mas se ne- 
cesita para desarraigar preocupaciones envejecidas, y 
porque no solo hay que enseñar al agricultor obrero, 
sino al propietario territorial. A este debe persuadír- 
sele de que su positivo interés está en el mejora- 
miento de la agricultura, como lo prueba el diferente 
valor de las tierras, bien ó mal esplotadas ; demos- 
trándole que es imposible la mejora si directamente 
no contribuye á ella, y que el que tiene dividida la 
hacienda la tiene rota, flaca y enferma. Al cultivador 
es menester enseñarle lo radical de la labranza: terre- 
no reunido, vivienda fija en él, buena labor, todo el 
abono posible, cuanto riego logre alcanzar. Esta ins- 
trucción ha de llevarse hasta la cabana mas apartada, 
perpetuándola por medio de impresos, que todo lo 
inunden, y sobrevivan á todo género de deterioros. 
Los particulares influyentes, los párrocos, los faculta- 
tivos, los maestros y las personas acomodadas contri- 
buirán mucho á esta propaganda de regeneración 
agrícola, inculcando la sana doctrina en sus conversa- 
ciones y correspondencia; y aun será de mayor efecto 
la lección del ejemplo que den los labradores ricos é 
ilustrados, cambiando á toda costa las pequeñas suer- 



Código rural. 



177 

tes, adquiriendo á cualquier precio las colindantes, y 
celebrando arrendamientos largos. 

La ley hace mas que enseñar: ordena y manda lo 
bien estudiado, y obliga á la ejecución á los disidentes. 
El Código rural es tan necesario como los demás cuer- 
pos del derecho, por que las materias que abraza 
constituyen caudal bastante de doctrina. Las tierras, 
su distribución y deslindes, sus aprovechamientos y 
servidumbres públicas y particulares, los caminos ve- 
cinales y de labranza, las canteras, las aguas manan- 
tes, corrientes y estantes, la caza y la pesca, los palo- 
mares, abejeras y sotos de conejos, los animales do- 
mésticos y los dañinos, la guarda del campo y de los 
frutos, y otros muchos ramos de orden y policía ru- 
rales, bien merecen que hagamos lo que han ejecutado 
naciones adelantadas: tener un Código rural completo, 
como tuvimos, en tiempos, escelentes ordenanzas ru- 
rales en las ciudades de importancia. 

Con el concurso de tantas voluntades y de tantos Asociación 
elementos, bien concertados, deberia coincidir la 
creación de una asociación de terratenientes y labra- 
dores , por pueblos , por distritos y por provincias: 
nada hay que soporte peor la centralización exagera- 
da , que la agricultura. Por estos medios se irian recti- 
ficando las ideas de la clase agrícola , se modificarían 
sus costumbres, variarían sus necesidades, y no am- 
bicionaría tanto los grandes centros. Si comienza á 
sentir los goces de la vida íntima, no echará de 
menos el bullicio de las poblaciones, ni las escenas 

12 



178 
calorosas del juego y de la taberna. A medida que 
guste las dulzuras de un completo establecimiento, 
que le proporcione existencia propia, mejor alimento, 
mas quietud y un halagüeño porvenir, se debilitarán 
los malos hábitos de ocuparse de negocios ajenos, que 
nada le importan, y esa maldita curiosidad se trocará 
en interés familiar , en apego á la vida doméstica, 
que es donde se encuentra la paz del alma y los goces 
racionales. Poned al labrador en facilidad de que me- 
jore su suerte, de que pueda ahorrar algo para alivio 
de su vejez y dejar establecidos sus hijos, y le habréis 
redimido de la pobreza en que vegeta, sin pensar en 
mañana, porque el mañana y el hoy le son igualmente 
tristes, si de ellos no prescinde. Hacedle que com- 
prenda el premio seguro de la aplicación y de la bue- 
na conducta, y saldrá de la indiferencia apática que le 
embrutece. Enseñadle, que la Providencia no dispensa 
sus dones, sino al que con fe practica las virtudes del 
trabajo, del amor á sus semejantes, empezando por 
los propios y concluyendo por los enemigos, y no se 
entregará engañado al fatalismo de los cuartos de luna, 
esperando del temporal milagros, que no hace , sin Ja 
concurrencia de nuestro sudor. Instruidle, en fin, teó- 
rica y prácticamente en los conocimientos prove- 
chosos, que han de iluminar su espíritu y suavizar su 
eorazon, y entonces entonces se encontrará con- 
tento en el sosiego de la casa rústica, rodeado de los 
suyos, y recreándose todos en contemplar de con- 
tinuo como fructifican sus cuidados y sus vigilias. Poco 



179 

ó nada le importarán después los solaces tumultuosos 
de los que moran en pueblos crecidos; y las pocas 
veces que concurra á ellos, con motivo de fiestas so- 
lemnes, volverá á su tusculana vivienda mareado de 
aquel estrépito, mas bien que apesarado de dejarlo. 

t A los propietarios acaudalados, que arriendan sus dM ¿ p e r *£" f 
tierras á colonos, les cabria una parte muy principal 
en la buena obra, si acertasen á combinar sus intereses 
con los del infeliz cultivador rentero, y le tratasen 
con la filantropía de buenos ciudadanos y con la ca- 
ridad de cristianos verdaderos: es un axioma, que 
quien arruina á su colono, arruina su heredad. Lo su- 
blime sería que cediesen el dominio útil de sus tierras, 
mediante un canon anuo, con la cláusula de redi- 
mible; pero no pidamos actos heroicos á los acostum- 
brados á vivir del trabajo estraño. Sin mas que esta- 
blecer plazos largos de arrendamiento, de muchos 
años, ó vitalicios, pudieran obtener ventajas recíprocas, 
y prestar un gran servicio á la agricultura. Acaso sea 
perdido el tiempo que se emplee en estos consejos, 
para ciertos espíritus pequeños, á pesar del sobresalto 
que sienten con lo que cunden las ideas socialistas: 
hagan lo que quieran, no he de dejar de decirles, que 
el mejor medio de conjurar la tempestad que nos 
amenaza, es interesar y confundir en una sociedad mu- 
tua el trabajo y la propiedad, para que el obrero dili- 
gente pueda llegar á poseer, y no sea el capital in- 
mueble una prensa que lo estruja y lo hunde cada 
vez mas en la miseria. Si un Apóstol de las gentes 



180 
viniese al mundo, predicando esta doctrina con la lu- 
cidez de la verdad y Ja unción del Hombre-Dios, 
obraria una revolución saludable, que los profanos no 
podemos alcanzar. Sin embargo, al Gobierno toca in- 
fluir en este sentido con medidas indirectas, como el 
conceder rebaja de derechos y tributos en los contra- 
tos de arriendo, según la mayor duración por que se 
otorguen. Cuando en nuestro país se encuentre la 
clase de colonos con el capital suficiente para vivir 
de la explotación agrícola, segura y estable, será 
menos importante la cuestión del tiempo del contrato, 
por mas que nunca sea indiferente; pero hoy que al 
llevador de un predio le causa grave trastorno el fre- 
cuente desahucio; hoy que esta incertidumbre es no- 
toriamente dañosa para el arrendatario y para el 
dueño del fundo, preciso será reconocer la ventaja de 
los arriendos largos. 
rü»oa rurai. Resta proponer el gran remedio del mal graví- 
simo que he señalado; el medio heroico y supremo de 
contener la subdivisión escesiva de las heredades, y 
de facilitar que se reduzcan á porciones convenientes. 
Cuestión inmensa, erizada de dificultades, que alarma 
con el solo anuncio á los que no la ahondan y abarcan, 
y que á pesar de todo alienta mi espíritu, convencido 
como está, de que es tocar á la meta el llegar á re- 
solverla; de que es el sólido asiento de la población 
rural Mi amor propio no alcanza á imaginar siquiera 
que el pensamiento generador, bosquejado en esta 
Memoria, pudiera hacer en la agricultura patria el 



181 

efecto mágico, que produjo en Inglaterra, cuarenta y 
cinco años ha, la obra célebre de Sir John Sinclair; 
pero mi conciencia me dice, muy segura, que como 
los hombres de ciencia, gobierno é influjo se fijen 
hondamente en el asunto de que ahora me ocupo, han 
de echarse los mas firmes cimientos para el pro- 
greso agrícola de España. Mientras subsista la subdi- 
visión estremada, todas las mejoras carecerán de base 
y serán raquíticas: con pedazos adecuados á la posi- 
bilidad y conveniencia de cada labrador, todas las 
mejoras darán opimos frutos. 

Lo primero que se necesita es, que la ley civil, tí P o. 
reguladora, en todos los tiempos y países, de la pro- 
piedad, señale el tipo proporcionado de una labranza, 
la estension de tierra en un pedazo que ha menester 
una familia agricultora, para su ocupación en todo e 
año, viviendo en la misma finca. Desde luego salta á 
la vista, no diré la dificultad, la imposibilidad de fijar 
científicamente semejante medida superficial, ni aun 
con los ensanches que permite un máximum y un mí- 
nimum; porque comprendiendo la Península cerca de 
ocho grados de latitud, y mas de doce y medio 
de longitud , un perímetro de 3.300 kilómetros, 
y una superficie de unos 50 millones de hectáreas, 
con altitudes que esceden de 3.500 metros, con 
grandes mesas y profundos valles, y sobre 2.000 
kilómetros de costas en cuatro vertientes hacia dis- 
tintos mares y puntos cardinales del mundo, fácil es 
concebir la diversidad de sus territorios. En cuanto al 



182 

clima disfrutan nuestras provincias, según sus cir- 
cunstancias, desde el subtropical al subalpino, con ve- 
ranos tan abrasadores como en Saara, é inviernos 
tan glaciales como en la Escandinavia. Terrenos hay 
en todas las esposiciones imaginables, desde el carasol 
mas iluminado y puro , hasta la umbría mas opaca y 
densa; de todas las gradaciones, de naturaleza varia- 
dísima, desde el arcilloso mas fuerte y compacto, al 
mas suelto y movedizo silíceo; y de todas las formas 
posibles, asi las mas llanas, como las mas escabrosas y 
ásperas. El suelo, en fin, difiere en profundidad, desde 
lo mas somero y descarnado , hasta el mas revestido 
de capas vegetales; é higrométricamente , desde la es- 
trema humedad, á la completa sequía, y desde el 
mejor dispuesto para el riego, hasta el perpetua- 
mente condenado á no recibir mas agua que la llove- 
diza. Si á estas diferencias físicas se añaden las de los 
métodos agrarios, tan prodigiosamente variados en 
nuestras comarcas, así en el uso de instrumentos y 
.de animales domésticos, como en las clases de frutos 
y en las prácticas agronómicas, se deducirá con evi- 
dencia, que no hay capacidad intelectual que alcance 
á abarcar tantos elementos, ni á reducir tan irregu- 
lares quebrados á un común denominador, porque no 
cabe en lo humano poner límite á lo inconmen- 
surable. 

Con todo, entiendo que puede hallarse en la prác - 
tica una fórmula sencilla, que desvanezca en la mayor 
parte la dificultad para la reunión de las pequeñas 



1S3 
hazas : sea el tipo de la cantidad de tierra, en cada loca- 
lidad , la que acostumbra á cultivar un labrador regular; 
y como de hecho esto existe con suertes disgregadas, 
nos dará la clave para el pedazo coto redondo, arreglado 
á los usos del país y con la distinción de regadío y de 
secano. De aquí resultará, que mientras en Guipúzcoa 
bastarán tres ó cuatro hectáreas, en Asturias cinco, 
en Galicia de seis á nueve, en Estremadura diez, y 
en Cataluña doce, se necesitarán treinta y cinco hec- 
tareas en Castilla la Vieja, treinta y ocho en Andalu- 
cía , y hasta ochenta en algunos puntos de la Mancha. 
¿No se entienden y arreglan de esta manera en cada 
pueblo agricultor? ¿No se procuran las yuntas de tier- 
ra , las fanegas , las vesanas , los ferrados , los dias de 
bueyes, las tahuilas ó las yugadas que necesitan, á 
estilo de buen labrador, cuando se establece de nuevo 
una familia? Pues he aquí el coto redondo, que con- 
viene fijar por ahora ; lo que en cada punto propor- 
cionan los padres á un matrimonio reciente de la 
clase media, al establecerse en casa aparte. He dicho 
por ahora , porque mas adelante , según que me- 
joren las circunstancias y se perfeccione el cultivo, 
esa medida irá decreciendo en muchos distritos, que 
abarcan demasiado ; será ya facilísimo el rectificarla, 
y hasta se irá acercando á la unidad posible. 

Al reclamar con insistencia y convicción que se 
cree la finca rural , no me propongo que todo el suelo 
peninsular laborable se reduzca á un solo tipo, ni quiero 
convertir las heredades en un tablero de ajedrez, ni 



184 
doy á mi plan las condiciones duras de un golpe vio- 
lento y atentatorio. Nótense bien estas circunstancias: 
que especialísimamente me fijo en que desaparezcan 
las diminutas , deformes y disgregadas parcelas , que 
nadie defiende, que todo el mundo condena, como 
poco utilizables : que á reunir estas suertes dispersas 
se consagra singularmente la erección del coto redondo: 
que esta finca no ha de ser uniforme , sino de estén- 
sion y forma variadas , según las localidades y cir- 
cunstancias , desde tres hasta ochenta hectáreas : que 
no se escluyen mayores cultivos , ni las esplotaciones 
especiales de viñedos , olivares , ú otras de índole y 
exigencias diversas : en una palabra , que el principal 
intento es dar la norma fundamental, que remedie el 
mal que se lamenta , la regla común , que en manera 
alguna impide las escepciones convenientes. Quiero 
para la industria agrícola , lo que procuran, lo que tie- 
nen todas las profesiones ; su taller, su despacho, su 
obrador, su tienda , su almacén , su fábrica , su esta- 
blecimiento, donde vive el operario, vigilando, cui- 
dando y dominando su negocio, 
indivisión. Designada esta capacidad proporcional ó elástica 

de los cotos redondos 6 fincas tipos , procede otra dis- 
posición legal, que le es correlativa, la de declarar 
estas porciones indivisibles é inacumulables , ó que no 
tienen la cómoda división que pide el derecho, para 
que , una vez arregladas á las condiciones agrícolas 
convenientes, |no se destruya el beneficio obtenido, 
por los mismos errados caminos que deseamos cortar. 



185 
Tiempo vendrá, si el plan se adopta, en que el interés 
ilustrado se sustituya al interés ciego ; en que nobles 
aspiraciones reemplacen los malos instintos ; y la agri- 
cultura marchará por sí misma, sin los estorbos mora- 
les que hoy la estravían. Es innegable que el precepto 
de 4a indivisión ha de ofrecer gran contrariedad , sobre 
todo en las herencias y particiones , cual acostumbran 
á ejecutarse ; pero la sana razón , el sentido común, la 
conveniencia misma de los interesados, el conocimiento 
de lo que pasa en otras provincias españolas , y de lo 
que pasaria en todas , á aplicarse el espíritu de la ley, 
han de ofrecer medios eficaces de vencerla. No me 
hago la ilusión de que suceda de pronto, en todas 
nuestras provincias, lo que en las Vascongadas, donde 
sin ley que lo mande , y por solo el convencimiento 
íntimo y tradicional de lo que vale el terrazgo unido 
de la casería , á nadie le ocurre el dividirlo. El dia 
que llega el acomodo de los hijos, así estos , como los 
padres, parten siempre del supuesto de la indivisibili- 
dad efectiva y real de la casería , la cual queda para 
el hijo, designado por el padre , que se casa á casa, 
quien indemniza á los hermanos , que se casan á fuera, 
del modo que estipulan , que suele ser en dinero y á 
plazos ; á cuya suma llaman vueltas de casa. Suele ha- 
ber controversia sobre las cantidades que estos han de 
llevar y el modo y tiempo de recibirlas , pero nunca 
ocurre que se ponga en cuestión la integridad secular 
de la casería. Lo propio sucede con los ingenios en la 
isla de Cuba , que el talento mercantil y el genio es- 



186 
peculador han considerado incapaces de partición : el 
hijo que se carga con el establecimiento conviene en 
las sumas que ha de abonar á sus coherederos , que 
regularmente son en dinero y á plazos. Antes de al- 
canzar estas costumbres patriarcales é ilustradas , ten- 
drá que lucharse en Castilla con inconvenientes y re- 
sistencia. ¿Y por ese temor se ha de dejar el bien y la 
verdad? Lo que importa es , que la oposición quede 
reducida á las gentes de hábitos é instintos, y que 
hombres ilustrados no reciban como una novedad sor- 
prendente lo que está sucediendo en nuestra propia 
casa, lo que viene ordenado en todos los códigos de 
Europa , desde la legislación romana. 

Apenas puede concebirse que los que reconocen el 
mal presente del escesivo fraccionamiento , ¿y quién lo 
niega? que los que desean por consecuencia la finca 
rural, resistan luego su indivisión. Pues si conviene 
reunir lo desparramado ¿cómo no ha de convenir man- 
tener lo reunido? Si fué un grave error el subdividir, 
é importa concentrar lo que fraccionado se aprovecha 
mal, ¿por qué no procurar que se evite en lo suce- 
sivo aquel estravío? ¿por qué abandonar tan pronto 
el bien adquirido? Hacer una reforma difícil y costosa 
para que desaparezca al momento, es un contrasentido 
inesplicable: fuera mas lógico oponerse desde luego al 
pensamiento de crear cotos redondos. Afanarse por 
fundar caserías, sin prevenir su conservación, es tan 
inconsecuente como desear hijos, y habidos, echarlos 
á la inclusa. 



187 

Mil maneras hay de conseguir que los cotos re- Medios 

de partir. 

dondos, ó las tierras menores que el tipo, no se frac- 
cionen entre los herederos, ya prefiriendo á los ma- 
yores en edad, por su orden, que quieran seguir en 
la esplotacion, indemnizando á los demás; ya quedán- 
dose cualquiera de ellos por avenencia ó por suerte; 
ya dándoselo al que mejor partido haga á los otros 
coherederos; ya concediendo á la autoridad paternal 
la designación del continuador. Tasada la heredad por 
peritos nombrados por las partes, y tercero caso de 
discordia, el llevador debe abonar á los demás sus 
partes ó legítimas, en otros bienes, si los hubiese, en 
metálico al contado ó á plazos , si puede y quiere ha- 
cerlo, en la parte proporcional de renta anua que se 
justiprecie, y cuyo canon anuo solo ha de durar hasta 
que se redima con la entrega del capital; y cuando 
todo eso falte, vendiéndose la finca en subasta pública. 
¿Por qué no ha de intervenir el legislador en que no 
se despedace el terreno, por capricho ó ignorancia, 
en daño del Estado y de los mismos que lo hacen? 
¿No debe la ley declarar indivisibles los edificios de 
morada , si partidos no pueden dar una vivienda hi- 
giénica para seres racionales? ¿Se ha de dejar al error, 
á la codicia ó las malas pasiones, al interés absurdo, 
al empeño insano, que las pequeñas casucas, apenas 
habitables, se partan en jaulas de fieras, con perjuicio 
de la salud de sus moradores y de la salud pública, 
que prohibe todo foco de infección? ¿Habrá autoridad 
tan preocupada de la grandeza del dominio y de la 



188 
estrechez de su misión, que consienta á dos hermanos 
herederos de un caballo , que lo abran en canal y 
lo dividan por mitad, porque no quieren ceder su 
parte? Pues con mayor copia de razones se debe im- 
pedir que obren en daño propio los herederos de pe- 
queñas suertes de tierra , ó del coto redondo , porque 
su torpeza, su ignorancia, su inconsideración ó sus 
caprichos y pasiones son en alto grado nocibos al bien 
de la sociedad ; supuesto que la privan de las ventajas 
que ha de proporcionarle la producción barata , abun- 
dante y de calidad de las fincas rurales. Y no se pierda 
de vista que tras de la división perjudicial ya realizada, 
nos amenaza otra mayor en los bienes que tenian acu- 
mulados las manos muertas, y que generalmente se 
han vendido en porciones mayores que el coto. Ya que 
al enagenarlos ha faltado la previsión ó el aliento, 
aprovéchese la ocasión en adelante, para que ni b 
vendido, ni lo que resta por vender, se fraccione in- 
convenientemente. 

Hágase mas: los bienes mal esceptuados repár- 
tanse ó véndanse entre los vecinos , dividiéndolos, 
cuando posible sea , en cotos redondos , y no de otra 
manera, 
cambios. Para facilitar la reunión de las pequeñas piezas, 

hasta llegar á la medida prefijada, son precisas dos 
cosas : primero, aumentar los estímulos para las ventas 
y trueques, supuesto que el interés bien entendido no 
alcanza á disipar las tinieblas, ni á acallar las pasiones 
mezquinas; y después apelar á los medios legales 



189 
coercitivos. Hé aquí algunos de los indirectos: 1.° Re- 
bajar el tanto por ciento del registro de hipotecas en 
los cambios, permutas, compras y ventas, que se ha- 
gan para acumular tierras contiguas, hasta la cabida 
del coto tipo (1). %° Rebajar igualmente la clase de 
papel sellado , en que hayan de estenderse estos con- 
tratos y diligencias. 3.° Rebajar asimismo los derechos 
de escritura y todos los judiciales que se causen para 
reunir y mantener indivisas las suertes que sean me- 
nores ó no escedan del tipo. 4.° Conceder una subven- 
ción del fondo destinado á mejoras agrícolas, al que 
justifique haber reunido mayor número de pedazos 
pequeños, venciendo dificultades, y pagando mucho 
mas del justo precio. Y 5.° Recargar el tanto por ciento 
de inmuebles á las fincas menores que el tipo coto, 
pasados seis años desde la promulgación de la ley. Con 
estos aguijones es lo probable que cese la repugnancia 
á permutar y enagenar, que únicamente se funda en 
el apego á los bienes de abolengo, ó en otros motivos 
disculpables: cuando esto no baste debe irse mas allá. 

Dos principios hay en nuestro derecho vigente, Tanteo y 

espropiacion. 

mantenidos después de las reformas, porque hay ra- 
zones plausibles en su abono : el derecho de retracto 
gentilicio y de los condóminos , y la espropiacion por 



(1) En los últimos presupuestos presentados alas Cortes ss ha 
querido ya favorecer el cambio de suertes de tierra, esceptuándolo 
del derecho de hipotecas, dentro del término municipal; pero falta 
estenderlo á las compras, y fijar la condición precisa de que las pie- 
zas sean contiguas, y resulte su reunión, aunque el trueque se veri, 
fique con fincas de diferentes pueblos. 



190 
causa de utilidad pública. Si examinamos tranquila- 
mente el por qué de estas disposiciones, si buscamos 
los fundamentos que las motivaron y sostienen, en vez 
de asustarse de la aplicación, que solicito, será fácil 
convencerse de que son bien livianos aquellos motivos, 
en comparación de los que existen en el presente caso. 
Justo pareció que un descendiente sea preferido en la 
compra de la finca familiar, para que satisfaga sus 
sentimientos de gratitud, de adhesión y de tiernos 
recuerdos; pero á la sociedad ¿le va tanto en ello, como 
en procurar la regeneración de la agricultura? Se ha 
aplicado la ley de expropiación á un paseo, á un en- 
sanche ú otra mejora local ; ¿qué razón podrá haber 
para resistirla en el asunto mas universal y de tras- 
cendencia, que puede ocurrir en el territorio? Creo, 
pues, que la ley debe abrazar estas dos medidas: 
1 . a Conceder el derecho de tanteo, cuando se enagene 
una tierra menor del tipo, á los asúrcanos ó colindan- 
tes, empezando por el que se halle mas abocado á 
completar coto redondo, ó que posea pedazo mayor 
que los otros linderos ; y en caso de igualdad , será 
preferido el que primero lo solicite. 2. a Declarar de 
utilidad pública la creación de la finca rural, cuando 
el que desea formarla posea dos tercios del terreno 
tipo, y justifique que los propietarios colindantes no 
se hallan en su caso , y que se niegan á ventas y per- 
mutas ventajosas ; previa siempre la indemniza- 
ción, con el veinte por ciento de plus, que señalará 
la ley. 



191 



Para que en los cotos redondos ó heredades ente- 



Caeas do 
campo 



ras se edifique la casería complementaria , los estímulos 
pueden ser del mismo género : introducción de los ma- 
teriales indispensables libres de derechos; exención 
de tributos por el edificio en cierto numero de años; 
indemnización de los perjuicios , que la autoridad crea 
indispensable causarle, cerrándosela ó destruyéndola, 
con motivo de guerras ó calamidades. Todavía con- 
vendrá, que la exención de tributos de la casa la- 
branza se gradué conforme á una escala proporcional 
de distancias y riesgos ; es decir, que las mas lejanas 
de todo pueblo gocen el máximum, y respectivamente 
los grados intermedios, hasta el mínimum, las que 
se hallen mas cercanas á poblado. Los edificios que 
se construyan en el campo para artefactos, fábri- 
cas y otras industrias y usos cualesquier, gozarán 
de las mismas exenciones graduales que la casería 
rural. 

Para facilitar la concurrencia de moradores en las Moradores, 
caserías cotos, y compensar las privaciones de la vida 
campestre, también deben ofrecerse estímulos y pre- 
mios. El cultivador propietario, que con su familia se 
domicilie en la casería , estará exento de las cargas de 
bagajes, alojamiento, conducción de presos y pliegos, 
servir oficios de república, y demás concejiles y mu- 
nicipales; no pagará derechos por los artículos que 
consuma la familia allí establecida ; gozará un benefi- 
cio en la contribución de inmuebles , cultivo y gana- 
dería, por el capital imponible de toda la heredad, 



192 

sus productos, y los ganados que dentro de ella se 
mantengan ; pagará la mitad de los derechos de por- 
tazgo, pontazgo y barcaje por los carruajes , caballe- 
rías y personas del coto casería , acreditando su cali- 
dad; tendrá exención de derechos en los juicios de 
paz , verbales y de conciliación á que sea demandado; 
alcanzará alguna ventaja en el interés de los bancos 
públicos agrícolas y de depósito ; se le declararán los 
derechos electorales por la mitad de la cuota , como á 
las capacidades ; se le dará gratis la licencia para uso 
de armas y para cazar en su propiedad ; y por último, 
sus hijos estarán exentos del reemplazo del ejército y 
milicias durante veinte años. Si el labrador, que ha- 
bita en la casería con su familia, fuese colono ó ren- 
tero, disfrutará los mismos beneficios que el propieta- 
rio, salvo en el de los hijos , que en lugar de estar 
exentos, tendrán opción, si les cayese la suerte, de 
no servir mas que en la reserva. No faltará quien cali- 
fique de escesivas tantas concesiones; pero tenganse en 
cuenta la gran resistencia que hay que vencer , y que 
el sacrificio cesará en cuanto la población rural tome 
vuelo , y se acaben los actuales temores, 
otros A los esfuerzos de la autoridad y de la ley pudie- 

ran añadirse otros muy eficaces, de permanente y 
viva acción. Los cuerpos sabios , las sociedades pa- 
trióticas y los particulares poderosos, deberían pro- 
mover esposiciones agrícolas generales y locales con la 
posible frecuencia , y trabajar en que se constituyese 
una Asociación de labradores, que procurase reunir 



estímulos 



193 
congresos agrícolas, periódicos, nacionales y univer- 
sales , y en combinación todos establecer premios so- 
bre estos ó semejantes temas : 

Al que divida mayores terrenos en cotos redondos, 
estableciendo en cada uno su casería. 

Al que edifique una ó mas caserías á mayor dis- 
tancia de las poblaciones existentes. 

Al que establezca una casería coto con las mejo- 
res condiciones agrícolas é higiénicas. 

Al que reúna mayor número de suertes pequeñas, 
y venza mas dificultades para formar coto redondo, 

Al arrendador que haya dado sus tierras con con- 
diciones mas beneficiosas y miras mas filantrópicas. 

Al labrador obrero que, en lugar de prestar asenso 
á pronósticos ridículos anticipados de caléndarieros, 
haya estudiado con mejor criterio las señales meteoro- 
lógicas y naturales, que preceden cercanas á los cam- 
bios atmosféricos. 

Al casero, que en la finca rural que maneje , ob- 
tenga la rotación incesante de cosechas mejor combi- 
nada y entendida. 

Al labrador que mas cantidad de abonos y de 
mejor calidad emplee, en proporción de la superficie 
que cultiva. 

Al que con sus afanes y perseverancia haya con- 
seguido alumbrar mayor caudal de aguas, ó nivelado 
mayores terrenos para el riego. 

A quien acierte á reunir diversos ramos de espío- 
tacion, dentro de su heredad, sean de granos, semi- 

13 



! 

\ 

i 

194 
lias y legumbres , sean de especies de animales do- 
mésticos. 

Al que se dedique con buen éxito á procurar razas 
caballares de las mas acomodadas para las labores , y 
castas vacunas utilizantes en la labor, en la lechería y 
cebadas para carnes. 

Al que mantenga en su posesión un número supe- 
rior de reses lanares en proporción del terreno, ó que 
las presente de mayor peso y vara. 

A quien por el método mas sencillo y claro esta- 
blezca la contabilidad de su labranza , ó introduzca el 
mejor sistema de economía rural. 

Prescindiendo de que las medidas legales, que be 
apuntado, y otras que ocurrirán á personas mas com- 
petentes , deban hacer parte en su dia del Código ru- 
ral, por de pronto urge el que se consignen en una 
ley especial de población rural , de que me ocupo al 
fin de esta Memoria. 



19í> 



VENTAJAS 
del coto redondo acasarado. 



Las personas ilustradas , que han estudiado seria- 
mente las cuestiones agrícolas , y que conocen las es- 
celencias de la población rural bien entendida , nada 
nuevo encontrarán en este artículo, como no sea la re- 
capitulación mas completa y ordenada , que he podido 
hacer, de mis observaciones en el asunto ; pero á la 
gran mayoría de propietarios y labradores , y aun á 
muchos hombres de saber, que no se han ocupado 
bastante de esta materia , les ha de llamar la atención 
el sinnúmero de ventajas que encuentra el cultivador, 
que continuamente habita dentro del campo que tra- 
baja: porque parece increible, que siendo tantas, tan 
perceptibles, de interés inmenso, y ocurriendo á todas 
las horas y momentos de la vida agraria , millares de 
individuos se muestren ciegos á la luz, obrando como 
si fueran abejas, animales de mero instinto, y no como 
seres racionales, capaces de perfeccionar. Y no es que 
haya estado oculta para todos verdad tan clara , pues 
nunca faltaron inteligencias que, sobre conocerla y 
sentirla profundamente, la predicaron con celo fer- 



Novedad 
del conjunto. 



196 
voroso (entre los tratadistas modernos Florez Estrada 
dice: «La distribución de la propiedad territorial es 
una de las cuestiones que mas deben fijar la atención 
del economista»), sino que la imperfección humana ha 
hecho que triunfen de la razón demostrada los instin- 
tos animales: que es predicar en desierto tratar de 
convencer al ignorante, si antes no se logra ilustrarle. 
¡Y todavía hay quienes creen ilusionados, que todo 
debe fiarse al interés individual; que nadie es mejor 
juez de lo que nos conviene, que el propio criterio; 
que sabe mas el loco en su casa, que el cuerdo en la 
agena; que gobernar es dejar hacer; y que la sociedad 
es una traba, una tiranía, contra los derechos innatos 
del hombre ! ¡ Gomo si el conocimiento de nosotros 
mismos no fuese el mas difícil ; como si al lado de la 
conciencia no estuviesen las pasiones; como si no hu- 
biera locos rematados y pupilos de entendimiento, ne- 
cesitados de tutor ; como si , donde hay muchas vo- 
luntades y pareceres, pudiera obrarse sin quien dirija 
y mande ; y como si en cambio de los sacrificios del 
individuo, no le diese la asociación un haz de fuerza, 
en todos los sentidos, creadora, y casi omnipotente, 
de que carece su flaca personalidad ! 

Al labrador que posee reunido en una pieza el 
terreno necesario, y que mora en él de continuo con 
su familia, no le resultan solo beneficios materiales, 
mayores productos, mejor vida y mas descanso; son 
de mayor precio los morales , por lo que influyen en 
la educación de los hijos y de los criados, en dispo- 



197 
ner el corazón de la familia á la práctica de las vir- 
tudes domésticas , germen legítimo de las virtudes so- 
ciales. El buen padre , la buena esposa , el buen hijo 
y el sirviente bueno, en la propia acepción del adje- 
tivo, no pueden dejar de ser ciudadanos dignos ; y por 
el contrario, á quien en su casa y con los suyos tiene 
una conducta depravada , difícilmente le hallareis buen 
patricio : como que paternidad y patria nacieron de la 
misma idea. De ninguna manera resaltarán tanto las 
ventajas de la población rural, como estableciendo un 
paralelo entre el labrador vecino de pueblo, y el la- 
brador que vive en coto redondo. Le trazaré, bajo 
diferentes puntos de vista , respecto al conocimiento 
de lo que manejan , al valor del tiempo, á la vigilan- 
cia, á la conservación del caudal y sus utilidades, á 
la facilidad de mejoras, á las costumbres, al interés 
de los estraños y al de la causa pública. ¡Quiera el 
cielo, que este cotejo fiel, se grabe de un modo inde- 
leble en el ánimo de los labradores influyentes! Ya 
que se han acostumbrado á la fealdad de su errada 
marcha, ojalá les espante la vera effigies, retratada en 
el espejo de la publicidad. 

El morador de la casería tiene horizonte y cielo Mayor 

conocimiento. 

propios, vistas, perspectivas y cuadros peculiares, 
sonidos y ruidos especiales que escuchar: en el pueblo 
todo es común de todos. Al campesino, cuantos obje- 
tos hay en la heredad ó están al alcance de su vista, 
le sirven de cuadrante gnomónico y de anemómetro: 
no tiene espadaña ni veleta, y las campanas de los 



198 
lugares circunvecinos, cuyos débiles timbres distingue 
perfectamente, á mas de darle las horas, le marcan la 
dirección de las undulaciones sonoras en la mayor 
calma atmosférica. Colocado en el centro de su patri- 
monio, es el único señor de la finca, el legislador ab- 
soluto de su gobierno, el solo administrador de cuanto 
abarca la circunferencia, que es la frontera de sus do- 
minios; patrimonio, reinado y dominio, de que ince- 
santemente se ocupa, en que esclusivamente piensa. El 
lugareño apenas sale de la puerta de su casa, va atra- 
vesando calles y caminos de uso público, cruzando pro- 
piedades estrañas, echando ó sufriendo servidumbres, 
con el pensamiento disipado é incierto, del viajero 
desvanecido en el laberinto de Aduanas del Zoll- 
verein: la acera de su propia morada, que le hace cos- 
tear la policía urbana, no puede ocuparla, porque el 
uso pertenece á todo el mundo. Vivir en un sitio fijo 
del campo da mucha esperiencia, y gran conoci- 
miento de cuanto acaece en aquella atmósfera y en 
su zona inmediata, de los temporales y meteorología 
peculiar de la localidad, de la naturaleza geológica 
del suelo, y sus relaciones con el territorio circunve- 
cino, de la botánica y zoología de aquel pago, y de 
cuanto allí sucede, de dia y de noche, en cada esta- 
ción, uno y muchos años; porque la superficie es con- 
tinua, sin enclavados ajenos, y circunscrita, mas 
homogénea, con menos alteraciones ó influencias mas 
constantes, y puede llegarse á apreciar la manera mas 
conveniente de obrar para el tempero de las labores, 



199 
la distribución de plantas y granos, la sazón de la se- 
mentera y de las demás operaciones: mientras que el 
agricultor de poblado va como ave de paso por sus 
desparramadas hazas, conociendo poco de todas, nada 
fundamental de cada una; porque en suertes diversas 
y distantes, en que apenas se detiene, han de variar 
las calidades, las esposiciones, las altitudes y los agen- 
tes esteriores, perdiéndose el labrador en congeturas, 
sin poder abarcar tantas concausas. El campesino llega 
á aprender las condiciones intrínsecas del terreno, 
observando de continuo, despacio, calicatándolo con 
frecuencia, y notando el efecto de la lluvia, del aire, 
del frió y del calor, de la luz y demás fuerzas pro- 
ductrices: así adquiere el conocimiento de lo que ma- 
nipula, y la regla de su conducta. El lugareño apenas 
tiene tiempo para dar las rejas precisas, molido del 
camino andado en la madrugada, y ansioso de que 
no se le haga tarde para desanclarlo; acaso, y sin aca- 
so, conoce mas de las labores de sus convecinos, que 
atraviesa con curiosidad rival, que de la suya propia, 
que solo á ratos examina, por el prisma de las 
preocupaciones. 

Precioso es el tiempo, y su valor inapreciable: Ie Aprovechamien . 

. to del tiempo. 

emplean de bien diverso modo el labriego campestre 
y el de población. El primero lo aprovecha todo; el 
segundo pierde una gran parte: para aquel el dia es 
cabal; para este no tiene veinticuatro horas. Supo- 
niendo diez de trabajo diario, en la casería son diez 
horas completas las que se utilizan, porque todo está 



200 
á la mano: desde que el casero pone el pié en el 
umbral , desde que la yunta sale de la portada , ya 
van haciendo algo en provecho del establecimiento: 
para arar, para sembrar, para rozar y escardar, para 
segar y acarrear, y para cuanto se ofrece, ni un 
cuarto de hora se malgasta; pues en una heredad de 
veinte hectáreas, de forma regular, los radios desde 
la casa apenas esceden de trescientos metros de dis- 
tancia. Mientras se prepara el desayuno, en la hora de 
la siesta, los ratos de clara en días lluviosos, en las 
festividades, jamás el tiempo es perdido ni estéril: con 
las manos, paseando, mirando y olfateando, siempre 
se gana alguna cosa; cuando menos repararse en el 
descanso, para volver potente á la fatiga. Muy de otra 
suerte corre el tiempo, para el agrícola de parcelas 
esparcidas y lejanas: una ó mas horas diarias gasta 
en caminos y mudanzas, en quitar y poner el arado, 
en buscar aguadero, en librarse de un percance para 
que le faltan recursos; y este ir y venir, en vez de 
ser productivo, le lleva rendido al sitio de la tarea, 
donde no puede hacer lo que descansado hiciera. Esto 
que acabo de decir de los labradores, es aplicable á 
las caballerías empleadas en el cultivo: las obradas 
del aldeano flaquean por iguales causas de pérdida de 
tiempo y de cansancio, al paso que las del campesino 
son sosegadas y completas. 

Asimismo gana tiempo y provechos el casero cam- 
pestre, haciendo en buena sazón, y en la ocasión mas 
conveniente, todas las faenas, y evitando ó remediando 



201 
los daños de su hacienda : testigo presencial de todas 
las evoluciones de sus frutos, centinela alerta de las 
necesidades de la heredad, aprovecha la coyuntura 
favorable, para acudir donde conviene con su inteli- 
gencia, con sus cuidados y con su trabajo espontáneo: 
la estincion de las yerbas dañosas, antes de que fruc- 
tinquen; las cavabinas, cuando la tierra está espon- 
jada, ni seca ni húmeda; la dirección de las aguas 
torrentosas, llevándolas á donde hacen provecho, ó 
desviándolas de donde pueden dañar; el reparo de los 
males causados por el huracán , por las nubes y ave- 
nidas, por el rayo ó por el incendio, todo lo ejecuta 
con oportunidad y economía, porque, ó ve venir el 
golpe cuando amaga, ó se apercibe de la estension del 
destrozo, apenas sucedido. ¿Cómo ha de obrar tan á 
tiempo el que dista media ó una legua de sus panes, 
esparcidos por la estensa superficie de una jurisdicción? 
Guando este llega, ya es tarde para todo; la tierra ca- 
lada ha formado costra, las mieses se han alzado, y 
se las troncha al escardar; todavía, en fin, está bar- 
roso el barbecho y hace teja el arado; pero ya que allí 
se encuentra ¿ha de volverse con los brazos cruzados? 
Ara, escarda, trabaja en condiciones perniciosas, y en 
lugar de utilidad encuentra perjuicios. 

Otra esencialísima diferencia debo notar aquí : á 
los labradores de los pueblos , que tienen multitud de 
suertes chicas, entremezcladas por todos los pagos del 
término , les acaece con frecuencia esta avería. Envian 
á una de sus hazas cavadores, escardadores, criados 



202 
nuevos ó segadores forasteros; la equivocan con otra 
suerte de algún vecino colindante, y trabajan para este, 
en vez de cumplir con el amo. De tales quid pro quo 
resultan además perjuicios trascendentales á los pobres 
jornaleros, pues no faltan labradores quisquillosos, á 
quienes por equivocación se hizo el servicio, que se 
niegan á pagarlo, alegando que ellos no mandaron tra- 
bajar, y que en vez de favor les han hecho el agravio 
de propasarse á ejecutar !o que á ellos no les acomo- 
daba en aquel momento. El que los mandó á un ne- 
gocio suyo, que no han cumplido, se resiste también 
á abonarles el jornal ; y en todas estas contiendas se 
pierde tiempo y trabajo, y no ganan mucho las cos- 
tumbres, ni la armonía entre convecinos, 
obreros. Mucho tardará en llegar, pero será consecuencia 

necesaria de un buen establecimiento de la población 
rural, el beneficio inmenso de ir sustrayendo al labra- 
dor de las exigencias de la clase obrera, llevando esta 
á las fábricas, á las artes y á otros ejercicios de mas 
lucro. Este feliz anuncio, que, en nuestra situación 
presente, parece un ensueño, es fácil de comprender, 
si nos trasladamos mentalmente á la situación que se 
busca. La necesidad de temporeros , que hoy tiene la 
agricultura, con especialidad para la cava, escarda, 
siega y recolección de uva y aceituna; el apuro en que 
se ve el labrador cuando le faltan jornaleros para ope- 
raciones perentorias, ó le dan la ley en los precios, no 
dimana de otra causa, que de la inconsiderada esten- 
sion de terreno que se labra. Habiendo pocos propie- 



203 
(arios, y necesitándose mas brazos de los que hay 
libres, en determinadas ocasiones, el cultivador ha de 
someterse á la condición económica, gran demanda de 
obreros y escasa oferta de trabajo. Pues figurémonos 
distribuidos los términos en cotos redondos de diez y 
doce hectáreas, á que vendrán á reducirse con un 
cultivo esmerado, y las solas familias rurales que ha- 
biten en caserías de continuo , se bastarán á sí mismas 
en la mayor parte de faenas, sin necesitar auxiliares, 
ó sin necesitarlos en tanto número, ni con tanta pre- 
cisión. Este cambio, que se irá obrando lentamente, 
empujará á los jornaleros hacia otras industrias mas 
escasas de operarios , donde mejorarán de condición y 
de jornal, y todo el mundo ganará: que es la cualidad 
délas medidas buenas en su esencia, ser generalmente 
beneficiosas. 

Por estas consideraciones, aunque en perspec- 
tiva, se comprende que la clase que conviene sacar 
de los pueblos y llevar á la casería , es la labradora 
propiamente dicha, no la mero jornalera; pues esta, 
habiendo casas rurales, puede ir á trabajar y resi- 
dir allí una semana entera, en las temporadas que 
el labrador la demande, quedando sus familias en 
el pueblo, ganando por otro lado. Guando en el 
campo no haya trabajo, y sobre todo en lo sucesivo, 
le convendrá vivir en poblado, donde ocupaciones de 
mil géneros se ofrecen , y donde ha de hallar con el 
tiempo nuevo establecimiento el bracero, que no se 
convierta en labrador. 



204 

vigilancia. En cuanto á la vigilancia que se ejerce mirando 

terrazgo, frutos, ganados y efectos alrededor del hogar, 
y la que pueden tener los labradores de los pueblos 
en sus lejanas y desparramadas fincas, no cabe punto 
de comparación. En el primer caso, constantemente 
inspecciona el dueño cuanto le pertenece, con ojo mas 
penetrante que el del águila y del lince, con el ojo 
propietario; no hay gotera en el edificio, ni descon- 
chado, ni ratonera, que al instante no vea y remedie: 
las acémilas y animales domésticos , ora coman en el 
pesebre ó en el prado, ora se encuentren en el corral 
ó en la traspuesta, no harán, sin que lo perciba, mo- 
vimiento alguno significativo: el sarmiento que troncha 
una ráfaga, el árbol que agujerea el barrenillo, el fru- 
tal que se desgaja de peso, el sembrado que puede 
padecer de la niebla , el trasto que deteriora la intem- 
perie, en una palabra, cuanto forma el capital de la 
empresa agrícola y sus productos sucesivos, tiene 
siempre delante al ángel tutelar que lo guarda, la pro- 
videncia humana que lo protege. Hasta el muladar, 
materia inmunda para el ciudadano, foco de infección 
en los pueblos numerosos, y germen de fertilidad in- 
ofensivo al aire libre del campo; hasta el estercolero 
se estienden los cuidados del diligente labrador rural. 
¿Y respecto de otros agentes esteriores? Si un sendero 
se interrumpe ; si el arroyo se desborda ; si el puente 
flaquea; si el ladrar del mastin ó las orejas de la ca- 
ballería indican la proximidad de algún viviente, ó el 
revoloteo de las palomas la embestida del gabilan ; si 



205 
la recua de los arrieros lleva bozales, ó si estos inten- 
tan quedarse al raso, como lo acostumbran de mayo 
á setiembre ; si los cazadores con caballos y perros 

amenazan una irrupción absolutamente nada puede 

ocurrir, que al campesino se le escape. Desde la casa 
de la aldea apenas se descubre en lontananza algún 
pedazo de la sementera ; se visitan todos de tarde en 
tarde, y hay labradores que, al llegar la siega, ven 
por primera vez el tranquillón que empanaron ocho 
meses antes. No es mucho que así se habitúen al aban- 
dono, se resignen al azar, ó confien en la misericordia 
divina, sin poner de su parte lo necesario. ¡Cuántas 
veces tiene noticia el lugareño de daños sufridos por 
la relación de personas estrañas , cuando únicamente 
sirve el aviso para sentir y lamentar el mal ! ¿Y si lo 
presencia inerme y no puede remediarlo? 

Un hecho auténtico evidenciará la diferente posición 
de ambos cultivadores , por mas que escandalice su re- 
lato. Hallábase uno de pueblo, que era pobre y anciano, 
descentenando un candeal en descampado; venian en 
ala unos cazadores de liebres, montados y con muchos 
galgos, que asolaban los sembrados: al llegar al del in- 
feliz deseen ten ador, este dirigió la palabra al mas cer- 
cano de los caballeros , esponiéndole , con sentida voz, 
el daño que le inferían , que era tiempo de veda , y 
que mirasen , si tenian conciencia y eran señores como 
lo parecían, que destrozándole el trigo lo arruinaban, 
por satisfacer una vana diversión. El señorito mal criado 
de lugar, que oyó reconvención tan incontestable y 



200 

contundente, en boca de un débil y miserable, picó 
espuelas al jamelgo, se echó sobre el infeliz viejo y le 
maltrató de obra, no sin vergüenza de sus compañe- 
ros, que se contentaron con no aprobar el esceso. ¡El 
cielo solo se condolía del oprimido! ¿Habría pasado tal 
escándalo en un coto casería'? No era fácil: ó la pre- 
sencia del dueño y de su familia hubiera contenido el 
atrevimiento, ó no se habrían ido impunes los inso- 
lentes: el sagrado de la morada impone al enemigo 
mas procaz, é infunde en el dueño un valor estraordi- 
nario, de que participan los suyos. Además, que al 
labrador de pueblo no le sulfuran los daños que re- 
cibe, porque está avezado á tolerarlos, en cambio de 
que le disimulen los que causa, cruzando en todas di- 
recciones las heredades ajenas : el hombre rural , que 
no sale apenas de su coto redondo y que á nadie per- 
judica , se subleva contra los dañadores y está dis- 
puesto á repelerlos con su grave continente, con sus 
manos, y con el rigor de la justicia, 
conservación. De importancia son también las diferencias, por 
lo que toca al entretenimiento y conservación de los 
capitales inmueble, mueble y semoviente. Los mora- 
dores de la casería, como que pasan vida mas arre- 
glada é higiénica, con el albergue cerca, en los casos 
de intemperie ó de un accidente, haciendo mediodía 
á cubierto, comiendo caliente, auxiliados los unos de 
los otros, sin los desórdenes del vino, de comilonas, 
juegos ilícitos y malas compañías; finalmente, como 
que viven con régimen, al aire puro y con menos es- 



207 
cesos , gozan salud mas cabal y se mantienen mas ro- 
bustos y longebos. El gañan, que cotidianamente va y 
viene al campo, está sujeto á los aguaceros y malos 
temporales, come fiambre todo el año, sestea al raso, y 
por las noches y las fiestas, que debia descansar, quizá 
se maltrata, desgastado en vicios é incontinencias, 
por desquitarse de los malos ratos del dia y de la se- 
mana, t 

Respecto de caballerías y ganados corre igual pa- 
ridad: los unos á cubierto de recios temporales, pi- 
sando siempre en blando, con agua de un mismo ma- 
nantial , mejor pensados , dando de mano todos los 
dias en el establo, socorridos á tiempo en sus males, 
se conservan gordos y fuertes, y duran muchos años: 
los otros, sufriendo la injuria del granizo y del venda- 
ba!, andando por caminos duros, bebiendo de cien 
charcos, pozos y veneros, condenados á aguantar el 
torozón y la sorrejadura una hora de marcha, se lle- 
nan de peyeras, enflaquecen y se inutilizan antes para 
la agricultura: una muía que en la casería desempeña 
bien las faenas hasta los veinte años, aun puede ven- 
derse gorda para una tahona; en los pueblos, á los 
quince años, apenas sirve para labor alguna. La misma 
proporción se observa en punto á carruajes, aperos, 
guarniciones, y demás utensilios: una galera que en 
el lugar apenas sufre quince corrientes, en la labranza 
rural puede sustituirse con un carro, que dura veinte 
años. ¿Y qué ventajas no tiene el campesino para la 
conservación de los derechos? Las lindes del coto se 



conservan fijas é inalterables ; mientras el aldeano ve 
las de sus parcelas removidas todos los dias por ale- 
daños codiciosos: aquel con su vigilancia continua, 
evita que se le impongan servidumbres nuevas y que 
caigan en desuso las que disfruta sobre los predios 
vecinos: este otro, alejado de sus varias piezas, no 
puede mantener esos derechos activos ni pasivos, por- 
que cuando va por allí ha desaparecido el mojón, ó 
está el sendero nuevo tan trillado y practicable, que 
ni sabe quién le abrió, ni cabe ya el evitar el daño, 
utilidades. Donde hay conocimiento mas completo de lo que 

se maneja, donde se aprovecha mejor el tiempo, don- 
de se vigila la hacienda y se conserva el capital con 
menos quebrantos y mayor economía, demostrado 
parece que han de ser crecidos los provechos, subien- 
do el valor del capital, produciéndose con baratura, y 
sacando ventajosas utilidades: apuntaré, sin embargo, 
algunos cálculos de los mas cuantiosos y palmarios. 
Únicamente en los dos ramos de duración de yunta y 
de carruaje, existe una diferencia notable de una á 
otra labranza. Siendo el valor de un par de muías, 
siete mil reales, el de una galera manchega dos mil 
quinientos, y el de un carro mil quinientos, y durando 
aquel doce años de servicio en el pueblo y diez y 
siete en la casería, y la galera y el carro quince y 
veinte años respectivamente, resulta que el casero 
sale de muías á 411 reales por año, y el lugareño á 
583 reales; y de carruaje á 75 reales el primero y á 
166 reales el segundo; en todo 486 el campesino y 



4 209 

749 el aldeano: lo que demuestra un ahorro de mas 
de 35 por 100 en favor de la población rural. Empero 
donde resalta el contraste es en la cuenta del tiempo: 
para echarla mas galana, en pro de los lugareños, 
supongo que solo hay al año doscientos dias de tra- 
bajo agrícola, descontadas las muchas fiestas y los 
malos temporales; que se aprovechan por término 
medio diez horas al día ; y supongo igualmente que 
en idas y venidas, mudanzas y otros entretenimientos, 
no pierde el labriego de población mas que una hora 
diaria: luego perderá al año veinte jornales y obradas, 
ó sea el décimo del tiempo, no menos costoso que el 
diezmo que pagaba en frutos. En cuatro millones de 
individuos labradores, que se calculan en España ¿no 
asombra los millones de reales que vale esta hora 
diaria? Pues, al módico precio de peseta, los ochenta 
millones de jornales perdidos hacen trescientos veinte 
millones de reales anuos, y no bajando de igual suma 
la que corresponde á las obradas de caballerías, sube 
á 640 millones el cálculo de lo que hace perder la 
subdivisión de la propiedad á nuestra población agrí- 
cola agrupada. No se hace mérito en estas cuentas de 
la superfluidad de gastos de lujo y vicios en el labra- 
dor de pueblo, ni de los pleitos á que dan lugar tantos 
deslindes; así como se omiten los aumentos que se al- 
canzan con nuevos plantíos, esplanaciones y otros 
cuidados . del cultivador rural : esos pormenores se 
desprenden de las ideas espuestas, y serían harto pro- 
lijos para una memoria, en que, con iniciar la idea 

14 



210 

matriz y sus bases cardinales, se da campo anchuroso 
á los ingenios, para que mejoren y completen el pen- 
samiento. 
Mejora* Ocupémonos de la mayor facilidad, que tiene un 

agricultor en coto redondo, de introducir mejoras de 
toda especie en su heredad reunida. Es la primera, 
y de gran precio, el poder conseguir en los cereales y 
demás frutos semillas puras de las mejores castas; ya 
porque las repetidas escardas y rozas llegan á estin- 
guir todo género de cizaña, ya porque minoradas las 
medianerías de las lindes, no es tan peligroso que se 
mezclen con los frutos de los asúrcanos. Del ejemplo 
que he presentado de un labrador manchego, que 
tiene su terrazgo en 51 pedazos discontinuos, aparece 
que hay en dichas suertes 1 6.500 metros de lindes, 
formando un emparrillado, en que las hazas confron- 
tan con 164 suertes de diferentes dueños: uno de 
estos siembra centeno, otro cebada, otro trigo arisne- 
gro, otro chamorro, varios candeal; y por mas que se 
esmeren en conservar la pureza de sus granos, es de 
lodo punto imposible que no se mezclen y revuelvan, 
primero en las almantillas ó amelgas contiguas, cuando 
se siembra , ó por la acción del viento y del tránsito, 
y segundo al segar los surcos de mediería: mientras 
que el coto solo tiene unos 2.400 metros de perímetro 
y cuatro ó seis fincas que le alinden. Hay mas: el 
campesino posee una era propia, esclusiva y aislada, 
para la recolección de sus granos, que no pueden 
juntarse con los de otro cultivador; y en el pueblo 



211 

están las eras tan entremezcladas como las tierras, 
si ya no sirve cada era para diferentes coseche- 
ros , produciendo la confusión de las hacinas , par- 
vas y montones , y la indispensable mistura de 
semillas. 

Otra ventaja importante es el aumento de toda Abonos, 
clase de abonos, para reparar las pérdidas de la 
tierra vegetal. Al labrador rústico no se le desper- 
dicia un átomo de sus estiércoles, y puede hacer- 
los en mayor cantidad, así en cuadras, chisqueros, 
gallineros y palomares, como de las cenizas, des- 
perdicios de paja y malas yerbas, sea podridas ó 
quemadas en hormigueros. Habitando constante- 
mente en su heredad las personas y los animales, 
están siempre beneficiando el suelo con todas sus 
secreciones: hasta los orines y la saliva de los cam- 
pesinos caen sobre la tierra que cultivan. Los de po- 
blación dejan gran parte de esta riqueza por los ca- 
minos y terrenos estraños, y en la estrechez de los 
lugares carecen de muladar conveniente, y de gana- 
dos con que multiplicar las basuras. 

No se olvide el fatal antagonismo que existe en- ünion del •*■*•• 

° ^ y la ganadería. 

tre la ganadería y la labranza, y nótese además que 
la ganadería en grande está atravesando una crisis 
fuerte, que tiende á su disolución. Este cataclismo 
ofrece una escelente coyuntura para establecer la pe- 
queña ganadería, hermanada con el cultivo, sin per- 
juicio de las cabanas-modelos que se crean convenien- 
tes para ensayos y tentativas de mejoramiento; pero 



212 

¿hay posibilidad siquiera de que esta mejora inmensa 
se realice, sin que la agricultura se acomode á cotos 
redondos? En ellos cada labrador añadirá á los palo- 
mares, gallineros, manadas de gansos y de cerdos, un 
pequeño rebaño de ovejas , acomodado á las circuns- 
tancias de la heredad, que sucesivamente la irá cu- 
briendo de sirle, aumentando la fertilidad y los pro- 
ductos. Así como ahora no pierde el cultivador cam- 
pestre ni una boñiga de sus yuntas, ni una gallinaza 
de su averío, aprovechará entonces hasta la última 
cagarruta de su ganadito lanar, tendrá leche y carnes 
frescas, lana con que abrigarse, y un completo esta- 
blecimiento de racional agricultura, 
y cubanos También podrá efectuarse con la población rural 

en cotos, otra reforma importantísima, imposible hoy 
en Castilla, la sustitución del ganado mular por el 
boyal y caballar. Ya se ha demostrado, que las dis- 
tancias á que se labra hoy, son la razón del sosten de 
las muías, influyendo además la falta de pastos para 
los rumiantes: pues en el coto acasarado se evita la 
ambulancia, y hay mas medios de procurarse pastos, 
ya naturales, ya artificiales. Mientras la propiedad esté 
tan fraccionada, como se encuentra en lo general, se- 
rán vanas las predicaciones, los ejemplos, y cuantos 
esfuerzos se hagan por introducir la labor de bueyes, 
donde labran con muías: estas subsistirán, porque 
pueden hacer las marchas y mudanzas diarias , á que 
se niegan el buey y la vaca. 

Y contribuirá poderosamente al aumento de prados 



213 
y pastos, el mejor aprovechamiento que el campesino 
hará de las aguas, tanto llovedizas, como corrientes, 
manantiales ó estancadas. Allanando los declives, es- 
calonando las laderas en bancales, y encauzando los 
arroyos y torrentes, hará que no se malogre la savia 
y sangre de la tierra; perforará el suelo para utilizar 
en pozos y minas los resudaderos, filtraciones y aguas 
colgadas; y convertido en zahori, como el vulgo llama 
á los ingenieros hidráulicos, observará las junqueras 
y otras plantas indicantes de humedad, se fijará en 
algún venero imperceptible, y haciendo frecuentes 
calicatas por diferentes sitios, alcanzará tal vez aguas 
copiosas. Descartando las acequias notables, que deja- 
ron los árabes en Granada, Valencia, Murcia y algún 
otro punto, y los riegos artificiales y de sazón del 
campo de Tarragona, y prescindiendo de algún canal 
moderno , como los de Aragón y de Castilla , es po- 
quísimo lo que se aprovechan nuestros rios , y no mu- 
cho lo que se riega con anorias, cenias, cigüeñales y 
otras toscas máquinas, por mas que Daimiel ostente la 
escepcion de siete mil norias de cruz, á beneficio de 
un suelo hidráteo. Esperemos que favorezca los pro- 
pósitos de los campesinos laboriosos la multiplicación 
y baratura de los pozos artesianos. 

Todavía será mas fácil y seguro en las casas de nantíos 
campo el fomento de plantíos y arbolados, así de vi- 
ñedos y olivares, como de frutales y alamedas para 
leñas, aperos y construcción, que cada dia escasean y 
cuestan mas. Al proverbial descuido de los castellanos 



214 
en materia de árboles, ha contribuido mucho la mala 
distribución de las tierras, y la falta de caserías. ¿De 
qué sirve que un particular celoso plante árboles en 
sus fincas del campo , si desde la cabra á la caballería 
mayor, y desde el muchacho al anciano, todos los 
transeúntes son enemigos de la plantación? Viendo el 
furor maniático, con que en muchos de nuestros pue- 
blos se conspira contra cualquier árbol , que existe ó 
aparece, no he podido menos de compararlo al instinto 
de embestir de los toros jarameños. En gran parte de 
Castilla, un grupo de árboles, una alameda, es un oasis 
en el desierto : presentar una mata verde y undulante 
á ojos no acostumbrados á verla con placer, es enseñar 
un espantajo en el redondel, para que acometa el vi- 
cho , criado en la soledad de una dehesa. Tan solo en 
las posesiones habitadas del campo suelen conservarse 
choperas y alamedas, pues están guardadas; y esto 
nos enseña que, sembrado el terreno de caserías, se 
poblaría también de arbolado, con grandes ventajas 
particulares y generales, aumento de combustible y de 
maderas, y sobre todo mejoramiento del clima, para 
la salud, y para facilitar las lluvias y los manantiales. 
ra s°itemts de Teniendo cada labrador, reunido en un pedazo , el 
terreno que ha menester, sería mucho mas hacedero 
que hoy, el mejorar los sistemas de cultivo: cesaría en 
gran parte la resistencia que los labriegos oponen á 
innovaciones é inventos , porque ni aun pretesto ten- 
drían para oponerse á lo que ahora rehusan , con al- 
guna razón. ¿Qué alternativa discreta es practicable, 



215 
donde se encuentra el terrazgo despedazado en distan- 
tes porciones de mínima capacidad? ¿Qué arado, sino 
el antediluviano, ha de adoptar para ir cargado con 
él por todos los vericuetos del término? ¿Empleará la 
segadora ni otras máquinas, mas ó menos voluminosas 
y de coste, el que tiene sembrados de una y media 
fanega á una legua de su hogar? ¿No hay mas peligro 
de que se descompongan é inutilicen instrumentos 
complicados, en los continuos acarreos por las trochas, 
que simplemente funcionando? El completo desuso, 
que en muchas comarcas se nota con admiración, de 
rulos, rastras, sembraderas, escarificadores, &c, y 
que comunmente atribuimos á la repulsión de los la- 
bradores á toda novedad, tendría suficiente causa en 
las dificultades que ofrece, para todo trasporte, la di- 
seminación de tierras homeopáticas. 

No son pocas ni livianas las ventajas materiales, Me J° ra de 

r ° costumbres- 

que llevo apuntadas; y sin embargo, tienen mas im- 
portancia social las que me resta indicar, referentes á 
la moralidad, á las ideas y costumbres de la clase 
agrícola, que en los pueblos son poco satisfactorias, y 
en la casería forman familias patriarcales. La vida ín- 
tima del hogar doméstico, en el amor de las personas 
mas queridas, y en la suave armonía, que conviene 
á ruedas de una misma máquina, á pedazos de un 
mismo corazón, es sin disputa el sagrario donde se 
engendran, fortifican y mantienen los sentimientos no- 
bles, las sanas ideas, las acciones buenas y las virtudes 
cristianas. A escepcion de las fiestas, el labrador de 



216 
población , tan solo se reúne á su familia en las noches, 
cuando está mas dispuesto al sueño, que á la conver- 
sación paternal y afectuosa. Si á él le sucede una des- 
gracia en el campo, ó la padece en la villa alguno de 
los suyos durante el dia, ni pueden prestarse mutua 
ayuda en el momento crítico, ni gozar el inefable con- 
suelo de morir rodeados de la parentela. ¡Cómo endu- 
rece las entrañas, y relaja los vínculos de la sangre, 
el acostumbrarse á saber y pasar los males graves au- 
sente de los propios; que ausente se está á una legua, 
para ciertos lances, cual si se estuviera en Ultramar! 
Y si el lugareño cultivador propende á estravíos amo- 
rosos, á juegos y otros vicios, ó si estos dominan en 
su casa, ínterin que él rema en el campo, ¿á qué ca- 
dena de desdichas no dará lugar este divorcio cuoti- 
diano? Infinitos de estos males evita la compañía con- 
tinua de los esposos y de los hermanos campesinos, 
la presencia constante del jefe de la casa : éste se cer- 
ciora de lo que cada individuo hace ú omite; de cómo 
cumple los deberes que le incumben , y de cuanto debe 
saber un celoso padre de familia, que con ella convive 
á todas horas. A medida que se estrechan los afectos 
íntimos, crece la confianza entre padres é hijos, entre 
amos y sirvientes; y el hábito de obrar bien y de no 
oir mas que sana doctrina, concluye por hacerlos bue- 
nos á todos. El que se niega de los advenedizos á estas 
inspiraciones, ni puede aguantar de criado, ni el amo 
puede tolerarlo; que las almas se aligan y repelen 
como el azogue y la plata , ó como la trementina y el 



217 
agua. El régimen ejemplar y las envidiables costum- 
bres de las caserías vizcaínas, acaso no tiene funda- 
mento mas sólido que la intimidad continua de marido 
y mujer, de padres é hijos. 

- ¡Que los hombres de virtud y de gobierno piensen 
bien y ahincadamente en este medio escelentísimo de 
mejorar la condición moral de nuestro pueblo ! Ya que 
tantos se lamentan del estado actual , exagerando sin 
duda los efectos del daño , y confundiendo acaso los 
verdaderos orígenes : ya que por no cansarse en el 
estudio profundo del asunto, se intenta por algunos 
volver á instituciones viejas y carcomidas, y se favo- 
recen con entusiasmo medidas no muy eficaces ó de 
problemática utilidad: ya que todos deseamos que no 
se exagere el interés material hasta cristalizar metali- 
zada la generación presente: ya, en fin, que las per- 
sonas ilustradas y probas reconocen la necesidad de 
combinar en justas proporciones los intereses morales 
y físicos, analícese, escudríñese con hábil criterio la 
bienaventuranza de la población, rural, y su poderoso 
influjo en la mejora de las costumbres; y no habrá 
sacerdote evangélico, ni letrado justiciero, ni higie- 
nista entendido, ni autoridad paternal, ni alma alguna 
sensible, que deje de contribuir al logro del saludable 
intento, aunque fueran precisos mayores esfuerzos de 
los que se exigen. No olvidarse, por Dios, de que Ja 
base sólida de la educación estriba en la familia, en la 
escuela doméstica. El maestro influye sobre los niños 
seis horas al dia, y las diez y ocho restantes viven 



Amor patrio. 



218 
bajo la dependencia de los propios. Sin completar el 
plan, jamás dará todo el fruto que puede producir la 
enseñanza primaria ; y el medio mas eficaz de conse- 
guirlo es la vida rural, la familia campestre, la casería 
suelta y accesible. Hermanando la naturaleza con el 
arte, lo bello y lo positivo, y los instintos con la ra- 
zón, se huye de los estremos á que conducen las uto- 
pias de Juan Jacobo y de la edad de oro , y el refina- 
miento sibarítico de los cortesanos. 

Parece innato el amor á la patria , y con todo se 
fortifica y crece con los vínculos de la infancia y de 
las sucesivas edades : tomamos cariño á lo que mas y 
mejor y por mas tiempo nos impresiona: por eso el 
amor del ciudadano á la patria nación , no es tan fuer- 
te como el del vecino á la patria pueblo, ni este puede 
igualar en intensión al del campesino á la patria casa. 
Quien nace en una villa ó aldea, comparte el amor 
patrio con todos los que se bautizaron en la propia 
pila , que tienen iglesia y plaza común y casas con- 
juntas ; pero el que viene al inundo en una casería 
aislada , y se cria en ella , y juega en su propiedad , y 
en ella vive y trabaja , y de ella se ocupa y mantiene, 
y en ella piensa existir hasta la muerte, llega á tenerle 
una idolatría inefable. ¡Y qué mucho, si allí ha encon- 
trado el ser y la subsistencia , y ve premiados sus afa- 
nes de dias, de años, de generaciones enteras! Asi- 
mismo responde la casería á otro deseo natural, el de 
la independencia ; pues en ella ve el labrador satisfe- 
cha esta aspiración de vivir por sí y sobre sí , sin las 



219 
mancomunidades , medierías y coyuntas , que en los 
pueblos ligan la voluntad ó comprometen la concien- 
cia. Una gran parte de los pleitos entre convecinos pro- 
ceden del mucho roce , de la confusión de intereses, 
de choques y de envidias: el aislamiento independiente 
del labrador rural le evita disputas y enemistades , y 
hasta las mira con horror, desde la barrera de su so- 
siego. Se hacen también los campesinos mas animosos, 
sensatos y despreocupados; desde niños andan á to- 
das horas por la soledad, y en vez de temerla la aman: 
no aprenden los embaucamientos de duendes y brujas, 
porque no tienen vecindad desalquilada , de gente in- 
somnia ó maleante , y porque han perdido el miedo á 
las sombras y ruidos nocturnos , familiarizándose con 
ellos , en todos los períodos de su edad , en diferentes 
situaciones de la vida. 

Asiduamente adheridos á su familia , á sus anima- . la Apego , 

' a la propiedad 

les, á su patrimonio; connaturalizados con ver, tratar 
y pensar en lo propio, en el querido y dulce mió, tie- 
nen los campesinos menos curiosidad que los lugare- 
ños de ocuparse en negocios ajenos, que poco ó nada 
les importan. Sin el fisgoneo de puerta de calle , del 
mentidero, ó de cocina en cocina, se goza en el cam- 
po de las delicias naturales y domésticas ; y el hábito 
de residir dentro de la propiedad, sin pisar apenas 
las estrañas , crea el apego á lo suyo y el acatamiento 
á lo de los demás. Gomo se rebelan contra los injus- 
tos ataques , contra los que les perjudican y dañan, así 
aprenden á ser considerados y justos con el prójimo, 



220 

y á respetar la propiedad. Para convencerse de lo que 
influye en la educación práctica y en las costumbres 
el estar apiñadas las viviendas , con la puerta de la 
calle de par en par, y oteando lo que pasa en la casa 
de al lado y de enfrente , y murmurando de todo, y 
disputando y riñendo, no hay mas que considerar la 
diferencia palpable , en las grandes poblaciones , entre 
los cuartos aislados, y las casas de vecindad , de patio, 
de corredor ó de Tócame-Roque , asunto de escenas 
ruidosas para nuestros saínetes. Cuando recíproca- 
mente se oyen las conversaciones , y se divulgan los 
asuntos de familia, y los inevitables rozamientos do- 
mésticos, ni se puede mantener la paz y buena edu- 
cación de los propios , ni evitarse los choques , envi- 
dias y disturbios con los estraños. En suma , es con- 
secuencia de la vida de pueblo, que la atención de los 
habitantes se evapore hacia la calle , mientras que en 
el campo se concentra hacia la casa: allí el conjunto 
de escitaciones estrañas disipa y enflaquece el espíritu; 
aquí le fija y robustece, 
ventajas Ni se crea que las ventajas de la legítima población 

rural se limitan á la utilidad de la familia labradora; 
lo esencialmente bueno no tiende al egoísmo, sino á 
la comunicación de los beneficios. Cuantos trabajado- 
res , artesanos y operarios van á funcionar en la case- 
ría , se encuentran mejor que á campo raso, con abri- 
go, con sombra, con facilidad de comer caliente, y 
con todo género de auxilios para cualquier evento. 
Igual provecho pueden sacar de las casas de labranza 



221 
diseminadas , los viajeros y transeúntes , pues á cada 
paso hallan albergue seguro, á quien preguntar lo qne 
les convenga saber, y quien los socorra en sus necesi- 
dades. ¡Cuántos desdichados arrieros y peatones ben- 
dicen á la persona benéfica , que les tendió una mano 
amiga en medio del desierto! Hasta los labradores de 
los pueblos , colindantes con el coto redondo, aprove- 
chan la casería para el abrigo de sus personas y ca- 
ballerías en los recios temporales, para el abrevadero 
del ganado, y en otros cien menesteres , que no satis- 
fagan en la soledad de la campiña. 

Sobresalen aun mas las ventajas del coto acasa- pSica 
rado, si se miran con relación á la utilidad pública. 
El bienestar social se compone indudablemente de la 
felicidad de los individuos; pero hay bienes y males 
de tal magnitud , que no son realmente la suma de los 
particulares , sino una combinación de elementos que 
da resultados diversos de los que se notan en cada 
uno de los componentes. De la distribución de la pro- 
piedad en pedazos proporcionados á cada cultivador 
se obtendrían, entre otros muchos resultados escelen- 
tes para la buena gobernación , los que siguen : 4 .• El 
registro de hipotecas llegaria á ser una verdad, sen- 
cillo y aprovechable; porque reducido el número de 
las fincas, regularizadas estas, con su nombre propio 
y con demarcaciones claras , no ofrecería la confusión 
presente; y porque mil contratos que ahora dejan de 
estenderse por lo exiguo de las piezas, que apenas 
valen lo que cuesta la escritura y su registro, se ha- 



222 

rian, siendo de mayor importancia, completándose en 
todas las familias los títulos de propiedad , de que hoy 
carecen en el mayor número. Conozco pueblos de cua- 
trocientos vecinos, con mas de diez mil fincas, en que 
apenas se podrán reunir algunos centenares de escri- 
turas públicas y de otros instrumentos de adquisición. 
En el ejemplo citado del labrador de 51 suertes, véa- 
se la diferencia de necesitar 51 documentos y 51 re- 
gistros, á bastarle un título y un registro, como su- 
cedería si reuniese sus tierras en un coto redondo. 
2.° Asimismo sería fácil y económico el amojonamiento 
perceptible y durable de las heredades, evitándose el 
sinnúmero de disputas enojosas y de costosos pleitos, 
que ahora produce la irregularidad y confusión de lin- 
des deleznables. Habiendo pensado una dependencia 
del Gobierno, la Junta general de Estadística , en or- 
denar un amojonamiento general de la propiedad ter- 
ritorial , ha desistido ante el cúmulo de inconvenien- 
tes y de gastos que ofreceria. En el caso de compo- 
nerse nuestra labranza de cotos redondos , de piedra 
labrada pudieran hacerse los hitos, con menos coste 
de lo que hoy montarían hechos de cantos. 3.° Grande 
sería también el provecho que se sacase , para hacer 
los amillaramientos, las evaluaciones y las estadísticas 
de riqueza , con menos trabajo, y sobre todo, con mas 
aproximación á la verdad, y con mayor facilidad de 
evitar injusticias ó de reclamar su remedio. Aun 
cuando no se lograse otra ventaja, que acercarse á la 
nivelación de los repartimientos de la contribución 



223 
territorial, fuera la reforma deseada un inmenso bien; 
y que así sucedería, se comprende sin dificultad, pues 
las ocultaciones, equivocaciones y parcialidades, hoy 
inevitables en la infinita subdivisión , se harían difíci- 
les en un pedazo grande, único, con aislamiento de 
los demás, y notorio en todos sus elementos de cabi- 
da, calidad, número de caballerías y animales, &c. 
4.° Igualmente facilitaría la unificación de la propie- 
dad la formación de planos parcelarios , de mapas to- 
pográficos , y de la carta general de España. Por li- 
gera idea que se tenga de la prolijidad de los pro- 
cedimientos trigonométricos para la representación 
gráfica del terreno, se echará de ver, que el laberinto 
actual de suertes diminutas é irregulares , cuesta mul- 
titud de operaciones de medición y rectificación , que 
se limitarían en grande escala con los cotos redondos; 
y lo que todavía vale mas es , que en el primer caso 
apenas puede alcanzarse la exactitud, menos difícil de 
obtener en el segundo. 5.° Los delitos en despoblado 
habían de disminuir, sembrado el país de caserías, 
porque la gente de mal vivir, rateros, dañadores y 
ladrones, huyen de donde hay personas que los vean; 
y en los crímenes inevitables se tendrían mas medios 
de probarlos y esclarecerlos , con testigos de vista , y 
mayor facilidad de seguir y prender á los delincuentes, 
lo cual daria á los caminantes y gentes honradas con- 
fianza para andar por el campo de dia y de noche. 
6.° Multiplicándose el trabajo en un quinto, con el 
aprovechamiento del tiempo, que hoy se pierde, equi- 



Doble 
población. 



224 

valdría á un aumento igual de brazos , llegando algún 
dia el caso de que no se necesitasen obreros agrícolas 
temporeros y mercenarios. Y 7.° Que repartido así el 
territorio, pudiera haber en la superficie de nuestra 
Península doble y mas población de la que al pre- 
sente mantiene : lo demostraré en un cálculo senci- 
llísimo. 

Gontrayéndome á una sola provincia, he aquí una 
cuenta palmaria, basada en datos oficíales, los mas 
fehacientes que pueden estimarse. La provincia de 
Ciudad-Real, según el censo de 1857, tiene 244.328 
habitantes en 98 municipios y 120 parroquias, con 
655 leguas cuadradas, ó sea 373 individuos por legua 
cuadrada. Reducido su ámbito á medidas superficiales 
agrarias, resultan 3.153.159 fanegas de tierra de 
marco real, ó sean 2.030.700 hectáreas, lo que da 
por término medio para cada término jurisdiccional 
20.719 hectáreas. Rebajando de la estension superfi- 
cial una quinta parte, por lo que ocupan los cascos 
de las poblaciones, los caminos , los rios y lagunas, y 
el terreno improductible, todavía quedan en la pro- 
vincia 1.624.400 hectáreas, cantidad no exagerada, si 
se atiende á que los pueblos tienen declaradas á la 
Hacienda pública en sus relaciones, para la contribu- 
ción de inmuebles , cultivo y ganadería mas de 
1.250.000 hectáreas. De las 1.624.400 hectáreas, hay 
7.813 de regadío y 1.616.587 de secano. Ahora 
bien : dividiendo el terreno de secano en cotos de 
40 hectáreas, habría 40.414, y repartido el rega- 



225 

dio en heredades de una y media hectáreas, resul- 
tarían 5.208; lo que diera ocupación á 45.622 fami- 
lias rurales, ó sea unos 228.110 habitantes campe- 
sinos, sin perjuicio de que hubiese otros tantos en los 
pueblos de las otras clases indispensables en la socie- 
dad culta, eclesiásticos y demás adictos al culto, mu- 
nicipales y sus dependientes, delegados de la auto- 
ridad , propietarios y hacendados no labradores, 
maestros de ambos sexos, profesores de medicina, 
cirugía y farmacia, comerciantes, tenderos, tragineros, 
industriales y menestrales de artes y oficios, posa- 
deros, carreteros y demás profesiones y ejercicios, y 
sobre todo un buen número de braceros ó meros jor- 
naleros, que se necesitaría para los menesteres de la 
industria agrícola y de todas las demás. Entiéndase 
bien , que el cómputo , que acabo de hacer, está aco- 
modado á la situación imperfecta de nuestra agricul- 
tura actual ; pues cuando sus progresos hagan en 
todas las comarcas, como ya sucede en algunas, que 
diez hectáreas de tierra , susceptibles de cultivo per- 
manente, basten para una familia labradora, entonces, 
en lugar de caber doble población , se podrá mante - 
ner triplicada , como lo demuestra la aplicación del 
precedente cálculo á toda España. Las cuarenta y 
nueve provincias del reino tienen cincuenta millones 
de hectáreas , de las cuales se labran y pastan cua- 
renta millones, dos en regadío y treinta y ocho en 
secano. Dividida la tierra en fincas de una y diez hec- 
táreas respectivamente para regadío y secano, se po- 

15 



226 
dría elevar la población rural de España á mas de 
veinticinco millones de habitantes , conservándose casi 
otra tanta urbana en las ciudades, villas, lugares y 
aldeas, centros de la industria, comercio, instrucción 
y demás ramos 

Creo que el conjunto de las ventajas de la casería 
en coto redondo , sobre la población agrícola actual, 
puede convencer á los mas refractarios á la luz, á los 
mas pertinaces en conservar los malos hábitos. De- 
muéstralo palmariamente el que, cuantos se han ocu- 
pado de mi trabajo , y son hábiles escritores de las 
diferentes escuelas, residentes en diversas provincias, 
se encuentran unánimes en este punto. Quien ante 
datos tan auténticos y demostraciones tan claras 
no se dé por satisfecho, puede renunciar á los ejerci- 
cios discursivos, cierto de que su aferramiento está á 
prueba de la fuerza lógica , y de la evidencia misma: 
con semejantes cerebros, que tanta latitud deben 
medir de oreja á oreja, no cabe discutir, ni hay tér- 
minos avenibles. Para los que no sean tan indóciles, 
y convengan en las escelencias infinitas del coto-case- 
ría, reduciré á pocas palabras cuanto he alegado en 
pro de la población rural. La quinta esencia de dichas 
ventajas se encierra en las siguientes proposiciones. 

Finca única. 



Esencia La unificación de la propiedad inmueble , concen- 

de las ventajas. ' * A 

trada en su acción virtual y regularizada en sus for- 



227 
mas, es la mejor base para el fomento positivo de la 
población rural. 

Territorio ríen dividido. 



La acertada división de la propiedad territorial 
puede resolver el problema , de obtener el mayor nú- 
mero de mejores productos agrícolas , y mas baratos, 
en el menor espacio de terreno; de que resultará que 
se mantenga sobre la tierra el mayor número de 
habitantes posible. 

Posición ventajosa. 

Desde el centro material y de actividad se alcanza 
y lleva la acción fácilmente á cualquier punto de la 
superficie ó de la circunferencia : el motor, aislado de 
los objetos sobre que debe obrar , gasta su poder en 
cambiar resortes, y su diligencia en idear prolongas. 
En el primer caso , el trabajador es un titán , que 
donde quiera estiende su mano, en el segundo es un 
enano, que ni con escalera llega al blanco. 

Sana doctrina. 



El labrador que mora sobre el campo que cultiva 
es el que saborea el dulce mío el que se identifica con 



228 
la familia, el que conserva y propaga las buenas 
costumbres , el capaz de prosperar material y moral- 
mente, porque posee el microscopio de lo presente y 
el telescopio del porvenir. 



Fuerza mayor. 



El labrador rural obra sobre la tierra que maneja 
directa y perpendicularmenle , con toda la gravitación 
de su inteligencia, de su voluntad y de su poder: el 
labrador de pueblo obra de una manera torcida, in- 
termitente y oblicua. 



OBJECIONES Y RESPUESTAS. 



No es mi proyecto de ayer, ni del año de la fecha; »*fic»"ades. 
lo concebí hace mucho tiempo, lo he madurado en la 
lectura, en la conversación con hombres notables en 
estos ramos de la ciencia, en el roce con las gentes 
lugareñas agriculturas , y en la meditación de mi re- 
tiro campestre : únicamente la redacción es moderna, 
ligera y un tanto descuidada. Menguada sería mi 
razón si , en tan largo espacio y con tan buenos me- 
dios , no hubiera pensado en las dificultades con que 
se ha de tropezar, y en la manera de superarlas. Preo- 
cupado, hasta la obcecación, en favor de mi pensa- 
miento deberia yo estar, si imaginara que no tiene 
inconvenientes, que no se le harán objeciones. En 
prueba de que conozco muchos de aquellos y bastan- 
tes de estas , voy á anticiparme á los censores, esfor- 
zando cuanto me sea dable los argumentos , y contes- 
tándolos como entiendo que procede. Otros reparos 
intercalaré, que se han hecho después de publicadas 
las dos ediciones anteriores, y que no me parecen in- 
contestables. 

Al ver en este escrito la idea capital en que se 
funda: la mejor división de la propiedad territorial, 
la partición de las grandes heredades, la reunión de 
las pequeñas , apenas habrá lector que no se conmue- 



230 
va, asustado del intento: las ideas trascendentales y 
nuevas tienen el privilegio de despertar á los adormi- 
dos. Oigo que se levanta un clamor, y me dice: «Tu 
pensamiento sería magnífico, si se tratara de crear un 
Estado nuevo , como los modernos de Norte-América; 
pero contrayéndose á una sociedad vieja, tiene graves 
dificultades.» ¿Y qué reforma ó proyecto ideado ca- 
rece de ellas? responderé. Si no las hubiese, escusado 
sería el afán en procurar su remoción. «Pero es, me 
replicarán, que en el caso actual los inconvenientes 
son infinitos, inmensos algunos, y otros casi invenci- 
bles.» Mayor es todavía, añadiré, la magnitud é im- 
portancia de la empresa. ¿Habéis visto una medida 
radical que, en proporción á los beneficios que intro- 
duce, no conturbe el estado existente? ¿Puede adelan- 
tarse sin variar? ¿Qué es mejorar sino mudar, perfec- 
cionar sino alterar? ¿Cómo concebir progreso sin inno- 
vación? Reformar ¿no es trastornar y á veces extin- 
guir? Pretender que una concepción gigante doble la 
cerviz á embarazos pigmeos, es querer que el águila 
caze moscas; es no tener cabeza para subir á la cús- 
pide de la gran pirámide, desde donde todo se mues- 
tra raquítico y mezquino. Tened en cuenta , sin em- 
bargo, que yo he descartado, con grandísimo pesar 
de no ser omnipotente, los medios mas directos de 
realizar mi idea, y que apelo á los indirectos ó ya es- 
tablecidos en otros ramos, respetando vuestra exage- 
rada alarma: he renunciado á la gran palanca de Ar- 
químedes, quedándome con la del tercer género, entre 



231 
vuestra oposición y el enorme peso de la obra. Con 
todo, examinémoslas objeciones concretas, y veré si 
puedo contestarlas á satisfacción de los peritos. Mas 
ganaríais siendo vencidos , que mi amor propio en lle- 
varse el lauro. 



basta 



1. a Hasta ahora, ni gobernantes ni gobernados han pensa- ^¿"l 
do en otra cosa mejor, que en colonizar los terrenos incultos y 
despoblados, sea con extranjeros, que aumenten la población del 
reino , sea con naturales , que llenen aquellos vacíos desiertos. 

Precisamente aquí está un error, que me propongo 
destruir. Pudo ser este sistema aceptable, cuando se 
contaban en España diez ó doce millones de habitan- 
tes; cuando uno de los mayores males públicos era la 
esposicion de los grandes yermos á la rapacidad délos 
bandoleros; cuando nuestra agricultura no producía 
los cereales necesarios para el consumo, ocasionando 
carestías, que eran seguidas de epidemias , motines y 
trastornos; y cuando la falta absoluta de caminos hacia 
casi imposible la traslación de los artículos de primera- 
necesidad. Aun entonces produjeron bien escasos resul- 
tados semejantes medios, y la esperiencia nos enseña 
lo poco que podemos prometernos de su prosecución. 
Hoy, que las circunstancias han variado profundamente, 
que las necesidades son otras y la conveniencia dis- 
tinta, el plan para satisfacerlas no puede ser el mismo. 
Ahora, que registramos diez y seis millones de habi- 
tantes, y que contamos con su natural crecimiento, mas 
que en el número de personas , debemos pensar en la 



232 
manera de que prosperen y mejoren : y contrayéndome 
á la clase agrícola , que es de la que se trata , antes 
que ocuparnos de su aumento, conviene discurrir 
sobre el medio de situarla en las condiciones mas 
adecuadas, á fin de que, de su ejercicio, se repor- 
ten por ella y por la nación entera todos los prove- 
chos que permiten los adelantos científicos y sociales. 
Y no se diga que ios cotos redondos, aquí preferidos, 
estarán lejos de todo mercado, perdiendo la utilidad 
que le quitarían los trasportes; porque no se trata de 
poblar un país virgen ó una isla desierta, sino de me- 
jorar la clase agrícola de una península habitada por 
millones de personas , reunidas ya en unos veinte mil 
pueblos, mayores que la colonia, y que por lo tanto 
cuenta con muchos centros de contratación y de con- 
sumo, con cerca de tres mil lugares, villas y ciudades, 
que cada uno escede de mil moradores. Las caserías 
han de estar en el término de los pueblos, vecinas á 
los grupos de casas y á las poblaciones en que se ce- 
lebran ferias y mercados , y donde puede ejercerse el 
comercio, tanto para surtir á los coteros de lo que 
hayan menester, cuanto para tomarles sus productos al 
pie de fábrica. No faltan, pues, agregados de vivien- 
das, semejantes á los que puede añadir un colonizador: 
lo que echamos de menos son las ¡incas rurales acasa- 
radas. 

Hé aquí la diferencia esencial entre mi sistema 
y los que hasta ahora se han ideado : lo primero , lo 
importante, lo grande, es distribuir la población ayri- 



233 
cola convenientemente, sacándola de los pueblos al campo, 
no colonizar. El sistema de grupos es, en el sentido 
filosófico, vislumbrar la base sin percibirla; en el ter- 
reno práctico es figurar que se hace , y no hacer nada 
de provecho. 

2. a Sin agrupar las casas lo posible, no tendrán seguridad inP^uíSSÍd. 

los que vivan en el campo , ni mutuo auxilio , ni el honesto solaz, 
que compense sus privaciones : no habrá quien vaya á la casería 
aislada. 

Personas respetabilísimas hacen esta objeción, en 
el año en que vivimos, como se hacia en la época de 
Floridablanca , á pesar de lo que va de tiempos á tiem- 
pos. Desde el establecimiento de la Guardia civil, los 
crímenes en el campo han decrecido, al punto de no 
ser proporcionados á los que se cometen en las ciuda- 
des. Los ladrones se han acogido á poblado, sustitu- 
yendo la astucia á la fuerza brutal, y las combinacio- 
nes diabólicas al trabuco naranjero. La estadística 
criminal, á pesar de la difusión y del aparato con que 
se halla redactada, ni una palabra nos dice respecto 
al lugar de los delitos, para poder comparar los come- 
tidos en las poblaciones con los perpetrados en las 
campiñas; pero es bien seguro, que el dia que se ob- 
tengan esos datos, cual deben procurarse, aparecerán 
en consonancia con lo que acabo de esponer. Si se 
añade la creación de la Guardia rural, que se elabora 
hace años con decidido empeño, sea dándole una 
forma completamente nueva, empresa difícil; sea, 



234 
como parece preferible, ampliando la misma Guardia 
civil, que hoy desempeña funciones análogas, á satis- 
facción del país , sin duda que serán mas difíciles los 
atentados en las labranzas que en los pueblos. Conviene 
desechar las impresiones del pasado, que no existe, y 
juzgar por el presente, que nos rodea. En una manzana 
de cinco viviendas campestres, bastan cuatro hombres 
armados para sitiar á los habitantes, impidiendo que 
alguno salga por las cuatro fachadas: en cinco casas 
sueltas, á quinientos metros una de otra, no puede 
establecerse ese asedio ni con doble fuerza : desde cada 
una se defienden las demás ; y cuando no , hay el me- 
dio de escaparse y avisar, lo que no cabe hacer en 
hogares unidos. El auxilio mutuo, en casos ordinarios, 
puede recibirse con facilidad, pues basta una voz para 
pedirlo y tres minutos para cruzar el intermedio. Lo 
propio sucede en cuanto á las reuniones y solaces; 
con la ventaja de que ni será tan frecuente la compa- 
ñía, que distraiga de las labores, que prive de la in- 
dependencia, que haga inevitables las reyertas, ni vicie 
las costumbres con el demasiado roce, fisgoneo y mur- 
muración. Para los lances de apuro y para las ocasio- 
nes de recreación, bastante cerca, y á la mano; de 
continuo, convenientemente separados: esta es la con- 
dición mas bella y mas moral de la casería. En cuanto 
á la falta de quien vaya á ser casero, todo consistirá 
en que se empiece bien por los mas animosos; que en 
viendo cómo estos prosperan, sobrarán otros que los 
sigan. Para los adelantados será lo mejor y escogido; 



235 
los segundos llevarán lo mediano, y los postreros o 
peor; pero en cambio tendrán sin trabajo las lecciones 
y la esperiencia de los predecesores , y habrá crecido 
el valor de la riqueza inmueble. 



Sitios 



3. a Hay en nuestra Península terrenos secos y áridos en es- inhabitables. 
tremo, y algunas estepas, que se niegan al plan de los cotos re- 
dondos. 

No se deduce de mi proyecto, ni lo digo en parte 
alguna de la Memoria, que todo el territorio de Es- 
paña haya de convertirse forzosamente en caserías 
acotadas. Declaro que hay terrenos inhabitables é in- 
fructíferos , y de ellos hablo entre los obstáculos físi- 
cos. Sé que existen pagos, partidas y comarcas, donde, 
hoy por hoy, no es dable la residencia constante, y 
que habrán de seguir esplotándose, como ahora , desde 
poblado. Mi pensamiento no es absoluto é intransi- 
gente: propone la regla mas general, lo que en común 
es preferible , sin rechazar las escepciones , que la na- 
turaleza física y la conveniencia especial puedan exi- 
gir. Para formar las fincas rurales tienen que empezar 
los propietarios de pequeñas suertes por adquirir las 
colindantes , comprando y cambiando á su libre vo- 
luntud y espedita contratación ; y claro es que lo ha- 
rán con los terrenos capaces de coto redondo, aptos 
para la casería , y donde existan medios de vivir de 
asiento, con un cultivo asiduo y perseverante. Las es- 
tepas y los sequerales quedarán como están, porque 
nadie obliga á sus dueños á que los pueblen de 



casas de labor : todo su mal consistirá en que no po- 
drán gozar de los beneficios señalados á la finca 
rural. 

teréÍ e p s arucu?a"r. 4. a Al Gobierno solo le incumbe quitar las tratas que estor- 
ban á las industrias, dejando lo demás al poderosísimo y agudo 
interés particular. 

Esta doctrina , que á fuerza de repetirse en todos 
los tonos, en casi todos los asuntos y á placer de los 
oyentes , ha llegado á ser axiomática , puede conducir 
á la verdad y al error, como todos los principios abso- 
lutos , cuando se los exagera ó interpreta mal. La ge- 
neralización es buena para el estudio , para sintetizar, 
y para las grandes concepciones; para gobernar y 
aplicar los principios conviene ser analítico, particu- 
larizar, individualizar. La idea de gobernar poco se 
ha acreditado y hecho de moda , ¿cuándo? Cabalmente 
cuando mas se manda y se gobierna desde el centro 
que todo lo abarca ; cuando mas exigencias de que se 
mande y se gobierne suelen manifestarse por la im- 
prenta : cuando se han establecido Asambleas anuales, 
que tienen por tarea hacer leyes , y que las están ha- 
ciendo, modificando y variando incesantemente. Y se 
repite la máxima , mientras se echan de menos leyes, 
reglamentos, decretos y ordenanzas para el ejercicio 
de las profesiones y de los derechos , para las nuevas 
instituciones que crea la civilización , para contener 
los abusos que siempre hay y habrá , para sustituir 
los preceptos antiguos por otros acomodados á las cir- 



237 
cunstancias. Pero no todos los publicistas modernos 
han caido en ese error. Ahrens , que no puede ser 
sospechoso á los mas avanzados, dice con gran razón: 
«La idea misma del derecho, lejos de condenar al Es- 
tado y á los poderes políticos á un papel de indiferen- 
cia y de inacción, de consagrar para ellos el dejar 
hacer, les impone al contrario el deber de cuidar de 
todo lo que es humanitario, de ayudar al cumplimiento 
de todas las miras sociales, de favorecer todas las 
buenas tendeucias, de prestar su apoyo á todo lo que 
reclaman las necesidades y el progreso de la vida social.» 
Miremos las cosas á la luz de la filosofía y de la 
sana lógica, y veremos que, en efecto, no debe man- 
darse sino lo que sea necesario; que puede pecarse 
de prurito de gobernar, como de falta de autoridad; 
y que el interés individual, primer motor de cuanto 
se ejecuta en el mundo, ha de estar ilustrado por la 
razón y exento de malas pasiones , para que funcione 
libremente; pero que si es ciego ó egoísta, ignorante 
ó torpe , necesita intervención de la sociedad , que lo 
dirija y contenga , como pone tutela al menor, al im- 
bécil , al malversador y al loco. Los irracionales , en- 
cerrados en la prensa de sus instintos, se bastan á sí 
mismos: el libre albedno del hombre necesita reglas. 
La ley no debe mezclarse en que cada ciudadano 
tenga la profesión que le acomode , aunque mal ele- 
gida, ni en que gane la vida como pueda; pero debe 
impedir los medios que perjudican á los demás; debe 
oponerse á los monopolios y al suicidio; debe penar 



238 
los escesos, la holgazanería y la vagancia, resuelta y 
directamente ; y por cuantos medios quepa debe pro- 
mover, estimular, fomentar, premiar las buenas accio- 
nes, los adelantos, las mejores prácticas, contrariando 
indirectamente los estravíos del capricho y las inepcias 
del error. Y viniendo de teorías generales al caso par- 
ticular que nos ocupa , ¿habrá quien niegue la conve- 
niencia de que el legislador concurra, con su mayor 
ilustración y con todo el poder social, á rectificar las 
ideas equivocadas de los que, por ignorancia, no sa- 
can de sus afanes el provecho que debían obtener? 
Ved á esa multitud de labradores, que malgasta el 
tiempo y el trabajo; que se fia de los pronósticos de 
Yagüe y deja perder el agua del riachuelo; que se 
ahorra un duro de escarda, y pierde fanegas de cose- 
cha; que prefiere fraccionar los almudes de tierra, en 
que no puede revolverse, á permutas convenientes; 
que atribuye la prosperidad del trabajador á tesoro 
hallado ó maleta encontrada, y no á su laboriosidad, 
discreción ó economía; y decidme si el interés parti- 
cular, cuando no se halla libre de preocupaciones, es 
bastante poderoso para guiar al individuo hacia su fe- 
licidad. Guando le veis que se resiste á las persuasio- 
nes, que no le hacen mella los buenos ejemplos , y que 
persiste obrando contra sí mismo, contra el interés de 
su familia, y desdeñando mas lisonjero porvenir, ¿qué 
será mas liberal, mas humano, mas lógico, dejarle en 
la miseria por escrúpulo de contrariarle, ó aprovechar 
todos los medios racionales de empujarle hacia el bien? 



239 
En tesis general puede sostenerse, que así el legislador 
como los agentes de la agricultura , todos quieren lo 
mejor: cultivar tanto como se puede, tan perfecta- 
mente como se puede, y con los mayores productos 
posibles; pero como existen la avaricia, la pereza, la 
envidia, la soberbia y los siete pecados capitales, y 
otras pasiones que de ellos se derivan, es consecuen- 
cia necesaria, que quepa el error mas de una vez, y 
que cuando el que manda yerra, el interés particular 
corrija con inobservancias, trampas legales, resistencia 
pasiva, y hasta con revoluciones; y que si el interés 
individual se equivoca ó desordena, la ley se encargue 
de enseñar y corregir. Los errores magistrales y la 
fuerza despótica, que vienen de arriba, naturalmente 
se corrigen por el instinto social, ó se embotan en las 
capas aglomeradas de la masa del pueblo : los estra- 
víos que existen abajo son aplastados por la gravita- 
ción de los cuerpos científicos , ó los dispersa la acción 
impulsiva del poder supremo. 

5. a Supuesto que la clase agrícola es la mas atrasada, y que Mayor 

aislamiento. 

una de las causas mas eficaces de su ignorancia es el aislamiento 
del campo , durante el dia; se aumentará la torpeza y se agravará el 
mal , llevándola á la vida solitaria de la casería , donde ni el pe- 
queño trato del pueblo tendrá. 

El mal mayor que hoy sienten los agricultores, en 
punto á instrucción, no deriva tanto de su apartamiento 
del resto de las gentes, como de las fatales condicio- 
nes de su existencia. No tienen bastante amor al tra- 



240 

bajo, porque una gran parte de él es infecundo; no 
aspiran á goces y mejoras racionales, porque se creen 
impotentes y como abyectos, sin la conciencia de lo 
que pueden y de lo que conseguirían mejor estableci- 
dos. No tienen previsión, porque con el sistema actual, 
apenas les alcanzan sus escasas ganancias para salir 
del dia. Colocado el agricultor de un modo estable, en 
heredad reunida, crecerá su verdadero interés, se au- 
mentarán sus ganancias, codiciará nuevas comodida- 
des, se sentirá capaz de prosperidad, y pensará en su 
vejez y en el porvenir de sus hijos, con esperanza de 
prevenirlos. Por otra parte, sembrado el campo de 
caserías, el trato será mayor y menos nocivo que lo 
es actualmente, porque, sin el roce peligroso de la 
conjunción, habrá un contacto mas perseverante, de 
noble rivalidad , de digna emulación , aprendiendo los 
mas atrasados de los mas despiertos el manejo de la 
hacienda y los métodos preferibles, y estando siempre 
cerca para necesidades y conciertos. Hoy van á pasar 
el dia en pagos desiertos, la noche en el descanso, 
quedando las fiestas para la comunicación recíproca, 
que no son en las que mas bueno aprenden y ejecutan; 
hoy apenas transita nadie por los yermos : pero si la 
población rural se hallase bien repartida, cultivarían 
á la vista de las caserías circunvecinas y andarían las 
gentes por todas partes, porque el campo sería una 
población continuada. Fuera de que no he olvidado 
el punto de escuelas rurales gratuitas y en suficiente 
número, con asistencia eficazmente obligatoria. 



241 

6. a La repugnancia de los labradores á morar en el campo, ¿ ua £¡j£ 
por la dificultad de cumplir con los deberes cristianos, de ser so- 
corridos facultativamente, y de tener otros goces que hay en los 
'pueblos, no pasa ahora de ser un temor; ¿y se quiere convertirlo 
en dotorosa realidad? 

Empequeñece mucho la obra de mejorar nuestra 
población rural, quien la reduce al mero hecho de 
construir casas de campo y poblarlas: esto sería bien 
poca cosa, si no precediese su necesario cimiento, si 
no acompañasen sus naturales auxiliares. Antes hay 
que tener cotos redondos, y estos no han de venir sin 
la repartición de los terrenos estensos, y las compras 
y permutas de las suertes pequeñas. Paralelas á estas 
medidas, ó inmediatas, deben marchar la conveniente 
división concejil y parroquial, la de partidos médicos, 
el establecimiento de escuelas rurales, y otras disposi- 
ciones complementarias. Entonces, lejos de aumentarse 
la resistencia , aflojará y desaparecerá. Ya he indicado 
también que las casas sueltas , de doscientos á mil me- 
tros unas de otras , reúnen las ventajas del aislamiento 
oportuno, y la de una contigüidad suficiente á pres- 
tarse ayuda en caso necesario : que tres ó cuatro vi- 
viendas juntas se sorprenden y someten como una 
sola, mientras que las casas separadas y cercanas son 
respectivamente fuertes destacados, que defienden á 
la comprometida con sus cruzados fuegos. Concédanse 
efectivas ganancias, estímulos poderosos y positivo in- 
terés á los caseros de los cotos, y desaparecerán ni- 

16 



242 
mios temores, hasta convertirse en* temeridad. Se 
burlan los bloqueos y los cordones sanitarios por el 
lucro ¿y habían de faltar cultivadores en terrenos fér- 
tiles, bien acondicionados y con posada cómoda? Vi- 
ven y labran las gentes sobre la lava del Vesubio y 
del Etna ¿y no habría quien esplotase nuestras pací- 
ficas campiñas? 

¿SfiUl. ^- a Reuniendo en un solo pedazo el terrazgo de cada labrador, 
una mala nube, una plaga de langosta ú otra calamidad parcial de 
aquella partida, puede arruinar por completo sus cosechas; mientras 
que separadas las suertes por diferentes puntos del término, gozan 
de todas las calidades y esposiciones , y si unas padecen, otras se 
salvan. 

Si este argumento tuviese fuerza, la tendría mayor 
para persuadir, que cuanto mas lejanas y en varios 
climas estuviesen las fincas de un labrador, tanto me- 
jor para él , aunque fuera en apartadas regiones y pro- 
vincias, lo cual es un absurdo. La facultad natural 
productriz de una tierra, con ser mucho, no equivale 
á lo que puede favorecerla el hombre con su inteli- 
gencia y continuos cuidados , haciendo bueno el terreno 
mas mediano. La doctrina de fundarlo todo en la na- 
turaleza y en los elementos, procede de los ateos del 
versículo \ 9 del tercer capítulo del Génesis , de los 
aventureros holgazanes, que en todos los absurdos 
tienen fe, y no en la verdad de su propio sudor, bien 
empleado. Por estrechos que sean los ramalazos de 
granizadas y pedriscos y las plagas de insectos , sue- 



2i3 

len coger mas estension que la que tiene un término; 
pero de todos modos, la ley de las probabilidades nos 
enseña que, en una cantidad dada de superficie, son 
matemáticamente iguales los riesgos y los seguros en 
una serie de años, ora se encuentre en una ó en va- 
rias suertes, sin mas diferencia que lo que la una se 
espone en intensidad, las otras lo hacen en frecuencia, 
nivelándose las fortunas y las desgracias. Esto, sin 
contar la mayor facilidad, que tiene el labrador cotero, 
de remediar ó reparar daños de casos fortuitos, con 
su presencia continua , con su activo desvelo y con la 
ayuda incesante de su familia unida. 

8. a Conceder retajas de contribuciones y derechos á loe po- 
bladores rurales , es hacerles un beneficio , á costa y en perjuicio del 
común de terratenientes, con daño de! Tesoro público. 

Con esta objeción se pueden combatir todos los 
premios, estímulos y gastos, que se invierten en pro- 
mover mejoras, en socorrer calamidades y en fomentar 
todo lo bueno. Gastos reproductivos de esta índole, 
lejos de ser gravosos para nadie, aumentan mucho el 
capital imponible, y ni la Hacienda pública pierde in- 
gresos, ni la masa de contribuyentes tarda en encon- 
trar alivio, convirtiéndose el recargo momentáneo y 
parcial en beneficio general y duradero. No hay nación 
culta que no obre en este sentido, y señaladamente 
en pro de la agricultura. La legislación financiera fran- 
cesa esceptúa ó aligera de contribuciones los terrenos 
desecados ó mejorados, por 15, 20, 25, y hasta por 



Es un 
privilegio. 



Es un hecho 
inalterable. 



244 

espacio de 30 años. Los sesudos gobiernos de Alema- 
nia han concedido y están dando premios á los pro- 
pietarios territoriales, que reúnen su propiedad dis- 
persa en un solo pedazo regular, por medio de compras, 
trueques, compensaciones, ó por cualquier otro medio 
legítimo de adquisición. Guando existia el diezmo en 
España, la legislación y la costumbre favorecían los 
nuevos cultivos, riegos y arrompidos, los cercados y 
los herrenales, aunque indirectamente, y solianescep- 
tuar los frutos antes no conocidos. Aun en la actual 
instrucción de la contribución de inmuebles se eximen 
por cierto tiempo los edificios y plantíos nuevos. Con 
cuánta mas razón merecen ser considerados los que, 
saliendo de la rutina, introducen mejoras notables, ó 
propenden á la unificación de la propiedad, alma de 
todo mejoramiento y base fundamental de los progre- 
sos agrícolas. 

9. a Siendo la repartición de las tierras un hecho dependiente 
del interés individual, motor poderoso y entendido, no hay ley ni 
poder humano que pueda oponérsele y alterarlo. 

En esta base descansa el ligero opúsculo que, con 
el título de Consideraciones sobre el fraccionamiento de 
la propiedad territorial en Francia, presentó en 1.° de 
Mayo de \ 826 á la Academia de Ciencias de París su 
digno individuo y Par de Francia Mr. el Vizconde de 
Morel-Vindé. Por venerable que sea esta autoridad, 
respecto á la época en que se emitió y al estado del 
país á que se refiere, yo me atreveré á impugnarla, 



245 

ya como falta de exactitud en sus fundamentos, ya 
como inaplicable á nuestra nación, que se halla en 
muy diferentes condiciones. Comenzaré por decir, 
que el ilustre académico se propuso calmar un temor 
que empezaban á sentir algunos escritores franceses, 
de que la propiedad continuase dividiéndose, hasta 
un punto perjudicialísimo á la producción; y que, en 
semejante empeño, hubo de esforzar, exagerar quizá, 
las seguridades de que no sobrevendría el mal pre- 
sentido. Es inegable que todo hecho general , estenso 
y perseverante revela causas poderosas: también es 
cierto , que el interés individual tiene una gran parle 
en el hecho de la mayor ó menor capacidad de las 
parcelas; pero ¿se deduce de aquí , que el sentimiento 
y la opinión no han influido jamás , ni pueden influir 
en el mismo hecho? De manera alguna. Aun conce- 
diendo al pueblo francés mayor ilustración de la 
mucha que tiene ; aun imaginándose una sociedad de 
filósofos, no podría sostenerse que el interés solo es 
el único guia de las acciones humanas , y que nada 
hay que pueda torcer ni cambiar esta marcha nece- 
saria. A ser esta doctrina tan cierta como absoluta, 
estarian demás las leyes , las instituciones , la educa- 
ción, y los infinitos medios con que se modifican y 
cambian las ideas y las costumbres. Como puede 
existir frenología racional con libre arbitrio y educa- 
ción poderosa, puede haber leyes agrarias, códigos 
rurales , que influyan en bien del cultivo , y que en- 
caucen por buen conducto las costumbres agrícolas. 



246 
En Francia ha habido suficiente poder en las ideas 
para contener la gravedad del mal : basta el buen sen- 
tido en Guipúzcoa y en Cuba; pero ya se ha visto lo 
que es el interés particular , cuando imperito , ciego y 
apasionado , se mueve sin compás y sin regla : el es- 
pectáculo de varios campos de Castilla , fraccionados 
en diminutas suertes de almudes y de celemines, 
donde se destrozan y pierden la mitad de los frutos, 
donde es imposible sistema alterno racional , donde ni 
moverse pueden trabajadores y caballerías , le habria 
hecho ver á Mr. Morel, que no siempre el interés par- 
ticular es motor entendido; aunque sin este ejemplo 
contundente pudo reflexionar, que siendo posible y 
fácil el error en todas las cosas humanas, el juicio 
de los propietarios , sobre su conveniencia en la mag- 
nitud de las tierras, estaba sujeto á la misma fla- 
queza, y no podia ser infalible. Ahora mismo, fran- 
ceses ilustrados escriben, como yo, alarmados del 
mal creciente de la subdivisión. Reconozcamos al in- 
terés propio como un fuerte elemento de acción; pero 
ayudémosle, empujándole cuando va derecho, y re- 
frenándole cuando se tuerce. Se sirve al prójimo 
aplaudiéndole una buena acción, pero se le hace obra 
de misericordia corrigiendo sus yerros. La razón tran- 
sige con la tradición , cuando esta le da plausibles es- 
cusas y buenos resultados, aunque no sean los mejo- 
res posibles ; pero la razón no debe ceder jamás á la 
rutina absurda , á las prácticas abusivas , é intereses 
mal comprendidos. Si la razón y la opinión influyen- 



247 
te condenan un abuso añejo, el abuso, por mas que 
luche , sucumbe ; la ciencia triunfa. La inteligencia ha 
prevalecido, manda, dominará eternamente: la fuer- 
za bruta es un relámpago que pasa y se consume en sí 
misma : los malos hábitos de la multitud, los estravíos 
de la ignorancia pertenecen á la fuerza material, que la 
ciencia destruye, cuando pronuncia su última palabra. 
Mas ya que al interés individual se apela, exami- 
nemos desapasionadamente lo que en todos los pue- 
blos labradores dice y desea la conveniencia particular 
de nuestros propietarios territoriales. Cuanto mas 
prolijo y hondo sea el examen, veremos con mayor 
claridad y certidumbre , que la doctrina está en con- 
tradicción con los hechos; que las aspiraciones legí- 
timas no pueden conseguirse; que el motor del inte- 
rés entendido en muchos casos , no es bastante pode- 
roso para realizar el bien ; y que en la generalidad de 
los cultivadores, lejos de ser su interés entendido, es 
rudo, y únicamente es poderoso para perpetuar los er- 
rores, las desconfianzas , la inconveniencia y la rutina. 
Oid á todos los terratenientes despejados, como se 
lamentan de la dispersión de su hacienda, el empeño 
que muestran en reunir el terrazgo , y el dolor que 
les causa la esterilidad de sus esfuerzos. Preguntad, 
discurrid con los menos ilustrados sobre su negativa 
á cambios y permutas, y no os presentarán razón 
plausible, que justifique la resistencia: ignorancia su- 
pina de lo que vale la unificación; adhesión ciega á 
los hábitos ; tenacidad salvaje para seguir la costum- 



248 
bre ; recelo absoluto de ser engañado y perder en el 
trueque; prevención envidiosa de que los demás 
puedan medrar; tales son, en puridad, las respuestas, 
Jas salidas, las disculpas mas comunes, que hallareis 
en estas indagaciones. Pues , si los mas discretos pro- 
pietarios ansian reconcentrar sus suertes dispersas, 
haciendo esfuerzos estériles por lograrlo, y solo los 
ignorantes se resisten por erradas ideas ¿no es cierto 
y positivo que el interés particular entendido está por 
la finca rural , y que no es poderoso para crearla? Y 
en situación tal, y cuando se cruza un bien social in- 
menso ¿qué le toca hacer al legislador sabio y pater- 
nal? Remover los estorbos que dificultan el beneficio 
apetecido. ¿De qué modo? Empleando la gran palanca 
del saber y del poder social para unir y hermanar 
las dos fuerzas, la absorbente y la repulsiva. A los 
opositores obcecados desengañarlos, llevándolos de la 
mano á que depongan su terca negativa; y sobre todo, 
acrecentándoles su caudal, para que disimulando la 
pequeña coerción al principio , saboreen luego, alec- 
cionados , el beneficio recibido , que tendrá un dulzor 
especial por venir impuesto, como llovido y á terno 
seco. A los conocedores de su verdadero interés , que 
lo procuraban y codiciaban, exigirles que paguen 
el gusto , que indemnicen hasta el capricho del resig- 
nado; y que la especie de herida causada en el amor 
propio ó en la obstinada voluntad de sus convecinos, 
la laven y curen con el bálsamo del premio y de la 
generosidad. Y como á este cambio sucederá una vida 



249 
nueva, mas saludable y de mayores goces, los que 
murmuraban de la dureza de la ley, bendecirán bien 
pronto sus cuidados paternales, discretos y previsores. 

10. No puede cambiarse el estado actual de la propiedad in- 
mueble, sin producir una conmoción, un trastorno, una pertur- 
bación social peligrosa. 

Por medios legales, pacíficos, discretos y pruden- 
tes se han realizado cambios mas difíciles en institu- 
ciones seculares , que tenian en su apoyo grandes in- 
tereses creados y poderosísimos sostenedores. Si la re- 
forma es esencialmente buena, de utilidad reconocida 
por la opinión ilustrada, y de trascendental influencia 
en la prosperidad de la nación, debe emprenderse con 
brio, proseguirse con esperanza y concluirse con con- 
tentamiento. Declararse impotentes los poderes públi- 
cos para tamaña obra, sería confesar que es precisa 
una revolución para el progreso de la sociedad, y dar 
la razón á la democracia , que se cree capaz de ma- 
yores empresas. Estémonos con los brazos cruzados, 
no cortemos la gangrena que corroe las entrañas de 
nuestra agricultura, en el mismo instante en que la 
ganadería se descompone , y el socialismo se encar- 
gará de hacer, lo que meticulosos esquivamos. Aunque 
bien examinado, no hay motivo para tanto ruido, ni 
peligros como los que conciben las imaginaciones ca- 
lenturientas. ¿De qué se trata en puridad? ¿Acaso de 
una invasión violenta del territorio, para cortar y ta- 
jar, á viva fuerza, el suelo laborable, como pudiera 



Sería 
un trastorno. 



250 
imaginarse sobre un mapa mudo, ó cual se halla cua- 
driculado un tablero de damas? No parece, al sentir 
tanto miedo, sino que vamos á emprender una cruza- 
da contra los propietarios territoriales, resueltos á 
despojarlos, sin consideración alguna, de sus precia- 
das haciendas : cuando meramente se aspira á facilitar 
la partición de laá heredades, demasiado grandes, en 
porciones de mas cómodo manejo; de promover indi- 
rectamente las ventas y compras, las permutas y cam- 
bios de las pequeñas hazas, en que el cultivo se hace 
con mil inconveniencias , á fin de que se vayan re- 
uniendo heredades de mejor esplotacion. Solo en un 
caso estremo se apela á un medio directo, reconocido 
en nuestra legislación y en la de toda Europa. La 
alarma, pues, carece de fundamento; es la habitual 
prevención con que se oyen y reciben todas las ideas 
nuevas, con que se teme alterar la vida ordinaria: 
siempre las grandes instituciones encontrarán en su 
primer período los obstáculos , que opone la existencia 
presente al progreso, que viene á deshancarla. 

perjuicio 41. Conceder el derecho de retracto, cuando se venda una 

del retracto. 

finca, á los que poseen las colindantes, perjudica notablemente á 
los actuales propietarios de tierras : ahora tienen un mercado fran- 
co donde pueden ser licitadores todos los vecinos y forasteros ; y 
con el tanteo se les obliga á preferir á uno conocido de antemano, 
lo cual retraerá 4 los demás , con marcada depreciación de la finca. 

Deslumbrador parecerá este cargo á quien no lo 
examine, sino en el terreno teórico de las abstraccio- 



251 
nes económicas; mas á buen seguro que le hará poca 
fuerza al que diariamente está viendo lo que acontece 
con el retracto gentilicio. Nuestra legislación ha reco- 
nocido siempre el derecho de tanteo en los parientes 
y en los condueños; en el primer caso como consa- 
grando el cariño familiar, y en el segundo cediendo á 
una conveniencia económica ; y aunque modernamente 
se han aumentado las precauciones al consignar el de- 
recho, por el escarmiento de los abusos, subsiste la 
institución en ambos sentidos, como cosa conveniente. 
Pues para estender este recurso en favor de los terra- 
tenientes limítrofes, militan razones de utilidad pú- 
blica de superior interés, máxime si se previenen 
igualmente los modos de abusar de esta facultad, des- 
pojada ya de las odiosidades que antes la hacían dura. 
En Hungría ha estado largo tiempo en la legislación el 
derecho de retracto familiar, de una manera exagera- 
da, pues se concedía por tiempo ilimitado, si había 
parientes que lo solicitasen , aunque la egresión de la 
familia se hubiese efectuado cuarenta años antes; es 
decir, cuando ya otro nuevo linaje podia contarlo en 
su abolengo. Condiciones tan repugnantes se han abo- 
lido modernamente, pero dejando en pié el derecho, 
como lo está entre nosotros. Aun suponiendo que el nue- 
vo código civil suprima el retracto familiar, no cabe que 
descarte el de los condueños , ni que desatienda el de 
los colindantes , mas provechoso y trascendental que 
todos. 

Vengamos á lo que pasa generalmente con el re- 



252 
tracto gentilicio, y esta esperiencia nos dirá , si el tan- 
teo de conlimitacion perjudicará ó no al propietario, 
que quiera vender sus tierras. Guando un terrateniente 
piensa en enagenar una finca y sabe que hay pariente 
con derecho, posibilidad y deseo de tantearla , en vez 
de recibir la ley de este comprador privilegiado, se 
la da con la mayor facilidad. Esplora privadamente á 
los que emplean el dinero en adquirir predios rústi- 
cos : ve lo que le ofrece el mejor postor de esta su- 
basta clandestina, y todavía no le falta un amigo ó 
testaferro, que supone mejorar la postura en alguna 
cantidad. Si el pariente , al noticiarle este último pre- 
cio, se conforma con él , paga la heredad familiar mas 
de lo que vale en la plaza; en caso de resistirse, la 
vende al que mas le ofrecía , verificándose siempre 
que nada pierde con el retracto, ó que le sirve de 
pretesto para vender mas caro. Digan los que conocen 
los pueblos y esta clase de negocios, si no es esto lo que 
sucede todos los dias , lo que de ordinario acaece , en 
noventa retractos de los ciento. Lo que demuestran los 
hechos , lo esplica perfectamente una razón clara : sin 
el derecho de tanteo, el propietario vende á quien 
quiere, sin pensar en que un tercero tome acta de su 
contrato, para ser parte en sus consecuencias; pero 
con el derecho de retracto tiene los mismos licitadores, 
y uno de preferencia , ávido de la finca , á quien por 
esta circunstancia puede esplotar mejor, quedándole 
en caso contrario todos los demás que aspiran á ha- 
cendarse. A estos no les empece en manera alguna el 



&>3 

privilegio del pariente , porque ó no pasan del con- 
cierto, esperando lo que el pariente resuelve, ó si en- 
tregan el precio, saben que, antes de anularse su 
compra , ha de estar depositada igual suma en poder 
del juzgado. ¿Qué perjuicio puede venir al vendedor, 
ni qué riesgos corre el comprador? No se tema , pues, 
que la preferencia concedida á los colindantes acarree 
desprecio de la propiedad : tan codiciada es hoy, que, 
á pesar de los estímulos , será lentísima la acumula- 
ción por medio de compras, y cuando estas se inicien, 
apurarán los aspirantes todos los medios de hacerse 
con la heredad, á precios bien subidos. 

12. La espropiacion forzosa por causa da utilidad pública es^e/odtoia^ " 

un mal necesario, para la viabilidad y otros medios de existencia 
social indispensables : pero como medida odiosa , debe restringirse 
lo posible , y no ampliarse á empresas é intereses de particulares. 

No es exacto que la espropiacion forzosa sea mas 
necesaria para los asuntos á que se aplica, que para 
crear la finca rural; ni que esta creación interese me- 
nos á la causa pública, que aquellos asuntos. Guando 
se obliga á un señor de obra á que deje ó á que tome 
superficie en la via pública; cuando se fuerza al pro- 
pietario á que pierda su casa ó su tierra, por despejar 
el glasis de una ciudadela, por completarlas obras de 
un puerto, ó por desecar una laguna ¿no es la razón 
suprema de estas coacciones imprescindibles la utilidad 
pública, el provecho que de estas medidas ha de re- 
portar la nación? Pues el mismo interés social, en ma- 



•25i 

yor escala , y aplicable á mayor número de ciudada- 
nos, demanda la creación de las fincas rurales. Ni es 
en beneficio esclusivo de un propietario por lo que se 
reúne el coto redondo , como no lo es en los privilegios 
de invención é introducción de máquinas y procedi- 
mientos , como no lo fué en los derechos concedidos á 
los escritores, traductores y editores de libros. El pri- 
vilegio esclusivo se daba y se da á persona determi- 
nada , á un empresario particular, que alcanza inme- 
diatamente la utilidad ; pero la sociedad es la que ma- 
yor provecho reporta de esta medida , generadora de 
prosperidad y bienestar común. Únicamente la oposi- 
ción instintiva á la novedad puede encontrar mas útil, 
para todos los españoles, que una calle de la corte se 
ponga en línea recta, ó que se refresque con hielo ar- 
tificial, que la regeneración de la labranza en todas 
las provincias, de que se ha de seguir la abundancia 
de mantenimientos y la mejora de las costumbres. Há- 
gase un cálculo , todo lo exagerado que se quiera , de 
los beneficios que reportará el pueblo español en masa 
del Canal de Isabel II, ó del nuevo paseo de Recoletos, 
que tantos millones cuestan ; compárese con las venta- 
jas de generalizar la población rural del reino, de mul- 
tiplicar el trabajo agrícola en equivalencia al aumento 
de tres millones de habitantes, de la facilidad de per- 
feccionar el cultivo al nivel de los pueblos mas ade- 
lantados, y de la consiguiente mejora de la moral 
pública, y dígase paladinamente dónde estará mejor 
aplicada la ley de espropiacion. Y cuenta que este re- 



255 
curso se reserva á casos particulares, en que no alcan- 
zan los demás medios previos; y que en cualquier 
evento la indemnización y el sobreprecio son de cuenta 
del particular que acota , y no del tesoro nacional. 

Dañarla la 

13. De hacer indivisibles é inacumulables los cotos redondos indivisión. 
se dificultaría la circulación de la propiedad territorial y se esclui- 
rian el grande y el pequeño cultivo : sería un golpe de estado en 
nuestra economía rural. 

Desconozco la razón de la primera parte del argu- 
mento ; porque no alcanzo á sospechar siquiera , que 
la finca rural, montada con todas las buenas condicio- 
nes de un establecimiento agrario, perfeccionada según 
los adelantos de la ciencia y de la práctica sensata, sea 
menos solicitada , ni mas difícil de enajenar, que lo son 
ahora las haciendas de parcelas diminutas, lejanas, y 
costosamente aprovechables. ¿Cómo no ha de circular 
mejor, mucho mejor, una máquina completa de pro- 
ducción agrícola, que lo que hoy circulan las piezas 
separadas y dispersas de esa misma industria? La finca 
rural por que abogo, con ser apropiada para el mejor 
aprovechamiento, no es tan costosa, que dificulte la 
circulación: es la misma cantidad de superficie que hoy 
lleva cualquiera , y que se ve tan solicitada en el mer- 
cado, sin otra diferencia que la del fraccionamiento ó 
de la unidad. 

En cuanto á que yo escluya el grande y el pequeño 
cultivohay un error de apreciación. Prefiero en gene- 
ral el cultivo medio é intenso, y lo recomiendo con to- 



250 
das mis fuerzas; pero sin pretender que todos los ha- 
cendados, y por toda la haz del territorio, hagan 
cotos redondos. La iniciativa y la operación de reunir 
pedazos las dejo al interés particular; la ayuda y la 
protección á la ley. Mas como ni mi deseo, ni los es- 
tímulos, ni la fuerza social han de alcanzar á que el 
suelo todo, y en sus infinitas calidades y condiciones, 
se convierta en heredades cotos, quedarán necesaria- 
mente porciones mayores y menores para todo género 
de cultivos. Me contento con que la generalidad de las 
comarcas se pueble de caserías; que aun quedarán 
espacios para ensayos en grande y para esplotaciones 
diversas. Lo grande y lo pequeño lo tenemos en abun- 
dancia y sin esfuerzo : lo que escasea es la finca rural 
acomodada, y por eso conviene procurarla. 

Mi noble y leal aspiración se funda en medidas 
legales, que exigen la mayor publicidad, previas y 
amplias discusiones; y no puede compararse, bajo as- 
pecto alguno, ni aun en sentido hipotético é hiperbó- 
lico, á un golpe de estado. ¡Pluguiese al cielo, que los 
verdaderos golpes de estado tuvieran el alto fin y los 
beneficios sin cuento de la población rural; y que en 
vez de darse con el sable , con las bayonetas y con el 
cañón rayado, se llevaran, como mi proyecto, primero 
al crisol de una Academia sabia, luego al estadio de la 
prensa, y después á la tribuna de los legisladores ! 



14. Por mas que se califiquen de indirectos , ó de usuales, los 

Se ataca 

ía propiedad. me ¿j os q Ue se proponen para la acumulación de las tierras meno- 



257 

res y la partición de las mayores, no deja de ejercerse una coac- 
ción contra el derecho de propiedad; pues las medidas son apre- 
miantes y coercitivas : y el derecho de propiedad, siempre sagrado 
para los hombres de orden, es hoy mas digno de respeto , por lo 
mismo que le combaten rudamente las escuelas socialistas. 

Pocas palabras diré acerca del derecho de pro- 
piedad , base de las sociedades cultas del mundo : soy 
propietario , tengo ideas muy liberales , y deseo la 
mejora moral y material de las clases pobres. En este 
supuesto, el lector comprenderá la causa de mi pru- 
dente laconismo , máxime cuando no hay necesidad 
de mas amplitud para contestar el argumento. El sen- 
timiento de propiedad será innato ; pero el modo de 
existir la propiedad es institución humana ; y los que 
quieren divinizarla , sobre no tener razón , la hacen 
mas daño que provecho con sus exageraciones. La 
propiedad, por mas que se considere instintiva, ha 
recibido su bautismo de la ley civil , que la ha arre- 
glado y modificado en todos los tiempos, conforme á 
las exigencias del estado social. En Castilla no puede 
el dueño disponer de sus bienes por testamento , sino 
del quinto, cuando tiene herederos forzosos; en Na- 
varra tienen los padres libertad absoluta de disponer 
de sus bienes, aun en favor de estraños, sin mas res- 
tricción que la legítima foral de los hijos, consistente 
en cinco sueldos y una robada de tierra ; y en la co- 
rona de Aragón la legítima de los hijos se limita á la 
cuarta parte: pudiendo el padre disponer de las otras 

17 



258 
tres cuartas á su libre voluntad, aun en favor de es- 
traños. Lo común en Cataluña es que nombre here- 
dero al hijo mayor (hereu), ó á la hija (pubilla) en su 
defecto ; pero potestad facultativa le da el fuero para 
hacer lo que estime , y de ahí que sean frecuentes los 
fideicomisos temporales, limitados á la segunda gene- 
ración , y que por lo tanto no son mayorazgos. Pues 
si al propietario legítimo, al padre amante como nadie 
de sus hijos, al que mas derecho tiene á disponer de 
lo suyo, y al que mejor siente las circunstancias de su 
familia , le ha puesto trabas tan fuertes y diferentes el 
legislador , ¿por qué miráis como una novedad inau- 
dita una simple modificación , que no altera las cuo- 
tas de la herencia , y que meramente se limita á la 
forma de la adjudicación? Antes tenia facultad para 
vincular en favor del primogénito , dejando en la mi- 
seria á los demás: se le ha quitado, por conveniencia 
pública , sin que nadie se queje de ataque a la propie- 
dad ; y ahora que el interés social reclama una simple 
modificación en la manera de adjudicar las tierras, 
sin menoscabo de las respectivas legítimas , se pre- 
tende suscitar alarmas y escándalo. ¿Qué duda cabe 
en que el código civil puede uniformar el derecho, 
tomando de uno y otro fuero lo que parezca mas con- 
forme á nuestra sociedad actual ? Pues si en lo mas 
importante, que es la cuantía de los bienes de libre 
disposición, pudo intervenir y conviene que interven- 
ga la ley, limitando la potestad paterna y tasando las 
legítimas de los hijos ¿áqué estrañarse de que se ocu- 



259 
pe de lo menos, de accidentes accesorios, del simple 
modo de regularizar las particiones? 

No respetar la propiedad, es conturbar el orden; 
pero negar al supremo poder legislativo la facultad 
de ampliaré restringir sus límites, es una blasfemia 
jurídica, con ribetes de hipocresía perniciosa. 

Napoleón espresó enérgicamente la necesidad de 
reprimir el abuso de la propiedad con estas palabras 
propias de su temple: «El abuso de la propiedad debe 
reprimirse siempre que daña á la sociedad. Por eso 
se impide segar los panes verdes y arrasar los viñedos 
estimados. Yo no consentiria que un particular este- 
rilizase veinte leguas de terreno en un departamento 
triguero para hacer un parque. El derecho de abusar 
no llega hasta privar al pueblo de su subsistencia.» 

Si esta autoridad se desecha por ser de hombre de 
sable, oigamos á Enrique Ahrens, cuyas obras filosó- 
ficas gozan hoy de gran crédito en la escuela liberal, 
cómo defiende la misma opinión que yo sostengo con- 
tra ese derecho exajerado de propiedad. En su Curso 
de la filosofía del derecho (quinta edición , Bruselas 1 860) 
pone estas notables frases, que recomendamos á los 
que todavía aplauden el jus abutendi: «A la legislación 
que arregla los diferentes géneros de propiedad agrí- 
cola, industrial y comercial, así como á la legislación 
penal, toca determinar los abusos que conviene pro- 
hibir; y, en realidad, la legislación, como los regla- 
mentos de policía, han señalado siempre cierto nú- 
mero de casos de abuso. Por otra parte, todo acto 



•260 
abusivo perjudica á la sociedad, porque es de interés 
público que la cosa dé al propietario las ventajas ó los 
servicios que ella produce. El propietario que, falto 
de inteligencia, de buena voluntad ó de medios suficien- 
tes para utilizar su propiedad, ó para hacerla producir 
lo que es permitido esperar, puede ser obligado por el 
Estado á ceder esta propiedad, mediante una justa in- 
demnización, a fin de que, en otras manos, pueda ser 
mas útil á la sociedad. Este principio se aplica espe- 
cialmente á las propiedades agrícolas, cuya buena es- 
plotacion interesa al mantenimiento de la sociedad. 
El Estado no solo tiene derecho á exigir que las tier- 
ras susceptibles de cultivo sean esplotadas, sino tam- 
bién a tomar todas las medidas de interés público, que 
son conformes á los principios de una buena esplota- 
cion agrícola.» 

A estas opiniones, tan conformes á las mías, aña- 
diré algunos hechos de jurisprudencia moderna y vi- 
gente. El código de Austria no consiente que el pro- 
pietario tenga abandonadas sus tierras: le obliga á 
cultivar ó á vender. En Bélgica, por la ley de Febrero 
de 4 841, los concejos pueden ser espropiados por el 
Estado cuando no benefician por sí las tierras que les 
pertenecen. En Prusia se ha realizado mucho mas; se 
ha efectuado lo que parecia imposible, á no contar 
con un gobierno y con un pueblo de profundos pen- 
samientos y de perseverancia sajona. En la respuesta 
á la objeción 8. a he aludido á lo que los sesudos ale- 
manes trabajan por Ja unificación de la propiedad. 



261 
Ahora llamo la atención de los pensadores estudiosos 
hacia los colosales esfuerzos del gobierno prusiano, 
encaminados á tan laudable fin. Desde el edicto de 9 
de Octubre de 1807, el Ministerio de Agricultura en 
Berlín, colocándose en el lugar de un padre de fami- 
lia amoroso y discreto, ha realizado una especie de 
liquidación general del territorio entre propietarios y 
cultivadores: se han redimido censos y servidumbres, 
se ha dividido equitativamente la propiedad entre los 
dueños del dominio útil y directo, entre renteros y 
señores; se han repartido capitalizados los bienes co- 
munes; en una palabra, se ha arreglado la riqueza 
agrícola de un modo tan imparcial y provechoso, que, 
cesando la confusión esterilizadora , pendenciera y fu- 
nesta del condominio, se han convertido en propieta- 
rios infinitos colonos: y hoy, que el plan está á punto 
de terminarse, los beneficios que se palpan son in- 
mensos, y grande el contento del país. 

No conocía yo estas opiniones y estos hechos 
cuando formulé mi pensamiento; pero la verdad es 
una en todas partes , para los que la buscan á buena 
luz y sin aparlidamiento. Los que absolutamente re- 
chazan la tutela del Gobierno y de la ley, como los que 
se encastillan en su derecho personal ilimitado, cuentan 
con adversarios de talento y con demostraciones prác- 
ticas que contradicen las exajeraciones: los que pien- 
san que la reforma es imposible, y yo mismo, que la 
he creído dificilísima, podemos ver cuál se ejecuta de 
hecho dentro y fuera de casa , y que solo nos faltan 



dos cosas para llevarla á cabo : convencimiento íntimo 
y profundo, y fuerza de voluntad castellana , que tiene 
bastante de germánica. 

. Los que en la cuestión presente invocan celosos el 
derecho de propiedad , ó padecen escrúpulos monjiles, 
ó están preocupados por el peligro de las circunstancias, 
en términos de no ver lo que á cada momento acon- 
tece, ó se han olvidado de que, en las naciones mas 
civilizadas, el derecho del público está mas alto, que 
el derecho individual. ¿No hay en toda Europa, desde 
la autocrática Rusia, hasta la libérrima Bélgica, ley 
de espropiacion forzosa por causa de utilidad pública? 
Pues decidme, meticulosos ó nimios, si la propiedad 
particular cede , previa indemnización , al interés de 
la comunidad, ¿queréis eternizar el mal gravísimo de 
la subdivisión de las tierras por empacho dominical? 
¿Importa menos á la prosperidad de la nación que el 
suelo cultivable esté bien distribuido, que la alineación 
de una calle , ó el ensanche de la Puerta del Sol? 
Habéis callado cuando se estropea una finca , atrave- 
sándola con un paseo, ó cuando se la invade y socava 
esplotando minerales ¿y levantáis el grito porque se 
intenta regenerar la agricultura , fomentando la po- 
blación rural de todo el reino? No os escandaliza, que 
á un propietario le fuerce la policía urbana á grandes 
gastos, para introducir las aguas llovedizas dentro de 
los muros de su casa , á remeter los balcones con tasa 
de pulgadas, y que le marque la altura del edificio, 
los pisos y los huecos, en lo cual se ocupan oficinas y 



cuerpos científicos, como en asunto de la mayor monta' 
á veces por mero ornato público , ¿y os venís con 
aspavientos porque se quiere estimular á los terrate- 
nientes y ponerlos en camino de que obren del modo 
mas conforme á su propio interés? Y en el ramo mis- 
mo de agricultura ¿no veda la ley al propietario el 
quemar los rastrojos fuera de cierto tiempo, y con 
marcadas precauciones, el hacer contratos de ventas 
y arrendamientos sin noticia de la administración y 
pago de derechos , el disponer de los frutos sin previo 
aforo y pagamento? Trabajo cuesta el ocuparse en de- 
mostrar lo que es evidente , con solo abrir los ojos á 
lo que todo el mundo vé y palpa: que no hay dia ni 
momento en que el individuo no esté cediendo a la 
comunidad de su derecho particular, por lo que el 
Estado hace en su pro. Ningún sacrificio mas fuerte, 
que pedir al propietario labrador la quinta parte de lo 
que gana al año con el capital y el sudor de su frente, 
y se le exige : que arrebatarle sus hijos, sin indemni- 
zación de ningún género, y se le quitan por ocho 
años, para que vayan acaso á morir en un hospital ó 
de un balazo. Y cuando todo esto pasa, porque 
se tiene por inevitable , porque se creen mayo- 
res los beneficios que el perjuicio, es una aber- 
ración, es gana de lucir el sentimentalismo por 
el individuo, y la veneración á la propiedad, estra- 
ñarse de que se le pida, no un menoscabo de su cau- 
dal, no el sacrificio de su bienestar, sino el que re- 
conozca un error que le perjudica, y el que acepte 



Nueva 
vinculación. 



264 
una verdad , que ha de contribuir á la mayor dicha 
de todos los labradores. Analizada sin pasión la teoría, á 
esto y nada mas se reduce: á facilitar los cambios y ven- 
tas de aquellas suertes de tierra, que, por su pequenez 
y dispersión, no pueden utilizarse con provecho, dando 
ventajas á los que mejor conozcan su interés , y ne- 
gándoselas á los que, por obstinación ú otros motivos, 
se mantengan desatentados. 

15. Aun no concluida de realizar la desamortización , que 
tanto se celebra como beneficiosa á la agricultura , es un contra- 
sentido, y poco liberal, querer vincular y amortizar todo el terreno 
laborable, haciendo perpetuamente invariables los cotos redondos. 

Hay una diferencia inmensa entre formar hereda- 
des rurales indivisibles, y la vinculación amortizadora. 
El poseedor de la finca rural , lejos de ser un mero 
usufructuario responsable, como el mayorazgo, podrá 
disponer de ella como dueño absoluto, hipotecándola 
cuando negocie fondos, vendiéndola á quien le plazca, 
cambiándola por otros bienes, donándola entre vivos, 
legándola y dejándola en herencia : lo único que se le 
impide es dividirla, ínterin que, perfeccionado el cul- 
tivo, no baje el tipo del coto redondo, en cuyo caso 
hasta la división cabrá. Por los vínculos y mayorazgos 
se estancaban las tierras, quitándolas de la circulación: 
la finca rural circulará libremente, si bien unida como 
una sola cosa , incapaz de dividirse. La amortización 
impedia que hubiese propietarios cultivadores, creando 
señores rentistas , que vivían en la molicie: la heredad 



2G5 
rústica limitada aumentará la clase de propietarios 
obreros, que son el alma de la buena labranza. De 
los mayorazgos estaban alejados los que no pertene- 
cían á las líneas llamadas por un caprichoso fundador, 
que daba la ley desde su secular sepulcro : á las ha- 
ciendas rurales puede aspirar cualquiera por la com- 
pra , permuta ú otro medio de adquirir. En la vincu- 
lación quedaban exheredados los hermanos del mayo- 
razgo: en el coto redondo tendrá el llevador que 
indemnizar á sus coherederos un valor igual al que él 
reciba. El vinculisla no hacia mejoras , seguro de 
agravar el perjuicio de sus hijos segundos: el dueño 
del coto beneficia igualmente á todos sus hijos , aumen- 
tando el valor de la heredad. A las manos muertas se 
les negaban los capitales, faltando la garantía de bie- 
nes libres: el propietario rural tendrá quien le preste 
sobre una finca alodial y apetecida. Las vinculaciones 
causaron gravísimos daños á la labranza ; y la casería 
acotada será la regeneración de la agricultura. En 
suma , el declarar indivisible la finca rural no es crear 
fideicomisos perpetuos ni temporales; es meramente 
establecer las condiciones de la existencia y circulación 
de la propiedad territorial , del modo mas provechoso 
al dueño y á la sociedad : como son indivisibles las 
habitaciones que no tienen luz y aire para respirar: 
como es indivisible un ingenio de azúcar, una máquina, 
un carruaje y un frac. 

No deben olvidar las personas instruidas en el de- 
recho, que , lo mismo el Digesto, que la Instituto, , que 



266 
las Partidas y sus comentadores, quisieron precaver 
el mal de que me lamento, reconociendo, que el inte- 
rés de los coherederos podia ser, y era con frecuencia 
parcial, interesado, ciego é injusto, ya por esceso de 
ambición , ya por miserables sentimientos de envidia 
ó de odio. Así es que constantemente dieron poderío 
al juez, ante quien se hacían las particiones, para que 
ejecutase la división de los bienes en la manera que 
estimase guisada, esto es, mas cómoda y con menor 
perjuicio. La glosa justifica esta discreción prudencial, 
advirtiendo, que hay herederos malévolos, estraviados 
por malas pasiones, que quisieran dividir las posesio- 
nes por sulcos y pánicas : división inconvenentísima, 
que produciría la destrucción del patrimonio. ¡Ojalá que 
como estuvo la idea madre en el ánimo del legislador, 
se hubiera entendido y aplicado el principio, en cada 
época , según la positiva conveniencia de los interesa- 
dos y de la sociedad ! Mas se hizo indiscretamente, por 
condescendencias indebidas; y apenas bien en algunas 
localidades, donde abundaba el buen criterio, ó donde 
lograron autoridades celosas y enérgicas. En los pre- 
dios urbanos , sobre todo, aun se conservan escelentes 
prácticas contra la partición improcedente , en aque- 
llos pueblos , que tuvieron de antiguo Alcaldes y 
Corregidores, fieles ejecutores del precepto legal y 
consagrados al bien del vecindario. Y si esto calaban 
los pensadores en los tiempos de Justiniano y de Don 
Alonso el Sabio, ¿se habrá de desconocer en nues- 
tros dias, cuando los progresos científicos presentan 



267 
como necesario, lo que antes parecía conveniente? 

La agricultura moderna no se limita á enseñar los 
medios de hacer la tierra fértil, y de modificar la na- 
turaleza vegetal en el sentido de la utilidad: exije 
además, que se obtengan los productos de las plantas 
de la manera mas perfecta y mas económica; lo cual no 
puede conseguirse sin las condiciones adecuadas, que 
concurren, en el coto redondo. Una empresa agrícola 
está hoy sujeta á seguir las leyes de la química y de 
la mecánica , examinando los fenómenos que se refie- 
ren á la constitución íntima de los cuerpos , y ocu- 
pándose de la aplicación, de la dirección y de la in- 
tensidad de las fuerzas, que intervienen en la produc- 
ción de la riqueza rural. En la actualidad puede 
considerarse á la tierra, con los animales, abonos, 
utensilios, y demás elementos, que forman un buen 
establecimiento agrario, como una máquina de pro- 
ducir granos, semillas y frutos: mecanismo, que có- 
modamente no puede dividirse; que pierde todas sus 
condiciones ventajosas con la desmembración. Ya que 
parezcamos menos entendidos , en este punto, que los 
antiguos , no seamos menos discretos que nuestros 
contemporáneos terratenientes vascongados y cafeta- 
leros cubanos. 

4 6. Cuando no faltan hombres pensadores que , reconociendo 
la bondad del proyecto, temen sancionarlo y ejecutarlo desde lue- 
go, la prudencia parece aconsejar, que se suspenda al menos por 
inoportuno, y que se espere á que la opinión se madure y lo re- 
clame, con la energía necesaria, para superar los obstáculos. 



Hay 

inoportunidad. 



268 
A este último baluarte de los oposicionistas que 
se baten en retirada, pudiera acudir seguro de des- 
alojarlos; porque las circunstancias son arma dedos 
filos, que puede herir fácilmente á quien la emplea 
apasionado. Guiado por la razón , que es arma de me- 
jor ley, solo diré á los que así me arguyen muy po- 
cas palabras, que ya es tiempo de cortar la contro- 
versia. Hé aquí lo que tengo que contestar: 1.° que 
los sabios, en ciencias y materias estrañas á la cues- 
tión , no tienen tanta autoridad como los que espe- 
cialmente la han estudiado, y son notables en los co- 
nocimientos agronómicos y sus auxiliares; 2.° que 
ingenieros y agrónomos de gran mérito, y gobiernos 
ilustrados de naciones muy pensadoras y positivas, 
sienten y obran en este sentido ; 3.° que cuanto mas 
se difiera el remedio, se agravarán muchísimo las difi- 
cultades, pues el mal del fraccionamiento será mayor 
cada dia que pase ; y &.° que yo no tengo mas fuerza, 
ni otras pretensiones , que la de proponer un pensa- 
miento formulado á la mayor ilustración de mis con- 
ciudadanos: si los que han de juzgarlo lo condenan ó 
lo aplazan , no es cuenta mia ; pero tengan muy pre- 
sente , que la generación , que se amamanta en las 
ideas democráticas modernas, ha de hacer mañana, de 
un modo violento quizá, lo que hoy puede hacerse con 
aplomo. Para realizar la división actual de provincias 
se nombró á un ministro ilustrado j fogoso en 1833, 
que tenia á mucha honra el haber llevado á cima la 
obra, en que tantos predecesores escrupulizaran: 



260 
inmensamente mayor sería la gloria del ministro que 
plantease la ley de población rural, aunque nada mas 
hiciera. 

He espuesto mi parecer, con la claridad que me ha 
sido dable ; le he defendido, con la conciencia de que 
encierra un gran bien social: puedo equivocarme. 

Todo lo someto á la corrección de quien mas sabe. 



270 



APLICACIÓN 
de la doctrina 



Cualquiera deduciría de la precedente Memoria 
las prescripciones para una disposición legislativa, ar- 
reglada á mi plan. Es natural, sin embargo, que sea 
mas fácil este trabajo al autor del pensamiento, y me 
he decidido á realizarlo, animado por razones atendi- 
bles. El sentido genuino de mis palabras, el orden de 
las ideas, la precisión délas reglas, la importancia de 
las medidas, y la manera y tiempo de aplicarlas, pu- 
dieran desnaturalizarse en otra mano, dando distinto 
giro á lo que he concebido y propongo. ¿Qué se per- 
derá, por lo tanto, en que yo adelante una tarea, 
siempre penosa? Si me acusaren de presunción, no me 
ofenderé: porque tengo por verdadera la sentencia de 
que in magnis et voluisse sat est: porque la esperiencia 
me ha enseñado además, que quien se anticjpa, labo- 
rioso, ahorra mucho á los que solo se ocupan de pen- 
sar; y finalmente, porque el sentido íntimo me dice, 
que lo que se escribe inflamado por el entusiasmo de 



271 

la convicción , influye poderosamente en alentar á los 
perezosos, y en interesar á los indiferentes. Valga lo 
que valiere, aquí está mi proyecto articulado. 



Considerando, que la base fundamental del buen 
cultivo estriba en que el labrador, con su familia, tenga 
constante domicilio en el terreno que esplota , para lo 
cual son indispensables casas de campo : 

Considerando, que en el fraccionamiento actual de 
la propiedad territorial, es de todo punto imposible la 
erección de estas caserías, en el número y generalidad 
convenientes : 

Considerando , que el primer paso es crear la finca 
rural , ó sea el pedazo de tierra unido y regular, capaz 
de ocupar todo el año á una familia labradora : 

Considerando, que ese tipo ni puede ser único, 
atendidas las circunstancias diversas del territorio, de 
nuestras zonas y nuestras prácticas agrícolas, ni con- 
viene que lo sea, para el juego de los diferentes cul- 
tivos que son indispensables : 

Considerando, que para formar cotos redondos se 
debe procurar la división de algunas fincas grandes, y 
mas aun la reunión de las pequeñas, estimulando á 
cambios y ventas, lo cual puede hacerse por medios 
directos é indirectos : 

Considerando, que en el estado presente de la 
agricultura, importa, mas que aumentar los pueblos, 



272 

sacar la población agrícola de los centros en que vive 
al coto casería que la reclama: 

Considerando, que de poco serviría crear la finca 
rural, si no se procurara su conservación, haciéndola 
indivisible é inacumulable : 

Considerando, que por sagrado que sea el derecho 
de propiedad, la ley civil que lo ha arreglado, puede 
regularizar su uso, para que no se convierta en daño 
de la sociedad, y del mismo que de él abusa : 

Considerando, que para efectuar esta reforma es 
preciso rectificar errados conceptos, quitar estorbos, 
facilitar medios y avivar los intereses legítimos y bien 
comprendidos: 

Considerando , que obra tan colosal no puede eje- 
cutarse, sin el concurso de todos los elementos y de 
todas las fuerzas del país, desde el Supremo Gobierno 
hasta los particulares terratenientes y cultivadores : 

Considerando, que en nuestro derecho hay tres 
principios reconocidos, el retracto, la expropiación y 
la indivisión de lo que cómodamente no puede partirse; 
principios que pueden aplicarse al asunto de la pobla- 
ción rural, con mucha mas razón que a lo que primor- 
dialmente fueron consagrados: 

Considerando, en fin, que la medida de que se 
trata es tan importante, que puede desarrollar, mas 
que otra alguna, la población, la riqueza y la mora- 
lidad de la nación , á lo que deben subordinarse pe- 
queños intereses y nimios escrúpulos : 

Se propone al poder legislativo el siguiente 



273 

PROYECTO DE LEY 

para el fomento de la población rural. 



Artículo 1.° 

Para los efectos de esta ley se entiende 
Por población rural, la familia labradora que vive de 
asiento en la finca rural que cultiva ; 

Y por finca rural , el pedazo de tierra unido , ó sea 
coto redondo, de la cabida que suele cultivar un labrador 
regular de la comarca, según que el terrazgo sea de 
regadío, de secano, ó de una y otra clase, con su ca- 
sería ó edificio aislado de fábrica , que reúna las circuns- 
tancias de solidez y capacidad para una empresa agrí- 
cola, según las buenas costumbres del país respectivo, 
y la de salubridad, conforme á las reglas higiénicas. 

Artículo 2. a 

El Gobierno, por el Ministerio de Fomento, oyendo 
previamente á los Gobernadores, Diputaciones, Juntas 
de Agricultura y Sociedades económicas de las pro- 
vincias, señalará desde luego en cada partido ó loca- 
lidad la estension superficial que corresponde al coto 
redondo. 

18 



274 



Artículo 3. c 



El mismo Gobierno, y con igual audiencia , declarará 
en cada caso, y á petición de la parte interesada, si el 
coto redondo formado, con la casería construida, reúnen 
las condiciones indispensables para obtener los bene- 
ficios de esta ley, los cuales le correrán desde la fecha 
de la declaración afirmativa. 

Artículo 4.° 

Los cotos redondos, arreglados á esta ley, son de 
libre disposición y circulación, como todos los bienes; 
pero como de no cómoda división, son indivisibles é 
inacumulables: se pueden vender, ceder, permutar, 
donar, enajenar, empeñar y poseer de cualquiera ma- 
nera; salvo el que no pueden dividirse en suertes, ni 
reunirse con otra porción, circulando siempre íntegros. 

Son igualmente indivisibles los pedazos de tierra 
menores que la medida del coto redondo. 

Artículo 5.° 

Guando en un concurso ó testamentaría haya una 
heredad coto redondo indivisible, se adjudicará por este 
orden : 

1 .° Al heredero que el testador hubiere designado, 
y en su defecto 



275 

2.° Al que señalen los interesados por avenencia, 
y á falta de conformidad 

3.° Al hijo, heredero ó acreedor de mas edad que 
la acepte, siguiendo de mayor á menor; y si no hay 
aceptante 

4.° Al que designe la suerte; y si todos se ne- 
gasen 

5.° A aquel de los interesados que abone mas por 
la finca, en beneficio de sus compartícipes; y cuando no 

6.° Se venderá la finca en subasla pública, divi- 
diéndose el producto entre los interesados. 

Para indemnizar á los otros coherederos ó com- 
partícipes se adjudicarán los demás bienes que hubiese, 
hasta completarles sus legítimas; y á falta de bienes, el 
llevador del coto redondo concertará libremente con los 
demás la manera de abonar las respectivas partes, sea 
en dinero, efectos ó raíces; sea al contado ó á plazos; 
sea por medio de un canon anuo , con la calidad pre- 
cisa de redimible, así que se verifique la entrega del 
capital. En último caso, se acudirá á la venta del coto 
redondo en subasta pública. 

Artículo 6,° 

Lo mismo que con el coto redondo se hará con la 
suerte ó tierra de menor cabida, también indivisible; 
pero si hubiese dos ó mas piezas discontinuas, como 
si hubiese dos ó mas cotos redondos , se adjudicarán á 
los acreedores que quepa , bajo iguales reglas y com- 



276 

pensaciones, observando siempre el principio de la 
indivisión de cada finca. 

Artículo 7.° 

Para promover la reunión de pequeñas suertes y 
la formación de cotos redondos , se concede á los que 
lo ejecuten exención del derecho de hipotecas, y re- 
baja de una mitad en la clase de papel sellado, por 
los instrumentos, diligencias y actuaciones relativos 
á la compra y permuta de suertes menores colindantes. 
y á sostener su indivisión y la del coto redondo. 

Artículo 8.° 

Pasados seis años desde la promulgación de esta 
ley, las fincas menores que el tipo del coto redondo, 
pagarán en la contribución de inmuebles un tres por 
ciento mas que las heredades cotos. 

Artículo 9.° 

Guando se haya de enajenar ó vender una suerte 
de tierra menor, que el tipo señalado al coto redondo, 
tendrá el derecho de tanteo el propietario colindante 
que posea pedazo mayor, ó mas aproximado al tipo: 
y en caso de igualdad de dos ó mas asúrcanos, se 
concederá el retracto de conlimitacion al que antes Jo 
solicite. 



277 



Artículo 10. 



Cuando un propietario llegue á reunir, en un pe- 
dazo, las dos terceras partes del terreno necesario 
para un coto redondo, y acredite que no puede com- 
pletarlo , ni aun pagando mayor suma de la que vale 
en el mercado, se declara de utilidad pública la crea- 
ción del coto referido , para que , previa indemniza- 
ción y el veinte por ciento de aumento, puedan ser es- 
propiados los colindantes que no se hallen en su caso, 
y solamente hasta completar la cabida señalada. 



Artículo \\. 

Para estimular á la construcción de caserías se 
conceden á los que las edifiquen las siguientes ven- 
tajas : 

1 . a Franquicia de derechos en la introducción de 
materiales, para edificar la casería. 

%' Exención de tributos por el capital del edifi- 
cio, durante diez, veinte y treinta años, según que se 
halle situado á menor, media ó mayor distancia de 
poblado, ó en paraje mas ó menos espuesto. 

3. a Indemnización al dueño por los perjuicios que 
se le causen, á virtud de mandato de la autoridad, 
cerrando ó destruyendo la casería , previa justifi- 
cación. 



278 



Artículo 12, 



Todo edificio aislado y de fábrica sólida que se 
construya en despoblado, aunque se destine á cual- 
quier artefacto ó industria, que no sea la agrícola, 
gozará de las mismas ventajas que la casería, confor- 
me á la propia escala de mayor , media ó menor dis- 
tancia de poblado. 

Artículo 13. 

Las cabezas de ganado boyal , lanar ó de cualquier 
otra especie, que se mantengan todo el año en el 
coto redondo, solo pagarán, durante quince años la 
mitad de lo que corresponda á las estantes, traster- 
mínantes, trashumantes y demás que contribuyan en 
el término municipal. 

Artículo 14. 

El cultivador propietario que more en la casería 
con su familia y espióte el coto redondo de su perte- 
nencia , tendrá opción á estas ventajas : 

1. a Exención de alojamiento, bagajes, pliegos y 
demás cargas concejiles y municipales. 

2. a Exención de derechos en los artículos de 
consumo, que gaste la familia, domiciliada en la 
casería. 



279 

3. a En la contribución de inmuebles, cultivo y 
ganadería no se le aumentará durante diez años el ca- 
pital imponible que le estuviese señalado á las fincas 
y caballerías antes de la declaración del coto redondo. 

4. a Rebaja de la mitad de derechos de portazgo, 
pontazgo y barcaje, dentro del partido judicial, por 
los carruajes, caballerías y personas de la casería, á 
cuyo fin se le proveerá del atestado conveniente. 

5. a Exención de derechos en los juicios verbales, 
de conciliación y de paz á que sea demandado. 

6. a Rebaja de un uno por ciento, de las cantida- 
des que se le presten en los Bancos agrícolas del Go- 
bierno ó de la Provincia. 

7. a Opción á los derechos electorales por la mitad 
de la cuota , como sucede con las capacidades. 

8. a Licencia gratis para el uso de armas y para 
cazar en su propiedad. 

9. a Los hijos del cultivador propietario que lle- 
ven cuatro años de residencia constante en la casería, 
estarán exentos del reemplazo del ejército y milicias, 
cuya gracia durará veinte años. 

Artículo 45. 

Si el cultivador, que viva en la casería , esplotan- 
do el coto, fuese colono ó arrendatario, tendrá las mis- 
mas ventajas espresadas en los ocho primeros párrafos 
del artículo anterior; y sus hijos, que lleven cuatro 
años de residencia fija, al caberles la suerte de sol- 



280 

dados , serán destinados á la reserva ; gracia que tam- 
bién durará veinte años. 

Artículo 16. 

Las tierras arrendadas , por veinte ó mas años , dis- 
frutarán en la contribución de inmuebles el beneficio 
de un dos por ciento. 

Artículo 17. 

Los bienes del Estado, que en adelante se vendan, 
se dividirán en pedazos arreglados al tipo del coto re- 
dondo^ en cuya única forma, siempre que sea posible, 
saldrán á la subasta. 

Artículo 18. 

El Gobierno, por medio de proyectos de ley, ó por 
decretos y reglamentos, según los casos, dispondrá 
que se vaya complementando sucesivamente el pensa- 
miento de esta ley, con las medidas siguientes: 

1 . a La publicación de un Código rural. 

2. a Un plan general y completo de caminos veci- 
nales. 

3. a La creación de Bancos agrícolas en todas las 
provincias. 

4. a La división municipal, con los pedáneos nece- 
sarios para que todos los puntos del término estén 
cercanos á la autoridad local. 



281 

5. a La división parroquial , en armonía con la con- 
cejil , con los anejos y filiales convenientes, que pon- 
gan cercanos al templo todos los pagos de la feligresía. 

6. a El establecimiento de escuelas primarias rura- 
les, gratuitas, para que desde todas las caserías que 
se establezcan sea fácil la concurrencia de los niños, 
haciéndola obligatoria desde la edad de cinco á diez 
años. 

7. a El arreglo departidos de medicina, cirugía y 
farmacia , á fin de que sea fácil la asistencia faculta- 
tiva á todos los moradores del término. 

8. a El establecimiento de escuelas prácticas de agri- 
cultura en todas las provincias , acomodadas á las ne- 
cesidades del país respectivo. 

9. a El arreglo definitivo de los foros y de los cen- 
sos irredimibles , que gravitan sobre la riqueza inmue- 
ble , y la reducción de los bienes comunes á propiedad 
particular. 

10. La institución de una guardia rural, cuyos 
reglamentos dispongan los medios de premiar á los 
que se distingan, convirtiéndolos en guardas-labrado- 
res, con casería y coto. 

11. La formación de una sociedad de capitalistas, 
con subvención del tesoro, cuyo único objeto sea per- 
forar pozos artesianos , destinando cuadrillas de barre- 
neros por todas las provincias , al servicio de los ayun- 
tamientos , empresas y particulares que lo soliciten y 
paguen, conforme á una tarifa gradual. 

12. Un plan general de canalización de los ríos, 



cuyas aguas puedan aprovecharse en el riego de vegas 
y campiñas ; y de encauzamiento de los que , al des- 
bordarse , causan daños en las tierras y en las pobla- 
ciones. 

1 3. La creación de una Asociación de labradores por 
provincias y partidos , consagrada á promover por to- 
dos los medios el fomento de la población rural y de 
la agricultura. 

1 4. Distribución gratis de gran número de ejem- 
plares de cartillas , en que se espresen las ventajas de 
la población rural, para que lleguen profusamente á 
los alcaldes , párrocos , maestros, facultativos y estan- 
cos de todos los pueblos. 

Artículo 49. 

Se autoriza al mismo Gobierno para formar las 
instrucciones y reglamentos relativos á la creación de 
fincas rurales, á los casos de espropiacion , al modo 
de enajenar los bienes del Estado, y á los demás por- 
menores necesarios para la ejecución de esta ley ; cui- 
dando de que todo tenga la mayor publicidad en los 
Boletines oficiales y en la Gaceta de Madrid. 
24 Agosto 1862. 



JUICIO CRÍTICO DE LA MEMORIA. 



De mi trabajo sobre el Fomento de la población rural 
se han ocupado hasta ahora: 1.°, la Real Academia, 
que lo censuró y premió, á cuyos individuos se les 
pasó el manuscrito á domicilio por espacio de nueve 
meses: 2.°, el Ministerio de Fomento, que ha acor- 
dado, á mis ruegos, la presente edición, y el estudio 
del asunto: y 3.°, la imprenta periódica de todos los 
matices y escuelas hoy contendientes. 



ACADEMIA. 



Cuando la Memoria fué premiada, en 9 de Junio de 1863, Señ0 res 
componían la Academia de Ciencias Morales y Políticas los Académico*, 
treinta y cinco individuos siguientes: 

Excmo. Sr. D. Pedro José Pidal, marqués de Pidal. 

Emmo. Sr. D. Fr. Cirilo de la Alameda y Brea, arzobispo 
de Toledo. 

Excmo. Sr. D. Lorenzo Arrazola, presidente del Tribunal 
Supremo de Justicia. 



284 

Excmo. Sr. D. Manuel de Seijas Lozano. 

Excmo. Sr. D. Claudio Antón de Luzuriaga. 

Excmo. Sr. D. Juan Bravo Murillo. 

Excmo. Sr. D. Cándido Nocedal. 

Excmo. Sr. D. Pedro Gómez de la Serna. 

Excmo. Sr. D. Antonio de los Rios Rosas. 

Excmo. Sr. D. Antonio Renavides. 

Excmo. Sr. D. Joaquín Francisco Pacheco. 

Excmo. Sr. D. Manuel Cortina. 

Excmo. Sr. D. Manuel García Rarzanallana. 

Excmo. Sr. D. Florencio Rodríguez Vaamonde. 

Excmo. Sr. D. Santiago de Tejada. 

Excmo. Sr. D. Manuel García Gallardo. 

Excmo. Sr. D, Fernando Calderón Collantes. 

Excmo. Sr. D. Antonio Alcalá Galiano. 

Excmo. Sr. D. Francisco de Cárdenas. 

Excmo. Sr. D. Claudio Moyano Samaniego. 

Excmo. Sr. D. Mariano Roca de Togores, marqués de 
Molins. 

Excmo. Sr. D. Antonio Cabanilles. 

Sr. D. Manuel Colmeiro. 

limo. Sr. D. Pedro Sabau y Larroya. 

Excmo. Sr. D. Alejandro Olivan. 

Excmo. Sr. D. José Posada Herrera. 

Excmo. Sr. D. Eugenio Moreno López. 

Excmo. Sr. D. Salustiano de Olózaga. 

Excmo. Sr. D. Alejandro Mon. 

limo. Sr. D. Fernando Alvarez. 

Excmo. Sr. D. Modesto Lafuente. 

Excmo. Sr. D. Luis González Bravo. 

Sr. D. Laureano de Figuerola. 

limo. Sr. D. Miguel Sanz y la Fuente. 

Excmo. Sr. D. Luis María Pastor. 

A los seis meses, el 9 de Diciembre del mismo año, como 
si no fuera bastante la adjudicación del premio ofrecido, eli- 
gió el Cuerpo Literario al autor de la Memoria D. Fermín Ca- 
ballero, académico de número en la plaza vacante por muerte 
del Excmo. Sr. D. Nicomedes Pastor Diaz. 



285 



MINISTERIO DE FOMENTO. 



«Excmo. Sr. : El voto favorable de los dignísimos indivi- comunicaoion. 
dúos que componen la Real Academia de Ciencias Morales y 
Políticas me anima á creer que mi Memoria sobre población 
rural, premiada en el último concurso, encierra algún pen- 
samiento digno de que se estudie y discuta; para lo cual 
conviene que el escrito se propague , no solo entre las per- 
sonas ilustradas, sino entre los aficionados á la agricultura, 
y con especialidad entre los propietarios y colonos territo- 
riales. Dos ediciones se han hecho ya de la referida Memoria. 
y no hay ejemplares con que satisfacer el interés de unos y 
la curiosidad de otros, por medio de la venta pública. An- 
sioso yo de que la semilla cunda y germine, tengo el honor 
de participar á V. E. que cedo gratuitamente á ese Ministe- 
rio, que dignamente preside, mi derecho de propiedad á la 
obra, para que, si lo estimase útil al bien del país, pueda 
hacerse una tercera edición, que se ponga venal, disponiendo 
de sus productos como mejor estime.=Dios guarde á V. E. 
muchos años. Madrid 29 de Enero de \ 864.-=Excmo. Sr.= 
Fermín Caballero.=Excmo. Sr. D. Claudio Moyano, Ministro 
de Fomento.» 

«Ministerio de Fomento. =Umo, Sr. : He dado cuenta Real orden i i 

' o -ni- i t» • u-\ t-w /-• . i-v Febrero 1864. 

a b. M. la Reina (Q. D. G.) de la comunicación en que D. Fer- 
mín Caballero manifiesta que se han agotado dos ediciones 
de la Memoria que ha escrito sobre «Fomento de la población 
rural de España,» la cual ha sido premiada en concurso pú- 
blico por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 
y ofrece al mismo tiempo la propiedad, con objeto de que 
por cuenta del Gobierno se haga una tercera edición , en el 
caso de considerarse dicho documento digno de mayor propa- 
gación y estudio. Reconociéndolo así S. M., y con el deseo de 
que no sean estériles las observaciones que puedan ocurrirse 
á los hombres pensadores y amantes del país en vista de un 
trabajo que sobre la importancia de la materia reúne el mé- 



rito que imprime la señalada distinción que ha alcanzado, se 
ha servido disponer: Primero: Que se den las debidas gracias 
en su Real nombre al mencionado autor por tan generoso des- 
prendimiento , significándole además cuánto la satisface el 
que haya concurrido con sus luces á ilustrar provechosa- 
mente una materia de tanta importancia para la prosperidad 
de la agricultura del Reino. Segundo. Que por cuenta del 
Estado se proceda á imprimir cuatro mil ejemplares de la 
citada Memoria, bajo la dirección del autor, poniendo á dis- 
posición de este cien ejemplares, y remitiendo el número 
preciso á las Sociedades Económicas y Juntas provinciales de 
Agricultura, Industria y Comercio, con la advertencia de 
que en un plazo determinado envíen á la Dirección general 
del digno cargo de V. I. las observaciones que su inteligencia 
y conocimiento de las provincias y localidad les sugiera, á fin 
de contribuir á la ilustración de tan importante asunto.= 
Dios guarde á V. I. muchos años. Madrid 11 de Febrero 
de 1864.=Moyano.=Ilmo. Sr. Director general de Agricul- 
tura, Industria y Comercio.» 



PERIÓDICOS DE MADRID. 



El Espíritu público, 10 Diciembre 1863. 

Eapipitu «Bibliografía. — Hemos visto el librito de D. Fermín Caba- 

pdbiioo. u ero titulado Fomento de la población rural de España. El 
nombre de su autor, tan conocido en el mundo literario, lo 
interesante de la materia que trata, las ideas luminosas con 
que la ilustra, y la necesidad que siente nuestro país de esta 
clase de mejoras, todo hace al libro interesante y digno de 
la meditación y estudio de las personas ilustradas, y de cuan- 
tos por su posición están llamados á regir los destinos de 
nuestro pueblo. Esto es cuanto por hoy podemos decir, mien- 
tras que lo estudiamos con todo el interés que su asunto re- 
clama, y le consagramos el artículo que mas detalladamente 
trate y aborde la cuestión en su verdadero terreno y en su 
legítima y analítica significación.» 



287 

Hasta la fecha en que esto se imprime no tenemos 
conocimiento de que este periódico haya publicado el 
artículo que el anterior suelto anuncia. 

La Correspondencia de España, 11 Diciembre 1863. 
«La Real Academia de Ciencias Morales y Políticas acaba corresponden- 

i i. ... i . ,n i , cia de España 

de distribuir á las corporaciones científicas la estensa y lumi- 
nosa Memoria del Excmo. Sr. D. Fermín Caballero, sobre el 
Fomento de la población rural, premiada por la misma en el 
concurso del año pasado. Reconocida la necesidad de fomen- 
tar la población rural para que prospere España, como lo 
demuestran los trabajos de la Sociedad Económica Matritense, 
estímulos de la Real Academia de Ciencias Morales y Políti- 
cas, y estudios del Congreso de Diputados, se ocupa del es- 
tado presente de la población rural de nuestras diferentes 
provincias; pasa luego á examinar los obstáculos físicos, le- 
gales, económicos y sociales que se oponen á su desarrollo y 
aumento ; se ocupa de las ventajas del coto redondo acasa- 
rado; terminando con las objeciones que se harán á su Me- 
moria, y las respuestas con que las contesta. Tal es el im- 
portante trabajo del señor Caballero, que á un mérito lógico 
une el mérito de estar perfectamente impreso y compuesto 
en la imprenta de Sordo-mudos y Ciegos, con un esmero y 
limpieza que la colocan al nivel de las mas adelantadas.» 

El Restaurador Farmacéutico, 13 Diciembre 1863. 

«Libro útil. — Hemos recibido la Memoria Sobre el fomento Restaurador 
de la población rural, premiada por la Real Academia de rarmacóutlco - 
Ciencias Morales y Políticas en el concurso de 1862; su autor 
el Excmo. Sr. D. Fermín Caballero. Nos ha entretenido agra- 
dablemente su lectura por varios conceptos; y si el espacio 
de que podemos disponer en nuestro periódico fuera sufi- 
ciente para hacer conocer la importancia que este libro tie- 
ne, lo haríamos con mucho gusto. El nombre del autor nos 
dice ya bastante para comprender que todo lo que se haya 
escrito por el señor Caballero llevará el sello peculiar de la 
elegancia, la filosofía y la ilustración. Recomendamos á los 



288 

amantes de la prosperidad de España que aprendan de me- 
moria tan importante publicación, seguros de que, como 
nosotros, ganarán en varios conceptos. 

La España , 29 Diciembre \ 863. 

« Variedades. — Bibliografía.— Población rural. 
La España. »Con el título de Fomento de la población rural de España 

acaba de publicar un notable libro el ilustrado y distinguido 
patricio Sr. D. Fermín Caballero. Retirado hace años á la 
vida privada, después de haber ocupado altos y honrosos 
puestos en su larga y fecunda carrera política , el Sr. Ca- 
ballero ha encerrado en esta preciosa obra el fruto de una 
constante y meditada práctica en el estudio de la agricultura. 
Datos muy importantes, atinados consejos y observaciones 
útilísimas, espuesto todo con estilo fácil, natural y conciso, 
hacen de este pequeño volumen un libro tan bello como in- 
teresante. Su autor, adoptando un método sencillo al par que 
esacto, divide para mayor claridad en siete grupos la pobla- 
ción rural de España, y al examinar el primero, en que se 
comprenden las provincias Vascongadas, tiene para este no- 
ble país palabras de simpatía y entusiasmo, que nosotros en 
nombre de los honrados vascos estimamos en lo que valen, 
dando aquí por ello á tan ilustre escritor un público testi- 
monio de nuestra gratitud. 

«Sentimos que la falta de espacio no nos permita trascri- 
bir íntegro á nuestras columnas el examen que el Sr. Ca- 
ballero hace del grupo rural á que nos referimos; pero en la 
imposibilidad de verificarlo, como desearíamos, copiamos los 
siguientes párrafos, que honran y enaltecen tanlo á su autor 
el Sr. Caballero, como al país á que se refieren.» 

Copia á seguida desde «El país vasco, » página 28, 
hasta «se irán difundiendo en las demás,» página 33. 

Crónica de Ambos Mundos, 28 Enero 1864. 
crónica de a Fomento de la población rural de España .por D. Fer- 

Ambos Mundos. ■ . .. . , 

min Caballero.— Segunda edición, adicionada.» 



289 

«El lamentable estado en que se encuentra la agricultura 
patria, ha llamado seriamente la atención del gobierno y de 
los hombres pensadores; mas de una vez la cuestión de sub- 
sistencias ha despertado de su letargo á los hombres de Es- 
tado, para hacerles conocer que no son únicamente las con- 
tiendas políticas y las formas de gobierno las que labran la 
felicidad de una nación. Por mas importantes que sean las 
resoluciones políticas, tienen necesidad de alternar y aco- 
modarse á las económicas ; que , dirigiéndose principalmente 
á promover la riqueza pública y atender á las primeras ne- 
cesidades del hombre, son, y serán siempre, el primer 
cuidado de los gobiernos previsores, pues cuando falta al 
ciudadano lo necesario para su subsistencia , poco le impor- 
tan sus derechos políticos, ni las formas de gobierno ; en 
vano le pediremos el sosiego y la tranquilidad, si no le pro- 
curamos los medios mas fáciles de atender á sus primeras 
necesidades. 

»Nuestra nación esencialmente agricultora , dotada por 
la naturaleza de un suelo fecundísimo, con un clima templa- 
do y dulce , bañada por abundantes rios y fecundada por 
un sol vivificador , estaba llamada á ser la primera nación 
agrícola del orbe: no examinaremos las causas que han im- 
pedido este suceso , pero no podremos menos de confesar, 
que el estado actual de nuestra agricultura está muy lejos de 
ser el que debia esperarse de elementos tan favorables, mu- 
cho mas si lo comparamos con el de otras naciones menos 
favorecidas por la naturaleza ; tal vez han contribuido á ello 
la extraordinaria fecundidad de nuestro suelo y la incalifica- 
ble apatía de nuestro carácter; pero no , también es causa de 
este lamentable estado el abandono, la indiferencia y la apa- 
tía de los gobiernos, que lejos de favorecer con sabias y 
meditadas leyes el desarrollo agrícola , lo han contrariado 
muchas veces , llevados de falsas teorías y de preferencias 
absurdas. No conocemos ninguna ley que favorezca su des- 
arrollo, y sí muchas que, ya directa, ya indirectamente y 
contra las intenciones mismas del legislador, la embarazan, 
la debilitan , la abandonan á sus propias fuerzas y la redu- 
cen al lamentable estado en que hoy se encuentra. Por for- 
tuna se ha llegado á conocer el mal y se procura su remedio, 

19 



290 

y en las sociedades y en las academias, así en la tribuna 
como en la prensa, se han levantado voces amigas, almas 
patrióticas y varones distinguidos, que claman por poner 
pronto remedio á este mal y por sacar á la agricultura y á 
la industria pecuaria de estado tan abatido. Con este patrió- 
tico objeto la Academia de ciencias morales y políticas cele- 
bró concurso, para premiar la mejor memoria que se le 
presentara, sobre el fomento de Ja población rural, mere- 
ciendo tan alto honor la del Excmo. Sr. D. Fermín Caballero, 
que nos proponemos dar á conocer á nuestros lectores en 
el presente artículo. 

»El nombre solo de su autor, justamente reputado como 
escritor, como político y como distinguido repúblico, era desde 
luego una prenda segura de acierto , y en esta ocasión como 
en otras, el Sr. Caballero ha dado pruebas de sus notables 
talentos, de sus estensos conocimientos en estas materias, y 
de grande exactitud en el aprecio de los diferentes obs- 
táculos que se oponen al desarrollo y prosperidad de la in- 
dustria agrícola en España. Escrita su memoria con gran co- 
pia de datos, con un profundo conocimiento de nuestros 
campos, de la vida y costumbre de nuestros agricultores, y 
de los obstáculos así físicos como legales, económicos y so- 
ciales que se oponen al desarrollo de la industria agrícola, 
esta obra ha llamado ya la atención de hombres importantes, 
y no dudamos que su estudio y la juiciosa aplicación de sus 
consejos en las esferas del gobierno , contribuirán poderosa- 
mente al importante fin que se propone. 

«Fruto de largos estudios, de observaciones atinadas y 
exactas y de juicios bien meditados, la obra del Sr. Caba- 
llero se recomienda principalmente por su mérito práctico, 
por ser esencialmente española, y escrita , si así puede decir- 
se, sobre la misma tierra de nuestras labores y en medio de 
los rústicos labriegos que las cultivan. El autor conoce los 
hábitos, los sistemas y hasta las preocupaciones de todas 
nuestras provincias, y los describe con una precisión y una 
exactitud admirables. Cansados estamos de ver impor- 
tar de otras naciones mas adelantadas las teorías que á 
ellas solas son aplicables, y comprendiendo esto bien el 
ilustrado autor de la memoria, ha estudiado nuestro propio 



291 

territorio, las dificultades que tiene que vencer el labrador, 
y clasificándolas muy oportunamente en las diversas provin- 
cias de España , pinta con exactitud el estado actual de 
nuestra agricultura en cada una, las costumbres de sus la- 
bradores, sus diversos métodos de cultivo, y las arraigadas 
preocupaciones que tanto se oponen al adelanto de esta im- 
portante industria. 

«Empieza este examen por el sistema que se observa en 
el territorio de las provincias Vascongadas, que es , á no du- 
dar , el menos imperfecto, por la acertada distribución del 
terreno en caserías proporcionadas para el establecimiento 
de una familia y su explotación por la misma. Partiendo de 
la reconocida teoría de que las grandes labores son siempre 
imperfectas, y las pequeñas y diseminadas ineficaces ó poco 
productivas, porque no pueden dar ocupación á una familia, 
establece como base de su sistema de población rural, no ya 
el aumento de individuos extranjeros que pudieran poblar 
nuestros campos, sino el hacer mas productivos y fructíferos 
los esfuerzos de nuestros agricultores, sacando á la población 
agrícola de los grandes centros para diseminarla por el cam- 
po, y hacerla así mas útil y beneficiosa á sí misma, y mas 
tranquila , mas satisfecha y menos expuesta á convulsiones 
y trastornos. 

«Entre los obstáculos que se oponen al desarrollo de 
nuestra agricultura , figuran en primer término la falta de 
brazos y la escasez de capitales. La población de España en 
proporción á la estension y feracidad de nuestro suelo es es- 
casa, y si se tiene en cuenta el escesivo número que se de- 
dica á la carrera de las armas, con notable perjuicio para 
la agricultura; el no menos crecido ejército de empleados y 
cesantes, y tantas otras clases sociales ajenas á esta industria, 
se verá que el número de los consumidores es infinitamente 
mayor que el de los productores , y de aquí la natural su- 
bida de los precios en los productos agrícolas. Por otra par- 
te la poca consideración que gozan los labradores, su vida 
laboriosa y llena de privaciones , y la escasez de sus rendi- 
mientos y prosperidad, alejan de ella los capitales, que en- 
cuentran mas pingües productos en otras empresas. Esta es- 
casez de población se remedia en parte con la emigración 



292 

temporal de extranjeros que vienen á nuestro país en las 
épocas de mayor trabajo y suplen la falta de brazos, hasta 
tal punto que sin ellos sería absolutamente imposible realizar 
las operaciones mas perentorias de la agricultura. Para re- 
mediar en lo posible tan grande mal, se propone el esta- 
blecimiento de la casería, con la tierra necesaria para su 
explotación por una familia, que pueda residir en el campo, 
beneficiar por sí misma, y atender con esto á todas sus ne- 
cesidades ; el señalamiento de esta porción de terreno á que 
se da el nombre de coto redondo, será variable según el ob- 
jeto á que se destine, y atendiendo á las circunstancias espe- 
ciales de cada provincia , pudiendo servir de tipo lo que en 
cada una se considere poder cultivar un buen labrador. 

«Examina después el Sr. Caballero las disposiciones lega- 
les adoptadas para fomentar la población rural y cuyas ten- 
dencias ban sido mas bien colonizadoras, no lográndose con 
ellas el objeto principal que es sacar de los grandes centros 
la población agrícola, hacer amable la vida del campo y 
facilitar las operaciones del cultivo por medio del estímulo y 
de la constante observación de los fenómenos naturales apli- 
cados á la agricultura. El sistema propuesto en la memoria 
haria mas productivo el trabajo, mas asidua la asistencia y 
mas fructífero el suelo. 

«No seguiremos al Sr. Caballero en el examen de los de- 
más obstáculos que se oponen al desarrollo de la agricultura 
española porque sería empresa difícil, pero recomendamos 
la lectura de su memoria á los hombres de gobierno y aman- 
tes de su país , como una pintura exacta de los males cuyo 
remedio es urgente, y no vacilaremos en decir que esta parte 
de la memoria es, á nuestro juicio, la mas atinada, la mas 
importante y la mas digna de estudio y meditación. Deja para 
lo último el obstáculo mayor, á su juicio, que consiste en la 
desproporción entre las propiedades, escesivas unas y por 
ello de imperfecto cultivo, pequeñas y diseminadas otras, y 
dice: «Lo primero que necesita el labrador es tierra que la- 
»brar ; tierra que esté á su alcance. Una sola esplotacion no 
«puede establecerse con heredades de provincias y pueblos 
«distantes; el que así tiene repartidas sus fincas, ó ha de 
«arrendar algunas, ó ha de fundar mas de una empresa 



293 

«agrícola. Los infinitos labradores, que tienen desparramado 
»el terrazgo por el término propio y las jurisdicciones aleda- 
ñas , lo cultivan, es cierto, pero lo cultivan mal, con evi- 
«dentes pérdidas ó inconvenientes graves. El coto redondo 
«habitado es únicamente el que puede manejarse bien, y con 
«todas las ventajas para el productor, para el consumidor, 
«para el comercio y para el Estado, y á pesar de ser esto tan 
«claro y tangible , el fraccionamiento de las heredades es tal, 
«que hace imposible la construcción de casas de campo con 
«el predio anejo.» Y mas adelante añade : «Mientras subsista 
«la subdivisión estremada , todas las mejoras carecerán de 
«base y serán raquíticas: con pedazos adecuados á la posibi- 
«lidad y conveniencia de cada labrador, todas las mejoras 
«darán opimos frutos.» Fijo en este obstáculo mayor que to- 
dos los que antes examina , propone el remedio de reducir 
los terrenos laboreables á su tipo del coto redondo, y tal vez 
llevado de su buen deseo, indica entre los medios alguno de 
difícil y quizá aventurado resultado. 

«Nosotros, sin desconocer la conveniencia de este siste- 
ma , quisiéramos solo que protegiese la ley, con las medidas 
indicadas tan oportunamente por el Sr. Caballero, á todo el 
que lograse reunir el mínimun del coto redondo, fundando 
en él un establecimiento rural , sin coartar la libertad y la fa- 
cultad de que otros agricultores , con mas capacidad y ma- 
yores capitales, fundasen otros establecimientos rurales para 
las medianas y aún las grandes empresas agrícolas; pues solo 
de la variedad y de la desigualdad social resulta esa admira- 
ble armonía, que jamás podrá obtenerse con la nivelación; 
el pequeño agricultor vive y prospera al Jado del mediano y 
del grande; lo que no alcanza aquel por falta de fondos ó 
de capacidad, lo consigue un labrador inteligente en un 
grande establecimiento; á éste son aplicables las grandes 
máquinas que no pueden usarse en el reducido coto del pri- 
mero; cuando los productos del pequeño agricultor no ca- 
ben ya en su corto establecimiento, pasan á otro mayor que 
los perfecciona y aumenta su valor; por eso adoptando la base 
del Sr. Caballero y algunos de los medios que propone para 
el fomento de la población rural, creemos un tanto exage- 
rado su propósito de reducir todos los terrenos á un solo tipo 



294 

dividiendo las grandes propiedades y acumulando las pe- 
queñas. En buen hora que los bienes del Estado se enagena- 
sen en lo sucesivo en pequeñas porciones, bajo el tipo del 
coto redondo; también que se faciliten los medios de acumu- 
lar las pequeñas propiedades hasta formar el terreno nece- 
sario para un coto; esto fomentaría grandemente la población 
rural y mejoraría las costumbres públicas : pero con esto solo 
no se consiguirían todos los adelantos y mejoras que recla- 
ma la agricultura, pues algunos solo pueden plantearse en 
los grandes establecimientos agrícolas. 

»Con respecto al estilo de esta obra , basta decir que es 
del Sr. Caballero, y escusado es ya añadir, no solamente que 
es castizo,, sino que es suave, atractivo y adecuado al fin del 
libro; en este hallamos acabados trozos que son modelos de 
las mas encantadoras pinturas de la vida del campo ; sirva 
de ejemplo el siguiente : 

«El morador de la casería tiene horizonte y cielo propios, 
» vistas , perspectivas y cuadros peculiares, sonidos y ruidos 
«especiales que escuchar : en el pueblo, todo es común de 
»todos. Al campesino, cuantos objetos hay en la heredad ó 
»están al alcance de su vista, le sirven de cuadrante gnomo - 
»nico y de anemómetro : no tiene espadaña ni veleta , y las 
«campanas de los lugares cincunvecinos, cuyos débiles tim- 
»bres distingue perfectamente , á mas de darle las horas, le 
«marcan la dirección de las ondulaciones sonoras en la ma- 
«yor calma atmosférica. Colocado en el centro de su patri- 
«monio, es el único señor de la finca, el legislador absoluto 
«de su gobierno, el solo administrador ele cuanto abarca la 
«circunferencia , que es la frontera de sus dominios ; patri- 
«monio, reinado y dominio de que incesantemente se ocupa, 
«en que esclusivamente piensa. 

«¿A quién no encanta esta sencillez y esa verdad de la 
descripción? Que grande obra habrá conseguido el Sr. Caba- 
llero si alcanzase con su libro hacer atractiva la vida del 
campo, y ya que no estinguir completamente ese absenteís- 
mo (1), tanto ó mas difundido en nuestra España que en la 



(1) Absenteísmo es el nombre con que los publicistas ingleses califican 
la acción de sus compatriotas, especialmente irlandeses, de abandonar sus 
tierras y venirse al continente á gastar sus rentas. 



29b 

misma Irlanda , que tantos clamores y recriminaciones ha 
suscitado, y que el de los nobles rusos contenidos y corregi- 
dos en estos deseos por las fuertes medidas del Autócrata. 
El alejamiento de los propietarios de sus propiedades y del 
campo, y de los colonos , es, á nuestro modo de ver, uno de 
los mas poderosos motivos de la decadencia de la agricultura; 
y contribuye fuertísimamente al descuido de esas mismas 
posesiones , al desden con que hoy se la mira y se considera 
á los agricultores , ó á disminuir la sociabilidad y la ins- 
trucción entre ellos, á aglomerar el vecindario, y con él la in- 
salubridad, la inmoralidad y otras mil plagas en las grandes 
poblaciones, y á producir otros muchos de los males que 
contribuyen al atraso que todos lamentamos. El Sr. Caballero 
abre el camino, indica los medios; contribuya el gobierno 
por su parte, y no dudemos que la grande obra de mejora- 
miento empezará. ¡Tiempo es ya , por cierto, que se piense 
en ello! 

«Concluye el Sr. Caballero su memoria con un proyecto 
de ley, que, salvas algunas modificaciones, podria adoptarse 
por el gobierno y presentarse á las Cortes para su examen 
y aprobación. Esta ley, unida á otra de crédito territorial y 
bancos agrícolas , para cuyos establecimientos podian servir 
muy útilmente los fondos de los pósitos y el 80 por \ 00 de 
los bienes de propios, volverían á nuestra agricultura la vida 
y el desarrollo que alcanzó en otros tiempos. Dése á nuestros 
labradores la instrucción necesaria en establecimientos pú- 
blicos, y mas aún la instrucción práctica en las Granjas- 
modelos ; con el aumento de la población rural se conseguirá 
la economía de brazos, y los bancos agrícolas le proporciona- 
rán capitales á un interés moderado para que la usura no 
acabe con sus escasos recursos. Si los gobiernos llenan estas 
tres necesidades, bien pronto nuestros productos agrícolas, 
después de abastecer cumplidamente nuestros mercados, uti- 
lizando nuestros medios de comunicación , se trasladarán á 
todos los centros del mundo, y competirán con ventaja con 
los abundantes y ricos productos de otras naciones , con 
quienes no ha sido tan pródiga la naturaleza. A esta grande 
obra habrá contribuido mucho el Sr. Caballero con su bella 
memoria , destinada á producir grandes resultados , si sus 



296 

bien meditadas reflexiones se llevan al terreno práctico, y se 
aprovechan para una buena ley de población rural. 

«Reciba , pues , nuestra humilde felicitación el Sr. Caba- 
llero, por su notabilísimo libro, y recíbanla también nuestros 
agricultores por tener abogados tan ilustrados y activos , que 
así consagran sus eminentes talentos á la obra de su regene- 
ración y prosperidad.» 

Este artículo parece ser del diputado estremeño 
don Luis Villanueva , según la Crónica de Badajoz, que 
lo reprodujo con la firma de dicho señor. 

La Iberia, 6 Febrero 4864. 
La iberia. «Fomento de la población rural por D. Fermín Caballe- 

ro. — Memoria premiada por la Academia de ciencias morales 
y políticas.» 

«El método de la división del trabajo ó distribución de 
las ocupaciones productivas, fundado por una parte en la 
unidad y limitación del yo, y por otra en la diversidad de 
aptitudes de los hombres y de los climas, es indudable- 
mente , como lo han demostrado Adam Smith y todos sus 
discípulos, el régimen ú organización natural de la industria. 
Él utiliza todos los medios , todos los recursos de que Dios 
ha dotado á la humanidad para satisfacer sus necesidades; 
él concentra la atención del trabajador en un objeto, y re- 
dobla de este modo la potencia del espíritu y la intensidad 
de su acción ; él solo puede dar á las creaciones industriales 
las condiciones de unidad, variedad y armonía que exigen 
todas las obras del arte. Aplicado á la industria moderna, 
¡qué de maravillas no ha producido! El ahorro de tiempo y 
de gastos, la mejora de los procedimientos mecánicos, la 
invención de las máquiüas, la baja consiguiente de los valo- 
res, la multiplicación y perfeccionamiento de los productos 
se deben principalmente á este fecundo principio. 

»Pero cuenta que la división del trabajo no se convierta 
en una diseminación de fuerzas arbitraria y desordenada; 
cuenta con llevarla hasta la atomización ó disolución de los 
elementos productivos; porque el ejercicio de las facultades 
humanas no es, como el oro, divisible indefinidamente, y 



297 

la separación de las tareas industriales tiene sus límites en 
la naturaleza de cada industria. Amplios, estensos, grandí- 
simos en las manufacturas y las fábricas, donde la confec- 
ción de un reloj, por ejemplo, suele hacerse entre ciento dos 
operarios distintos , eslos límites se estrechan considerable- 
mente cuando se trata de la producccion agrícola. Aquí las 
funciones no pueden separarse como en otras empresas eco- 
nómicas; aquí el esfuerzo no es susceptible de tanta descom- 
posición como en las demás industrias. 

»No hay, en efecto, esplotacion rural, grande ó pequeña, 
que no sea en realidad , como muy oportunamente observa 
Mr. H. Passy, una manufactura de diversos productos. Cla- 
sifíquense como se quiera los cultivos ; llámeselos cereales, 
herváceos , vinícolas , etc., siempre resultará que cada uno 
de ellos, además de la producción á que deba su nombre, 
necesita comprender otras varias. Y es que las tierras no se 
prestan al cultivo continuo de unos mismos frutos ; es que 
su fecundidad se agota cuando no se varían las cosechas, y 
hay que recurrir á rotaciones, sin las cuales no remunera- 
rían los afanes del cultivador. Además que ninguna labor 
puede hacerse sin el número de animales suficiente , no 
solo para la carga y el tiro , sino también para suministrar 
los estiércoles que han de renovar la fecundidad del terreno; 
de aquí la conveniencia de unir á todo cultivo el de las 
yerbas ó raíces con que ha de mantenerse el ganado 
agrícola. 

»Este carácter económico de la agricultura, de suyo poco 
favorable á la división del trabajo , al menos con la estension 
que se practica en las demás industrias, y singularmente en 
la manufacturera ó fabril , dá lugar á consecuencias impor- 
tantísimas. 

»En primer lugar, cualquiera que sea la magnitud del 
dominio rural , ya se establezca la grande ó la pequeña pro- 
piedad , ya se adopte el grande ó el pequeño cultivo , es in- 
dudable que ese dominio debe estar reunido en un solo 
punto , constituir una sola porción de terreno regular y con- 
tinuo. Su división en piezas sueltas, diseminadas por la su- 
perficie de uno ó varios términos , y separadas entre sí por 
distancias mas ó menos grandes , tendría , entre otros incon- 



venientes gravísimos , el de hacer imposible la alternativa 
de las cosechas y la combinación de los cultivos. 

»En segundo lugar, la población agrícola, cuyos indivi- 
duos todos desempeñan iguales ó análogas funciones produc- 
tivas, no necesita como la manufacturera formar grandes 
grupos que reúnan las aptitudes necesarias para cada pro- 
ducción ú oficio; antes bien , debe residir en el campo , que 
es , por decirlo así , su taller ú oficina , como aquella reside 
junto á la fábrica donde trabaja, y distribuirse convenien- 
temente por toda la superficie del espacio laborable, de modo 
que cada fracción patrimonial de ésta sea ocupada por la fa- 
milia misma que la cultiva. 

«Tales son los principios económicos que ha hecho resal- 
tar admirablemente al Sr. D. Fermín Caballero en su bellí- 
sima memoria sobre el Fomento de la población rural , tan 
justamente premiada por la Academia de Ciencias morales 
y políticas. 

»E1 autor comienza por definir la población rural, di- 
ciendo con mucha razón, que es «la familia labradora que 
vive en casa aislada , sita en el campo que cultiva,» y dis- 
tinguiéndola muy acertadamente de las colonias rurales, 
institución que , si pudo tener alguna importancia en otro 
tiempo, mas como espediente de policía que como medida 
económica , hoy no pasa de ser un anacronismo. 

»Entra después el Sr. Caballero á describir el estado pre- 
sente de la población rural en España , y lo hace dividién- 
dola en siete grupos, que son: 1.° Provincias Vascongadas, 
Navarra y Rioja; 2.°, Asturias y Galicia; 3.°, Cataluña , Ara- 
gón y Baleares; 4.°, Valencia y Murcia; 5.°, Andalucía; 
6.°, Estremadura ; 7.°, Castilla y León. Este cuadro es de 
mano maestra, y no se sabe qué admirar mas en él, si la 
exactitud del dibujo, la severidad de las líneas y los con- 
tornos, la verdad del colorido, la riqueza de los detalles, ó 
la vida y animación del conjunto. Es imposible desplegar un 
criterio mas sano , un espíritu de observación mas profundo, 
un ojo mas perspicaz y certero, La España rural palpita , por 
decirlo así, bajo el pincel del artista, y recorriendo el magnífico 
panorama que de ella nos traza, se ven pasar por delante de 
nosotros las diversas comarcas de la Península con su fiso- 



299 

nomía propia y peculiar , como si todos los rasgos agronómi- 
cos que las caracterizan estuviesen condensados en otros 
tantos paisajes distintos. 

»E1 señor Caballero encuentra el tipo de la población rural 
en las Provincias Vascongadas, y especialmente en Vizcaya y 
Guipúzcoa, cuyos labriegos viven, en su mayor parte, en 
caserías diseminadas por el país, cercanas sin estar juntas, y 
cultivan el terreno adyacente, por lo común unido y conti- 
nuo. Este es, en efecto, casi el bello ideal de la economía 
agrícola, tal como se practica en las naciones mas adelanta- 
das en la agronomía, y sobre todo en Inglaterra. Aquí, aparte 
de las vastas quintas ó granjas de labor, donde se ejerce la 
agricultura en grande escala, — high farming, — hay una mul- 
titud de pequeñas propiedades territoriales de veinte á dos- 
cientas hectáreas de extensión, que son á un mismo tiempo el 
taller y la residencia del cultivador, ya sea propietario ó sim- 
ple colono. Recórranse, — dice Mr. de Lavergne en sus inte- 
resantes Estudios sobre la economía rural del Reino-Unido, — 
recórranse las inmensas columnas de los periódicos ingleses» 
ó éntrese en una de esas oficinas para las ventas de inmue- 
bles ; tan numerosas en Londres, y se verán diariamente 
anuncios concebidos en estos ó parecidos términos: «Se vende 
»una propiedad de tantos acres, arrendada á un colono de 
«garantías, — substancial, — con una habitación elegante 
»y cómoda, un buen arroyo para truchas, huerta, jar- 
»din, &c, &c.» 

»La habitación es siempre un lindo edificio casi nuevo, 
perfectamente conservado, con adornos esteriores de bastante 
mal gusto, pero de una disposición interior sencilla y cómo- 
da , en medio de un terreno cubierto de césped , con unos 
cuantos árboles á derecha é izquierda, y Mr. de Lavergne 
calcula en doscientas mil las viviendas de esta clase, repar- 
tidas por la verde superficie de las Islas Británicas. 

«Pero aún no da esto una idea completa de la distribu- 
ción de la población agrícola en el Reino-Unido; porque, á 
decir verdad, toda ella reside sobre el terreno mismo que 
esplota, y entre las magníficas casas campestres de los lords 
ó las mas modestas de los countrygentlemen , se vé el campo 
sembrado de otras humildes, pero bien acondicionadas, que 



300 

habitan los yeomen ó pequeños propietarios , lo mismo que los 
colonos ó farmers. 

»Uua de las mejoras que mas preocupan en Inglaterra á 
la clase agrícola, es la construcción de habitaciones sanas y 
cómodas para los operarios rurales. En todas las exposicio- 
nes, en todos los periódicos de agricultura, figuran planos de 
nuevas cotlages ó casas de labor. El duque de Bedfort ha he- 
cho edificar para los labriegos de sus dominios muchísimas 
que se consideran como verdaderos modelos Estas habita- 
ciones , construidas generalmente por grupos de dos en dos 
ó de cuatro en cuatro para disminuir los gastos, son claras, 
secas, bien ventiladas, provistas de todo lo suficiente para 
las necesidades de la vida, é influyen física y moralmente 
en las poblaciones rurales, dándoles hábitos de orden y de 
limpieza al mismo tiempo que aumentando su salud y su 
bienestar. 

»¡De qué diferente modo pasan las cosas en España! Aquí 
los grandes propietarios viven casi todos en el fondo de las 
ciudades, consumiendo improductivamente sus rentas, y sin 
curarse en lo mas mínimo de las tierras, confiadas á colonos 
que las esquilman y administradores que las abandonan, 
aquí, como demuestra el señor Caballero , no existe, con le- 
ves excepciones, una verdadera población rural; aquí las vi- 
viendas de los labradores, nada higiénicas ni cómodas, están 
además agrupadas en pueblos y aldeas distantes del terreno 
que aquellos cultivan, siendo todavía mas mezquinas é in- 
salubres las pocas que se hallan en los campos, sin que sir- 
van de residencia habitual á la familia agrícola, ni tengan 
conjunto el terrazgo necesario. 

»Con semejantes condiciones ¿qué puede prometerse la 
agricultura española? Ya lo dice el señor Caballero: gran 
pérdida de tiempo, falta de cuidados solícitos , destrucción de 
caballerías y carruajes, y por consecuencia de todo, una 
producción carísima. 

»Es pues preciso, si se quiere mejorar nuestro estado 
agrícola, constituir ante todo la población rural, hacer que 
la clase agricultor» se establezca en los campos, creando la- 
branzas en los términos de los pueblos, á donde trasladen 
su domicilio los labradores que en poblado habitan. Las ven- 



301 

tajas que esto produciría las resume el señor Caballero en las 
siguientes enérgicas palabras: 

«El labrador que mora sobre el campo que cultiva es el 
«que saborea el dulce mió, el que se identifica con la fami- 
»lia, el que conserva y propaga las buenas costumbres, el 
»capaz de prosperar material y moralmente, porque posee el 
«microscopio de lo presente y el telescopio de! porvenir. 

»E1 labrador rural obra sobre la tierra que maneja di- 
» recta y perpendicularmente (permítasenos la palabra), con 
«toda la gravitación de su inteligencia , de su voluntad y de 
«su poder; el labrador de pueblo obra de una manera tor- 
«cida , intermitente y oblicua.» 

«Y aún omitimos otras ventajas administrativas que el 
señor Caballero descubre con el tino de un consumado esta- 
dista: aún no hemos hecho mención de los sentimientos de 
independencia, de patriotismo, de conservación social que, 
según nuestro autor, despertaría entre los labriegos la cos- 
tumbre de vivir en el campo. Esta última observación, sobre 
todo en un país que quiere ser libre, como el nuestro, es 
muy digna de tenerse en cuenta, y se confirma con el ejem- 
plo de la Inglaterra. Allí la libertad,— dice un publicista 
moderno , — ha sido tanto mas provechosa , cuanto que no ha 
ido acompañada de esos desórdenes que la han manchado y 
desacreditado en otras partes: allí las trasformaciones que el 
tiempo trae consigo y que constituyen la vida misma de las 
sociedades , se han verificado insensiblemente, sin trastornos 
ni sacudidas violentas. ¿Y todo por qué? Se atribuye gene- 
ralmente esta moderación nacional al espíritu aristocrático; 
pero es un error : en lo que consiste es en el espíritu rural, 
en ese espíritu, sin duda muy favorable á la aristocracia, 
puesto que esta clase ha hecho causa común con él , pero que 
no es la aristocracia misma, y que puede existir perfecta- 
mente sin su dominación. La vida campestre de las clases su- 
periores es la que ha producido las costumbres enérgicas y 
altivas de donde ha salido la constitución inglesa, y la que 
después , por esas mismas costumbres , ha preservado á la li- 
bertad de todo exceso. 

«Constituyamos, pues, la población rural en España. 
¿Pero cómo? Hay una porción de obstáculos que se oponen á 



302 

ello, y que no podían ocultarse al talento investigador del 
señor Caballero : falta de población , de aguas y de buenos 
caminos; existencia de terrenos comunes; escasez de capita- 
les; inseguridad, ignorancia de la clase labradora; carencia 
de templos, de escuelas y de facultativos: hé aquí los que 
nuestro autor echa de ver desde luego, clasificándolos muy 
acertadamente en físicos , legales , económicos y sociales. 

«Gravísimos son en verdad estos obstáculos; pero al fin, 
no faltan medios de irlos venciendo poco á poco, y los que 
el señor Caballero propone nos parecen en su mayor parte 
discretísimos. Algunos de ellos, como son la construcción de 
canales y caminos vecinales, con preferencia á las mismas 
vias férreas, tan prematuramente emprendidas en nuestro 
país, el establecimiento de bancos agrícolas, la rebaja de la 
contribución territorial , la reforma arancelaria , la institución 
de un código y una guardia rural, la formación de sociedades 
agrícolas, se refieren al mejoramiento de la agricultura en 
general , aún prescindiendo de la diseminación por los campos 
de la población labradora, que directamente favorecen, y 
nosotros mismos los hemos propuesto hace poco tiempo en 
nuestra Memoria sobre la Exposición de Londres , considerada 
bajo el punto de vista agrícola. Tenemos, pues, un singular 
placer en hallarnos de acuerdo en todos estos puntos con un 
agrónomo tan distinguido como el señor Caballero. 

«Pero aún no hemos hablado del obstáculo mayúsculo, del 
obstáculo príncipe, que nuestro autor llama pintorescamente 
el gran estampido de su pirotecnia rural, y que, á su juicio, 
es el que mas contribuye á impedir la constitución y creci- 
miento de la población campesina. Consiste este obstáculo en 
«la división de la propiedad territorial, como hoy se encuen- 
tra, pocas veces en pedazos convenientes, en algunos casos 
«excesivamente acumulada, y por lo general subdividida y 
«entremezclada de un modo pasmoso.» 

«Sería, en efecto, tarea larga y embarazosa bosquejar el 
laberinto territorial, para valemos de las propias palabras 
del señor Caballero, producido por tan inconsiderado frac- 
cionamiento: baste decir que hay labrador,— y el mismo señor 
Caballero cita este caso, no como escepcional , sino como or- 
dinario y frecuente,— que, cultivando ciento diez fanegas de 



303 

puño, equivalentes á veintisiete hectáreas, las tiene divididas 
en cincuenta y un pedazos discontinuos, que salen á cin- 
cuenta y tres áreas de superficie por término medio. 

«Los males que de aquí se siguen son verdaderamente in- 
calculables: se pierde terreno con la multiplicación de los 
senderos que conducen á las fincas y de los lindes que las 
separan; se maltratan los frutos, atravesando unas tierras 
para llegar á otras; se originan litigios interminables sobre 
los términos de estas; se disminuye, distrayendo la atención 
del labrador, la intensidad del cultivo, y sobre todo se hace 
imposible la rotación de las cosechas y la mejora de los pro- 
cedimientos agrícolas. 

«Es, — dice muy ingeniosamente el Sr. Caballero, — como 
»si dierais á un fabricante la máquina mas portentosa con las 
«piezas separadas y sin que las pudiera armar 

«es como tener un escrito de doscientos folios encuadernado 
»hoja por hoja en doscientos volúmenes de obras diferentes, 
» y cada obra en distinta biblioteca ; se puede lograr el leerlo, 
«yendo y viniendo de local en local, de sala en sala, y co- 
«giendo y dejando los doscientos tomos ; pero comparad este 
«trabajo con la facilidad que ofrece la reunión del escrito en 
«un solo libro, y tendréis una idea de los inconvenientes del 
«fraccionamiento de la propiedad territorial.» 

«Para obviarlos, propone el Sr. Caballero el estableci- 
miento de lo que él llama, con gran propiedad de lenguaje, 
caserías ó cotos redondos acasarados; esto es , casas de labor 
sembradas por los términos de los pueblos, rodeadas de cierta 
extensión de tierra labrantía y que formen verdaderas fincas 
rurales, sin lo cual no juzga nuestro autor posible la pobla- 
ción campesina, objeto de todos sus estudios y término de 
todas sus aspiraciones agrícolas. 

Estamos también conformes en este punto con el Sr. Ca- 
ballero , y aceptamos desde luego casi todos los medios indi- 
rectos que indica para facilitar la reunión de las pequeñas 
piezas, estimular la edificación de casas de labor y hacer 
amable la residencia en el campo. 

«En lo que creemos que le estravía su buen celo , es en 
la pretensión de que se fije legalmente la porción de terrazgo 



304 

adjunto á cada casería , y se declaren estas porciones indi- 
visibles ó inacumulables. Desde luego pensamos que esta 
fijación, sobre ser dificilísima, como el mismo Sr. Caballero 
reconoce , y dejar ancho campo á la arbitrariedad guberna- 
mental, puesto que debería variar en cada localidad con 
arreglo al vago y elástico tipo de la cantidad de tierra que 
acostumbra á llevar en ella un labrador regular , no puede 
hacerla el legislador sin atentar al derecho de propiedad, 
definido por todos los jurisconsultos jus utendi et abutendi, 
derecho de usar y de abusar, y no menos atentatoria á este 
sagrado derecho , juzgamos la prohibición de dividir y acu- 
mular los cotos redondos. 

»En este punto , lo confesamos ingenuamente , aún á 
riesgo de merecer los anatemas de una persona tan respeta- 
ble como el Sr. Caballero , somos individualistas , sin dejar 
por eso de ser societarios, y no damos á la sociedad, ni al 
Estado, que es su representante, ni á la ley , que es su re- 
gla de acción , otras atribuciones que las de definir y armo- 
nizar los derechos individuales. La propiedad no es cierta- 
mente obra de la creación , como dice muy bien el Sr. Caba- 
llero, es obra del trabajo humano; mas por lo mismo no 
puede la ley restringirla ni modificarla; no puede hacer 
sino garantizarla. 

»Y aún prescindiendo de esta cuestión de justicia , ¿ qué 
se ganaría con la fijación é inmutabilidad de la finca-tipo, 
dado caso que fuese posible y hacedera? Dificultar la circula- 
ción déla propiedad territorial, tan necesaria al fomento de 
la riqueza ; inmovilizar la agricultura , haciendo imposible la 
introducción de las mejoras que exigiesen una porción de ter- 
reno mayor que la permitida por la ley; uniformar las labo- 
res en términos de someterse todas las tierras de una misma 
ocalidad á análogos procedimientos. 

»Pero hay más todavía : adoptándose el coto redondo 
del Sr. Caballero, se escluirían la grande y la pequeña pro- 
piedad, el grande y el pequeño cultivo, cuya coexistencia es 
útilísima por muchos conceptos. ¿Cómo formar, en efecto, 
con semejante sistema esas vastas quintas ó granjas, que 
tanto han contribuido en Inglaterra al progreso agrícola, 
verdaderas manufacturas rurales , donde se emplean los 



305 

aparatos mas costosos, se aplican los métodos nuevos y se 
practica el arte en grande escala, sirviendo como de mode- 
lo , ensayo y escuela preparatoria para todos los labriegos? 
¿Cómo subsistir, por otra parte, los pequeños propietarios y 
cultivadores que en muchos países constituyen el nervio de 
la clase labradora , y que de todos modos no pueden pros- 
cribirse, sin privar al mismo tiempo de su sustento á tanto 
y tanto bracero industrial como busca en la agricultura una 
ocupación supletoria? 

«Aconséjese, en buen hora, la constitución de la finca-tipo- 
estimúlese por todos los medios legítimos; protéjase directa- 
mente por el Estado , si tanto se cree preciso en el lamen- 
table fraccionamiento en que hoy se encuentra la propiedad 
territorial; pero no se señalen límites arbitrarios á su divi- 
sión ; no se pongan trabas á las ventas ni á las trasmisiones 
hereditarias; no se pretenda , sobre todo, repartir el terre- 
no laborable en porciones simétricas, ni mas ni menos que 
si fuese un tablero de damas ó de ajedrez , en donde hayan 
de moverse á compás, y con arreglo á una pauta invariable, 
las figuras de nuestros labriegos. 

»Tal es, al menos, nuestra humilde opinión, que sentimos 
mucho difiera de la por tantos títulos autorizada del Sr. Ca- 
ballero. Pero nosotros concedemos á la ley menos eficacia que 
nuestro ilustre adversario; nosotros tenemos mas fé en el 
interés individual, y en este como en otros ramos de la ac- 
tividad humana, confiamos en que su influjo, libre y desem- 
barazado, ha de alcanzar con el tiempo lo que jamás alcan- 
zada todo el celo oficioso de los Gobiernos y sus delegados. 
Hágaseles entender ese interés á los labradores; instruyase- 
los en las prácticas y las condiciones del cultivo económico; 
acudan de consuno en auxilio de su impotencia el Estado y 
la sociedad , cada cual en la medida de sus atribuciones y 
de sus deberes , y ellos se encargarán de hacer lo demás 
mejor que todos los sabios y todos los legisladores. 

»Lo que desea el Sr. Caballero es nada menos que un 
golpe de Estado en nuestra economía rural, y ciertamente 
no puede menos de extrañarnos que apele á medios tan es- 
tremados un hombre de gobierno. Cambiar gubernativa- 
mente en un país la constitución de la propiedad es punto 

20 



306 

menos que imposible , porque depende de una porción de 
causas antiguas, esenciales, y que no se destruyen á volun- 
tad. Atribuir, por otra parte, á la mediana propiedad un 
papel esclusivo; hacer de ella la condición indispensable 
del progreso agrícola, es suponer que este no puede verifi- 
carse sino por una revolución social, de seguro innecesaria, 
y quizá , quizá , perjudicialísima. 

»Esto en cuanto al punto capital de la Memoria, que, res- 
pecto de otros secundarios, aun tendríamos que hacer algu- 
nas salvedades , si bien con la timidez propia de quien reco- 
noce la superioridad del Sr. Caballero. 

»Así, por ejemplo , nosotros no somos , en principio , par- 
tidarios de las subvenciones que nuestro autor quisiera dar 
á las compañías que se encargasen de abrir pozos artesia- 
nos en los puntos donde no hay aguas: porque considera- 
mos toda subvención como una exacción hecha á los contri- 
buyentes, en beneficio de personas determinadas, y el im- 
puesto no es, á nuestros ojos, una máquina de distribuir 
artificialmente los capitales, sino un fondo común destinado 
á satisfacer necesidades también comunes, la necesidad del 
orden, de la libertad, de la seguridad individual, cuyo afian- 
zamiento constituye la misión principal del Estado. 

«Tampoco vemos posible en el estado actual de nuestra 
agricultura la sustitución absoluta de las muías por los 
bueyes, como parece desear el Sr. Caballero, por mas que 
reconozcamos los males inherentes al empleo de aquellas, y 
hayamos leido con singular placer la animada y fidelísima 
pintura, hecha por nuestro autor, de los solaces que permi- 
ten á nuestros labriegos. El ganado mular, mientras no varié 
la constitución de la propiedad territorial y se perfeccionen 
los métodos agrarios , será , en nuestro pobre sentir , un 
mal necesario en muchas comarcas de la Península, y de 
todos modos nunca convendrá reemplazarle con bueyes, 
sino mas bien con una casta especial de caballerías, reser- 
vando el ganado vacuno para la producción de leche y car- 
ne , que es su modo de esplotacion mas lucrativo. Así se 
ha hecho en Inglaterra con gran ventaja de los labradoresj 
los cuales no emplean ya bueyes para el cultivo, sino caba- 
llos, por lo común del condado' de Suffolk, que unen la 



307 

fuerza á la ligereza , dos cualidades que los ganaderos se 
han dedicado á desarrollar en ellos sin perdonar gasto ni 
sacrificio alguno, y que secundan admirablemente los arreos 
de tiro , todos mas eficaces y mejor ideados que los nuestros. 

»Por último , no damos tanta importancia como el Sr. Ca- 
ballero á los arriendos délas tierras á plazos largos, sin ne- 
gar por eso que puedan ser útiles. En Inglaterra , á cuyo 
ejemplo hay que acudir siempre que se trata de agricultura, 
esos arriendos son casi desconocidos ; las tres cuartas partes 
de los colonos tienen la tierra lo que se llama á volun- 
tad, — atwillj es decir, que tanto ellos como los propietarios' 
pueden romper el contrato cuando les plazca, avisándose 
con seis meses de anticipación. Y es que lo mas importan- 
te en el cultivo, no es precisamente la forma del arriendo^ 
sino el capital con que cuenta el cultivador, y el espíritu de 
empresa que le lleva á emplearle confiadamente en la tier- 
ra. Los labradores ingleses poseen estas dos condiciones , y 
por eso progresa tanto en sus manos la agricultura; los 
nuestros carecen casi absolutamente de ellas; ¿qué podrían 
contra semejante carencia los largos arriendos? 

»Por lo demás , nosotros aplaudimos las principales ideas 
del Sr. Caballero, y no tenemos mas que elogios para su 
Memoria, toda llena en el fondo de erudición , de buen jui- 
cio , de esquisito tacto , de puntos de vista elevadísimos. La 
forma no puede ser tampoco mas pulcra y escogida, brillan- 
do en ella un lenguaje correcto y castizo , un estilo enérgico^ 
viril y elegante. El Sr. Caballero escribe como un literato 
consumado y como un hombre de convicciones: su corazón y 
su buen gusto se revelan en cada una de sus frases. Con- 
cluyamos, pues, felicitándole cordialmente por tan precioso 
trabajo, y recomendando su lectura á todos los amantes de 
nuestra prosperidad agrícola y á todos los hombres pen- 
sadores. = Mariano Carreras y González.» 

Este artículo se reprodujo en otros periódicos de 
provincia , como El Diario de Zaragoza y el Correo de 
Navarra. Su autor, el Sr. Carreras y González, es ca- 
tedrático del Instituto provincial de segunda clase de 



Zaragoza, en la asignatura de geografía y estadística 
comercial , economía política y legislación mercantil é in- 
dustrial, aplicarlas á la agricultura, industria y co- 
mercio. 

La España Agrícola, 45 Febrero y 30 Abril 4864. 

L a a 6 r?c?ía ña En el número 3.° de este periódico , de que es 

director el Sr. D. José de Hidalgo y Tablada , se dijo 
á la página 34 : 

«Recomendamos la lectura del libro publicado por don 
Fermin Caballero sobre el Fomento de la población rural. Es 
una cosa notable en todos conceptos.» 

En el regalo del mismo Sr. Hidalgo sobre Eco- 
nomía rural española, hecho á los suscritores del pe- 
riódico , tomo primero, página 2¡2¡5, se dice, hablando 
de la división de la propiedad: 

«Sobre este asunto nada puede recomendarse, en nues- 
tro juicio , que llene mejor el estudio que se debe hacer, 
como el libro publicado por D. Fermin Caballero , bajo la 
denominación de Población rural de España.» 

Y en el número 8.° de dicho periódico, pág. 117, 
inserta el artículo que publicó La Union y reprodujo 
el Diario Mercantil de Cádiz, anteponiéndole las si- 
guientes líneas : 

« Bibliografía. — En el tomo primero de Economía rural 
española, que acabamos de publicar, hemos recomendado la 
lectura del libro premiado por la Academia de Ciencias mo- 
rales y políticas, en que D. Fermin Caballero ha tratado de 
una manera nueva el Fomento de la población rural de Es- 
paña. Saben nuestros lectores que una de las secciones de 
nuestro periódico se ocupa de hacer conocer las obras que 
en nuestro juicio lo merecen. Cuando nos preparábamos á 



309 

verificarlo del libro del Sr. de Caballero, hemos tenido el 
gusto de que nuestro particular amigo D. Mariano de Pardo 
Figueroa nos remita el siguiente artículo, que publicamos con 
tanta mas razón, cuanto en ello damos una prueba del apre- 
cio que nos merece el libro del Sr. de Caballero, á la vez que se 
honra nuestro periódico con la firu.a de un amigo querido, 
y cuyo voto en el asunto es de gran importancia. — Hidalgo 
Tablada. » 

La Democracia, 22, 23 y 26 Febrero 1864. 

«Debemos á la galantería del Sr. D. Fermin Caballero La Democracia 
un ejemplar de su escelente memoria sobre el Fomento de la 
población rural de España , premiada en el último concurso 
de la Academia de Ciencias morales y políticas. Sin perjui- 
cio de ocuparnos con mas detenimiento de obra tan intere- 
sante, no vacilamos en recomendarla á nuestros suscritores, 
seguros de que han de encontrar en ella acertadas reflexio- 
nes sobre el estado de nuestra agricultura y de las mejoras 
de que es susceptible. 

» Variedades. — Fomento de la población rural de España, 
por D. Fermin Caballero. 

»I. — Pocos dias há prometimos ocuparnos con algún de- 
tenimiento de la presente obra, que entonces calificamos de 
escelente, y que ahora, con mas espacio examinada , nos pa- 
rece todavía mas digna de tan honroso calificativo. Aun cuan- 
do no hubiera traído al frente el nombre de su autor, favora- 
blemente reputado y conocido por sus trabajos geográficos y 
por sus virtudes cívicas , y sin la gloriosa recomendación de 
haber sido premiada en el postrer concurso de la Academia 
de Ciencias morales y políticas, no habríamos dejado de esti- 
marla en cuanto vale , así por su objeto, como por el modo 
con que ha sido desenvuelto, viniendo á convertirse por el 
talento del escritor en ameno y sobremanera grato un asunto 
de suyo trivial , y que no suele llamar la atención en el in- 
menso cúmulo de relaciones que la política engendra , mas ó 
menos dramáticas, de mayor ó menor interés, pero que lo- 
gran siempre picar la curiosidad, hasta el punto de consu- 
mir por completo las fuerzas de los mas activos. 



310 

»Y he ahí someramente indicado uno de los principales 
títulos que hacen á esta obra digna de concienzudo examen, 
de estudio detenido. 

»Los que tienen la fortuna de ver deslizarse tranquilos los 
cortos dias de su existencia en la quietud de los campos , en 
la serenidad de las aldea^ , y en la paz y contento con que la 
naturaleza brinda á los que prefieren contemplar la constan- 
te variedad de sus escenas, eternamente bellas, al confuso 
tropel de las agitaciones cortesanas , estos tales suelen ver mas 
claramente la realidad de la vida , y percibir con pena las 
últimas y remotas consecuencias de las medidas guberna- 
mentales en la mayoría de la nación , víctima espiatoria en 
los frecuentes holocaustos de las ambiciones políticas, que, á 
fuer de pasiones , obran sin conciencia de los males que á la 
larga vienen á causar á los pueblos en dilatada estension de 
siglos y generaciones, Es menester declararlo sin ambajes: 
nuestros repúblicos de la presente era, atentos mas bien á 
las ideas que á las cosas , consultando sus inspiraciones an- 
tes que la realidad , no han tenido en cuenta al legislar pre- 
misas y datos, sin cuyo ausilio el acierto llega á ser difícil, 
si acaso no imposible. 

«Así lo ha comprendido, por ventura , el Sr. D. Fermín 
Caballero, con referencia á los intereses agrícolas, que en Es- 
paña deben ser con preferencia atendidos, esponiendo con 
delicado criterio, lucidez de juicio, copia de testimonios y 
abundancia de irrecusables argumentos , los males presentes 
y sus causas, las mejoras realizables y sus medios, para que 
nuestra agricultura florezca tanto como debe, en atención á 
los progresos de la ciencia, y, sobre todo, á la prodigalidad 
de la naturaleza que tan ricos veneros nos ofrece que esplo- 
tar á los habitantes de una de las mas hermosas penínsulas 
del globo. Y desde luego, el punto capital, el origen verda- 
dero del presente atraso, lo coloca muy acertadamente el au- 
tor en la falta de población rural , palabras que se hallan tan 
lejos de tener traducción á la realidad , que hasta carecen de 
sentido en nuestra lengua , viniendo por lo menos á ser am- 
biguo y causa de confusiones lastimosas. 

»Muchos hablan de población rural. Nadie la ha definido. 
Sepamos qué es, y nos entenderemos.» De este modo comien- 



311 

za la memoria, poniendo en claro el estado de la cuestión, 
para no perder el tiempo, como no sin frecuencia sucede, en- 
vueltos en un mar de mera palabrería , en esgrima de estéril 
logomaquia. Aduce á seguida multitud de juiciosas observa- 
ciones , en corroboración de su aserto, y reasume diciendo: 

«No hay capricho ni injusticia en sostener que , ni legal, 
»ni oficial, ni gramaticalmente, sabemos, bien sabido, lo que 
»es población rural El lenguaje corre paralelo con las cosas; 
»y como el fundamento de la población rural es la finca rús- 
»tica , que de hecho no existe , es menester crearla , para 

«aplicar la denominación En la riqueza inmueble tenemos 

» predio urbano y predio rústico ó rural , servidumbres ur- 
vbanas y servidumbres rurales , y para su gobierno, orde- 
nanzas urbanas y ordenanzas rurales, policía urbana y po- 
licía rural , guardia urbana y guardia rural. 

»¿Por qué no distinguir del mismo modo la población ur- 
»bana y ruraW No encuentro razón fundada en la filosofía de 
»la gramática, ni en el buen uso de los eruditos filólogos ó 
»de los entendidos agrónomos, que se oponga á estas defini- 
ciones: Población urbana. — El número de habitantes que 
«moran en edificios conjuntos, formando pueblo ó grupo de 
»casas mas ó menos crecido. Población rural.— La familia la- 
bradora que vive en casa aislada , sita en el campo que cul- 
»tiva.» 

«Concluida esta como digresión proemial , divide el se- 
ñor Caballero la materia objeto de sus tareas en los cinco si- 
guientes capítulos: 1.° Estado que hoy tiene en España la 
población rural. 2.° Obstáculos que se oponen á su desarro- 
llo. 3.° Medios de fomentarla en todo el reino. 4.° Ventajas de 
vivir sobre la tierra que se labra. Y 5.° Objeciones que pue- 
den hacerse, y su contestación. Partición bien adecuada que 
no olvida ningún estremo importante del asunto, cuya signi- 
ficación, por otra parte, deja espuesta con precisa claridad. 

»En el primer capítulo no se propone examinar el estado 
de la población rural en nuestras provincias, considerada esta 
con estricto rigor, toda vez que apenas existe en realidad. Ni 
empece esto de modo alguno á la buena resolución del pro- 
blema, siendo una cosa dar el relato de lo que es , del modo 
y por qué de su existencia, y otra consignar lo que debe ser, 



312 

y cómo, y por cuáles razones se proclama la necesidad de la 
reforma. Resultando del estado actual de nuestras poblacio- 
nes, de su distribución y vecindario que á cada ayuntamiento 
corresponde una legua y tres cuartos de superficie , sigúese 
que cada labrador ha de recorrer grandes distancias para 
cultivar sus heredades , hazas y suertes , cuyo estremo frac- 
cionamiento raya en la demasía. Por qué rodeos hayamos ve- 
nido á tal situación , y cuántos males acarrea á la prosperidad 
territorial, es cosa patente al ánimo de cuantos hayan leído 
nuestra historia, consultado nuestras leyes y parado un mo- 
mento su atención en los principios de la economía social. 

»Mas aunque este agregado de concausas , y otras mas 
aun , sean parte á esplicar la situación lamentable de nuestra 
agricultura en general, hay todavía que tener en cuenta ra- 
zones especiales de origen , costumbres y naturaleza del ter- 
reno, en cuya virtud se diferencian entre sí bajo el aspecto 
agrícola, como bajo otros, nuestras diversas provincias. 

»A este propósito divide oportunamente el autor de la 
memoria en grupos varios el territorio de la península , co- 
menzando por los que mas se aproximan al ideal de la ver- 
dadera población rural, continuando por los que con él tie- 
nen algunas analogías , hasta concluir con los que apenas 
presentan huellas de semejanza. Figurando á la cabeza las 
provincias hermanas, Navarra y la Rioja, con su sistema be- 
néfico y aceptable de caserías ; sigue Asturias y Galicia , cu- 
yos foros y subforos condena el Sr. Caballero por ser verda- 
dera semilla de pleitos y discordias, útiles solo para satisfacer 
los malos intentos de abogaduelos intrigantes, y las pasiones 
aviesas de los escribanos, eternamente pendencieros y enre- 
dadores, según vulgar sentir : Cataluña, Aragón y Raleares 
constituyen el grupo tercero ; y el cuarto, Valencia y Murcia, 
cuya manera de riego y abono propone como modelo digno 
de imitación ; Andalucía con sus encottijadas y aglomeración 
de propiedad viene después; el atraso de Estremadura con 
sus reminiscencias de encomiendas y sus resabios de la mal 
estinguida mesta, son objeto de curiosas observaciones; y, 
por último, las Castillas y León, con su indolencia y malos 
sistemas de labranza , con las señales vivas aun de haber su- 
frido mas que ninguna otra parte de España los rigores y 



313 

vejámenes del antiguo régimen político, económico y social, 
son las últimas pinceladas del cuadro que el Sr. Caballero 
nos presenta con tanta verdad y colorido que , si la habilidad 
del pintor deja recuerdos gratos en el alma , la certeza del 
mal que á nuestra consideración ofrece, no puede menos de 
entristecer el corazón del* que siente arder en su pecho el 
fuego sacrosanto del amor patrio. 

«Instruido á fondo el autor de la memoria en los anales de 
nuestra historia , recuerda muy oportunamente , para espli- 
car el estado agrícola de las provincias , á mas del carácter 
del suelo, los orígenes de raza de cada una. En el vizcaíno 
encuentra al antiguo vasco independiente hasta la ferocidad 
en los antiguos tiempos; al cántabro indocto, de erguida cer- 
viz , indócil á soportar ni aun el dorado yugo de Roma ; en 
el astur al aguerrido é incontrastable descendiente de Pe- 
layo, primer héroe de la inmensa pleyada, que escribió con 
la punta de su espada la epopeya gigantea de la reconquista; 
en el valenciano ve recuerdos del laborioso y pintoresco 
moro, y en el andaluz, tan muelle, tan fatalista, meciéndose 
en un clima delicioso, de primavera sin fin, no es difícil 
contemplar los rasgos característicos del árabe indolente y 
liviano. 

»Y como en esta parte de la memoria abunden los retra- 
tos que el estilo del autor realza con la magia del puro len- 
guaje castellano, con el aticismo casi inimitable peculiar de 
los talentos claros y amenos , vamos á trascribir algunas 
muestras, si bien en la estrechez que la índole de nuestro 
trabajo nos impone. 

«¿Quién no admira en los naturales de estas provincias 
«(Asturias y Galicia) aquella raza goda, religiosa, frugal, dura 
»y perseverante , que osó alzar la enseña de guerra contra la 
«morisma , espulsándola de frontera en frontera hasta las 
«playas africanas , y que aun hoy, exuberante en su territo- 
»rio, invade los demás en busca de trabajo y de ganancia? 
«En Portugal se dedican los gallegos á toda clase de faenas; 
«en las Castillas siegan é hilan ; y gallegos, asturianos y pa- 
«siegos se ven en gran número por las provincias del interior 
«y Mediodía , acreditando en todas partes laboriosidad , hon- 
radez , y que tienen bien despierta la facultad de adquirir. 



314 

»A los gallegos que vienen á Castilla se les moteja de misera- 
»bles, pedigüeños y humilde^, porque aun ganando jornal, 
»no escusan el pordioseo, y porque en su lenguaje y mane- 
»ras se suavizan y achican demasiado quejumbrosos y zala- 
» meros.» 

»Habla después de los catalanes y aragoneses, generación 
guerrera, que tan buen papel hizo en las jornadas de Carlo- 
magno; donde se erigió la soberanía de Sobrarbe; de donde 
partieron las valerosas escuadras, dueñas un dia del Medi- 
terráneo, asombro en Ñapóles, y horror al turco brutal, y 
espanto al bizantino falso y artero. «No es. mucho que de 
»tantos hechos heroicos y de pasado tan glorioso, provengan 
»caractéres tan estimables como los que se notan en los na- 
turales de esta región: pensamientos elevados y trascenden- 
tales, grande energía, amor á la patria, apego al trabajo, 
«genio emprendedor, afición al comercio y á las artes, per- 
»severancia en los propósitos, que ha llegado á calificarse de 
«pertinaz y tozuda.» 

«Ocupándose de las causas del atraso agrícola en Castilla, 
enumera, entre otras, la rutina de valerse del ganado mu- 
lar, no obstante los anatemas de los sabios y las experiencias 
de los mas avisados. El Sr. Caballero esplica esta persisten- 
cia del mal , mejor por las malas mañas de los criados y su 
tenacidad, que por falta de buenos deseos por parte de los 
dueños. Hé aquí cómo se expresa : 

«El mozo de muías va á acarrear mieses en la madrugada, 
» tumbado en la caja del carro por mas seguridad y conve- 
niencia: se duerme profundamente, ¡pasó la noche ron- 
»dando sin descansar! y la yunta marcha por donde la lleva 
»su instinto : despierta el gañan, y se encuentra media ó una 
»hora apartado del gavillar á donde iba. Tampoco importa: 
«¿qué ocasión mejor de aprovechar la ligereza de las muías? 
«ellas le sacarán del apuro sin que se note la tardanza. Y 
«como si los pobres animales tuvieran la culpa de la pesadez 
«de su sueño, los maltrata con la vara del látigo, y en cua- 
«tro galopes y trotes recobra el tiempo perdido. Milagro he- 
«cho á costa de la yunta que sufre, del carruaje que se dete- 
»riora, y del amo que todo lo paga.» 

«Describe con maestría otra escena mas complicada y 



315 

dramática, pero tan verosímil como la anterior (pág. 67), y 
añade: «Todavía tiene el gañan otros motivos para preferir 
»la raza maldita: repantigado sobre la yunta, agobiada de 
«campanillas y cencerras, avisadores de su derrotero, la guia 
«como mejor le place fachendeando por donde está la novia, 
«que para él nada es rodeo.» 

«Con todo, es preciso convenir en que ciertas labores re- 
gularmente extensas necesitan imprescindiblemente de algún 
ganado mular: los acarreos en verano; las distancias de las 
haceñas y molinos; la simultaneidad de la vendimia y semen- 
tera; la operación ligera de la trilla } y otras, lo reclaman. 
Pudiera ponerse por término medio uno de muías por cada 
tres pares de bueyes, hermanando de este modo la profun- 
didad de las aradas y la prontitud de los trasportes. Por lo 
que hace á los criados, si es verdad que con las muías hacen 
gala de ingeniosas habilidades, no lo es menos que de los 
bueyes saben valerse también á las mil maravillas para co- 
honestar su pereza y encubrir su incuria y haraganería. No 
fuera quizás difícil fotografiar algunas escenas parecidas á 
las del Sr. Caballero, aunque, como es natural, de género 
mas cansado y poltrón. 

»Y puesto que este artículo se va prolongando mas de lo 
que pensábamos, continuaremos la exposición de la Memoria 
en los números sucesivos.=/. Sánchez Ruano.)) 

«II. — Una vez puesto de manifisto el estado actual de 
nuestra agricultura en las diversas provincias, parece que, 
al menos de un modo virtual implícito, se dejan consignados 
á la vez los obstáculos que la detienen en su atraso, impi- 
diendo los adelantos y mejoras que la utilidad y la justicia 
reclaman de consuno. 

»Con todo, el Sr. Caballero, en conformidad á lo pres- 
crito en el programa de la Academia, se ocupa de los estor- 
bos de la población rural, dividiéndolos en físicos, legales, 
económicos y sociales. Figuran en la primera sección la falla 
de aguas en dilatados territorios, y, sobre todo, la mala si- 
tuación de los pocos caminos que se han hecho y la carencia 
de muchísimos de absoluta y perentoria necesidad. El sistema 
de irradiación, del centro á los extremos, seguido en las car- 



316 

reteras y ferro-carriles, necesita como elemento de vida de 
grandes vias trasversales, á fin de que no queden aislados 
los sectores intermedios. 

»Esto sin tener en cuenta los caminos vecinales, que son, 
á no dudarlo, los que mas han de contribuir á dar alimento 
y pábulo á los generales. Sería por cierto peregrino comen- 
zar á construir una torre por la cúpula: pues esto, ni mas 
ni menos, se ha hecho gastando tantos millones en los cami- 
nos que se dicen de interés nacional, olvidando emplear ni 
aun exiguas cantidades para facilitar las comunicaciones del 
interior de las provincias con los distritos, y de los concejos 
con ellos y entre sí. 

»A este propósito escribe el autor de la Memoria frases 
tan sentidas como las siguientes: 

«¡Oh vosotros los que viajáis en trenes y sillas de posta, 
»y os asustáis de algún mal paso, ó de tal cual vuelco y des- 
carrilamiento; si mirarais cómo acarrea el labrador sus mié- 
»ses y efectos por derrumbaderos horribles, por trochas esca- 
»lonadas y por vaches continuos, cayendo y volcando todos 
«los dias, de seguro que lamentaríais la incuria de las auto- 
ridades locales! Sin embargo, ¿no las hace mas disculpa- 
bles la ignorancia y la falta de medios, que á los ilustrados 
«gobernadores de provincia y al supremo Gobierno? Escribo 
»en un pueblo muy agricultor, que casi todo lo acarrea á 
»tiro : durante la recolección no bajan de veinte los vuelcos 
«diarios, con grande exposición todos, con contusiones y he~ 
«ridas alguno: en pocos años se cuentan cuatro muertes.» 

«Tal es la verdad; pero ¿cómo culpar á los concejos con 
el sistema centralizador que los abruma con pesadas cargas, 
sin permitirles moverse sino esprimiendo hasta su postrer 
gota de sudor? ¿Cómo prohijar, en consecuencia , el que se les 
arrebaten los únicos medios que les quedan para proveer á 
las necesidades del común?... 

«Entre los obstáculos legales cuenta como muy principal 
el Sr. Caballero, los restos que aun existen de los antiguos 
hábitos de amortización, reconociendo, en su buen juicio, la 
bondad esencial de las leyes que para aboliría del todo se 
han promulgado , aunque aleccionado por la esperiencia, 
confiesa con paladina ingenuidad que los medios no han cor- 



317 

respondido á los principios, siendo el resultado de todo un 
nuevo y peligroso extremo : de Scyla á Caribdis. ¿No pudiera 
en este punto haberse levantado un poco la consideración 
viendo la tesis, no tanto bajo el prisma de las útiles conve- 
niencias, disfraces que suele vestir la mentira, como á la luz 
de los principios eternos de justicia?... 

»La escasez de capitales es , entre los económicos , el que 
mas eficazmente se opone á la prosperidad de la clase agrí- 
cola, según el autor de la Memoria, que cuenta la inseguri-* 
dad, falta de escuelas y facultativos entre los sociales, vi- 
niendo á coronar el cuadro de los estorbos, el obstáculo prin- 
cipe, el obstáculo d°, los obstáculos, el escesivo fraccionamiento 
de la propiedad. 

«En la pequenez, en lo raro de las formas, en la irregu- 
laridad de las situaciones, y en la multiplicidad de circuns- 
tancias de las suertes cultivadas hay tanto que observar, 
»que se ha necesitado un calepino para expresarlo.» Caña- 
mar, tablares, eras, sernas, tranzón, veleta, amelga, roza, 
postura, corro, garrotal, cuartón, longuera, lista, escapu- 
lario, longaniza , pañuelo, tocador, escuadra, manga, perro^ 
chero , calzones y estampa.. .. son otras tantas voces , que de- 
muestran con harta evidencia de qué modo se halla dividida 
y subdividida nuestra propiedad rural. 

»El escesivo número de dias festivos y los hábitos de va- 
gancia y de despilfarro que , como triste consecuencia traen 
consigo, es un pormenor que, ciertamente, entra por mu- 
cho entre los obstáculos que ahogan y sofocan en germen 
muchas buenas disposiciones y grandes esfuerzos de laborio- 
sidad y aplicación. La estrema ignorancia que en la clase 
agrícola domina, con muy pocas y loables escepciones, viene 
á producir la falta de costumbres económico-domésticas, en 
las que , si no fuera por oponernos al sentir de persona tan 
competente como el Sr. Caballero , nos atreveríamos á colo- 
car el verdadero obstáculo príncipe , el obstáculo de los obs- 
táculos, que á las mejoras rurales contradice. Es tanta la 
virtud de la previsión , tan estraordinaria la eficacia de la 
prudencia que engendran las costumbres del ahorro , que, 
aun dadas las malas condiciones presentes del agricultor, 
la rutina en sus tareas, la dureza en las contribuciones, no 



318 

es difícil ver prósperos y boyantes á simples colonos, solo 
por haberlos consultado y seguido con heroica constancia. 
Ni para llegar á tanto precisa tornarse miserable y díscolo, 
uraño , dando de mano á todo trato social y honesto diver- 
timiento. 

»En comprobación de lo cual , pudiera hacerse mérito 
de una familia labradora de Castilla, compuesta de tres her- 
manos, dos varones y una hembra, que contando solo con 
terrazgo para una yunta escasamente, y eso en colonia la 
mayor parte , sin capitales acumulados, á escepcion de los 
instrumentos y ganados imprescindibles , logró en el corto 
espacio de cinco años emplear veinte y tantos mil reales en 
fincas , producto de sus labores después de satisfechas todas 
las atenciones de su clase. Verdad es que esto no pasa de 
ser una escepcion , además de que el terreno á que me re- 
fiero es de los mas pingües de la provincia de Salamanca: 
mas ¿cómo es que en la misma comarca, y con iguales y 
mejores condiciones , no adelantan lo mismo otros propieta- 
rios y colonos? La causa es preciso buscarla , mas que en 
las leyes ó en la naturaleza , en la corrupción individual, 
que solo por el individuo podrá estirparse de cuajo. No se 
trata de saber quién sería , en definitiva , el responsable, 
sino de esplicar un fenómeno con el fin de que quede con 
claridad espuesto y consignado. 

»Los medios que el Sr. Caballero propone como mas ade- 
cuados para el fomento de la población rural, son: los pozos 
artesianos para la escasez de agua; los bancos para la falta 
de capitales ; el establecimiento de partidos médicos para la 
carencia de facultativos; la guardia rural contra la inseguri- 
dad ; las escuelas contra la ignorancia ; y, por fin , el coto re- 
dondo contra las fracciones homeopáticas del territorio. 

»Como quiera que á este último punto parecen converger 
como á centro todas las observaciones , los argumentos todos 
déla Memoria, cumple á nuestro intento dedicarnos á su 
examen con alguna estension. Dejaremos á un lado lo del 
código rural, etc., porque el talento del Sr. Caballero no 
podrá desconocer que la acción legislativa , por buenas y sa- 
nas que supongamos sus intenciones, no puede menos de 
errar , cuando obra fuera del círculo natural de sus atribu- 



319 

ciones , cuando desciende á la esfera de la actividad indivi- 
dual y personal; diciéndonos la esperiencia que en tales ca- 
sos suelen las leyes llevar el trastorno en vez del orden, la 
injusticia en vez de la equidad; que no se violan jamás in- 
punemente las prescripciones santas del derecho , ora falte 
una persona , ora un Estado. 

»Ante todo , séanos lícito dar el mas cumplido parabién 
al autor de la Memoria , por las relevantes muestras que da 
de su ingenio agudo, penetración esquisita, florido lenguaje, 
amen de castizo, encantador y sabroso estilo y de sutil y avi- 
zora mirada; cualidades que, reunidas maravillosamente en 
esta parte de su obra, la engrandecen y realzan en grado 
supremo. Crítica razonada , copia de pormenores , riqueza 
de datos... nada se echa de menos para la aclaración de la 
tesis que el Sr. Caballero se propone llevar á todos los enten- 
dimientos por la convicción , á todas las voluntades persua- 
diéndolas , á todos los corazones interesándoles en el porve- 
nir de laclase agrícola, sumida hoy en la miseria , llamada 
á ser bien pronto sosten de la república y germen de pros- 
peridad individual y social ; que todo esto se promete el es- 
critor del establecimiento definitivo del coto redondo acasara- 
do\ cuyas ventajas sobre la población rural existente pueden 
reducirse á breve compendio en esta forma : 

»La unificación de la propiedad inmueble, concentrada 
»en su acción virtual y regularizada en sus formas, es la 
»mejor base para el fomento positivo de la población rural. 

»La acertada división de la propiedad territorial puede 
«resolver el problema de obtener el mayor número de me- 
jores productos agrícolas y mas baratos , en el menor es- 
»pacio de terreno; de que resultará que se mantenga sobre 
»la tierra el mayor número de habitantes posible. 

»E1 labrador que mora sobre el campo que cultiva, es 
»el que saborea el dulce mió, el que se identifica con la fa- 
»milia, el que conserva y propaga las buenas costumbres 
»el capaz de prosperar material y moralmente , porque 
»posee el microscopio de lo presente y el telescopio de lo 
«porvenir. 

»El labrador rural, obra sobre la tierra que maneja, directa 
»y perpendicularmente, con toda la gravitación de su inte- 



320 

Ȇgencia , de su voluntad y de su poder: el labrador de 
«pueblo obra de una manera torcida , intermitente y 
«oblicua.» 

»Por convencimiento y afición , no estamos distantes de 
admitir cuanto el autor espone acerca de la conveniencia de 
fijar la propiedad laborable en términos continuos y propor- 
cionados, sobre residencia de la familia y la indivisibilidad 
hereditaria; pero alguno de menos sencilla intención que 
nosotros , acaso pudiera entrever en este bello ideal , un si 
es no es de utópico, con reminiscencias á lo Rousseau, ó al 
menos con recuerdos de la antigua edad de oro, que canta- 
ba el bribonzuelo de Horacio , ahito de goces á la romana, 
cuando dijo , quizás en tono de fisga : 

«\Beatus Me, quiprocul negotiis, 
Ut prisca gens mortalium , 
Paterna rura bobis exercet suisl» 

»Y si es verdad que algún terco en demasía pudiera ha- 
cer caso omiso de las razones que en pro de la idea se alegan, 
temiendo no se torne al realizarla , el labrador y su familia 
en casa cenobítica , desparramada por selvas y riscos , atenta 
solo al aumento de producción , también es indudable que 
nosotros no abrigamos semejantes escrúpulos ni sobresaltos, 
y que , variando un tanto en los medios , desearíamos que se 
llegase al mismo fin, que el Sr. Caballero tan noble como ar- 
dientemente apetece en alas de su amor al buen pro-comunal- 

»La esperiencia , ya que no consideraciones de otro or- 
den, nos hace recelosos y desconfiados de la acción guberna- 
mental para asuntos tan delicados y de tanta monta como el 
de que se trata ; y la razón nos avisa , de otro lado, que la 
virtud personal es capaz de hacer prodigios y milagros, á 
condición de aprovechar los grandes elementos que natura- 
leza puso á su única disposición. Y realmente , ¿en qué se 
funda ese desvío, ya que no abierta y tenaz repugnancia, 
que se advierte en ciertos escritores , que consideran como 
cosa de menos valer un sistema tan respetable como el indi- 
vidualismo personal? A los que tal palabra pronuncian , ir- 
respetuosamente podríamos llamarles á dar el por qué de su 



321 

conducta preguntándoles, ¿qué es el arte, sin el individuo, 
el genio? ¿qué es la industria sin el individuo, el trabajador? 
¿qué es la ciencia sin el individuo, el filósofo? ¿qué es la re- 
ligión sin el individuo, el creyente? ¡Ab! si el trabajador está 
viciado, no prosperará la industria; si el artista es inmoral, 
¡temed por la pureza de sus inspiraciones! ; si el filósofo no 
está bien educado, no habrá ciencia jamás , y si al creyente 
le faltase el aliento de la fe , ¿qué es la religión? ... 

»E1 privilegiado talento del Sr. Caballero convendrá pre- 
cisamente con nosotros en que la reorganización social , si la 
base del individuo es quimérica , es trabajo perdido, seme- 
jante al que edifica sobre arena movediza , cuya obra se 
desmorona al menor soplo del viento : el Sr. Caballero sabe 
también , harto mejor que nosotros , que los progresos socia- 
les otorgan al individuo, en razón directa de sus creces , mas 
latitud en su actividad , librándole de tutelas bastardas; bien 
así como el niño desechando, cuando no las ha menester, las 
ligaduras y tirantes de la infancia. 

»A tener en cuenta estas observaciones, es muy posible 
que los socialistas de allende no hubieran escrito sus regla- 
mentos absurdos sobre la industria fabril, ni acaso los de 
aquende , si los hay, se ocupasen en remedarlos con aplica- 
ción á la industria agrícola. 

»A tal estremo no llega indudablemente el ilustrado 
autor de la «Memoria sobre el fomento de la población rural 
de España,» premiada por la esclarecida Academia de Cien- 
cias morales y políticas ; pero hemos creído pertinente al 
asunto señalar claramente los escollos para que no vayan á 
estrellarse lastimosamente en ellos los que, preocupados ó li- 
geros , pasaren la vista por la obra que estudiamos. 

»Con esto damos por concluido nuestro empeño, al que 
pudieran servir de remate , con justicia y sin afectación, las 
palabras con que da cima al suyo, con escesiva modestia, el 
Sr. D. Fermín Caballero, sometiéndolo todo á la corrección 
de quien mas sabe. Sírvale de satisfacción nuestro humilde 
voto, escaso de valor científico, pero hijo de la sinceridad mas 
recta , según la cual nos atrevemos á declarar, que su libro, 
filosófica , crítica y literariamente considerado, es acreedor á 
los mayores encomios , y digno de que la historia de nuestra 

21 



La Union. 



322 

agricultura le dedique una página brillante é imperecedera. = 
/. Sánchez Ruano.» 



La Union , 22 Febrero 4864. 

(.(Variedades. — Con el mayor gusto publicamos á conti- 
nuación el siguiente notable artículo, que se ha servido remi- 
tirnos nuestro muy querido amigo el Sr. D. Mariano Pardo de 
Figueroa. 

((Bibliografía.— Fomento de la población rural de España, 
por D. Fermín Caballero. Memoria premiada por la Aca- 
demia de Ciencias morales y políticas en el concurso de 1862. - 
Segunda edición adicionada. Madrid, E. Aguado, 4863. Octavo 
menor. y> 

«El autor de esta obra es conocido ventajosamente en Es- 
paña como repúblico y como literato, y el libro que acaba 
de publicar, si bien es pequeño en sus dimensiones físicas, 
es grande y trascendental en interés para nuestra patria. 

i) No vamos á formar un juicio crítico de esta obra , por- 
que á ello no alcanzan nuestros conocimientos; séanos lícito 
solamente hablar algo sobre ella , y si conseguimos con la 
publicidad de estos renglones que el libro del Sr. Caballero 
tenga un lector mas , y este lector sea de aquellos que saben 
digerir lo que leen , ya nuestro insignificante trabajo recibirá 
un premio, y muy usurario por cierto. 

«Repítese en España por muchos españoles , lo mismo en 
el Parlamento que en las Academias, lo mismo en derredor 
de la mesa de un café que al amor de la lumbre en la cabana^ 
que la agricultura es la base de nuestra riqueza , y que los 
gobiernos hacen muy poca cosa para fomentarla. 

»E1 agricultor español es , por regla general , poco afecto 
á estudios teóricos; quizá enemigo de los libros que tratan de 
la industria que él ejerce, y casi opuesto á toda innovación, á 
todo progreso y á todo adelanto. Conténtase con seguir el ru- 
tinario sistema que ha visto practicar en su territorio, y así, 
no elevando sus miras mas allá de lo que se estiende el tér- 
mino de su pueblo, las medidas que se le ocurren para el fo- 
mento agrícola , tienen que resentirse de estrechas y limita- 
das , no digamos á una pequeña zona ó á una provincia entera 



323 

pero ni quizá al pago ó cortijo que el agricultor, por empi- 
rismo y no por ciencia , conoce. 

«Muchas y honrosas escepciones hay que nos complace- 
mos en reconocer, y andando el tiempo, ellas formarán la 
regla general en España, como ya la van formando en otros 
países de Europa que nos han precedido en el camino de los 
adelantos industriales y artísticos. 

»A las corporaciones científicas toca dar el impulso, y la 
Academia de Ciencias morales y políticas , moderna en su 
creación , pero vieja en esperiencia y en saber, tuvo el acierto 
de llamar á concurso los escritos que tratasen sobre población 
rural , y premió el trabajo de D. Fermín Caballero. 

»Define el autor con notable claridad y acierto lo que se 
debe entender por «población rural, » diciendo que es «la fa- 
milia labradora que vive en casa aislada , sita en el campo 
que cultiva.» 

»Pasa luego á examinar el estado presente de esta clase 
de población en las diversas provincias de España considera- 
das por grupos, y admiran no tan solo la verdad y la exacti- 
tud de las descripciones, que de seguro son hechas d'aprés na- 
ture, sino también las causas que han ocasionado y que hoy 
mismo sostienen la postración de nuestra agricultura en cada 
una de las secciones de la Península. 

»Los obstáculos físicos, legales , económicos y sociales que 
se oponen al desarrollo de la población rural y los medios de 
vencerlos , demuestran el estudio detenido y profundo de su 
autor en estas materias , y marcan la senda que un gobierno 
ilustrado debe seguir para alcanzar el objeto que se desea. 

«Agricultores hay en España , dice Caballero, que labran 
veintisiete hectáreas de terreno, y estas se hallan divididas 
en mas de cincuenta pedazos, de modo que para cultivarlos 
caminando de uno á otro, tienen necesidad de andar trescien- 
tas leguas al año. Este perjudicialísimo fraccionamiento, que 
aumenta de dia en dia, es el que conviene remediar y que 
le sustituya el coto redolido, la porción de tierra reunida que 
sea suficiente en cada provincia para sostener las necesida- 
des de un labrador regular, ó sea de una familia mediana- 
mente acomodada , y que esta familia tenga casa y habite en 
el territorio que cultiva. 



» Estos cotos redondos serán indivisibles: si los coherede- 
ros carecen de metálico para comprar y vender entre sí la 
parte que les corresponde , se enajenará la finca en pública 
subasta. — «¿Por qué, dice el Sr. Caballero, por qué no ha 
»de intervenir el legislador en que no se despedace el ter- 
«reno por capricho ó ignorancia, en daño del Estado y de los 
» mismos que lo hacen? — ¿No debe la ley declarar indivisi- 
bles los edificios de morada, si, partidos, no pueden dar una 
«vivienda higiénica para seres racionales? — ¿Habrá autori- 
«dad tan preocupada de la grandeza del dominio, y de la 
«estrechez de su misión, que consienta á dos hermanos que 
«heredan un caballo, que lo abran en canal y lo dividan por 
«mitad, porque no quieren ceder su parte?» 

«Al final de su obra propone el autor muchas de las ob- 
jeciones que pueden hacerse á su trabajo, y las refuta bizar- 
ramente. Hablando de los medios que conviene adoptar para 
reunir diversas fracciones de terreno en una sola finca , y 
para que se divida entre varios agricultores el disfrute de las 
grandes heredades, dice estas palabras: «¿No hay en toda 
«Europa, desde la autocrática Rusia hasta la libérrima Bel- 
«gica, ley de espropiacion forzosa por causa de utilidad pú- 
«blica? — Pues decidme, meticulosos ó nimios, si la propie- 
«dad particular cede, previa indemnización, al interés de la 
«comunidad, — ¿queréis eternizar el mal gravísimo de la 
«subdivisión de las tierras por empacho dominical? — ¿Im- 
» porta menos á la prosperidad de la nación que el suelo cul- 
«tivable esté bien distribuido, que la alineación de una calle, 
«ó el ensanche de la Puerta del Sol?» 

«Sería necesario copiar toda la obra para que quien no 
la haya leido forme de ella "el juicio que se merece. Hoy, que 
tanto se habla de la cuestión de inquilinato, y que de ella se 
ocupan á porfía gobiernos , corporaciones , economistas y ban- 
queros; hoy que tan en boga está hermosear, como dicen, 
las poblaciones; hoy que puede adquirirse la grandeza de Es- 
paña con la punta de un palaustre; hoy, repetimos, parece es- 
traño que se olvide una cuestión tan vital como es el remedio 
de la estremada subdivisión de nuestro suelo cultivable. — Pro- 
pietarios hay que son señores de tal pedazo de terreno, que no 
bastaría para servir de enterramiento á ellos y á sus-fami- 



325 

lias. Justísimo es que haya albergues donde guarecernos, y 
que el poder supremo cuide de que no nos falte mejor ó peor 
alojamiento; pero es injustísimo desatender ni olvidarse por 
ello de un mal que tenemos por mas grave que el de dormir 
á la intemperie. — Al contemplar tanto afecto á la ciudad y 
tanto olvido del campo, se nos figura presenciar una junta 
de médicos que discurren los medios de curar el estravismo 
de un enfermo para que sus ojos queden hermosos, y no 
piensan en cortar una gangrena que ha de corroerle las en- 
trañas. 

»Si es cierto que «el estilo es el hombre» pocos debe ha- 
ber de trato mas agradable y ameno que D. Fermín Caba- 
llero. Leyendo su escrito , se siente vivo deseo de conocer al 
autor. El lenguaje del libro nos gusta muchísimo; mas toda- 
vía, nos encanta: no encontrando nombre que darle, le lla- 
maremos, para salir del paso, estilo peculiar, estilo sui gene- 
ris , estilo, en fin, al cual solo le encontramos analogía con 
el que usaba el Sr. Miguel de la Montaigne. 

»Muy difícil sería hallar personas de mediano sentido co- 
mún, que repasando el libro de la ((Población rural» no pro- 
rumpiesen en algún — «es verdad» — al final de muchos de 
sus párrafos, y muy difícil también encontrar carácter tan 
tétrico que contuviese la risa al leer los graciosos ejemplos, 
las estrañas comparaciones y los menudos detalles que se es- 
tampan en la obra que examinamos. 

»Y antes de dejar la pluma, diremos que conocíamos un 
trabajo literario del Sr. Caballero, titulado Pericia geográfica 
de Cervantes. Este libro, aunque revela erudición, ingenio y 
estudio profundo del Quijote , no hace mas que entretener y 
agradar al lector. El de la Población rural es la antítesis de 
aquel : no es el libro escrito , como quien escribe una oda, 
para obtener un premio académico : es la obra meditada, 
hija del estudio, filosófica y de trascendental doctrina: doc- 
trina que por su bondad y justicia ha de fructificar en nues- 
tro país en el resto del presente ó del venidero siglo. Poco 
importa en la vida de un pueblo la cuestión de años, que es 
como la cuestión de minutos en la vida del individuo. 

»No faltarán personas que miren con prevención y des- 
pego, y que tachen hasta de peligrosas las doctrinas emitidas 



326 • 

por Caballero. Recordemos á los que así discurran que la obra 
ha sido prohijada por una respetable corporación, y que esta 
corporación, por tal hecho, patrocina y hace suyo el pensa- 
miento; recordemos que hoy son ministros de la corona al- 
gunos de los académicos que premiaron el libro de la Población 
rural. — La deducción de estas premisas la dejamos al buen 
juicio del lector. — Y si á nosotros nos fuera lícito hacer un re- 
cuerdo, dinamos á algunos de los hombres que hoy merecen 
la confianza de la Reina y que gobiernan al país, que ha tras- 
currido corto plazo para dar al olvido las bases que halló 
buenas y justas la Academia de Ciencias morales. Lástima será 
que las cosa* políticas hagan olvidar las cosas buenas y útiles 
para la patria. 

»Si nuestro nombre valiera algo, y nuestra enhorabuena 
tuviese algún aprecio, no se la daríamos á D. Fermín Caba- 
llero: la guardaríamos para la Academia de Ciencias morales 
y políticas, que ha tenido ocasión de ejercer un agradable 
acto de justicia, premiando la obra cuyo título va apuntado 
en el ingreso de estos renglones. =M. P. de F.» 

Este artículo lo insertaron, con un encabezamien- 
to, el periódico de Cádiz titulado Diario mercantil , La 
España agrícola de Madrid y El Miño de Yigo. 

Gaceta de Madrid , 7 Marzo 1864. 

de G Ma e drid. (.(Fomento de la población rural de España , por D. Fermín 

Caballero. 

«¿Qué se entiende por población rural''! ¿Cuál es su esta- 
do presente en las provincias de España? ¿Qué obstáculos se 
oponen al crecimiento y desarrollo de la población rural? 
¿A qué medios se habrá de acudir para fomentarla? ¿Qué 
disposiciones legales pueden influir para la consecución de 
tan importante fin? Hé aquí alguno de los puntos que exa- 
mina con suma lucidez y con gran copia de datos el Sr. Don 
Fermín Caballero en la Memoria que tenemos á la vista, y 
que ha merecido la alia honra de ser premiada por la 
Academia de Ciencias morales y políticas en el concurso 
de 1862. 



327 

»En la creencia de que dando á conocer este libro hace- 
mos un servicio al público, pasamos á hacer un ligero aná- 
lisis de las materias que contiene y del método que adopta, 
en cuanto nos lo permita el corto espacio de que podemos 
disponer en nuestras columnas. 

«Partiendo del supuesto de que es población 7*ural «aque- 
lla que , además de ocuparse y mantenerse de las labores 
y productos del campo, habita sobre el terreno que labra, 
sin formar pueblo,» espone el Sr. Caballero algunas consi- 
deraciones preliminares, y entra en el examen detallado de 
la población rural en España , agrupando al efecto los terri- 
torios que parecen mas análogos, é indicando las circuns- 
tancias especiales que los enlazan, así como las que los dis- 
tinguen. 

»En el primer grupo, que abarca las provincias Vascon- 
gadas, tiene su principal asiento el prototipo de la población 
rural, el caserío ó la casería, como lo denomina el autor , y 
cuya naturaleza y condiciones aparecen desenvueltas con 
exactitud y precisión en el libro que analizamos. 

»El segundo grupo lo constituyen los antiguos reinos de 
Galicia y Principado de Asturias y la montaña de Santan- 
der, «comarcas gemelas en dialecto , en caracteres , en cos- 
tumbres, en zona y en la forma rural , por mas que se re- 
conozcan entre ellas rasgos diferenciales.» El autor habla 
en este lugar del contrato peculiar á las provincias gallegas 
y parte de Asturias, que recibe el nombre de foro, al cual 
considera como un gravísimo mal que amenaza hacer nula 
la propiedad territorial. 

»Las ocho provincias de la antigua Corona de Aragón, 
que forman hoy los distritos de Cataluña, Aragón y Mallorca, 
entran en el tercer grupo , en el que la población rural, aun- 
que no tan bien establecida como en Vizcaya , Asturias y 
Galicia, se halla mejor que en el resto de España, á lo cual 
contribuyen, en concepto del Sr. Caballero, dos instituciones 
que les son peculiares : el fuero de Monzón de 1585, y el ca- 
tastro territorial que existe desde 1715. 

»E1 cuarto grupo comprende las provincias de Valencia 
y Murcia , en las cuales el riego y los abonos favorecen nota- 
blemente la agricultura. 



328 

«En el quinto grupo, constituido por las ocho provin- 
cias de Andalucía, hay grandes aldeas y cortijos en medio 
de intervalos despoblados. 

»La Estremadura es el sesto de los grupos ideados para 
examinar la población rural española; es el país que menor 
número de pueblos y de habitantes cuenta en proporción de 
su territorio; en él hay posesiones estensas, conocidas con 
los nombres de encomiendas, dehesas y quintos. 

»El sétimo y último grupo lo forman las 15 provincias 
de ambas Castillas y de León, «en que las tierras cultivadas 
»están muy divididas, aunque no tanto como en Galicia ; en 
»que los lugares agrícolas son cortos y separados , á diferen- 
«cia de los crecidos del Mediodía y de los contiguos de Gata- 
»luña; en las considerables distancias á que va á labrar 
«diariamente la mayoría de los cultivadores , por mas que 
»sean mayores las que recorren algunos en Estremadura , y 
»en que escasean mucho las casas de labor, en la acepción 
«legítima de uu establecimiento agrario.» 

»A1 hablar de los obstáculos que se oponen al desarrollo 
de la población rural , los divide el Sr. Caballero en físicos 
que proceden de la falta de aguas y malos caminos ; en lega- 
les, que dimanan de los terrenos comunes', en económicos, 
de la escasez de capitales , y en sociales, de la inseguridad, 
falta de templos , escuelas y facultativos. El último y el mas 
grave obstáculo que menciona el autor «es la división de la 
^propiedad territorial como hoy se encuentra , pocas veces 
»en pedazos convenientes, en algunos casos escesivamente 
«acumulada , y por lo general subdividida y entremezclada 
«de un modo pasmoso.» 

«Entre los medios de fomentar la población rural , asunto 
en que se detiene en seguida el autor, presenta como mas 
eficaces sondear pozos artesianos, además de las acequias y 
canalización; facilitar las comunicaciones; procurar fondos 
á la clase labradora con los bancos y cajas de ahorros y 
préstamos , generalizándolos á todos los puntos de España; 
plantear una acertada división municipal; establecer una 
guardia rural; formular un código completo y razonable; 
introducir los buenos métodos agrícolas; crear escuelas 
prácticas, y acudir, en una palabra , á todos aquellos recur- 



329 
sos que favorecen en alto grado el desenvolvimiento de la 
población rural en España. 

»Pasa en seguida el autor á enumerar las ventajas que 
ofrece el coto redondo acasarado ; formula las objeciones que 
pudieran hacérsele respecto de retractos , espropiacion é in- 
división ; las contesta concluyentcmente , y termina propo- 
niendo un proyecto de ley para el fomento de la población 
rural de España. 

»Aunque ajenos por completo á la sección de conoci- 
mientos que desenvuelve la Memoria del Sr. D. Fermín Ca- 
ballero, nos hemos propuesto trazar un bosquejo de las ma- 
terias que abraza: dudamos haberlo conseguido satisfac- 
toriamente cual lo merece un libro tan interesante; pero 
creemos que nuestros lectores habrán formado siquiera una 
ligera idea de su importancia en la época actual, en que la 
agricultura, rompiendo las trabas que hasta hoy la estrecha- 
ron , despreciando las preocupaciones que la detenían en su 
marcha, va adquiriendo de dia en dia creciente vuelo, en 
relación con los demás ramos de conocimientos humanos. 

»La Memoria que analizamos ha obtenido el mayor pre- 
mio á que podía aspirar; la sanción de una ilustrada Acade- 
mia: por ello y por su notable trabajo, digno del aprecio 
público, felicitamos sinceramente á su autor.» 

Reprodujo este artículo la publicación que se inti- 
tula Escenas contemporáneas. 

El Clamor Publico, 14 Marzo 1864. 

« Variedades.— Fomento de la población rural de España. 

»Con este título se ha publicado recientemente una obra 
escrita por el eminente estadista Sr. D. Fermín Caballero, cuyo 
mérito en el orden económico y social, y en su aplicación 
práctica á los intereses de la industria agrícola de España, 
quizás aventaje á todo cuanto en estas materias se ha some- 
tido á la consideración pública desde hace muchos años. 

»Con recelo tomamos la pluma para dedicar nuestro tra- 
bajo de hoy á tan notabilísima producción, porque encontra- 



El Clamor 
público. 



330 

mos alguna dificultad en condensar como quisiéramos, en un 
breve resumen, lo mas importante que encierra, sin desvir- 
tuar por otra parte la escelencia del pensamiento del ilus- 
trado autor. 

«Comienza describiendo con minuciosa esactitud lo que 
entiende por población urbana , rural y agrícola , en sus di- 
versas acepciones : enumera los beneficios que en lo moral y 
material reporta, y los deberes y obligaciones que se impone 
el verdadero agricultor que tiene su domicilio en el campo, 
al lado de las fincas que cultiva : los puntos de diferencia que 
existen entre este y el labrador -que vive en el lugar, en la 
pequeña villa , y el que reside apartado de su hacienda: trata 
estensamente de los daños que se originan á la industria agrí- 
cola, abarcando el labrador mas labores que las que permite 
el número de brazos de que dispone : lamenta , con tal mo- 
tivo, que se persevere en la costumbre antigua de dejar los 
predios rústicos en descanso uno ó dos años , esperando que la 
naturaleza tome á su cargo la reparación de las fuerzas produc- 
tivas de la tierra ; y después déla apreciación teórica de todas 
estas buenas y malas condiciones que el Sr. Caballero encuentra 
en el sistema agricultor que se sigue en España, procura buscar 
en el análisis de la ciencia esperimental los buenos métodos 
agrícolas , los adelantos que se han hecho hasta el dia y que 
pueden aplicarse con reconocidas ventajas, esponiendo ati- 
nadas consideraciones sobre la variedad topográfica, y la di- 
versidad de terrenos destinados al cultivo en nuestra Penín- 
sula, con relación á los climas y condiciones atmosféricas de 
cada localidad. 

La educación é instrucción de la clase agricultura es otro 
de los temas importantes de la obra que analizamos. La pre- 
sión que ejercen grandes preocupaciones sobre el labrador, 
cree el Sr. Caballero es la causa eficiente de esa lucha que 
mantiene de continuo con la naturaleza, sin que los repe- 
tidos desengaños que recibe le hagan cambiar de sistema, 
deponiendo en las elocuentes demostraciones de la esperien- 
cia sus errores. A pesar de los adelantos de la instrucción pri- 
maria, no puede menos de lamentar que en algunas provincias 
apenas llegue al 22 por 4 00 el número de los que saben es- 
cribir ó leer, y en otras que no pasa del 1 5 y 1 8 por 1 00, 



331 

siendo bastantes los pueblos rurales en que no saben firmar 
los individuos de la municipalidad. 

«Colocando con razón la industria agrícola sobre todas las 
demás industrias, y el cultivo de la tierra como la primera 
base, el fundamento de todas las cosas, y el que principal- 
mente suministra materias á la fabril y productos al comercio, 
no ve el autor el motivo por qué se desatiende en España, ó 
no se cuida con mayor solicitud y esmero, la educación é ins- 
trucción de esa clase, pero no de una manera superficial y 
de puro lujo, sino cual conviene á la situación y circunstan- 
cias del cultivador que vive aislado en el campo. El Sr. Ca- 
ballero no se limita á censurar y á poner de manifiesto las 
faltas y defectos que advierte ; se hace cargo de las leyes agra- 
rias, de los Códigos rurales y de todo lo mas notable de la le- 
gislación moderna que se relaciona con la población rural, 
para esponer sus opiniones y ofrecer su consejo á la mejor 
dirección de las costumbres agrícolas. 

»Los caminos vecinales, el aprovechamiento de aguas, los 
bancos agrícolas, la guardia rural, las ventajas del coto re- 
dondo, las escuelas y facultativos, llaman muy especialmente 
la atención del Sr. Caballero, y para discutir y depurar la 
verdad sobre todos estos puntos, distingue en cuatro catego- 
rías los obstáculos que se oponen al desarrollo de la agricul- 
tura: en físicos, legales, económicos y sociales. 

»La grave cuestión de los terrenos comunes sugiere al au- 
tor reflexiones de amarga censura contra la legislación des- 
amortizadora en la parte que esceptúa aquellos y los conce- 
jiles de la venta, porque es un hecho no desmentido desde 
Jovellanos hasta hoy, que la mancomunidad de los terrenos, 
lejos de ser un beneficio para el pueblo, es el mayor mal de 
la agricultura , el cáncer que corroe sus entrañas , que le roba 
brazos robustos, que mantiene fatales ejemplos. En su con- 
cepto los bienes comunes son escuela de holgazanería y malas 
artes, semillero de ideas disolventes contra la propiedad, 
fragua de detestables prácticas y levadura de costumbres re- 
lajadas. Cree que serán vanos los esfuerzos de la reacción en 
este punto, y que recobrando su puesto la verdad, esos bie- 
nes se repartirán ó venderán para que no sean del primero 
que los ocupe. 



332 

»E1 sistema tributario, la contribución de inmuebles, 
cultivo y ganadería, no puede tampoco sustraerse al fioo es- 
calpelo del entendido economista. Bajo el pretesto de que en 
los pueblos se trataba mal á los hacendados forasteros en los 
avalúos y repartos , se dispuso que no pudieran gravarse sus 
cuotas mas del 12 por 400, resultando de esta medida que 
se hace de peor condición al propietario que labra por sí sus 
tierras que al que las tiene dadas en arrendamiento. 

«Declárase partidario de la espropiacion forzosa, que 
desea ampliar en beneficio de la industria agrícola; pues si 
esa ley, dice, se aplica á un paseo, á un ensanche ó á otra 
mejora local, ¿qué razón podrá haber para resistirla en el 
asunto mas trascendental que puede ocurrir en el territorio? 
Y discurriendo seguidamente sobre la distribución de la pro- 
piedad territorial, que según otra respetable opinión es una 
de las cuestiones que mas deben fijar la atención del econo- 
mista, se sorprende el Sr. Caballero de que todavía existan 
entre nosotros pobres visionarios que viven en la creencia de 
que todo debe fiarse al interés individual; que nadie es me- 
jor juez de lo que nos conviene, que el propio criterio; que 
gobernar es .dejar hacer, y que la sociedad es una traba, 
una tiranía contra los derechos innatos del hombre. Aquí el 
economista se coloca enfrente de otra escuela que también se 
llama á sí propia económica , creadora del bien y de la pros- 
peridad social , siquiera niegue por otra parte el gobierno, 
símbolo de la unidad y de la solidaridad política. Los nuevos 
taumaturgos no deben estar muy contentos del adalid que se 
presenta en la brecha, y prevemos que si con la teoría en 
una mano y la práctica en la otra reciben golpes como los que 
les asesta el Sr. Caballero, pronto vamos á ver en España 
muy mal parado el célebre lema laisser faire, laisser passer. 
Pero oigamos al Sr. Caballero sobre tan curiosa é importante 
cuestión. 

«La ley no debe mezclarse en que cada ciudadano tenga 
»la profesión que le acomode , aunque mal elegida, ni en que 
»gane la vida como pueda; pero debe impedir los medios que 
«perjudican á los demás; debe oponerse á los monopolios y 
»al suicidio; debe penar los escesos, la holgazanería y la va- 
»ganc¡a ; debe estimular, premiar, fomentar las buenas ac- 



333 

»ciones y contrariar los estravíos del capricho y las inepcias 

«del error 

«Los errores magistrales y la fuerza despótica , que vienen 
«de arriba , naturalmente se corrigen por el instinto social, 
«ó se embotan en las capas aglomeradas de la masa del pue- 
«blo: los estravíos que existen abajo son aplastados por la 
«gravitación de los cuerpos científicos, ó los dispersa la ac- 

«cion impulsiva del poder supremo 

«Sin negar la teoría de la doctrina abstracta y los nobles 
«propósitos de sus apóstoles, hay que venir á confesar que 
«en la práctica es irrealizable , imposible y hasta absurdo el 
«intento individualista, mientras que el hombre viva en com- 
«joama de sus semejantes , ínterin haya relaciones mutuas de 
«familia, de pueblo ó de nación. Desde que la historia nos 
«trasmite los actos del hombre y los sucesos del mundo, re- 
«vela dos cosas: que la tesis del individualismo es tan anti- 
«gua como la ciencia, y que de hecho jamás ha existido per- 
«manentemente en sociedad alguna. Tan solo entre indios 
cerrantes cabe practicar esa utopia que se desvanece en 
«cuanto se reúnen en tribu , y que es inconciliable con una 
«asociación política.» 

«Pero volveremos á hacernos cargo de una de las mate- 
rias importantes de que trata el libro del Sr. Caballero, 
sobre la cual tenemos el sentimiento de disentir de su res- 
petable opinión. El autor entiende que la población rural 
el proto-tipo de la población agrícola, la casería, tiene su 
asiento en las provincias Vascongadas y la Rioja. Las case- 
rías, donde los aldeanos moran de continuo, cercanas unas 
á otras, sin estar juntas, aunque nunca distantes del lugar 
matriz mas de una legua , constituyen en Vizcaya y Guipúz- 
coa la mitad de su población. 

«Sin dejar de admitir como esacta la descripción que 
hace de esas comarcas, repetimos que nos es desagradable 
hallarnos en desacuerdo con el autor sobre este punto, por- 
que creemos que la estensa población agrícola , verdadero 
tipo de la casería, se encuentra en Asturias, y muy señala- 
damente en los treinta y ocho concejos ó jurisdicciones mu- 
nicipales que ocupan la mitad de la provincia en su parte 
oriental. Aparte de los 70,000 habitantes que encierra Ovie- 



334 

do , las capitales de distrito municipal, y algunas villas y 
lugares de su cordillera de Pajares y alta montaña, la pobla- 
ción de esa zona, que regulamos prudencialmente en 300,000 
habitantes,, se halla diseminada , morando cada una de las 
familias labriegas en los caseríos rodeados de sus respecti- 
vas tierras de labor, del prado , de la pumarada ó plantío de 
manzanos , del hórreo 6 panera, del horno de pan-cocer, 
del establo para los ganados vacuno y de cerda, del antoja- 
no donde se forman los estiércoles, y del calero ó fábrica de 
cales, que aquellos labradores emplean con buen éxito, y 
como el mejor abono en los terrenos de condición especial y 
de reciente roturación. La variedad de productos que recoge 
de la tierra el labrador asturiano, no puede compararse con 
el de ninguna otra localidad de España. Aunque todos, 
es verdad, en porciones exiguas, escepto el maiz y las 
habas , que constituye allí la principal cosecha , y el alimen- 
to ordinario de los habitantes del campo, una gran parte de 
los arrendatarios ó colonos, que se conocen en Asturias por el 
nombre tradicional de caseros , recolectan además trigos de 
dos y tres clases ; forrajes de diversas especies , desde la 
yerba seca y en verde, hasta la alfalfa y el trébol; legumbres 
y verduras de todo género, y esquisitas frutas , cuya varie- 
dad sería prolijo enumerar. 

»Esceptuando el olivo, la caña de azúcar y el arroz, 
apenas es estraña al suelo asturiano ninguna producción 
agrícola de todas las conocidas en el territorio de la Penín- 
sula. Y estas condiciones inapreciables de aquellas privile- 
giadas, y por desgracia hasta ahora poco conocidas comarcas, 
forman naturalmente del aldeano ó casero el agricultor mas 
laborioso, mas esperimentado , observador é inteligente de 
todos los obreros de la agricultura. Gomo demostración con- 
cluyente del ventajoso estado que mantiene el cultivo de la 
tierra en Asturias, bastará manifestar que un dia de bueyes, 
la labor de una pareja dentro del dia natural, ó sean 750 
Varas cuadradas que apenas marcan 2/3 del terreno que 
comprende la obrada de Castilla , produce 48 á 20 fanegas de 
maiz y habas , sin contar los nabos , las patatas , las verdu- 
ras y la cebada que se siembra para beneficiarla como forraje 
dentro del mismo año. 



235 

«Los agricultores de Asturias, en sus nueve y media dé- 
cimas partes , saben leer y escribir mas de un 50 por 4 00. 
Forman siempre parte de los ayuntamientos de los concejos, 
y hasta el mas ilustre de la capital del principado , cuenta 
en su seno casi siempre algún miembro de aquella sencilla y 
respetable clase. Y si esto es un grave mal para los labrado- 
res, que les distrae de sus ocupaciones ordinarias del campo 
y les hace gustar la vida muelle y disipada de la ciudad, de- 
muestra por otra parte la condición esencialmente rural y 
agrícola de la inmensa población de Asturias. Por lo demás, 
si existen en otro orden algunas diferencias en favor de 
los labriegos de las provincias Vascongadas , será debido á 
la menor población , al sistema de su gobierno , y á las me- 
nores gabelas del fisco , que aquellos naturales tienen el pri- 
vilegio de disfrutar sobre todos los españoles. Pero nunca en 
la laboriosidad , en el esmerado cultivo de la tierra , en el 
orden de población rural por caserías , y mucho menos en la 
instrucción y educación, supuesto que ha sido necesario 
hace pocos años disponer que aquellas provincias adquiriesen 
el idioma castellano de Real orden. 

»Mucho disgusto nos causa estar también en desacuerdo 
con el distinguido publicista, acerca de la identidad que es- 
tablece entre Asturias y Galicia, llamándolas hermanas ge- 
melas , con las mismas producciones, el mismo dialecto, los 
mismos hábitos , carácter y costumbres. Y esta apreciación 
del Sr. Caballero, nos es tanto mas sensible, cuanto que es 
la misma apreciación del vulgo de Madrid y de las personas 
que no han pisado mas allá de la puerta de Hierro , ó que si 
viajan es solo por vanidad. Citaremos , á propósito de esas 
inveteradas preocupaciones que respecto de aquellas provin- 
cias alimenta el pueblo de Madrid,, un suceso muy curioso 
y significativo. Hallábase hace poco mas de veinte años un 
caballero asturiano en casa de un alto personaje de la corte> 
donde concurrían varias familias distinguidas. Uno de los 
circunstantes tuvo la curiosidad de saber si era cierto , como 
se decia de público , que los lobos y los osos paseaban con 

frecuencia en el recinto de la capital del principado El 

asturiano > como era natural > satisfizo afirmativamente la 
pregunta de su interlocutor , 



La América. 



336 

»Y en vista de esto ¿podremos estrañar que se padezcan 
errores y se mantengan vivas ciertas preocupaciones , que 
vienen trasmitiéndose entre el vulgo, desde que tomó la pri- 
mera filiación al mozo de cordel de los concejos colindantes 
á Galicia , y al gallego de la montaña de la provincia 
de Lugo? 

»Mucho mas pudiéramos añadir sobre esta materia ; pero 
nos limitaremos á esponer que el dialecto asturiano nada 
tiene de común con el de Galicia , que entrañan ambos dife- 
rencias muy radicales , y que cuando se quiere remedar al 
gallego y hablar el dialecto asturiano en el periódico , en el 
libro , ó en el foro del teatro, no se remeda ni se imita, solo 
consiguen, los que tal pretenden, despacharse á su gusto. 

«Para concluir manifestaremos, que la producción del 
Sr. D. Fermín Caballero es digna del mas distinguido aprecio 
y del estudio de todos aquellos que se interesan en el fomen- 
to y prosperidad de la agricultura de España , principal si 
no único elemento de nuestra riqueza : que la obra del señor 
Caballero contiene al final un proyecto de ley sobre la po- 
blación rural y agrícola , y que ha tenido la mas favorable 
acogida por parte de la Academia de Ciencias morales y po- 
líticas , cuya corporación se sirvió distinguirla con un 
premio.» 

La América, $7 Marzo 4864. 

«La agricultura en sus relaciones con la población.)) 
«Aun cuando no somos partidarios de los gremios cientí- 
ficos oficiales, templos abiertos de ordinario á la intrigante 
vanidad de pretenciosas medianías, y en donde casi por há- 
bito se rinde culto á la dulce pereza , tenemos que tributar 
en la ocasión presente un sincero pláceme á la Academia de 
Ciencias morales y políticas, por haber dado ocasión al Sr. Don 
Fermín Caballero, para que franqueándolos estrechos límites 
de su olvidado retiro se presente de nuevo ante el público con 
un trabajo, que al par que sirve para hacer recordar á los 
unos su alto y ya casi olvidado renombre, ha de conquistarle el 
aprecio de cuantos le desconocían , y ha de legar su fama de 
estadista á las generaciones venideras. Tal y tan grande es á 



337 

nuestros ojos la importancia de su Memoria sobre el fomento 
déla población rural, premiada por la Academia de Ciencias, 
por haber correspondido á las condiciones del certamen pro- 
puesto por la misma ha hecho ya dos años , sobre el examen 
de este trascendental asunto. 

»La agricultura, madre de todas las demás industrias, fué 
la única ocupación délos pueblos primitivos ; es la que ejerce 
mayor influencia en la producción de la riqueza y en el bien- 
estar general, por cuanto proporcionando abundante y dia- 
rio trabajo á los hombres, aumenta mas que otra alguna lo 
que los economistas llaman la masa de los capitales ; y por 
tales títulos su importancia será eterna , como son inheren- 
tes á la humanidad las necesidades á cuya satisfacción sub- 
viene: importancia que sube de punto en ciertas regiones, 
como España , cuya misión principal se funda en el cultivo 
de la tierra , en virtud de esa ley providencial que ordena la 
misteriosa y armónica elaboración de todos los productos ne- 
cesarios á la vida. 

»Pero la agricultura se ha visto perturbada como todas 
las funciones sociales en el desarrollo histórico de los siglos, 
y reducida por lo tanto á una existencia inerte é infecunda. 

«Próspera, cuanto podia serlo, contrayéndonos á nuestra 
patria , en las épocas romana y visigoda , casi floreciente en la 
belicosa árabe , comienza su visible decaimiento con la pro- 
piamente española , iniciada por los Reyes Católicos. 

»La unidad en el Rey y en el Papa , atrajo sobre este in- 
fortunado país el despotismo civil y teocrático mas calamitoso, 
produciendo de consuno la paralización de todas las fuerzas 
vivas , así en el orden moral como en el orden físico. Los 
señores terratenientes, que eran los grandes y nobles, fueron 
atraídos con mañosos halagos á la corte , arrancándolos para 
ello de sus castillos y casas rústicas solariegas , desde donde 
comunicaban á los campos, con su sola presencia, la virtud 
germinativa. Los labriegos útiles para el trabajo, unos se 
vestian el traje militar, seducidos por la incitante novedad de 
estrañas aventuras , y otros se ceñían el cilicio para conquis- 
tar el cielo á través de las sosegadas campañas de los claus- 
tros ; los mas flacos, esclavos del terruño, siervos ó colonos, 
no tenían fuerza para luchar con la tierra , ni amparo, ni 



338 

estímulo, ni interés en ello. El poder Real , meticuloso en 
cuanto tiránico, no reconocía misión mas elevada que la de 
enervar los cuerpos: el poder clerical, suspicaz en cuanto 
fanático, ahogaba el aliento de los espíritus. Los elementos 
que aquel habia de emplear en construir caminos y fomentar 
las empresas de pública utilidad , se los apropiaba este para 
levantar iglesias y sostener las milicias de la fe , falanges de 
odiosos esbirros , quienes penetraban hasta en la intimidad 
de las conciencias. 

«Las ciencias físico-naturales , apenas presentidas , eran 
anatematizadas ; alcanzando en cambio la mas alta boga las 
místico-escolásticas. 

»La agricultura patria, postrada y ciega, habia olvidado 
hasta el nombre de Golumela , no entendía los tratados de los 
Abdelrahman y Ebn el Awam , pero aprendía en las atinadas 
prácticas de los árabes, y como era una enseñanza de origen 
impío, se hizo caso de alta conciencia el proscribirla, espul- 
sando al efecto del reino á aquellos herejes maestros. 

«Alonso de Herrera , uno de nuestros mas famosos agró- 
nomos, castellanizó, por decirlo así, á principios del siglo XVI, 
con sumo acierto, las nociones elementales de la agricultura, 
estudiada en sí misma ; pero este laudable esfuerzo no podía 
producir resultado alguno de cuantía , puesto que el modo de 
ser de aquella sociedad era refractario á los progresos de esta 
industria. «Las guerras extranjeras distantes y continuas, que 
sin interés alguno de la nación agotaron poco á poco su po- 
blación y su riqueza ; las espulsiones religiosas , que agrava- 
ron considerablemente entrambos males; la protección privi- 
legiada de la ganadería, que asolaba los campos; la amorti- 
zación civil y eclesiástica, que estancó la mayor y mejor 
parte de las propiedades en manos desidiosas: y por último, 
la diversión de los capitales al comercio y la industria , efecto 
natural del estanco y carestía de las tierras, se opusieron 
constantemente á los progresos de un cultivo, que favorecido 
de las leyes, hubiera aumentado prodigiosamente el poder y 
la gloria de la nación.» Tal es el cuadro de la España agrí- 
cola antigua pintado de mano maestra por el sabio Jovella- 
nos , á la luz de los primeros albores de la época contem- 
poránea. 



339 

«Apenas habrá persona medianamente culla que no co- 
nozca, ó tenga noticia al menos, del Informe sobre la ley agra- 
ria, redactado por D. Gaspar Melchor de Jovellanos á fines 
del siglo anterior, á nombre de la Sociedad Económica de 
Madrid, y en virtud de consulta del Consejo de Castilla: tra- 
bajo cuya importancia se reveló á poco de ser conocido por 
el disonante coro de gárrulas censuras y entusiastas alaban- 
zas que se alzó en derredor de su ilustre aulor. Jovellanos* 
midiendo en su profundo genio todo el valer de la agricul- 
tura, y conociendo lo maltratada que se hallaba, en fuerza 
de menosprecios y desaciertos , la puso bajo su autorizado pa- 
trocinio, elevándola á la merecida altura de una de las pri- 
meras cuestiones de gobierno : el arte agronómico salió de 
sus manos convertido en ciencia , y esta fué tratada con no- 
ble valentía, aunque salvas siempre obligadas reservas, se- 
gún el recto criterio de los nuevos economistas franceses, 
poderosos auxiliares de la gran revolución del 89, por el 
autor del Informe. Pero el tiempo, que es el infalible dispen- 
sador de toda justicia, ha venido á sancionar con incontes- 
table fallo el relevante mérito del Informe, reconocido por 
los herederos de los apasionados detractores. El Sr. Nocedal 
después de purificado en su conversión al neocatolicismo, ha 
sido el espurgador de las obras de Jovellanos publicadas en 
la «Biblioteca de Autores españoles, » y en el discurso crítico 
que les ha antepuesto dice, refiriéndose al Informe: que en 
él está trazado el rumbo que deben seguir los gobiernos y los 
legisladores para poner remedio á los males positivos y gra- 
vísimos que especifica; y que puede presentarse como mo- 
delo, así por la claridad y sencilla elegancia del lenguaje, 
como por la profundidad de las ideas. Los liberales no han 
tenido que rectificar su juicio sobre este trabajo , que con 
sumo acierto les dieron á conocer muy atinadamente las 
Cortes de Cádiz, al declarar á su autor benemérito de la 
patria. 

»Y efectivamente, si esacto estuvo Jovellanos al especifi- 
car los males reales que afligían á la agricultura , no fué me- 
nor su tino para elegir los remedios ; pudiendo decirse por lo 
tanto que su Informe es un verdadero tratado de medicina 
económico-social. Comienza el autor reseñando á grandes 



340 

rasgos la historia de la agricultura ; examina luego la legisla- 
ción especial que la ha regulado, viciosa en su fundamento 
por el espíritu de la falsa protección que le dispensaba, é 
incierta por su arbitrario casuismo; y viene, por último, á 
determinar los estorbos que se oponen al ejercicio del interés 
individual, que es el gran motor del elemento agrícola. Para 
desenvolver mejor sus observaciones y facilitar la percepción 
de las mismas, distingue tres clases de estorbos : 

1. a «Políticos ó derivados de la legislación; como terrenos 
baldíos, tierras concejiles, abertura de heredades, protección 
parcial del cultivo, mesta, amortización, trabas puestas á la 
circulación de los productos y contribuciones en su relación 
inmediata con la agricultura. 

2. a »Morales ó derivados de la opinión ; nacidos todos 
ellos de la ignorancia de gobernantes y labradores, en gene- 
ral, resultando que no siendo conocidas distintamente las 
causas del mal, no era posible aplicar los remedios opor- 
tunos. 

3. a «Físicos ó derivados de la naturaleza; como falta de 
riego , falta de comunicaciones terrestres y fluviales, y falta, 
por último , de puertos de comercio. 

«Los epígrafes solo de las materias comprendidas en lo 
que podemos llamar tratado de los estorbos , indican bien á 
las claras que Jovellanos hizo de su Informe todo un plan de 
gobierno, que desenvolvió con tanta lucidez como talento, 
preparando al par de la regeneración agrícola la reforma po- 
lítica. La autoridad de sus doctrinas ha ejercido posterior- 
mente una poderosísima influencia en el principio fecundo de 
la desamortización. 

«Pero Jovellanos, que tantos y tan trascendentales vicios 
había encontrado recorriendo la legislación y las costumbres, 
como perniciosas para la agricultura, no tuvo en cuenta el 
que procede de la agrupación de los cultivadores en las po- 
blaciones, y déla horfandad consiguiente de los campos; es 
mas, no pudo tenerlo, porque constituía un mal secundario, 
apenas latente entonces, que ha necesitado para desarro- 
llarse una nueva evolución del cuerpo social. 

«El problema, pues, de la población rural, no ha podido 
formularse hasta tanto que la propiedad no ha entrado en sus 



- 341 

naturales condiciones , bajo la acción del dominio individual, 
ayudado por el trabajo libre; hasta que la agricultura no se 
ha elevado desde la inveterada rutina de los establos á las 
cátedras y tribunas; hasta que sus productos redimidos del 
estrecho círculo de los mercados semanales de aldea , no han 
encontrado fácil cambio de uno á otro hemisferio, y recibido 
universal culto en palacios tan maravillosos como los renom- 
brados templos griegos; hasta que los labradores no se han 
sentido fuertes y desahogados; hasta que la vida de los gran- 
des centros no se ha hecho costosa é incómoda , y la de los 
campos atractiva y segura. Tal es el cuadro de nuestra re- 
generación social, como lo ideó Jovellanos, como lo está pin- 
tando el mágico artista llamado Siglo XIX, y para el cual 
acaba de construir el Sr. Caballero, á sus espensas, un gran- 
dioso museo. 

»La «Memoria sobre el fomento de la población rural de 
España , » que ha valido á su autor la mayor de las recom- 
pensas que es dado conceder á la Academia de Ciencias mo- 
rales y políticas, los plácemes de los hombres ilustrados, las 
alabanzas de los labriegos y los acordes aplausos de la prensa> 
ocuparía hoy la atención general, si la época que atravesamos 
no estuviera dominada por una escitacion política tan cali- 
ginosa. Mas, sin embargo de todo, ella se hará oir por cima 
del confuso ruido que produce el choque de tantos intereses 
y la controversia de las mas opuestas opiniones; así como los 
bien templados ecos del «Informe sobre la ley agraria» se 
dejaron oir á través de los muros del intransigente oscuran- 
tismo. Si Jovellanos animó el moribundo silencio de nuestros 
padres, Caballero acallará la altiva gritería de nuestros hijos- 
y las edades venideras asociarán esos dos respetables nom- 
bres á la regeneración agrícola de la patria. Y al llegar aquí 
no podemos prescindir de consignar el nombre de otro no 
menos distinguido repúblico, quien con presciente y elevado 
ingenio ha venido á unir en tan gloriosa empresa á Jovellanos 
y Caballero: nos referimos á D. Salustiano de Olózaga (y per- 
dónenos nuestro distinguido amigo la revelación de la noti- 
cia, si es que implicaba secreto), que fué el académico que 
propuso el tema, fundamento de la Memoria que nos ocupa. 

»Pero además del mérito que encierra el estudio sobre la 



342 

población rural, tiene el de la novedad, puesto que nadie hasta 
ahora se ha ocupado de él, ni aun casi por incidencia, que 
nosotros sepamos al menos. Solamente en el «Diccionario de 
hacienda» del Sr. Ganga Arguelles hemos encontrado apun- 
tada la idea en el artículo agricultura, cuando resumiendo 
los medios que han de emplearse para la provechosa esplota- 
cion de esta, enumera entre ellos la buena y bien entendida 
construcción de las casas rústicas y sus oficinas. 

»Es , pues, indudable que el Sr. Caballero se encontró 
asentado en medio de un terreno erial, que ha tenido que 
rozar primero, para poder sembrarlo después; pero una y 
otra operación ha hecho á maravilla, merced al inmenso cau- 
dal de ciencia, de observación y de perseverancia que ate- 
sora. Y para acreditar nuestro aserto, trataremos de indicar 
los puntos que comprende la Memoria, desenvolviéndose 
siempre con entera sujeción á las prescripciones del tema 
académico. 

«Después de un preámbulo, en el cual se consigna con 
pericia filológica la verdadera inteligencia de la frase pobla- 
ción rural , se examina el estado presente de la misma pobla- 
ción, clasificándola al efecto, por razones de analogía, en los 
grupos siguientes: 

1.° «Provincias Vascongadas, Navarra y Rioja, en cuya 
región se destaca visiblemente la verdadera población rural, 
representada por la casería. 

2.° «Asturias, Galicia y montañas de Santander. 

3.° «Cataluña, Aragón y Baleares. 

4.° «Valencia y Murcia. 

5.° «Andalucía. 

6.° «Estremadura. 

7.° «Castillas y León. 
«El orden seguido, como se comprende á primera vista, 
es el de la mayor afinidad con el tipo rural tomado por mo- 
delo; concluyéndose de aquí, que la gran región castellana, 
la esencialmente agrícola , es la que se encuentra actual- 
mente en condiciones mas desfavorables para la mejor esplo- 
tacion déla tierra. 

«Como en el modo de ser de cada uno de esos grupos in- 
fluyen causas especiales , el autor de la Memoria hace de 



343 

paso el estudio de estas, cuyo conjunto es vario é impor- 
tante , cual indican estos epígrafes: casería; foros; fueros y 
catastro; nivelación de terrenos, riegos y abonos; cortijada?, 
aglomeración y gran cultivo; encomiendas y mesta; muías, 
lucha de ganaderos y labradores. 

«Vienen á seguida los obstáculos que se oponen á la po- 
blación rural, clasificados en esta forma: 

Físicos; falta de aguas y malos caminos. 

Legales; terrenos comunes. 

Económicos; escasez de capitales. 

Sociales ; inseguridad , falta de templos , escuelas y facul- 
tativos. 

»A continuación se indican los medios mas á propósito 
para fomentarla, anotando como principales, la abertura de 
pozos artesianos, el establecimiento de bancos, parroquias, 
partidos médicos, escuelas, guardia rural , finca rural y có- 
digo rural. 

«Después se establecen las ventajas que proporciona el 
coto redondo acasarado, tales como el mejor conocimiento de 
todas las causas que influyen en la producción agrícola ; el 
mejor aprovechamiento del tiempo; la mayor vigilancia; 
el cultivo mas económico é intenso ; mejoras materiales 
que han de redundar en beneficio de la industria , y morales 
para bien de la familia, juntamente con las no menos im- 
portantes para la regularidad y simplificación de la admi- 
nistración pública. 

«Corona, por último, la obra, una larga serie de obje- 
ciones en las cuales ha resumido el autor con diligencia es- 
quisita todas las dificultades y reparos que pudieran haber 
imaginado los impugnadores mas atrabiliarios del estableci- 
miento de la población rural; y al ver la manera victoriosa 
conque las desvanece, cualquiera diria que se habia pro- 
puesto levantar cor aquellas un castillo de naipes, por el 
placer pueril de destruirlo á soplos. 

«Por las indicaciones ó epígrafes que preceden, se ve que 
la Memoria comprende puntos de historia , de geografía , de 
estadística, de higiene, de agronomía, de legislación, de 
política y de economía; tratados todos ellos, aun cuando 
sumariamente , con tal precisión teórica y tan gráfico método 



esperimental , que después de leídos no dejan duda alguna 
sobre su verdadera inteligencia , aun cuando no se admitan 
todos los principios asentados y todas las consecuencias de- 
ducidas. 

»No siendo posible trascribir ni siquiera estractar un 
trabajo tan concreto y redondeado, remitimos á los lectores 
al original , en la seguridad de que lo encontrarán sustan- 
cioso y ameno, á pesar de su modesto y poco atractivo tí- 
tulo. Hojeándolo , celebrarán la riqueza de voces técnicas 
empleadas (páginas 4 3, 19, 41 á 44,65,77,108, 113, 118) (1), 
para determinar, según el lenguaje propio y'los usos provin- 
ciales, lo que se entiende por población rural , en sus diver- 
sas gradaciones; cómo se denominan los agricultores, según 
que son propietarios ó colonos , villanos ó campesinos ; cómo 
se establecen las divisiones entre los terrenos asúrcanos , y 
los nombres con que se conocen los pedazos , por la situa- 
ción que ocupan y la figura que representan. Y estas indi- 
caciones, que á primera vista aparecen solo como de mera 
curiosidad , son las que conducen natural y esactamente al 
conocimiento verdadero de la situación agrícola que se trata 
de reformar; siendo muy de notar en este sentido los minu- 
ciosos cálculos resueltos para poner de manifiesto hasta 
gráficamente por medio de un croquis (página 124), el es- 
tremo adonde llega el fraccionamiento de la propiedad en 
muchas comarcas, y los considerables perjuicios que de ello 
se siguen á los labradores en particular y á la producción en 
general. 

a El espíritu político de la Memoria se revela al tratar 
(páginas 81 y 97) del diezmo y la desamortización , en sus 
relaciones inmediatas con la agricultura. Lamenta el autor 
que la precipitación en desamortizar, por efecto de las apre- 
miantes circunstancias políticas , haya sido causa de que se 
malogren en parte sus buenos resultados, que hubieran sido 
maravillosos enlazados al proyecto de crearla verdadera po- 
blación rural; y condena con noble resolución (página 100), 
en concepto de idea falsa, la consignada en la legislación vi- 



(1) Nos referimos, no á la edición oficial que ha hecho de la Memoria 
la Academia de Ciencias, sino á la segunda adicionada por el autor, que 
forma un tomito en 8.°, impreso en casa de Aguado. 



345 

gente para esceptuar de la desamortización los terrenos co- 
munes ó concejiles, sostenida hoy por meros intereses políti- 
cos, que no refluyen ciertamente en favor de las clases 
pobres á quienes se pretende proteger. 

«Danos el autor una cumplida muestra de sus conoci- 
mientos económicos-sociales, en la esfera de los principios y 
de las aplicaciones , al tratar del origen, desarrollo y ejerci- 
cio del derecho de propiedad (páginas 127, 147 á 155,, 186, 
192, 199); cuestión capitalísima que tiene dividido hoy al 
mundo inteligente en dos grandes escuelas antagónicas. El 
Sr. Caballero, que ha militado siempre en la hueste liberal, 
quiere para el ciudadano todas las garantías compatibles con 
su naturaleza y su destino ; pero habiéndolo estudiado bajo 
el prisma fisiológico , viene á deducir estas dos consecuen- 
cias : 4. a , que el individuo por sí no puede siempre lo que 
quiere: 2. a , que no siempre quiere lo que es justo. Y de aquí, 
que abogando porque se deje al particular el libre desenvol- 
vimiento de sus fuerzas, pida á la vez para el Estado la in- 
tervención tutelar protectora en todas aquellas funciones 
que no pueden cumplirse ordenada y fructuosamente sin su 
acción impulsiva en unos casos y contentiva en otros. ¿Es 
esto hacer socialismo contra los individualistas, ó individua- 
lismo contra los socialistas? No : esto es pura y simplemente 
hacer gobierno, dentro de las condiciones de nuestra actual 
organización : reclamar para una gran empresa social , de 
resultados tan positivos como buenos y permanentes, parte 
al menos de la protección que se dispensa á determinados 
favorecidos en gracia de mejoras ó proyectos de lujo, ó 
cuando mas de una utilidad parcial secundaria. 

»Tales son las ideas que el Sr. Caballero ha creído opor- 
tuno , con muy buen consejo, resumir en un proyecto de ley 
articulado, que va añadido al final de la segunda edición de 
la Memoria. Es una síntesis clara, completa y precisa de 
cuanto antes ha espuesto para l'egar al establecimiento de la 
población rural en las condiciones que le son propias; por- 
que nada mas natural que el labrador viva en el centro 
mismo del terreno que cultiva , como vive el industrial en 
su taller y el literato en su gabinete. 

«Quizás adolece el proyecto de cierta tirantez en favor de 



346 

la idea que le sirve de base, y pequen por exigentes las 
ventajas que se reclaman para los fundadores de la pobla- 
ción rural : cosa natural y disculpable en el autor del pensa- 
miento , convencido como lo está de su bondad íntima. Pero 
lo que es cierto , que las disposiciones que contiene merecen 
un reflexivo estudio, y que la mayor parte de ellas están 
llamadas á traducirse mas ó menos pronto , con este ú otros 
motivos , en preceptos legales, en todo aquello al menos que 
tiende á regularizar nuestra fraccionada é informe propiedad 
rústica y á ligar con ella la urbana en íntimo consorcio. 

»Y esto ha de suceder así, porque está en la conciencia 
sentida de los unos y en la mente ilustrada de los otros. Las 
gentes vulgares presienten la reforma, los pensadores la estu- 
dian, los legisladores la inician , el tiempo la consumará. 

»Un señor diputado presentó al Congreso pocos dias ha 
cierta proposición de ley, pidiendo privilegios y exención de 
cargas fiscales para las nuevas casas que se construyan den- 
tro de la periferia ó en la zona de ensanche de las poblaciones; 
proposición que ha hecho nacer ciertas sospechas sobre miras 
personales puramente especulativas. Estamos seguros de que 
el diputado aludido no conoce la Memoria del Sr. Caballero, 
porque á conocerla , hubiera empleado en favor de ella su 
iniciativa de legislador, conquistándose el lauro de solícito 
patricio, porque en su pensamiento solo va envuelto el interés 
general, de público reconocido. 

»En los nuevos presupuestos presentados también al Con- 
greso, aun no hace quince dias , se dice en la sección Letra D: 
«Base 3. a : Se esceptúan del pago del derecho de hipotecas los 
cambios ó permutas de fincas rústicas enclavadas dentro del 
término jurisdiccional de cada pueblo.» 

»El espíritu , en confuso tal vez, de esa prescripción, es, 
á no dudarlo, el mismo que domina en la Memoria , es decir, 
facilitar la formación de cotos redondos ó grandes suertes de 
terreno, disminuyendo el fatal fraccionamiento de pedazos 
tales que difícilmente se aprovechan. Pero la prescripción es 
defectuosa por lo que dice y loque calla , llevándole muchas 
ventajas la formulada por el Sr. Caballero en el art. 7.° de su 
proyecto adicional, que á la letra dice: «Para promover la 
reunión de pequeñas suertes y la formación de cotos redon- 



347 

dos, se concede á los que la ejecuten rebaja de una mitad 
en el derecho de hipotecas , y en la clase de papel sellado, 
por los instrumentos, diligencias y actuaciones relativos á la 
compra y permuta de suertes menores colindantes , y á sos- 
tener su indivisión y la del coto redondo. » 

»Otro proyecto que andaba ya en vías forzadas de ejecu- 
ción hemos de mencionar aquí por la íntima relación que 
tiene con la Memoria. Nos referimos al presentado al Con- 
greso hará ya mas de dos años por el Sr. Alonso Martínez 
(aunque en otra mente elaborado), relativo á los Medios de lle- 
var á efecto la colonización agrícola. Sometido el proyecto a 
la tramitación parlamentaria , llegó á darse formal dictamen 
sobre él, basado en las mejores doctrinas, para concluir por 
aceptar nuevamente la colonia, del todo desacreditada , como 
hace ver el Sr. Caballero, páginas 105 y '132, en su Memoria, 
y se comprueba además por los resultados negativos que ha 
producido semejante sistema en los varios ensayos que de él 
se han hecho, desde 5 de Julio de 1767 hasta 2 1 de Noviem- 
bre de 1855. Nos felicitamos , por lo tanto, de que ese proyec- 
to no haya llegado á obtener existencia legal, á pesar del re- 
suelto empeño que para ello desplegó algún personaje político 
de poderosa influencia en la situación, porque hoy lo consi- 
deramos ya desautorizado por completo, en vista del éxito que 
ha obtenido en la opinión la Memoria sobre el fomento déla 
población rural. 

«Agotadas las dos ediciones que de ella se han hecho, sa- 
bemos que por el ministerio de Fomento se prepara una ter- 
cera muy numerosa , con destino principalmente á las juntas 
de agricultura , sociedades económicas , corporaciones y par- 
ticulares , que por su dedicación ó estudios especiales pueden 
examinar con fruto dicha Memoria. 

«Esta medida , que enaltece tanto al ministro que la ha 
adoptado como al Sr. Caballero, es de un feliz augurio para 
el desarrollo de los intereses agrícolas primero, y para la de- 
puración de las costumbres en último resultado; por lo cual, 
aplaudimos el procedimiento que se ha incoado para llevar 
adelante una reforma de tan grave importancia, y creemos 
que se perseverará en él con reflexiva parsimonia. Luego que 
á la Memoria se hayan agregado las observaciones de las cor- 



348 

poraciones y personas consultadas , convendría abrir, con 
vista de todos los antecedentes , una solemne información 
parlamentaria, para preparar el proyecto de ley definitivo; 
cuidando de evitar entre tanto que se adopten medidas par- 
ciales que directa ó indirectamente se relacionen con el pen- 
samiento de la gran reforma, para que salga tan completo y 
autorizado como su compleja importancia requiere. 

»Pero el Sr. Caballero, que conoce como nadie toda la es- 
tension é intensidad de su trabajo, estando penetrado de que 
no basta una disposición legislativa, por sabia que sea, para 
sacar de él precipitadamente los ricos frutos que lleva en 
germen, llama en su ausilio (páginas 123, 4 31 y 134) el con- 
curso perenne del tiempo, la acción combinada de toda clase 
de medios y el ausilio voluntarioso de todas las inteligencias. 
«Aquí es, dice con patriótico, elocuente é inspirado acento, 
donde ministros, senadores, diputados, profesores y periodis- 
tas pueden verse unidos, ardiendo en celo patrio y despoja- 
dos de los arneses con que los partidos pelean en el estadio 
de la política ; la población rural no tiene otros colores que los 
de la bandera española.» 

«Cuando de todos campos acuden generosos y decididos 
adalidades , obedeciendo al inspirado grito de un veterano 
capitán , tan esperimentado como el Sr. Caballero, para em- 
prender una campaña larga pero gloriosa bajo la enseña de 
la fecunda paz , cometeria una insigne felonía si le negase su 
débil ausilio y su pobre óbolo /. Torres Mena. 

Febrero 26 de 1864. 



Escenas contemporáneas, Marzo 1864. 

contemporáneas 



Escenas Esta publicación, desde la página 233 en adelante, 



copia literalmente , sin espresarlo, el artículo de la 
Gaceta de Madrid del 1 de dicho mes. 

El Eco del País, 27 Abril, 10 y 11 Mayo 1864. 

si eco «Fomento de la población rural de España , por D. Fer- 

deI Pas min Caballero.» 

«Tenemos á la vista un libro que nos infunde respeto. 
«Fruto de un ingenio naturalmente profundo, y madurado 



349 

al lento fuego de la esperiencia , ha recibido la consagración 
solemne de la Academia de Ciencias morales y políticas en 
el concurso de i 862. 

»El libro del Sr. Caballero sobre el Fomento de la pobla- 
ción rural de España , es una de esas obras concentradas, lle- 
nas de savia, de mas ideas que palabras, que hubiera podido 
dar materia para muchos volúmenes siguiendo la afición mo- 
derna de estenderse en períodos, figuras y amplificaciones. 

»No conocemos al Sr. Caballero, mas por su libro quizá 
pudiéramos trazar su retrato, sin apartarnos mucho del ori- 
ginal. Ve las cuestiones con claridad, las juzga con precisión; 
gusta de discurrir sobre lo posible y hacedero, huye de lo 
utópico; su convicción es firme y la espone con seguridad; 
ha estudiado á la vez en los libros , en los hechos y en la na- 
turaleza. Su criterio es sólido, su inteligencia perspicaz. Abar- 
ca todos los aspectos, todos los lados de un asunto y los ilu- 
mina con clara luz. 

»Su dicción es correcta, grave y castiza. Deja tras sí cierto 
encanto, cierto perfume de sencillez, que nos hace considerar 
al autor lejos del bullicio de la corte , circundado de quietud 
y soledad, abarcando con su mirada un paisaje sosegado, 
grave y placentero á la vez. Nos obliga á pensar que el au- 
tor, por escepcion hoy, ha escrito su obra como se escribían 
todas hace noventa años. 

»E1 libro del Sr. Caballero no es uno de esos libros buenos 
para pesados y medidos; que abruman, no la inteligencia, 
sino las manos bajo el infinito número de sus folios. Es un 
pequeño libro en dozavo de 200 páginas, que obliga á mar- 
car en cada una diez ideas sobresalientes , y que cuando 
ávidamente vuelve á leérsele , hace ver al lector que por se- 
ñalar lo mas notable , oscureció con el lápiz las márgenes de 
todo el volumen. La inteligencia queda nutrida para mucho 
tiempo, y ha de dedicarse á un provechoso trabajo de asimi- 
lación de las verdades aprendidas. 

«Tal es el libro delSr. Caballero. 

»No entra en nuestro propósito hacer de él un juicio crítico 
sino darle á conocer á aquellos , á cuyas manos no ha llegado, 
tan completamente como lo permite un ligero artículo de la 
índole [de este. Por tal razón seguiremos principalmente el 



3S0 

método de esposicion , huyendo de complicarlo mucho con el 
de contradicción. Nuestras someras indicaciones bastarán 
para que el lector saboree, aun cuando no sea mas que con el 
estremo de los labios, las bellezas de la obra. 

«Hállase esta dividida en cinco partes que tratan: la 1 . a del 
estado que hoy tiene en España la población rural ; la 2. a de 
los obstáculos que se oponen á su desarrollo ; la 3. a de los 
medios de fomentarla ; la 4. a de las ventajas de vivir sobre 
la tierra que se labra ; la 5. a de las objeciones que pueden 
hacerse al pensamiento capital del autor. 

«Para desarrollar la primera , el Sr. Caballero divide las 
provincias de España en siete grupos; desde las Vascongadas 
que son las que mas se acercan hoy al tipo recomendado por 
aquel para el fomento de la población rural y de la agricul- 
tura , hasta las quince de ambas Castillas , incluyendo lo que 
antes fué reino de León , en las cuales se encuentran inmen- 
sas estensiones de territorio, sin una sola casa rural donde 
viva la familia labradora. 

»Es esta una de las partes del libro mejor pensadas y me- 
jor escritas. El estado de la agricultura se encuentra en ella 
fotografiado de mano maestra, y hay cuadros del carácter de 
la población , tomados del natural con tal sencillez , con tal 
verdad, con tal relieve, que obligan á pensar si el autor vivió 
en aquellos lejanos tiempos que cita como precedentes del 
estado actual , y si se educó hoy esclusivamente en medio de 
cada uno de los diversos países que describe. Nuestras im- 
presiones se han revelado mas de una vez con esta esclama- 
cion salida involuntariamente de nuestros labios : «Hé aquí la 
naturaleza.» 

«¿Quiere el lector una muestra? Vea descrita con algunas 
pinceladas la población y la hacienda Vascongada en cuadro 
tan suave , tan sencillo, tan natural como la naturaleza misma. 

aLa hacienda rústica de estas provincias consta de cuatro 
«elementos cardinales: la casa, la heredad labrantía , el ga- 
«nado y el monte. Cuentan los edificios habitaciones capaces 
«y cómodas para personas y animales , y el horno de pan 
«cocer ; manifestándose por do quiera el aseo é interés de los 
«caseros, á los que no les falta el menaje decente, que ape- 
«nas se usa en Castilla entre labradores ricos. En las tierras 



351 

«cultivadas se sucede una rotación incesante de cosechas? 
«preparadas y obtenidas con buen método, con orden y con 
«grande inteligencia.» 

«El ganado con que esclusivamente aran es el bovino, una 
«pareja de bueyes ; pero añaden tres ó cuatro vacas que re- 
«levan á aquellos cuando conviene, que procrean , y además 
«suministran abundante leche. En el monte hay castaños, ar- 
«gomas, heléchos y jaras que proporcionan fruto, combusti- 
«ble, cama y basuras ; y es imprescindible el horno de cal, 
«principalmente destinado á sostener como abono adecuado 
«trienal, la productividad de la heredad. No faltan laslegum- 
«bres , verduras y hortalizas , principal alimento de las gen- 
«tes frugales, y que con los despojos ayudan al sustento de 
*>los ganados caseros. Ni escasean los árboles frutales, cuyos 
«productos sirven para el consumo en la casa y para la venta 
«en los pueblos : su sombra y su abrigo templan el calor esti- 
»val , el frió del invierno y el ímpetu de los huracanes. Entre 
«los provincianos no pasaría por hombre completo el joven 
«que no hubiese plantado por su mano algunos árboles; y él 
«mismo se creería indigno, sin esa prenda de adhesión al 
«suelo natal , de solicitar la mano de ninguna aldeana : cos- 
«tumbre paradisea que contrasta admirablemente con la 
«guerra sin tregua que los castellanos hacen al arbolado.» 

«Criados en la vida sencilla , recogida y laboriosa de la 
«casería, bajo las influencias de una autoridad paternal, que 
«apenas ha variado en siglos, conservando todavía el sello 
«virginal primitivo, mantienen los vascongados costumbres 
«dulces y puras que en todo influyen , y hasta en los ocios se 
«revelan. Parecerá una nimiedad, pero es un síntoma signi- 
«ficativo de estas escelentes prendas , verlos en sus diversio- 
«nes y bailes en la plaza pública, á la vista de las autoridades 
«civil y eclesiástica , saltando alegres mozos y muchachas en 
«el acelerado zorcico, al son de los indispensables tamboril y 
«silbo. El tamborilero es allí una especie de cargo públicOj 
«como el de almotacén ó alguacil en las villas castellanas. ¿No 
«significa mucho que el municipio costee tan buen elemento 
«de diversión honesta, general y pública, evitando así mil 



352 

inconvenientes de los bailes domésticos á puerta cerrada, en 
«que se fraccionan las familias , se acrecientan los celos y se 
«pierde el espíritu popular?» 

¡Qué exactitud! ¡Qué colorido! ¿Quién que sorprendido 
por el aguacero en aquellas enriscadas montañas haya en- 
trado á guarecerse en alguna limpia y modesta casería ; ó 
quién que recorriendo la costa desde San Sebastian á Bilbao, 
con el mar á la derecha y una exuberante vejetacion á la iz- 
quierda, subiendo montes y cruzando rias, haya oido el alegre 
ruido de un tamboril oculto, y desembocando de pronto en 
estrecho prado, haya visto el retozón y honesto zorcico, quién 
que se halle en este caso no reconocerá el país que el Sr. Ca- 
ballero describe? 

¿Pues y el cuadro que nos ofrece de Asturias y Galicia? 

«¿Quién no advierte, dice, en los naturales de estas pro- 
vincias aquella raza goda, religiosa, frugal, dura y perse- 
verante que osó alzar la enseña de guerra contra la moris- 
»ma , espulsándola de frontera en frontera basta las playas 
«africanas, y que aun hoy, exuberante en su territorio, in- 
«vade los demás en busca de trabajo y de ganancia? En Por- 
«tugal se dedican los gallegos á toda clase de faenas; en las 
«Castillas siegan é hilan ; y gallegos, asturianos y pasiegos se 
«ven en gran número por las provincias del interior y de 
«mediodía, acreditando en todas partes laboriosidad, hon- 
«radez, y que tienen bien despierta la facultad de adquirir. 
«A los gallegos que vienen á Castilla se les moteja de misera- 
«bles, pedigüeños y humildes, porque aun ganando jornal no 
«escusan el pordiosear, y porque en su lenguaje y maneras 
«se suavizan y achican demasiado, quejumbrosos y zalame- 
aros; hábitos nada estraños en gentes cuitadas de un país 
«feudal, donde las tierras eran patrimonio de señores de al- 
«curnia y de monasterios ricos, á cuyas casas iban los unos 
»á pagar las rentas y los otros á recibir limosna.» 

«Bastan estas líneas para demostrar que el Sr. Caballero 
no se muestra solamente en su libro agrónomo entendido y 
hombre de Estado, como luego veremos, sino que con fácil 
pluma y con gran talento de observación traza cuadros de 
costumbres y retratos de pueblos que conmueven y deleitan. 
De ellos se halla salpicado el libro entero, 



«Tratando de los obstáculos'que se oponen al desarrollo de 
la población rural, los divide en físicos, legales, económicos 
y sociales. 

«Entre los obstáculos físicos enumera la falta de aguas po- 
tables para gentes y ganados, y para el riego en estensísimas 
comarcas; la dificultad de las comunicaciones; la escasez de 
materiales de construcción para edificar casas rurales, y la 
aglomeración de las familias labradoras en los pueblos, lejos 
de las heredades que cultivan. 

»Entre los obstáculos legales se hallan las disposiciones 
desamortizadoras que han fraccionado con alguna inconve- 
niencia la propiedad , y que esceptúan de la venta terrenos 
que deberían ser también vendidos obedeciendo al principio 
de la casería rural ; el favor concedido por el reglamento del 
impuesto territorial á los hacendados forasteros, con perjui- 
cio délos labradores del pueblo, y la legislación actual sobre 
colonias. 

»En nuestro concepto, el Sr. Caballero da quizá demasiada 
importancia á la disposición relativa á los hacendados foras- 
teros. Basta fijarse en las infinitas reclamaciones que contra 
los ayuntamientos de los pueblos se ven obligados á presen- 
tar, para comprender de cuan poco les sirve la declaración 
legal de que sus bienes no pueden ser gravados en mas del 
4 4 por 100 del producto líquido. Los ayuntamientos , avisa- 
dos y despiertos en esto de procurar el beneficio de los con- 
vecinos, saben apreciar alto la riqueza imponible del hacen- 
dado forastero, para que el tipo del gravamen resulte menor 
del 14 por 100. 

»Entre los obstáculos económicos se cuentan lo mas cos- 
toso que es edificar casas en despoblado; la situación mas 
desfavorable en que se encuentra el labrador que vive en un 
desierto para vender sus frutos; la falta de bancos agrícolas; 
la mala organización de los pósitos, que no pueden satisfacer 
ya las necesidades actuales; la usura, polilla de la agricul- 
tura; la falta de grandes capitales dedicados á la industria 
agrícola. 

»Entre los sociales se cuentan la aversión decidida de los 
labriegos á vivir en el campo, por su menor seguridad; por 
el concepto desfavorable en que generalmente se tiene á la 



354 

gente montaraz; porque acostumbrados á la vida actual no 
aceptan la pérdida de ciertas distracciones que los pueblos 
ofrecen ; porque en sus enfermedades, en el cumplimiento de 
sus deberes religiosos, habían de encontrar, hasta que la po- 
blación rural se estendiera , mayores dificultades para vivir 
como cristianos y tratarse como hombres; por su falta de 
instrucción, &c. Por último, el autor presenta como el mayo r 
de los obstáculos la extraordinaria división de la propiedad 
territorial. 

» Detengámonos aquí un momento , siguiendo el ejemplo 
del autor. Según éste, el gran secreto para el fomento de la 
población rural (y de la agricultura) está en la formación de 
¡afinca rural, entendiéndose por aquella la familia labradora 
que vive de asiento en la finca rural que cultiva ; y por esta 
el pedazo de tierra unido, ó sea coto redondo, de la cabida que 
suele cultivar un labrador regular de la comarca , con su ca- 
serío ó edificio aislado de fábrica. 

»La estremada división de la propiedad dificulta la exis- 
tencia del coto redondo acasarado, y sus inconvenientes los 
prueba el Sr. Caballero con el ejemplo práctico de un labra- 
dor que maneja 110 fanegas de puño, equivalentes á 27 hec- 
táreas , y que las tiene divididas en cincuenta y un pedazos 
discontinuos. El Sr. Caballero demuestra elocuentemente las 
desventajas de este fraccionamiento. Con él la casa rural es 
imposible: los nuevos aparatos de labranza, las leyes hipote- 
carias, el crédito territorial, los bancos agrícolas inútiles. 
Para recorrer todas sus tierras ese labrador tiene que andar 
diariamente cinco leguas por el camino mas corto, lo cual 
hace al año una distancia de 300 leguas. Esa hacienda des- 
parramada tiene 164 lindes de pedazos ajenos, y 28 cami- 
nos y veredas que le tocan. Por tan estensas fronteras puede 
recibir danos, usurpaciones, mezcla de semillas é intermina- 
bles demandas. Por último, el labrador de esa hacienda pierde 
tanto tiempo como lo perdería el que pretendiese leer un es- 
crito de 200 folios, repartidos uno por uno en 200 volúmenes 
diferentes colocados en distintas bibliotecas, y tuviera que ir 
yendo y viniendo de local en local y de volumen en volumen. 
Este es el símil gráfico de que se vale el autor. Y por cierto 
que espanta al que bien lo medita. 



355 

¿Contra mal tamaño, cabe recurrir á medidas estremas? 
El Sr. Caballero toca á una de ellas al querer que la ley civil 
ponga trabas á la división del coto acasarado una vez consti- 
tuido, de modo que nunca llegue á perder su individualidad 
ni por razón de herencia ni por acto entre vivos. 

Llégase aquí á lo hondo de una cuestión que divide en 
dos campos las opiniones. ¿El Estado puede interponer su 
veto en todo aquello de lo cual resulte un bien á la genera- 
lidad? ¿El Estado debe respetar los derechos individuales en 
todo aquello que si conviene, no es sin embargo absoluta- 
mente necesario para la existencia social? En este caso ¿debe 
dejarlo todo á las combinaciones que producen los intereses 
particulares? Respondan por nosotros los partidarios de una 
y otra escuela , ó por mejor decir, como en estas cuestiones 
no hay decisión suprema mas que de hecho, los hombres de 
Estado encargados de hacer las leyes según los mas elevados 
principios del derecho y de la conveniencia social darán el 
valor correspondiente á la idea del Sr. Caballero. 

. »Las razones de una y otra escuela son conocidas. Inútil 
es que nosotros las repitamos. No lo es tanto, sin embargo, 
para tranquilidad de nuestra conciencia , el manifestarnos 
contrarios á la reforma propuesta por el Sr. Caballero. Loque 
la ley podría hacer de presente , encomiéndese un poco mas 
tarde á la enseñanza y al convencimiento. Es peligroso limi- 
tar un derecho, que si poco prudentemente ejercitado retarda 
la solución de un problema , no pone en peligro al Estado. 

»La casería vascongada subsiste sin el mandato de la ley. 
Es un ejemplo digno de imitación en todas sus partes. 

«Cuando tantos coherederos pretenden conservar entre 
sus manos algo de la heredad paterna , no es siempre cier- 
tamente por espíritu de envicia, de ruindad, ó por algún 
otro sentimiento innoble. Hay en el fondo de esa inclinación 
algo de santo cariño á la hacienda que un dia fué de toda la 

familia. Y si algo se opone á la realización de esa aspiración 
innata en el corazón humano, que nos lleva á amar particu- 
larmente aquello que fué de nuestros padres , conviene que 

no sea la ley, que debe siempre hacerse amable á las que la 

observan , sino el convencimiento ó una necesidad profun- 
damente sentida. Quitad á un hijo una fracción territorial 



356 

por razón de Estado , y se levantará contra el Estado. Vén- 
dala , porque su misma exigüidad le pruebe sus inconve- 
nientes, y quedará resignado. Si aun así la conserva, el pro- 
fundo amor al recuerdo de la familia y á la tierra es tan 
digno de respeto por su lado moral y social como el coto re- 
dondo por sus ventajas materiales. 

»Llega el Sr. Caballero en su interesante obra á tratar de 
los medios de fomentar la población rural , y encuentra que 
de dos modos puede establecerse en los campos la población 
labradora; fundando lugares y colonias en los puntos de- 
siertos mas distantes, ó creando labranzas en los términos 
de los pueblos , á donde trasladen su domicilio los labrado- 
res que en poblado habitan. El primero lo considera ineficaz 
y con razón sobrada. Abonan esta opinión los escasos resul- 
tados obtenidos desde el establecimiento de colonias en el 
reinado del monarca del buen sentido, el rey Carlos III. 
Queda el coto redondo acasarado , blanco siempre , y fin 
constante al cual se dirigen las miradas del autor. 

«Contra este proyecto existen tres obstáculos especiales: 
la falta de población , la escasez de aguas y la carencia de 
comunicaciones interiores. A vencerlos deben dirigirse los 
esfuerzos del gobierno, de los particulares, de las empresas 
de los capitales, de los hombres ilustrados , de la prensa, de 
cuantos pueden ejercer alguna influencia en el Estado. 

»Con la tolerancia á las creencias religiosas y á los sen- 
timientos políticos , con la protección al hogar doméstico, 
abriendo las fronteras al comercio esterior y á la industria 
estranjera , deben atraerse brazos , que vendrán cuando sea 
general la seguridad que hoy no tienen aun todos fuera de 
España, de que han desaparecido ya de entre nosotros ciertos 
sentimientos de odio y de persecución. 

»La falta de aguas potables y de riego podría vencerse 
con la apertura de pozos artesianos. 

»La necesidad de vias de comunicación es generalmente 
sentida , y felizmente cuando una necesidad se siente, hállase 
muy próxima á ser remediada. Sin embargo , todavía el 
autor , hombre observador y práctico al mismo tiempo que 
discreto teórico , puede afligirnos contando que mas de una 
vez ha visto llenar los baches de malos caminos con haces 



357 

de trigo , que allí quedaron haciendo las veces de espuertas 
de tierra. 

«No nos detendremos en enumerar los remedios que 
el autor propone para vencer los obstáculos legales y eco- 
nómicos que dificultan la constitución del coto redondo aca- 
sarado. Y al pasar la vista por los sociales, nos fijaremos en 
uno solo : en la falta de seguridad para las cosas y las per- 
sonas. Cuando la casería rural se generalice , los moradores 
en el campo serán bastantes para la mutua defensa. Pero 
mientras la casería se halle en embrión, ¿á quien será enco- 
mendada la misión de protegerla? 

»Aquí el Sr. Caballero toca, como era de esperar, la 
institución de la guardia rural , pero en un sentido mas ele- 
vado, mas trascendental del que quizá concibieron los auto- 
res del pensamiento. Lígala con su grande idea del coto re- 
dondo acasarado. Sin él la institución podrá ser buena ; con 
él será inmejorable. Llamamos particularmente sobre este 
punto la atención del gobierno. 

«Acaso, dice, al organizar la guardia campestre, por que 
«todos claman, se pueda dirigir la miraá que esta fuerza se 
»vaya convirtiendo en población rural agricultora. Entre los 
«varios medios que pueden adoptarse al intento, ocurre el de 
«conceder á los guardas rurales que se distingan como pre- 
»mio de buenos servicios, un terreno-coto, elegido en sitio 
«conveniente que le constituyese á la vez cultivador y guar- 
»da. Las casas que habrán de edificarse para albergue y 
«punto de reunión de las parejas se irán convirtiendo en 
«caserías de guardas labradores: estímulo poderosísimo, á 
«que daria doble fuerza la pena de perder la concesión y la 
«plaza, en caso de faltas graves , y el premio de la perpe- 
«tuidad, si el mérito fuese perseverante.» 

«Nos parece idea felicísima y por eso la trascribimos 
íntegra. 

«El autor que al tratar de los inconvenientes para el fo- 
mento de la población rural y de la agricultura se habia 
hecho cargo como de uno de los mayores, de la estremada di- 
visión de la hacienda rural, tenia que hablar lógicamente del 
modo de destruirlo. El remedio se halla encerrado en esta 
frase : «Determinar la capacidad proporcional de los cotos re- 



358 

^dondos, y hecho esto declararlos indivisibles é inacumu- 
lables. » 

»Detengámonos un poco en este punto trascendentalísi- 
mo, que antes hemos examinado ya , aunque ligeramente. 
Si el libro del Sr. Caballero ha de sufrir alguna contra- 
dicción ; si ha de chocar con algún escrúpulo para la rea- 
lización de su ideal, es en el principio de la indivisibilidad é 
inacumulabilidad de los cotos redondos. Diremos mas: si 
alguna teoría ha de asustar á los hombres de ciencia y á 
los hombres de gobierno es ciertamente esta. 

»Para conseguir aquellos dos objetos propone el autor los 
siguientes medios : 

»Que los cotos redondos sean declarados por la ley de no 
cómoda división ; y por consiguiente que se puedan vender, 
ceder, permutar, donar, enajenar, empeñar y poseer de 
cualquiera manera , pero que no puedan dividirse en suer- 
tes , ni reunirse con otra porción , circulando siempre 
íntegros. 

»Que cuando en un concurso ó testamentaría haya una 
heredad , coto redondo indivisible , se adjudique por este 
orden : 

»1.° Al heredero que el testador hubiere designado, y en 
su defecto 

»2.° Al que señalen los interesados por avenencia, y á 
falta de conformidad 

» 3.° Al hijo, heredero ó acreedor de mas edad que la 
acepte , siguiendo de mayor á menor, y si no hay aceptante 

»4.° Al que designe la suerte, y si todos se negasen 

»5.° Al que de los interesados abone mas por la finca en 
beneficio de sus compartícipes , y cuando no 

»6.° Se venderá la finca en subasta pública, dividiéndose 
el producto entre los interesados. 

«Claramente se ve que estos medios no pueden influir 
en la constitución del coto redondo acasarado: influirán so- 
lamente en su conservación. Para lo primero no sirve la ley. 
Es necesario que penetre en los que hoy moran en los pue- 
blos el convencimiento de las ventajas de trasladarse al 
campo, y vivir sobre la finca que han de esplotar. La ley 
no puede trasportar de cuajo á los campos esta parte de la 



359 

población. Todas sus prescripciones serian inútiles , y si lo 
intentara en aquellas provincias donde no existe la afición, 
el cariño á la casería , veríamos repetirse las penas que se 
dictaron contra los colonos prófugos de los establecimientos 
de Sierra-Morena en tiempo de Carlos III. 

»Toda ley que coarta la libertad del hombre en aquello 
que no es inmediatamente perjudicial á los demás es des- 
pótica. La que obligara á los labradores á vivir contra su vo- 
luntad en el campo con preferencia al pueblo ó á la aldea, 
sería absurda. Esto ni nosotros lo queremos , ni lo quiere el 
Sr. Caballero. 

»Hemos de convenir por consiguiente en que la consti- 
tución del coto redondo ha de depender del convencimiento 
de los que deben morar en el campo. Hemos de convenir 
también en que las medidas legislativas que propone el señor 
Caballero , y hemos citado, solo se refieren á la conservación 
del coto redondo. 

»No plantearemos la cuestión en sus fundamentos ; en el 
respeto al derecho de propiedad, en virtud del cual el 
dueño de una cosa debe disponer libremente de ella. De las 
objeciones de doctrina se hace cargo el Sr. Caballero en un 
capítulo especial de su libro. Tememos, sin embargo, que su 
refutación no convenza á los incrédulos. En nombre del 
principio de utilidad pública, dice el Sr. Caballero, se espro- 
pia á los propietarios de cincuenta casas para ensanchar una 
plazuela : en nombre del mismo principio debe prohibirse al 
propietario la división del coto redondo. ¿No es esto justificar 
una exageración con otra exageración de un derecho escep- 
cional del Estado? 

»E1 propietario podrá , no abusar, sino usar quizá con de- 
masiada amplitud del derecho de disponer de sus bienes; 
pero esto rara vez lo hará sino en circunstancias para él muy 
críticas, y apurado por la necesidad; y la situaciou anómala 
que él cree, al fin vendrá á remediarse por el comercio mutuo 
de cosas y servicios entre los hombres. ¿Pero se sabe cuál 
será el fin de reconocer en el Estado el derecho de marcar 
la capacidad del coto redondo, y de quitar al propietario el 
derecho de disponer libremente de él , y eso en nombre del 
principio de utilidad pública? No hay acto humano que en 



360 

algún sentido no pueda ser á la larga mas ó menos favorable 
á la generalidad. Tendríamos, por consiguiente , que recono- 
cer en el Estado el derecho de disponerlo y arreglarlo todo, 
absolutamente todo. Volveríamos á los antiguos tiempos de 
Esparta, que á título de que á la república convenia el tener 
robustos ciudadanos disponía la educación , el orden de las 
comidas, el de los alimentos, y hasta el de los ayuntamientos 
entre varones y hembras. En nombre de la utilidad del Es- 
tado eran despeñados los niños deformes desde la cumbre del 
Taígeto. En nombre de la utilidad en tiempos menos antiguos 
disponía un gobierno el tamaño del ojo de las agujas. En 
nombre de la utilidad pública mandaba otro que se templaran 
las tijeras que el comercio de Levante venia á buscar á Fran- 
cia, y que dejó de admitir para siempre en cuanto empezó á 
cumplirse aquel decreto. 

»Es seguro que el Sr. Caballero no admitirá tales exage- 
raciones, y por eso, mas bien que aconsejar una limitación 
en el derecho de propiedad, en nombre del principio de uti- 
lidad pública, debe restringir los casos de esta y no preten- 
der aumentarlos con uno nuevo. Desgraciadamente tenemos 
frecuentes ejemplos de la estension que se da al significado 
de aquellas palabras. Armada una autoridad con un derecho, 
mas bien se inclina á exagerarlo que á encerrarlo en sus jus- 
tos límites. 

»Pero hemos dicho que no trataríamos esta cuestión en la 
esfera de la doctrina, y nos alejamos de nuestro propósito. 
Volvamos á él. 

«Colocándonos dentro del orden de ideas del Sr. Caba- 
llero, diremos que una vez constituido el coto redondo aca- 
sarado,por haber penetrado entre los labradores ei conven- 
cimiento de su utilidad, todas las disposiciones legales limi- 
tando el derecho de propiedad serán inútiles. Los que por 
convencimiento fundaron el coto, por convencimiento sabrán 
conservarlo. Habremos llegado á la situación de las provincias 
Vascongadas, donde la casería existe y se conserva sin inter- 
vención de la ley, tan solo por una costumbre cuya conve- 
niencia es profundamente sentida. 

»Pero dentro del mismo proyecto del Sr. Caballero tro- 
pezamos con una gravísima inconsecuencia. En el orden de 



361 

prelacion para la adjudicación del coto redondo acasarado 
entran, primero la persona que señale el testador; después la 
que designen los interesados por avenencia; luego el hijo, he- 
redero ó acreedor de mas edad , &c, &c. Decíamos que se 
observaba aquí una grave inconsecuencia. ¿En nombre deque 
principios quiere el Sr. Caballero limitar el derecho del pro- 
pietario de un coto redondo acasarado para dividirlo? En 
nombre del progreso de la agricultura y de la utilidad pú- 
blica. Pues con mayor razón debe ceder á ellos el derecho de 
los sucesores y herederos. Por consiguiente el coto no deberá 
pasar al de mas edad, ni al designado por avenencia ó por la 
suerte, que es muy ciega, sino al que ofrezca mas garantías 
de conservar el coto redondo acasarado en estado floreciente. 
Quedan, por ejemplo, dos hijos herederos abintestado ; uno 
dedicado á la labranza desde su niñez ; otro siguiendo en la 
corte una carrera científica. Este podrá ser el mayor, ¿pero 
la agricultura y la utilidad general no exigen que el primero 
sea el preferido? Véase ya á qué punto conduce la aplicación 
lógica del principio de que disentimos. 

»Pero aun hay mas. Si al fin declarando el coto redondo 
indivisible é inacumulable se alcanzara el objeto deseado, me- 
nos mal. Pero en nuestra opinión aquí no se encierra mas que 
una parte del problema. Poco importa que el territorio espa- 
ñol se divida en cotos redondos con casa , si no existe un nú- 
mero proporcionado de familias labradoras que habiten den- 
tro de él, y realicen lo que el Sr. Caballero hace depender 
con tanta razón de la vista perspicaz ó inmediata del amo. 
El progreso de la agricultura está íntimamente ligado con 
este hecho mas que con la división imaginaria del terreno en 
cotos de doce ó veinte hectáreas. Pues bien : declarando in- 
acumulable un coto á otro, no por eso se prohibe á un parti- 
cular el llegar á adquirir veinte ó treinta cotos , con lo cual 
nada se habrá adelantado , porque el propietario podrá vivir 
muy lejos de sus cotos , y entonces resultarán para el cultivo 
agrícola los mismos inconvenientes que hoy existen con la 
actual división de la propiedad. Faltará la segunda parte, que 
es obligar á cada propietario á que establezca en cada uno 
de sus cotos una familia labradora. ¿Y á esto también podrá 
obligarle la ley? Vendriase á caer en otro temible estremo. 



362 



«Hemos escrito acerca de este punto mas de lo que pen- 
sábamos. Concluiremos diciendo que el notable libro del se- 
ñor Caballero contiene un capítulo dirigido á demostrar las 
ventajas del coto redondo acasarado; otro esponiendo las ob- 
jeciones que pueden hacerse á su sistema, y refutándolas; y 
por último , un proyecto de ley en el cual se hallan resumidos 
los principios capitales que campean en su luminoso trabajo. 

»S¡ tuviéramos autoridad bastante para felicitar al Sr. Ca- 
ballero por su libro , daríamosle la enhorabuena por nuestra 
cuenta. Careciendo de ella , nos acogemos bajo el manto de 
la Academia de Ciencias morales y políticas, y con ella aplau- 
dimos al escritor elegante, al observador profundo, al agró- 
nomo entendido, al estadista ilustre.» 



Las Novedades, 29 Abril 1864. 

Las Novedades. «Revista de agricultura.—Fomento de la población rural 
de España, por D. Fermín Caballero : Memoria premiada por 
la Academia de Ciencias morales y políticas en el concurso 
de 1862.» 

«(Muchos hablan de población rural. 

«Nadie la ha definido. 

«Sepamos qué es, y nos entenderemos.» 

«Entre los caracteres de una agricultura adelantada y ra- 
cional , resalta la constitución de las haciendas independien- 
tes y el establecimiento de la casa del labrador ; sobre ellas, 
el esparcimiento de la población agrícola en los campos. 

«Cuanto tienda hoy á procurar esos resultados , al fo- 
mento de la población rural, propiamente dicha, será un pro- 
greso verdadero, un medio de aumentar la producción, la 
población, la riqueza , el bienestar público, la importancia de 
la nación y la fuerza del Estado. 

»Esta es la idea que el autor de la Memoria que nos pro- 
ponemos examinar ha desarrollado y querido inculcar en el 
ánimo de sus lectores , esponiendo á la par las ventajas que 
de ello resultarían, y los inconvenientes de la agrupación 
actual de las gentes del campo en poblaciones bastante nume- 
rosas para dar ocasión á todos los inconvenientes del roce de 



363 

las familias y de una distracción que se roba á las atenciones 
de la hacienda y al buen aprovechamiento del tiempo, que es 
todo el secreto de la prosperidad de toda industria y de la 
agrícola principalmente , y demasiado exiguos , y sobre todo 
muy mal servidos y provistos, bajo el punto de vista de las 
exigencias de la agricultura y de una buena economía , para 
la conservación de la salud , para la seguridad común , la co- 
modidad pública, la instrucción, la cultura y desarrollo de 
la industria y de las relaciones económicas y mercantiles. 

«Empieza el sabio autor del Diccionario geográfico esta- 
dístico de España y Portugal por establecer el verdadero sig- 
nificado de la dicción población rural; y después de demos- 
trar que ni legal ni oficial, ni gramaticalmente sabemos, bien 
sabido, lo que es población rural , por la razón sencilla de 
que no se conoce sistemáticamente la finca rústica, que es el 
fundamento y el supuesto necesario de ella , la define en los 
términos siguientes: Población rural es la que, además de 
ocuparse y mantenerse de las labores y productos del campo-, 
habita sobre el terreno que labra sin formar pueblo. 

»En habiendo calle , plazuela , acera , manzana , barrio ó 
vecindad, se descubre el carácter urbano de pueblo; la casa 
de labranza es sola, independiente, segregada de todo casco 
de población , y constituye á la vez el albergue de la familia 
labradora , la defensa del terreno anejo, la fábrica de abonos? 
el almacén de los productos y la atalaya para vigilarlos desde 
que se siembran hasta que se entrojan. 

«Marca con este motivo la diferencia que hay entre colo- 
nizar y poblar, cosas esencialmente distintas, que se han con- 
fundido, teniendo la primera por objeto formar nuevas po- 
blaciones en terrenos yermos y solitarios , á espensas de oíros 
mas ó menos poblados ; y la segunda , esparcir la gente labra- 
dora de los pueblos por sus términos , aumentando las casas 
de labranza en ellos , y disminuyéndolas en el lugar ó pobla- 
ción en que ahora residen los labradores. En suma , añade, 
colonizar es un pensamiento caduco, de tardos, costosos é in- 
seguros resultados, que ni los disfraces de la ambición ni los 
afeites de la moda podrán rejuvenecer ni acreditar ; y poblar 
ruralmente es una idea nueva nacida de los progresos cientí- 
ficos, y predestinada á regenerar la agricultura. 



364 

»En este punto preliminar é importantísimo, nada deja 
que desear la sabia Memoria del ilustre repúblico y esclare- 
cido patricio, cuyos títulos al respeto y la veneración de sus 
contemporáneos van envueltos en un solo nombre, y que 
aunque retirado en un oscuro rincón, hace ya veinte años 
después de haber sido un atleta poderoso en la prensa, en el 
Parlamento y en el gobierno mismo en la época mas azarosa 
de la ardiente lucha de nuestra regeneración política , ha bri- 
llado tanto por su ausencia, y consumido su existencia tra- 
bajando asiduamente para su país , ilustrándolo con sus es- 
critos y con su ejemplo, y estudiando siempre acerca de lo 
que mas puede influir en su bienestar y en sus progresos. 

»Cinco son los capítulos en que divide la Memoria de que 
nos ocupamos, á saber: 1.° Estado actual de la población 
rural de España. 2.° Obstáculos que se oponen á su desarro- 
llo. 3.° Medios de fomentarla en todo el reino. 4.° Ventajas de 
vivir sobre la tierra que se labra. 5.° Objeciones que pueden 
hacerse, y su contestación. 

«Estudiando las causas que han traído á la agricultura 
nacional al estado de atraso en que se encuentra lamenta la 
escasa instrucción de las gentes del campo, sus muchas pre- 
ocupaciones y los errores y malas prácticas que entre ellos 
dominan , y parecen arraigarse en proporción de los esfuerzos 
que se hacen para hacerlas comprender las ventajas de los 
nuevos sistemas y prácticas de cultivo, que la ciencia acon- 
seja y acredita el buen éxito que de ellas reportan otros paí- 
ses no menos reacios á la enseñanza. Así es que la agricultu- 
ra , reducida á la estremidad , condenada á todo lo que tiene 
de trabajoso y repulsivo, sin la compensación que solo pue- 
den encontrar en ella la inteligencia y el estudio, está en las 
manos mas rudas , y es regida por los entendimientos menos 
despiertos , siendo así que en rigor necesita cualidades de 
espíritu mas sobresalientes , tanta aplicación y constancia 
como la que mas, y conocimientos mas variados , hábitos de 
observación y reflexión mas sostenidos é intencionados que 
otra ninguna industria. 

»A consecuencia de las malas condiciones en que actual- 
mente se ejerce la agricultura , los genios mas despiertos que 
en el ejercicio de ella podrían encontrar un alimento adecuado 



365 

á su actividad y desarrollo, huyen de ella y se refugian en 
'os oficios é industrias de sombra y asiento ; y el que de 
cualquier manera despunta , se abre paso hacia las artes ó á 
las ciencias, huyendo del rudo y monótono trabajo del des- 
tripa-terrones. ¿De qué sirve, dice D. Fermín Caballero al 
Megar á este punto, que haya en cada pueblo una ó mas es- 
cuelas , maestros bien pagados y enseñanza gratuita, silos 
padres, abandonados ó codiciosos, no envían al aula á sus 
hijos? 

«Buscando en España el tipo del sistema racional de la- 
branza y de la distribución de la población mas adecuada á 
su idea y al progreso agrícola , fíjase en las provincias Vas- 
congadas, donde se encuentra el prototipo de la población 
rural ; la casería, donde la familia labradora vive de asiento 
esplotando el terreno adjunto, casi siempre unido, á que se 
añade un trozo de monte mas ó menos apartado. El país vasco 
puede considerarse como una federación de familias rurale s 
que pueblan el terreno del modo mas conveniente á la agri- 
cultura. Las villas y pueblos que de trecho en trecho existen^ 
son meros centros de contratación , de donde reciben las ca- 
serías lo que no pueden procurarse en el campo, y adonde 
van á depositarse, consumirse ó cambiarse los productos agrí- 
colas de los aldeanos; por manera, que recíprocamente se 
sostienen y alimentan la población rural y urbana con pro- 
vecho de entrambas 

»En las tierras cultivadas se sucede una rotación incesan- 
te de cosechas preparadas y obtenidas con buen método, con 
orden y con grande inteligencia. El maíz, como fruto y como 
forraje ; el trigo, la cebada , el centeno, el trébol , la alfalfa, el 
nabo, la alholva , algún cáñamo y el lino alternan interpo- 
lándose, á fin de que la tierra esté siempre ocupada, sin de- 
jar de producir algo útil; y hasta la vid, que el clima y el 
terreno son tan poco favorables por su nebulosidad y poco 
temperativa , vegeta á fuerza de cuidado y suministra el fa- 
moso chacolí que con la sidra de manzanas suple al buen vinOj 

no sin ventaja de la salud y de las costumbres No faltan 

las legumbr.es , verduras y hortalizas, principal alimento de 
las gentes frugales , con cuyos despojos sazonan el sustento 



366 

de los anímales domésticos ; y no escasean los árboles fruta- 
les , cuyos ricos productos sirven para consumo en la casa y 
para la venta en los pueblos ; cuya sombra y abrigo templan 
los calores del estío, los rigores del invierno y el ímpetu de 
otro modo incontrastable de los huracanes. Entre los provin- 
cianos no se tendría por hombre el mancebo que no hubiese 
plantado por su mano buen número de árboles, y no se ten- 
dría por digno de solicitar la mano de una joven aldeana sin 
esa prueba de adhesión al país natal ; costumbre paradisiaca 
que contrasta con la guerra sin tregua que en la mayor parte 
de España , y en Castilla principalmente , se hace al arbola- 
do. En resumen, la familia rural vascongada no se mueve en 
sentido alguno sin provecho para su heredad, ora la inspec- 
cione con la vista , ora emplee sus manos ó sus pies , ora 
ponga en actividad cualquiera de sus sentidos ó potencias 

»Hay quien atribuye principalmente la prosperidad agrí- 
cola de estas provincias á la laboriosidad de sus naturales y 
á que trabajan hombres, mujeres y niños. Mas se engañan, 
porque provincias hay en el interior donde las mujeres tra- 
bajan como los hombres en las mas rudas faenas, y los niños 
aun de cuatro años ayudan á sus padres. La causa de las 
causas es la finca rural , donde todo el trabajo se aprovecha; 
no hay dispersión de fuerzas, de atención y de individuos, y 
la familia es una , porque la tierra y la casa son únicas y 
solas. 

»Aproxímanse á este tipo las provincias de Álava, Pam- 
plona y Logroño, donde, aunque no son tan numerosas las ca- 
serías, son muchísimas' las aldehuelas y las fincas aisladas, 
aunque abundan ya las parcelas diminutas en la primera, lo 
que hace muy difícil, ya que no imposible, el establecimiento 
de la casería. 

^Constituyen el segundo grupo las provincias del litoral 
cantábrico, que se resienten mucho de la escesiva división de 
la propiedad, y principalmente de los foros, que después de 
haber fraccionado á lo infinito la propiedad, ha multiplicado 
las pensiones y embrollado de tal modo los dominios directo 
y útil, que es un semillero de pleitos, fatiga de tribunales, 
ruina de colonos y escándalo de los hombres amantes de su 
patria. 



367 

«Vienen en tercer lugar Aragón y Cataluña, donde merced 
á su carácter y cualidades industriales , su fuero respecto á la 
legítima filial y al catastro, la propiedad se encuentra menos 
dividida y abundan las casas de campo con varias denomina- 
ciones en sus términos, donde viven las familias labradoras. 

»Sigue examinando bajo el mismo punto de vista las va- 
rias comarcas en que divide al reino por la distribución de su 
población agrícola, en que se comprenden las de 'Valencia y 
Murcia; las de Andalucía, Estremadura y las dos Castillas, 
examinando bien que rápidamente con elevado criterio y 
profundo conocimiento de su historia , de sus usos y costum- 
bres, desús productos, de sus prácticas agrícolas y sistemas 
de cultivo; viniendo á constituir un precioso estudio del es- 
tado de la propiedad territorial y déla agricultura de España, 
digno de ser meditado por cuantos se interesen en su porve- 
nir, como lo indican las conclusiones que resultan del examen 
que precede. 

Transcribe los ocho números del resumen conte- 
nido en las páginas «1 02, 1 03 y 1 04, y prosigue de esta 
manera : 

«Pasa luego á examinar los obstáculos que se oponen al 
desarrollo de la población rural que divide en físicos ó natu- 
rales , dependientes del clima, de la calidad del terreno y de 
la falta de aguas potables en muchos sitios; legales , entre los 
que se cuentan el estado de la propiedad, en gran parte acu- 
mulada y sustraída al comercio por la amortización civil y 
eclesiástica , los comunales , baldíos y realengos , las comuni- 
dades de pastos , los privilegios de la mesta , que aun sobre- 
viven á su abolición legal ; la desigualdad de los impuestos á 
favor de los hacendados forasteros , y la falta de estímulo y 
protección eficaz á las labranzas aisladas , menos á propósito 
para sustraerse á las exigencias fiscales y á los rigores del im- 
puesto que las embrolladas por su dispersión, y mas espues- 
tas á las tentativas de los malhechores. 

«Recuenta por el mismo orden los económicos y sociales, 
entre los que campan la falta de comunicaciones y las difi- 
cultades de los trasportes , los malos hábitos y preocupacio- 



la Libertad. 



368 

ríes, y hasta la falta de instrucción que multiplican las apren*- 
siones y terrores vagos que inspira la soledad y la falta de 
seguridad y protección eficaz, pero sobre todo la estremada 
división de la propiedad que á cada generación acrece hasta el 
punto de necesitarse un diccionario especial para comprender 
los nombres de las piezas, divisiones y subdivisiones á que 
están sujetas las propiedades, tanto rústicas como urbanas. 

«Pasa luego el autor á proponer los medios de favorecer 
el esparcimiento de la población en los campos y á combatir 
los obstáculos que la dificultan, viniendo á proponer en con- 
clusión la división de la propiedad agrícola en haciendas ó 
cotos redondos de estension proporcionada á la fuerza de una 
familia labradora común y de una yunta, que deberia consi- 
derarse como indivisible, auxiliando esta tendencia por todos 
los medios de que dispone una administración celosa é inte- 
ligente para facilitar la seguridad, las comunicaciones, el cré- 
dito territorial y agrícola, la instrucción en general y la técnica 
agrícola, sin contar ciertas escepciones de impuestos y déla 
contribución de sangre por un número de años determinado. 

«Concluye la obrita que vamos examinando con un pro- 
yecto de ley para el fomento de la población rural, en que 
se sintetiza, por decirlo así, toda la obra, y que por su es- 
tension y la de este ya largo artículo no podemos trascribir. 

»Por el pálido reflejo que ofrecemos de la preciosa Memo- 
ria del Sr. D. Fermín Caballero, comprenderán nuestros lec- 
tores su importancia inmensa; teniendo por escusado decir, 
que en medio de su llaneza y aparente descuido, resaltan la 
pureza del estilo y los vastísimos conocimientos económicos, 
políticos y sociales del antiguo ministro de la Gobernación y 
del gran escritor, á quien además abona la circunstancia de 
ser un agricultor y propietario profundamente versado en 
las cosas del campo de que se ha mostrado siempre amante 
apasionado.» 

La Libertad, 4 4 Mayo 4864. 

«Variedades.— Fomento de la población rural de España, 
por D. Fermín Caballero.» 

«Entre las obras que de algún tiempo á esta parte han 



369 

visto la luz pública en España , el libro dado á la estampa 
por D. Fermín Caballero, merece un lugar aparte. 

«Maduramente pensado, galanamente escrito, sin esas va- 
nas y huecas amplificaciones, tan de moda hoy día para ve- 
lar la ignorancia, viene muy oportunamente á cubrir una 
laguna que se hacia cada dia mas profunda en un país en 
que la primera riqueza es su suelo. 

«Divídese este trabajo in dozavo de 200 páginas, en cinco 
partes, que son: Primera, estado presente de la población 
rural española; segunda, obstáculos que se oponen á su 
desenvolvimiento; tercera, medios de fomentarla; cuarta, 
ventajas del coto redondo; y quinta y última, objeciones 
que pueden hacerse al pensamiento capital de la obra , y 
sus respuestas. 

»A estas , preceden algunas consideraciones preliminares, 
en las que se presentan al historiador y al estadista teorías y 
estudios espuestos con firme convicción, gran corrección de 
estilo, y una esposicion de hechos por demás curiosísimos. 

»Para que nuestros lectores saboreen lo castizo y elegante 
de la dicción del Sr. D. Fermín Caballero, lean el siguiente 
trozo del prolegómeno. 

«Recorriendo atentamente las provincias de España el 
perito observador que quiere formar juicio imparcial de la 
agricultura patria, notará que ha mejorado bastante en el 
presente siglo, y que hay en ella puntos brillantes, dignos 
de que se estudien é imiten ; mas á vuelta de estas singula- 
ridades honrosas, no podrá menos de reconocer el atraso ge- 
neral en que nos encontramos respecto á países mas civiliza- 
dos , que no cuentan ciertamente con las escelencias natu- 
rales del nuestro. Palpanlo los extranjeros desde que atravie* 
san la frontera , lo confiesan con dolor los españoles que han 
viajado por Europa; y es opinión acreditada entre los que, 
por el estudio ó por la comunicación con las personas enten- 
didas, han pensado seriamente en el asunto.» 

«Las pruebas inequívocas de esta inferioridad las sumi- 
nistra el mapa de nuestro territorio, el simple examen de la 
superficie , la primera ojeada sobre nuestros campos. En 
unas partes, poblachones repetidos de labradores, apiñados 
en casas estrechas , que para labrar su territorio tienen que 

24 



370 

andar diariamente una, dos y tres leguas: en otras desier- 
tos estensos , incultos ó casi vírgenes , sin una casa ni 
señal alguna de que sean propiedad de gentes cultas : aquí 
montes talados ó descuajados de mano airada, presentando 
el desorden de una devastación vandálica : allí terrenos del 
común ó de ninguno, sin linde ni mojonera , que alternativa- 
mente son objeto de especulaciones de prepotentes, ó teatro de 
luchas á viva fuerza entre convecinos atrevidos, ó escuela de 
usurpación, de intrusiones y de vida licenciosa. De un lado 
barbechos que parecen sembrados porque la labor se ha 
reducido á una arañadura engañosa, que únicamente vale 
para facilitar el desarrollo de la grama y yerbas espontáneas : 
de otro descollando entre las mieses de cereales , cardos , ama- 
polas, neguillas, fustas y maleza , que los ahogan y consumen. 
Acá nubes de rebaños que se mueren de hambre en anchu- 
rosos campos desprovistos de vejelacion : acullá yuntas y 
caballerías mal cuidadas, sucias, deformes, con atalajes y 
aperos toscos y rotos. Y por do quiera la mayor parte del 
terreno que se cultiva en descanso completo por uno y por 
dos anos seguidos : aguas perdidas ó torpemente aprovecha- 
das , como quien espera de la acción vital de la naturaleza 
efectos que debia procurar un trabajo mas inteligente y mas 
asiduo.» 

«¿Puede darse en una obra de esta índole mayor belleza 
y galanura de estilo? ¿Existe un español que haya andado 
un poco mas allá de su hogar doméstico y traspuesto siquiera 
las montañas que limitan el horizonte de un pueblo, que no 
conozca la exactitud de lo espuesto? ¡Por desconsolador que 
sea el cuadro que e\ autor pone ante nuestros ojos, preciso 
es confesar que tiene razón, y que es una amarguísima ver- 
dad , salvo rarísimas porciones de territorio! 

»Para desarrollar el Sr. Caballero el primer capítulo de 
su obra , clasifica la Península en siete grupos ; el núcleo 
primero lo forman las provincias Vascongadas, prototipo, se- 
gún la opinión del autor, de la población rural; el segundo 
Asturias y Galicia con la vecina montaña de Santander; ter- 
cero las ocho provincias de la antigua corona de Aragón, que 
hoy forman los distritos de, Cataluña, Aragón y Mallorca; 
cuarto, Valencia y Murcia , y el quinto y último, compuesto 



371 

de las ocho provincias actuales de Andalucía, que antes for- 
maban los cuatro reinos de aquella región meridional. 

»Esta parte es una de las mas concluidas , mejor pensa- 
das y escritas con mas soltura y gracejo. El estado é historia 
de nuestra agricultura , tan mal conocida al presente, se halla 
en ella pintado de mano maestra, y hay cuadros de costum- 
bres tan bien dibujados, con tal relieve y movimiento, que 
parecen lienzos de David Teniers, ó Velazquez ; de tal modo 
la vida circula por todas partes. 

«Veamos un cuadro de nuestras provincias vascas. 

«Criados los hijos de este país en la vida sencilla, recogi- 
da y laboriosa de la casería , bajo las influencias de una auto- 
ridad paternal , que apenas ha variado en siglos ; conser- 
vando todavía el sello virginal primitivo, mantienen los vas- 
congados costumbres dulces y puras que en todo influyen y 
hasta en los ocios se revelan. Parecerá una nimiedad, pero 
es un síntoma significativo de estas escelentes prendas , ver- 
los en sus diversiones y bailes en la plaza pública , á la vista 
de las autoridades civil y eclesiástica , saltando alegres mo- 
zos y muchachas en el acelerado zorcico, al son de los indis- 
pensables tamboril y silbo. El tamborilero es allí una especie 
de cargo público, como el de almotacén ó alguacil en las vi- 
llas castellanas. ¿No significa mucho que el municipio costee 
tan buen elemento de diversión honesta , general y pública, 
evitando así mil inconvenientes de los bailes domésticos á 
puerta cerrada , en que se fraccionan las familias , se acre- 
cientan los celos y se pierde el espíritu popular? «¿Pues qué 
diremos del que nos presenta al describir el grupo de las 
provincias de Valencia y Murcia? 

»Uoos dos mil doscientos pueblos, dice, hay en las cua- 
tro provincias: de ellos cerca de cuatrocientos esceden de 
doscientas cincuenta casas, aproximándose á mil los lugares 
que cuentan mas de cincuenta vecinos. Además de la pobla- 
ción agrícola, que habita en estos centros, hay una buena 
parte de verdadera población rural dispersa por las hereda- 
des , pero que no tiene edificios formales para su morada, 
sino barracas y cabanas, cubiertas de cañizos ó ramaje y 
guarnecidas de cal , yeso ó barro. Tanto en unas como en 
otras viviendas , se nota mas aseo y cuidado que en las co- 



372 

marcas del interior y del occidente; por lo mismo que los 
vientos, las humedades, los estercoleros y los frutos que cul- 
tivan ocasionan enfermedades que no afligen á otros campe- 
sinos. Confiados los valencianos y murcianos en que habitan 
en la zona subtropical , á una temperatura media anual de 
diez y ocho á veintiún grados centígrados, ni temen á la li- 
gereza de sus chozas, ni visten apenas en el campo mas 
prendas que la camisa, los zaragüelles, la faja y el pañuelo 
en la cabeza: aunque bien considerado acaso haya influido 
tanto como el clima en las costumbres de estos labradores, 
respecto á viviendas y traje , la enseñanza de los muslimes, 
que no dejaron estas comarcas hasta la espulsion del si- 
glo XVIII. Así es que aquí se ven conservados muchos carac- 
teres de la raza morisca, hasta en el modo de sentarse y en 
el sonido gutural del lenguaje ; á la manera que sucede en 
las Alpujarras, serranía de Ronda y condado de Niebla: 
murcianos hay que mantienen la sangre árabe tan admira- 
blemente, que pudieran confundirse con los africanos de las 
Vecinas costas. ¡Cuánto llevan adelantado los muchos alican- 
tinos que emigran á la Argelia!» 

«¿Puede darse una descripción mas exacta de estos lu- 
gares? 

«Prosigamos: 

»E1 capítulo que trata de las contrariedades que se opo- 
nen al desarrollo de la población rural está dividido en obs- 
táculos físicos, legales , económicos y sociales. 

»En los físicos entran la falta de aguas potables para las 
personas, y ganados y riegos; la dificultad de las comunica- 
ciones; la falta de materiales de construcción, y el hacina- 
miento de familias enteras labradoras en pueblos lejanos de 
las heredades que cultivan. 

»En los legales se encuentran las disposiciones desamorti- 
zadoras que han subdividido hasta lo infinito la propiedad; 
el reglamento del impuesto territorial que concede favor á 
los hacendados forasteros en perjuicio de los pueblos, y la 
legislación actual que rige sobre colonias. 

»En los económicos se hallan lo costoso de la edificación 
en despoblado ; la imposibilidad de vender los frutos á un 
'labrador que se encuentra alejado de las vias de comunica- 



373 

cion ; la falta de instituciones de bancos agrícolas; la actual 
organización de los pósitos , y la carencia de capitales dedi- 
cados á la agricultura. 

»En los sociales se cuentan la aversión de vivir en el 
campo los labriegos, su menor seguridad, su falta de dis- 
tracciones, &c. , &c. 

»Si de los obstáculos pasamos á los medios de fomentar la 
población rural, encontraremos dos medios para establecer en 
los campos la población labradora: la primera fundando lu- 
gares y colonias en los puntos desiertos , y la segunda creando 
labranzas en los términos de los pueblos , al que pueden tras- 
ladar fácilmente su domicilio los labradores que habitan en 
poblado; y finalmente la creación de cotos redondos acasa- 
rados , desiderátum al que se dirigen los pensamientos del 
Señor Caballero, como uno de los medios mas eficaces que se 
encuentran. 

«Sentimos no poder enumerar todos los remedios que pro- 
pone el autor para combatir los obstáculos físicos, legales, 
económicos y sociales que embarazan el desenvolvimiento de 
la propiedad rural. 

»Sin embargo, uno de los que propone como mas eficaces 
es la creación de una fuerza que dé seguridad al terrateniente 
de que su vida y su hacienda serán respetadas. 

»Es decir, la institución de una Guardia rural. 

«Oigamos cómo el Sr. Caballero espone sus ideas sobre 
este punto tan importante. 

«Respecto á la seguridad de las personas, délos animales 
y demás bienes , se hace indispensable por de pronto el es- 
tablecimiento de una Guardia rural, regimentada á semejanza 
de la Guardia civil, ó ampliando esta en la forma mas ade- 
cuada al servicio que tiene que llenar. La idea de Guardia 
rural ha llegado á ser un sentimiento general de cuantos tie- 
nen su fortuna á la inclemencia , como lo persuaden el pa- 
recer del Consejo de agricultura de 26 de Setiembre de 4860, 
las repetidas instancias de diputaciones provinciales y socie- 
dades económicas, los ensayos hechos en Toledo, Guadala- 
jara y otros gobiernos civiles , y las respuestas unánimes 
dadas de todos los puntos á la comisión especial del Congreso 
4e los Diputados. Mi opinión es , que no puede crearse insti- 



374 

tucion alguna para guardar los campos capaz de llenar su 
objeto tan cumplidamente como lo harían los mismos labra- 
dores establecidos en sus caserías , mas interesados que nadie 
mas celosos de su propiedad, y de vista mas perspicaz para 
descubrir los daños y los dañadores ; pero mientras llega la 
erección de suficiente número de casas de labor y que se 
alcancen unas á otras , ¿cómo prescindir de la urgencia del 
remedio, aunque sea por via de interinidad? Que la Guardia 
dependa de los ayuntamientos ó de los alcaldes de los pue- 
blos , es un deseo que puede justificar el temor á la prepon" 
derancia militar , mas que lo contradice la esperiencia de 
todos los tiempos y el convencimiento de lo que es y no pue- 
de menos de ser la administración municipal. Acaso al or- 
ganizar la Guardia campestre , por que todos claman , se 
pueda dirigir la mira á que esta fuerza se vaya convirtiendo 
en población rural agricultora.» 

»Entfe los varios medios que pueden adoptarse al in- 
tento, ocurre el de conceder á los guardias rurales que se 
distingan , como premio de buenos servicios , un terreno coto, 
elegido en sitio conveniente, que le constituyese á la vez 
cultivador y guarda : las casas que habrán de edificarse para 
albergue y punto de reunión de las parejas se irán convir- 
tiendo en caseríos de guardas labradores: estímulo podero- 
sísimo, á que daria doble fuerza la pena de perder la conce- 
sión y la plaza , en caso de faltas graves , y el premio de la 
perpetuidad si el mérito fuese perseverante. Bien diferentes 
serían estos guardas de los que hoy se conocen tan desven- 
tajosamente, pues mientras los actuales apenas sirven para 
otra cosa que para cobrar el salario y concertarse con los da- 
ñadores , aquellos verian en el fiel desempeño de su deber 
asegurada su suerte y la de su familia. De esta manera se 
llegaría mas ó menos pronto á que hubiese suficiente número 
de caseríos esparcidos por toda la área del territorio muni- 
cipal, y entonces ya será innecesario el cuidado de la admi- 
nistración : bastará con el que ponga en juego una falange de 
propietarios cultivadores, que ocupara el campo con sus 
cercanas viviendas , como si se ocupase militarmente. ¿Y 
qué soldado se bate con el denuedo del que defiende su for- 
tuna , el pan de su mujer y de sus hijos?» 



375 

»La obra termina con un capítulo consagrado á probar 
las ventajas y utilidad que reporta á la agricultura el coto 
redondo acasarado como un gran adelantamiento para la 
perfección; otro de objeciones que pueden hacerse al sistema 
que propone y sus refutaciones, y un proyecto de ley arti- 
culado en el que se reúnen todos los luminosos y profundos 
principios que el autor espone en su escelente trabajo, que 
en tan alto lugar colocan al Sr. Caballero como escritor ele- 
gante y castizo, observador profundo, agrónomo entendido y 
concienzudo estadista. 

»Este ha sido premiado por la Academia de Ciencias mo- 
rales y políticas. 

»Dos palabras para concluir. 

«Sentimos un verdadero placer cuando vemos que una 
persona distinguida por su posición y talento, abandonando 
el campo de la política , en que todos desean figurar, consa- 
gra sus meditaciones al importantísimo ramo de la agricul- 
tura. Dedicados hace muchos años á difundir los conocimien- 
tos que pueden contribuir mas ó menos directamente á su 
fomento, saludamos con cariño fraternal al que ingresa en la 
clase ó procura mejorar de algún modo el cultivo. D. Fer- 
mín Caballero se encuentra en este caso. Antiguo ministro 
de la Corona , ardoroso Diputado en varias legislaturas , los 
acontecimientos políticos, ó los desengaños de la vida pública, 
lo arrojaron de la corte, donde, tan raro es conservar la dig- 
nidad de la consecuencia después de la derrota. -,-Al naufra- 
gar su partido, buscó el Sr. Caballero la salvación de su fe 
en el tranquilo refugio del pueblo natal; y allí, enemigo déla 
sociedad, como todo el que tiene un espíritu potente, ha dado 
un nuevo rumbo al suyo, adecuado, como era natural , á las 
circunstancias de su nueva vida. — Los afanes á que se ha 
consagrado no han sido ruidosos : ¿qué importa? ¡Cuantos 
producen agitación y conmueven por cualquier motivo la so- 
ciedad serán menos útiles á la patria!» 

El precedente artículo se ha trascrito íntegro en 
el periódico de Madrid La Época. 



agrícola. 



376 
La España Agrícola, 45 Mayo 4864. 
L a\ícíf a fi * Con posterioridad á lo que de este periódico se 

pone en el lugar correspondiente, según las fechas, 
página 308, ha publicado el artículo que á continua- 
ción estampamos. 

«Del Fomento de la población rural de España.)) 

«Agítase de algunos años á esta parte una cuestión de 
suma gravedad y trascendencia ; y agítase , tomando parte 
ó iniciativa en ella los primeros cuerpos científicos de nues- 
tro país , hombres de conocidas facultades y hasta uno de los 
cuerpos colegi>ladores , el Congreso de los diputados. Todo 
hace creer que tanto trabajo y tan entendidamente dirigido 
no ha de ser estéril y que nos hallamos próximos al plantea- 
miento de un sistema; de un conjunto de medios cuyo resul- 
tado ha de ser el aumento en grande escala de nuestra po- 
blación rural ó agrícola y, como consecuencia de este aumento, 
el desarrollo visible, notable y progresivo de nuestra agri- 
cultura , de nuestra riqueza pública y de nuestro engrande- 
cimiento nacional. 

»Es indudable, sin embargo, que nuestra población viene 
progresando desde principios del siglo XVIII, pero tan paula- 
tinamente, que nuestros gobiernos han procurado acelerar 
su movimiento por distintos medios. La esperiencia ha de- 
mostrado ser estériles estos medios , pero con todo eso han 
servido para marcar que el pensamiento existia siempre, y 
que se iban pidiendo á cada época sus soluciones y se recla- 
maba el fallo de la ciencia para el mejor acierto que se bus- 
caba con empeño, aunque no se alcanzaba. 

«Las diferentes disposiciones legales del siglo pasado y del 
actual, referentes al establecimiento de colonias; algunas 
otras consignadas en nuestro sistema tributario, y la ley de 
Cortes de 4 6 de Noviembre de 4855, también sobre colonias 
agrícolas, son los principales monumentos que demuestran 
la existencia de ese pensamiento. La población en efecto ha 
continuado en su progresivo desarrollo, pero no hay que creer 
que hayan influido en ello, sino en su caso, de una manera 
insignificante y desatendible por exigua. La población hubie- 
ra continuado en la misma progresión ascendente en ausen-? 



377 

cia de todas las anteriores disposiciones. Debía no obstante 
llegar una época en que la insuficiencia y la esterilidad de 
los medios empleados fueran parte á reclamar la meditación 
de los sabios y de los hombres de Estado para estudiar los 
arcanos de la naturaleza política y descubrir verdades antes 
desconocidas. 

«Pero si la legislación anterior no ha dado resultados, ¿en 
qué consiste? ¿estamos ahora en los momentos y en las cir- 
cunstancias del siglo pasado? ¿no conviene ya el estableci- 
miento de colonias? ¿ha llegado ya nuestra población á su 
apogeo y nuestra agricultura á su completo perfeccionamiento 
y prosperidad? 

»No ; de ninguna manera. La población de España apenas 
llega á la mitad de lo que puede ser un dia, y su agricultura» 
aunque en paulatino progreso, está muy lejana de alcanzar 
aquella situación que la corresponde. Hay que procurar el fo- 
mento de una y otra , demostrado como se halla por la espe- 
riencia que han sido vanos y estériles los esfuerzos em- 
pleados. 

Mas ¿cuáles deben ahora realizarse con esperanza de me- 
jor éxito? Tal es el problema á que se busca solución ; tal ha 
sido también el objeto que ha puesto recientemente en acti- 
vidad á los cuerpos científicos y políticos y á los hombres 
pensadores. El resultado de esta actividad ha sido una gran 
averiguación , ha sido una especie de revelación científica y 
económica que se ha obrado quizá á un mismo tiempo entre 
personas que pensaban aisladamente y cuyos pensamientos 
eran tal vez recíprocamente ignorados. 

»El sistema de colonias debe abandonarse por completo 
con su sistema de reglamentos y organizaciones especiales, 
privilegiados y esclusivos; y en su lugar establecerse una ley 
general para el fomento de la población rural con condiciones 
también generales aplicables á todas las localidades que se 
hallen en circunstancias dadas; en vez de disposiciones lega- 
les que tengan aplicación á determinados territorios y locali- 
dades, una ley general de población aplicable á todas las pro- 
vincias según el modo particular de ser de cada una de ellas. 

»La colonia agrícola es un procedimiento anacrónico, in- 
completo, inconcebible ya en nuestros tiempos, con aplica- 



378 

cion á España ; y que produjo un gran bien en el siglo pa- 
sado, siquiera porque sirvió para mostrar su esterilidad , su 
impotencia y lo insignificante de sus resultados. Hoy no pue- 
den concebirse las colonias especiales ; si algo hay hacedero 
en este sentido es la colonización general de los terrenos que 
hay aptos para ello en España ; la diseminación general de la 
población agrícola por todo el territorio español; que la Es- 
paña entera sea una colonia agrícola; que desde el Pirineo 
hasta la raya portuguesa y hasta las playas españolas del 
Mediterráneo, del Atlántico y del Cantábrico parezca un solo 
y continuado pueblo; que en vez de tener sus casas aglome- 
radas en grandes focos de población vivan en el campo en el 
centro del cultivo, en el taller de la naturaleza, que solo abre 
sus tesoros á quien se los reclama con activo celo é incesante 
trabajo. 

»Esta es la averiguación y la revelación científica, este el 
;deal de lo que podría llamarse colonización general y mas 
propiamente repoblación rural ó agrícola de España ; este es 
el ideal de cuya realización se ocupa el Sr. D. Fermín Caba- 
llero en un escelente trabajo premiado por la Academia de 
Ciencias morales y políticas, en el concurso de 1862. 

»Yo me propongo ocuparme mas detenidamente en otra 
ocasión de este importante y trascendental opúsculo , y si 
ahora no lo hago, es en primer lugar por no poder dedicarme 
en la actualidad á analizarle cual se merece , y además, por- 
que habiéndose discutido con estensíon en la Sociedad Eco- 
nómica Matritense el asunto relativo al establecimiento de 
colonias agrícolas, presenté allí en Febrero de 1851 un voto ó 
dictamen particular que está impreso entre las Memorias de 
dicho cuerpo á cuyo dictamen me remito, y en el que aun 
cuando bajo algunas diferencias hay en el fondo bastante 
analogía de ideas. 

«Entre tanto no puedo menos de convenir en que mucho 
de lo que propone es realizable , y aun en cierto modo reali- 
zado ya en algunas provincias de España, y que la concepción 
de su Coto redondo acasarado que es la idea culminante y como 
la encarnación de su sistema de población rural, es digno de 
un profundo y detenido examen y acaso es la solución del 
problema; nosotros no le podemos aceptar incondicionalmente 



379 

porque no hemos* tenido tiempo aun de meditar en las tras- 
condentales consecuencias que atesora ; la división infinite- 
simal y atomística de la propiedad es un mal ; pero será 
siempre conveniente que las grandes propiedades queden 
también reducidas al tipo convencional del coto redondo aca- 
sarado. 

Mas , no pudiendo entrar ahora en el examen de las nu- 
merosas cuestiones que comprende la obra del Sr. Caballero) 
ni en el de los medios para realizar su pensamiento, no quie- 
ro ni aun proponerlas, dejando su examen para mas adelante. 
El conjunto de medios que presenta es armónico y además 
no es perturbador de la legislación existente , en lo que se 
distingue de la organización que se daba á las antiguas co- 
lonias ; por lo demás nuestro modo de ver tiene que ser 
conforme en muchos casos , porque dirigiéndonos al mismo 
fin nos encontramos muy á menudo hasta en la identidad de 
los medios para conseguirlo, y en prueba de ello y de la ana- 
logía que con gusto y satisfacción encuentro entre sus ideas y 
las mias, voy á terminar este artículo insertando un breve 
período de mi ya citado dictamen, presentado á la Sociedad 
Económica Matritense, que se halla en la pág. 53 del espe- 
diente impreso por dicho Cuerpo en el año 1861 : Dice así: 

«Nuestro gran trabajo de hoy debe ser procurar la pobla- 
do?! en territorios deshabitados, y que el cultivo se realice ha- 
bitando el mismo campo.» 

«Madrid 3 de Mayo de 1864. — Nicolás Malo y Jordana.» 

La Época, 17 Mayo 1864. 

Ha copiado testualmente el artículo que publicó La Época. 
La Libertad tres dias antes. 

PERIÓDICOS DE PROVINCIA. 

El Eco de Cuenca. (Cuenca) 15 y 29 Diciembre 1863 , 15 y 
22 Enero, 8^15 Febrero 1864. 
((Publicación notable.— Con el mayor susto, si la índole de J E L Eco 

. , j o 7 de Cuenca. 

nuestro periódico lo permitiera, ocuparíamos sus columnas 
dando á conocer íntegramente la preciosa Memoria sobre el 



380 

fomento de la población rural de nuestro querido paisano y 
buen patricio el Excrao. Sr. D. Fermín Caballero, premiada 
por la Real Academia de Ciencias morales y políticas; pero 
la natural cuanto necesaria estension de la obra nos impide 
cumplir nuestro primer deseo. Sin embargo, aunque de nin- 
gún modo mejor se pudiera formar un juicio exacto de lo 
que el escrito es que leyéndole todo, impregnándose del es- 
tilo y penetrando el pensamiento, fijándose en las palabras y 
comprendiendo las ideas, no queremos dejar de darle á cono- 
cer á nuestros lectores, no ya en simple anuncio, sino en 
breve estracto, siquiera sea este descolorido y débil ante la 
brillante y enérgica obra del autor. Así lo haremos en el nú- 
mero próximo, limitándonos hoy á dar las gracias á nuestro 
amigo por su recuerdo al remitirnos un ejemplar de tan no- 
table publicación , felicitándole y felicitándonos , cada dia con 
mayor entusiasmo, de contar entre nuestros comprovincianos 
á una persona tan distinguida por su claro talento, su mo- 
desta erudición é incansable laboriosidad, cuyo nombre será 
vivo ejemplo para las generaciones futuras.» 

«Examen de la Memoria sobre el fomento de la población 
rural del Excmo. Sr. D. Fermín Caballazo, premiada por la 
Real Academ a de Ciencias morales y políticas en el consurso 
de 1862.» 

«Tarea difícil, aunque grata en verdad, nos hemos pro- 
puesto al pretender dar á los lectores del Eco de Cuenca el 
estracto de una obra que toda es , á nuestro entender, esen- 
cia; pero el natural deseo de que se la conozca , siquiera sea 
en epítome, por el mayor número posible de nuestros com- 
provincianos, nos alienta, mas que las propias fuerzas, á 
tentar vencer los obstáculos que se nos ofrezcan. 

»No tenemos inconveniente en comenzar nuestro trabajo, 
consignando desde luego que la Memoria del Sr. Caballero es 
un magnífico poema didascá Jico-geórgico de la industria agrí- 
cola española. Bajo un plan preconcebido, y con la mirada 
del águila que se eleva en el espacio descubriendo inmensos 
horizontes, ha abrazado el autor en su importante obra el 
pasado, el presente y el porvenir de la agricultura patria. 

»Su verdadera poesía está en la belleza de la idea recrea- 
tiva y moralizadora del fondo, así como en la viva descrip- 



381 

. cion y colorido de la forma, sosteniéndose unido el interés 
desde las primeras páginas , no solo por la animación que las 
prestan los cuadros históricos trazados á grandes y maestras 
pinceladas, sino por los episodios fotográficos que del natu- 
ral con rasgos fidedignos nos traslada. 

«Corno incógnito personaje principal de la composición, 
pero tan imparcial como César en sus Comentarios, y tan 
sentido como Ercilla en su Araucana , ha sabido trasladarse 
al papel el Sr. Caballero en rasgos bien notables de su propia 
vida, sin aparecer á las claras en la escena , porque para as- 
pirar al lauro de que su obra fuera leida y pudiera ser apre- 
ciada en su justo valor, así se habia determinado por el ele- 
vado tribunal que iba á juzgarla. Ser abstracto centuplicado, 
como un genio mitológico, vaga de provincia en provincia, 
observando las diversas costumbres labradoras, y midiendo 
con su vista de lince los terrenos, reuniendo datos sobre 
gastos y rendimientos de las fincas, y calculando los medios 
de aumentar los productos: lamentando descuidos y apun- 
tando remedios, viene, en vista de todo, á estimular con la 
gloria que le está reservada, al gobierno de fuerza de vo- 
luntad bastante para plantear y llevar á cabo la reforma 
que la agricultura reclama en nuestro suelo. 

«Con profundidad de pensamiento, unidad de miras y 
energía en la frase, por mas que á veces sea esta un tanto 
desaliñada, efecto de la misma claridad y franqueza con que 
sin rodeos y ambajes pretende esplicarse, dilucida las cues- 
tiones mas oscuras y difíciles , da novedad á las comunes y 
sencillas , aborda de frente las mas arduas y espinosas como 
quien tiene la conciencia segura de cumplir con un deber de 
patriotismo, de ostentar la fe del apóstol, que en la predica- 
ción de su doctrina, ni busca aplausos, ni teme los reproches 
de la multitud. Conocedor profundo de los males que aque- 
jan á nuestra agricultura , fijo en su idea salvadora para el 
desarrollo y progreso constante de aquella, valiente en la 
esposicion de los medios de llevarla á cabo, llama al rico, 
consuela al pobre , suplica al sabio, increpa al ignorante, 
dirige al fuerte, alienta al meticuloso; y al gobernante, 
al gobernado, al filósofo, al rancio rutinario, al economis- 
ta utópico, al estadista práctico, á todos habla en diver- 



382 

so tono , á cada uno procura tocar la fibra mas sensible 
que le mueva á fijar su atención en lo que conviene hacer 
para regenerar la primera de las industrias en la península 
ibérica. 

«Modesto, sin embargo, en medio de la confianza adquiri- 
da con sus numerosas , cuanto detenidas observaciones filo- 
sóficas en la materia , no exige dogmático ciega adhesión á 
sus doctrinas, sino atención, examen y firmeza, para fijar 
lo bueno y enmendar lo mejorable. 

» Muchos hablan de población rural. — Nadie la ha defini- 
do.— Sepamos qué es y nos entenderemos. He aquí el lema, 
base preliminar de la obra. 

»En esta parte examina el Sr. Caballero todas las acep- 
ciones de las palabras componentes de las definiciones que 
se han querido dar de la población rural, confundiéndola con 
la población agrícola á veces, y mas aun con las colonias, 
procediendo de aquí principalmente el torcido sistema de los 
gobiernos para proteger y pensar en el fomento de la pobla- 
ción rural. La población , pues , debe distinguirse y definirse: 
»Urbana, el número de habitantes que mora en edificios 
«conjuntos, formando pueblo ó grupo de casas mas ó menos 
«crecido.— Rural, la familia labradora que vive en casa ais- 
alada, sita en el campo que cultiva.» 

«Definida de esta manera la población rural, entra de 
lleno en el asunto dividiendo sus trabajos en los cinco capí- 
tulos siguientes: 1 .° Estado que hoy tiene en España la pobla- 
ción rural. 2.° Obstáculos que se oponen á su desarrollo. 
3.° Medios de fomentarla en todo el reino. 4.° Ventajas de vi- 
vir sobre la tierra que se labra (del coto redondo acasarado); 
y 5.° Objeciones que pueden hacerse, con su contestación. 

«Antes de reunir en capítulos , por grupos, las diversas 
provincias de nuestra península , según los mayores ó meno- 
res puntos de contacto, que por sus costumbres agrícolas ó 
sus métodos de cultivo las asocian, dirige una rápida ojeada 
sobre la historia y vicisitudes de la propiedad del terreno^ 
deduciendo de las necesidades consiguientes al aumento na- 
tural de la población , el progreso lento, pero incesante , del 
arte agrícola , que examina desde su infancia , por decirlo así, 
hasta nuestros dias ; no sin lamentar que nuestros labrado- 



383 

res, llenos de preocupaciones y hábitos rutinarios, se hallen 
aun tan atrasados, que crean un gran bien el tener cada 
cual doble terreno del que puede labrar: la ignorancia de 
tan pobres gentes es tan crasa é inveterada que los resiste á 
toda mejora , aun á la que les promete vencer la ignorancia 
misma. 

«Forzoso es convenir, dice el Sr. Caballero lamentando 
esto mismo, en que la clase agricultura es la menos instruida: 
hecho que se esplica perfectamente analizando sus condicio- 
nes de existencia. Desde niños los llevan sus padres á las ta- 
reas campestres y desatienden la escuela : se acostumbran á 
tener por mas importante la fuerza corporal que la del en- 
tendimiento. Por otra parte, el ejercicio de la profesión no 
exige aprendizaje teórico, y la sujeción á la palmeta es odio- 
sa : la actividad membral desarrolla el sistema físico á es- 
pensas del moral ; y al llegar á la edad provecta conocen 
acaso que se esplotó su infancia en vez de educarlos; pero 
ya no es tiempo de instruirse. Además , jóvenes y mozos pa- 
san la mayor parte del dia en desierto, sin roce ni trato, y 
apenas viajan ni aun por las comarcas próximas: su propia 
comunicación en las fiestas , juegos y solaces no pueden ense- 
ñar lo que todos ignoran. Por último, se hallan condenados á 
un trabajo áspero, á las intemperies y á las mas moderadas 
recompensas , lo cual hace que las personas mas despiertas 
busquen ocupaciones menos molestas y de mayor lucro.» 

»Con una sólida erudición , poco común , así en lo que 
respecta á la naturaleza del terreno, el clima y producciones, 
como en lo relativo al tecnicismo, costumbres é industria 
agrícolas de cada una de las provincias de la península, da 
principio á la formación y descripción detallada de sus gru- 
pos , ofreciendo reunidas en el primero las provincias Vas- 
congadas, como que en ellas tiene su principal asiento el 
prototipo de la población rural. Navarra con la provincia de 
Logroño están adicionadas á este grupo por sus afinidades 
agrícolas con las anteriores. 

»Forman el segundo Asturias y Galicia con la vecina 
montaña de Santander, las cuales se aproximan al tipo de la 
población rural , pues no carecen de casería en su multitud 
de pueblecitos y parroquias. El estado actual de la agricul- 



384 

tura en este grupo le resume el Sr. Caballero de la manera 
siguiente : «Que si bien hay casas de labranza , y algunas lu- 
josas, por lo general las gallegas son mezquinas é insalubres; 
que es muy raro ver reunida en un pedazo la tierra nece- 
saria para la ocupación de una familia, antes por el contra- 
rio la subdivisión , mayor que en parte alguna por razón de 
los foros y sub-foros, ha llegado en Galicia á una pasmosa 
pequenez: que los métodos de cultivo son de progreso, pues 
en Asturias sobre todo es escepcional el barbecho y predo- 
minan las cosechas alternadas : que en ambas comarcas se 
labra esclusi va mente con bueyes ó vacas, y se entiende muy 
bien el maridaje del cultivo y de la ganadería , así para el 
uso de las leches como alimento ordinario, como en la mul- 
tiplicación de los estiércoles; y finalmente, que el contrato 
del foro es una calamidad insostenible para la agricultura de 
Galicia , pues sobre haber fraccionado las tierras al infinito, 
ha multiplicado las pensiones, y embrollado de tal manera 
los dominios directo y útil, que es un semillero de pleitos, 
fatiga de tribunales, ruina de colonos y escándalo de los 
hombres amantes de su patria. 

»De las provincias de la antigua corona aragonesa , las de 
Cataluña , de Aragón y de Mallorca constituyen el tercer 
grupo, cuya vida agrícola, glorias y recuerdos comunes las 
hermanan también en este punto; así como las analogías his- 
tórico-le gales muy atendibles son de grande influjo en la 
trasmisión de la propiedad rural. El espíritu de fomento y 
de progreso de estas provincias les hará descollar así en esta, 
como en las demás industrias , si las escuelas agronómicas, 
que han comenzado en Barcelona y Gerona , dan resultados 
que adopte el país , y creando capataces teóricos y prácticos 
llevan á las demás comarcas enseñanzas provechosas. 

«Las de Valencia y Murcia forman el cuarto, necesaria- 
mente separadas del anterior (prescindiendo de ciertas afi- 
nidades) así por la manera de vivir las familias aisladas en 
el campo, mas análoga á la de los árabes sus predecesores, 
que á la de aquellos que vinieron á librarlos de los agarenos, 
como por el mayor fraccionamiento de la propiedad territo- 
rial, y la diversa forma y clase del cultivo, efecto de las con- 
diciones del suelo, del cielo y de los moradores. Después de 



385 

detallar cuanto se refiere al estado de las familias, división 
eseesiva de la propiedad , insalubridad de ciertas faenas y 
demás circunstancias consiguientes á formar cabal juicio de 
la agricultura en este país, hace sobre él el resumen si- 
guiente: 

«Se desprende de lo que queda espuesto que la población 
«agrícola y rural de las provincias de Valencia y Murcia tie- 
»ne la propiedad territorial muy fraccionada , si bien vive 
«sobre ella ó cerca de ella ; pues aun los pueblos agrupados 
»se hallan en general menos distantes entre sí. Aparece asi- 
»mismo que el cultivo se halla mas adelantado que en otros 
«puntos , porque saben aprovechar los elementos poderosos 
«del agua y los estiércoles. Hay pueblos murcianos que han 
«gastado sumas considerables, anhelando alumbrar algún li- 
«gero manantial ; y tanto estos como los valencianos cuidan 
«afanosos de la limpieza y nivel de las acequias de riego y 
«de desagüe, alambicando la esactitud matemática de los re- 
» partidores , que construyen hasta de bronce, y conservando 
«el orden y policía de riego de un modo admirable, de que 
«son modelos dignos de estudio el juzgado de las aguas de 
«Valencia y el alporchon de Murcia. Solamente en estas, co- 
«marcas se han construido pantanos gigantescos, forzando á 
«la naturaleza á depósitos artificiales, porque nadie como sus 
«labradores ha comprendido el papel importante que repre- 
senta la humedad en el misterio de la vejetacion. Lo propio 
«sucede con los abonos , elemento cardinal , si no han de es- 
«terilizarse los mejores terrenos : en materia de estercoleros 
«y basuras á nadie ceden los valencianos; y ¡ojalá el furor de 
«recogerlos no los llevase al estremo de descuidar la educa- 
«cion primaria de los hijos, dándoles una espuerta en vez de 
«cartilla , y por escuela el camino real, á retaguardia de las 
«reeuas!» 

«Contraste con los grupos hasta aquí enumerados vienen 
á formar los tres restantes. El quinto le constituyen las ac- 
tuales provincias de Andalucía, los cuatro antiguos reinos. 
En esta región meridional de nuestra península la producción 
agraria debe mas á la pujanza del terreno, que al esmero del 
cultivo; sin que destruyan esta aseveración , continúa el se- 
ñor Caballero, parciales esfuerzos de contadas localidades, ni 

25 



pasen de escepciones los ejemplos que se advierten en de- 
terminadas haciendas de acaudalados y celosos propietarios. 
«La sobreabundancia de terreno para un reducido número 
»de brazos , enervados por el calor subtropical , tiene en el 
«mediodía establecido el método trienal que ideó al fin del 
«siglo XIV el italiano Barbo, muy luego generalizado por 
«Europa, y que todavía se conserva en muchas partes: acaso 
»se ha eternizado el nombre de su autor en el de barbecho.)) 
En Andalucía existe por lo común el cultivo estenso, que 
tiende á aglomerar, formando pedazos y dehesas grandes. 

>Por varias razones atendibles, como el agrupamiento de 
población en grandes estensiones de terreno, que llegan á 
formar términos municipales de mas de tres leguas cuadra- 
das, vastas dehesas donde se apacientan ganados estantes y 
trashumantes, la combinación particular de los montes, de 
los pastos y de las labores, y ser el país de menos casas de 
labor y mas terreno sobrante, ha considerado el Sr. Caba- 
llero un grupo aporte; el sesto, las dos provincias de Estre- 
madura, Badajoz y Gáceres. He aquí uno de los párrafos mas 
notables de este capítulo, que no vacilamos en copiar, pues 
se refiere á un asunto, sobre el que en otra parte hemos te- 
nido ocasión de llamar con insistencia la atención del gobier- 
no, con motivo de ciertas esacciones y abusos que se nos de- 
nunciaron, existentes aun, según creemos, y nada justifi- 
cados. 

«Las posesiones estensas de encomiendas , dehesas y quin- 
etos proceden generalmente de vinculaciones, de capellanías, 
»de corporaciones eclesiásticas ó del caudal de propios y ar- 
bitrios: las mas pertenecen á un solo dueño ó están pro- 
«indiviso. El mayor número de ellas se disfruta á solo pasto, 
«algunas á pasto y labor, que suelen esplotar cultivadores en 
«grande; aunque otras se arriendan á pequeños labradores, 
«reunidos al efecto. De las destinadas esclusivamenteal pasto 
«suelen aprovecharse todavía los rebaños de la ganadería fina, 
»que van de Sierra á Estremos; porque Estremad ura fué 
«teatro especial, donde la Mesta adquirió, gozó, y amplió con 
«mas holgura sus enormes privilegios , lo cual no aboga mu- 
«cho en favor de aquella agricultura. Si los estremeños hu- 
«bieran sido un pueblo verdaderamente agrícola, ¿cómo hu- 



387 

«bieran consentido los vejámenes sin cuento que llegó á 
«causarles la prepotencia de los ricos ganaderos? ¿No han 
«luchado sin cesar los valencianos con la encumbrada gran- 
«deza cortesana y con el Real patrimonio? Si aquí hubiera 
«venido la Mesta asolando los campos con sus cañadas y ve- 
«redas anchurosas, con su repugnante gracia de tanteo, de 
«impedir arromper, y de no alterar el precio de los pastos; 
«si estos entendidos y activos cultivadores se hubieran visto 
«invadidos de plaga tan funesta para la agricultura, de se- 
«guro la hubieran rechazado por todos los medios imagina- 
«bles, porque su existencia, y su vida, y su porvenir consis- 
«tia en la labranza. Por forluua cesaron las exacerbaciones 
«de aquel mal, aunque el virus permanece vergonzante á 
«título de asociación, revelando aun que España fué pastora, 
«y que la ganadería en vez de dividida y hermanada con la 
«labor, estuvo monopolizada en grande escala por ricos 
«magnates , que sojuzgaron á la pobre clase, labradora.» 

«Tócanos examinar el sétimo y último grupo; el mayor, 
y para nosotros el mas importante de todos. Compónenle las 
quince provincias de entrambas Castillas , incluyendo lo que 
antes fué el antiguo reino de León. 

«Con numerosos detalles é irrecusables datos prueba aquí 
el Sr. Caballero el estado de atraso y de abandono en que se 
encuentra la agricultura, ya culpando á los dueños del ter- 
reno por su imperdonable desden hacia el mejoramiento de 
sus fincas, atentos solo al aumento insaciable de estas, en 
próximas ó lejanas suertes, ya lamentando la escasez de 
criados y su consiguiente oposición á admitir mejoras que 
tiendan á reprimir sus malas mañas. 

«Combatiendo entre otros abusos perjudiciales al cultivo 
é interés del agricultor la tan generalizada en este país labor 
de muías, se espresa con incontrastable verdad de la si- 
guiente manera: «Porque es bien importante que se sepa por 
«todos lo que hasta ahora no he visto bien esplicado en nin- 
«gun libro agronómico, de los muchos que condenan la labor 
«de muías: que la continuación de titos animales en el cultivo 
«se d'be , mus que á los amos , á los criados. El propietario 
«agricultor y el colono que esplota tierras ajenas, pueden ver 
«conveniencias ciertas ó supuestas eu la fuerza , dureza, re- 



388 

»sistencia y agilidad de la muía, en que se presta á todo, al 
»arado, á la carga, á la marcha y al tiro de carruajes; pue- 
»den mirarla , en fin, como indispensable, donde la disper- 
«sion del terrazgo y la lejanía de las suertes piden en las 
«bestias domésticas presteza y movilidad ; pero así y todo, 
«¿dejará de impresionarles el capital escesivo de la compra, 
»lo caro de la manutención, los infinitos arreos, guarniciones 
»y atalajes que este animal exige, y lo completa que es su 
«pérdida, cuando muere ó se inutiliza? Vacilando éntrelas 
«ventajas é inconvenientes, haciendo un racional balance de 
«gastos y ganancias, no fuera difícil persuadir al sentido 
«agudo del interés que abandonase unas caballerías que por 
«tantos conceptos le impiden mejorar su situación; mas la 
«falanje de los mozos de muías se levanta contra estas aspi- 
«raciones, las desbarata y las hace imposibles; y si no logra 
«convencer al señor, cuando menos lo cansa y lo aburre. 
«Quien así habla , amen de la teoría y de la esperiencia aje- 
«nas, tiene la propia esperiencia : cuatro años seguidos ha lu- 
«chado tenazmente con sus domésticos sosteniendo yuntas de 
«bueyes; al quinto fué vencido con fuerza irresistible, por 
«mas que la razón protestase contra semejante violencia. 
«¿Cuál es el secreto de esta singularidad, que parece incom- 
«prensible?» 

«No podemos resistir á la tentación de copiar el magní- 
fico cuadro, de cuya verdad hacemos jueces á nuestros lecto- 
res , episodio digno de la obra , y que revela bien todo el 
talento del autor para las bellas descripciones y su profundo 
acierto para notar el mal poniendo el dedo en la llaga, como 
decirse suele. 

«Al alborear el dia veréis desembarcar por los egidos del 
«pueblo una tropa de gañanes, que van al aradero, distante 
«un cuarto, media, una y hasta dos leguas. Si hace frió, mar- 
«chan á pié detrás de la yunta; si no les basta para abrigo ó 
«para asiento cómodo la manta de non, disponen de las dos 
«de las muías; si andan estas de prisa, las toman de los ra- 
ímales para que templen el paso; si se cansan de andar, 
«montan en la muía déla mano, la izquierda; si les conviene, 
«van despacio; si se han retrasado, trotan; su voluntad y su 
«capricho esclusivos son la única ley, ellos los únicos jueces; 



389 

»la muía , si no es dócil ni humilde, es acomodaticia. Al. me- 
«dio dia tienen el descanso, ó dan de mano; reúnense criados 
»de amos diversos en un punto escogido, cerca del aguadero) 
»allí comen sosegados, y se solazan en conversaciones peca- 
«miñosas, en el juego de naipes, en el tiro de burra, en sal- 
»tar y forcejear, robando á la obrada dos ó tres horas de 
«trabajo. ¡Se hace tan corto el tiempo para los que han de 
«murmurar de las casas de los amos y del pueblo entero! ¡Se 
«deslizan las horas tan inadvertidas cuando se chismorrotea 
»á cuatro vientos, tirándose el dinero, ó contendiendo sobre 
«quién es mas hombre! Pues añadid que se juega al truque 
«una arroba de vino, á una legua de la taberna mas próxima: 
«mientras se decide por la suerte , por la habilidad ó por las 
«trampas quién ha de pagar, va un mirón á traerlo, caba- 
«llero en la muía que habia de comer y descansar : la huelga 
«se prolonga indefinidamente , porque el trailon se entreten- 
«drá con los camaradas del lugar el tiempo que quiera. ¿Qué 
«importa, habiendo caballerías que suplan la falta? Con cua- 
«tro latigazos y soliviar el arado, en vez de apretarlo, se sale 
«del paso en breve rato; se simula la obrada para engañar 
«al amo, aunque el barbecho quede meramente rastrillado en 
»la corteza , que es lo que con cinismo llaman poner negra 
»/a tierra. Afortunadamente se ideó en estos países el arar 
«por lomos , y la separación de las paralelas queda al gusto 
«del consumidor; cuanto mas de prisa mas claro. Otra escena 
«tan esacta y frecuente como la anterior : el mozo de muías 
«va á acarrear mieses en la madrugada , tumbado en la caja 
«del carruaje, por mas seguridad y conveniencia, se duer- 
«me profundamente. ¡Pasó la noche rondando sin descansar! 
«y la yunta marcha por donde la lleva su instinto ; despierta 
»el gañan y se encuentra media ó una hora apartado del ga- 
«villar á donde iba. Tampoco importa; ¿qué ocasión mejor 
«de aprovechar la ligereza de las muías? Ellas le sacarán del 
«apuro sin que se note la tardanza. Y como si los pobres 
«animales tuviesen la culpa de la pesadez de su sueño, los 
«maltrata con la yara del látigo, y en cuatro galopes y trotes 
«recobra el tiempo perdido. Milagro hecho á costa de la yunta 
«que sufre, del carruaje que se deteriora y del amo que todo 
«lo paga: hazaña en que únicamente gana el amor propio 



«del criado, orgulloso de haber faltado impunemente á su de- 
»ber, cual pudiera estarlo de un acto de virtud. Todavía 
«tiene el gañan otros motivos para preferir la raza maldita; 
«repantigado sobre la yunta, agobiada de campanillos y cen- 
cerras, avisadores de su derrotero, la guia como mejor le 
»place , fachendeando por donde está I-a novia , que para él 
»nunca es rodeo. Beben, item mas, las muías de todas las 
«aguas, aun salobres y turbias , y comen lo que les dan y 
«cuando se lo dan , por mas que al dueño le cuesten cuatro 
«celemines de cebada diarios, y el mozo se precie de buen 
«potrero ¿Pueden hacerse estas y otras muchas cosas dispa- 
«ratadas con toda clase de ganado? ¿Se avendrán los que así 
«obran á manejar el boyal ó vacuno? De ninguna manera: 
«con este han de ir siempre á pié ; á paso acompasado y tar- 
»do, sujetarse á las horas de estilo y vivir con mas cuente; y 
«sabido es que la sujeción , el régimen y la disciplina son en 
«la gente bravia el dogal mas insoportable. El que no com- 
«prenda de este modo una de las principales causas, la mas 
«poderosa quizá, del sosten de la labor de muías, contra las 
«predicaciones de los buenos agrónomos, contra los esfuerzos 
«de propietarios inteligentes y contra el positivo interés de 
«los labradores, no ha visto clara la cuestión, ó la ha estu- 
«diado muy por encima. En prueba de que no es motivo 
«bastante el de las distancias y separación de las suertes, 
«véase que donde predomina el errado sistema , ni aun los 
«que tienen el terreno conjunto y cercano pueden lograr el 
«sustituir los bueyes; y en corroboración de que tampoco es 
«suficiente causa la falta de prados naturales , repárese que 
«en muchos puntos donde los hay usan muías, y que en 
«cualquiera parte saben criar para estas toda clase de forra- 
«jes en lo mejor de las heredades. La causa que yo espongo 
«es mas eficaz, porque la generalidad de los amos solo ve 
«por los ojos y por el criterio del doméstico, y porque el in- 
terés de este prevalece donde hay pocos gañanes en que 
«escoger, y muchos amos que los soliciten y que los mimen. 
«Hay que añadir aun, que las habilidades que con las mu- 
sías se hacen para truhanerías del zagal, sirven á veces para 
«satisfacer caprichos del dueño, que llega á convenir en que, 
«á pesar de los defectos de este ganado, al fin tiene su lado 



391 

»bueno y aceptable. ¡Desdichados! La labor mular es uno de 
»los mas fatales vicios de nuestra agricultura , como la han 
«evidenciado las eminencias cientííicas y prácticas; pero aun 
»lo publican con elocuencia de reconvención sarcástica, aun- 
»que muda, los países mismos que crian esle fatal ganado, 
«dejando de usarlo en sus labranzas y vendiéndolo á buen 
»precio á los sencillos castellanos y á los rumbones manche- 
»gos. Estos se contentan con apacentar en sus dehesas am- 
amales bravos de astas agudas, para que luzcan en la lidia 
»bárbara de la plaza de toros, destripando caballos, y ha- 
»ciendo necesaria la prevención del Santo óleo.» 

«Entra el autor después á hacer reflexiones importantes 
sobre la gran distancia que tienen que recorrer para labrar 
las tierras, efecto de la indiscreta y arbitraria división y sub- 
división de las suertes en cada distrito concejil , tanto que 
para hacer una obrada regular, no baja de una legua el ca- 
mino medio que cada dia se anda. «De esta manera inconve- 
niente de cultivar, y de sus eventuales resultados , procede 
«necesariamente que al labrador le falte la conciencia de su 
«poder industrial, que no tenga fe en sus esfuerzos, que lo fie 
»todo á la Providencia, que sea indolente y descuidado en 
»las operaciones mas eficaces, cuales son la escarda , el apro- 
«vechamiento de los abonos y el del riego. Con surcar tantos 
«rios las Castillas , es reducidísimo el número de tierras que 
»se riegan.» 

«Fijan el colorido de este interesante cuadro juiciosas 
observaciones sobre los arrendamientos cortos , perjudiciali- 
simos al arrendador y al arrendatario ; sobre la pugna abier- 
to entre ganaderos y labradores ; sobre el desdichado método 
de año y vez; y finalmente, llama la atención hacia la cos- 
tumbre recien introducida en algunos pueblos de Castilla, 
respecto á soldadas de criados, que pudiera servir de ensayo 
á la mejor inteligencia entre amos y gañanes , á enlazar los 
intereses de unos y otros , hoy poco conformes. «Las dos ó 
«tres fanegas de siembra que, á mas del salario suele conce- 
«derse á los criados , en tierra del amo, con su propia labor y 
«en la misma era , se ha fijado en la cantidad de trigo que 
«corresponda al respecto de cómo sale la cosecha ; medio que 
«pone el doméstico en el deseo de que coja mucho su señor, 



392 

«puesto que su parte ha de crecer en igual proporción. A 
«los que comprenden cuánto importa arreglar equitativa- 
»mente las relaciones entre el capital y el trabajo, entre el 
«empresario y el obrero, cual acostumbran á entenderse co- 
«merciantes y dependientes, no les parecerá inoportuna la 
»cita del hecho, ni la indicación de las aplicaciones : pues si 
»con igual espíritu se concertase el total de la soldada y la 
«generalidad de los salarios, ganaría mucho la moral de los 
«sirvientes , identificándose sus intereses y los de los amos.» 
«Una importante , aunque ligera reseña de las disposicio- 
nes mas notables de la legislación moderna en la materia , y 
un cuadro estadístico del valor y rendimientos de la propie- 
dad territorial, formado en 1838 por el buen patricio, dipu- 
tado por Valencia, D. Vicente Sancho, dan fin á la primera 
parte de la Memoria, resumiendo, como epílogo, lo espuesto 
hasta aquí en las siguientes conclusiones. 

Copia las ocho contenidas en el resumen, pági- 
nas 102, 103 y 104, y luego prosigue: 

«Una observación propia hace, en fin, el Sr. Caballero, 
digna de apuntarse , relativa á la común opinión de calificar 
á los habitantes de nuestras provincias , atribuyéndoles cua- 
lidades especiales y caracteres propios, debiendo advertir 
que «por do quiera hay de todo ; y así yerra el que supone 
«que todos los moradores de un distrito tienen el carácter 
«genérico, como el que sostiene que en nada se distinguen 
»unos provincianos de otros.»— Bajo este concepto divide en 
tres grandes zonas toda la península; septentrional, meridio- 
nal y central, atendiendo á las razas que las ocuparon, sin 
que sea decir por esto que la regla sea aplicable á todas las 
individualidades. — «En la primera zona domina la subdivisión 
de las tierras, en la segunda la escesiva acumulación , y en 
el centro se encuentran mezclados ambos estremos. En la 
banda del Norte hay menos poder vegetal en el suelo y mayor 
esfuerzo en el cultivador; al Mediodía pujanza en la madre 
tierra y languidez en sus hijos ; en el interior indecisión y 
mediocridad. De manera, que tan diferente como aparece el 
origen genealógico, son heterogéneas las condiciones sociales 
y agrarias de cada territorio; y de aquí la dificultad de me- 



393 
didas generales que hayan de aplicarse á todas las provincias 
de la monarquía.» 

»Vamos á entrar en el examen de la parte segunda de la 
Memoria , en el de la mas principal y delicada, relativa á la 
esposicion de obstáculos y de los medios de vencerlos, para 
fomentar en España la población rural. 

»Si resaltan en la parte primera las grandes cualidades 
del Sr. Caballero, como pintor ingenioso é inteligente, histo- 
riador esacto y concienzudo, observador diligente y profundo, 
no menos en la segunda se advierten las de lógico distinguido 
y consumado, previsor y sagaz político, moralizador elocuente 
y modesto, amante de la felicidad de su patria y de sus con- 
ciudadanos. 

»De conformidad con la opinión de la Academia de Cien- 
cias morales y políticas pasa á dividir los obstáculos que se 
oponen al desarrollo y aumento de la población rural, en físi- 
cos, legales, económicos y sociales. 

«Pertenecen á la clase primera la escasez de aguas po- 
tables y de riego en algunas comarcas; la dificultad de las 
comunicaciones, así por lo desigual y quebrado del terreno, 
por los fangales , atolladeros y tremedales, como por la falta 
de puentes para el paso de los rios y arroyos torrentosos , y 
la de caminos vecinales , cuya necesidad se siente cada dia 
con mayor imperio. Añádese á esto la escasez de materiales, 
sobre todo de piedras y mezclas para edificar casas en ciertos 
campos , pues ni aun las tapias de tierra pueden aprovechar 
por la mala naturaleza del terreno. — A los que puedan creer 
también un obstáculo la falta de brazos para el cultivo, con- 
testa victorioso que «constituida toda la familia labradora 
«sobre el terreno que ha de cultivar, cada dia mas reducido, 
«según mejoren los métodos, puede con su continua asisten- 
«cia suplir muchos brazos, máximo en perdiéndola de vista el 
«ojo vigilante de su dueño:» terminando con el resumen si- 
guiente: «Los obstáculos de la clase de invencibles entran 
«por poco en el atraso de la población rural de España, que 
«los mas son superables en sí mismos y lo serian mejor si á 
«la par se removiesen los que nacen de la legislación , de las 
«costumbres , de las preocupaciones y de la ignorancia : y 
»que no deben tomarse en cuenta las diferencias del clima 



394 

»por grandes que sean en la Península , pues destinado el 
«género humano á multiplicarse y llenar la tierra , la puede 
«esplotaren todas partes, así en la nebulosa Inglaterra como 
»en la submarina Holanda , como en las vegas tórridas de las 
«Antillas. Primero se esplota lo que mas produce; cuando 
«falta lo bueno, se emprende con lo mediano , y cuando hay 
«que apelar á lo malo, el gran valor á que han subido las 
«cosas hace aceptable lo que parecía improduc tibie.» 

«Entre los legales, tan sabiamente investigados como bri- 
llante y estensamente desenvueltos por el autor, se encuen- 
tra la escepcion, malamente justificada, de la desamortiza- 
ción de terrenos de aprovechamiento común; los restos d e 
los odiosos privilegios de la Mesta , vergonzantemente reple- 
gados en la Asociación general de ganaderos ; la deferencia 
que hoy tiene la administración con los hacendados foraste- 
ros, habiendo dado en el estremo opuesto, pues que antes se 
daba lugar al abuso y vejamen en el impuesto por los pue- 
blos , y hoy se tiene á aquellos por de mejor condicio n que el 
labrador que se ocupa en cultivar sus propias tierras: la idea 
hasta aquí dominante en los gobiernos de fundar colonias - 
pueblos , y no población rural ; y mas que todo la falta de 
protección y estímulo al labrador que vive en el campo. — 
«La administración, concluye muy bien, no es tan cruel 
«como antes solia ; ha dejado de ser tiránica, pero no es pro- 
«tectora : se limita á recaudar lo mas posible , á escudriñar 
«el último rincón donde se produce algo, para echarle el gra- 
«vámen encima. Falta que piense en convidar al establecimien- 
«tode fincas y casas rurales , en premiar la laboriosidad del 
«los campesinos, aliviándolos, y, sobre todo, en corregir con el 
«recargo el abandono, el egoísmo, la pereza y la indolencia 
«¿Cuánto pudieran hacer las leyes y reglamentos de Hacienda, 
«partiendo de estas trascendentales bases?» 

«Los económicos , los relativos á los gastos y ganancias de 
cultivo, á los medios de adquirir comestibles , herramientas, 
utensilios, etcétera , ala dificultad de obtener pequeños 
ahorros para hacer mejoras agrícolas , la ineficacia de los 
pósitos y la escasez todavía de bancos agrícolas para auxiliar 
al labrador, son, aunque graves, no tan difíciles y costosos 
de remediar como los sociales, los que se refieren al estado 



395 

ocial del país , influido por las leyes y los hábitos generado- 
res de las costumbres del pueblo, y los que emanan de las 
ideas y opiniones dominantes en la generalidad de los labra- 
dores que discurren. — Al tratar de este punto sentimos no 
podernos estender copiando los bellos rasgos con que están 
trazados, como de mano maestra , las costumbres, el espíritu 
que reina entre las gentes labradoras , y la decidida aversión 
á residir solos en el campo. Pero no podemos menos de dar á 
conocer con mayores detalles lo relativo al obstáculo capital, 
al obstáculo supremo, al que mas ha estorbado y seguirá im- 
pidiendo el crecimiento de la población rural: «Aunque es 
«físico en sus efectos , porque físicamente hace imposible la 
»finca rural y la casería , lo he colocado entre los estorbos 
«sociales, pues al fin y al cabo es obra del hombre, que la 
«ciencia y las costumbres pueden enmendar. Hablo de la di- 
)WÍsion de la propiedad territorial, como hoy se encuentra: 
«pocas veces en pedazos convenientes , en algunos casos esce- 
«sivamente acumulada, y, por lo general, subdividida y en- 
«tremezclada de un modo pasmoso.» Comprueba esto perfec- 
tamente el Sr. Caballero con un cuadro en que se hallan re- 
sumidos los datos oficiales de la parcelación del territorio 
hecha, hasta ahora, en algunas provincias; y termina este 
capítulo importante con un croquis en que demuestra el tra~ 
bajo perdido, el mal cultivo y los inconvenientes graves de * 
fraccionamiento, no sin lamentar las mil y una dificultades 
que ofrece á la formación del coto redondo, al establecimiento 
de la verdadera población rural. 

«El coto redondo habitado es únicamente el que puede 
«manejarse bien y con todos las ventajas para el productor, 
«para el consumidor, para el comercio y para el Estado; y á 
«pesar de ser esto tan claro y tangib!e , el fraccionamiento 
«de las heredades es tal , que hace imposible la construcción 
«de casas de campo con el predio ajeno. Para demostrar que 
«esa imposibilidad es efectiva y que entre por los ojos la 
«evidencia , presentaré uno de los millares de casos que exis- 
«ten por do quiera. Está tomado de una villa de cuatrocien- 
«tos vecinos , de Castilla la Nueva , y lejos de haber escogido 
«una escepcion exagerada , protesto que dista tanto de serlo, 
«que el labrador propuesto no posee fincas en los pagos mas 



396 

«lejanos, ni las tiene de tan corta cabida como otros de sus 
«convecinos.» 

«Aparece que ese labrador de par de muías maneja 110 fa- 
»negas de puño, equivalentes á 27 hectáreas , y que las tiene 
«divididas en 51 pedazos discontinuos , que salen á 53 áreas 
»de superficie, por término común. ¿Puede imaginarse si- 
guiera que en esta hacienda se establezca casa de campo? 
»¿En cuál de las suertes se hará el edificio, que conserve en 
«derredor espacio suficiente para la circulación de las perso- 
«nas y de los animales? ¿En qué pedazo se simará la familia, 
«que no tenga los demás á distancias semejantes á las que 
«los separan del pueblo? ¿A qué fin dejar el domicilio querido 
«y la buena compañía de deudos y amigos, si no mejora la 
«posición del cultivador respecto de sus hazas? ¿Quién ha de 
«ser tan insensato que, en estas condiciones de terrazgo dis— 
«perso, quiera ni pueda sacar la población agrícola de los 
«lugares en que mora , para llevarla á vivir en descampado?» 

«Introducid en nuestra labranza todos los aparatos y mé- 
«todos de buen cultivo que sanciona la ciencia esperimental: 
«plantead leyes hipotecarias de crédito territorial , y bancos 
«agrícolas sabiamente combinados: ilustrad cuanto es posi- 
«ble á los labriegos, y que amen de todo les vengan dos ó 
«tres años de cosechas abundantes. Como las tierras continúen 
«despedazadas, os anuncio que nada sólido y durable se ha- 
«brá hecho en favor de la población rural. Es como si dierais 
»á un fabricante la máquina mas portentosa con las piezas 
«separadas , y sin que las pudiera armar: es como pretender 
«que un general bata á un gran ejército enemigo, teniendo 
«el suyo en pelotones sueltos , que no puede reunir ni mo- 
»ver. Y si os pareciesen poco adecuados los símiles, tomad 
«otro bien apropiado: es como tener un escrito de 200 folios, 
«encuadernado hoja por hoja en 200 volúmenes de obras 
«diferentes y cada obra en distinta biblioteca; se puede lo- 
«grar el leerlo yendo y viniendo de local en local , de sala 
«en sala, y cogiendo y dejando los 200 tomos; pero comparad 
«este trabajo con la facilidad que ofrece la reunión del escrito 
«en un solo libro, y tendréis una idea de las inconveniencias 
«del fraccionamiento y de la utilidad del coto redondo. ¿Qué 
«valen los estorbos físicos vencibles,, ni los legales y económi- 



397 

«eos, que se han mencionado, en comparación de este formi- 
»dable obstáculo? El solo basta para impedir eternamente la 
«población rural legítima , y de aquí la importancia suma de 
»su remoción. Costoso, largo, dificilísimo ha de ser el supe- 
ararlo; mas no siendo de todo punto imposible , á ello deben 
«encaminarse todos los esfuerzos.» 

«Al entrar el Sr. Caballero en la esposicion de los Medios 
de fomentar la población rural., no puede menos de insistir 
en la inconveniencia del antiguo sistema de cultivo estensivo 
y fijarse en el intensivo ó de perfección , debiéndose emplear 
para conseguirlo mas que medios directos fundados en racio- 
nales observaciones científicas, los indirectos que chocan 
menos con las costumbres arraigadas , y se aceptan mejor por 
la generalidad. Desecha por poco eficaz el sistema de estable- 
cer colonias, y volviendo á la idea de la casería con su ter- 
razgo, ó coto redondo acasarado, en él funda el verdadero 
medio de desarrollar perfeccionando en nuestro suelo la in- 
dustria agrícola. El gobierno, las asociaciones ó empresas , y 
los particulares pueden y deben contribuir, cada cual por su 
parte, á vencer los obstáculos enunciados en el capítulo pre- 
cedente. 

«Respecto de los físicos superables, señala tres especiales» 
que pueden remediarse: la falta de población, abriendo las 
puertas á los estranjeros, que con la tolerancia y las vias 
férreas no hallarán dificultad en venir á nuestro país; la es- 
casez de aguas, generalizando el gobierno y las empresas el 
sondeo de pozos artesianos; y los caminos vecinales, con los 
recursos naturales de que puede disponer una voluntad firme, 
pues mas ha conseguido en alguna parte un alcalde con dis- 
creción y energía, que se alcanzara solo con proyectos y di- 
rectores de caminos. Entre los legales, fáciles de remediar 
desde luego, están la venta y repartición de terrenos comu- 
nes en porciones convenientes, y la abolición completa de 
los privilegios que aun conserva la ganadería en grande. En 
cuanto á los económicos bastará para proporcionar fondos á 
la clase labradora , prescindiendo de que los sobreprecios na- 
turalmente se nivelaran con el aumento de población, re- 
currir al conocido medio de los bancos agrícolas , de las ca- 
jas de ahorros, de préstamos y de seguros, asunto ensayado 



398 

con buen éxito. Mas pesado y de mas largo tiempo es el aca- 
bar con los obstáculos sociales] pero con una división muni- 
cipal acertada y que se hermane con la parroquial bien en- 
tendida , y estableciéndose la guardia rural, según han pro- 
puesto varias diputaciones y juntas de agricultura, se habrá 
adelantado mucho para vencer la repugnancia que hoy tiene 
el labrador á vivir con su familia en el campo. 

No podemos detenernos, como quisiéramos, en detallar 
las ventajas del coto redondo acasarado, como las comprende 
con su buen juicio y profundo conocimiento en la materia el 
autor de la Memoria ; pero sí vamos á tomar algunos párra- 
fos del magnífico paralelo que hace entre el labrador vecino 
de pueblo y el labrador que vive en coto redondo. 

«El morador de la casería tiene horizonte y cielo propios, 
»vistas, perspectivas y cuadros peculiares, sonidos y ruidos 
«especiales que escuchar: en el pueblo todo es común de to- 
»dos. Al campesino, cuantos objetos hay en la heredad ó es- 
»tán al alcance de su vista , le sirven de cuadrante gnomó- 
»nico y de anemómetro : no tiene espadaña ni veleta, y las 
»campanas de los lugares circunvecinos, cuyos débiles tim- 
»bres distingue perfectamente , á mas de darle las horas, le 
«marcan la dirección de las undulaciones sonoras en la ma- 
»yor calma atmosférica. Colocado en el centro de su patri- 
monio, es el único señor de la finca , el legislador absoluto 
»de su gobierno, el solo administrador de cuanto abarca la 
«circunferencia , que es la frontera de sus dominios; patri- 
»monio, reinado y dominio, de que incesantemente se ocupa, 
»en que esclusivamente piensa. El lugareño apenas sale de 
»la puerta de su casa, va atravesando calles y caminos de 
»uso público, cruzando propiedades estrañas , echando ó su- 
»friendo servidumbres, con el pensamiento disipado é in- 
acierto, del viajero desvanecido en el laberinto de aduanas 
»del Zoll-verein ; la acera de su propia morada , que le hace 
scostear la policía urbana , no puede ocuparla , porque el uso 
^pertenece a todo el mundo. Vivir en un sitio fijo del campo 
»da mucha esperiencia , y gran conocimiento de cuanto acaece 
»en aquella atmósfera y en su zona inmediata, de los tem- 
sporales y meteorología peculiar de la localidad , de la natu- 
raleza geológica del suelo, y sus relaciones con el territorio 



«circunvecino, de la botánica y zoología de aquel pago y de 
«cuanto allí sucede, de dia y de noche , en cada estación, 
»uno y muchos años; porque la superficie es continua , sin 
«enclavados ajenos, y circunscrita, mas homogénea, con 
«menos alteraciones ó influencias mas constantes, y puede 
«llegarse á apreciar la manera mas conveniente de obrar para 
«el tempero de las labores, la distribución de plantas. y gra- 
«nos , la sazón de la sementera y de las demás operaciones: 
«mientras que el agricultor de poblado va como ave de paso 
«por sus desparramadas hazas, conociendo poco de todas, 
«nada fundamental de cada ura : porque en suertes diversas 
«y distantes, en que apenas se detiene, han de variar las 
«calidades , las esposiciones, las altitudes y los agentes este- 
«riores, perdiéndose el labrador en cong'turas, sin poder 
«abarcar tantas concausas. El campesino llega á aprender 
«las condiciones intrínsecas del terreno, observando de con- 
«tinuo, despacio, calicatándulo con frecuencia , y notando el 
«efecto de la lluvia, del aire, del frió y del calor, de la luz y 
«demás fuerzas productrices : así adquiere el conocimiento de 
«lo que manipula , y la regla de su conducta. El lugareño 
«apenas tiene tiempo para dar las rejas precisas , molido del 
«camino andado en la madrugada, y ansioso de que no se le 
«haga tarde para desandarlo ; acaso , y sin acaso , conoce 
«mas de las labores de sus convecinos que atraviesa con cu- 
«riosidad rival , que de la suya propia , que solo á ratos exa- 
«mina, por el prisma de las preocupaciones.» 

«Después de reseñar como ventajas el mejor conocimiento 
de lo que el labrador de coto redondo maneja , el aprovecha- 
miento del tiempo, la vigilancia y el cultivo económico é 
intenso, pasa á enumerar las mejoras materiales y morales, 
esponiendo entre otras cosas sobre las primeras lo siguiente; 

«También podrá efectuarse con la población rural en co- 
stos otra reforma importantísima, imposible hoy en Castilla, 
«la sustitución del ganado mular por el boyal. Ya se ha de- 
«mostrado que las distancias á que se labra hoy son la ra- 
«zon del sosten de las muías, influyendo además la falta de 
«pastos para los rumiantes: pues en el coto acasarado se evi- 
»ta la ambulancia y hay mas medios de procurarse pastos, 
«ya naturales , ya artificiales. Mientras la propiedad esté tan 



400 

«fraccionada, como se encuentra en lo general, serán vanas 
»las predicaciones , los ejemplos , y cuantos esfuerzos se ha- 
»gan por introducir la labor de bueyes, donde labran con 
«muías: estas subsistirán, porque pueden hacer las marchas 
»y mudanzas diarias, á que se niegan el buey y la vaca. Y 
«contribuirá poderosamente al aumento de prados y pastos 
«el mejor aprovechamiento que el campesino hará de las 
«aguas, tanto llovedizas, como corrientes, manantiales ó es- 
«tancadas. Allanando los declives, escalonando las laderas en 
«bancales y encauzando los arroyos y torrentes, hará que no 
«se malogre la savia y sangre de la tierra : perforará el suelo 
«para utilizar en pozos y minas los resudaderos , filtraciones 
«yaguas colgadas, y convertido en zahori, como el vulgo 
wllama á los ingenieros hidráulicos, observará las junqueras 
«y otras plantas indicantes de humedad, se fijará en algún 
«venero inperceptible, y haciendo frecuentes calicatas, por 
«diferentes sitios, alcanzará tal vez aguas copiosas. Descar- 
«tando las acequias notables, que dejaron los árabes en Gra- 
«nada, Valencia, Murcia y alguno otro punto, y los riegos 
^artificiales y de sazón del campo de Tarragona ; y prescin- 
«diendo de algún canal moderno , como los de Aragón y de 
«Castilla , es poquísimo lo que se aprovechan nuestros rios, 
»y no mucho lo que se riega con anorias , cenias, cigüeñales 
«y otras toscas máquinas , por mas que Daimiel ostente la 
«escepcion de siete mil norias de cruz, á beneficio de un 
«suelo hid rateo. Esperemos que favorezcan los propósitos de 
«los campesinos laboriosos, la multiplicación y la baratura 
«de los pozos artesianos. Todavía será mas fácil y seguro en 
«las casas de campo el fomento de plantíos y arbolados, así 
«de viñedos y olivares, como de frutales y alamedas, para 
«leñas , aperos y construcción , que cada dia escasean y 
«cuestan mas. Al proverbial descuido de los castellanos, en 
«materia de árboles, ha contribuido mucho la mala distri- 
«buciou de las tierras y la falta de caserías. ¿De qué sirve 
«que un particular celoso plante árboles en sus fincas del 
«campo, si desde la cabra á la caballería mayor, y desde el 
«muchacho al anciano, todos los traseuntes son enemigos de 
«la plantación? Viendo el furor maniático con que en muchos 
z>de nuestros pueblos se conspira contra cualquier árbol, que 



401 

«existe ó aparece, no he podido menos de compararlo al 
«instinto de embestir de los toros jarameños. En gran parte 
»de Castilla , un grupo de árboles , una alameda , es un 
«oasis en el desierto: presentar una mata verde y undulante 
»á ojos no acostumbrados á verla con placer, es enseñar un 
«espantajo en el redondel para que acometa el vicho criado 
«en la soledad de una dehesa. Tan solo en las posesiones 
«habitadas del campo suelen conservarse choperas y alame- 
«das , pues están guardadas; y esto nos enseña que, sem- 
«brado el terreno de caserías , se poblaría también de arbo- 
«lado, con grandes ventajas particulares y generales, au- 
«mento de combustible y de maderas, y sobre todo mejora- 
amiento del clima para la salud y para facilitar las lluvias 
«y los manantiales.» 

«Al pasar á ocuparnos de la última parte de la obra que 
venimos examinando, del último capítulo, referente á las 
Objeciones y respuestas , no podemos menos de reconocer y 
manifestar con gusto, que encontramos al aulor á la propia 
altura en que le venimos viendo , sobre todo , como lógico 
consumado y hombre eminente de gobierno. 

» Catorce son las proposiciones en que ha formulado el 
Sr. Caballero los principales argumentos que contra sus 
ideas y propósito capital pueden hacerse; y con tal lucidez, 
copia y contundente fuerza de razones ha sabido dar solu- 
ción á las objeciones , que solamente por sistema , por espí- 
ritu de partido, ó no haciéndose bien cargo de las respuestas 
puede comprenderse que haya quien no se dé con ellas por 
satisfecho. 

«En la imposibilidad de dar conocimiento á nuestros lec- 
tores de todas y cada una de ellas con sus correspondientes 
soluciones, vamos á tomar algunos párrafos de la respuesta 
á la objeción 12. a , una de las mas fuertes y principales , re- 
ferente á poderse creer atacado el derecho de propiedad con 
la propuesta de acumulación de las tierras menores , y de la 
partición de las mayores, para la formación de cotos redon- 
dos y fomento de la población rural. 

. «La propiedad, por mas que se considere instintiva, ha 
«recibido su bautismo de la ley civil , que la ha arreglado y 
«modificado en todos los tiempos, conforme á las exigencias 

26 



402 

»del estado social. En Castilla no puede el dueño disponer de 
»sus bienes por testamento, sino del quinto , cuando tiene 
«herederos forzosos ; en Navarra tienen los padres libertad 
«absoluta de disponer de sus bienes, aun en favor de estraños, 
»sin mas restricción que la legítima foral de los hijos , con- 
»sistente en cinco sueldos y una robada de tierra; y en la 
«corona de Aragón la legítima de los hijos se limita á la 
«cuarta parte, pudiendo el padre disponer de las otras tres 
«cuartas á su libre voluntad, aun en favor de estraños. Lo 
«común en Cataluña es que nombre heredero al hijo mayor 
y)[hereu), ó á la hija (pubilla) en su defecto; pero potestad fa- 
«cuhativa le da el fuero para hacer lo que estime, y de ahí 
«que sean frecuentes los fideicomisos temporales limitados á 
«la segunda generación , y que por lo tanto no son mayo- 
«razgos. Pues si al propietario legítimo, al padre amante 
«como nadie de sus hijos, al que mas derecho tiene á dispo- 
«ner de lo suyo , y al que mejor siente las circunstancias de 
«su familia, le ha puesto trabas tan fuertes y diferentes el 
«legislador, ¿por qué miráis como una novedad inaudita 
«una simple modificación, que no altera las cuotas de la 
«herencia, y que meramente se limita á la forma de la ad- 
judicación?» 

«No respetar la propiedad es conturbar el orden ; pero 
«negar al supremo poder legislativo la facultad de ampliar 
«ó restringir sus límites , es una blasfemia jurídica, con ri- 
«betes de hipocresía perniciosa. Los que en la cuestión pre- 
«sente invocan celosos el derecho de propiedad , ó padecen 
«escrúpulos monjiles, ó están preocupados por el peligro de 
«las circunstancias , en términos de no ver lo que á cada mo- 
«mento acontece, ó se han olvidado de que en las naciones 
«mas civilizadas el derecho del público está mas alto que el 
«derecho individual. ¿No hay en toda Europa, desde la au- 
«tocrática Rusia hasta la libérrima Bélgica, ley de espropia- 
«cion forzosa por causa de utilidad pública? Pues decidme 
«meticulosos, ó nimios, si la propiedad particular cede, 
«previa indemnización, al interés de la comunidad, ¿queréis 
«eternizar el mal gravísimo de la subdivisión de las tierras 
«por empacho dominical? ¿Importa menos á la prosperidad 
«de la nación que el suelo cultivable esté bien distribuido, 



403 

«que la alineación de una calle, ó el ensanche de la Puerta 
»del Sol? Habéis callado cuando se estropea una finca atra- 
vesándola con un paseo, ó cuando se la invade y socava 
»esplotando minerales ¿y levantáis el grito porque se in- 
»tenta regenerar la agricultura, fomentando la población 
» rural de todo el reino?» 

«Trabajo cuesta el ocuparse en demostrar lo que es evi- 
»dente con solo abrir los ojos á lo que todo el mundo ve y 
»palpa: que no hay día ni momento en que el individuo no 
»esté cediendo á la comunidad de su derecho particular, por 
»lo que el Estado hace en su pro. Ningún sacrificio mas fuer- 
»te que pedir al propietario labrador la quinta parte de lo 
»que gana al año con el capital y el sudor de su frente, y se 
»le exige, y arrebatarle sus hijos sin indemnización de ningún 
»género , y se los quitan por ocho años para que vayan acaso 
»á morir en un hospital ó de un balazo.» 

«Daremos por terminado ya nuestro trabajo trasladando 
en resumen el proyecto de ley con que , como complemento 
de la Memoria ha adicionado el Sr. Caballero la segunda edi- 
ción de su importante obra.» 

Y concluye copiando testualmente los consideran- 
dos y el proyecto de ley articulado del final de la Me- 
moria, desde la página Tl\ á la 282. 

El Eco de Castilla (Burgos) , 27 Enero 1864. 

»Mucho tiempo ha que nos lamentamos del atraso de E ¿ a ^¡ia e 
nuestra agricultura. Mucho tiempo ha que nos dolemos del 
abandono en que yace el fértil suelo de la Península, bus- 
cando en medio de tanta farsa é inmoralidad cómo crecen y 
bullen en el campo de la política remedios contra los males 
de que nos lamentamos y dolemos en el campo agricultor. 
Varios é impracticables por nosotros han sido los que nues- 
tra imaginacioa ha alcanzado, contándose entre ellos el au- 
mento de población rural y un buen código que satisficiese 
las necesidades que, tanto para su particular existencia, 
como para la seguridad de su vida y su industria, se obser- 
van en el morador de los campos. 

» Coincidiendo con nuestro pensamiento, aunque no en 



404 

todos sus detalles, hemos visto apareeer la bien escrita Me- 
moria del Sr. D. Fermín Caballero sobre los medios de fo- 
mentar la población rural , destinada , sin duda , á ejercer un 
saludable influjo en el adelanto y porvenir agrícola de Es- 
paña ; y vamos á dedicarle algunas observaciones que nos 
sugiere tan importante trabajo, bajo la forma de un corto 
análisis crítico. 

«Indudablemente está la Memoria, escrita con corrección 
y pureza de forma, con inteligencia y buen criterio, y sobre 
todo, campean en ella el orden y buen método con que se re- 
lacionan y ligan los diversos puntos en que se divide. 

«Estamos de acuerdo y creemos que nadie discutirá acerca 
de la verdadera significación de la frase Población rural; 
el buen sentido lo dicta , sea por las palabras del Sr. Caba- 
llero, sea con estas otras: Población rural es el conjunto de 
gentes que viven en el campo sin formar pueblo grande ni 
pequeño, sino constituyendo por sí un gran pueblo esparcido 
que se ocupa esclusivamente en hacer producir la tierra y 
en perfeccionar y hasta variar de forma sus productos para 
darles mayor valor. 

«Divide el Sr. Caballero después las provincias de España 
en grupos que ocupan correlativamente sin orden y lugar 
en la Memoria, según el estado de su población rural y por 
consiguiente de su adelanto agrícola, pues son dos cosas tan 
inseparables, que casi pudieran reducirse á una. Establece 
luego los medios que cree conducentes para el fomento de la 
población rural , y concluye sometiendo á los representantes 
del país un proyecto de ley que favorezca el medio que pro- 
pone y sirva de estímulo á las gentes que, ya que no en bien 
del país, en bien propio al menos, lo acepten y practiquen. 

«Todo esto está salpicado de observaciones atinadísimas, 
de estudios históricos, como los que se refieren á las causas 
del estado de la población rural en las diversas provincias; 
de estudios morales, como los que determinan la influencia 
de la vida campestre en las costumbres, y por último, de 
agradables instrucciones que manifiestan la erudición del se- 
ñor Caballero en todo lo concerniente á la agricultura. 

«Todo esto nos ha agradado, ha convenido con nuestras 
ideas , y por tanto lo aplaudimos con sinceridad. 



405 

»Dos cosas hay, sin embargo, en las que disentimos, y va- 
mos á esponerlas con la misma fi anqueza con que alabamos 
lo que hemos creído bueno. 

»Son estas dos cosas la eficacia del medio y la encarnizada 
oposición del autor al sistema de colonias. 

«Respecto á la eficacia del medio que otro dia nos ocupará 
detenidamente, diremos no mas por hoy que toda ella puede 
ocurrirse en el proyecto de ley, y que este, á pesar de todas 
las ventajas que ofrece al que quiera tener su domicilio fijo 
en el campo, no bastará á vencer la inercia , el interés ya 
creado, la costumbre y otras mil causas que dejarán de obrar 
en la mente de una, dos ó cien familias; pero de ningún 
modo obrará con la suficiente eficacia para determinar un 
suficiente número de ellas que den el resultado apetecido. Lo 
único que consideramos eficaz , á mas de la acción estimula- 
dora de las leyes , es el gran poder de las sociedades moder- 
nas, la gigante palanca que basta hoy para conmoverlo y 
trastornarlo todo; la asociación. 

»Si una sociedad sabiamente cimentada sobre firmes y 
útilísimas bases, cuyo fin y procedimientos sean sencillos y 
claros, sin ese fárrago de combinaciones, como vemos en 
otras , que mas bien aturde que ilustra ; si una sociedad como 
esta, decimos, no consiguiera el objeto, preciso era desespe- 
rar entonces y abandonarse á la Providencia. Pero no, basta- 
ría. Una asociación protegida por el Estado teudria bastante 
fuerza y poder para regenerar nuestro suelo. 

»La otra de las cosas en que disentimos con el Sr. Caba- 
llero, es sobre la oposición que hace al sistema de colonias. 
Bien conocemos los inconvenientes que tiene, y aquellos con 
que han tenido que luchar las ya creadas; bien conocemos 
que las colonias por sí solas no producirían el anhelado pro- 
greso agrícola; pero admitimos el sistema como base necesa- 
ria para el fomento de la población rural. ¿Cómo quiere el 
Sr. Caballero que se construyan casas de campo aisladas con 
sus correspondientes tierras de cultivos; cómo que los cotos 
redondos produzcan á sus cultivadores lo que deben produ- 
cir, lejos de todo mercado y perdiendo la utilidad que le 
quitarían los trasportes, así como la que dejan una porción 
de pequeños productos cuyo valor no basta á costear el de 



406 

la conducción? Si al Sr. Caballero le propusiesen poblar ó 
hacer poblar una isla desierta , antes que formar cotos re- 
dondos comenzaría por fundar colonias, que al mismo tiempo 
que constituyeran mercados y centros de consumo donde los 
productos agrícolas adquiriesen valor y pudiesen cambiarse 
por productos de industria fabril ó manufacturera , darían 
también brazos al labrador, cuando este los necesitase, y ma- 
yor abundancia de abonos á las vecinas tierras. 

»Las caserías, como las llama el Sr. Caballero, deben con- 
siderarse radíos de un círculo cuyo centro sea el mercado. 

»E1 mercado es el corazón ; las quintas y granjas , las al- 
querías y cortijos son las venas , que conforme se van apar- 
tando de aquel , pierden su consideración pues de él sale y 
á él afluye toda la riqueza de su radio, como sucede con la 
sangre en el cuerpo de los seres orgánicos. 

»A pesar de esta diferencia de opiniones y del odio del 
Sr. Caballero á las colonias, odio que desearíamos ver espli- 
cado detenidamente , por ver si nos convencía y nos lo ins- 
piraba, felicitamos á dicho señor por su Memoria , y espera- 
mos otros trabajos de su pluma que den honra y provecho al 
autor, como provecho y honra pueden dar al que los estudie 
y practique. » 

La. Joven Guipúzcoa (San Sebastian), 9 Febrero 1864. 

Guipúzcoa. ((Agricultura. — La Academia de Ciencias morales y políti- 

cas de Madrid ha premiado en el concurso de 1862 una lu- 
minosa Memoria sobre el fomento de la población rural de 
España , escrita y presentada por el ilustre académico Don 
Fermín Caballero. 

«Tenemos á la vista un ejemplar de esa Memoria , á la 
cual esperamos consultar con frecuencia al tratar en nues- 
tras columnas los problemas que entraña el fomento de la 
agricultura en nuestra provincia , y en ella encontramos las 
siguientes páginas en que habla de Guipúzcoa , y que cree- 
mos verán con gusto nuestros lectores. Dice, refiriéndose al 
grupo conocido con el nombre de cultivo aislado y de ca- 
sería. 

Y copia testualraente desde «El núcleo,» pág. 27, 
basta «se pierde el espíritu popular,» pág. 32. 



El Diario 
de Zaragoza. 



507 



El Diario de Zaragoza (Zaragoza), 10 y 11 Febrero 1864. 

Tomó de la Iberia el artículo del Sr. D. Mariano 
Carreras y González, catedrático del Instituto de Za- 
ragoza. 

Crónica de Badajoz (Badajoz), 13 y 18 Febrero, 20 Abril 1864. 

Reprodujo el artículo de la Crónica de Ambos Mun- de Bad^o*. 
dos, estampando al pié el nombre Luis Villanueva, 
que es el diputado por el distrito estremeño de Jerez 
de los Caballeros , y encabezándolo con el siguiente 
párrafo : 

«Betiramos nuestro artículo de fondo para dar cabida al 
que insertamos á continuación, que acaba de publicarse en 
la Crónica de Ambos Mundos. — Nuestros lectores comprende- 
rán la preferencia que damos al trabajo de que se trata, de- 
bido á la pluma de D. Luis Villanueva , que nos ha autorizado 
para transcribirlo, con solo tener presente que en el fomento 
y desarrollo de la agricultura estriba la futura importancia 
de la provincia.» 

Y últimamente, el mismo periódico ha publicado 
entre sus artículos de fondo el que sigue: 

«Después de que muchos escritores de autoridad recono- 
cida se han ocupado en examinar la Memoria sobre el fo- 
mento de la población rural de España, por D. Fermín Caba- 
llero , y ahora que se anuncia una tercera edición de este 
importante libro, digamos nosotros dos palabras acerca de 
su circulación en Estremadura. 

»No creemos que la reforma de nuestra organización agra- 
ria puede llevarse á cabo en los mismos términos y por el 
mismo camino que el Sr. D. F. Caballero indica ; pero descu- 
bre su obra un estudio tan profundo de la materia , hiere 
tan hábilmente las cuestiones que con ellas se relacionan, 
combate con lógica tan irresistible los vicios de nuestros 



408 

procedimientos agrícolas y las preocupaciones de nuestros 
agricultores, que bajo este último punto de vista, sobre todo, 
tiene una grande importancia de actualidad para Estre- 
madura. 

»Ninguna otra provincia, en efecto, vive mas encariñada 
de su tradición , ni quizás en toda la España agrícola se 
conserve una tradición mas humilde y pobre que la nuestra. 
Bien pudiéramos recordar nosotros, es verdad, aquel tiempo 
en que no tenia rival la merecida fama de nuestros campos; 
cuando en Estremadura , como dice uno de sus mas ilustres 
escritores, «no habia un palmo de tierra útil que no tuviera 
sobre sí un colono , que lo cuidaba con esmero, que lo cava- 
ba , que lo plantaba , que lo regaba , que le tenia ley, y que 
lo acariciaba» ; pero no es tan feliz nuestra memoria , y ado- 
ramos precisamente la tradición de la decadencia : la tradi- 
ción que viene desde que una política desatentada y un exa- 
gerado fervor religioso agostaron en España , y sobre todo 
en la siempre rica España meridional , el florecimiento de las 
industrias; la tradición que nuestro pueblo ha de abandonar 
por completo, si quiere levantarse á la altura de sus mejores 
dias, y que la ciencia está llamada á combatir sin descanso 
hasta que Estremadura, renovado su espíritu , se abandone 
confiadamente al impulso de las exigencias modernas. Es 
pues muy de notar que la Memoria del Sr. Caballero, don- 
de tan grandes cambios, tan salvadoras renovaciones se ini- 
cian , circule apenas en este país, que por razón de sus 
hábitos y de la condición de su suelo , tiene mas que ningún 
otro necesidad de estudiarla. 

»El hecho, sin embargo, no nos sorpréndelo esperábamos, 
porque es una consecuencia natural, lógica, irremediable de 
dos causas que apuntaremos á continuación. 

»La Memoria del Sr. D. F. Caballero es para la biblio- 
grafía un libro de que recibirá gran favor el movimiento 
contemporáneo de la imprenta ; para la ciencia , una teoría 
felicísima que conviene estudiar con gratitud y empeño; 
para la mezquina política un revés , una acusación, no por 
indirecta ó casual ó no calculada menos sonrojadora ; para 
la agricultura nacional , un horizonte nuevo, una esperanza; 
mas ¿qué ha de ser esta obra para el marasmo intelectual de 



409 

Estremadura? Aquí, buscado al menos con afán, no entra 
un libro; aquí, alimentado al menos por la suscricion, no se 
sostiene un periódico: en Estremadura no hay academias, 
ni bibliotecas, ni reuniones literarias : las lecturas recreati- 
vas que habian propagado en el país , por suscricion, algu- 
nas empresas populares , van parando en el fuego , y los 
romances á dos cuartos , con sus groserías y sus sacrilegas 
narraciones de milagros fingidos , que son el repertorio lite- 
rario de nuestras aldeas, pasan por inocentes ante la religión 
y las costumbres, y adulan y sostienen á maravilla la igno- 
rancia popular. Ha parecido, en fin, el libro dej Sr. Caba.- 
llero , y en su ya proverbial indiferencia, Estremadura no 
. ha sabido fijarse en él. 

»Pero es un libro de agricultura. ¿Y qué importa? pre- 
guntamos nosotros ¿Desde cuándo, porque sea principal- 
mente agrícola , toma un decidido interés nuestra provincia 
por los libros de la agricultura? Muy al contrario , estos li- 
bros suelen traer á nuestra atmósfera , de tan antiguo viciada, 
un hálito de vida, y nadie admite entre nosotros, ó es muy 
contado el que tolera, que no se respeten sus preocupaciones. 
La provincia que se muestra indiferente en el terreno lite- 
rario, respecto á novedades en agricultura, es refractaria. 
Diariamente se aconseja á nuestros agricultores que varíen 
de conducta , que reparen la decadencia de nuestro crédito 
agrícola; que imiten los progresos en otras partes realizados 
por la producción y el cultivo ; que se paren en suma á con- 
siderar sus mismos intereses; y todavía no hemos contestado 
con una razón de buena ley, pero (no hablamos nunca sin 
escepcion) sabemos insistir en nuestras malhadadas rutinas. 
¿A qué abandonar por consiguiente rancias costumbres y 
vencer imperiosos hábitos para salir al encuentro de la Me- 
moría sobre el fomento de la población rurift 

»De nuestra indiferencia literaria, de nuestra oposición 
á todo progreso agrícola , no tiene, sin embargo, Estremadu- 
ra sola la culpa: tiénenla juutamente con ella los gobiernos 
y los escritores públicos : los gobiernos, porque todo lo cen- 
tralizan , todo lo atraen á sí, todo lo quieren administrar y 
gobernar por su mano, y acaban por reducir la iniciativa 
individual á la inercia: los escritores públicos, porque ven un 



410 

pueblo abatido bajo la pesadumbre de sus vicios, de su ig- 
norancia , fruto propio de una educación oficial raquítica , y 
en vez de prestarle su apoyo , vuélvense de continuo al 
poder , como se vuelven perpetuamente á la luz ciertas flo- 
res adoradoras del sol, y malgastan ó desperdician su inge- 
nio en decir: «obliga al trabajo, á la virtud , á la ilustración 
á aquel pueblo»; y esperar mas de un decreto , tal vez ab- 
surdo, que dé un consejo razonable ó dé una demostración 
obvia. Si esto no es verdad , he aquí un engaño que quisié- 
ramos ver destruido , porque tiene profundas raices en 
nuestra alma, y se afirma y robustece después de leida la 
obra del Sr. Caballero. 

»E1 Sr. Caballero se dirige también al poder. Plantea una 
reforma que ha de hallar poco menos que insuperables obs- 
táculos en las costumbres, en las preocupaciones, en el te- 
mor , en la ignorancia del pueblo , y pretende hacerlos des- 
aparecer con los artículos de una ley. Su voz, por consiguien- 
te, se pierde en la región oficial, y su libro, redactado 
para el poder, ofreciéndose cuando mas al estudio y á la 
controversia de los inteligentes, no sale , digámoslo así , del 
recinto de la academia, no está escrito para vencer á 
los apáticos, para descender á las masas é interesar al 
vulgo. 

»Es, en consecuencia , la escasa circulación de la Memo- 
ria en Estremadura un resultado natural del fin que su 
distinguido autor se propone. ¿No habrá podido optar por 
otro? Nosotros encontramos para todos los males que en Es- 
paña ha ocasionado la centralización, y que se quieren curar 
con la centralización misma, un remedio heroico, salvador 
y único , que no solo es diferente sino enemigo de la inter- 
vención gubernativa. Creemos que la situación intelectual de 
nuestro pueblo tiene á este necesitado del amparo de la tu- 
tela; pero al darle un tutor, averigüemos cómo y cuál ha de 
ser. No ha de ser el gobierno , tutor antiguo que á sí mismo 
se ha desprestigiado : puede y únicamente debe serlo la 
ciencia , la enseñanza , la propaganda, la instrucción libre, 
múltiple y combinada , de la escuela , el libro y el pe- 
riódico. 

»Es al menos nuestra opinión. Mientras mas nos importe 



4U 

la reforma iniciada por el Sr. Caballero , mas debemos consi- 
derar que esta reforma traída por el gobierno, sin anteriores 
preparaciones, no podrá llamarse eficaz y definitiva. Rompe 
muy de frente con nuestros hábitos, modifica la manera de ser 
de nuestra propiedad, invade la esfera del individuo, y bien 
sabido es que cuando á tanto llegan las leyes , se resiente el 
espíritu público , lucha hasta poder eludirlas la malicia , y 
son de todo punto ineficaces, por simultáneas , cuantas me- 
didas de auxilio se adopten para producir el convencimiento. 
Sería, pues, una reforma incompleta la que planteara hoy 
el Gobierno en favor de la agricultura patria; sería un hecho 
sin realidad ostensible fuera del espacio; y traida como nos- 
otros quisiéramos, por la discusión , la propaganda, la re- 
petición diaria y constante de la verdad sería un hecho en 
el espacio , y en la conciencia donde debe tener sus raices, 
un hecho realizado en toda su plenitud. — He aquí las razo- 
nes en que se funda nuestro juicio acerca del medio princi- 
pal de aplicación que al lado de su doctrina ha propuesto el 
Sr. Caballero, y porque deseamos también que la Memoria 
sobre el fomento de la población rural de España descienda 
al pueblo, bajo la forma propia, para dirigirle hacia un ideal 
que tanto como le asusta , porque le encadena , consignado 
en la ley, adoraría fácilmente luego que se lo impusiera la 
persuasión. 

«Nadie nos llame ahora — diremos para concluir — rigoro- 
sos en demasía, porque hablando de Estremadura descorre- 
mos enteramente el velo de sus grandes errores: nuestro 
proceder es tan leal , como acendrado nuestro patriotismo. 
Conviene descubrir nuestros males , para que los bien halla- 
dos con su apatía despierten ; para que no se convierta en 
letargo incurable nuestro sueño, y porque no tiene el vicio 
mejor amigo que la tolerancia. — Respecto á las ideas que nos 
ha sugerido la circulación de la Memoria del Sr. Caballero 
en Estremadura, creernos que no harán el menor daño á la 
bondad de nuestras intenciones. Ruscamos el bien , y admi- 
ramos al repúblico distinguido qué en este último y encena- 
gado período de la política española, consagra su vida, su 
esperiencia y su ingenio á la verdadera felicidad del país. — 
A. R. Chacón y Cisneros. 



412 



El Correo de 
Navarra. 



El Correo de Navarra. (Pamplona), 44 Febrero 4864. 

Copió el artículo del Sr. D. Mariano Carreras y 
González que publicó La Iberia, pero lomándolo de El 
Diario de Zaragoza , con este encabezamiento : 

«De nuestro apreciable colega El Diario de Zaragoza to- 
mamos el siguiente notable escrito.» 



Diario 
Mercantil. 



El Eoo de 
Estremadura. 



Diario Mercantil. (Cádiz) , 21 Marzo 4864. 

Inserta el artículo del Sr. D. Mariano Pardo de Fi- 
gueroa que publicó en Madrid La Union, anteponién- 
dole las siguientes líneas : 

«Muchos periódicos de España han hablado , y en gene- 
ral con elogio , de la notabilísima obra que ha publicado re- 
cientemente el conocido estadista D. Fermin Caballero. La 
circunstancia de haberse agotado en pocos meses dos edi- 
ciones del libro á que nos referimos, y de estar haciéndose de 
Real orden una tercera, nos mueven á reproducir en el Dia- 
rio mercantil el siguiente artículo , que escrito por un amigo 
nuestro, ha visto ya la luz en un acreditado periódico de 
Madrid. Dice así.» 

El Eco de Estremadura. (Cáceres), 30 Marzo 4864. 

»El Sr. D. Ruperto García Cañas nos ha favorecido remi- 
tiéndonos el siguiente interesante artículo , que tenemos una 
satisfacción en publicar.» 

((Fomento de la población rural de España.» 
«En el concurso ordenado por la Academia de Ciencias 
morales y políticas de 1862, fué premiada una Memoria es- 
crita por D. Fermin Caballero, sobre el tema que encabeza 
este artículo, que merece ser conocida de todos los que pro- 
fesan amor á la agricultura, y anhelen el fomento de la ri- 
queza y bienestar de nuestro país. En una época en que los 
escritos serios son tan escasos , y en que por lo general se 
cuida mas de la brillantez de la forma que del fondo de la 
doctrina, complace encontrar una obra bien escrita, con- 



413 

cienzuda, con un plan premeditado y llevado á cabo con 
tanta esactitud y buen acierto. Una obra que ha merecido el 
premio en el concurso académico de Ciencias morales y polí- 
ticas, no hay para que yo me proponga ensalzarla, y no es 
este mi objeto, por mas que bien pudiera la obra haber al- 
canzado el premio, y no ser, sin embargo, sino una bellísima 
utopia, á semejanza de las tan celebradas y conocidas; sino 
llamar la atención, especialmente en nuestra provincia, don- 
de tantas aplicaciones pudieran hacerse de su doctrina, á fin 
de que los hombres pensadores y los que por su posición pue- 
den alcanzar alguna influencia en las altas regiones oficiales, 
pongan de manifiesto antes de que acabe del todo la obra de 
desamortizar, la conveniencia de verificarlo con arreglo, en 
cuanto sea posible , á los deseos del Sr. Caballero, en lotes 
acomodados á las necesidades de una labranza, ó coto re- 
dondo, como le denomina en su Memoria] ora continúe el es- 
téril é infecundo sistema de desamortización , ó ya se llegue 
á adoptar el del Sr. Florez Estrada y de otros con el auto r 
ilustrados repúblicos. 

«Distingüese el Sr. Caballero en esta Memoria por lo culto 
y castizo de la frase , por la corrección del estilo, por la pre- 
cisión y esactitud matemática del lenguaje , donde no hay 
una sílaba que huelgue, y sí ideas atrevidas propias del ge- 
nio innovador: una fácil y apremiante dialéctica viene á ser 
el corolario de tan buenas dotes. 

»El Sr. Caballero no es radical en su teoría sino á su modo; 
no apetece el cultivo de los grandes campos , ni tampoco esas 
fracciones pequeñas de terreno, incapaces de alimentar una 
familia; quiere que el labrador viva en medio de sus tierras, 
y cultive el campo aledaño á su morada , rodeado de su fa- 
milia , de sus domésticos y de las áreas ú obradas de terre- 
no que se consideren necesarias en cada loca'idad para su 
sustento: Laudato injentia rura, exiguum colito, decían los 
antiguos ; el Sr. Caballero viene hoy á decir, ncc injentia nec 
mínima] el Sr. Caballero viene hoy á ser ecléctico. 

»Las ventajas del cultivo por el labrador en su propio 
terreno están perfectamente analizadas y puestas de relieve 
por el Sr. Caballero, y no es posible dudar que cultivando 
mejor se aumenta la riqueza pública de un país; ni tampoco 



414 

es llegado el caso cuando un proyecto no ha empezado á eje- 
cutarse, de hablar de los efectos prácticos de su ejecución; 
el Sr. Caballero, no obstante, no se hace ilusiones sobre la fa- 
cilidad de plantear su sistema; así es, que él mismo ha pre- 
visto las objeciones que pueden hacerse á su proyecto, y ha 
tratado de desvanecerlas; y es lo cierto que cuando todo el 
pais se hallara fraccionado en Cotos redondos habitados , lo 
que sería obra de mucho tiempo, habria mayor cultivo, ma- 
yor riqueza, mayor bienestar y población, y que el influjo 
de esta división agraria no influiría perniciosamente en la 
política , porque si bien los cotos son indivisibles é inacu- 
mulables, el Sr. Caballero no ha querido privar al propieta- 
rio de obtener dos, ó mas, poniendo así un límite á las as- 
piraciones del hombre, al aguijón del interés y al progreso 
moral y material de nuestra especie, sino que ha admitido la 
trasmisibilidad, declarándolos enajenables. Lo que no hay 
duda es, que el estado de subdivisión de la propiedad en al- 
gunas comarcas ha llegado á un límite deplorable , contra- 
rio á los fines de la producción; que en otras la estension 
del campo agrícola ofrece inconvenientes y grandes obstácu- 
los á un esmerado cultivo, generador de la riqueza ó de ma- 
yores productos , y que es de la incumbencia del legislador 
levantar de la postración en que se halla la agricultura , fo- 
mentándola , ya por medios indirectos, ó por los que se con- 
sideren mas adecuados á su conveniente desarrollo : que la 
creación de Cotos redondos acasarados , capaces de subvenir 
á las necesidades de una familia, sería estremadamente útil, 
es una verdad de sentido común, que el Sr. Caballero aclara 
evidentemente en su Memoria. 

»No es posible en este pequeño artículo dar una ¡dea bien 
acabada del libro del Sr. Caballero, ni tampoco el poder citar 
aquellos cuadros maestros de la vida rural, ni aquellos con- 
sejos sobre el valor del tiempo, de la necesidad del trabajo 
humano, y de la conveniencia de vivir en el territorio feudal 
de sj coto; para esto se necesitaría mas espacio que el que 
permite la acomodada dimensión de este periódico, y no sería 
fácil elegir entre tanta doctrina tan hábilmente espuesta á la 
par de la historia del cultivo de casi todas las provincias de 
España. 



415 

»El Sr. Caballero anuncia la idea, que es ya muy cono- 
cida (pero que no por esto es mas aplicada), de la conve- 
niencia de alumbrarlos terrenos secadales, por medio de 
fuentes de artificio ó pozos artesianos , que dieran vida á 
nuestro abrasado territorio, tan escaso de aguas , y de esa ve- 
getación fresca, que embalsama el ambiente y recrea el es- 
píritu , regenerando las fuerzas musculares en la época esti- 
val ; y al efecto cree útil la formación de una sociedad de ca- 
pitalistas, con subvención del tesoro, cuyo único objeto sea 
perforar terrenos, por medio de cuadrillas de barreneros, 
destinando también otras al servicio de los ayuntamientos, 
empresas y pirticulares que las soliciten y paguen, conforme 
á una tarifa gradual. 

»El Sr. Caballero tiene una fe profunda en su sistema, y 
me parece que tal vez ha de ser entre los economistas radi- 
cales modernos donde ha de hallar mas obstáculos su teoría: 
el laissez faire , que viene siendo hoy la base mural de esta 
escuela , sus teorías sobre el derecho absoluto de la propie- 
dad , no del todo sin fundamento, en una época en que se 
han visto recias acometidas contra esta base fundamental de 
la existencia de los pueblos cultos , y otras dificultades que 
el entendido agrónomo no disimula, serán una remora al 
planteamiento de su plan ; pero no deben serlo, para que el 
legislador encamine lentamente en aquel sentido el espíritu 
de los labradores , ilustrándolos no solo en cuanto á la conve- 
niencia de los métodos de cultivo é instrumentos agrícolas 
mas á propósito, sino en cuanto á la necesidad de no dividir 
los terrenos en pequeñas suertes entremezcladas , que dificul- 
tando el cultivo hacen mas ocasionada la rapiña , por la im- 
posibilidad de la vigilancia , y mas ineficaz é improductivo el 
laboreo, sobre todo si distan entre sí. 

»E1 Sr. Caballero concluye diciendo : «téngase muy pre- 
císente , que la generación que se amamanta en las ideas de- 
»mocráticas modernas ha de hacer mañana de un modo vio- 
lento quizá lo que hoy puede hacerse con aplomo.» No es 
de esperar en una cuestión de este linaje tal acometida en 
nombre de un sistema : el latronicio nunca lo fué , y no sería 
otra cosa una ley agraria que desnudara á unos para ves- 
tirse otros; la posesión, los derechos adquiridos en toda so- 



416 

ciedad culta han de ser respetados ; un desbordamiento 
puede llegar ; las violencias no son nuevas en el linaje hu- 
mano; pero pasará la tempestad , y renacerán con mas brio 
los derechos conculcados ; así es que si bien es necesario y 
conveniente estudiar y dar vado á las cuestiones sociales , no 
hay que precipitarías por temor á los bárbaros de la civili- 
zación, que ni están tan á las puertas de Roma , ni son otros 
que los que han sido castigados mil veces en nombre de la 
ley y de la eterna justicia. 

»En resumen : la Memoria del Sr. Caballero, premiada 
por la Academia de Ciencias morales y políticas, y de la que 
se está tirando la tercera edición , es una obra digna de es- 
tudio, esmeradamente escrita y abundando en general de pro- 
vechosa doctrina económico-rural.=/k¿jt?er¿o García Cañas.» 

La Corona (Barcelona), 6 Abril \ SU. 

La corona. » Bibliografía. — Que nuestro pais está destinado por la 

Providencia á ocupar el primer lugar entre los países agrí- 
colas, lo dicen su feraz suelo, sus diversos climas, su asombro- 
sa fecundidad. Que para que la agricultura prospere es nece- 
sario, como en todas las demás industrias, que el que trabaje 
esté constantemente á la vista del taller; que aproveche to- 
dos los elementos que á la perfección y abundancia de la obra 
pueden contribuir , es un axioma. 

»De estas dos proposiciones se deduce lógicamente que es 
necesario que el labrador que quiera prosperar viva en los 
terrenos que cultiva, y que, de consiguiente, si queremos 
que nuestra agricultura alcance el estado de adelanto y 
prosperidad de que es susceptible, debemos buscar los me- 
dios de que aquello se consiga. 

«Diferentes gobiernos, la mayor parte délas corporacio- 
nes económicas de nuestro país se han ocupado en este asun- 
to, y, entre otras, la Academia de Ciencias morales y políti- 
cas abrió un concurso para la mejor Memoria sobre el fomento 
de la población rural. 

«Entre los diversos trabajos que optaron al concurso, me- 
reció ser premiada la Memoria presentada por el Excmo. Se- 
ñor D. Fermín Caballero , de la que vamos á hacer un ligero 



417 

estrado, convencidos de que con solo bosquejar las princi- 
pales cuestiones que en ella dilucida, lo quedarán nuestros 
lectores de que , en esta ocasión como en todas , el Sr. Ca- 
ballero ha dado pruebas de que en todos sus trabajos pre- 
side la mas profunda observación , el mas recto criterio y la 
mas sana lógica. 

»No parece , al leer la Memoria de que nos ocupamos, 
sino que su ilustrado autor ha residido por largos años en 
las diferentes provincias de España, que ha compartido la 
vida de los labradores, y que ha alternado por largo tiempo 
así con los labradores propietarios como con los colonos ; tal 
y tan verdadera es la descripción que hace de los hábitos, 
costumbres y rutinas de unos y otros. 

«Siguiendo al Sr. Caballero en la descripción que de las 
costumbres agrícolas hace de los diferentes pueblos en que 
ha dividido para mayor claridad la población rural de nues- 
tro país, el que haya vivido por algún tiempo en las provin- 
cias de Guipúzcoa y Vizcaya ve al Casero viviendo en medio 
de los campos que cultiva , criando al mismo tiempo algún 
ganado, y aprovechando para estiércoles las hojas de los 
árboles, los heléchos y la cal con que fertiliza sus terrenos á 
que las lluvias arrebatan el mantillo , y cuya composición 
arcillosa necesita para que pueda producir esta clase de abono. 
Ve al labrador manchego viviendo en lugarones de mil ó dos 
mil habitantes con todos los inconvenientes propios de una 
población reunida , y la necesidad de hacer una caminata de 
una ó dos leguas de camino para llegar á la labor. Ve al la. 
brador andaluz viviendo como un señor en grandes centros 
de población , mientras en el cortijo deja abandonados y en 
manos mercenarias el cultivo de terrenos inmensos. Continúa 
describiendo con colores vivísimos la vida rural de todas las 
provincias de España , y demuestra que, empezando por la 
definición de las palabras «población rural», y concluyendo 
por la opinión , que por tanto tiempo ha estado en boga so- 
bre el modo de aumentar esa clase de población tan necesa- 
ria á nuestro país , si se ha de elevar al grado de prosperi- 
dad á que está llamado, de todo se ha dado una idea equi- 
vocada. 

»Así es que , partiendo el Sr. Caballero del axioma de 

27 



418 

que para entenderse es preciso ante todo fijarse en el sentido 
y significación de las palabras , empieza por definir lo que 
debe entenderse por población rural, y con solo que nuestros 
lectores vean cómo resuelve esa cuestión, pueden formar 
juicio esacto, aunque no nos fuese á todos conocida la con- 
ciencia con que ese ilustre patricio trata todas las cuestiones 
de que se ocupa , para demostrar que en lo referente al 
asunto que nos ocupa nada habrá dejado que desear. 
»He aquí cómo define «la población rural»: 

€opia desde «Si preguntáis» (pág. 6) hasta «las al- 
deas y los grupos» (pág. 13). 

«Nosotros estamos conformes con la definición que el 
Sr. Caballero da de lo que debe entenderse por población 
rural; y mas decimos: creemos que con solo convencernos 
todos de la exactitud de esa definición , se logrará , enten- 
diéndose, puesto que todos abundamos en la idea de la nece- 
sidad de propagar la población rural en España , que en 
efecto se estienda en todas las provincias, hermanando su 
situación actual, lo posible, con la situación que la definición 
del Sr. Caballero exige. En cuanto al lenguaje no tememos 
asegurar que es tan castizo que bien pudiera decirse al ver 
la propiedad de las voces , la rotundidad de los períodos y 
la claridad y laconismo con que en general espresa sus ideas, 
que el Sr. Caballero es en esta parte un modelo». 

La Opinión Publica (Santiago), 16, 20 y 23 Abril 1864. 

L púbhca° n (< ^ T ° nace mucno tiempo ha publicado en Madrid el dis- 

tinguido escritor Sr. D. Fermín Caballero un precioso libro 
con el título de Fomento de la población rural de España. El 
aplauso con que ha sido acogido entre los hombres pensado- 
res, los elogios que ha merecido de los periódicos mas acre- 
ditados de la corte , y el interés que ha despertado en todos 
los amantes de la prosperidad de nuestra patria, es lo mejor 
que para encarecer su mérito puede decirse ; y si hoy le de- 
dicamos estas lineas , lo hacemos únicamente para consignar 
en la prensa de Galicia , que hasta ahora no se ha ocupado, 
al menos que sepamos , de este asunto, un tributo de grati- 



419 

tud al Sr. Caballero; pues no será nuestro país el que menos 
fruto recoja de la eficacia de sus desvelos si algún dia llegan 
á tener aplicación los principios que tan sabiamente espone 
en la escelente obra de que nos ocupamos. 

»Bien conocido es de todos el atraso de la agricultura en 
España , si se compara con la perfección á que ha llegado en 
otros países mas adelantados ; pero no eran igualmente co- 
nocidas las causas de este funesto mal , y eso es lo que ha de- 
mostrado con admirable acierto el Sr. Caballero, al esponer 
los medios de remediarlo. 

«Teniendo en cuenta que la formación de cotos redondos 
no puede efectuarse sin la división de las fincas grandes y la 
reunión de las pequeñas , propone la espropiacion forzosa con 
algunas restricciones, declarando de utilidad pública la crea- 
ción del coto redondo, y la indivisión é inacumulacion. 

»Como la subdivisión de la propiedad en ninguna parte 
es tan estremada como en Galicia , en ninguna parte como 
aquí es tan conveniente esa medida , ni tan imperiosamente 
reclamada por la necesidad. La causa de este escesivo frac- 
cionamiento la atribuye muy atinadamente el Sr. Caballero 
al contrato de foros, que con mucha razón califica de cala- 
midad insostenible para la agricultura de Galicia. 

«Dividiendo su obra en cinco capítulos, espone: 1.° Es- 
tado que hoy tiene en España la población rural. 2. a Obstácu- 
los que se oponen á su desarrollo. 3.° Medios de fomentarla 
en todo el reino. 4.° Ventajas de vivir sobre la tierra que se 
labra ; y por último en el 5.°, suponiendo las objeciones que 
puedan hacerse, las contesta. Querer esplicar cómo el autor 
ha desempeñado este trabajo, sería un empeño inútil, porque 
á esto responde el nombre del Sr. Caballero, que nadie igno- 
ra ; todo lo que puede decirse es , que si su nombre no fuese 
ya tan ventajosamente conocido, su última obra le haria 
digno de la alta reputación que su vasta capacidad y sus pro- 
fundos y estensos conocimientos le han conquistado. El señor 
Caballero ha hecho un gran servicio al país ; su libro está 
destinado á ejercer una gran influencia en el modo de ser.de 
la propiedad territorial en toda la península, y muy espe- 
cialmente en las provincias de Galicia. La opinión pública 
estaba reclamando imperiosamente una reforma en estesen- 



420 

tidó, lo mismo que las corporaciones administrativas , las so- 
ciedades filantrópicas y todas las personas ilustradas. Apenas 
habia quien mirase sin desconsuelo los progresos de un mal 
que iba haciéndose cada dia mas aterrador, y quien no reco- 
nociese la urgencia de acudirle con un remedio activo y efi- 
caz ; afortunadamente el Sr. Caballero, en su libro que tan 
sabiamente satisface las necesidades de su objeto, nos ofrece 
el único remedio salvador. Con mucho gusto hemos sabido 
que la Sociedad Económica de Amigos del País de esta ciu- 
dad habia acogido con entusiasmo la obra del Sr. Caballero, 
y nombrara una comisión para que estudiándola detenida- 
mente espusiese en un informe lo que sobre su aplicación 
fuese mas conveniente. Nos complacemos en consignarlo, por 
mas que para nosotros no sean una novedad la solicitud y el 
celo de esta Sociedad en lo que sea de interés público, porque 
nos son muy conocidas las cualidades que adornan á todos 
los individuos que la componen. 

«Concluiremos esta breve reseña, que no nos permiten 
mas las estrechas columnas de nuestro periódico. No hemos 
pretendido hacer un análisis de la obra del Sr. Caballero; 
eso sería inoportuno después del tiempo que ha pasado desde 
su publicación, y habiéndose ocupado ya de ella la mayor 
parte de los periódicos. Ni tampoco nos sería posible presen- 
tar á nuestros lectores en un juicio esacto las escelencias de 
su mérito ; hemos querido únicamente llamar hacia ella la 
atención del público que no la conoce , por la inmensa im- 
portancia que merecen las fecundas ideas contenidas en sus 
hermosas páginas, y también por pagar un justo tributo de 
admiración al autor de la Memoria sobre el Fomento de la po- 
blación rural de España , que en nuestra opinión merece ser 
señalada como la primera entre las de su género.» 

»Despues de la breve reseña que hemos hecho en el nú- 
mero anterior del importantísimo libro que con el modesto 
título de Fomento déla población rural de España se debe al 
Sr. D. Fermín Caballero, de cuya obra van agotadas dos edi- 
ciones, y se va á publicar la tercera , costeada por el minis- 
terio de Fomento, creemos que verán con gusto nuestros lec- 
tores el que traslademos á continuación los considerandos y 
el proyecto de ley articulado, que al fin de dicho libro inserta 



421 

el autor, como un compendio de todos los principios que en 
él deja sentados ; trabajo de suma precisión , por el que pue- 
de juzgarse de todas las materias que abraza la obra.» 

Y copia íntegros los considerandos y los diez y 
nueve artículos del proyecto de ley, desde la pág. 271 
á la 282. 

El MiÑo(Vigo), 6 Mayo 1864. 

Inserta el artículo que el Sr. D. Mariano Pardo de =i Miño. 
Figueroa publicó en el periódico de Madrid La Union, 
pero tomándolo sin duda del Diario Mercantil de Cá- 
diz , que lo reprodujo, como lo persuade la identidad 
del preámbulo con que lo encabeza. 

La Agricultura española (Sevilla), %6Mayo, 2 y 9 Junio 1 864. 

Este periódico tenia anunciado que se ocuparía de La E tpIño U ¿ tura 
la Memoria sobre población rural, desde el 24 de Di- 
ciembre de 1 863 en que puso el siguiente suelto. 

« Bibliografía. — Fomento de la población rural de España, 
por D. Fermin Caballero. — Segunda edición. 

»Hemos recibido un ejemplar de esta interesante obrita, 
muy oportuna en las actuales circunstancias. Es sumamenle 
difícil el problema de la repoblación agraria, que hasta ahora 
no han acertado á resolver definitivamente nuestros hom- 
bres mas versados en administración pública. Las Cortes 
constituyentes de 1855 á 56 tuvieron en cuenta esta cues- 
tión de alto interés para el porvenir de nuestra agricultura; 
pero la ley que presentaron á la sanción de S. M. ha sido 
completamente estéril en resultados de hecho durante los 
siete años desde entonces transcurridos. El Congreso de Di- 
putados anterior al actual invirtió muchas sesiones de su 
última legislatura en el examen de esta misma cuestión; 
pero aun cuando fueron muy amplios los debates, y muy no- 
tables los discursos pronunciados por distinguidos oradores 
de diversas fracciones políticas en pro y en contra del dic- 



422 

támen de la Comisión, no se llevó á término el negocio, y 
para el país todo fué tiempo perdido. Así las cosas, y siendo 
de esperar que pronto se reanuden los trabajos parlamenta- 
rios relativos á esta materia, nos parece plausible que se 
haya oido en la prensa una voz tan autorizada como la de 
D. Fermín Caballero, uno de nuestros mas antiguos y esfor- 
zados adalides en la arena económica y estadística. 

«Llevamos entre manos el examen de su obra , sobre la 
cual emitiremos estensamente nuestro humilde parecer, 
después de terminada su lectura : hoy solo podemos decir 
que el nombre del aulor tiene una importancia proporcionada 
á la del asunto. Cuando la estadística era un sueño en Es- 
paña , porque el gobierno no pensaba en ella, y eran muy 
pocos los particulares que por afición la cultivaban, apareció 
un Manual geográfico y estadístico de D. Fermín Caballero, 
que fué como una luz de Bengala entre las tinieblas que en- 
tonces oscurecían los hechos y entorpecían los cálculos de 
todos los hombres estudiosos. Por nuestra parte podemos 
asegurar que, durante muchos años, el consabido Manual 
fué nuestro Vademécum en el periodismo y fuera de él , y á 
otros muchos les sucedería lo mismo; porque si bien existían 
los Diccionarios de Madoz y de Miñano , la compendiosa y 
bien entendida concentración de los datos hacia que dicho 
Manual aventajase en la aplicación á aquellos voluminosos 
trabajos de su misma especie. 

»No dudamos de que el Fomento de la población rural 
será, en su clase , un libro tan útil como aquel , y nos lison- 
jeamos de poderlo consignar así en el juicio crítico que de 
él publicaremos. E. Ft. 

Deseando consignar el juicio ofrecido por una 
publicación acreditada en la especialidad , lo hemos 
esperado hasta el momento de entrar en prensa el pos- 
trer pliego: circunstancia que nos ha impedido tomarlo 
en cuenta al reproducir nuestro trabajo. Ahora solo 
diremos: 

1.° Que en atención al estado de nuestra labranza» 
comprendemos el cultivo alterno como el primer grado 



del intensivo , que otros califican por separado ó inter- 
medio. 

%° Que nos hemos pronunciado contra las colo- 
nias como sistema general , sin dejar de admitirlas 
por escepcion en determinados yermos estensos, cual 
puede leerse, entre otros pasajes, á la pág. 161. 

3.° Que todavía insistimos contra los aprovecha- 
mientos comunes beduínicos, pero sin creer este el 
momento de su completa abolición en todos los pue- 
blos, cual ya lo está en muchos con ventajas de los 
pobres. 

4.° Que por iguales razones no hemos llevado al 
proyecto de ley lo relativo á las cariadas mesteñas, 
que el tiempo irá acabando. 

Y 5.° Que en favor de los medios directos del re- 
tracto de conlimitacion y de la indivisión de la finca 
rural,- tenemos de nuestra parte la opinión respetabilí- 
sima de la Comisión de Códigos, en su última esposi- 
cion al gobierno, fecha \ Ide Abril último. 

Los notables artículos del Sr. D. Enrique Font, re- 
dactor de la Agricultura española, dicen así: 

»I. Hace ya tiempo que ofrecimos emitir nuestro humil- 
de dictamen sobre esta publicación notable por su oportuni- 
dad, aun mas que por su mérito. Mucho hemos tardado en 
dar cumplimiento á nuestra oferta , no tanto porque nos lo 
ha impedido la necesidad de ocuparnos con otras cuestiones 
de interés palpitante, como por nuestro buen deseo de no 
formar juicio , sino después del mas detenido examen á que 
alcanzasen nuestras fuerzas. 

»Hecho este examen con toda la conciencia de que somos 
capaces, nos da por resultado , el de que el libro de D. Fer- 
mín Caballero es un gran trabajo en pequeño espacio : ver- 
dadero pozo de ideas, aun cuando no todas nos parezcan ad- 
misibles. Entre las premisas encontramos poco ó casi nada 
que desechar : las consecuencias son las que ofrecen algunos 



424 

accidentes en que estamos discordes con el autor; y no porque 
á este le haya faltado lógica , sino por haber exagerado su 
propio pensamiento, proponiendo para fomentarla población 
rural algunos medios incompatibles con la buena doctrina 
de gobierno , al lado de otros que no podrán menos de me- 
recer pleno y universal asentimiento. 

«Comienza el autor su obra lamentando el atraso en 
que nos encontramos , á pesar de los privilegios naturales 
bajo que vivimos. Atribuyelo principalmente al mal repar- 
timiento de la población y á la diversidad de opiniones que 
constantemente ha reinado en cuanto al modo de corregir 
este mal, según resulta de las leyes antiguas y modernas 
dictadas sobre esta materia. El autor afirma, justamente á 
nuestro entender , que el verdadero correctivo de esta situa- 
ción desventajosa es el fomento de la población rural, del 
cual dice, con su ordinaria felicidad y perfección de lengua- 
je, que es hoy «la aspiración de los cultivadores entendidos, 
»el desiderando de los espíritus patrióticos, el bello ideal 
»de los pensadores, lo que está en la conciencia de todas las 
»almas sensibles y rectas», por cuyos motivos añade- mas 
adelante , que la población rural es en el dia una materia 
que «está en ebullición en los centros burocráticos y cientí- 
» fieos del Estado,» y por tanto, «gobiernos, estadistas, es- 
«critores, propietarios y labradores, proclaman acoróla 
»escelencia de esta medida.» 

»De todo esto deduce lógicamente el Sr. Caballero la ne- 
cesidad de dar á la población rural una definición mas esacta 
que las hasta ahora conocidas ; y al efecto emprende , sobre 
la verdadera acepción de esta palabra, un trabajo filológico 
tan perfecto , qué por sí solo merecería un artículo de examen 
analítico. Sentimos que la índole de nuestro periódico no 
nos permita dedicárselo. La conclusión definitiva con que el 
Sr. Caballero termina su raciocinio etimológico, es la siguien- 
te : «La población rural, rigurosamente hablando, será aque- 
»lla que además de ocuparse y mantenerse de las labores y 
«productos del campo, habita sobre el terreno que labra 
»sin formar pueblo.» Estamos conformes , y en clase de coro- 
lario añadimos , que la población agrícola es el género de 
población que vive de las labores, aunque habite en pobla- 



425 

do, al paso que la rural es la especie de población agrícola 
que vive diseminada en las casas de campo. Y por tanto, 
entre población agrícola y población rural , media una di- 
ferencia de general á particular. 

«Prosiguiendo el curso natural de sus reflexiones, añade 
D. Fermin Caballero que «colonia y población rural son dos 
»cosas distintas , por mas que hayan andado confundidas. 
y)Colonizar es llevar á un país gente de otro estraño ; y la 
^población rural es y debe ser del territorio en que vive y 
«cultiva. Hacer colonias es crear poblaciones, y estender la 
«población rural es aumentar las casas de labranza.» Todo 
esto no puede ser mas esacto ; pero nos ofrece algún reparo 
lo que después añade el Sr. Caballero, en los términos si- 
guientes : «Colonizar es un pensamiento caduco, que ni todos 
«los disfraces de la ambición, ni los afeites de la moda podrían 
«rejuvenecer, y la población rural legítima es una idea 
«nueva , nacida de los progresos científicos y predestinada 
»á regenerar la agricultura.» Esto nos parece cierto en lo 
presente, pero no en Jo futuro. Es verdad que la colonia , ó 
sea la formación del pueblo, ha perdido por ahora su razón 
de ser, mientras que la propagación de la casa rural es hoy 
la necesidad de la época; pero tal vez la estension de los 
caseríos dará lugar con el tiempo á que aparezca la necesi- 
dad de fundar nuevos pueblos. Podrá no ser así en las pro- 
vincias donde los pueblos se hallan á corta distancia , y solo 
se necesita en ellas fomentarla población rural, propiamente 
dicha : pero en otras , como por ejemplo, las andaluzas y 
estremeñas , que tienen las poblaciones á gran distancia unas 
de otras, difícilmente los habitantes de los caseríos lejanos 
de poblado podrían atender á las necesidades de la vida que 
se satisfacen con los productos fabriles. Bien está, pues, que 
por de pronto se haga consistir el fomento de la población 
rural en la multiplicación de los caseríos ; pero no debe pre- 
juzgarse la cuestión del porvenir , en el cual podrá suceder 
que bajo la necesidad de fundar nuevas poblaciones renaz- 
ca la idea de la colonia , como el Fénix de sus propias ceni- 
zas. Esto es tanto mas probable , cuanto que el crecimiento 
de la población nacional no podrá verificarse con matemático 
rigor , y la que rebose por un lado buscará su centro de 



426 

gravedad en otro. Esto nos hace creer , que la mejor ley co- 
lonizadora sería la que se fundase sobre una base mista de 
protección común á toda la población agrícola, bien que con 
la debida separación entre la que vive en poblado y la pro- 
piamente rural diseminada en los campos. Hasta aquí lo 
que nos ocurre sobre el primer capítulo de la obra que nos 
ocupa. 

»EI segundo está dedicado al Estado de la población rural 
en las diferentes provincias. No podemos seguir al Sr. Caba- 
llero en su brillante escursion por la Península, cuyo cuadro 
deja pintado de mano maestra en lo relativo á su objeto. 
De él resulta que hacia el N. O. de España es donde está la 
población mas dispersa ; que las provincias de Vizcaya y 
Guipúzcoa son las mas provistas de caseríos , que les siguen 
en este concepto las de Cataluña, Aragón y las Baleares, 
después Valencia y Murcia , luego Andalucía , en penúltimo 
lugar Estremadura, y en último las dos Castillas. En conse- 
cuencia , la zona septentrional es la que tiene la propiedad 
mejor dividida y con mejor labranza : la meridional es la 
peor en ambos conceptos , y la central presenta una mezcla 
de todo. 

»En cuanto á los obstáculos que se oponen al desarrollo de 
la población rural (materia del tercer capítulo) el Sr. Caba- 
llero los divide en físicos, legales, económicos y sociales. 

»Los físicos son en resumen: 1.° los terrenos inhabitados 
é infructíferos: 2.° la falta de aguas potables: 3.° Las malas 
comunicaciones (1) que entorpecen la viabilidad agrícola : 4.° 
la escasez de materiales de construcción : 5,° el reducido 
número de brazos. La mayor parte de estos obstáculos son 
vencibles por el arte ó por el tiempo , y de consiguiente la 
naturaleza se opone poco al desenvolvimiento de la población 
rural en nuestro suelo. 

»Son obstáculos legales : 1.° la amortización: 2.° la mala 
desamortización: 3.° los aprovechamientos comunes: 4.° el 
privilegio concedido á los hacendados forasteros para que su 
contribución de inmuebles no pase de 12 por 100: 5.° la 



(1) Este obstáculo nos habría parecido mejor entre los legales que 
entre los físicos. 



427 

tendencia á colonizar sobre malas bases y nunca á fomentar 
la población rural según debe entenderse. 

«Económicos l.° La dificultad para edificar en despo- 
blado: 2° la de vender los frutos: 3.° la falta de capitales. A 
propósito de esto , el Sr. Caballero divide la gran familia 
agrícola en las clases siguientes : Propietarios que arrien- 
dan: Propietarios cultivadores, con criados: Colonos sin 
propiedad: Gañanes y jornaleros: Propietarios obreros , ver- 
dadero tipo de la población agrícola. En esta división acer- 
tadísima solo nos hacen falta los censatarios , que ocupan 
un lugar inferior al de los propietarios, por el condominio 
de estos y el canon á que están sometidos , é igualmente los 
enfitéulas , que , investidos con el dominio útil y no con el 
directo, forman como un intermedio entre el propietario y el 
arrendatario. Por lo demás, el Sr. Caballero estuvo muy 
feliz en las definiciones de cada una de sus cinco clases. Son 
otras tantas monografías sociales, hechas con un tino y una 
esactitud imponderables: 4.° la mala organización é insufi- 
ciencia de los pósitos , contra los cuales suelta el autor una 
elocuente declamación, en la que tenemos el placer de en- 
contrar apoyadas por tan robusta autoridad , las opiniones 
que sobre este particular tenemos emitidas en los muchos 
artículos que sucesivamente hemos dedicado á los Bancos 
agrícolas y al Anuario estadístico de España. 

«Sociales. Se dividen en dos grupos. El primero com- 
prende los obstáculos procedentes del estado social del país, 
y se reducen á la repugnancia de algunos labriegos á vivir 
en el campo, por la inseguridad que les ofrece , por el des- 
den con que se mira á los rusticanos, por el orgullo que 
estos tienen, por el apego á los solaces del pueblo, por la 
falta de templo, médico, cirujano, botica, etc., y sobre todo 
por la inercia del hábito. — Al segundo grupo corresponden 
los obstáculos nacidos de las ideas y los hechos dominantes, 
como son.: 4.° la falta de conocimiento del buen cultivo y 
de lo que conviene estar sobre la hacienda.: 2.° el poco 
apego al trabajo, por razón de las influencias meridionales.: 
3.° la mala situación de la propiedad, muy acumulada unas 
veces, sobrado dividida otras, otras irregularmente distri- 
buida. : 4.° la diseminación de las suertes en algunas pro- 



428 

piedades.: 5.° la división casual, originada de las testa- 
mentarías. : 6.° las preocupaciones de algunos terratenien- 
tes que se oponen á ventas y permutas ventajosas.: 7.° la 
falta de correctivo en la legislación civil contra las aberra- 
ciones del derecho de propiedad. 

»A estos vicios opone el autor otros tantos correctivos en 
el siguiente capítulo, titulado: Medios de fomentar la pobla- 
ción rural, parte la mas espinosa y mas importante de su 
trabajo científico. Denunciar un mal es cosa fácil : propo- 
ner el remedio es ardua empresa: así el Sr. Caballero tropie- 
za en este capítulo con sus mayores dificultades , y nosotros 
encontramos en él nuestras mas graves dudas, que reserva- 
mos para otro artículo.» — E. Ft. 

«II. — Espusiraos en nuestro anterior artículo sucintamen- 
te , pero con la mayor estension que nos fué posible , el es- 
tado de nuestra población campestre, tal como la considera 
D. Fermín Caballero, con los inconvenientes que á su des- 
arrollo se oponen; y lo terminamos ofreciendo para el pre- 
sente el examen de los Medios de fomentar la población ru- 
ral, propuestos por el mismo, que en resumen son los si- 
guientes: 

»\.° Perfeccionar la agricultura , trocando el cultivo esten- 
sivo por el intensivo: idea, si no arriesgada, al menos muy 
avanzada. Entre el cultivo estensivo que hoy está en práctica 
y el intensivo, tal como nosotros lo entendemos, media el al- 
terno, apoyado en poderosos argumentos científicos, y sobre 
todo en numerosísimos resultados prácticos. Las ventajas del 
cultivo alterno y las del intensivo sobre el estensivo están 
demostradas por la teoría; pero ni aun en este último ter- 
reno ha podido hasta ahora resolverse la competencia entre 
el alterno y el intensivo , propiamente dicho ; y entre tanto 
continúa prevaleciendo en una gran parte de la península la 
opinión de que el barbecho es lo mejor del mundo. Este sis- 
tema está generalizado y sostenido en muchos puntos por 
la acumulación de la propiedad en grandes predios que no 
pueden cultivarse de otro modo, y no hay duda de que la 
prudente división aconsejada por el Sr. Caballero, en otro 
párrafo que analizaremos mas adelante, contribuiría á des- 
terrar de la práctica agronómica el método de los barbe- 



429 

chos , así como lo está de la teoría. Pero esto no supone , ni 
remotamente, el inmediato advenimiento del verdadero mé- 
todo intensivo, que por ser el último peldaño de la escala, 
solo lo creemos aplicable por ahora á ciertos cultivos de re- 
gadío. En los de secano, que son los propiamente agronómi- 
cos, creemos que el verdadero progreso está por de pronto 
en la adopción del sistema alterno , mas fácil y mas seguro 
que el intensivo, y mas aplicable que este á las esputacio- 
nes promediadas, por la múltiple variedad de recursos que 
puede resultar de la rotación de las cosechas , siempre que se 
establezca un asolamiento bien entendido. En resumen: con- 
venimos con el Sr. Caballero en que es preciso avanzar agro- 
nómicamente; pero no tan allá ni tan de golpe que nos per- 
diésemos en un laberinto. Debemos, sin embargo, terminar 
este juicio crítico con una salvedad indispensable. Todo lo 
que dejamos dicho está basado en el supuesto de que, culti- 
vo estensivo, cultivo alterno y cultivo intensivo, son tres co- 
sas distintas. Pero si el Sr. Caballero considera el cultivo al- 
terno comprendido en el intensivo, de conformidad con la 
tecnología de algunos agrónomos, tal vez en tal caso nuestra 
opinión difiera poco de la suya. 

»2.° Prescindir de pretensiones colonizadoras y formar fin- 
cas rurales ó sean cotos redondos acasarados , es decir pre- 
dios rústicos con todos sus menesteres en el campo y en la 
casa : pensamiento felicísimo, aunque vasto, lento y difícil, 
como su mismo autor lo confiesa. Estamos conformes en que 
el caserío rural con su campo adyacente bajo una sola cerca 
es la forma mas útil y mas propia del cultivo; pero ya diji- 
mos en nuestro anterior artículo, que esto solo es posible á 
cierta distancia de poblado. Sería necesaria una abnegación 
sin límites para habitar caseríos aislados en ciertos puntos 
de las vertientes de Sierra-Morena , donde hay leguas y le- 
guas sin habitación , y aun sin huella humana , como no sea 
la de los monteros que en aquellas espesuras buscan la gua- 
rida ó acechan el tránsito del javalí y el venado. Allí es pre- 
ciso colonizar formalmente ó dejar las cosas como están. Re- 
petimos que el coto redondo, ó como quiera llamarse el do- 
micilio del labrador en su campo, es lo mejor posible ; pero 
solo puede establecerse en donde cabe , ó sea á no mucha 



430 

distancia de un centro, donde resida un párroco, un maestro 
de escuela dominical , un médico, una botica , un estableci- 
miento en que se espenda calzado, ropa de lo basto, alfarería, 
ferretería y otras prendas y utensilios de indispensable uso 
personal y doméstico. Por lo demás , estamos conformes con 
el Sr. Caballero en que para dar cima á esta empresa nos 
falta población nacional, y por nuestra parte creemos difí- 
cil suplirla con la estranjera, cuya aclimatación moral ofrece 
en nuestro régimen graves inconvenientes de muchas es- 
pecies, y sobre todo religiosos. Igualmente nos avenimos á su 
dictamen de que la falta de aguas potables, que es otro de los 
obstáculos , puede suplirse por las canalizaciones y las perfo- 
raciones artesianas, donde sean posibles; así como la caren- 
cia de caminos, que es el último inconveniente , se remedia- 
ría con la construcción de los que falten, y principalmente 
vecinales, que es en lo que estamos mas atrasados, según 
mil veces lo hemos dicho. 

»3.° La desamortización de los bienes nacionales con buena 
división y sin esceptuar las tierras de aprovechamiento co- 
mún. Nos está muy bien lo primero, pero es difícil en sumo 
grado. En las enajenaciones de esta especie, la mejor división 
es la que se hace á solicitud de parte; porque nadie mejor 
que cada particular sabe lo que le conviene. Pero esto sucede 
muy raras veces, porque comunmente los particulares no 
forman cálculo sobre las fincas hasta que las ven anuncia- 
das : al menos así ha sucedido casi siempre en esta provin- 
cia. Los legalmente encargados de la división son los peritos 
tasadores, que podrán entender (si entienden) de agrimensura 
y agronomía , pero son completamente profanos á los conoci- 
mientos económicos en que debe fundarse esta operación 
para ser acertada. Las Juntas provinciales de ventas inter- 
vienen en las divisiones ; pero desprovistas, como lo están, 
de datos para juzgar con conocimiento de causa , su aproba- 
ción no pasa de una diligencia mas en el espediente, con la 
cual se borronea papel sin provecho: cosa harto común en 
nuestro mecanismo administrativo, sobrecargado de trabajo 
inútil y de fórmulas absurdas. La corrección de este mal solo 
puede esperarse de los estudios topográficos parcelarios, que 
por desgracia tenemos muy atrasados, según lo confiesa la 



431 

Junta general de Estadística en su último Anuario de 4860 
á 4 861 . Y de todos modos el remate pende de las pujas , con 
las cuales un licitador opulento que se proponga destruir 
los efectos de la división , apoderándose de muchas suertes, 
siempre lo consigue pagándolas por mas de lo que valen: 
de manera que, hoy por hoy, este problema no tiene solución 
posible. — En cuanto á la no escepcion de los aprovechamien- 
tos comunes , estamos discordes hasta cierto punto. Si el se- 
ñor Caballero hubiese dicho que á la sombra de estos apro- 
vechamientos se han cometido y se sostienen torpes y gra- 
vísimos abusos, estaríamos conformes: pero los abusos no 
son la institución , ni es prudente descuajar una institución 
porque adolezca de abusos. Al que le duele un miembro, no 
se le corta sino en casos escepcionalmente graves: lo que se 
hace es curárselo : así en los bienes comunales , es preciso un 
trabajo concienzudamente espurgatorio, y nada masen nues- 
tro concepto. El aprovechamiento común de labranza, cono- 
cido con el nombre de rozas, debe abolirse completamente, 
porque es una rancia antigualla que nos deprime hasta el 
menguado nivel de los berberiscos; una limitación del culti- 
vo á un círculo miserable y vergonzoso; un modo de fomentar 
la holganza , cogiendo con poco trabajo; un medio bastardo de 
premiar servicios políticos de mala ley, en casos de eleccio- 
nes, ú otros semejantes. No así el aprovechamiento común de 
leña, que en no pocos pueblos del territorio español es el 
único recurso del pobre para calentar sus arrecidos miembros 
y preparar su sustento. Es igualmente preciso, aunque en 
otro concepto, el aprovechamiento común de pastos , sin el 
cual no podrían subsistir las ganaderías. — Hace tiempo que 
se viene abogando por la formación de dehesas yeguares y 
potriles ; sobre lo cual nada decimos , porque hasta ahora no 
pasa de un pensamiento vago é indefinido.— Las dehesas lla- 
madas boyares, destinadas al ganado de labor, representan 
en los pueblos agrícolas una necesidad común á todas las 
clases sociales y m^s apremiante para las pobres que para las 
ricas; porque estos cuentan casi siempre con pastos, en sus 
tierras vacías y dehesas propias, al paso que aquellas no pue- 
den menos de atenerse á las comunales en determinados pe- 
ríodos del año. — Los egios de las grandes poblaciones son 



432 

el único recurso de las reses que esperan su entrada en el 
matadero, y si fuese preciso estabularlas, por falta de este 
medio se encarecería el precio de las carnes. — El servicio de 
cañadas y veredas todavía es necesario en un país que , como 
el nuestro, cuenta mas de 4 6 millones de cabezas lanares 
trashumantes. Mil veces hemos dicho que la transhumancia 
es un anacronismo, y que la verdadera perfección pecuaria 
consiste en el ganado estante : pero deshacernos de la tras- 
humaron solo puede ser obra del tiempo, y entre tanto es pre- 
ciso que el ganado de esta especie viaje comiendo. En resu- 
men: todas las formas del aprovechamiento común son mas 
ó menos respetables , escepto la roza; y lo único que se ne- 
cesita es reducirlas á sus justos límites, porque están muy 
subidas de punto. A propósito de esto recordamos haber di- 
cho en otra ocasión que la Francia , después de tres revolu- 
ciones , que han consumado su metamorfosis política y avan- 
zado mucho la social , conserva incólumes sus bienes comu- 
nales, bajo dos formas que sepamos. Es una, la llamada vaine 
páture, equivalente á nuestro pasto libre ó aprovechamiento 
común , y la otra el denominado droit parcours , que tiene 
ó al menos tuvo una legislación complicada , que establecía 
una mancomunidad de pastos , recíproca algunas veces y no 
otras, según las especiales circunstancias pecuarias de las di- 
versas localidades , en relación con los terrenos de pastoreo 
existentes en ellas. Este régimen, como las mas de las insti- 
tuciones antiguas, tiene un admirable buen sentido; pero no el 
aplomo racional que en nuestros tiempos se necesita. Así pues 
no hemos hecho mención de él para recomendarlo ni para que 
se introduzca en nuestro país, sino para demostrar que los re- 
formadores franceses de 1793, 1830 y 1848, verdaderos argo- 
nautas políticos que rigieron la nave del Estado por entre los 
torbellinos de la anarquía, respetaron la propiedad comunal 
que entre nosotros se ataca sin mas antecedentes que nues- 
tros siempre incompletos movimientos revolucionarios. 

»No necesitamos deshacernos rotundamente de los aprove- 
chamientos comunes: lo que nos conviene es meterlos en 
caja , que los tenemos muy desquiciados. — Sus orígenes mas 
frecuentes son mercedes de antiguos reyes por servicios mi- 
litares , otorgadas sin criterio económico á determinadas co- 



433 

munidades ó municipios: así hay pueblos de corto vecindario 
y escasísimo ganado, con inmensos terrenos de esta especie 
en sus vastos terrenos jurisdiccionales, mientras que otras 
poblaciones repletas de familias racionales é irracionales 
están desprovistas de sustento para estas últimas, y en ciertos 
períodos del año necesitan enviarlas á refugios mas ó menos 
distantes, como por ejemplo las marismas y las islas de 
nuestro Betis. Las leyes é instrucciones vigentes de desamor- 
tización, que esceptúan todos los aprovechamientos comunes, 
sin mas motivo que el resultante de sus títulos primitivos, 
dejan en pié el grave mal de que hemos hecho mérito, pues 
ni aun las rozas pueden esceptuarse dentro del régimen es- 
tablecido. Así los espedientes de escepcion abruman las 
oficinas y entorpecen indefinidamente las ventas, con per- 
juicio del Estado, del público comprador, y de la perfección 
social á que nos conduciría la desamortización de todo lo 
desamortizable. Es 5 pues, preciso variar en esta parte el es- 
píritu fundamental de las leyes desamortizadoras: no respetar 
los antecedentes de titulación, por lo común absurdos, sino 
establecer las eseepciones sobre las necesidades de actualidad: 
dejar , en una palabra , á cada pueblo el aprovechamiento 
común que necesite, ni mas ni menos, cercenando y ven- 
diendo todo lo sobrante, que es muchísimo en algunos puntos, 
, y supliendo esta necesidad con los baldíos ú otros bienes del 
Estado en los pueblos huérfanos de este beneficio. Hágase 
entre tanto lo posible para propagar los cotos redondos; y si 
algún dia la multiplicidad de estos llegase á perfeccionar 
nuestra situación agrícola hasta el punto de anular la utilidad 
de los aprovechamientos comunes, lugar tendríamos de ven- 
derlos. Pero como quiera que estas ventajas serian siempre 
muy remotas, por mucha que íuese la actividad con que se 
acometiese la reforma, nos importa por de pronto conservar 
los aprovechamientos comunes, modificándolos con buen 
criterio y purgándolos con estricta justicia de los abusos que 
los afean; tanto mas, cuanto que, según el mismo Sr. Caba- 
llero, lo que nos faha es gente, y lo que nos sobra es tierra. — 
Por conclusión y de paso añadiremos, que estamos igual- 
mente por la amortización de los montes públicos en un 
círculo prudente, por los motivos físicos, sociales y econo- 



434 

micos que en muchos artículos propios y ajenos hemos 
sostenido constantemente. 

» 4.° Abolir el privilegio concedido á los hacendados foraste- 
ros, para que su cupo no exceda del 12 por 100 en la contri- 
bución de inmuebles. — Esta cuestión lleva consigo una anti- 
nomia, entre el principio y el hecho, harto frecuente en los 
negocios administrativos. Los hacendados forasteros repre- 
sentan el absentismo, que es uno de los males mas justamente 
lamentados por los economistas; y por consiguiente no parece 
bien que sobre representar esta clase una falta social, todavía 
se le conceda un privilegio. Sin embargo, tenemos dicho en 
mas de una ocasión, que la parte del impuesto de inmuebles, 
cultivo y ganadería que pesa sobre la propiedad , casi siem- 
pre recae sobre el cultivo, porque así se estipula en los con- 
tratos de arrendamiento, y los propietarios mas propensos á 
obrar de esta manera son los forasteros ó ausentes, cuyas 
fincas suelen cultivarse por colonos vecinos del pueblo. Estos, 
pues, y no aquellos son los que pagan la contribución y 
gozan el privilegio : estos y no aquellos sufrirían el perjuicio 
si el privilegio se aboliese. A pesar de todo, los privilegios 
son siempre odiosos,, como no estén apoyados en grandes 
motivos de utilidad pública , y por tanto no vamos muy lejos 
en esta parte de la opinión del Sr. Caballero. 

»5.° Abolir las vias pecuarias de 95 y 1 5 varas, conocidas 
por los nombres de cañadas y cordeles. — Sobre esto hemos 
dicho lo bastante en el párrafo de los aprovechamientos co- 
munes, y solo nos resta añadir que entre las vias de esta 
especie muchas son puramente consuetudinarias y de todo 
punto inútiles ; pero otras todavía son necesarias y lo serán 
por mucho tiempo, y otras representan una necesidad poco 
menos que perpetua ; porque mientras haya grandes gana- 
derías , serán precisas en el territorio las servidumbres de 
tránsito. Un detenido y concienzudo estudio es lo que este 
servicio requiere para dejarlo reducido á equitativos límites, 
sin los sobreescesos que todavía recuerdan los tiempos de la 
Mesta. 

»6.° Abolir los pósitos y refundirlos en bancos agrícolas 
por provincias y partidos judiciales. — Este pensamiento está 
enteramente conforme con el que venimos sosteniendo hace 



435 

ya años. De nada serviría dar á la agricultura nacional la 
forma de cotos redondos ú otra cualquiera, si los cultiva- 
dores reducidos á la robustez de sus brazos careciesen de 
los modestos fondos necesarios para la holgada esplotacion 
de sus predios. El capital y el trabajo son los dos bueyes que 
arrastran la yunta de la producción, ó mas bien dos her- 
manos ligados por la marcha fatal del mundo, que no pue- 
den el uno sin el otro sostener el edificio de la riqueza. Sin 
trabajo, el capital es estéril, por aquello de que nummus 
nummum non parit\ y sin capital, el trabajo se estenúa, como 
el ser viviente privado de sustento, ó vive oprimido bajo el 
yugo de la usura. Para evitar que esta arpía social se erija 
en reina de los campos y en tirana de los labradores, el me- 
dio es el crédito, y el crédito del siglo xix no puede medrar 
en anacronismos desvencijados por la caducidad y carco- 
midos por la corrupción , como lo son los pósitos. El crédito 
de nuestros tiempos mora naturalmente en la asociación, 
como la perla en la concha , el oro en las entrañas de la 
tierra y el coral en el fondo de la mar. El crédito rural no 
puede diferir del industrial sino en cuestiones de forma ; y 
por tanto las necesidades pecuniarias de la agricultura deben 
satisfacerse por medio de bancos semejantes, aunque no del 
todo iguales á los que han regenerado la industria y el co- 
mercio. Los bancos mistos que en otro tiempo recomenda- 
mos, fundados sobre la triple base de préstamos hipotecarios, 
pignoraticios y afianzados, son á nuestro entender los com- 
petentes para dejar satisfechas todas las necesidades agrarias 
de la época. No diremos que pudiese subsistir un banco de 
esta especie en cada cabeza de partido, como parece indi- 
carlo el Sr. Caballero; pero tampoco dudamos de que podrían 
sostenerlo muchas capitales de provincia con sucursales en 
las poblaciones importantes , y creemos por otra parte que 
este incidente de las sucursales debería ser en ellos una fa- 
cultad potestativa, mas bien que una condición obligatoria. 
»Lo que debe combatirse á todo trance es el funesto pen- 
samiento del Banco único, que desgraciadamente ha apare- 
cido en lo mas encumbrado de las regiones oficiales, y cuenta 
en su favor nada menos que con la opinión del actual Minis- 
tro de Hacienda. Nuestro crédito comercial tuvo la feliz es- 



436 

trella de nacer descentralizado, y descentralizado vive, y 
descentralizado florece, y descentralizado fecunda la rique- 
za. Si el crédito rural sufriese la desgracia de nacer en la 
deletérea atmósfera del privilegio, nacería muerto por este 
solo motivo ; porque envuelto en el oropel de la corte no 
podría beneficiar las minas de oro que las provincias tienen, 
no en las entrañas , sino en la faz de la tierra. Varias son las 
necesidades de la agricultura; varios han de ser los bancos, 
y cada provincia necesita el suyo. Es pues preciso hacer por 
ahogar el embrión de ese banco genbral y único , siniestro 
dragón plutocrático que en hora aciaga se ha engendrado en 
nuestro centro financiero, y amenaza secar con su helado 
aliento las mas floridas esperanzas de la agricultura ibérica. — 
Como auxiliares de los bancos agrícolas, creemos útiles los 
almacenes de depósitos llamados docks, por lo mucho que 
facilitan el crédito pignoraticio. En los estados de operacio- 
nes del Crédit agricol de Francia, la mayor suma de prés- 
tamos resulta siempre desembolsada sobre Warrants , que 
así se llaman los documentos de resguardo emitidos por la 
Sociedad de los docks , respondiendo de que existen en su 
poder tales ó cuales artículos pertenecientes á Pedro, Juan ó 
Diego. Estos documentos, admisibles por los bancos en clase 
de garantía como otros cualesquiera títulos representantes de 
un valor real , ponen á flote los préstamos sobre frutos, que 
de otro modo son muy difíciles ó casi imposibles.» — E. Ft. 

«111. — Anudaremos el hilo de nuestras reflexiones sobre 
los Medios de fomentar la población rural, recomendados por 
D. Fermín Caballero. 

»7.° Reformar la división municipal y parroquial para la 
asistencia al templo, administración de Sacramentos , socorro 
á los enfermos, 6fc. — Estas reformas están indicadas hace 
mucho tiempo, por el mal servicio que en todos los indicados 
conceptos resulta del régimen establecido. Nuestra división 
municipal y eclesiástica viene rodando desde tiempos tan 
antiguos, que si nos fuese preciso inquirir los motivos de su 
formación, tal vez no nos sería posible. En las provincias 
poco pobladas, como lo son las nuestras de Andalucía, y aun 
mas las colindantes de Estremadura, es muy común la ano- 
malía de que pequeñas aldeas tengan términos vastísimos, 



437 

por razón de la distancia que las separa: y no lo es menos la 
de que pueblos de cortísimo vecindario tengan términos des- 
medidamente estensos, mientras que otros centros populosos 
disponen de menor espacio. El por qué de eslas inesplicables 
irregularidades solo puede consistir en la absoluta falta de 
criterio con que en la antigüedad se dividió el territorio, y 
en el descuido con que después se ha mirado esta materia. Y 
lo mas singular es , que los pueblos de mas término suelen 
ser los mas pobres, porque toda su riqueza territorial peca 
de absentismo, por pertenecer á mayorazgos ó propietarios 
libres que viven en las capitales, ó al ramo de Propios, ó á 
las diversas procedencias que hoy son del Estado. Estos pue- 
blos viven en la miseria, rodeados de la abundancia, y los 
que tienen mucha propiedad comunal serian los menos infe- 
lices, si esta se administrase con justicia. Por lo demás, lo 
que estos pueblos tienen de común con la riqueza territorial 
de su término se reduce al trabajo de custodiarla y de ejer- 
cer en ella todas las formas de la acción administrativa, para 
la cual carecen de medios y hasta de luces. Así anda ello 
de desgobernado. Este vicioso estado administrativo necesita 
indudablemente una reforma, para la cual no hay base en 
el dia ; pero la habrá cuando se haya llenado el pais de ca- 
seríos y poblaciones que marquen cuántos han de ser y 
dónde han de residir los párrocos, las autoridades, los mé- 
dicos, los maestros de escuela , los juzgados y otros elementos 
necesarios para satisfacer las necesidades espirituales , mo- 
rales y materiales de las gentes labriegas. De repoblarse el 
pais con caseríos, con colonias ó con ambas cosas, resultaría 
trasformada su faz y trocadas las exigencias públicas. Por 
consiguiente, como cuestión de porvenir, reputamos muy 
acertadas las reformas de la división municipal y de la 
eclesiástica que el Sr. Caballero incluye entre los elementos 
de su sistema , y creemos que no estaría de mas añadirle la 
judicial. 

»8.° Establecer una guardia rural sobre las bases de la 
civil, ó ampliar esta para encomendarle la seguridad de los 
campos , mientras se crea aquella. — Pocos han sido los oposi- 
tores á este pensamiento, que se agitó en la Junta de Agri- 
cultura , Industria y Comercio de esta provincia hace dos 



años, y fué después común á otras Juntas y cuerpos cientí- 
ficos, y á casi toda la prensa peninsular con cortas escep- 
ciones. En las esferas oficiales se ha presentado este proyecto 
bajo la forma de ampliación de la Guardia civil; y aprobado 
ya por la Cámara electiva , ha pasado á la vitalicia , donde 
es de creer que se apruebe cuanto antes y reciba la sanción 
de S. M. para ser incluso en el catálogo de las leyes contem- 
poráneas. Nosotros que constantemente hemos apoyado este 
plan de custodia campestre como el mejor para producir el 
efecto que se desea, y como merecida prueba de confianza 
al cuerpo de la Guardia civil por sus honrosos antecedentes 
de servicio, nos congratulamos de verlo próximo á realizarse, 
con arreglo al autorizado dictamen del Sr. Caballero, al de 
otros escritores y al nuestro. 

»9.° Formar un código rural , para lo cual existen en la 
esfera agrícola elementos que podrán constituir un cuerpo de 
derecho. — Esta es una necesidad por cuya satisfacción veni- 
mos abogando desde el año 1859. Entonces se suscitó tam- 
bién esta cuestión en el seno de nuestra Junta provincial de 
Agricultura , Industria y Comercio , y á propósito de esto pu- 
blicamos traducido el Código rural de Francia (1), no porque 
lo creyésemos apto para aplicarlo á nuestro pais, sino para 
que fuese un antecedente mas entre los siempre necesarios 
para los trabajos legislativos. Ahora que la Guardia civil va 
á hacerse cargo del servicio rural , es mas preciso que nunca 
fundarlo en leyes escritas, ya para establecer un orden in- 
declinable, ya para que el crédito de este distinguido cuerpo 
no se empañe con actos que parezcan arbitrarios. La Guardia 
civil, dijimos en otra ocasión y á este respecto, solo puede 
ser ejecutora de la ley, y la ley de los campos no existe 
entre nosotros. En los casos de derecho común serán muy 
espeditas las atribuciones y muy claros los deberes de los 
custodios ; pero en la multitud de casos especiales que á 
cada momento se presentan, sucederá necesariamente una de 
dos cosas. Si la Guardia civil se muestra remisa en los hechos 
dudosos, quedarán impunes muchos actos justiciables; si, 
por el contrario, exagera su celo, podrá causar vejámenes 



(í) Tomo II, pág. 556 y 568. 



439 

inútiles y llenar las cárceles de inocentes. El modo de evitar 
estos dos graves escollos es formular la policía rústica como 
lo está la urbana, sobre prescripciones breves, claras, termi- 
nantes y no dudosas. En las leyes generales del reino, anti- 
guas y modernas, no pueden estar previstos todos los inci- 
dentes que ocurren en las calles : de aquí las ordenanzas 
municipales, los bandos de buen gobierno y otras disposi- 
ciones de esta especie. Aun mas varias son las ocurrencias 
posibles en los yermos, que sin embargo no están legisladas? 
y si lo están es de un modo estraño algunas veces , otras 
absurdo, y siempre imperfectísimo, como compuesto de 
reglas inadmisibles por lo antiguas, ya que no de costum- 
bres sin fundamento , ó cuando mas basadas en órdenes 
arbitrarias de alcaldes de monterilla ú otras autoridades 
pedáneas y legas. Urgente era y útil será la creación de una 
fuerza rural; pero es mas urgente y sería mas útil la deter- 
minación de la ley que debe servirle de guia para evitar 
compromisos á la Guardia civil en el ejercicio de sus deli- 
cadas funciones campestres. Por tanto , el Código rural es 
un precedente necesario de la institución de la Guardia , ó 
cuando menos su inseparable compañero.» Nada tenemos 
que variar en esta opinión que entonces manifestamos, y 
que fué también la de la Revista de agricultura práctica del 
Instituto catalán de San Isidro. Por lo demás , razón tiene 
el Sr. Caballero en que la legislación rural podrá formar 
cuerpo de derecho; puesto que, para ser completa, deberá 
ser civil, en cuanto está llamada á deslindar las relaciones 
especiales de los labradores entre sí, ya sean propietarios, ya 
colonos, ya ganaderos, ya braceros, ya ejerzan cualquiera de 
las industrias anejas á la agricultura: penal, en la parte que 
habrá de establecer las relaciones de las gentes labriegas 
con la sociedad , definiendo los delitos agrarios contra per- 
sonas y bestias , contra plantíos , arbolados y sementeras , y 
en resumen contra la propiedad inmueble , semoviente y 
mueble diseminada en despoblado, &c, &c, salvo los casos 
prevenidos en las leyes ordinarias: administrativa, por úl- 
timo, en virtud de que las relaciones de nuestros agricul- 
tores con el gobierno están muy mal establecidas en la legis- 
lación del ramo, oscurecida por el crecido número de las 



440 

disposiciones que rigen, por el mal orden y consiguiente 
confusión del articulado en algunas, y hasta por la mala 
lógica y peor lenguaje con que suelen estar redactadas, lo 
cual abre la puerta no pocas veces á torcidas ó al menos 
erróneas interpretaciones. Creemos además que la legislación 
rural á que aspiramos, de acuerdo con el Sr. Caballero, debe 
dejar hueco para que las Diputaciones y aun los Ayunta- 
mientos pongan algo de su parte: primero, porque en todo 
lo concerniente al interés material, que de suyo parece un 
Proleo, es muy difícil legislar para todos: segundo, porque 
en España > donde los elementos sociales son eminentemente 
heterogéneos, las circunstancias varían, no solo de provincia 
á provincia, sino de pueblo á pueblo, y en consecuencia la 
centralización produce aquí peores efectos que en otros 
paises. Para hacer felices á los españoles, es necesario cor- 
regir nuestra habitual propensión al galicismo legislativo, y 
mas bien montarnos algo á la inglesa; porque no hay en 
Europa pais mas acreedor que el nuestro á gozar hasta cierto 
punto la prerogativa de que cada uno de los grupos que 
componen la comunidad nacional se gobierne á su modo en 
las cuestiones de forma.» 

»10. Establecer escuelas prácticas en que se enseñe la 

AGRICULTURA NECESARIA MAS BIEN QUE EL LUJO DE LA AGRICULTU- 
RA. — Aceptamos en general el pensamiento del autor, pero 
no el estrecho círculo en que lo encierra. La agricultura 
tiene de ciencia , de arte y de oficio. En hora buena que la 
enseñanza del oficio sea la mas vasta, menos la del arte y 
aun menos la de la ciencia; pero es preciso enseñarlo todo 
para que la instrucción sea completa. El capataz es mas ne- 
cesario que el ingeniero; pero esto no escluye la misión de 
este , aunque no sea mas que para el profesorado. Entre los 
ingenieros y los capataces, la cuestión es de número; es 
decir, que estos han de ser muchos y pocos aquellos. Bien 
está, pues, que la enseñanza de lo práctico prepondere sobre 
la de lo especulativo ; pero siempre es preciso abrir todas 
las fuentes de la instrucción para que beba quien quiera y 
hasta donde lo exija su sed de saber. Desde el humilde bra- 
cero, que solo necesita aprender el manejo racional de los 
instrumentos, hasta el que por aspiraciones profesionales ó 



441 

por simples motivos de solaz intelectual desee iniciarse en 
los altos misterios de las ciencias agrarias, todos deben en- 
contrar en el templo del saber la Isis agrícola, completa y no 
desmembrada , para que cada cual le levante el velo hasta el 
punto que le convenga. Solo encendiendo á la vez todas las 
antorchas de la ilustración conseguiremos disipar por com-' 
pleto las tinieblas del empirismo. — Publicados, como los 
tenemos en nuestro periódico , los dictámenes de todas las 
notabilidades de España sobre los medios de realizar el gran 
fin social de la enseñanza agrícola , nos creemos esentos de 
estendernos mas sobre esta materia , que por su importancia 
y su fecundidad solo podría dilucidarse en mayor espacio 
que el de nuestras estrechas columnas. 

«|1I. Promover asociaciones de labradores , por pueblos, 
partidos y provincias. — La asociación es la madre de todos los 
bienes, porque hace colectivos los esfuerzos individuales, y 
á beneficio de ella, todos los que poseídos de un mismo in- 
terés tienden á un mismo fin , lo consiguen mas fácilmente 
unidos que separados. Las clases mercantiles é industriales, 
de ordinario aglomeradas en los grandes centros de población, 
é impulsadas por la naturaleza activa y bulliciosa de sus res- 
pectivas profesiones, propenden á la asociación mas que las 
labradoras, que viven mas dispersas, y en cierto modo ensi- 
mismadas por las ocupaciones tranquilas y sem i patria real es 
de las industrias agrarias. Así la idea de la asociación , muy 
antigua en la historia áA comercio y de las artes, se propagó 
muy tarde á la esfera del cultivo y la ganadería, donde es 
muy reciente. En consecuencia , son todavía pocas las aso- 
ciaciones agrícolas, y por tanto convenimos con el Sr. Caba- 
llero en la urgente necesidad de no perdonar medio para 
multiplicarlas. A juzgar por los brillantes resultados obteni- 
dos en las cuatro provincias del antiguo Principado de Ca- 
taluña , por la corporación denominada Instituto catalán de 
San Isidro, deberíamos creer conveniente la asociación por 
grupos de provincias hermanas; pero mas bien nos inclina- 
mos á atribuir el buen éxito de los esfuerzos de dicho Insti- 
tuto á Ihs circunstancias de aquel país, especial por sus 
antecedentes, por la unidad desús intereses, y sobre todo por 
el carácter de sus habitantes, cuya viril actividad raya sien> 



442 

pre con el entusiasmo. La población vascongada podría, si 
acaso, seguir con provecho el ejemplo de la catalana, unifi- 
cando la asociación agrícola de sus tres provincias; y tal vez 
cabria otro tanto en las del antiguo reino de Valencia. En las 
de Aragón sería esto bastante difícil, é imposible en las dos 
Castillas y Andalucía. Nada diremos de Estremadura, donde 
la población duerme el sueño económico , y lo dormirá mien- 
tras no la despierten el zumbido del vapor, el rumor de los 
trenes, el silbido de las locomotoras y la algazara de los via- 
jeros procedentes de otras provincias, ya iniciadas en los 
rápidos y fecundos movimientos del siglo. — La asociación por 
pueblos, que es el polo opuesto, peca de nimia en nuestro 
concepto; porque en los de corto vecindario, la asociación 
sería impotente, y su influencia no se estenderia mas allá de 
los aledaños jurisdiccionales. — La mejor asociación, á nuestro 
entender , ó al menos la mas acomodada á las condiciones 
de la época, sería la por provincias, con representantes de 
todos los pueblos, á semejanza de los comicios regionales que 
producen maravillosos resultados en el vecino Imperio. De 
todos modos, el móvil natural de estas asociaciones ha de 
ser la iniciativa privada , harto torpe y perezosa entre nos- 
otros. 

«El Sr. Caballero procura escitarla, dirigiendo á los gran- 
des propietarios una sentida exhortación , para que confun- 
dan en una sociedad mutua el trabajo y la propiedad, dando 
sus tierras á censo redimible por fracciones bien calculadas, 
ó arrendándolas en igual forma y á largos plazos. « Si un 
«apóstol de las gentes, dice, viniese al mundo predicando 
»esta doctrina con la lucidez de la verdad y la unción del 
»Hombre-Dios , obraría una revolución saludable que los 
«profanos no podemos alcanzar.» Efectivamente, el que esto 
predicase predicaría la redención material de la agricultura; 
pero sin duda sufriría la suerte del que predicó en el desierto, 
ya que no le castigasen por propalador de doctrinas disolven- 
tes ó le encerrasen por loco. La sociedad á que pertenecemos 
necesita oír verdades amargas, muy amargas, mucho mas 
amargas que la que antecede ; pero por nuestra parte nos 
guardaríamos muy bien de decírselas para no esponernos á 
una persecución sin gloria , á un martirio sin palma y á su- 



443 

frimientos sin consecuencia. Del horror que estas verdades 
inspiran, tienen la culpa ciertas escuelas pseudo-filosóficas 
que las han envuelto en alarmantes utopias. Con este motivo, 
cada vez que alguna de estas verdades, infiltradas en la at- 
mósfera que respiramos, se abre paso al través de los obstá- 
culos y aparece desnuda, todo timorato se horripila, y todo 
monopolista se irrita ó se hace el sordo, según su tempera- 
mento, sus hábitos é intereses. Hay, sin embargo, honrosas 
escepciones, como por ejemplo la del Sr. Duque de Osuna, 
que acaba de realizar en sus vastas posesiones de esta pro- 
vincia, un reparto por arriendos, acorde con los principios 
del Sr. Caballero, aunque no enteramente amoldado á su 
sistema: pensamiento feliz que mas adelante podrá perfec- 
cionarse , encaminándolo hacia la formación de caseríos ru- 
rales ó cotos redondos. He aquí, pues, una casa aristocrática 
que ha dado un golpe popular, adoptando un proceder aná- 
logo al que en los tiempos feudales emancipó muchos vasallos 
de la férula de su señor , y produce hoy el gran efecto de 
aproximar el bracero al propietario. Merced á esta hábil 
evolución económica, hecha por el Sr. Duque de Osuna en 
sus negocios domésticos, muchos jornaleros han empezado á 
comer el sabroso pan de la independencia , con provecho del 
Duque , que ha duplicado ó triplicado sus rentas. Y es porque 
no cabe duda en la infalible reciprocidad del interés entre el 
capital y el trabajo , cuando bien se entiende y de buena fe 
se organiza , sin aviesas pretensiones de monopolio por una 
ni por otra parte. Mientras el propietario cultivador y el bra- 
cero sostengan la viciosa posición, harto frecuente hasta 
ahora, en que todo se reduce á desollarse mutuamente, dando 
aquel lo menos y exigiendo este lo mas posible, la producción 
será siempre como un juego, en que pierda un partícipe todo 
lo que gane el otro , al azaroso compás de las circunstancias 
fortuitas, que aumentan y disminuyen la demanda y la oferta 
del trabajo. Establecido el interés común , absolutamente con 
la creación del propietario bracero, ó por término medio con 
la del colono bracero, desaparecerían las actuales enemistades 
entre la propiedad y el trabajo, por la destrucción de la causa 
que las produce. Y aun creemos que algo se adelantaría pro- 
visionalmente en este camino, con el apego voluntario del 



444 

jornalero al terruño, suministrándole junto á él una suma 
de felicidad mayor que la que goza en el dia, con arreglo al 
pensamiento de nuestra Junta provincial de Agricultura, In- 
dustria y Comercio, que tenemos apoyado. 

»1 2. Corregir indirectamente la escesiva división de la pro- 
piedad, concediendo rebaja del derecho de hipotecas y otros á 
los contratos que tiendan á formar cotos redondos ó fincas ru- 
rales de cabida proporcionada. — Antes de juzgar esta propo- 
sición, necesitamos determinar qué cosa sea la escesiva divi- 
sión de la propiedad. Es achaque común á los hombres siste- 
máticos el de aceptar los principios en absoluto y aplicarlos 
sin restricción á los hechos, quepan ó no quepan, y sean 
cuales fueren sus consecuencias. Así, por ejemplo, admitido 
el principio de que la división de la propiedad es un bien, 
quieren impulsarla hasta lo sumo y dividir indefinidamente 
el territorio, cayendo en Escila por huir de Carybdis. Malos 
son, en efecto, los grandes predios, á los cuales puede apli- 
carse aquello de Latifundia perdidere Romam; porque estas 
inmensas masas territoriales difícilmente pueden admitir los 
adelantos agronómicos, y además forman un obstáculo social 
de primer orden para el progreso del interés público, debi- 
damente entendido. Pero peores son todavía las suertes que, 
de puro diminutas, no admiten cultivo bueno ni malo, ni 
tienen otro porvenir que el de la absorción por el vecino co- 
lindante. Solo en los regadíos inmediatos á las grandes pobla- 
ciones, puede concebirse que una exigua porción de tierra 
aplicada á la hortaliza , pueda , á fuerza de cuidados intensi- 
vos, proveer á la subsistencia de una familia : cabe también 
una división bastante lata en los viñedos, y tal vez sea admi- 
sible en otros cultivos que en este momento no nos ocurren; 
pero en el de los cereales y semillas, las pequeñas suertes 
flotantes en el descampado son completamente perdidas si 
cada una pertenece á un propietario, y es engorroso su cul- 
tivo si muchas son de uno solo. Bien lo saben los labradores 
de esta provincia , entre quienes es muy frecuente el tener 
las hazas interpoladas como los ladrillos de una sala, ó dis- 
persas á mayor ó menor distancia. Es, pues, muy conveniente 
habilitar esta propiedad sobrado dividida, ó mal diseminada, 
favoreciendo la prudente aglomeración de las parcelas, por 



los medios indirectos que indica el Sr. Caballero : pero siem- 
pre con mucho pulso y sin dejar callejuelas por donde la 
gran propiedad se aprovechase insidiosamente de las ventajas 
concedidas á la promediada. Hecha la ley , hecha la trampa, 
dice un adagio de la gramática parda, mas adecuada á al- 
gunos casos prácticos que la alta filosofía. De no proceder 
con suma cautela en una legislación de esta especie, podría 
resultar el remache del abuso mas bien que su reforma. En 
una palabra, determinar la cabida del coto redondo, acree- 
dor á la protección legal, es empresa mas difícil que lo que á 
primera vista parece , y variable según las localidades. El 
autor la fija en tres á cuatro hectáreas para Guipúzcoa, cinco 
para Asturias, seis á nueve para Galicia, diez para Estrema- 
dura , doce para Cataluña , treinta y cinco para Castilla la 
Vieja , treinta y ocho para Andalucía y ochenta para la Man- 
cha. — Para no escatimar al Sr. Caballero ni uno solo de los 
elogios que merece, concluiremos añadiendo que esta parte 
de su obra contiene el croquis del término de un pueblo , en 
que se hallan diseminadas M suertes de tierra pertenecientes 
á un solo labrador: trabajo topográfico sobre escala, notable 
en su género, pero que sin duda fué cosa de juego para el 
autor del mapa del teatro de la guerra entre Grecia y Tur- 
quía, que conocimos cuando estalló la mas recientemente ini- 
ciada en los Principados Danubianos y terminada en Crimea. 
» 1 3. Tender á igual fin directamente, por medio de retrac- 
tos y espropiaciones , declarando de utilidad pública la forma- 
ción del coto redondo , concediendo el derecho de tanteo á los 
asúrcanos ó colindantes, y el de espr optación forzosa al po- 
seedor de las dos terceras parles de la cabida legal del coto, 
contra el vecino que no se halle en igual caso , previa indemni- 
zación á este del valor de su predio, con 20 por 100 de mas*-* 
Tan bien como nos ha parecido la protección indirecta del 
párrafo anterior, tantas dudas nos ofrecen los medios directos 
del presente, porque entre estimular y obligar media un 
abismo. No nos compete el examen de la cuestión en el ter-» 
reno jurídico; pero aun en el económico, que es el de nues- 
tro periódico , hallamos muchas espinas en el dictamen del 
Sr. Caballero. Opinamos en general que la libertad del indi- 
viduo es lo primero , y nos repugna todo lo que la cohibe, 



446 

la restringe ó la amenaza. Así, pues, el derecho de retracto 
no nos parece muy mal, porque el propietario que desea 
vender nada pierde en hacerlo á persona determinada, pa- 
gándola esta lo que le pagaria otra; pero la espropiacion for- 
zosa confesamos que nos impone por los riesgos que ofrece. 
Doctrinas constituyentes hay en las cuales podrá encontrarse 
la raiz de la opinión del Sr. Caballero; pero esta no cabe 
dentro del régimen constituido, aun cuando se ampliase con 
toda la latitud que permiten sus principios fundamentales. 
Cuenta que no nos atemoriza el espíritu de reforma por 
atrevido que parezca , ni retrocedemos ante la emisión acadé- 
mica de las ideas por avanzadas que sean; pero en el ter- 
reno eminentemente práctico del gobierno no debe darse paso 
que no sea en firme. El derecho de propiedad, ó por mejor 
decir, el hecho de la posesión , está hoy plagado de crasísi- 
mos errores , y no los llamamos abusos para esquivar voca- 
blos irritantes. Pero estos errores deben combatirse y corre- 
girse de tal manera que no se destruya ni se comprometa la 
autonomía del propietario, porque propiedad ha de haber 
siempre aun cuando sufra reformas. Si se entendiese de otro 
modo la doctrina fundamental, podría suceder que la futura 
propiedad perfeccionada fuese de peor condición que la im- 
perfecta propiedad presente. Con arreglo á estos principios, 
la espropiacion forzosa solo puede hacerse estensiva á los 
casos de manifiesta utilidad pública ; y los cotos redondos no 
pasan de negocios privados, por mucha que sea su impor- 
tancia en este concepto. Verdad es que en su conjunto aumen- 
tarían portentosamente la prosperidad del pais; pero uno por 
uno solo refluirían en provecho de su dueño, y antes que 
llegase á realizarse el bien general nos llevaríamos años y 
años, concediendo privilegios puramente individuales, que 
introducirían un anárquico monopolio en nuestro régimen 
económico. 

»14. Declarar los cotos redondos inacümulables é indivisi- 
bles , para lo cual el autor se inclina á la reforma de la legis- 
lación civil en lo relativo á las ventas , á las permutas y á las 
sucesiones. — El Sr. Caballero define su propio pensamiento 
en estas testuales palabras : «Cuestión inmensa, erizada de 
«dificultades , que alarma con el solo anuncio á los que no 



447 

»la ahondan y abarcan , y que á pesar de todo alienta mi 
«espíritu, convencido como está de que es tocar á la meta 
»Uegar á resolverla.» Mucho se adelantaría resolviendo esta 
cuestión; pero la dificultad está en conseguirlo según el autor 
desea. — En las ventas , permutas y otros contratos ínter vivos 
no se puede influir directamente sin anular la propiedad y 
reducirla á un simple usufructo : absorción del individuo por 
la sociedad , conforme á ciertos principios, pero contraria á 
los nuestros. — En cuanto á las testamentarías, tenemos en Es- 
paña dos legislaciones fundadas en principios diametralmente 
opuestos. Es una la de Castilla y León , en que el legislador 
domina la última voluntad del propietario , dejándole escasas 
facultades testamentarias: esotra la de algunas provincias 
forales, en que antiguos legisladores, respetando el derecho 
del propietario hasta la última hora , le otorgaron una liber- 
tad de testar mas ó menos lata. A primera vista parece que 
la ley castellana adolece de ilógica , porque no hay motivo 
para disputar al propietario en su testamento el derecho de 
usar, y hasta cierto punto de abusar, que le ha acompañado 
toda su vida ; pero esta es una cuestión muy honda que no 
cumple á nuestro propósito. Produce además esta legislación 
malas consecuencias económicas , porque abandona la divi- 
sión déla propiedad á las eventualidades de la suerte, según 
sea uno ó sean muchos los descendientes del difunto. De esto 
resulta no pocas veces que un reducido capital, productivo 
en su conjunto, degenera en improductivo ó poco menos 
desde que se reparte entre muchos dueños, como sucede con 
la riqueza territorial de ambas Castillas, según dice el señor 
Caballero. Pero en cambio, esta morigerada jurisprudencia 
sostiene la paz y el buen orden en el seno de las familias, 
constituyendo los descendientes directos en el nivel natural 
déla equidad, de la justicia y de la conveniencia, lo cual 
basta para ponerla de acuerdo con la sana razón y el buen 
sentido por encima de las consideraciones económicas, que 
solo deben aparecer en segundo término. — En los fueros , por 
el contrario, reina cierto espíritu germánico, que no permi- 
tió al legislador atentar á la libertad del propietario , ni aun 
en la testamentifaccion , que es como un puente jurídico en- 
tre la vida y la muerte. Ala sombra de esta libertad, tan 



448 

apreciable como todas las libertades , el propietario termina 
su misión económica sobre la tierra , arreglando testamenta- 
riamente su casa , de modo que no sufra menoscabo en el 
curso de sus negocios productivos. Pero de esta libertad no 
siempre se ha hecho buen uso, moralmente hablando. Dice 
el Sr. Caballero que en las Provincias Vascongadas hay la 
costumbre de legar la heredad rural al hijo que se casa en 
casa, y este indemniza á sus hermanos que se casan afuera 
con una cantidad al contado ó á plazos que se llama vuelta de 
casa, y de este modo nunca « se destruye la integridad secu- 
lar de la casería.» Siendo esto cierto , como no lo dudamos 
por respeto á la autoridad del Sr. Caballero, hacemos justi- 
cia á la patriarcal prudencia con que los vascos usan de su 
libertad moral en materia de sucesiones , obrando los herma- 
nos entre sí sin perjuicio uno de otro , y salvando el interés 
económico sin mengua de las consideraciones morales , siem- 
pre superiores á todo.— Podemos asegurar que en Cataluña 
no sucedía lo propio en tiempos poco remotos, aun cuando 
tenemos entendido que en la actualidad se han enmendado 
algo las antiguas costumbres testamentarias. Allá rige el fuero 
de Monzón , que concede la libertad de testar hasta las tres 
cuartas partes del cuerpo de hacienda, y durante mucho 
tiempo los propietarios hicieron de esta libertad un uso ro- 
tundamente sálico , que simulaba los efectos del justamente 
reprobado derecho de primogenitura. A tanto llegó esta 
preocupación, que en no pocas familias labradoras, el hereu 
(heredero) se educaba de distinto modo que los segundones, 
comiendo aquel en familia con los padres y estos en corro 
con los jornaleros. Nada diremos de las hembras, que siempre 
llevaban la peor parte en la testamentaría de su padre. Bajo 
este régimen se sostuvo en aquel pais una admirable división 
de la propiedad sin faltas ni sobras; pero esta ventaja, pura- 
mente material, se compraba á espensas de uua violenta tor- 
sión de los sentimientos naturales, que sembraba en el hogar 
doméstico un germen de enemistad , abierta ó latente, entre 
los hijos de uua misma sangre. Ignoramos lo que sucederá en 
el dia; pero no será lo mejor cuando se presentó al Gobierno 
no ha mucho tiempo una solicitud pidiendo la abolición del 
fuero. De todas maneras, entre una legislación como la cas- 



449 

tellana , que sacrifica el interés en el ara santa de la frater- 
nidad , y otra como la foral, que deja la fraternidad á merced 
del interés, optamos de corazón por la primera. Verdad es 
que bajo su influencia el caserío rural corre riesgo de ser di- 
suelto por la partición mortis causa; pero esto'puede coho- 
nestarse por los medios indirectos antes propuestos, y sobre 
todo por el fomento del crédito territorial , único capaz de 
suministrar al hijo labrador recursos pecuniarios con que 
comprar las hijuelas á los hermanos que carezcan de voca- 
ción aerícola y se dediquen á otras profesi nes. El Sr. Caba- 
llero propone un plan lisa y llanamente económico, que no 
nos atrevemos á aceptar, y es el que sigue: «Cuando en un 
«concurso ó testamentaría haya una heredad coto redondo 
«indivisible, se adjudicará por este orden: — 1.° Al heredero 
»que el testador hubiere designado, y en su defecto. — 2.° Al 
«que señalen los interesados por aveniencia , y á falta de con- 
«formidad. — 3.° Al hijo, heredero ó acreedor de mas edad que 
«la acepte, siguiendo de mayor á menor, y si no hay acep- 
«tante. — 4.° Al que designe la suerte; y si todos se negasen. — 
»5.° Al que de los interesados abone mas por la finca en be- 
«neficio de sus compartícipes , y cuando no — 6.° Se venderá 
» la finca en subasta pública, dividiéndose el producto entre 
«los interesados. — Para indemnizar á los otros coherederos ó 
«compartícipes se adjudicarán los demás bienes que hubiese 
«hasta completarles sus legítimas, y á falta de bienes el lle- 
«vador del coto redondo concertará libremente con los demás 
«la manera de abonar las respectivas partes, sea en dinero, 
«efectos ó raices , sea al contado ó á plazos, sea por medio de 
«un canon anuo , con la calidad precisa de redimible así que 
«se verifique la entrega del capital. En último caso se acu- 
«dirá á la venta del coto redondo en subasta pública.» 

«Por último, el Sr. Caballero propone, para completar su 
plan de fomento de la población rural , los medios siguien- 
tes: Esencion de derechos para los materiales de construc- 
ción.— Rebaja de tributos para el edificio, graduada según la 
distancia de poblado. — Esencion de bagajes, alojamientos y 
otros servicios para las familias domiciliadas en los cotos. — 
ídem de consumos. — Beneficio en la contribución de inmue- 
bles, cultivo y ganadería. — Reducción de los derechos de 

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portazgos, pontazgos y barcajes. — Esencion de costas en los 
juicios de paz y verbales. — Ventaja en el interés de los Ban- 
cos agrícolas. — Derecho electoral á la mitad de la cuota, como 
el délas capacidades.— Licencias de armas, gratis. — Esencion 
de quintas por veinte años, ó al menos privilegio para no 
servir mas que en la reserva. — Concursos agrícolas, con pre- 
mios para los fundadores de cotos redondos, para los que 
hayan dado sus tierras con condiciones mas beneficiosas y 
miras mas filantrópicas, &c. , &c. 

«Siguen otros dos capítulos sobre las ventajas de los cotos 
redondos y sobre las objeciones que pueden hacérseles con las 
competentes respuestas. Recomendamos eficazmente su lec- 
tura, por cuanto no tienen desperdicio, como no lo tiene la 
parte de la obra que dejamos analizada , del modo imper- 
fecto é incompleto que nos ha sido posible, aunque no á la 
medida de nuestro buen deseo. 

«El Sr. Caballero termina su grave tarea con un proyecto 
de ley, en cuyos considerandos espone sus principios , y en 
el articulado los aplica á reglamentar los hechos. 

«El espíritu sintético del pensamiento del autor, puede 
reducirse á la siguiente fórmula: Fomentar el COTO RE- 
DONDO, VERDADERA ESPRESION DE LA POBLACIÓN RURAL, POR 
TODOS LOS MEDIOS POSIBLES , INDIRECTO."^ Ó DIRECTOS. El de DUeS- 

tra pobre crítica, puede descifrarse como sigue: Fomentar el 
COTO REDONDO, verdadera espresion de la población rural, 
Á LA PAR que la COLONIA, en algunos puntos necesaria, por 
todos los medios indirectos sin restricción y por los directos 
con cautela, procediendo gradual y progresivamente. 

Concluiremos llamando toda la atención de nuestros lectores 
sobre el levantado vuelo de las ideas que dejamos espuestas 
y glosadas, poco populares no ha mucho tiempo, y ya ro- 
bustecidas, no solo por la poderosa autoridad del Sr. D. Fer- 
mín Caballero, si que también por la de la Academia de 
Ciencias morales y políticas, que implícitamente las prohijó 
al premiar la Memoria. Esto prueba en nuestro mundo inte- 
lectual una volcánica efervescencia de progreso, para nos- 
otros muy plausible. Dios lleve de su mano á nuestras inte- 
ligencias privilegiadas por el camino del orden y el concierto, 
hacia el santuario de la verdad, hasta resolver con seso y con 



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templanza nuestros problemas sociales, por el gran principio 
de Salus populi suprema lex. En esta inmensa pirámide cien- 
tífica , que la humanidad tiene en construcción, ha puesto 
D. Fermin Caballero una gran piedra, que legará á la poste- 
ridad la memoria de su inteligencia y su conciencia , como 
estadista y escritor público.» — E. FL 



I 






HN 
Í>s6 
C3 
1864 



Caballero, Fermín Agosto 

Fomento de la población rural 
3» ed. 



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